martes, 8 de julio de 2008

La Revelación de Jesucristo a Saulo

Por Edwing López


No hay mejor prueba de la Deidad de Jesús que la conversación que tuvo lugar entre Jesucristo y Saulo en su conversión. La historia sobre este hecho tan importante se encuentra en el Libro de Hechos capítulo 9:1-19. Para que podamos entender este relato, quiero compartir contigo algunos datos importantes sobre Saulo de Tarso, mejor conocido por todos nosotros como el Apóstol Pablo.

Saulo era natural de Tarso en Asia Menor. Aunque Saulo era un judío griego, era un fariseo estricto. El padre de Saulo era un ciudadano romano, y por lo tanto, Saulo nació ciudadano de Roma. Estudió en Jerusalén con Gamaliel, un fariseo y doctor célebre de la ley. En Hechos 13:9, su nombre es cambiado a Pablo, nombre que quiere decir “pequeño.”

En su celo de servirle a Jehová su Dios, Saulo perseguía a todos los cristianos creyendo que Jesucristo era un impostor y blasfemo que opacaba al verdadero Dios de Israel. Saulo no aceptaba a Jesús como el Mesías, y mucho menos como Dios manifestado en carne.

Hechos 9:1-2 dice: “Saulo, respirando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino los trajese presos a Jerusalén.”

Dispuesto a llevarse presos a todos los cristianos que encontrara en su camino hacia Damasco, se encontró con una Luz, más brillante que el resplandor del sol de mediodía que le rodeaba. Cayó en tierra, en ese momento sabía que Dios, sí el Dios de Israel, se había cruzado en su camino. Cuando de momento comienza a escuchar esa voz potente que le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4).

Este hombre ahora ciego por el resplandor de Dios, sin poder ayudarse a sí mismo, estaba tendido en la tierra, y ahora pedía ayuda diciendo: ¿Quién eres Señor? Saulo reconoció que quien le hablaba era Jehová del Antiguo Testamento y sabía que era Jehová quien se le apareció. En realidad, Saulo preguntó, “¿Quién eres Jehová?.”

Y le dijo: “Yo soy Jesús a quién tu persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” En ese momento Saulo se da cuenta que cuando el perseguía a los cristianos, él estaba persiguiendo a Jesús. Su Señor y único Dios verdadero era el mismo Jesús. Esta revelación de Jesús a Saulo cambió por completo a este perseguidor ardiente, que unos momentos antes respiraba amenazas.

Saulo dijo: “¿Qué quieres que haga?” El Señor le dijo: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.” Esto nos enseña que Dios siempre utiliza a hombres y mujeres para llevar el mensaje del evangelio.

Entonces el Señor Jesús le habla a Ananías y le dice: “Ananías tu tienes que ir a orar por Saulo.” ¿Quién? ¿yo? perooo..... Señor este hombre ha hecho muchos males a tus santos en Jerusalén y aún tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invovan TU NOMBRE....

Ananías!, ¡Ananías!....Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi NOMBRE en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi NOMBRE.

Hechos 9:17-18 dice: “Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.”

Saulo fue bautizado en el Nombre de Jesús, porque el mismo lo testifica en Hechos 22:16 lo que Ananías le dijo: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate y lava tus pecados, invocando SU NOMBRE.”

La conversión de Saulo fue entera. Llegó a ser una nueva criatura en Cristo Jesús. Todas las cosas que antes había contado como ganancia, ahora las contaba como pérdida a causa de Jesús. Saulo, el perseguidor, llegó a ser Pablo, el perseguido. Su boca se llenó de bendiciones en lugar de blasfemias. Su corazón se llenó de valentía en lugar de maldiciones.

¿Qué cosa le hizo a Saulo un gran misionero? ¿Qué es lo que vio el Señor en este hombre para que fuera el instrumento escogido que llevara el NOMBRE de JESÚS a los reyes? (Hechos 9:15). Lo fue su dedicación completa a la obra de Dios. Saulo le sirvió a Jesús con el mismo celo ardiente con el cual antes le había perseguido.

Para terminar, vemos que con la conversión de Saulo, queda demostrado como un hombre puede estar terriblemente equivocado y aún así creer que él está absolutamente correcto.

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

(Algunos datos recopilados del escritor Ralph Vincent Reynolds, otros datos del Diccionario de la Santa Biblia).