lunes, 1 de diciembre de 2008

No al Ecumenismo

Por Julio César Clavijo Sierra
Es verdaderamente triste y preocupante que el Ecumenismo esté afectando a algunos sectores de la Iglesia Pentecostal del Nombre de Jesús, a los creyentes en la Unicidad de Dios.

Entiéndase por ecumenismo, aquella falsa doctrina que promueve el relativismo religioso de que todos los que dicen llamarse cristianos tienen la verdad relativa (porque para ellos no existe una verdad absoluta o doctrinas fundamentales de la fe) y que por tanto se debe procurar cuanto antes la unidad de todos sin tener que enfatizar en ninguna otra cosa que no sea el amor por la similitud, haciendo una mala interpretación del segundo mayor mandamiento de la fe cristiana.

Los dos más grandes y preciosos mandamientos de la fe cristiana, también son los dos mandamientos más incomprendidos de la Escritura, y en verdad no son obedecidos por los ecumenistas.

"Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos." (Mateo 28:29:31).

¿Por qué los Ecumenistas Menosprecian el Mayor Mandamiento?

Los ecumenistas pentecostales, no creen fielmente en el principal mandamiento, porque piensan que ese mandamiento no es absoluto (íntegro, completo, definitivo) sino relativo; es decir, piensan que ese mandamiento es discutible y posible de ser mirado desde diferentes puntos de vista, siendo susceptible de ser aumentado o modificado con otras ideas. Por eso, ellos promueven la idea de que los trinitarios (quienes creen en el dios trino) y los binitarios (que creen en dos personas divinas y distintas) son verdaderos hermanos en la fe, porque desde su óptica, asumen que aquellos creen en el mismo Dios de la Biblia, y que las diferencias de doctrina son solo cuestiones insignificantes.

Por ejemplo, un pentecostal del nombre de Jesucristo se ha declarado ecumenista, y dice "astucia sí, ecumenismo da lo mismo". Entonces después de aquella declaración, sostiene que todo aquel que sea binitario o trinitario es un verdadero hermano en la fe, y se refiere continuamente a ellos llamándolos hermanos, porque según él, todos "servimos a un mismo Dios" y decir lo contrario es "orgullo".

Otro hermano con ideas ecumenicas, nos ha invitado a superar el "síndrome de la exclusividad cristiana", que según él, "podemos definir como el conjunto de actitudes con las que nos comportamos como si fuéramos los únicos cristianos", dándonos a entender que para él, la creencia en la trinidad es sólo un cambio de nombre para el principal mandamiento, pero no un cambio sustancial en la doctrina fundamental.

El pensamiento ecuménico de estos hermanos, no nos invita a luchar por ganar a los trinitarios, binitarios o demás, para traerlos a la fe, porque desde su punto de vista, lo que nosotros debemos aceptar es que aquellas personas ya están en las filas de la fe y todos servimos al mismo Dios.

El apóstol Pablo afirma que en la Iglesia de Corinto se presentaba un problema similar, y que algunos hermanos toleraban y hacían alianza con personas que venían con falsos evangelios que hablaban de otro Jesús, pero no del Señor Jesús del que nos habla la Escritura. El apóstol expresa su pesar y su intranquilidad por que aquellos hermanos puedan ser extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.

“Pero me temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, los pensamientos de ustedes sean desviados de un compromiso puro y sincero con Cristo. Si alguien llega a ustedes predicando a un Jesús diferente del que les hemos predicado nosotros, o si reciben un espíritu o un evangelio diferentes de los que ya recibieron, a ése lo aguantan con facilidad” (2. Corintios 11:2-4 NVI).

En conclusión, para los ecuménicos da igual que alguien crea en la Unicidad de Dios, ó en la Trinidad y Binidad, ó incluso en ideas Unitarias que reniegan de la divinidad de Cristo. Cierto ecumenista hace la siguiente recomendación ecuménica:

“todos tenemos distinto punto de vista, y no lo que uno piense tiene que ser ley, si no creen a las palabras crean a las obras, el poder del Espiritu Santo es tremendo..., y está siendo llevado por un grupo de 9 predicadores del Nombre, que dejando de lado diferencias, se preocuparon por similitudes, y por un grupo de bi y trini, por otra parte, no mezclando linajes ni doctrinas, cada cual en lo suyo, dentro de la iglesia.Hay almas que salvar, hay miles de gentes enfermas, familias destruidas por las drogas, padres violadores y abusadores, que no van a cambiar con pelear doctrina.Los que hemos tenido el privilegio de salvar familias completas, sanar enfermos terminales y desahuciados, y de llevar el evangelio a lugares inesperados, de seguro ha de haber gustado este glorioso sentir que no se consigue entre cuatro paredes tratando duramente de cambiar a los de otro bando.”

Ante eso respondemos, ¡No!, no aceptamos esa falsa doctrina. Si alguien no ha obedecido el mayor mandamiento, ¿cómo podrá obedecer lo segundo? La forma de demostrar el amor por Dios es obedeciendo sus mandamientos (Juan 14:15).

“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 10:37-38).


¿Por qué los Ecumenistas Malinterpretan el Segundo Mayor Mandamiento?

Jesús habló del segundo mayor mandamiento y dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 28:31).

Este segundo mandamiento es desarrollado de una forma magistral en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37). Tres hombres tuvieron la posibilidad de ayudar a un hombre herido, medio muerto, que estaba tirado en el camino; pero sólo uno de ellos, el buen samaritano, viendo al hombre herido se conmovió en su corazón y no se conformó hasta que éste fue sanado.

Mientras tanto, los ecumenistas pentecostales actúan como los dos primeros hombres de la parábola: el sacerdote y el levita, a los cuales no les importó para nada la herida de muerte que sufría aquella persona, y no hicieron nada para sanarle teniendo la posibilidad de hacerlo. Los ecumenistas pentecostales ven a las personas heridas de muerte en sus falsas doctrinas trinitarias, binitarias, unitarias, etc, y teniendo la posibilidad de socorrerlos, pasan por alto sobre sus heridas dejándolos igual. No se atreven a compartirles la verdad porque piensan que es mejor decirles que todos servimos al mismo Dios y que no hay diferencia. Así, menosprecian y rebajan el primero y el segundo mandamiento de la fe, y con su falsa doctrina ecuménica en lugar de amar verdaderamente al prójimo, lo dejan en su lamentable condición de muerte.

Pero no sólo llevan mal y error al prójimo ajeno a la Iglesia, sino que introducen ese venenoso error dentro de la Iglesia, haciéndole creer a las congregaciones del nombre de Jesús que esa debe ser la forma de nuestro proceder, haciendo que las iglesias pierdan el celo santo por la verdad del evangelio.

En mi testimonio personal, conozco a personas que fueron trinitarias y hoy en día se gozan con nosotros por haber conocido la verdad y haber dejado el error trinitario, habiendo llorado con grandes lágrimas de arrepentimiento por haber creído en esa herejía que los conducía a la muerte. Ellos están agradecidos porque haya habido creyentes del nombre de Jesús que algún día con toda determinación los vieron medio muertos y se propusieron ganarlos para Cristo, sin confundirlos diciéndoles que todo era igual. También conozco testimonios de misioneros del nombre de Jesús, que han ganado a congregaciones completas de trinitarios, que habiendo salido de esa herejía ahora se gozan en la verdad de Dios. Ellos no se conformaron de ver a aquellas personas medio muertas, y con mucha táctica, con mucho amor y con misericordia, les llevaron el mensaje de salvación que un día los llevará a la gloria eterna. Eso jamás hubiera ocurrido si ellos se hubieran conformado con decirles que todos creíamos igual y que no había diferencia.

Acojo las palabras del hermano Edwing López en su artículo titulado "La Misericordia de Dios para los Trinitarios", cuando dice: “No podemos cavilar entre dos pensamientos, ó nos paramos sobre la ROCA, ó nos HUNDIMOS en la tierra movediza. No hay duda alguna, Dios ama a los trinitarios, pero detesta el dogma de la trinidad. ¡Qué la Misericordia de Dios sea con todos!”

En Colombia, algunos de los primeros misioneros colombianos del nombre de Jesús, recibieron apoyo de algunos protestantes trinitarios y de algunos católico-romanos en ciertas circunstancias difíciles. Gracias a Dios por esas personas que los ayudaron. Dios tuvo y tendrá en cuenta esa bondad. Otros misioneros pentecostales del nombre, también brindaron en su momento una mano amiga para ciertos misioneros trinitarios, pero nunca confundieron esa amistad con un menosprecio a la doctrina apostólica confundiendo a los trinitarios diciéndoles que todo era igual. Así fue como el misionero pentecostal Aksel Verner Larsen, aprovechando todo lo que tuvo a su favor, pudo ganar a los misioneros trinitarios Charles y Clara Berchtold y a su congregación con el mensaje del nombre de Jesús. Ese debe ser un hermoso ejemplo a seguir por la iglesia actual y por las nuevas generaciones, pero lo que no debemos hacer es naufragar en el ecumenismo.

“El trabajo que las hermanas Maruja Correa y Eleanor Berchtold realizaban en el municipio de Enciso, estaba dando buenos resultados y muchas personas deseaban ser bautizadas. Entonces estas jóvenes escribieron una carta al hermano Charles, para que fuera a bautizar a las personas que se reunían en la finca Loma del Salado. Hasta el momento ninguna de los personas que se habían adherido a la obra de los Berchtold, había experimentado la experiencia pentecostal hablando en nuevas lenguas, y eso preocupaba a aquellos misioneros. Llegando al lugar donde se habrían de celebrar los bautismos, los esposos Berchtold, habían convenido poner a Dios a prueba, y si él respondía con la experiencia pentecostal, de ahí en adelante ellos seguirían bautizando literalmente en el nombre de Jesús.

En un solo día del mes de junio de 1937, los esposos Berchtold, Eleanor Berchtold y Maruja Correa, fueron bautizados en el nombre de Jesús. En total cincuenta y dos (52) colombianos fueron bautizados en el nombre de Jesús por el hermano Charles Berchtold, en el río Servitá, mientras el misionero Aksel Verner Larsen observaba como testigo. En la noche de ese mismo día, celebraron un culto en el que oraron pidiendo el poder de Dios, y el Espíritu Santo vino sobre todos ellos. De ahí en adelante, los misioneros Berchtold solo bautizaron a las personas en el nombre de Jesús.” (tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_las_Buenas_Nuevas ).