domingo, 4 de enero de 2009

Historia de la Iglesia del Nombre de Jesús (Parte 4) - La Iglesia durante el periodo medieval (476 d.C. – 1453 d.C.)

Por Julio César Clavijo Sierra
Capítulo 4 del libro: Historia de la Iglesia del Nombre de Jesús
4. LA IGLESIA DURANTE EL PERIODO MEDIEVAL
Desde la caída de Roma, 476 d.C.
Hasta la caída de Constantinopla, 1453 d.C.

Los hechos más notables de este periodo, fueron el fortalecimiento del poder papal, el establecimiento de la inquisición para eliminar a todo el que se opusiera al poder de la Iglesia Católica Romana, el desarrollo del islamismo junto con su intolerancia religiosa, y la división de la Iglesia Romana con la aparición de la Iglesia Ortodoxa Griega.

En la sección anterior, vimos el florecimiento de un movimiento religioso corrupto, que se adjudicó así mismo el título de Iglesia de Cristo, pero que se apartaba por completo de la verdad bíblica. El origen de la Iglesia Católica Romana, es la trágica fusión de algunos conceptos cristianos con el paganismo. En vez de proclamar el evangelio, la Iglesia Católica Romana “cristianizó” el paganismo, haciéndose atractiva para la mayoría de la gente del imperio, que se sentía satisfecha con ese sincretismo. De esa manera, la religión católica romana se convirtió en la religión suprema del Estado, y cualquiera que no se adhiriera a esa religión, era tratado con desprecio, siendo considerado enemigo del Estado.

Aquellos que ocuparon el cargo de obispos romanos de la nueva religión, reclamaron que aquel que ocupara dicho cargo, tenía que ser el obispo universal y cabeza de la Iglesia Católica Romana. Con el tiempo, se afirmó que también tenía que ser gobernador sobre las naciones, y sobre los reyes. Debido a que Constantino había trasladado hace ya un buen tiempo la capital del imperio a Constantinopla, no había en Roma ningún emperador que sobrepujara o hiciera sombra al obispo romano, quien era el potentado mayor en toda esa región. Europa siempre había mirado a Roma con reverencia, pero ahora que la capital estaba lejos, y el imperio estaba en decadencia, se despertó un sentimiento de lealtad hacia al pontífice romano, similar al que en otro tiempo se tenía por el emperador.

Estos pontífices, luego adoptaron el título de Papa, y se argumentó que el Papa ocupa una posición intermedia entre Dios y el hombre, y que era como el propio Cristo sobre la tierra. Se proclamó al Papa como el juez de todos los hombres, y se dijo además, que él no podía ser juzgado por nadie. Se declaró que al Papa le había sido encomendada no solamente toda "la Iglesia", sino todo el mundo, con el derecho de disponer finalmente de la corona imperial y de todas las demás coronas. Esto hizo que la Iglesia Católica fuese suprema sobre el Estado. De esta manera, durante la edad media, el Papado llegó a tener un poder casi absoluto, no solo sobre la Iglesia Católica, sino también sobre las naciones de Europa. Por ese tiempo, la Iglesia Católica Romana y el Estado, llegaron a ser una sola cosa.

La Iglesia Católica Romana, proclamó como su dios, al dios falso llamado Trinidad, suplantando al Dios verdadero que se revela en la Santa Escritura. El Credo de Atanasio, que es la formulación antigua más completa de ese dogma, junto con los demás Credos y dogmas de esa religión, lanzaba anatemas contra todo aquel que no se adhiriera a la adoración del dios Trino. El resultado fue, que aquellos cristianos que no estuvieron dispuestos a renunciar a la fe original, fueron catalogados como herejes y muchos de ellos fueron asesinados durante la mal llamada “santa inquisición” (en latín: Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Officium), con la que se pretendió eliminar cualquier idea religiosa contraria a la Iglesia Católica Romana. La violencia con que la doctrina de la Trinidad ha sido defendida, arroja una gran cortina de sospecha sobre ella. Cuando la “Santa Inquisición” llegaba a una población, se proclamaba el "edicto de fe", que obligaba a los fieles católico romanos, bajo pena de excomunión, a denunciar a los “herejes” y cómplices. A aquellos a quienes la Iglesia Católica consideraba infieles, se les aplicaba la confiscación de sus bienes, y la prisión perpetua o la pena de muerte. Frecuentemente se les torturaba de manera horrible para que confesaran su “culpa”.

Ha sido tan extrema la manipulación histórica que ha hecho el Catolicismo Romano, que el mundo religioso ha sido engañado, pensando que esa es la verdadera Iglesia Cristiana, y que la Iglesia Primitiva creía en el dios que ella inventó, a saber el dios Trino. El mundo religioso de hoy, quiere hacernos creer que la Iglesia del Nombre de Jesús desapareció de la historia durante la edad media, y que por ese tiempo no hubo ninguno que creyera en la Unicidad de Dios. Sin embargo, vemos que pese a esa oposición a muerte, siempre hubo gente que continuó confesando a Jesucristo como el único Dios que se manifestó en carne para venir a salvar.

Hemos visto que todo el territorio que abarcó el antiguo imperio Romano fue dividido en dos áreas importantes: La región oriental (de influencia griega) con capital en Constantinopla y la región occidental (de influencia latina) con capital en Roma. En ambas regiones se adoptó la religión católica romana. No obstante, por el distanciamiento geográfico de dichas ciudades capitales, la iglesia católica sufrió (con el transcurrir de los siglos) la separación gradual de las congregaciones de influencia latina y griega. En el año 1054 d.C. Dichas organizaciones se separaron definitivamente y la iglesia de influencia griega adoptó el nombre de Iglesia Ortodoxa Griega mientras que la iglesia de influencia latina continuó con el nombre de Iglesia Católica Romana. La división se ocasionó por razones políticas y doctrinales. A los griegos le molestaban las continuas reclamaciones del Papa de Roma de ser el gobernador sobre la Iglesia Católica. Además, en oriente se creía el mito de que el “Espíritu trinitario” procede únicamente del “Padre trinitario”, mientras que en occidente este mito tenía una variación que enseñaba que esa tercera persona, procede simultáneamente del “Padre trinitario” y del “Hijo trinitario”. A partir de aquel momento, aquellas dos organizaciones fueron las protagonistas en la promoción del culto al dios Trino, y de eliminar a todo el que se les opusiera.

Para agravar la situación, por aquel mismo tiempo, en el medio oriente, surgió otra grande amenaza para la Iglesia Cristiana. Esta fue la religión del Islam, que fue fundada por Mahoma en el 622 d.C. Al principio Mahoma había aprendido mucho de los judíos y de los cristianos, y los trataba con respeto. Pero al ver que resistían sus enseñanzas todo eso cambió. Millares de judíos y cristianos fueron muertos en la Yijad (“guerra santa”), y se enseñó que el musulmán que daba muerte a un cristiano, tenía asegurada la entrada en el paraíso. Esto hizo que el cristianismo prácticamente desapareciera de los países controlados por el Islam. Mahoma enseño que el Islam se tenía que propagar por medio de la espada y de la fuerza. Mahoma murió en el año 632 d.C., siendo el máximo dirigente del estado árabe que incrementaba rápidamente su poderío.

En el concepto islamita original, el Estado y la Iglesia son absolutamente uno, y se esperaba que el gobierno emplease todo su poder para el adelanto de la religión islámica. Por espacio de muchos siglos, los islámicos tuvieron la costumbre de secuestrar miles de niños hijos de cristianos, para criarlos en provincias distantes como musulmanes fanáticos. El islamismo niega por completo la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo (Dios mismo manifestado en carne), presentándolo simplemente como un profeta judío, inferior en todo aspecto a Mahoma.

El imperio musulmán, arrebató provincia tras provincia de los emperadores griegos de Constantinopla, hasta conducir al imperio romano oriental a su extinción. También conquistó todo el norte de África y aun amenazaba con la conquista de Europa. El imperio musulmán presentó a todo país o tribu la alternativa entre el islamismo, o el tributo y la muerte. En varias ocasiones, los súbditos del Papa, chocaron contra los ejércitos musulmanes.

Ambos, La Iglesia Católica Romana y el Islam, destruyeron la memoria histórica de los creyentes apostólicos, pues la persecución incluía la destrucción de sus obras escritas. Por eso conocemos poco de aquellos creyentes de aquel tiempo, pues cuando se habla de esa edad oscura, lo que se menciona en la historia es lo que los papas y califas quisieron que se escribiera. Aun más, para formar nuestros conceptos acerca de aquellos apostólicos, dependemos de los escritos de quienes escribieron en contra de ellos, quienes indudablemente estaban llenos de prejuicios. En efecto, aquellas personas que defendieron la fe apostólica fueron difamadas y sus doctrinas mal interpretadas, tergiversadas y torcidas en el proceso. Muchos de aquellos creyentes fueron acusados de promover doctrinas maniqueas, diabólicas y agnósticas; pero esas acusaciones no eran más que el reflejo de la intolerancia religiosa de la época, que buscaba aniquilar sin importar los medios, a quienes se atrevían a predicar la sana doctrina, en oposición a aquellas religiones controladas por el Estado.

Aun después de que el trinitarismo llegó a ser dominante, los creyentes de la fe apostólica continuaron en existencia a través de la historia. La creencia de la Unicidad de Dios (Jesús es Dios manifestado en carne), sobrevivió a pesar de su violenta oposición. Dios siempre ha tenido un pueblo llamado de su Nombre, un pueblo apartado para Él. Muchos de los que la Enciclopedia Católica y libros católicos mencionan que eran herejes y tenían que ser extirpados, eran cristianos que habían recibido el mensaje del nombre de Jesús y no se sometían en nada a las enseñanzas de los papas, o de los líderes religiosos del Islam, prefiriendo morir en la hoguera, o ser echados a las mazmorras, pero no negar el nombre de Jesús, ni las verdades bíblicas.

Algunos escritores hallan evidencia que la doctrina de la Unicidad existía entre los priscilianos (c. 350—c. 700), los euquitas (c. 350—c. 900), los bogomilos (c. 900—c. 1400) y los cátaros (c. 1000—1500).

Los priscilianos (que habitaron principalmente en España y Portugal) fueron admirados por su vida ejemplar y piadosa. Sin embargo, sus contradictores los acusaron de promover una moral muy rígida. El historiador católico romano, Marcelino Menéndez y Pelayo, escribe en su obra “Historia de los Heterodoxos Españoles”, que: “Comenzando por el tratado De Deo, no cabe dudar que los priscilianistas eran antitrinitarios y, según advierte San León (y con él los Padres bracarenses), sabelianos. No admitían distinción de personas, sino de atributos o modos de manifestarse en la esencia divina”. En el año 567, en el primer concilio de Bracara (hoy la ciudad de Braga en Portugal), los miembros de la Iglesia Católica Romana que participaron, escribieron: “Si alguno niega que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas, de una sola sustancia, virtud y potestad, y sólo reconoce una persona, como dijeron Sabelio y Prisciliano, sea anatema.” Los opositores intransigentes del priscilianismo, buscando más pretextos para acabarlos por medio de la “Santa Inquisición”, los acusaron de diabólicos, maniqueos, astrólogos y hechiceros. Martín Dumiense, quien era el líder católico romano de Braga, en su obra De Trina Mersione (La Trina Inmersión), escrita en el año 567 (que trata sobre la liturgia del bautismo católico romano), acusó de sabelianos, priscilianos y antitrinitarios, a los que practicaban una sola inmersión en el nombre de Jesús.

Los euquitas o mesalianos (predicadores), aparecen por vez primera en Mesopotamia, sin que se pueda concretar qué circunstancias dieron lugar a este movimiento y quiénes fueron sus líderes. En el tiempo del emperador Constantino, ellos ya estaban asentados en Siria y el Asia Menor. Ellos fueron condenados por primera vez, en el sínodo de Side de Panfilia (ca. 390 d.C.) porque no aceptaban el dogma trinitario. Es muy difícil saber con absoluta precisión cuál fue la doctrina cristológica que profesaban los euquitas, ya que ninguno de sus escritos ha llegado hasta hoy día. Aunque fueron severamente perseguidos, los euquitas subsistieron durante varios siglos, influyendo fuertemente sobre los bogomilos de Bulgaria. También fueron conocidos como los entusiastas, debido a que ellos hablaban en lenguas (glosolalia). Sus críticos los acusaron de canibalismo, libertinaje, satanismo y brujería, pero los estudiosos rechazan esas reclamaciones.

Hay evidencias de que en el siglo VI, en oriente, algunos grupos que no pertenecían a la Iglesia Católica Romana, bautizaban en el nombre de Jesús. Por eso, el Código Justiniano (529 d.C.), declaró la pena de muerte por antitrinitarismo como por ser bautizado de nuevo. En el año 553, el Concilio de Constantinopla, condenó nuevamente el bautismo en el nombre de Jesús, al que ellos llamaban con desprecio el bautismo sabeliano.

En el año 638, la Iglesia Católica Romana, realizó el VI Concilio en Toledo, España. En aquel concilio, se leyó una carta del Papa Honorio, en la que se exhortaba a los fieles católicos a ser más fuertes y animosos en la defensa de la fe católica. En respuesta, se redactó una profesión de fe, en la que condenaban con especialidad a los creyentes del nombre de Jesús, a quienes tildaban de patripasianos.

Aunque la inquisición redujo el número de creyentes del nombre de Jesús en la península ibérica, no obstante, ellos fueron una realidad durante la edad media. Marcelino Menéndez y Pelayo, escribe que alrededor del año 722 d.C., en Toledo España, “apareció un sabeliano energúmeno, a quien el venerable prelado sanó de la posesión demoníaca y del yerro antitrinitario”.

Los bogomilos, cuya sede principal estuvo en Bulgaria, se propagó por muchos pueblos eslavos. La moral y los ideales de los bogomilos estuvieron muy por encima del promedio de los de su época. Ellos enviaron misioneros por toda Europa. En 1118 el emperador bizantino Alejo I Comneno, ejecutó al líder de los bogomilos por considerarlo un hereje. En el siglo XV, durante la conquista musulmana de Bosnia, la mayor parte de los cristianos que fueron asediados por el islamismo (religión de sus conquistadores), eran bogomilos. Antes de que ellos fueran eliminados, ayudaron al desarrollo de los albigenses y de los cátaros, grupos franceses e italianos de los siglos XII y XIII.

Un destacado creyente en la Unicidad de Dios, que defendió el bautismo en el nombre de Jesús, fue el escolástico Pedro Abelardo (1079-1142), quien fundó y dirigió la Universidad de Paris, que fue la madre de las universidades europeas. Pedro Abelardo, vivía una vida monástica, pero su estudio bíblico y su amor por la hermosa Eloisa (con quien se casó) lo llevaron a renunciar a esos hábitos. Su fama como profesor atrajo a los estudiantes de todas las partes de Europa. En su tiempo la universidad llegó a tener unos 30.000 estudiantes. Su posición bíblica lo puso más de una vez en aprietos con la Iglesia Católica, hasta que Arnoldo y Pedro, dos de sus discípulos fueron condenados a muerte por la inquisición romana. Pedro Abelardo fue obligado a retirarse de su profesión de maestro, y castigado a internarse en un monasterio separándolo de su esposa Eloisa.

Los cátaros (del griego, katharos, 'puro') o puritanos, fue el nombre adoptado por muchos grupos cristianos que alcanzaron una enorme difusión durante la edad media. Su número era prodigioso en el siglo que es precisamente elegido como “el gran siglo Católico,” el siglo XIII. Ellos unificaban el entusiasmo por la moral cristiana primitiva (aunque sus contradictores los acusaban de maniqueos). Durante la segunda mitad del siglo XII, los cátaros contaban con gran fuerza e influencia en Bulgaria, Albania y Eslovenia. Estas comunidades llegaron a la propia Italia durante los siglos XI y XII. Eran conocidos por el nombre de Patarenes en Italia, Publicanos en Francia y Bélgica, y por otros nombres en otros países. El único documento cátaro que existe, es un corto ritual escrito en lenguaje de los trovadores del siglo XIII, en lengua romance.

El mayor éxito de los cátaros, fue su celo misionero. Ellos contaban con líderes que predicaban el evangelio por las casas. Además tradujeron la Biblia al idioma que la gente pudiera entender. En aquellos tiempos, cuando la Iglesia Católica solo citaba la Biblia en idioma latín, la Biblia se había hecho incomprensible para los fieles católicos, pero los cátaros la tradujeron al idioma romance para que estuviera al alcance de todos. También difundían audaces folletos. Su sencillez para exponer el evangelio, hizo que sus creencias encontrasen fácil difusión, como de hecho sucedió. Cuando ellos se reunían, utilizaban instrumentos para cantar y adorar a Dios. De momento ellos entraban como en un trance, y comenzaban a hablar en otras lenguas. Todos callaban y uno empezaba a interpretar el mensaje; luego todos juntos oraban a Dios. También bautizaban en agua, sumergiendo a las personas en la forma y modo de Sabelio (en el Nombre de Jesús).

Ellos repudiaban la relajación de costumbres del clero medieval y las ansias de poder de sus prelados. De igual manera, rechazaban la adoración de las imágenes, la veneración de la cruz y la adoración al dios Trino. Dante, el escritor de la Divina Comedia, nos cuenta que a causa de la predicación de los cátaros, mucha gente se separó de la Iglesia Católica, la cual perdía influencia entre la población. De no ser por la espantosa arma de defensa diseñada por el catolicismo romano, a saber la inquisición, esta hubiera perdido considerablemente su poder.

Las agrupaciones más grandes de cátaros se localizaban en el sur de Francia, donde recibieron el nombre de albigenses y se extendieron por toda Europa. Su nombre se lo deben al pueblo de Albi, en el sur de Francia, el centro más importante de este movimiento. Los albigenses creían que Cristo era Dios y creían en el bautismo del Espíritu Santo por la imposición de manos. Era una comunidad que se distinguía por su pobreza económica, pero su mayor riqueza era su fundamento en la doctrina de los apóstoles y profetas de Jesús (Efesios 2:20). Ellos propugnaban la necesidad de llevar una vida ascética y de renunciar al mundo para alcanzar la perfección. Estos hombres, animados por sus sólidas creencias, no dudaban en utilizar los textos de las Sagradas Escrituras en defensa de sus posiciones teológicas, lo que resultaba muy peligroso para la Iglesia romana. Fueron severamente perseguidos, aunque su única herejía fue haber predicado el evangelio tal como Cristo lo ordenó. El papa Inocencio III, lanzó la cruzada albigense (1209-1226), que reprimió a los seguidores de este movimiento de una forma brutal y a su paso desoló gran parte del sur de Francia, matando hasta a los propios católicos de aquella región por haber tolerado a los albigenses. Sólo sobrevivieron pequeños grupos de albigenses en zonas muy desoladas, aunque luego fueron perseguidos por la Inquisición hasta finales del siglo XIV.

También existen noticias del bautismo del nombre de Jesús, y la práctica de hablar en lenguas entre algunos Valdenses, quienes surgieron en 1170, y actualmente permanecen como un pequeño grupo protestante de creencias trinitarias.

Durante la edad media, siempre hubo quienes defendieron el bautismo bíblico invocando el nombre de Jesús, en contraposición con la enseñanza católico romana de un supuesto bautismo trinitario. La controversia relacionada con el bautismo fue constante. Los distintos grupos de cristianos apostólicos, confesaron que la iglesia primitiva, siempre administró el bautismo a los creyentes en el nombre de Jesucristo, pero este modelo inicial fue cambiado gradualmente a una invocación literal "en el nombre del Padre, Hijo, y Espíritu Santo" debido a una mala interpretación del texto de Mateo 28:19 por aislarlo de su contexto. Por su parte, la Iglesia Católica Romana, etiquetó el bautismo en el nombre de Jesús, como el bautismo realizado por los "herejes".

Hugo de San Victor (1096 - 1141) y Tomás de Aquino (1225 – 1274), mencionaron el bautismo en el nombre de Jesús como una realidad de sus días. Otros católicos como Bede (673-735) en Inglaterra, y el Papa Nicolás (que ejerció entre 858-867) lo consideraron válido. También en el Concilio de Fréjus (792) se aceptó la validez del bautismo en el nombre de Jesús. Finalmente, en el Concilio de Florencia de 1439, la Iglesia Católica Romana declaró la obligatoriedad de bautizar invocando literalmente "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo", porque según ellos, así se ratificaba la creencia en la trinidad, aunque Mateo 28:19 no apoya para nada dicho dogma antibíblico.

Por encima de cualquier tradición o decisión de cualquier concilio, la Biblia enseña la necesidad del bautismo como es mostrado en Mateo 28:19, Marcos 16:16, Lucas 24:47, Hechos 2:38, 1. Pedro 3:21, etc. También enseña que el modo de bautismo es por inmersión completa en el agua, invocando el nombre de Jesucristo. La salvación no se puede recibir sin el bautismo, específicamente sin la invocación del nombre de Jesús, pues esto fue lo que hizo la iglesia primitiva (Hechos 2:38, Hechos 8:16, Hechos 10:48, Hechos 19:5, Hechos 22. 16, Santiago 2.7). El bautismo es parte del plan de Salvación que incluye también el arrepentimiento, la recepción del Espíritu Santo y la dedicación de una vida plena para Dios (Hechos 2:38). En síntesis, Mateo 28:19 menciona de manera implícita el nombre de Jesús, mientras que el libro de los Hechos y las Cartas apostólicas mencionan de manera explícita el bautismo en el nombre de Jesús.

Es importante hacer notar, que la iglesia católica romana rechazaba oficialmente la glosolalia (el hablar en lenguas), calificándola como evidencia de posesión demoniaca, especialmente entre todos aquellos que esa organización consideraba herejes. Sin embargo, de manera ambigua, honraba a unos pocos de sus más ilustres personajes por haber hablado en lenguas, aun al extremo de incluir el fenómeno entre los milagros anotados a favor del proceso de canonización.

Durante la edad media, poco a poco el latín fue dejando de ser el idioma del pueblo de las regiones que conformaron el desaparecido Impero Romano, y pasó a convertirse en una lengua utilizada solamente por la gente culta. Entre los pueblos que hablaban originalmente el latín, se fueron desarrollando nuevos idiomas. Aun cuando la Iglesia Católica Romana, no era partidaria de que la gente común y corriente leyera la Escritura, o que esta se tradujera a idiomas distintos al latín, pese a estas restricciones, durante la edad media la Biblia fue traducida a muchos idiomas, entre ellos, al español antiguo. El escritor católico Marcelino Menéndez y Pelayo, nos habla de la importancia que la Biblia tuvo para la verdadera iglesia cristiana, pese a la persecución de la Iglesia Católica y del Islam, cuando escribe que “los trabajos bíblicos, considerados como instrumento de propaganda, han sido en todo tiempo ocupación predilecta de las sectas protestantes.”

En la edad media, aparecieron nuevas traducciones para algunas variantes del idioma sirio, tales como el siríaco filojenia (508 d.C.) y el siríaco harkleiana (616 d.C.). También apareció la versión Nubia, llamada así por la ciudad de Nubia, ubicada entre Egipto y Etiopia. Esta versión es probablemente del siglo X. Con la expansión del Islam y consecuentemente con la persecución de los cristianos de dicha región, se redujo el número de ellos, hasta casi desaparecer. La versión Sogdiana (Asia central) es muy incompleta y poco se sabe respecto a la misma. También se realizaron algunas versiones en Árabe Antiguo, como la del siglo VIII por Juan, obispo de Sevilla, la del siglo X por Isaac Velásquez, de Córdoba y una del siglo XIII, en Egipto. No se sabe si hubo traducciones anteriores al siglo VIII. Sin embargo, la existencia de estas versiones, nos demuestra que aun en tierras controladas por el Islam, pese a la intolerancia religiosa, los cristianos (aunque reducidos) hicieron presencia.

Dos hombres, Cirilo y Metodio, tradujeron en el siglo IX, los evangelios al idioma eslavo. Hay unos doce manuscritos de la versión en eslavo antiguo de los Evangelios, procedentes de los siglos XI al XIV.

El idioma español, se originó como un dialecto del latín en las zonas limítrofes entre Cantabria, Burgos, Álava y La Rioja, provincias del actual norte de España, convirtiéndose en el principal idioma popular del Reino de Castilla. De allí su nombre original de idioma castellano, en referencia a la zona geográfica donde se originó. En el año 1280 apareció la primera versión en idioma español antiguo, realizada desde la versión de la Vulgata Latina, que fue conocida como la Biblia Alfonsina. En el año 1430, apareció la Biblia de Alba, realizada por Moshé Arragel, y que fue patrocinada por Don Luis de Guzmán. En 1420, apareció la versión del Antiguo Testamento en idioma español, que fue realizada por el rabino Salomón, para los judíos que habitaban en España. En el mismo 1420, apareció otra versión anónima del Antiguo Testamento.

La caída de Constantinopla en mano de los turcos en 1453, es la fecha que los historiadores marcan como el fin del periodo medieval.



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