jueves, 5 de febrero de 2009

Los Nueve Dones de 1. Corintios 12:7-8 (Parte 3)

Por Julio César Clavijo Sierra

3. El Don de Fe

La palabra griega que traduce fe es “pistis” y significa convicción, seguridad, certeza y dependencia en Dios (Hebreos 11:1). Es tener confianza en lo que Dios nos ha revelado en su Palabra y dar por hecho todas aquellas verdades, es estar fundamentados en la doctrina que es conforme a la piedad (1. Timoteo 6:3, 3:16), es comprender y aceptar que Dios fue manifestado en carne, por lo cual la fe está firme cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador (2. Timoteo 2:19).

Tenemos confianza en la Palabra de Dios por las profecías que se han cumplido, y sabemos que lo que aun falta por cumplirse se cumplirá, porque fiel es el que lo prometió (Hebreos 10:23, 11:11, 2. Corintios 5:7, Apocalipsis 21:5). El cielo y la tierra pasaran, pero no la Palabra de Dios (Mateo 24:35, Marcos 13:31, Lucas 21:33).

La fe genuina está basada en el Dios que se ha revelado en la Santa Escritura, y por eso la fe del cristiano se perfecciona en el conocimiento y asimilación de la Palabra de Dios. De ahí que la fe venga ya sea por oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17) y/o por escudriñar la Santa Escritura que es la que da testimonio de aquel Dios de amor que fue manifestado en carne como Jesucristo (Juan 5:39).

La fe verdadera está fundada en Dios, y no en los ídolos, en los amuletos o en las imágenes. Ni siquiera se trata de aquello que la filosofía de la Nueva Era ha llamado energía positiva o poder mental, pues el objeto de la verdadera fe no está en la capacidad mental del hombre, sino en el Dios omnipotente (Salmo 20:7).

Todos los verdaderos creyentes tenemos fe en Dios. Primero, tenemos esa fe salvadora que nos ha llevado a conocerle y aceptarle como nuestro salvador, y aunque sabemos que todavía no estamos en la morada eterna de los redimidos (la Nueva Jerusalén), lo damos por hecho, porque por fe andamos no por vista (2. Corintios 5:7, Romanos 1:17, Gálatas 3:11). Sabemos que nuestra salvación no es por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho sino por la misericordia del Señor Jesús, por el lavamiento de la regeneración [el bautismo en el nombre de Jesús], y por la renovación en el Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu Santo] (Tito 3:5). Pero también sabemos que la verdadera fe produce obras de justicia, pues la fe sin obras es una fe muerta (Santiago 2:26). Los creyentes tenemos esta confianza en Dios, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1. Juan 5:14).

Después de esta reflexión sobre la fe, podemos pasar a definir el don de fe, como una medida extraordinaria de fe que opera un creyente (o un grupo de creyentes) para una necesidad especifica, en la cual la naturaleza o las posibilidades humanas no tienen ninguna oportunidad, y solo se puede esperar una acción sobrenatural de parte de Dios. Es una fe que permite obtener la victoria a pesar de que todas las circunstancias sean adversas.

Por ejemplo, el apóstol Pablo, tuvo fe para ser librado de la muerte, luego de ser mordido por una víbora muy venenosa, y no padeció daño alguno (Hechos 28:3-6).

miércoles, 4 de febrero de 2009

Los Nueve Dones de 1. Corintios 12:7-8 (Parte 2)

Por Julio César Clavijo Sierra
2. El Don de Palabra de Ciencia o Palabra de Conocimiento:


La palabra griega que traduce conocimiento es “gnosis” y significa conocimiento y ciencia.

Uno es el conocimiento que los hombres han adquirido por el esfuerzo humano y otro es el conocimiento que proviene de Dios.

El hombre se esfuerza por adquirir conocimiento, pero a pesar de todo su empeño, debe reconocer que todo su conocimiento es incompleto y que incluso puede ser vano. “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

El hombre debe anhelar el conocimiento que proviene de Dios. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jeremías 9:23-24).

El conocimiento completo se halla solamente en Cristo. Cuando entendemos el misterio de Dios Padre manifestado en Cristo, hallamos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:2-4). Cristo es la expresión y la revelación completa de Dios porque en él "habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2.9). Si alguno quiere ver a Dios tiene que mirar a Cristo, porque Cristo es Dios mismo manifestado en carne. El conocimiento de Cristo es el que nos hace libres (Juan 8:32).

En su sentido primario, el don de Palabra de Ciencia, tiene que ver con la capacidad de adquirir información correcta sobre las verdades bíblicas y de exponerlas con claridad y precisión ante otras personas. Sin embargo, este don también incluye la revelación que Dios le da a algún hermano o hermana, comunicándole algún asunto que es necesario que sea conocido para responder a una necesidad específica. Por ejemplo, Dios le reveló de manera milagrosa al apóstol Pedro que Ananías y Safira se habían puesto de acuerdo para mentir en lo relacionado con el valor de la venta de su heredad (Hechos 5:1-7).

martes, 3 de febrero de 2009

Los Nueve Dones de 1. Corintios 12:7-8 (Parte 1)

Por Julio César Clavijo Sierra


“Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu” (1. Corintios 12:7-8).

1. Corintios 12 menciona nueve dones del Espíritu que son (1) palabra de sabiduría, (2) palabra de ciencia, (3) fe, (4) sanidad, (5) milagros, (6) profecía, (7) discernimiento de espíritus, (8) diversos géneros de lenguas, e (9) interpretación de lenguas.

Esto no quiere decir que estos sean los únicos dones que el Espíritu Santo ha dado a su iglesia. No obstante, el estudio de estos nueve dones, es un tema fascinante, que capacitará a los creyentes, para conocer las virtudes que Dios ha dejado a disposición de la iglesia.

La Iglesia necesita hoy día de la operación de los dones del Espíritu Santo, para magnificar la obra de Dios, y para frustar las obras de las tinieblas. Por eso es necesario que los dones sean operados en amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo.

1. El Don de Palabra de Sabiduría:


La palabra griega que traduce sabiduría es “sofía” y significa perspicacia, conducta prudente y sano juicio. La sabiduría es mucho más que conocimiento, ya que la sabiduría utiliza el conocimiento para tomar decisiones correctas.

Una es la sabiduría humana y otra es la sabiduría que proviene de Dios. En muchas ocasiones los hombres que no conocen a Dios pueden obrar inteligentemente de acuerdo con el conocimiento que han adquirido por medio de habilidades puramente humanas. No obstante, la sabiduría que viene del Altísimo, nos enseña que para empezar a ser sabio se debe temer a Dios. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre” (Salmo 111:10). “la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Santiago 3:15).

Nosotros somos sabios cuando Dios nos da a conocer el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, ya que Dios “hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:8-10).

Como hemos visto, todos los verdaderos cristianos tenemos la sabiduría que viene de lo alto, “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (Santiago 1:5-7).

Sin embargo, aunque todos los miembros de la iglesia gozan de la sabiduría que viene de lo alto, Dios ha dado el don de Palabra de Sabiduría, para revelar a sus hijos la mejor forma de proceder ante una necesidad particular. Dios puede revelar esta palabra de sabiduría directamente al creyente necesitado, por ejemplo cuando Dios le mostró por visión al apóstol Pablo que fuera a Macedonia en lugar de ir a Bitinia, dando por cierto que Dios los llamaba a anunciar el evangelio en ese lugar (Hechos 16:6-10). En otras ocasiones, Dios da la palabra de sabiduría a un creyente para que este aconseje a otro u otros, por ejemplo el apóstol Pablo (quien no era un marinero profesional) le declaró a unos experimentados marineros que no era aconsejable continuar su viaje porque de seguro les iba a venir grande ruina. Ellos no hicieron caso de esta palabra de sabiduría y fueron victimas de un naufragio (Hechos 27).

lunes, 2 de febrero de 2009

La Doctrina de la Imposición de Manos

Por Julio César Clavijo Sierra

Las Sagradas Escrituras nos enseñan que la doctrina de la imposición de manos, corresponde a los rudimentos de la fe cristiana, es decir a las doctrinas que todo verdadero cristiano debe conocer y que son la base de nuestra fe.

"Por tanto dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento de arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno" (Hebreos 6:1)

La doctrina de la imposición de manos es tan importante, que aparece dentro de la misma lista de los rudimentos o fundamentos, tales como la doctrina del arrepentimiento, la doctrina de la fe en Dios, la doctrina de bautismos (entiéndase por bautismos: el bautismo en agua en el nombre de Jesús, y el bautismo del Espíritu Santo hablando en nuevas lenguas), la doctrina de la resurrección, y la doctrina del juicio eterno.

Esos rudimentos son lo primero, lo básico, lo esencial que debe conocer toda persona para poder comprender el plan de salvación. Nadie puede ser salvo si por ejemplo, no entiende que se debe arrepentir, que para ser salvo debe depositar su fe en el Señor y que seguidamente debe ser bautizado; y además que todo esto se debe realizar porque un día los muertos van a resucitar, y van a estar juntamente con los que vivan en aquel momento para ser juzgados por el Señor de acuerdo a lo que hayan hecho mientras estuvieran en el cuerpo, haya sido esto bueno o malo.

La Escritura nos enseña que la imposición de manos es algo que le pertenece a toda la Iglesia.

"Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Marcos 16: 17-18)

En la Biblia podemos ver, que la imposición de manos se hizo para:

1. Impartir Bendición:

Isaac las impuso sobre Jacob (Génesis 27: 21-29)

Jacob las impuso sobre los hijos de José (Génesis 48: 11-16)

Jesús las impuso sobre unos niños (Mateo 19: 13-15)

2. Para Impartir Autoridad:

Como por ejemplo, para consagrar a alguien para que ejerza un ministerio

Moisés lo hizo con Josué (Deuteronomio 34: 9)

Los doce Apóstoles a los primeros Diáconos (Hechos 6:5-6)

Los profetas y maestros de la Iglesia en Antioquia a Bernabé y a Pablo (Hechos 13: 1-3)

Pablo a Timoteo (2 Timoteo 1: 6)

3. Para Impartir Sanidad:

Es una promesa del Señor para todos los creyentes (Marcos 16:17-18)

Jesús sobre dos ciegos (Mateo 20: 29-34)

Ananías a Saulo (Hechos 9: 17-18)

Pablo al padre de Publio (Hechos 28: 7-8)

4. Para que los Creyentes Reciban el Espíritu Santo:

(Nota: Imponer las manos para que se reciba el Espíritu Santo, no es del todo una labor necesaria, pero ayuda mucho)

Ananías sobre Saulo (Hechos 9: 17-18)

Los Apóstoles en Samaria (Hechos 8: 14-19)

Pablo a unos creyentes en Efeso (Hechos 19: 6)

Todo esto nos demuestra que la imposición de manos es algo sumamente importante y de mucho cuidado. Para que un creyente tome la decisión de imponer las manos para realizar cualquiera de los usos que la Biblia nos enseña, debe estar muy seguro de que esa es la voluntad de Dios:

¿Qué tal que alguien impusiera las manos para atribuir poder o autoridad a alguien a quien Dios no ha llamado?

¿Qué tal que alguien impusiera las manos para bendecir a quien Dios no quiere bendecir?

Por eso la Biblia dice:

"No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro" (1 Timoteo 5: 22)

domingo, 1 de febrero de 2009

Los Dones del Espíritu

Por Julio César Clavijo Sierra

“Y El mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y MAESTROS, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12)

De este pasaje pueden destacarse los siguientes aspectos centrales.

1. Para el buen desarrollo de la iglesia, es necesario que exista una diversidad de dones.
“Porque de la manera que un en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta en la exhortación; el que reparte con liberalidad; el que preside con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”. (Romanos 12:4-8)

2. Dado que todos los dones, por mas diversos entre sí que sean, proceden del mismo Espíritu, la diversidad no destruye la unidad, sino que la hace posible.

"¿Son todos apóstoles?¿son todos profetas?¿todos maestros?¿hacen todos milagros?¿tienen todos dones de sanidad?¿hablan todos lenguas?¿interpretan todos?" (1.Corintios 12:29:30)

3. Todo miembro de la iglesia recibe un don (o dones) del Espíritu. No hay miembros que carezcan de dones.

"pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho" (1.Corintios 12:7)

Todos los miembros de la Iglesia no poseemos los mismos dones, los mismos talentos. Todos no son llamados a hacer lo msimo. Sin embargo podemos decir que la mayoría de hijos de Dios tenemos más de un talento

“Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad” (Mateo 25:14-15).

4. No hay un don que no tenga importancia

"Ni el ojo puede decir a la mano: no te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: no tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen menos débiles, son los mas necesarios" (1.Corintios 12:21-22).

5. Para que un determinado don o carisma sea genuinamente un don del Espíritu Santo se muestra al ejercitarlo como un servicio de amor incondicional a la edificación de la iglesia, su unidad, y el cumplimiento de su misión en el mundo

“Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre si por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15-16)

La Iglesia del tiempo presente, debe ser una iglesia que abunde en los dondes espirituales, pues así era la Iglesia primitiva. "El Nuevo Testamento informa que la Iglesia del primer siglo creía en el Bautismo en el Espíritu Santo o Bautismo de fuego (Hch. 1:5, 11:15-16), y que también practicaba la imposición de manos para impartir este bautismo del Espíritu Santo (Hechos 8:14-17, 19:1-6). También se puede leer que los dones del Espíritu en la Iglesia primitiva, incluyendo el hablar en lenguas, eran normales y conocidos. Los escritores cristianos del segundo siglo, utilizaron la palabra griega χάρισμα o carisma, "presente" o "regalo divino" para referirise a estos dones, es decir, la misma palabra que empleó el apóstol Pablo en sus nueve dones del Espíritu, que incluían el hablar en lenguas (1 Corintios 12)."

Cada miembro de la Iglesia tiene una obra específica que hacer. Cada uno tiene su lugar en el plan eterno del cielo. Cada uno debe trabajar para la salvación de las almas.

“...De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).