sábado, 7 de marzo de 2009

El Hombre: Un Mayordomo

Por Nuris Verona, Edison Rodríguez y Geovanis Mendoza

Bíblicamente encontramos la existencia de los dones espirituales que son impartidos a los creyentes para ser usados a lo largo de la vida cristiana y de lo cual finalmente también daremos cuenta a Dios. Ese día del ajuste de cuentas responderemos por la mala o buena administración que hayamos hecho de ese bien de Dios para con los hombres, llamados “dones espirituales”.


¿Qué es un Don?

Esta palabra en el diccionario secular significa dádiva o regalo, también es conocida como talento. Es decir, la habilidad que tiene una persona para desarrollarse de manera especial en esa área. Pero, ¿qué son los dones espirituales?

Esta expresión del griego jarismata, derivado de járis, que significa “gracia”, así entonces “carismas”, lo cual es una cualidad extraordinaria que se le atribuye a alguien y le confiere alguna superioridad de carácter ético, heroico, religioso, etc. Pero, no podemos hablar de los dones espirituales sin hablar de la gracia que como atributo inseparable de Dios, es la actitud de Él hacia el hombre.

Es la generosidad o magnanimidad de Dios hacia nosotros, seres rebeldes y pecadores. Por esto nuestra vocación cristiana en general y la vocación a un ministerio en particular, son obra de la gracia de Dios (Hechos 14:26, Romanos 1:5, 1. Corintios 3:10) y para cumplir esa vocación y/o ministerio, la gracia de Dios nos brinda los dones (gracias o carismas) particulares que necesitamos (Romanos 12:6, Efesios 4:7).

Podemos entonces afirmar por las Sagradas Escrituras que los dones espirituales son impartidos por Dios mismo.


Clasificación de los Dones Espirituales

Encontramos expedida en la Santa Biblia, una diversidad de los dones espirituales que mencionaremos a continuación.

Palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, géneros de lenguas, interpretación de lenguas, apostolado, enseñanza, ayuda, administración, servicio, exhortación, repartimiento, presidencia, misericordia, evangelización, pastorado (Romanos 12:3-8, 1. Corintios 12:4-11 y 28:30, Efesios 4:7-12).

El Señor reparte a su iglesia toda esta diversidad de dones como él quiere (1. Corintios 12:11) con dos propósitos: La identificación de la iglesia (1. Corintios 12:7, 14:12, Efesios 4:7-12); la conversión de los incrédulos (1. Corintios 14:21-25). Esto significa que todos los cristianos estamos comprometidos con estos dos importantes y trascendentales tareas, ya que a todo cristiano le ha sido dado por lo menos un don. Esto lo podemos entender a través de la parábola de los talentos, donde el Señor midió, tuvo en cuenta, la capacidad de sus mayordomos y al que le dio un solo talento, fue porque vio que estaba capacitado para manejar o administrar solo uno, lo que implica, que por muy insuficientes que seamos, tenemos capacidad para administrar si quiera un don. Todos, dice la Palabra de Dios, somos administradores de los misterios de Dios y de su multiforme gracia.


Dones Naturales

Dios es el dador de todo lo que poseemos. Todo lo que el hombre tiene y es, procede de él.

La habilidad que tiene un piloto para conducir una nave aérea se la ha concedido Dios, asimismo, la habilidad de cada especialista de la salud en su área, los ingenieros, arquitectos, etc. Todas estas aptitudes han sido dadas a los hombres para que también a través de ellas glorifiquen a Dios, reconociendo lo maravilloso de las profundidades que hay en la capacidad cognoscitiva en cada humano para construir un mundo desarrollado, como el de hoy, y que toda esta destreza solo puede ser otorgada por Dios, testificando así de su eficacia infalible.

Ahora bien, existen otros dones o talentos que no son exactamente espirituales, sino que corresponden al campo natural del hombre, con los cuales también se puede glorificar, servir a Dios y aun contribuir con la salvación de muchas almas. Por ejemplo:


La Prosperidad es un Talento

Resultado de la habilidad de cotejar correctamente el manejo económico. El Señor Jesús dijo: “Vended lo que poseéis y dad limosna” (Lucas 12:33).

Primeramente recordemos que todo lo que poseemos pertenece al Señor, sin ninguna duda. En el anterior texto Él nos invita a compartir las cargas de su causa para que su obra tenga prosperidad, también contiene el consejo de negociar con lo que tenemos en materia de dinero y entregar nuestras ofrendas voluntarias con el propósito de sostener su obra para así llevar almas a Cristo.


El Habla es un Talento

Este es uno de los dones impartidos que la humanidad debería apreciar tanto, el don del habla. Debe utilizarse para proclamar la sabiduría y el maravilloso amor de Dios que se expresa principalmente en la salvación del hombre. Es un don que permite comunicar con mas proyección a las distintas esferas sociales, el poder del evangelio de Jesucristo.

Las aptitudes espirituales, mentales y físicas, la influencia, la posición social, las posesiones, los afectos, la simpatía, todos son hermosos talentos que se deben emplear en bien de la causa del maestro, para la salvación de las almas por quienes Cristo murió.

Sería más fructífero si nosotros los cristianos respondiéramos a Dios administrando correctamente los dones espirituales que nos ha dado y disponiendo también para Él los dones naturales que poseemos en función de una mayor entrega y más provechoso servicio a Dios, la iglesia sería cada vez más poderosa y avanzaría con pasos mas agigantados por todo el mundo, dando a conocer con mas pujanza este poderoso evangelio que revela el magno e inmensurable amor del Dios Todopoderoso Jesucristo.


¿Cuál Debe ser Nuestra Responsabilidad como Mayordomos de los Dones Espirituales?

Ministrarlo a los Demás

Es una de las tantas responsabilidades de los mayordomos de los dones espirituales, el ministrarlos a los demás. 1. Pedro 4:10 “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.

Los dones, si es que hemos recibido varios, o el don, cuando solo hayamos recibido uno, debemos recordar y estar persuadidos que no nos han sido dados para enorgullecernos, sino para la edificación de la iglesia (1. Corintios 14:12). “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia”.

Por ejemplo: Si alguno ha recibido de parte de Dios el don de enseñanza, cuando lo coloque en función, la iglesia se edifica y Dios se manifiesta, de igual manera con el don que Dios te ha dado a ti.

No Descuidarlos

No debemos descuidar los dones que por la gracia del Señor Jesucristo hemos recibido, sino antes por el contrario, debemos estar agradecidos y por todos los medios valorarlos y cuidarlos. Nuestra vida debe ser una vida provista de oración, de humillación, y el clamor continuo para que el Señor Jesucristo nos ayude a perfeccionar los dones que por su infinita gracia hemos recibido.

El Señor, en su Santa Palabra nos declara al respecto. Pablo escribe al joven Timoteo en 1. Timoteo 4:14: “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición del presbiterio”.

No encontramos un texto más diciente que éste. Pareciera que el joven Timoteo hubiese entrado en un periodo de desanimo, como a todo cristiano puede pasarle, momentos en que no se tiene animo y valor para seguir adelante. Pero el Señor Jesucristo está dispuesto a ayudarnos a seguir adelante.

Debemos cuidarnos del enorgullecimiento o altivez. Debemos antes por el contrario, ser humildes más y más. Como dijéramos al comienzo: La mejor manera de cuidar un don y presentarse como un mayordomo fiel, es la continua búsqueda del rostro del Señor Jesucristo.

Mantenerlos en Actividad

Los dones no nos han sido dados para mantenerlos quietos y no usarlos. Antes por el contrario, hay que tenerlos en actividad, porque de otra manera nos estaría aconteciendo lo del mayordomo de la parábola, quien recibió un talento (don) y lo sepultó. Mateo 25:24 y 25. Por ejemplo, si usted por la gracia del Señor Jesucristo ha recibido el don de sanidad, debe visitar a los enfermos, si es el de evangelista, debe hablarle a las almas para que estas se salven.

El Señor Jesucristo nos aconseja en su bendita Palabra lo siguiente: 2. Timoteo 1:6. “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que esta en ti por la imposición de mis manos”. Así que debemos como mayordomos de los dones de Dios, avivarlos, o sea, usarlos y estar prestos a ponerlos por obra y no enterrarlos.