martes, 31 de mayo de 2011

Explicando a los Trinitarios el Significado Bíblico de Verbo o Palabra de Dios - Juan 1:1

Por Julio César Clavijo Sierra


En Juan 1, el Verbo o la Palabra de Dios, es una referencia a la Palabra Eterna o al Plan Eterno (que Dios tuvo antes de crear todas las cosas), de revelarse o darse a conocer al hombre (Salmo 119:89, Mateo 24:35, 1. Pedro 1:23). La Palabra o Razón de Dios, estaba con Dios y pertenecía a Dios, de la misma manera en que la palabra o razón de un hombre pertenece a ese hombre.

La Palabra Eterna estaba relacionada con Dios, y la Palabra Eterna era Dios mismo, porque todo el plan eterno consistía en la revelación futura de Dios. Desde la Eternidad, Dios planificó su revelación a los hombres, viendo claramente en un tiempo futuro su propia manifestación en carne, y por eso el apóstol Juan dijo que la Palabra (Logos, Verbo) era Dios mismo.

El concepto de Palabra de Dios, expresa la comunicación de la mente y de los propósitos de Dios al hombre por medio de su auto-revelación. (Jeremías 7:1, Oseas 1:1, Joel 1:1, Miqueas 1:1, Sofonías 1:1). Por eso la Palabra es el Dios que se revela o se da a conocer al hombre, siendo la misma revelación de Dios, la autoexpresión de Dios, o Dios en su acción reveladora.

Dios reveló al hombre ese plan de manera progresiva. Así, el Antiguo Testamento es revelación divina, pero como preparación, como promesa, como profecía, como sombra y figura de lo que habría de venir (Hebreos 8:5); mientras que el Nuevo Testamento es la plenitud de la revelación divina, pues en él, Dios nos habla por medio de su Palabra (Verbo, Logos) hecha carne (Juan 1:14). En la plenitud del tiempo, Dios puso carne en su Palabra (Gálatas 4:4); Él se reveló en carne en la persona de Jesucristo. 'El verbo se hizo carne' (Juan 1:14). 'Dios se manifiesto en carne' (1. Timoteo 3:16). La Palabra eterna se reveló en el Hijo engendrado. Jesucristo es la Palabra Divina hecha carne, que resume todo lo que Dios deseaba decirnos. Jesucristo mismo confesó: "La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14:24).

En estos últimos días Dios decidió hablarnos por Cristo el Hijo (el Hombre perfecto) quien es el que da razón a la existencia del universo (Hebreos 1:2). Dios se pronunció a sí mismo por medio de la Palabra que sale de su boca, y por eso el capítulo 1 de Juan, nos enseña que la Palabra de Dios creó todo cuanto existe, y que la Palabra fue hecha carne y habitó entre nosotros como el hijo unigénito del Padre, el varón perfecto (Efesios 4:13).

Unicidad de Dios - Juan 1 - Verbo de Dios

Predicación por el hermano Julio César Clavijo, el domingo 5 de abril de 2009, en las instalaciones de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia del Barrio La Enea en la ciudad de Manizales, Caldas.


La Predicación es de carácter doctrinal y está basada en el texto de Juan 1:1. "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios"

La Predicación afirma la Unicidad de Dios, al demostrar que la Palabra (o El Verbo) es el medio por el cual Dios se da a conocer (o se revela) al hombre y es el plan eterno de Dios para con el hombre. Juan 1:1 dice que Dios nuestro Padre era la Palabra, porque en el Plan eterno de Dios el Padre estaba que Él mismo (y no otro) se iba a manifestar en carne a la humanidad (Juan 1:14, Mateo 1:23, 1. Timoteo 3:16).

De manera colateral, esta predicación demuestra que se comete insensatez cuando se intenta sostener que la Palabra de Dios es un acompañante eterno de Dios el Padre (como lo promulgan las "doctrinas" de la trinidad y el arrianismo). Dios el Padre es el único Dios eterno (Isaías 9:6, 44:24, 1. Corintios 8:6) y no hay otras eternas personas divinas, otros dioses (o semidioses) eternos o cualquier otro ser o individuo eterno.


El Uso Incorrecto que Hace el Trinitarismo de los Términos: "Logos", "Hijo de Dios" y "Cristo" - Juan 1:1


Por Mike F. Blume. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. (Juan 1:1)


En el verso anteriormente citado, el "Verbo" o la "Palabra" se traduce de la palabra griega LOGOS. Los trinitarios creen que en Juan 1:1 el término HIJO DE DIOS es sinónimo de LOGOS. Sin embargo, la Biblia no demuestra absolutamente ninguna prueba de que esto sea así.

Ellos creen que puesto que el HIJO DE DIOS es el LOGOS (Apocalipsis 19:13), y como el LOGOS estaba en el principio con Dios, entonces el Hijo es eterno y estaba en el principio con Dios, como si el HIJO DE DIOS hubiera preexistido a la encarnación. Sin embargo, Juan 1:1 no prueba que el HIJO DE DIOS sea sinónimo de LOGOS. Para evitar confusiones, estos términos bíblicos deben ser utilizados dentro de su respectivo contexto, y no de la manera errónea y arbitraria como los reinterpretan los trinitarios.

ATENCIÓN: En la Biblia, todas las veces que aparece el término HIJO DE DIOS, se refiere específicamente a Dios manifestado en carne como un hombre. Además, el VERBO o PALABRA de Dios que se hizo carne, siempre es asociada con el plan eterno que Dios tuvo de manifestarse en carne. El HIJO nunca es mencionado por fuera del contexto de la encarnación. Pero por otro lado, el LOGOS sí se menciona aparte de la manifestación de Dios en carne. Juan 1:1 es el pasaje representativo. Ahora, porque simplemente el LOGOS fue hecho carne (Juan 1:14), nosotros no podemos afirmar de una manera simplista que el LOGOS es sinónimo de HIJO DE DIOS.

Yo soy un hombre. Antes de que yo estuviera casado ya era un hombre. Cuando yo me casé seguí siendo un hombre, pero sólo me convertí en un marido desde que me casé. Yo no fui siempre un marido, sin embargo yo ya era un hombre antes y después de que me convirtiera en un marido. Nunca debo aplicar o usar en mí el término marido antes de que yo estuviera casado, pues ese término no me puede describir antes de que yo me casara. Pero el término hombre si se ha usado acostumbradamente para describir las dos situaciones, es decir al tiempo antes de que yo me volviera un marido y al tiempo después de que yo me volviera un marido. Por consiguiente, yo puedo decir que el término hombre es ilimitado al periodo antes o después de que yo me volviera un marido, pero el término marido se limita al periodo después de que yo me casé.

De manera similar, el término HIJO nunca se usa aparte de la manifestación de Dios en carne, mientras que el término LOGOS sí se usa aparte de ese contexto.

Es debido al paradigma trinitario de las tres personas, que ellos no han podido notar esto. El término literal HIJO, al igual que el término CRISTO, nunca se utilizan aparte de la manifestación de Dios como un hombre. ¡Compruébelo!

A eso es a lo que me refiero cuando digo que LOGOS no es sinónimo de HIJO. La Palabra de Dios (LOGOS) siempre era-es eterna (Salmo 119:89, Isaías 40:8). Es el pensamiento o el plan eterno de Dios a favor de la humanidad (que existía aún antes del acto de creación). Pero ese LOGOS se volvió carne cuando Dios se manifestó en carne. Por lo tanto 1 Timoteo 3: 16 está diciendo eso que Juan 1:14 dice. Siendo así, es a esa manifestación en carne a lo que usted siempre encontrará asociada con el término HIJO DE DIOS.

Usted nunca va a poder encontrar al HIJO existiendo desde la eternidad pasada, sino únicamente desde que ocurre la manifestación de Dios en carne. Es por eso que nosotros (los pentecostales apostólicos del nombre de Jesús) no aceptamos la idea de un Hijo eterno de Dios.

Algunos trinitarios han argumentado que al término PALABRA o VERBO en Juan 1:1, se le podría dar también el significado de HIJO DE DIOS y que DIOS debe leerse como PADRE. Así dan crédito a su fantasía de un supuesto “DIOS HIJO” que según ellos es eterno y que a existido desde siempre con Dios Padre. Ellos sienten que la redacción pudiera leerse como: "En el principio era el Hijo, y el Hijo era con el Padre…".

Sin embargo, si esto es para ellos cierto, se deben enfrentar al pensamiento engorroso de continuar el verso diciendo. "… y el Hijo era el Padre".

Por supuesto que Aquél que se manifestó como Hijo es también el Padre, pues el Hijo es la manifestación de Dios en carne. Nosotros debemos dejar los términos tal y como están y no igualar HIJO DE DIOS con LOGOS, como los trinitarios tan ávidamente intentan hacerlo. Cuando sustituyen los términos de esa manera hacen del texto una cosa sin sentido.

La Palabra era Acerca de Dios - Juan 1:1


Por Julio César Clavijo Sierra


En el principio ya era la Palabra, y la Palabra era acerca de Dios, y Dios era la Palabra. Efta era en el principio acerca de Dios” (Juan 1:1-2) [Biblia del Oso, 1569 - Casiodoro de Reina]


El prólogo del evangelio de Juan, está lleno de majestuosidad literaria, pero ante todo, de una grandiosa exposición teológica, que nos enseña que antes de crear todas las cosas, Dios tuvo el deseo de revelarse o darse a conocer al hombre por medio de su Palabra. En el principio ya era la Palabra. Desde la eternidad, la Palabra era acerca de Dios, se refería a Dios, o estaba relacionada con Dios, del mismo modo que la palabra (o razón) de un hombre pertenece a ese hombre.

El vocablo griego ‘logos’ (λόγος), traducido al idioma latín es ‘verbum’, y su equivalente español es ‘palabra’. Así, las versiones bíblicas españolas que han vertido ‘λόγος’ como ‘verbo’, no han hecho una verdadera traducción, sino más bien una acomodación de ese vocablo latino, que brota de las reminiscencias de la versión de la Biblia llamada ‘La Vulgata Latina’, versión que fue usada durante la edad media, cuando el latín era el idioma más importante en el mundo. Vale la pena destacar, que Casiodoro de Reina, el célebre traductor de la Biblia al idioma español, hizo una verdadera traducción al verter ‘logos’ como ‘palabra’. Esa traducción se mantuvo por unos 293 años, hasta que en 1862, Lorenzo Lucena Pedrosa, al revisar la Versión Reina-Valera, desmejoró la traducción, y haciendo un retroceso, cambió ‘palabra’ por ‘verbo’. En el año de 1909, las Sociedades Bíblicas Unidas tomaron el trabajo de Lucena, le hicieron unas pequeñas revisiones, y por eso la versión RV60, que es actualmente la versión más usada en el mundo hispanoparlante, dice ‘verbo’ en lugar de ‘palabra’.

El término griego ‘logos’, significa (1) Un pensamiento o concepto y (2) la expresión o declaración de ese pensamiento. La concordancia exhaustiva de Strong, presenta λόγος como: “algo dicho (incl. el pensamiento); por impl. tema (sujeto del discurso), también razonamiento (facultad mental) o motivo; por extens. cálculo; espec. (con el art. en Juan) la Expresión Divina (i.e. Cristo):- noticia, palabra, plática, pleito, predicar, pregunta, propuesta, razón, sentencia, tratado, verbo, arreglar, asunto, cosa, cuenta, decir, derecho, dicho, discurso, doctrina, evangelio, exhortar, fama, frase, hablar, hecho, mensaje”. [James Strong. Concordancia Exhaustiva de Strong, con el significado de las palabras en hebreo y griego. Tomado del Programa electrónico E-Sword].

Así, en Juan 1, La Palabra (en griego: logos, en latín: verbum) es la manifestación de la voluntad de Dios o la Palabra reveladora de Dios, que estuvo con Dios desde la eternidad como su plan eterno acerca del hombre, y que lo fue revelando desde el momento en que Dios lo creó todo pronunciando su palabra (Génesis 1:3, 1:6, 1:9, 1:11, 1:14, 1:20, 1:24, 1:26), “porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió” (Salmo 33:9) y por eso “las cosas invisibles de él, su eterno poder y Deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20). La Palabra también lo reveló, en la medida en que él se fue dando a conocer progresivamente en los tiempos del Antiguo Testamento (Lucas 1:44). La revelación definitiva y más grande de la Palabra, se ha dado por medio del Hijo, quien es la Palabra (o revelación de Dios) hecha carne (Juan 1:14), porque Dios habló muchas veces y de muchas maneras en el tiempo antiguo por medio de los profetas, pero en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2). El Hijo es quien ha dado a conocer el propósito de Dios para la humanidad (Juan 1:18). El Hijo es el varón perfecto (Efesios 4:13) y el segundo Adán (Romanos 5:12-21).

La forma griega de la frase “y la Palabra era acerca de Dios”, es “kai ό λόγος ήν πρòς τòν θεόν”. La segunda parte de esta cláusula está expresada en el caso acusativo. La preposición pros (gr. ‘πρòς’) en el caso acusativo, puede significar “hacia, a, en relación a, contra, para, cerca de” [Jaime Bereger Amenos. Atenea: Método de Griego. Duodécima Edición. Casa Editorial Bosch, Barcelona, 1972. Pág. 136]. Cuando Casidoro de Reina tradujo: “y la Palabra era acerca de Dios”, él estaba aceptando que “la Palabra se refiere a Dios” o que “la Palabra está relacionada con Dios”. ‘Acerca’, es una locución preposicional “sobre aquello de que se trata, en orden a ello” [Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, Vigésima Edición].

Lamentablemente Lorenzo Lucena Pedrosa, también desmejoró esa traducción, al cambiar ‘acerca’ por ‘con’. Sin embargo, toda turbación es alejada, cuando comprendemos que ‘con’, en algunos de sus usos, expresa la idea de relación, como en la frase “No habla ‘con’ su novia”.

La clave para entender el plan de Dios, es Cristo Jesús (la Palabra hecha carne), pues toda la revelación divina gira en torno a Él. La Palabra es la razón y el lenguaje de Dios para con el hombre. Cristo “es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15). Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios (1. Corintios 24), Cristo es Dios mismo manifestado en carne (Romanos 9:5, 1. Timoteo 3:16). Cuando nosotros hablamos, enseñamos o predicamos la Palabra de Dios (el plan de Dios para con el hombre), realmente estamos hablando, enseñando, o predicando a Jesucristo, quien es la revelación completa de Dios para la humanidad, ya que Dios mismo tomó forma de siervo y condición de hombre para venir a salvar (Filipenses 2:5-8).

La gran verdad proclamada por la Santa Escritura, es que Dios mismo se convirtió en nuestro Salvador (Isaías 35:4, 53:22), cuando se manifestó en carne como el Hijo de Dios (Lucas 1:35) o el hombre perfecto (Efesios 4:13), a fin de mostrarnos con su ejemplo la forma en la que Él quiere que vivamos (1. Pedro 2:22), y para poder pagar el precio de nuestros pecados (Hebreos 2:14, 9:22). El Padre Eterno, tomó un tabernáculo de carne (un templo de carne – Juan 1:14, Juan 2:20) para habitar en medio de nosotros (Mateo 1:23). El Hijo, fue el verdadero tabernáculo que levanto el Señor y no el Hombre (Hebreos 8:2). Por eso Jesús es verdaderamente el Padre y el Hijo. Es el Padre porque Él es el único Dios eterno, y es el Hijo porque Dios mismo se manifestó en carne como un hombre. Jesús, como Hijo, afirmó que el Padre moraba en Él (Juan 14:9) recalcando que Dios fue manifestado en carne (1. Timoteo 3:16). El apóstol Pablo lo ratifica al decir que en Cristo, habita corporalmente toda la Plenitud de Dios (Colosenses 2:9), ya que el Padre habita en el Hijo (Juan 14:9).

Cuando Dios se manifestó en carne, nos revelo su nombre Admirable (Isaías 52:6), y por eso Jesús es el nombre sobre todo nombre (Hechos 4:12, Filipenses 2:9-10). Jesús es el único nombre de Zacarías 14:9, que comprende e incluye todos los otros nombres de Dios dentro de su significado. Por eso Jesús, significa verdaderamente Emanuel (o Dios con nosotros), Luz del Mundo, El Camino, La Verdad, La Vida, Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz, Rey de reyes, Dios de dioses, etc.

La enseñanza de la Biblia es sencilla pero profunda: ¡El único Dios vino a salvar! Dentro de su plan, auto-revelación o Palabra que él tuvo para con el hombre, estaba predeterminado que en un tiempo preciso Él mismo se manifestaría en carne. Él mismo, como todos los demás hijos (los demás hombres) participaría de carne y sangre, convirtiéndose en un verdadero Hijo (Hebreos 2:14), en el hombre perfecto (Efesios 4:13).

Sin embargo, sectas como los trinitarios (en sus distintas ramas católica romana, protestante y ortodoxa griega) y los llamados “Testigos de Jehová”, han querido ocultar esa verdad, inventando cosas que no se encuentran en el texto sagrado del evangelio según Juan, fantaseando que el único Dios y Padre, antes de crear todas las cosas, estaba acompañado de alguien más, que según los trinitarios era tan Dios como él (o una persona divina), y que según los “Testigos de Jehová” era un semidiós. Ninguna de esas dos exposiciones tiene base Escritural, y son simplemente producto de las antiguas especulaciones neoplatónicas y gnósticas. Ambos, el trinitarismo y el arrianismo, tienen sus raíces en esas especulaciones filosóficas, pero no en la Biblia.

La Palabra (El Verbo) se Hizo Carne - Juan 1:1


Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados.
Tomado del Libro: The Oneness View of Jesus Christ.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios… Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:1, 14, NKJV)

El mensaje de la Biblia es que nuestro Creador se convirtió en nuestro Salvador. Jesucristo es "Dios con nosotros" que vino a "salvar a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21, 23). "Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo" (2. Corintios 5:19).

El Evangelio de Juan, expresa esta hermosa verdad de una forma única, hablando de Jesús como "la Palabra" hecha carne. Desafortunadamente, algunos han interpretado sus declaraciones, en el sentido de que Jesús es una segunda persona divina. Pero ¿Qué es lo que realmente dice la Biblia?

En el Antiguo Testamento, la Palabra de Dios (dabar en hebreo) no era una persona distinta, sino que era Dios hablando, actuando, o revelándose a sí mismo. "Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina"(Salmo 107:20). "Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Isaías 55:11). La Palabra de Dios fue la expresión de la mente de Dios, de su pensamiento y su propósito, que es Dios mismo.

Nada de esto comprometió la Unicidad absoluta de Dios. (Véase Deuteronomio 6:4). Los hebreos sabían que Dios estaba solo y creó todo por sí mismo: Nadie está al lado de Él, nadie es como él, nadie es igual a Él y nadie le ayudó a crear el mundo (Ver Isaías 44:6, 8, 24; 45:5-6; 46:5, 9). Él es el único Creador y el único Salvador (Isaías 37:16; 43:11).

En los tiempos del Nuevo Testamento, la palabra (logos) era un concepto filosófico popular. En la cultura griega del Imperio Romano Oriental, la palabra significaba la razón como principio controlador del universo. El griego logos podía significar pensamiento (expresado por medio de la palabra), así como la oración o la acción (expresada en palabras). Por ejemplo, podría referirse a una obra tal como fue concebida en la mente del dramaturgo, tal como está escrita en el guión, o incluso en su etapa de actuación.

Para el apóstol Juan, un judío capacitado en el Antiguo Testamento, el trasfondo hebreo de "la Palabra" fue sin duda el más significativo. Al mismo tiempo, él de seguro, sabía el uso que los paganos le daban en ese momento. Bajo la inspiración divina, él utilizó de manera única ese término, para acercar a ambos, judíos y gentiles a Jesucristo.

Juan no contradice el concepto judío de la unicidad absoluta de Dios (nunca considerado como una distinción de personas). De hecho, registró la declaración de Cristo a la mujer samaritana, de que los judíos recibieron el concepto correcto de Dios: "Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos" (Juan 4:22). Pero Juan buscando revelar la identidad de Jesús como el único Dios encarnado, presentó como verdaderas las palabras de Tomás, un ilustre judío, que confesó a Jesús como "mi Señor y mi Dios" (Véase Juan 20:28-31).

Juan utiliza el término griego "la Palabra" como una referencia para sus lectores, pero a diferencia de los filósofos griegos, hizo evidente que la Palabra que era eterna, era en realidad Dios, y fue revelada en la persona humana de Jesucristo. La Palabra es nuestro Creador, nuestra Fuente de Vida, la Luz del Mundo y nuestro Salvador (Juan 1:3-13).

Por el contrario, Filón, un filósofo judío de Alejandría, trató en el primer siglo d.C. de mezclar el pensamiento judio con el griego, hablando de la Palabra como un agente impersonal de Dios, que Él uso para crear el mundo y que se relacionaba con él. Del mismo modo, Justino, un filósofo que vivió a mediados del segundo siglo y se “convirtió” al cristianismo, trató de expresar al cristianismo en términos de la filosofía griega. Él describe la Palabra como una segunda persona subordinada, que fue engendrada por Dios en algún momento antes de la creación y que se convirtió en agente de la creación de Dios. Las ideas de Justino, fueron compartidas por algunos otros escritores del segundo siglo, que han sido llamados los apologistas griegos, quienes influyeron en el desarrollo de la doctrina de la trinidad durante los siglos tercero y cuarto.

El uso de Juan es claramente incompatible con esas ideas. La Palabra no fue engendrada en un momento determinado, sino "en el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios". Por otra parte, la Palabra no es un agente subordinado, una criatura, o un ser engendrado: "la Palabra era Dios". El orden de las palabras griegas elegidas por Juan es enfática, lo que significa que "La Palabra era el mismo Dios" (Biblia Amplificada).

Una explicación trinitaria de Juan 1:1 es insuficiente y requeriría de un cambio mental de la definición de "Dios". ¿Es Dios el "Padre" (como lo establece 1. Corintios 8:6)? Si es así, "la Palabra era con [el Padre], y la Palabra era [el Padre]. ¿Es Dios "la trinidad"? Si es así, "la Palabra era con [la trinidad], y la Palabra era [la trinidad]". Pero los trinitarios tratan de ponerlo en ambos sentidos, diciendo: "La Palabra era con Dios [el Padre], y la Palabra era Dios [el Hijo]". Esta interpretación es incoherente y errónea.

Juan 1:1 es en realidad una fuerte declaración de la deidad de Jesús y de la prioridad de la encarnación y de la expiación en la mente de Dios. Desde el principio, Dios previó la necesidad de la expiación y planificó su encarnación. (Véase 1. Pedro 1:19-20; Apocalipsis 13:8.) En el principio, la Palabra de Dios (su mente, su razón, su pensamiento, su plan) estaba con Él. Aquí la preposición griega es pros, que no es la palabra normalmente usada para significar “con”, sino una palabra que ha sido traducida con más frecuencia "en cuanto a". La connotación no es la de una persona sentada al lado de otra, sino la de la Palabra de Dios que le pertenece o está relacionada con él.

La Palabra de Dios no es una persona distinta, así como la palabra de un hombre no es una persona diferente a él. Por el contrario, la Palabra de Dios es la suma total de su mente, razón, pensamiento, plan, y expresión, que es Dios mismo; al igual que la mente de un hombre es el verdadero y mismo hombre.

En la plenitud de los tiempos y exactamente según el plan predeterminado por Dios, la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios promulgó su plan. Se pronunció a sí mismo. La Palabra Eterna se expresó en carne humana, y en el espacio y el tiempo. En síntesis, la Palabra de Dios, es Dios autodeclarado o Dios autorevelado.

Es interesante comparar estas conclusiones con los comentarios del renombrado estudioso cristológico Oscar Cullman sobre la Palabra en Juan 1:1:

“El propósito del autor es precisamente contrarrestar la idea de una doctrina de dos dioses, como si el Logos fuera un dios aparte de un Dios superior. La 'Palabra' que es Dios, no es un ser separado de Dios mismo, sino que "estaba con Dios"… Tampoco el Logos está subordinado a Dios, porque simplemente pertenece a Dios. No está subordinado a Dios, ni es un segundo que está al lado de Dios… No se puede decir theos en pros ton logon (Dios estaba con la Palabra), porque el Logos es Dios mismo en la medida como Dios habla y se revela. El Logos es Dios en su revelación. De este modo, la tercera frase del prólogo realmente puede proclamar kai theos en ho logos (y la Palabra era Dios). Nosotros no deberíamos reinterpretar esta frase, con el fin de debilitar su absoluta nitidez...
... El evangelista quiere decir literalmente, que él llama al Logos 'Dios'. Ello se ve confirmado también por la proclamación del Evangelio, cuando el creyente Tomás le dijo al Jesús resucitado, "Señor mío y Dios mío" (Juan 20:28). Con esta última prueba testimonial, el evangelista completa el círculo y regresa a su prólogo...
Se puede decir de este Logos que 'Él es Dios', pero al mismo tiempo también tenemos que decir, 'Él está con Dios'. Dios y el Logos no son dos seres, y sin embargo, tampoco son simplemente idénticos. En contraste con el Logos, Dios puede ser concebido (al menos en principio) aparte de su acción reveladora, aunque no debemos olvidar que la Biblia habla de Dios sólo en su acción reveladora…El Logos es la auto-revelacion de Dios - Dios en acción. Esta acción sólo es objeto del Nuevo Testamento… Por la propia naturaleza del Nuevo Testamento, no se puede hablar del Logos, aparte de la acción de Dios. [Oscar Cullman, La Cristología del Nuevo Testamento (Londres: SCM Press, 1963), 265-66].

En griego, la palabra "habitó" en Juan 1:14 es skenoo, que significa literalmente "tabernaculizó" o "acampó". La Palabra eterna fue encarnada en una humanidad verdadera. El Espíritu de Dios no fue transmutado en carne, sino que "Dios se manifestó en carne" (1. Timoteo 3:16). A través de esta encarnación (personificación humana), tenemos acceso a la gloria divina, a la gracia y a la verdad. La Palabra encarnada, muestra la gloria de Dios, comunica la gracia de la salvación de Dios, y declara la verdad eterna de Dios.

Los trinitarios utilizan los términos "Hijo" y "Palabra" como si fueran totalmente intercambiables, pero la Biblia habla del Hijo sólo en referencia a la encarnación. Jesús es el Hijo de Dios, porque el Espíritu de Dios ocasionó milagrosamente su concepción en la matriz de la Virgen María (Lucas 1:35). El Hijo fue "nacido de mujer, y nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4), y por tanto, fue engendrado en un cierto día (Hebreos 1:5). El Hijo es "la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15). La Biblia nunca habla de un Hijo eterno, sino del Hijo unigénito (Juan 3:16). Por el contrario, la Palabra es Dios en su libre revelación, sin que necesariamente sea una referencia a la encarnación, y por tanto, es eterna e invisible.

Los dos términos, entonces, están estrechamente relacionados pero son distintos. La Palabra se hizo carne en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios. Sólo en ese momento la gente vio "su gloria, gloria como del unigénito del Padre". La Palabra se reveló en el Hijo. En otras palabras, el Dios invisible se hizo visible en el Hijo, quien como un hombre, tiene la relación más cercana posible, o compañerismo con Dios. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18).

En 1. Juan 1, el apóstol Juan utiliza los mismos temas de la Palabra eterna y el Hijo engendrado, identificando a "la Palabra" como la vida eterna del Padre. La vida estuvo siempre con el Padre, pero no como una persona distinta, así como la vida de un hombre no es una persona diferente a él. Y esa vida se manifestó a nosotros en el Hijo. Por lo tanto, disfrutamos de la vida espiritual de hoy, no sólo porque Dios nuestro Padre nos creó, sino porque Él siempre tuvo un plan de salvación para nosotros a través del Hijo. "Lo que fue desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos visto, y nuestras manos han palpado con relación a la Palabra de vida -la vida se puso de manifiesto, y la hemos visto, y damos testimonio, y declaramos que la vida eterna que estaba con el Padre se manifestó a nosotros- lo que hemos visto y hemos oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1. Juan 1:1-3, NKJV).

De acuerdo con Juan 1 y 1. Juan 1, entonces, Jesús es el plan de Dios promulgado, la mente de Dios revelada, la vida de Dios manifestada. En resumen, Jesús es Dios revelado en carne para nuestra salvación. Él explicó, "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Juan 14:6-7). Cuando vemos a Jesús, vemos al Padre en la única manera en que el Padre puede ser visto, ya que el Padre invisible habita en el hombre visible Jesús (Juan 14:9-10). Cuando aceptamos y aplicamos la obra expiatoria de Jesús, el Hijo de Dios, entonces la eterna Palabra de Dios se revela a nosotros. Encontramos el camino, la verdad, y la vida, y por tanto, somos reconciliados con el único Dios verdadero, nuestro Padre.

La Trinidad y su Imaginación Politeísta de Juan 1:1

Por Julio César Clavijo Sierra


Los últimos tiempos nos han demostrado como los defensores de la trinidad han expresado abiertamente su posición politeísta. Es inútil que sigan sosteniendo que la creencia de la trinidad corresponde a la fe bíblica, pues las confesiones que han salido de ellos mismos exponen todo lo contrario, indicando cuanto se han desviado del monoteísmo bíblico.

Los trinitarios han afirmado que el dogma de la trinidad debe enseñarse con base en las presuposiciones o tradiciones elaboradas durante el transcurso de la iglesia trinitaria (ya sea católica romana, ortodoxa griega o protestante), y que conforme a esas tradiciones (principalmente la de los Credos Ecuménicos como el de Nicea, Constantinopla o de Atanasio) se debe reinterpretar la Biblia. Por esta razón, han abrazado sin ningún reparo, las conjeturas politeístas que sobre Juan 1:1 hicieran algunos gramáticos trinitarios tales como A.T. Robertson (1863–1934) y Kenneth Wuest (1893–1962). Basados en la tradición trinitaria, aquellos hombres presumieron que la Palabra de Dios (Verbo o Logos) era una persona divina (solo la fantasía puede llevar a creer que la Palabra es una persona) y que la Palabra de Dios tenía verdaderamente un cuerpo y una cara, por lo cual dijeron ellos, que la Palabra de Dios estuvo desde toda la eternidad cara a cara con Dios y en una relación de persona a persona con Dios. Todo eso lo hicieron por ignorar el concepto bíblico de la Palabra de Dios (tal como lo veremos más adelante), y por su afán desesperado de buscar algún sustento bíblico para la herejía trinitaria. No obstante, esa idea de dos personas divinas cada una con su propia cara, estando cara a cara entre sí, o una al lado de la otra, en vez de ayudarles lo que ha hecho es exhibir en toda su magnitud el error politeísta en el que ellos se encuentran. No hay ninguna diferencia entre esas declaraciones trinitarias, con las de los politeístas griegos, que pensaban que en el monte Olimpo los dioses podían estar cara a cara entre sí, cada uno al lado de los otros, conversando entre ellos y amándose u odiándose mutuamente.

El escritor trinitario Luís Carlos Reyes ha sido víctima de ese engaño, y en un video publicado por YouTube, ha dicho: “Puede ver los libros de gramática de A.T. Robertson. Algún libro que estudié hace muchos años cuando estudié griego… la idea literal sale bien, dice cara a cara con Dios.”[1] Vemos que sin ningún temor por la verdad de un solo Dios, y sin ningún reparo, el sr. Reyes manifiesta su creencia en dos personalidades divinas cara a cara entre sí, e incluso afirma que el cara a cara debe entenderse no en sentido figurado, sino literalmente. La declaración del sr. Reyes es por tanto 100% politeísta.

Al advertir a un trinitario sobre el tremendo error de creer en un cara a cara entre unas supuestas personas divinas, él dijo: “La Trinidad que siempre he creído es que solo hay un Dios –no dos ni tres–, pero esa divinidad esa naturaleza es representada en tres personas distintas… los tres ocupan distinto espacio y los tres tienen personalidades distintas… en pasajes bíblicos Jesús se diferenciaba del Padre muchas veces: Mi Padre mayor es que yo… el Hijo no sabe cuando regresará, solo el Padre, etc… el que ocupen un espacio diferente y tengan una mente distinta, no quiere decir que sean dioses distintos. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son parte de un mismo Dios, pero dentro de ella (la Trinidad) ocurre lo llamado en teología la ruptura intrínseca, la cual establece la diferencia de personalidad, función, localización, percepción, conductibilidad y descripción… y te seguiría dando miles de argumentos a favor de este tema porque he leído muchos pero muchos libros sobre la trinidad desde varios puntos de vista y de diferentes religiones, y créeme que al hacer la exégesis sobre dios en general, la mayoría de eruditos llegan a esta conclusión”[2].

Si analizamos las declaraciones de aquel trinitario, podemos apreciar una exposición absolutamente politeísta. Aquel trinitario fue engañado por aquellos “eruditos”, de quienes recibió la idea antibíblica de que existen unas personas divinas que están separadas por una distancia, ocupando cada una un espacio diferente y estando cara a cara entre sí. Mientras que la Trinidad expone la idea politeísta de personas divinas cada una ocupando distinto espacio, la Biblia nos habla de un Dios Todopoderoso que lo llena todo. Mientras que la Trinidad habla de una segunda persona divina que no puede saberlo todo, la Biblia nos habla del Dios que todo lo sabe. Mientras que la Trinidad nos habla de tres mentes y tres voluntades, la Biblia enseña que Dios es un ser inteligente con una voluntad (Romanos 9:19) y habilidad de razonar (Isaías 1:18), y nos dice que Él posee una mente inteligente (Romanos 11:33-34), no tres. La Trinidad comete el error de no entender que la Biblia presenta a Jesús como el Padre y como el Hijo (Isaías 9:6, Mateo 1:23), porque Jesús es el Dios único que se manifestó en carne.

Otro ejemplo del error politeísta del cara a cara entre unas supuestas personas divinas, lo encontramos en un artículo del escritor trinitario Pablo Santomauro donde dice: “A. T. Robertson, el conocido experto en griego… señala que Pablo tiene en mente la relación cara a cara… De la misma manera, Juan describe la relación entre el Verbo y Dios (el Padre).[3] Luego con su estilo insolente y socarrón, escribe: “Por último, digamos que una de las evidencias más fuertes contra la posición modalista la encontramos donde muchos menos la esperan, en los pasillos de la sede mundial de los Testigos de Jehová en Brooklyn, Nueva York. El peso de la evidencia gramatical es tan aplastante que los peores enemigos de la Trinidad de todos los tiempos, los Testigos de Jehová, reconocen que hay dos personas en Juan 1:1. A los efectos de negar la Deidad del Logos, los Testigos de Jehová lo reducen a “un dios” (”y la Palabra era un dios” - Juan 1:1c), pero nunca llegan al extremo infantil de la interpretación unicitaria.[4] Es bastante interesante que este escritor trinitario advierta el parentesco que existe entre las herejías arriana y trinitaria, ambas fantaseando que la Palabra de Dios fue un acompañante de Dios, que estuvo cara a cara con Dios desde la eternidad.

EL SIGNIFICADO BÍBLICO DE LA PALABRA DE DIOS

Juan 1:1 no es un texto desligado del resto de la Escritura, por lo cual no puede cometerse el error de pretender hacer doctrina aislando ese texto de su respectivo contexto y pensando más allá de lo que está Escrito (1. Corintios 4:6). El apóstol Juan era un judío ilustrado en las Escrituras del Antiguo Testamento, por lo tanto estaba capacitado en el vocabulario del Antiguo Testamento, así como en el trasfondo judío de los conceptos que dichos términos transmitían y a lo que verdaderamente se referían.

Es muy interesante notar la estrecha relación existente entre Génesis 1 y Juan 1. Debido a esa correlación, ambos pasajes comienzan con la misma frase: “En el principio”. Génesis presenta la historia de la creación del mundo, pero Juan nos habla de la nueva creación en Cristo. Ambas creaciones, fueron producto de la Palabra poderosa y creativa de Dios, porque como lo dice el Salmo: “Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca… porque Él dijo y fue hecho, Él mandó, y existió” (Salmo 33:6,9). Génesis 1:2, nos dice que al principio todo estaba en tinieblas, y además estaba desordenado y vacío. Pero a partir del versículo 3, vemos a Dios hablando y diciendo: “Sea la luz, y fue la luz”. Todo el resto de Génesis 1, nos muestra a Dios pronunciando su Palabra para traer orden y para traer vida, siendo frecuente la frase: “dijo Dios”. Así, siempre que en Génesis leemos que Dios creó algo, se hace énfasis en que Él pronunció su Palabra para traerlo a la realidad (Génesis 1:3, 1:6, 1:9, 1:11, 1:14, 1:20, 1:24, 1:26). “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:2). “...en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste” (2. Pedro 3:5). Note como la Escritura usa fuertemente el lenguaje, para determinar claramente que la Palabra es el medio por el cual Dios comunica y ejecuta sus intenciones. Por tanto, es un error suponer que la Palabra que sale de la boca de Dios es una persona divina o que lo que dijo Dios sea una persona cara a cara con Dios, cayendo finalmente en un error politeísta.

Moisés nos dice que por medio de la Palabra de Dios, aquello que estaba oscuro, desordenado y vacío, tuvo luz, tuvo orden y tuvo vida, “y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1.31). Evocando la narración de Moisés, el apóstol Juan nos dice de la Palabra de Dios, que: “Todas las cosas por ella fueron hechas, y sin ella nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:3-5).

“A menos que una persona se comunique, ya sea oralmente o por medio de gestos o expresiones faciales, es imposible llegar a conocerla. Todo lo que queda detrás de la piel del rostro seguirá siendo un misterio. También Dios era un misterio hasta que decidió romper el silencio. Habló una vez y toda la creación surgió a la vida – los océanos, las ballenas, las coloridas aves, las orquídeas y los escarabajos. Y volvió a hablar, nos dice Juan, y esta vez fue para formar la nueva creación en Cristo.”[5] Si Dios no hubiera querido revelarse al hombre, Él aún sigue siendo Dios. No obstante, Él deseó revelarse a nosotros, y por eso la Biblia solo habla de Dios en su acción reveladora.

La declaración de Juan 1:1, de ninguna manera comprometió la Unicidad absoluta de Dios. (Véase Deuteronomio 6:4). Los hebreos sabían que Dios estaba solo y creó todo por sí mismo: Nadie está al lado de Él, nadie es como él, nadie es igual a Él y nadie le ayudó a crear el mundo (Ver Isaías 44:6, 8, 24; 45:5-6; 46:5, 9). Él es el único Creador y el único Salvador (Isaías 37:16; 43:11).

En el Antiguo Testamento, el concepto de Palabra de Dios expresa la comunicación de la mente y de los propósitos de Dios al hombre por medio de su auto-revelación. La formula clásica en la que el Antiguo Testamento expresa esta verdad, es: “Palabra de Jehová que vino a…” (Jeremías 7:1, Oseas 1:1, Joel 1:1, Miqueas 1:1, Sofonías 1:1), o “vino Palabra de Jehová a…” (1. Samuel 15:10, 1. Reyes 18:1, 1. Crónicas 17:3, Isaías 38:4, Jeremías 28:12, Ezequiel 1:3, Jonás 1:1, Hageo 1:1, Zacarías 1:1). Dios se expresó por medio de una voz audible (Génesis 8:15, 17:3, Éxodo 6:2, Josué 1:1), por visiones o sueños (Génesis 46:2, Ezequiel 1:1, Daniel 4:5) y por la Palabra Escrita (Deuteronomio 30:10, 2. Reyes 18:12, Jeremías 44:23, Daniel 9:10).

En el pensamiento judío, la Palabra de Dios no solo decía, sino que también hacía, de tal forma que la Palabra de Dios hace lo que Él quiere (Isaías 55:11, Salmo 107:20, Salmo 33:6-9).

“El Antiguo Testamento está lleno de esa idea general del poder de las palabras. Una vez que Isaac había pronunciado la bendición del primogénito sobre Jacob en vez de sobre Esaú, aunque se le había sacado con engaño, ya no se podía hacer nada para recuperar esa bendición (Génesis 27). La palabra había salido, y había empezado a actuar, y nada la podía detener... Aun las palabras humanas tienen una especie de actividad dinámica: ¡Cuánto más la Palabra de Dios!”[6]

Por tanto, la Palabra de Dios debe ser obedecida por todos, sean ángeles u hombres. “Bendecid á Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo á la voz de su precepto” (Salmos 103:20). “Cuidaréis de hacer todo lo que yo os mando: no añadirás á ello, ni quitarás de ello” (Deuteronomio 12:32).

En el Antiguo Testamento, ‘dabar’ (e.d. palabra) referido a Dios, es Dios en su acción reveladora. Es Dios hablando, actuando o revelándose a sí mismo. “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Salmo 33:6). “Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina” (Salmo 107:20). “Él envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra” (Salmo 147:15). “¿No es Mi Palabra como fuego, dice Jehová, y como una maza que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11). “Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 12:25).

En el Nuevo Testamento, logos (o palabra) es frecuentemente sinónimo del mensaje cristiano, evangelio o las Buenas Nuevas de Salvación (Hechos 15:7). La Escritura habla del evangelio eterno (Apocalipsis 14:6), Porque la buena noticia, es también la buena Palabra que estuvo con Dios desde la eternidad y por eso la luz, la vida y la inmortalidad vinieron por el evangelio (2. Timoteo 1:9-10. Cf. Juan 1:3-5). Jesús predicó la Palabra (Marcos 2:2) y la tarea de la iglesia es predicar la Palabra (Hechos 14:25). El evangelio es la Palabra de Dios (Lucas 5:1, 11:28, Juan 10:35, Hechos 4:31, 6:7, 13:44, 1. Corintios 14:36, Hebreos 13:7), la Palabra del Señor (1. Tesalonicenses 4:15, 2. Tesalonicenses 3:1), la Palabra de Cristo (Colosenses 3:16), la Palabra de verdad (Juan 17:7, Efesios 1:13, Santiago 1:8), la Palabra de vida (Filipenses 2:16), la Palabra de justicia (Hebreos 5:13), la Palabra de reconciliación (2. Corintios 5:19), la Palabra de salvación (Hechos 13:26) y la Palabra de la cruz (1. Corintios 1:18). La palabra o logos de Dios, es algo que viene de Dios y algo que dice de Dios. No es un descubrimiento del hombre sino que es revelación de Dios. Es algo que el hombre no hubiera podido descubrir por sí mismo.

El logos juzga (Juan 12:48), purifica (Juan 15:3, 1. Timoteo 4:5), conduce a creer (Hechos 4:4) y es lo que produce el nuevo nacimiento (1. Pedro 1:23). Por lo cual la palabra debe ser oída (Mateo 13:20, Hechos 13:7, 44), debe ser recibida (Lucas 8:13, Santiago 1:21, Hechos 8:14, 11:1, 17:11), debe ser afianzada en nosotros (Lucas 8:13), debemos permanecer en la palabra (Juan 8:31) y debemos cumplir la palabra (Juan 8:51, 14:23, 1. Juan 2:5, Apocalipsis 3:8). La Palabra debe ser testificada (Hechos 8:25, Apocalipsis 1:2), debe ser servida (Hechos 6:4), debe ser anunciada (Hechos 15:36, 17:13, 2. Timoteo 4:2), debe ser hablada con denuedo (Hechos 4:29, Filipenses 1:14), debe ser enseñada (Hechos 18:11), debe ser llevada a la práctica (Santiago 1:22), puede ser causa de persecución y sufrimiento (1. Tesalonicenses 1:6, Apocalipsis 1:9), puede dejarse de creer (1. Pedro 2:8), puede ser arrebatada y ahogada (Mateo 13:22, cf Marcos 4:15), puede ser falsificada y adulterada (2. Corintios 2:17, 4:2) y puede ser invalidada (Marcos 7:13).

“Juan 1:1 es en realidad una fuerte declaración de la deidad de Jesús y de la prioridad de la encarnación y de la expiación en la mente de Dios. Desde el principio, Dios previó la necesidad de la expiación y planificó su encarnación. (Véase 1. Pedro 1:19-20; Apocalipsis 13:8.) En el principio, la Palabra de Dios (su mente, su razón, su pensamiento, su plan) estaba con Él… La connotación no es la de una persona sentada al lado de otra, sino la de la Palabra de Dios que le pertenece o está relacionada con él.

La Palabra de Dios no es una persona distinta, así como la palabra de un hombre no es una persona diferente a él. Por el contrario, la Palabra de Dios es la suma total de su mente, razón, pensamiento, plan, y expresión, que es Dios mismo; al igual que la mente de un hombre es el verdadero y mismo hombre.

En la plenitud de los tiempos y exactamente según el plan predeterminado por Dios, la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios promulgó su plan. Se pronunció a sí mismo. La Palabra Eterna se expresó en carne humana, y en el espacio y el tiempo. En síntesis, la Palabra de Dios, es Dios autodeclarado o Dios auto-revelado.”[7]

Por eso, la Palabra de Juan 1:1, es más que un simple razonamiento (reflexión, idea o concepto) de la mente de Dios, pues fue una completa verdad que quedó guardada en Dios desde los tiempos eternos, “pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe” (Romanos 16:26).

EL SIGNIFICADO DE HIJO DE DIOS

La obra más importante de la vieja creación, fue la creación del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), por lo cual Adán llegó a ser Hijo de Dios (Lucas 3:38). “El propósito de Dios era que Adán procreara abundantemente una descendencia de personas que adoraran a Dios y se constituyeran en hijos de Dios tal y como Adán lo era. Dios le dio a Adán la orden de multiplicarse y llenar la tierra (Génesis 1:28). Adán engendraría a muchos otros hijos de Dios, así que ellos tendrían la misma naturaleza que él tenía, razón por la cual harían la voluntad del Señor. El propósito de Dios era que la humanidad llenara la tierra de gloria. La vida de Dios estaría dentro del hombre y el hombre manifestaría la naturaleza de Dios en el mundo. Dios sería entonces ‘todo en todos’. Adán como hijo de Dios tenía como propósito gobernar a la humanidad bajo su dirección y actuar como rey bajo el poder de Dios (Génesis 1:28).”[8] Lastimosamente, esa antigua creación fue manchada por el pecado de Adán.

Romanos 5:14 nos enseña que Adán es figura del que habría de venir. “No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la trasgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”. Por eso la obra más importante de la nueva creación, es que la Palabra de Dios, se hizo carne y habitó entre nosotros como el Hijo de Dios (Juan 1:14), el hombre perfecto, o prototipo perfecto de la generación de hombres nuevos que sería conocida como los hijos de Dios (Efesios 4:13).

La Biblia define al ‘Hijo de Dios’ como al ser humano que nació de María (Lucas 1:35), como a Dios mismo con nosotros (Emanuel) manifestado como un hombre (Mateo 1:23), como el medio que Dios utilizó para hablarnos en estos postreros días (Hebreos 1:2), como el revelador (de los propósitos) del Padre (Juan 1:18) y como la Palabra hecha carne (Juan 1:14). No existe ningún Hijo eterno, pero Aquel que se manifestó en carne como un Hijo, es el único Dios eterno (Miqueas 5:2, Juan 1:15).

“Muchos otros versículos de la Escritura revelan que solo podemos usar correctamente el término ‘Hijo de Dios’ cuando incluye la humanidad de Jesús. Por ejemplo, el Hijo fue concebido por una mujer (Gálatas 4:4), el Hijo fue engendrado (Juan 3:16), el Hijo nació (Mateo 1:21-23; Lucas 1:35), el Hijo no sabía la hora de la segunda venida (Marcos 13:32), el Hijo no podía hacer nada por sí solo (Juan 5:19), el Hijo vino comiendo y bebiendo (Mateo 11:19), el Hijo sufrió (Mateo 17:12), una persona puede blasfemar contra el Hijo pero no contra el Espíritu y ser perdonado (Lucas 12:10), el Hijo fue crucificado (Juan 3:14; 12:30-34), y el Hijo murió (Mateo 27:40-54; Romanos 5:10). La muerte de Jesús es un buen ejemplo. Su Espíritu Divino no murió, sino su cuerpo humano. No podemos decir que Dios murió, y entonces no podemos decir que “Dios Hijo” murió. Más sí podemos decir que el Hijo de Dios murió porque Hijo se refiere a la humanidad.”[9]

De esta manera, Dios pudo crear por medio de su Palabra una verdadera generación de hijos de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre [el nombre de Jesús], les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13). El apóstol Pablo también se refiere a la nueva creación en Cristo cuando escribe: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2. Corintios 5:17). El Señor Jesucristo dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). En el libro a los Hebreos, se dice que Jesús, el Hijo de Dios, llevaría a muchos hijos a la gloria (Hebreos 2:10). Más aún, Jesús, la Palabra hecha carne, se refiere a los redimidos por su obra como hermanos e hijos suyos, ya que todos son la nueva creación de Dios por medio de su Palabra (Hebreos 2:11-13). Así, Jesús el Hijo de Dios, ha podido engendrar por la Palabra a otros muchos hijos de Dios (Santiago 1:18, 1. Pedro 1:23).

Dios sabía que Adán fallaría, por eso cuando Dios creó a Adán, lo hizo pensando en el plan que tenía en mente para un futuro Hijo de Dios, quien no sería ningún otro que el mismo Dios (y no otro) manifestado en carne (Isaías 33:22, 35:4, 40:3-5, 40:9-10, Miqueas 5:2, Hageo 2:6-7, Isaías 9:6-7, 2. Corintios 5:19, Colosenses 2:8-10, 1. Timoteo 3:16, etc.)

La verdad bíblica enseña que la Palabra es el precioso plan de Dios para con la humanidad, que se reveló desde la creación del mundo, y luego por boca de los profetas anunció que Dios mismo y no otro, sería manifestado en carne para venir a salvar. Sólo con la manifestación de Dios en carne, la Palabra tomó forma personal al mostrarse como el Hijo de Dios, el hombre perfecto, que ha podido engendrar por la Palabra una nueva generación de hijos de Dios.

Jesucristo (Dios manifestado en carne como un ser humano), es la revelación máxima de Dios a favor del hombre, y por eso es llamado la Palabra (Verbo) de Dios (Apocalipsis 19:13). En estos últimos días Dios decidió hablarnos por Cristo el Hijo (el Hombre perfecto) quien es el que da razón a la existencia del universo (Hebreos 1:2). El Hijo de Dios, es la conclusión del plan eterno que Dios planeó con relación al hombre, de satisfacer su deseo de que pudieran existir muchos hijos de Dios (Hebreos 2:10), y por eso los escritores neotestamentarios, inspirados por el Espíritu Santo, dejaron registro del cumplimiento de un montón de profecías veterotestamentarias que se cumplieron en el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne (Juan 1:14). En el Hijo de Dios, la Palabra pronunciada por Dios en el pasado encuentra ahora su cumplimiento (Mateo 5:17, Lucas 24:25-27).

El Hijo de Dios es Dios manifestado en carne (Isaías 9:6, Mateo 1:23), o la Palabra hecha carne (Juan 1:14). El Hijo de Dios, es la consumación del plan eterno de Dios a favor del hombre, pues sólo por el Hijo (por Jesucristo hombre) Dios podría salvarnos (Hebreos 2:14, 1. Timoteo 2:5). El Hijo de Dios, es la más grandiosa revelación de Dios al hombre, y por ser el Hijo la Palabra hecha carne, es por eso que en estos postreros días, Dios nos ha hablado por el Hijo (Hebreos 1:2), y el Hijo es quien nos ha explicado o nos ha dado a conocer al Padre (Juan 1:18). Dios se ha revelado por medio de la creación (Romanos 1:20, Salmo 33:6, 9), por medio de su Palabra hablada (Génesis 8:15, 46:2, Exodo 3:4), por medio de la Santa Escritura (Juan 5:39), pero el Hijo es la mejor exégesis o la mejor explicación del plan eterno que el Padre tuvo a favor de la humanidad. Cristo (el hombre ungido) siendo la Palabra hecha carne, es el mediador entre Dios y los hombres (1. Timoteo 2:5), revelando las intenciones de Dios para con el hombre, y dando significado a todas sus obras (creación).

DIFERENCIA ENTRE LA PALABRA DE DIOS (VERBO, LOGOS) E HIJO DE DIOS

La “teología” trinitaria, ha hecho un uso incorrecto de los términos bíblicos ‘logos’ e ‘Hijo de Dios’, presentándolos como sinónimos cuando en realidad no lo son. Toda confusión es alejada, cuando utilizamos los términos dentro de su respectivo contexto, y no de la manera errónea y arbitraria como los reinterpreta la “teología” trinitaria. La “teología” trinitaria toma aquella porción bíblica de Apocalipsis 19:13, que llama ‘logos’ al ‘Hijo de Dios’, y asume erróneamente que el ‘Hijo de Dios’ es eterno y que estaba desde el principio con Dios, como si el Hijo hubiera preexistido a la encarnación. El ‘logos de Dios’ (Palabra de Dios) es eterno (Salmo 119:89, Isaías 40:8, 1. Pedro 1:23, Mateo 24:35), porque es el pensamiento o el plan eterno de Dios a favor de la humanidad, que existía aún antes del acto de creación y que se fue revelando de manera progresiva a la humanidad. Mientras tanto, la Biblia define al ‘Hijo de Dios’ como al ser humano que nació de María (Lucas 1:35), como a Dios mismo con nosotros (Emanuel) manifestado como un hombre (Mateo 1:23), como el medio que Dios utilizó para hablarnos en estos postreros días (Hebreos 1:2), como el revelador (de los propósitos) del Padre (Juan 1:18) y como la Palabra hecha carne (Juan 1:14). No existe ningún Hijo eterno, pero Aquel que se manifestó en carne como un Hijo, es el único Dios eterno (Miqueas 5:2, Juan 1:15).

“El término HIJO nunca se usa aparte de la manifestación de Dios en carne, mientras que el término LOGOS sí se usa aparte de ese contexto. Es debido al paradigma trinitario de las tres personas, que ellos no han podido notar esto. El término literal HIJO, al igual que el término CRISTO, nunca se utilizan aparte de la manifestación de Dios como un hombre... Usted nunca va a poder encontrar al HIJO existiendo desde la eternidad pasada, sino únicamente desde que ocurre la manifestación de Dios en carne. Es por eso que nosotros (los pentecostales apostólicos del nombre de Jesús) no aceptamos la idea de un Hijo eterno de Dios… Nosotros debemos dejar los términos tal y como están y no igualar HIJO DE DIOS con LOGOS, como los trinitarios tan ávidamente intentan hacerlo”[10].

LA PREPOSICION GRIEGA PROS (πρòς)

Cuando comprendemos los significados bíblicos de la Palabra de Dios y del Hijo de Dios, nos guardamos de ser engañados por herejías como el trinitarismo y su pariente el arrianismo.

El gramático trinitario A.T. Robertson, pasando por alto el significado bíblico de la Palabra de Dios, especuló que la preposición griega pros (πρòς) que en Juan 1:1 ha sido traducida “con” en la frase: “la Palabra era con Dios”, significaría que la Palabra es una persona divina con una cara (o rostro), lo que le permitiría estar cara a cara con Dios. Como ya hemos visto, esa posición es politeísta, innecesaria y no tiene sustento bíblico. Si πρòς significa con, esto nunca jamás contradice la Unicidad de Dios, pues la asociación no tiene que darse necesariamente entre objetos personales, sino que también puede darse entre objetos impersonales, como en las frases: puso en cuestión la identidad de la mente con la conciencia, o sus convicciones siempre han permanecido con él. La idea transmitida por el apóstol Juan, es la de la Palabra de Dios o el plan de Dios para con la humanidad, que estuvo desde la eternidad con Dios. Aún más, la preposición πρòς en el caso acusativo como el de Juan 1:1, también significa “con relación a”, por lo cual también podría decirse que la Palabra pertenece o está relacionada con Dios.

El escritor trinitario Pablo Santomauro, quien ya nos tiene acostumbrados a su pobreza gramatical tanto del idioma español como del griego (del cual presume conocer), en un tono burlón ha escrito que "no existe un solo experto en el lenguaje griego que concuerde con la interpretación de Bernard o cualquier otro unicitario"[11] Esa infortunada declaración es destruida con la revisión de la preposición πρòς en cualquier diccionario griego-español, por ejemplo el de José M. Pabón y Eustaquio Echauri que para el acusativo presenta a pros significando "con relación a"; o el libro “Atenea Método de Griego” del profesor en griego Jaime Berenger que nos da la definición de "en relación a". Lo mismo hacen obras relacionadas con el Griego Koiné; por ejemplo Barclay M. Newman, en El Diccionario Conciso Griego-Inglés del Nuevo Testamento, incluye "perteneciendo a" y "con referencia a", como significados de pros en el acusativo. El léxico de Strong dice que "pros" en el acusativo puede significar: "respecto, que es el destino de la relación". Cualquier erudito en griego y cualquier otro ser humano que no haya sido previamente afectado por el dogma trinitario, jamás concluiría que la Palabra de Dios es una persona de Dios, como tristemente lo hizo A.T. Robertson llegando a una conclusión politeísta. “Robertson y otros, tienen que dar un salto al vacío, imaginando que en el prólogo, pros de algún modo está relacionado con personas reales y verdaderas, para poder concluir un cara a cara en asociación con Dios el Padre.”[12] Cuando hacen eso, se desvían por completo de la Santa Escritura y manifiestan que en verdad son politeístas.


Notas

[1] Luís Carlos Reyes, Video Unicidad Trinidad Juan 1:1.
[2] Declaraciones tomadas de un participante con sobrenombre “juanteologo” en los post o comentarios del video de Luís Carlos Reyes titulado: Unicidad Trinidad Juan1:1, publicado en YouTube.
[3] Pablo Santomauro. “La Preexistencia de Cristo en Juan 1:1 y la Extraña Interpretación Unicitaria”
[4] Ídem
[5] La Biblia Devocional de Estudio. Introducción al Santo Evangelio Según Juan. Pág. 913. © 1960. La Liga Bíblica.
[6] William Barclay. Comentario al Nuevo Testamento –Tomo 5- Evangelio Según Juan. Pág. 13-14. Biblioteca Electrónica Cristiana Buscadores de Dios. http://www.buscadoresdedios.files.wordpress.com/2008/02/5-juan-volumen-1.pdf
[7] David K. Bernard. Viendo la Unicidad de Jesucristo. Págs 36-37. © 1994. Word Aflame Press.
[8] Julio César Clavijo Sierra. Un dios Falso Llamado Trinidad. Págs. 192-193. 1a. Edición 2007. Megapágina Pentecostales del Nombre de Jesucristo. http://www.pentecostalesdelnombre.com/dios_trino.pdf
[9] David K. Bernard. “La Unicidad de Dios”. Págs. 100-101. ©1996. Word Aflame Press.
[10] Mike F. Blume. Artículo: “El Uso Incorrecto que Hace el Trinitarismo de los Términos: "Logos", "Hijo de Dios" y "Cristo". Megapágina Pentecostales del Nombre de Jesucristo.
www.pentecostalesdelnombre.com/logos.pdf
[11] Pablo Santomauro. “La Preexistencia de Cristo en Juan 1:1 y la Extraña Interpretación Unicitaria”
[12] James Anderson. Juan 1:1 Con Dios y Pros. ". Megapágina Pentecostales del Nombre de Jesucristo.
www.pentecostalesdelnombre.com/con_Dios.pdf

Frase Inarticulada: "y el Verbo era Dios" (kai theos en ho logos). Juan 1:1


Por James Anderson. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


Este es un complemento del artículo titulado “Juan 1:1 ‘Con Dios’ y Pros”.

Existe una gran controversia en torno a Juan 1:1, basada en el hecho de que theos (Gr. Dios), de la última frase en Juan 1:1, kai theos en ho logos, es inarticulada, es decir, no tiene artículo. Existen tres opiniones:

La primera de los Testigos de Jehová, dice que la traducción correcta, es 'el Verbo era un dios', basándose en el argumento de la falta del artículo definido ho antes de theos.

La segunda opinión que es la de los trinitarios, afirma que el texto de Juan 1:1 habla de dos personas - el Padre y el Hijo. Esta es claramente, una presuposición que se asume para reinterpretar el texto. James White dice, “Por la simple omisión del artículo (‘el’, o en griego, ho) antes de la palabra para Dios en la última frase, Juan evita la enseñanza del Sabelianismo...” [1] De este mismo pasaje, White también dice: “Sin una comprensión trinitaria de Dios, este pasaje terminaría siendo contradictorio e ilógico.” [2] Por lo tanto, su argumento es circular y algo confuso, a menos que uno lo vea a través del lente trinitario. La mayoría de los estudiosos llamaría a eso un pretexto. En este documento discutiremos la posición trinitaria, frente a la Unicidad.

Algunos trinitarios como A.T. Robertson, Marvin Vicent, Phillip B. Harner y Kenneth Wuest, que son usados como soportes para la propuesta trinitaria, afirman que la frase inarticulada, implica que Jesús era divino o que éste poseyó lo que Dios es por naturaleza. Su argumento es que Juan no estaba diciendo que Jesús es idéntico a Dios, sino que Él es como Dios (con un significado cualitativo en lugar de definido), proponiendo que la última cláusula de Juan 1:1 no intentó identificar a Jesús, sino expresar su cualidad de ser. Los trinitarios afirman que Jesús era idéntico a Dios en términos de naturaleza, no en términos de Persona.

Beasley-Murray dice, “sin el artículo significa menos que ὁ θεός [theos], pero no puede ser entendido como 'un dios', como si el Logos fuera un dios menor, junto con el Dios supremo, ni simplemente como ‘divino’,… sino que más bien se refiere a Dios en su naturaleza” [3] Bruce expresa, “Lo que se quiere decir, es que la Palabra comparte la naturaleza y el ser de Dios, o (para usar un poco de jerga moderna) fue una extensión de la personalidad de Dios.” [4]

Daniel B. Wallace, también afirma que theos es cualitativo en lugar de definido [5] Wallace enfatiza en “la naturaleza de la Palabra, en lugar de su identidad.” [6] Una de las traducciones que el cita como apoyo a su propuesta, es la Nueva Biblia Inglesa: “Lo que Dios era, la Palabra era” (Juan 1:1). Cabe señalar que en la NBI “los traductores fueron muy experimentales, produjeron traducciones nunca antes impresas en una versión en Inglés y adoptaron ciertas lecturas de diversos manuscritos hebreos y griegos nunca antes adoptados. Como resultado, La Nueva Biblia Inglesa fue muy elogiada por su ingenio y severamente criticada por su liberalidad” [7]

Los trinitarios ignoran el énfasis que Juan da a la última frase ‘la Palabra era Dios’, y asumen que un pensador hebreo como Juan, podía ver una pluralidad en el ser de Dios. Sin embargo, si Juan estaba implicando una deidad tri-personal, entonces lo hizo de la manera más indirecta posible, lo cual es contraproducente, si lo que él quería era que se conociera y se creyera en la trinidad. En Romanos 1:20, Pablo destaca que la salvación depende de una adecuada comprensión de la Divinidad, diciendo que es “sin excusa”. Juan tuvo que saber eso, y si es así, entonces ¿por qué no hizo algún esfuerzo para exaltar a esa deidad tri-personal? De hecho, el prólogo, que vuelve a traer a la memoria la historia de la creación, era el lugar ideal para aclarar dicho concepto. No obstante, los trinitarios arbitrariamente imponen a Juan, textos post-nicenos y conceptos filosóficos.

William Arnold, tiene esta respuesta para la frase inarticulada, “... Mi primera respuesta sería: ¿Por qué la presencia del artículo demanda que se trata de Dios el Padre? ¿Por qué no de Dios el Espíritu Santo? Por alguna razón, cuando un trinitario lee ‘Dios’, ellos asumen primero, que es una referencia a Dios el Padre, a menos que tengan pretextos para creer lo contrario. De alguna manera el Padre es más ‘Dios’ que las otras dos personas. En segundo lugar, quisiera simplemente señalar, que casi en todas las veces que la frase ‘Dios el Padre’ o ‘Dios nuestro Padre’ aparece en las Escrituras, falta el artículo. Esto incluye todas y cada una de las bendiciones de Pablo, así como otros varios versos (Rom. 1:7, 1. Cor. 1:3, 2. Cor 1:2; Gal. 1:1,3; Ef. 1:2; Ef . 6:23; Fil. 1:2, 2:11, Col 1:2, 1. Tes. 1:1, 2. Tes. 1:1,2, 1. Tim. 1:2, 2. Tim. 1:2, Tit 1:4; Flm. 1:3, 1 P. 1:2; 2 P. 1:17, 2 Jn. 1:3; Jud. 1:1). Por lo tanto, no hay justificación para afirmar que el segundo theos en Juan 1:1 no se refiere a Dios el Padre, simplemente porque no existe un artículo. Por último, Juan era un judío devoto, que no tenía ningún concepto de personas en la Deidad. El único Dios que él conoció, era de Dios el Padre. Por tanto, identificar la Palabra como Dios, fue identificarla como el Padre” [8]

D.A. Carson, no está totalmente de acuerdo con James White. De la mencionada lógica trinitaria dice, “Una larga serie de escritores, ha argumentado que debido a que theos, ‘Dios’, aquí no tiene el artículo, Juan no se refiere a Dios como un ser específico, sino a meras cualidades ‘divinas’. La Palabra, dicen, no era Dios, sino divina. Esto no es suficiente. En griego, hay una palabra perfectamente ajustada para ‘divino’ (a saber theios). Más importante aún, hay muchos lugares en el Nuevo Testamento, donde el predicado nominal no tiene ningún artículo, y sin embargo, es específico. Incluso en este capítulo, ‘tú eres el Rey de Israel’ (1:49) no tiene ningún artículo precediendo a ‘Rey’ en el original (cf. también Jn. 8:39, 17:17, Rom. 14:17; Gál. 4:25; Ap. 1:20). Se ha demostrado, que es común que una construcción con un determinado predicado nominal situado delante del verbo, sea inarticulada (es decir, que no tenga artículo; cf. Nota complementaria). De hecho, el efecto de ordenar las palabras de esta manera, es para hacer hincapié en ‘Dios’, como si Juan estuviera diciendo, ‘y la palabra era Dios’” [9]

Es interesante exponer un poco más de la mención de Carson sobre ‘theios’ (thay-os). Theios se utiliza aproximadamente tres veces en el NT: Hechos 17:29; 2 Pedro 1:3 y 4. En la KJV [Biblia del Rey James] se tradujo ‘divinidad’ en los Hechos, y dos veces como ‘divino’ en 2 Pedro. La mayoría de las traducciones conservan la traducción de theios como ‘divino’ en 2 Pedro. Sin embargo, la NKJV [Nueva Versión del Rey James] y la NASB [Nueva Biblia Americana Estándar] vierten theios como ‘naturaleza divina’, que es el adjetivo generalmente utilizado para describir las cualidades de una entidad. Como Carson demanda, ‘theios’ sería más de apropiado, si Juan estaba describiendo justamente la calidad de Jesús como teniendo las cualidades de Dios.

E.D. Radmacher señala a los Testigos de Jehová, y utiliza la regla de Colwell: “La última porción de 1:1 es el principal punto de la controversia. Se dice en el griego theos en ho logos, o literalmente, ‘el Verbo era Dios’. Dios, o theos, se produce en este verso sin el artículo griego ho, por lo que algunos han alegado que la falta del artículo en el texto griego debería provocar la declaración a ser traducido ‘el Verbo era un dios’. La mejor comprensión para la traducción, sin embargo, como reconocen escolásticos en griego, es que ya que theos es un predicado y precede al sustantivo logos y al verbo, es natural para que aquí se produzca sin el artículo. Los estudiosos en griego, están de acuerdo en que el verso debe traducirse como regularmente se encuentra en modernas y antiguas traducciones, afirmando claramente que Jesús es verdaderamente Dios.” [10] Nótese que Radmacher no alude que Jesús posee la naturaleza de Dios o etc.; Él simplemente dice: "Jesús es, en efecto, Dios".

“Una regla definida para el uso del artículo en el Nuevo Testamento Griego” por E.C. Colwell en 1933, en el Periódico de Literatura Bíblica, ha contribuido a solidificar una interpretación alternativa. Posteriormente llegó a ser conocida simplemente como la “Regla de Colwell.” En la página 21, Colwell comienza sus comentarios sobre el Prólogo con esta declaración, “El versículo de apertura del evangelio de Juan, contiene uno de los muchos pasajes donde esta regla sugiere la traducción de un predicado como un sustantivo definido. [και2532 CONJ θεος2316 N-NSM ην2258 V-IXI-3S ο3588 T-NSM λογος3056 N-NSM]” [11] Se visualiza mucho más como ‘Y el Verbo era Dios’ que ‘Y el Verbo era divino’, cuando se considera con referencia a esa regla. La ausencia del artículo, no hace al predicado indefinido o cualitativo cuando precede al verbo; es indefinido en esa posición sólo cuando el contexto así lo demanda. El contexto no hace tal demanda en el Evangelio de Juan, y esa declaración no puede considerarse extraña en el prólogo del evangelio que llega a su clímax con la confesión de Tomás”.

La confesión de Tomás es “Mi Señor y mi Dios” (Juan 20:28 KJV). Tomás confiesa a Jesús como su Señor y su Dios. Aquí, Dios o theos es un sustantivo en “el caso vocativo, aunque en la forma del nominativo, una cosa muy común en el koiné", [12] lo que significa que es más probable que Tomás se dirigió enfática y directamente a Jesús.

Parece que Robertson y otros están en contradicción con la Regla Colwell. James White dice: “Cabe señalar que Robertson [y otros]. . . habían fallecido antes del trabajo de Colwell, y sus comentarios reflejan esto.” [13] James White nos dice que la posición de Colwell es la misma postura adoptada por [León] Morris, [Bruce] Metzger, Griffith y otros. Con anterioridad a esta concesión, White proclama que, “Un juicio ligeramente diferente es tomado por otro grupo de estudiosos.” Posteriormente, en un esfuerzo por encontrar la solidaridad trinitaria, White afirma que “ambos enfoques conducen a la misma conclusión, ya que ‘el pasaje enseña la Deidad de Jesucristo’” [14] Esta no es una conclusión que los adherentes a la Unicidad niegan, sino que afirman grandiosamente. White no ofrece ninguna interacción real con la Regla Colwell; él sólo sugiere que todos estamos en acuerdo.

Kai theos en ho logos: el artículo ‘ho’ antes de ‘logos’, indica naturalmente, que el logos es el sujeto de la frase. Logos recibe la acción del verbo, y theos como lo menciona Colwell, puede ser un predicado nominal definido. En una correspondencia con Eddie Dalcour, autor de una nueva crítica a la Unicidad, dice, “Algunos apologistas le han dado ese sentido, en su demanda de refutar a los ‘Testigos de Jehová’, y han rotulado a theos (1:1 c) fuertemente como un definido” [15] Aquí, Dalcour reconoce las inclinaciones mencionadas anteriormente, con relación a la última frase de Juan 1:1 para el definido, pero sugiere que ellos lo han hecho a causa de una reacción contra los ‘Testigos de Jehová’.

White resume diciendo, “La frase kai theos en ho logos, es traducida más literalmente como: ‘y el Verbo era Dios’ (Robertson, Bruce). La razón es que theos inarticulado, es a la vez el predicado nominativo (Robertson, Dana y Mantey) y esto es exigido por el hecho de que si tuviera el artículo, sería entonces intercambiable con logos, lo cual es imposible por el contexto (Robertson, Dana y Mantey, Bruce, Nicoll). La regla de Colwell también entra en juego en este punto. Hemos visto que la mayoría de académicos ven el theos como una indicación de la naturaleza de la Palabra, que Él es Dios en cuanto a su naturaleza. La forma nominal se utiliza aquí, no el adjetivo theios, que sería necesario para simplemente clasificar la Palabra como ‘igual que dios’. Por tanto, Juan 1:1 enseña que la Palabra es eterna (la forma imperfecta de eimi, en), que Él siempre ha estado en comunión con Dios (pros ton theon), y por tanto, es un individuo y reconocible como tal, y que en cuanto a su naturaleza esencial, Él es Dios. Algo menor se aparta de la enseñanza de Juan, y no es bíblico.” [16]

White exagera la discusión sobre las proposiciones convertibles, o si logos y theos pueden o no utilizarse intercambiablemente. En mi opinión (y yo no contiendo por esto) los adherentes a la Unicidad no necesitan que logos y theos sean intercambiables para afirmar la teología de la Unicidad. El logos es el plan y/o la expresión del pensamiento 'con Dios', o como dice el Manual de las Sociedades Bíblicas Unidas, ‘la Palabra estaba allí donde Dios estaba’. Tal y como se relaciona con el Prólogo, Theos es el nombre propio de Dios; es el propio Dios. En mi opinión, la Palabra no era literalmente la suma completa de Dios, sino con Dios y parte de Dios. En términos de teología de la encarnación, la Palabra se hizo carne, o el inexpresado pensamiento de Dios se convirtió en el hombre que lo expresó. La idea es que Dios mismo, con el tiempo se manifestaría como un verdadero hombre (no sólo ‘vestido’ como un hombre) y, por lo tanto, redimiría a la humanidad caída.

Por último, trinitarios como Dalcour, afirman que Colwell “no consideró o evaluó las etiquetas cualitativas de los nombres - su investigación fue muy limitada.” [17] Esta es básicamente una cortina de humo para marginar la regla de Colwell de los predicados con nombres definidos. Sin embargo, en la página 17 Colwell señala: “Hemos reducido los errores de la lista de predicados con nombres definitivos sin el artículo, pues nos hemos esforzado en excluir a todos los sustantivos de cuyo definitivo puede haber alguna duda. Esto significa, por supuesto, que los nombres ‘cualitativos’ se han omitido, ya que todos estos nombres (y su total en el Nuevo Testamento es pequeño) no son definidos.” Lo que esto significa, es que Colwell era muy consciente de los sustantivos cualitativos, por tanto, a propósito los excluyó de su trabajo. Cuando dice que él excluyó todos los nombres de “cuyo definitivo puede haber alguna duda”, quiso decir que él buscó nombres cualitativos, y por eso los eliminó. Por consiguiente, al ver a Juan 1:1 incluido en la página 21 del trabajo de Colwell, es evidente que ya que él consideró los nombres cualitativos, theos en Juan 1:1, no se ajustó a sus criterios para ser cualitativo.

Por tanto, la frase inarticulada en la última cláusula del prólogo, no presenta problemas para la teología de la Unicidad. Aquí, se puede demostrar que theos es definitivo y no necesariamente cualitativo y afirma que Jesús es Dios. El apóstol Juan, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se vio obligado a identificar al logos como el plan original con Dios para la humanidad, y también en el tiempo mostrado como Jesús - Dios mismo manifestado en carne.


NOTAS

[1] White, James. Juan 1:1: Significado y Traducción - http://aomin.org/JOHN1_1.html
[2] White, James. La Trinidad, la definición de Calcedonia, y la Teología de la Unicidad http://aomin.org/CHALC.html
[3] Beasley-Murray, G. R. (1998). Vol. 36: Comentario Palabra Bíblica: John (electrónic ed.). Logos Library System; Word Biblical Commentary. Dallas: Word, Incorporated.
[4] FF Bruce, El Evangelio de Juan, (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1983), pg. 31.
[5] Wallace, Daniel B. Más Allá de los Fundamentos Básicos de la Gramática Griega, (Grand Rapids: Zondervan, 1996), pg. 269
[6] Arnold, William III. Regla de Colwell y Juan 1:1. http://www.apostolic.net/biblicalstudies/colwell.htm
[7] Comfort, Philip W. La Guía Completa para las Versiones de la Biblia. Wheaton, IL: Tyndale House Publishers, 1991.
[8] Arnold, William III. En el principio era la Palabra - http://www.apostolic.net/biblicalstudies/logos.htm
[9] Carson, D.A. Comentario Pilar del Nuevo Testamento, el Evangelio según Juan. Eerdman Publishing, © 1991
[10] Radmacher, E.D., Allen, R.B., & House, H.W. (1999). Nelson, Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia (Jn 1:1). Nashville: T. Nelson Publishers.
[11] Los soportes para indicar el énfasis son míos, es decir, las partes de palabra/caso y la lista con la numeración de Strong.
[12] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento, Electronic Database. Copyright (c) 1997 by Biblesoft & Robertson's Word Pictures. Copyright (c) 1985 por Broadman Press
[13] White, James. Juan 1:1: Significado y Traducción - http://aomin.org/JOHN1_1.html
[14] White, James. Juan 1:1: Significado y Traducción - http://aomin.org/JOHN1_1.html
[15] Dalcour, Edward L. M. APOL. Correo electrónico privado. Lunes, 14 de febrero, 2005 12:21 P.M.
[16] White, James. Juan 1:1: Significado y Traducción - http://aomin.org/JOHN1_1.html
[17] Dalcour, Edward L. M. APOL. Correo electrónico privado. Lunes, 14 de febrero, 2005 12:21 PM