martes, 31 de mayo de 2011

La Palabra (El Verbo) se Hizo Carne - Juan 1:1


Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados.
Tomado del Libro: The Oneness View of Jesus Christ.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios… Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:1, 14, NKJV)

El mensaje de la Biblia es que nuestro Creador se convirtió en nuestro Salvador. Jesucristo es "Dios con nosotros" que vino a "salvar a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21, 23). "Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo" (2. Corintios 5:19).

El Evangelio de Juan, expresa esta hermosa verdad de una forma única, hablando de Jesús como "la Palabra" hecha carne. Desafortunadamente, algunos han interpretado sus declaraciones, en el sentido de que Jesús es una segunda persona divina. Pero ¿Qué es lo que realmente dice la Biblia?

En el Antiguo Testamento, la Palabra de Dios (dabar en hebreo) no era una persona distinta, sino que era Dios hablando, actuando, o revelándose a sí mismo. "Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina"(Salmo 107:20). "Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Isaías 55:11). La Palabra de Dios fue la expresión de la mente de Dios, de su pensamiento y su propósito, que es Dios mismo.

Nada de esto comprometió la Unicidad absoluta de Dios. (Véase Deuteronomio 6:4). Los hebreos sabían que Dios estaba solo y creó todo por sí mismo: Nadie está al lado de Él, nadie es como él, nadie es igual a Él y nadie le ayudó a crear el mundo (Ver Isaías 44:6, 8, 24; 45:5-6; 46:5, 9). Él es el único Creador y el único Salvador (Isaías 37:16; 43:11).

En los tiempos del Nuevo Testamento, la palabra (logos) era un concepto filosófico popular. En la cultura griega del Imperio Romano Oriental, la palabra significaba la razón como principio controlador del universo. El griego logos podía significar pensamiento (expresado por medio de la palabra), así como la oración o la acción (expresada en palabras). Por ejemplo, podría referirse a una obra tal como fue concebida en la mente del dramaturgo, tal como está escrita en el guión, o incluso en su etapa de actuación.

Para el apóstol Juan, un judío capacitado en el Antiguo Testamento, el trasfondo hebreo de "la Palabra" fue sin duda el más significativo. Al mismo tiempo, él de seguro, sabía el uso que los paganos le daban en ese momento. Bajo la inspiración divina, él utilizó de manera única ese término, para acercar a ambos, judíos y gentiles a Jesucristo.

Juan no contradice el concepto judío de la unicidad absoluta de Dios (nunca considerado como una distinción de personas). De hecho, registró la declaración de Cristo a la mujer samaritana, de que los judíos recibieron el concepto correcto de Dios: "Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos" (Juan 4:22). Pero Juan buscando revelar la identidad de Jesús como el único Dios encarnado, presentó como verdaderas las palabras de Tomás, un ilustre judío, que confesó a Jesús como "mi Señor y mi Dios" (Véase Juan 20:28-31).

Juan utiliza el término griego "la Palabra" como una referencia para sus lectores, pero a diferencia de los filósofos griegos, hizo evidente que la Palabra que era eterna, era en realidad Dios, y fue revelada en la persona humana de Jesucristo. La Palabra es nuestro Creador, nuestra Fuente de Vida, la Luz del Mundo y nuestro Salvador (Juan 1:3-13).

Por el contrario, Filón, un filósofo judío de Alejandría, trató en el primer siglo d.C. de mezclar el pensamiento judio con el griego, hablando de la Palabra como un agente impersonal de Dios, que Él uso para crear el mundo y que se relacionaba con él. Del mismo modo, Justino, un filósofo que vivió a mediados del segundo siglo y se “convirtió” al cristianismo, trató de expresar al cristianismo en términos de la filosofía griega. Él describe la Palabra como una segunda persona subordinada, que fue engendrada por Dios en algún momento antes de la creación y que se convirtió en agente de la creación de Dios. Las ideas de Justino, fueron compartidas por algunos otros escritores del segundo siglo, que han sido llamados los apologistas griegos, quienes influyeron en el desarrollo de la doctrina de la trinidad durante los siglos tercero y cuarto.

El uso de Juan es claramente incompatible con esas ideas. La Palabra no fue engendrada en un momento determinado, sino "en el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios". Por otra parte, la Palabra no es un agente subordinado, una criatura, o un ser engendrado: "la Palabra era Dios". El orden de las palabras griegas elegidas por Juan es enfática, lo que significa que "La Palabra era el mismo Dios" (Biblia Amplificada).

Una explicación trinitaria de Juan 1:1 es insuficiente y requeriría de un cambio mental de la definición de "Dios". ¿Es Dios el "Padre" (como lo establece 1. Corintios 8:6)? Si es así, "la Palabra era con [el Padre], y la Palabra era [el Padre]. ¿Es Dios "la trinidad"? Si es así, "la Palabra era con [la trinidad], y la Palabra era [la trinidad]". Pero los trinitarios tratan de ponerlo en ambos sentidos, diciendo: "La Palabra era con Dios [el Padre], y la Palabra era Dios [el Hijo]". Esta interpretación es incoherente y errónea.

Juan 1:1 es en realidad una fuerte declaración de la deidad de Jesús y de la prioridad de la encarnación y de la expiación en la mente de Dios. Desde el principio, Dios previó la necesidad de la expiación y planificó su encarnación. (Véase 1. Pedro 1:19-20; Apocalipsis 13:8.) En el principio, la Palabra de Dios (su mente, su razón, su pensamiento, su plan) estaba con Él. Aquí la preposición griega es pros, que no es la palabra normalmente usada para significar “con”, sino una palabra que ha sido traducida con más frecuencia "en cuanto a". La connotación no es la de una persona sentada al lado de otra, sino la de la Palabra de Dios que le pertenece o está relacionada con él.

La Palabra de Dios no es una persona distinta, así como la palabra de un hombre no es una persona diferente a él. Por el contrario, la Palabra de Dios es la suma total de su mente, razón, pensamiento, plan, y expresión, que es Dios mismo; al igual que la mente de un hombre es el verdadero y mismo hombre.

En la plenitud de los tiempos y exactamente según el plan predeterminado por Dios, la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios promulgó su plan. Se pronunció a sí mismo. La Palabra Eterna se expresó en carne humana, y en el espacio y el tiempo. En síntesis, la Palabra de Dios, es Dios autodeclarado o Dios autorevelado.

Es interesante comparar estas conclusiones con los comentarios del renombrado estudioso cristológico Oscar Cullman sobre la Palabra en Juan 1:1:

“El propósito del autor es precisamente contrarrestar la idea de una doctrina de dos dioses, como si el Logos fuera un dios aparte de un Dios superior. La 'Palabra' que es Dios, no es un ser separado de Dios mismo, sino que "estaba con Dios"… Tampoco el Logos está subordinado a Dios, porque simplemente pertenece a Dios. No está subordinado a Dios, ni es un segundo que está al lado de Dios… No se puede decir theos en pros ton logon (Dios estaba con la Palabra), porque el Logos es Dios mismo en la medida como Dios habla y se revela. El Logos es Dios en su revelación. De este modo, la tercera frase del prólogo realmente puede proclamar kai theos en ho logos (y la Palabra era Dios). Nosotros no deberíamos reinterpretar esta frase, con el fin de debilitar su absoluta nitidez...
... El evangelista quiere decir literalmente, que él llama al Logos 'Dios'. Ello se ve confirmado también por la proclamación del Evangelio, cuando el creyente Tomás le dijo al Jesús resucitado, "Señor mío y Dios mío" (Juan 20:28). Con esta última prueba testimonial, el evangelista completa el círculo y regresa a su prólogo...
Se puede decir de este Logos que 'Él es Dios', pero al mismo tiempo también tenemos que decir, 'Él está con Dios'. Dios y el Logos no son dos seres, y sin embargo, tampoco son simplemente idénticos. En contraste con el Logos, Dios puede ser concebido (al menos en principio) aparte de su acción reveladora, aunque no debemos olvidar que la Biblia habla de Dios sólo en su acción reveladora…El Logos es la auto-revelacion de Dios - Dios en acción. Esta acción sólo es objeto del Nuevo Testamento… Por la propia naturaleza del Nuevo Testamento, no se puede hablar del Logos, aparte de la acción de Dios. [Oscar Cullman, La Cristología del Nuevo Testamento (Londres: SCM Press, 1963), 265-66].

En griego, la palabra "habitó" en Juan 1:14 es skenoo, que significa literalmente "tabernaculizó" o "acampó". La Palabra eterna fue encarnada en una humanidad verdadera. El Espíritu de Dios no fue transmutado en carne, sino que "Dios se manifestó en carne" (1. Timoteo 3:16). A través de esta encarnación (personificación humana), tenemos acceso a la gloria divina, a la gracia y a la verdad. La Palabra encarnada, muestra la gloria de Dios, comunica la gracia de la salvación de Dios, y declara la verdad eterna de Dios.

Los trinitarios utilizan los términos "Hijo" y "Palabra" como si fueran totalmente intercambiables, pero la Biblia habla del Hijo sólo en referencia a la encarnación. Jesús es el Hijo de Dios, porque el Espíritu de Dios ocasionó milagrosamente su concepción en la matriz de la Virgen María (Lucas 1:35). El Hijo fue "nacido de mujer, y nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4), y por tanto, fue engendrado en un cierto día (Hebreos 1:5). El Hijo es "la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15). La Biblia nunca habla de un Hijo eterno, sino del Hijo unigénito (Juan 3:16). Por el contrario, la Palabra es Dios en su libre revelación, sin que necesariamente sea una referencia a la encarnación, y por tanto, es eterna e invisible.

Los dos términos, entonces, están estrechamente relacionados pero son distintos. La Palabra se hizo carne en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios. Sólo en ese momento la gente vio "su gloria, gloria como del unigénito del Padre". La Palabra se reveló en el Hijo. En otras palabras, el Dios invisible se hizo visible en el Hijo, quien como un hombre, tiene la relación más cercana posible, o compañerismo con Dios. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18).

En 1. Juan 1, el apóstol Juan utiliza los mismos temas de la Palabra eterna y el Hijo engendrado, identificando a "la Palabra" como la vida eterna del Padre. La vida estuvo siempre con el Padre, pero no como una persona distinta, así como la vida de un hombre no es una persona diferente a él. Y esa vida se manifestó a nosotros en el Hijo. Por lo tanto, disfrutamos de la vida espiritual de hoy, no sólo porque Dios nuestro Padre nos creó, sino porque Él siempre tuvo un plan de salvación para nosotros a través del Hijo. "Lo que fue desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos visto, y nuestras manos han palpado con relación a la Palabra de vida -la vida se puso de manifiesto, y la hemos visto, y damos testimonio, y declaramos que la vida eterna que estaba con el Padre se manifestó a nosotros- lo que hemos visto y hemos oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1. Juan 1:1-3, NKJV).

De acuerdo con Juan 1 y 1. Juan 1, entonces, Jesús es el plan de Dios promulgado, la mente de Dios revelada, la vida de Dios manifestada. En resumen, Jesús es Dios revelado en carne para nuestra salvación. Él explicó, "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Juan 14:6-7). Cuando vemos a Jesús, vemos al Padre en la única manera en que el Padre puede ser visto, ya que el Padre invisible habita en el hombre visible Jesús (Juan 14:9-10). Cuando aceptamos y aplicamos la obra expiatoria de Jesús, el Hijo de Dios, entonces la eterna Palabra de Dios se revela a nosotros. Encontramos el camino, la verdad, y la vida, y por tanto, somos reconciliados con el único Dios verdadero, nuestro Padre.