lunes, 10 de noviembre de 2014

Obedeciendo Mateo 28:19


Por Julio César Clavijo Sierra
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Dos niños tuvieron que presentar un examen rápido y sencillo sobre la actualidad mundial. La única pregunta del examen era: “escriba el nombre del 44º y actual presidente de los Estados Unidos de América”. Uno de los estudiantes respondió: “Barack Hussein Obama” y su calificación fue excelente. El otro estudiante escribió: “el nombre del 44º y actual presidente de los Estados Unidos de América” y su calificación fue de cero. El profesor le indicó que presidente no es un nombre sino un título y que él no le había pedido que repitiera la pregunta, sino que su deseo es que fuera contestada.

Por más simple que parezca el ejemplo anterior, éste nos ilustra para comprender que hoy en día la llamada cristiandad trinitaria está haciendo muy mal su tarea, pues al momento de ser bautizados, repiten textualmente las palabras pronunciadas por Jesús en Mateo 28:19, pero no las obedecen o les dan la aplicación que quiso el Señor Jesús. Ellos no han podido entender que Mateo 28:19 habla de un sólo nombre, pues Jesucristo dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre…”. Los apóstoles y la iglesia primitiva, entendieron muy bien que el único nombre que se debe invocar en el bautismo es Jesús, pues al momento de tener que bautizar a los primeros conversos, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Así que un bautismo sin la invocación del nombre de Jesús no es bautismo válido, pues el ejemplo de la Iglesia Primitiva fue el de siempre bautizar a los creyentes en el nombre de Jesús para recibirlos en la Iglesia, tal como está registrado en Hechos 2:38, Hechos 8:16, Hechos 10:48, Hechos 19:5, Hechos 22. 16 y Santiago 2.7.

Ellos no han podido comprender que el nombre de Jesús es el único nombre de salvación dado a los hombres (Hechos 4:11-12), y que todo hombre que ame la verdad del evangelio, deseará ser bautizado en el nombre de Jesús para el perdón de sus pecados (1. Juan 5:3), pues Jesús es el nombre que está por encima de cualquier otro nombre (Filipenses 2:9). El apóstol Juan dijo: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre”. El apóstol Pablo escribió diciendo: “…mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. Isaías profetizó que cuando el Padre se manifestara en carne como el hombre perfecto [es decir como el Hijo de Dios], nos revelaría su nombre salvador (Isaías 52:6), y ese nombre es Jesús (Mateo 1:21). Jesús es el nombre del Padre que el Hijo [el hombre perfecto en el que Dios se manifestó] nos reveló (Juan 17:25-26).

La razón por la que la gente trinitaria no obedece Mateo 28:19, es porque han sido engañados con la mentira de que Mateo 28:19 habla de la Trinidad [un Dios en tres personas] y de un bautismo trinitario, pero ellos no se han dado cuenta que Mateo 28:19 ni cualquier otra parte de la Escritura, jamás expresa la idea trinitaria de que Padre, Hijo y Espíritu Santo sean tres personas distintas de alguna trinidad, por lo cual, cuando ellos argumentan que Mateo 28:19 sostiene alguna idea trinitaria, en realidad están pensando más allá de lo que está escrito (1. Corintios 4:6), están añadiendo a lo que está escrito (Apocalipsis 22:18-19) y están reinterpretando la Biblia con el Credo de Atanasio.

Si en verdad la gente trinitaria desea agradar a Dios, deben arrepentirse de todo corazón por creer en la herejía trinitaria, deben confesar todo su pecado ante Dios, deben ser bautizados en el nombre de Jesús para el perdón de sus pecados, y deben procurar la comunión con aquellos cristianos que aman el nombre de Jesús y proclaman sin ningún temor ante el mundo que Jesús es Dios mismo manifestado en carne y que el bautismo verdadero es en el nombre de Jesús.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre [el nombre de Jesús], les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).