miércoles, 1 de junio de 2011

Explicando a los Trinitarios el Significado Bíblico de Hijo de Dios

Por Julio César Clavijo Sierra


Para conocer a Cristo, debemos entender muy bien lo que significa Hijo de Dios. Así estaremos dentro de las Sagradas Escrituras y evitaremos la corrupción por las doctrinas inventadas por los hombres.

Cierto escritor, contaminado por los errores del dogma trinitario, dice lo siguiente:

“¿Es posible negar la preexistencia del Hijo de Dios y llamarse cristiano? De ninguna manera. En el sistema doctrinal cristiano, la preexistencia del Hijo de Dios es tan importante como su Deidad. Cualquier sistema doctrinal que niega una de ellas se sitúa de facto en el campo herético” [1]

Al leer dichas declaraciones, podemos apreciar que cuando aquel hombre habla de un “Hijo eterno” o un “Hijo preexistente” a la encarnación, lo hace por desconocer la Palabra de Dios, por imaginarse que hay más eternos que el Padre eterno (negando la Escritura), y porque reinterpreta la Biblia con el escrito extrabíblico conocido como “El Credo de Atanasio”, especialmente aquella porción que dice: 

“eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno” [2]

Para refutar ese error, debemos remitirnos al Libro de los libros: La Palabra de Dios.

En primera instancia, en las Sagradas Escrituras, el concepto de hijo de Dios, está ligado con los ángeles y con los hombres obedientes a la Palabra de Dios. El título siempre nos habla de la creación especial de Dios.

Los ángeles son llamados hijos de Dios (Job 1:6, 2:1, 38:7).

De otro lado, Adán fue llamado hijo de Dios (Lucas 3:38); la descendencia de Set fue llamada los hijos de Dios (Génesis 6:1-4); y el pueblo de Israel fue llamado hijo de Dios y primogénito de Dios (Éxodo 4:22).

Este título también indica creación espiritual, pues todos los hombres no son hijos de Dios, sino únicamente aquellos que creen en el nombre de Jesús, son los que reciben el poder de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12). Todos los que nacen de nuevo, del agua y del Espíritu (Juan 3.3-7), han nacido por la voluntad de Dios (Juan 1:13), tienen a Dios por Padre (Romanos 1:7, 1. Corintios 1:3) y llegan a ser hijos de Dios (Mateo 5:9, Lucas 20:36, Romanos 9:8, Gálatas 3:26, Filipenses 2:15, 1. Juan 3:2). El Padre ha demostrado su gran amor para que seamos llamados hijos de Dios (1. Juan 3:1), congregando en su iglesia a los hijos de Dios (Juan 11:52), y por eso todos los que son guiados por el Espíritu, estos son hijos de Dios (Romanos 8:14-21).

Aplicado a Jesús, el título Hijo de Dios, indica que el Dios único fue manifestado en carne como el hombre perfecto (Efesios 4:13), el hombre que debe ser nuestro modelo (Juan 13:15) y como quien debemos desear ser (Romanos 8:1, 15:17). Así como los hijos participaron de carne y sangre, el Padre también participó de lo mismo (Isaías 9:6, Miqueas 5:2) presentándose como el Hijo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es decir al diablo (Hebreos 2:14-15). El Dios invisible (1. Timoteo 1:17), al que nadie ha visto ni podrá ver (1. Timoteo 6:16), tomó un tabernáculo de carne para hacer su morada en medio de nosotros, y por eso el Padre moró o habitó en el Hijo (Juan 14:10), y en el cuerpo de Cristo habita toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9), porque esto agradó al Padre (Colosenses 1.19). Por medio de su manifestación como el Hijo (el hombre perfecto), el Padre se ha dado a conocer (Juan 1:18), porque el Hijo es la imagen del Dios invisible (2. Corintios 4:4, Colosenses 1:15), el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1:3). El Hijo es el medio que Dios escogió para hablarnos en estos postreros días (Hebreos 1:1-2). El Hijo no es solo una referencia a la humanidad de Jesús, sino a la manifestación de Dios en carne (lo que desde luego incluye a su humanidad).

Es un error decir que el Hijo No es Dios, pues lo correcto es decir que EL HIJO ES DIOS MANIFESTADO EN CARNE. Igualmente es un tremendo error hablar de un tal “DIOS HIJO” pues ese es un término que contradice la enseñanza de la Biblia y fue inventado para enseñar la herejía de que Dios comparte su gloria con otro que es "tan Dios" como Él lo es. La Biblia enseña que Dios tiene una gloria exclusiva (Isaías 42:8), pero la herejía del “Dios Hijo” contradice la Escritura al decir que Dios tiene una gloria compartida. La Biblia habla de un solo Rey Eterno sentado en un solo trono (Salmo 45:6, Isaías 6:1, Apocalipsis 4:2) pero la herejía del “Dios Hijo” sugiere más de un trono y por lo tanto a más de un rey eterno.

El Hijo ES UN TÉRMINO QUE ÚNICAMENTE TIENE SENTIDO A CONSECUENCIA DE LA MANIFESTACIÓN DE DIOS EN CARNE, haciendo hincapié en la humanidad que surgió en la encarnación, pero al mismo tiempo sin excluir a la naturaleza divina. EL HIJO ES A LA VEZ DIOS Y HOMBRE, porque Dios fue manifestado en carne. EL HIJO ES EMANUEL, O SEA DIOS CON NOSOTROS (Mateo 1:23). LA BIBLIA DICE CLARAMENTE QUE EL HIJO ES DIOS. Por ejemplo en Hebreos 1:8-9 encontramos: "Mas del Hijo dice: TU TRONO, OH DIOS...". Si el Hijo se refiriera sólo a la naturaleza humana de Cristo, la declaración del escritor de la epístola a Los Hebreos no tendría sentido. También está la cita de 1. Juan 5:20, que dice que EL HIJO JESUCRISTO ES EL VERDADERO DIOS Y LA VIDA ETERNA, precisamente porque JESÚS ES DIOS MANIFESTADO EN CARNE. Por eso hay un grave error al decir que el Hijo no es Dios, como también es un error pensar que el Hijo se refiere exclusivamente a la Deidad sin estar asociada con la humanidad.

“El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios (Hebreos 1:3), porque la asombrosa belleza de Dios, junto con todas sus perfecciones, se han hecho visibles únicamente en Cristo. El Hijo es la imagen misma de la sustancia de Dios (Hebreos 1:3) porque el Hijo es Dios Padre manifestado en carne (Juan 14:9). Así, no hay nada en Dios que no esté en Cristo, de manera que quien quiera ver al Padre sólo tiene que mirar a Cristo (Juan 10:30). En Hebreos 1:3, la palabra traducida como imagen viene del griego “kharaktér” que es un vocablo que designa la marca grabada que, como en un sello, representa los rasgos distintivos o característicos de algo. Por eso, Cristo es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15), Dios está completamente revelado en Cristo y por eso en Cristo habita de manera corporal toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9)” [3]

Dios prometió establecer el trono de su reino eterno, sobre el cual se sentaría un hombre justo, descendiente de David, y por tratarse del hombre perfecto, sería llamado Hijo de Dios. La promesa dada a David fue: “y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré de tu descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. Yo le seré a Él por Padre, y Él me será a mi por hijo; y no quitaré de Él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti; sino confirmaré su trono eternamente y para siempre” (1. Crónicas 17:11-14). En la distancia se vislumbra al Mesías, quien daría el claro cumplimiento a esta profecía. Cristo, el Hijo de Dios, según la carne proviene del patriarca David, pero según su gran dignidad, es Dios sobre todas las cosas (Romanos 9:5).

El Hijo de Dios, siendo el hombre perfecto, sólo empezó su existencia real el día en que fue engendrado, pues estaba profetizado que sólo hasta el día de su engendramiento, Dios confesaría, “mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Salmo 2:7). La palabra “hoy”, hace claridad sobre un tiempo específico en el que aparecería uno llamado Hijo de Dios. Así, de acuerdo con la Palabra de Dios, está claro que el Hijo fue engendrado en el tiempo y no en la eternidad. Se llama Hijo de Dios, porque Dios engendró en la virgen María, a esa humanidad en la cual Él mismo se iba a manifestar (Mateo 1:18-20). El Santo ser que nació fue llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35). Dios no envió a ningún “Hijo preexistente” que habitaba en los cielos, pues el Hijo nació de mujer y bajo la Ley (Gálatas 4.4). No hay ningún “Hijo Eterno” (término extraño a la Biblia), pues el Hijo fue engendrado, mostrando claramente que tuvo un principio. La Biblia habla del Hijo engendrado, no de un “Hijo eterno”. Sin embargo, la Biblia sí nos enseña que el Padre eterno se manifestó en carne como el Hijo (Isaías 9:6, 1. Timoteo 3:16), y por eso Hebreos dice: “Mas del Hijo dice: Tu trono oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino” (Hebreos 1:8).

Jesús como Padre ha existido desde toda la eternidad (Isaías 9:6, Miqueas 5:2, Juan 1:1-2), pero como el Hijo tuvo un comienzo y nació como un niño (Isaías 9:6, Lucas 2:7). Jesús como Padre nunca cambia (Hebreos 13:8), pero como el Hijo creció mentalmente, físicamente, espiritualmente y socialmente (Lucas 2:52). Jesús como Padre echa fuera demonios (Mateo 12:28, Juan 14:10), pero como el Hijo fue tentado por el diablo (Lucas 4:2). Jesús como Padre es el Pan de Vida (Juan 6:35) y alimentó milagrosamente a multitudes (Marcos 6:38-44, 52), pero como el Hijo tuvo hambre (Mateo 4:2). Jesús como Padre es el agua viva (Juan 4:14), pero como el Hijo tuvo sed (Juan 19:28). Jesús como Padre da reposo (Mateo 11:28), pero como Hijo se cansó (Juan 14:63). Jesús como el Padre calmó la tempestad (Marcos 4:39-41), pero como el Hijo durmió durante esa tempestad (Marcos 4:38). Jesús como el Padre contesta las oraciones (Juan 14:14), pero como Hijo oró (Lucas 22:41). Jesús como Padre sana los enfermos (Mateo 8:16-17; Juan 14:10, 1. Pedro 2:24), pero como Hijo fue herido (Juan 19:1-3). Jesús como Padre levantó de entre los muertos a su propia humanidad que tomó para manifestarse en carne (Juan 2:19-21; 20:9), pero como Hijo Él murió (Marcos 15:37, Romanos 5:10). Jesús como Padre perdona el pecado (Marcos 2:5-7), pero como Hijo Él fue el sacrificio para quitar el pecado del mundo (Hebreos 10:10-12). Jesús como Padre sabe todas las cosas (Juan 21:17), pero como Hijo no sabe todas las cosas (Marcos 13:32). Jesús como Padre tiene todo el poder (Mateo 28:18; Colosenses 2:10), pero como Hijo no tiene todo el poder (Juan 5:30). Jesús como Padre es el Rey de reyes (Apocalipsis 19:16), pero como Hijo es el Siervo Sufrido (Filipenses 2:7-8), etc.

“Lo que llega a parecer extraño o imposible si se aplica a un hombre común y corriente, llega a ser comprensible cuando se aplica a Jesús, quien al ser Dios manifestado en carne, es totalmente Dios y totalmente hombre. Cuando comprendemos que Jesús es simultáneamente el Padre y el Hijo, Dios y hombre, Espíritu y carne, alejamos cualquier turbación en el monoteísmo bíblico. Cuando leemos alguna declaración acerca de Jesús, debemos determinar si lo describe como Dios o como Hombre, o en otras palabras, como Padre o como Hijo. Las descripciones de Jesús como Padre o como Hijo, no deben llevarnos a pensar en dos dioses o en dos personas divinas, sino en el misterio de la piedad (1. Timoteo 3:16) o de la voluntad de Dios (Efesios 1:9), y es que Dios ha sido manifestado en carne” [4]

Por no entender el significado bíblico de Hijo de Dios, los trinitarios andan en muchos errores y contradicciones. Por ejemplo, algunos declaran que cuando la Biblia dice que el Hijo murió (Romanos 5:10), que esto significa que una parte del dios trino murió. 

Un escritor trinitario llamado Pablo Santomauro, hace gala de ese error, declarando: 

“¿Es posible decir que Dios murió por nosotros? ¡Por supuesto! Si queremos ser más específicos, podemos decir que la 2da. Persona de la Trinidad, que es Dios, murió por nosotros” [5] 

Cuando aquel escritor trinitario sostiene que una de las supuestas personas trinitarias murió, lo que está exponiendo es que el dios trino es un ídolo y no el Dios eterno de la Biblia. Por el contrario la Santa Escritura enseña que cuando Cristo murió, murió como hombre y no como el Dios eterno, pues Dios no tiene ni principio ni fin y por lo tanto no muere. Dios fue manifestado en carne y fue en su humanidad que vio la muerte, nunca en su Divinidad.

Por no aceptar la clara verdad de la Escritura, el dogma trinitario declara otros exabruptos, como por ejemplo que el supuesto “Hijo trinitario” siempre fue omnipresente, pero aún así, al encarnarse no podía estar en todo lugar; que el “Hijo trinitario” siempre fue omnisciente, pero aún así no podía saberlo todo; y que el “Hijo trinitario” siempre fue omnipotente, pero aún así al encarnarse no tenía todo el poder. (Para mayor información, lea el libro titulado “La Trinidad; Un Dogma de Errores y Contradicciones” por Julio César Clavijo Sierra).

Por último, vale la pena recalcar que el conocimiento respecto al Hijo de Dios, solo puede conocerse a través de la revelación divina: “El les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne y sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:15-17). También el Señor Jesús dijo: Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quien es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar (Lucas 10:22)


Notas

[1] Pablo Santomauro. “La Preexistencia de Cristo en Juan 1:1 y la Extraña Interpretación Unicitaria”
http://pastordanielbrito.wordpress.com/2009/01/05/la-preexistencia-de-cristo-en-juan-11-y-la-extrana-interpretacion-unicitaria/
Nota: Para una refutación de ese artículo, lea “La Trinidad y su Imaginación Politeísta de Juan 1:1”, escrito por Julio César Clavijo Sierra.
www.pentecostalesdelnombre.com/cara_a_cara.pdf
[2] Julio César Clavijo Sierra. Los Errores del Credo de Atanasio
www.pentecostalesdelnombre.com/atanasio.pdf
[3] Julio César Clavijo Sierra. Un dios Falso Llamado Trinidad. Pág. 357.
www.pentecostalesdelnombre.com/dios_trino.pdf
[4] Julio César Clavijo Sierra. Unicidad de Dios
http://unicodios.blogspot.com/2008/05/unicidad-de-dios.html
[5] Pablo Santomauro. Contestando Argumentos de los Pentecostales Unicitarios contra la Doctrina de la Trinidad - Parte 1
http://www.recursosevangelicos.com/showthread.php?threadid=10588
Nota: Para una refutación de ese artículo, lea el libro “La Trinidad: Un dogma de Errores y Contradicciones”, escrito por Julio César Clavijo Sierra.
www.pentecostalesdelnombre.com/trini.pdf