miércoles, 1 de junio de 2011

¿La Doctrina de la Trinidad Define Correctamente la Divinidad?


Por Clifford H. Readout, Jr. © 2000. Todos los derechos reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


La doctrina de la Trinidad es una construcción teológica del temprano "cristianismo" romano (c. 220-325 d.C.). Está basada en las definiciones filosóficas de Filón sobre el Logos (la Palabra), con cuyas ideas se reinterpretó el prólogo del Evangelio de Juan. Dicha doctrina ha evolucionado a través de los siglos, para ser refinada y registrada en las declaraciones doctrinales de diversas denominaciones, con una definición de la divinidad en la que se afirma que Dios ha existido eternamente como tres personas separadas y distintas, que son, siempre fueron y siempre serán co-iguales, co-eternas, co-omnipotentes, co-omnisapientes y co-omnipresentes. Estas tres personas son llamadas "Dios el Padre", "Dios el Hijo" y "Dios el Espíritu Santo". "Dios el Padre" no es "Dios el Hijo" ni "Dios el Espíritu Santo"; "Dios el Hijo" no es "Dios el Padre" ni "Dios el Espíritu Santo"; y "Dios el Espíritu Santo" no es "Dios el Padre" ni "Dios el Hijo", pero místicamente los tres comparten la misma "sustancia". Además, afirma que "Dios el Hijo" fue enviado por "Dios el Padre", para ser el sacrificio para expiación de los pecados de la humanidad. Los anteriores conflictos escriturales de dicha doctrina, intentan subsanarse mediante la inclusión de cierta declaración en la que se sostiene que ésta no puede ser explicada ni entendida por la razón humana, pero aún así no es contraria a la razón humana, sino que es un "misterio divino" que debe ser aceptado por la "fe".

La doctrina de la Trinidad está muy cerca del pensamiento de varias teologías paganas que se remontan a la antigua idolatría de Babilonia, las cuales encontraron su inclusión en el cristianismo a través de la adopción de las ideas contenidas en la filosofía griega. (Filón, mencionado anteriormente, y otros, especialmente Tertuliano). El registro más antiguo de la terminología trinitaria, se encuentra en los escritos de Tertuliano (c. 220 d.C.), quien también escribió en su obra "Contra Práxeas", que la mayoría de los cristianos de su época, rechazaron sus ideas (las de Tertuliano) como idolatría, y que en su lugar abrazaban la "Monarquía", es decir, la doctrina de que sólo hay un Rey y Dios que es un Espíritu, y que se manifestó en carne para ser el Salvador. La doctrina de la Trinidad fue codificada por el Concilio de Nicea en el 325 d.C., con el fin de satisfacer la demanda del emperador Constantino de reconciliar las enseñanzas de Arrio y sus seguidores (quienes negaban la divinidad de Cristo), con el resto del cristianismo que sostenía firmemente la Deidad de Cristo Jesús. El credo resultante no satisfizo completamente a ninguno de los grupos, pero se convirtió en la única regla para determinar la "ortodoxia" según el Imperio Romano.

No es sencillo determinar lo que creían los "Trinitarios Tempranos". En primer lugar, es difícil determinar el momento en que por fin hubo trinitarios "tempranos". Podemos determinar cuando vino a existir el "trinitarismo moderno", pero la designación de "trinitarismo antiguo" es objeto de diversas interpretaciones. En segundo lugar, es difícil determinar lo que cualquiera en el pasado creyó. Sólo podemos mirar de cerca las palabras que emplearon para escribir sus doctrinas, y tratar de determinar lo que esas palabras debieron significar para ellos; podemos hacer este trabajo lingüístico con la ayuda de los expertos. Pero eso nos conduce al tercer problema: Está en la naturaleza de los creyentes el ser anacrónicos en su investigación histórica; es decir, la gente tiende a leer la historia introduciendo en ella las creencias que existen en sus propios días, y atribuyen esas creencias a los personajes del pasado a quiénes están estudiando, reinterpretando sus palabras con los conceptos actuales. (Esto simplemente demuestra que la esclavitud de la creencia, es la más fuerte de las servidumbres en el conocimiento de los hombres. Es posible creer en una mentira, pero puede no saberse que es una mentira. Sólo la verdad puede ser conocida. Y es sólo por saber la verdad que podemos ser liberados de la esclavitud de la creencia). Por lo tanto, un trinitario verá en las pruebas de los relatos históricos a su propia creencia, algo que también hará el creyente de la Unicidad ¡La honestidad intelectual es más rara entre los teólogos de lo que debería ser! Sin embargo, no es imposible ser intelectualmente honesto para evitar errores anacrónicos. En cuarto lugar, existe el problema de la naturaleza de la evidencia histórica. Toda la historia se ha desarrollado (o se desarrolla) a través de un proceso de tres partes:

1.    Empieza con el recuento parcial de los ganadores de un conflicto;

2.    Sufre alteraciones revisionistas cuando el ganador ya domina el proceso;

3.    Finalmente, los historiadores que se encuentran lejos de los momentos en que ocurrieron los eventos, intentan clasificarlos a través de los registros contaminados, tratando de determinar lo que realmente sucedió.

La historia suele ser escrita por los "ganadores", que a menudo han destruído los registros originales del pensamiento de los "perdedores", y no cuentan con dichos registros, excepto como "testimonio contradictorio". En otras palabras, todo lo que sabemos acerca de muchas de las teologías que ahora se consideran heréticas, provienen de los comentarios negativos acerca de ellos, que escribieron los personajes cuya doctrina llegó a dominar y que se presentó como la ortodoxia. Eso hace que sea difícil determinar lo que realmente creían aquellos que fueron catalogados como "herejes". Sin embargo, el testimonio contradictorio a veces puede hacer más para desacreditar a la "ortodoxia" de lo que lo hace la "herejía". Una vez más, la honestidad intelectual es necesaria para llegar a alguna conclusión sólida. Sólo el historiador teológico intelectualmente honesto, puede hacer un juicio honesto sobre cualquiera otra de las conclusiones, pero se condenará rotundamente si su juicio confirma las creencias de los demás.

Tertuliano (c. 180-220 d.C.) escribió que la mayoría de los creyentes de sus días, rechazaron su propuesta de una "Trinidad", porque ellos creían que no había ninguna división en Dios, ni una pluralidad de personas. Esto indicaría que los conceptos de Tertuliano son muy similares a los de la doctrina trinitaria oficial de hoy. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta que las ideas de Tertuliano, fueron rechazadas como idolátricas por la gran mayoría de los cristianos de su época. La herejía de Tertuliano, no fue la doctrina oficial hasta que fue codificada en términos determinados en el Concilio de Nicea en el 325 d.C., seguida por "mejoras" y adiciones en los concilios más tardíos, sobre todo el de Calcedonia en el 451 d.C. Sin embargo, se puede argumentar con un apoyo importante de los registros históricos, que ni siquiera los obispos que formularon la doctrina de Nicea, habrían considerado ortodoxos los conceptos de Tertuliano. Entre ellos, hubo discusiones y desacuerdos acerca de la terminología, pero se enfrentaban a una tarea imposible; es decir, la de conciliar la doctrina arriana con la del resto de la cristiandad. Su intención era la de establecer oficialmente la Deidad de Cristo como la ortodoxia, respondiendo a los argumentos de Arrio en contra de que Cristo es Dios.

Una de las palabras principales elegidas por el Concilio, fue la palabra latina "persono", traducida al español como "persona". Sin embargo, la palabra latina "persono" es un término teatral, que significa "máscara", y se deriva del verbo que significa "hablar a través de". El drama romano fue interpretado por un actor. Sin importar cuántas representaciones se encontraban en la historia, el único actor podría interpretar todos los personajes. Esto significaría que el personaje estaba siendo interpretado mediante el uso de una "persono", o una máscara que representaba ese carácter particular, y "hablaba a través de" la máscara que caracterizaba al personaje. Luego interpretaba al "persono" del siguiente carácter, y hablaba a través de las líneas del siguiente carácter, y así sucesivamente. Esto hace evidente que la palabra "persona" no tenía la intención de significar "centro individual de conciencia", como comúnmente se entiende hoy en día. Así pues, parece que el concepto de Tertuliano de una pluralidad de personas en la Divinidad, no era la intención del lenguaje redactado en Nicea. No fue hasta más tarde, que otros concilios incorporaron otros conceptos filosóficos, como las reflexiones de Filón acerca del "logos", por lo que "persono" se transformó en el sentido de "individuo", en la forma de la doctrina trinitaria moderna. Muchos historiadores trinitarios han reconocido esto.

Hay otras palabras en el original Credo de Nicea, que abrieron una puerta a las dificultades teológicas. Entre los diferentes bandos de obispos, había varios puntos de controversia acerca de los términos. Sucede que los obispos que ahora se consideran Modalistas Monarquianos (muy cercanos a la moderna teología de la Unicidad), y que fueron la minoría más grande entre los obispos de Nicea, dieron su consentimiento al credo debido a los posibles malentendidos permitidos por un poco de la terminología.

Todo esto indica que los "trinitarios tempranos" (suponiendo un acuerdo con la definición moderna de la Trinidad), eran originalmente una pequeña y poco ortodoxa (herética) minoría, hasta después del Concilio de Nicea en el 325 d.C. que adoptó la terminología que daría lugar a las definiciones aceptadas en la actualidad. Pero si vamos a etiquetar a todos los que podían aceptar el significado original de "persono" como "trinitarios tempranos", entonces es evidente que su doctrina tiene poco en común con el trinitarismo moderno. Estaban mucho más cerca de la opinión de la Unicidad que de la Trinidad. Esto se hace aún más evidente cuando uno descubre que las deliberaciones originales de Nicea, casi excluyen totalmente la mención del Espíritu Santo. La llamada "tercera persona", fue introducida en el "Credo de Nicea" por los concilios más tardíos, que le añadieron al original Credo de Nicea.

La doctrina de la Trinidad ha sido modificada en varias ocasiones a través de los siglos, desde que fue codificada por primera vez por el Concilio de Nicea en el 325 d.C. Debido a su mística y contradictoria terminología, se ha prestado para diversas definiciones de varios grupos, sobre la base de las objeciones planteadas por la visión subjetiva de sus dirigentes.

La doctrina de la Trinidad nunca fue parte del pensamiento de cualquiera de los escritores del Antiguo Testamento, al menos en lo que puede determinarse a partir de los numerosos documentos que grabaron sus palabras. Ningún principio importante de aquella doctrina existe en sus profecías. Más bien, ellos se mantienen firmes en su insistencia en la deidad exclusiva, indivisible y absoluta de Yahvé.

Los escritores del Nuevo Testamento, promovieron la idea de que Dios es Uno, un Espíritu, y que Él se manifestó en carne por medio de la encarnación y el nacimiento virginal. Los historiadores de la Iglesia y la doctrina cristiana, reconocen este hecho. Para los escritores del Nuevo Testamento, Jesucristo es la manifestación del Dios Todopoderoso en carne, no una de tres personas en la Divinidad.

Los defensores de la doctrina de la Trinidad, obligados por el registro histórico en  reconocer estos hechos, se esfuerzan por eludirlos a través de innovaciones teológicas, la mayoría procedentes de reflexiones filosóficas, tales como:

1.    La "Iglesia primitiva" (dirigida por los Apóstoles, cuyo nivel de comprensión había sido abierto por el Señor, ya que iban a enseñar a todo el mundo... ver Lucas 24:45, Mateo 28:20, etc.) eran ignorantes de la verdad, pues Dios había decidido revelarla progresivamente a las generaciones venideras. Hoy en día, dicen ellos, entendemos las doctrinas más importantes mucho mejor que ellos.

2.    La doctrina de la Trinidad existe como un misterio divino, que no puede ser entendido o explicado racionalmente, y debe ser aceptada por la "fe". Es algo que sólo se puede creer, pero no conocer.

3.    Las contradicciones contenidas en la terminología de la doctrina de la Trinidad, son necesarias para evitar ciertas herejías condenadas a lo largo de la historia cristiana. La doctrina no ofrece ninguna explicación sobre las contradicciones, que en realidad no son contradicciones ya que forman parte del "misterio divino".

Mi conclusión es que la doctrina de la Trinidad no era parte de la comprensión de los Apóstoles, y cuando su terminología fue formulada por primera vez, no fue con la intención de transmitir los conceptos de Tertuliano, que son la base de la doctrina "oficial" de la Trinidad moderna. Yo no creo que haya ninguna diferencia significativa entre las doctrinas trinitarias de entonces y de ahora, pero tampoco creo que los teólogos de la edad post-apostólica puedan ser considerados como trinitarios.

De modo bastante interesante, la adopción de la Doctrina de la Trinidad marca un cambio enorme en la historia cristiana. Antes del 325 d.C., los cristianos fueron perseguidos por los paganos, y por otros que rechazaron la divinidad exclusiva de Jesucristo como Dios manifestado en carne. Cincuenta años después de la adopción de la doctrina de la Trinidad, los "cristianos" trinitarios perseguían y utilizaban la violencia conta todo aquel que no aceptara dicha doctrina. Me parece que aquí algo salió muy mal.

Creo que en la Escritura hay más y mejores formas para definir la divinidad que como lo hace la doctrina de la Trinidad. Las siguientes afirmaciones expresan una confesión más bíblica de la doctrina del Ser, la identidad y el Nombre de Dios:

1.    Dios es uno. Deuteronomio 6:4; Marcos 12:29; et al.

2.    Dios es Espíritu. Juan 4:24; Efesios 4:4; et al.

3.    Dios (que es un Espíritu) se manifestó como un hombre. Éxodo 15:2; Isaías 12:2; Salmo 118:14-21, Juan 1:1, 14; 2 Corintios 3:17; et al.

4.    Dios manifestado en carne, se identifica con el nombre "Jesús", al que se le agregaron varios títulos: "El Señor Jesús", "Jesucristo", "El Señor Jesucristo", "Jesús de Nazaret", etc. Lucas 1:31; Mateo 1:21; Hechos 8:16, 10:36, 11:17, 22:8; et al.

5.    Dios manifestado en carne, es plenamente Dios en el sentido absoluto a través de "el misterio de la piedad", que es la Encarnación. Así, Dios manifestado en carne es "Dios con nosotros", "el Dios fuerte", "el Padre eterno", y "el Todopoderoso". 1 Timoteo 3:16; Isaías 7:14; Isaías 9:6; Apocalipsis 1:8; etc.

6.    Dios manifestado en carne, es totalmente humano en todo el sentido de la palabra, pues es la simiente de la virgen del linaje de Eva, de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Judá y de David. Sin embargo, es totalmente libre de la naturaleza de pecado, porque Él también es Dios encarnado. Génesis 3:15, 49:10; 1 Reyes 8:26-27; Hechos 2:30; Romanos 9:5; Gálatas 4:4; Hebreos 4:15; etc.

7.    Como hombre, Él crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Aprendió la obediencia, sufrió, murió por crucifixión, fue sepultado y resucitó al tercer día. Lucas 2:52; Hebreos 5:8-9; 1 Corintios 15:1-4; et al.

8.    Como hombre, las Escrituras utilizan los siguientes títulos para designar  su deidad (Dios) y humanidad:
-    "El Hijo de Dios," 1 Juan 4:15, 1 Juan 5:20; et al.
-    "El Hijo del hombre", Mateo 12:8; Juan 5:27; et al.

El único Dios Verdadero y Todopoderoso, se manifestó como un hombre llamado El Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo es a la vez el Uno y Único Señor Dios Todopoderoso y el Mesías humano llamado "el Hijo", que dio su vida para redimirnos. Elohim (Dios) mismo, ha hecho que Yeshua (Jesús), a quien vosotros crucificasteis, sea tanto Yahvé (Jehová) como el Mesías (Cristo) (Hechos 2:36). El Señor Jesucristo no es una parte de Dios, ni un hombre incompleto. Él no es parte de Dios, porque Él es totalmente, completamente y exclusivamente Dios en el sentido absoluto; y también es plenamente, completamente y absolutamente humano en todo el sentido de la palabra. En Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Él no es una "segunda persona" en la Deidad. No hay otro Dios o "Persona Divina" aparte de Él. Aparte de Él, no hay quien salve. Hechos 2:36; Colosenses 2:8-10; et al.

Es un rotundo y serio error, quitarle merito o negar su humanidad perfecta y completa, así como reducir o diluir su absoluta y exclusiva Deidad. Él es a la vez plenamente humano y plenamente Dios. Este es uno de los factores de su Unicidad y su incomparabilidad. ¡No hay nadie como Él!