miércoles, 15 de junio de 2011

La Verdadera Iglesia Hace Todo en el Nombre del Señor

Por Julio César Clavijo Sierra
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“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).

Jesús es el Nombre del Dios Único

La Iglesia del Señor debe hacer todo en el nombre Dios, y ese nombre es Jesús. El texto nos enseña que la manera correcta de dar gracias a Dios nuestro Padre, es por medio de él, o sea por medio de su nombre admirable, es decir, por medio del nombre de Jesús.

Desde los tiempos antiguos, el único Dios y Señor prometió que Él se manifestaría en carne para salvar a la humanidad. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que el único que puede salvar es Dios, por lo cual, Dios mismo anunció que su pueblo jamás conocería a ningún otro salvador aparte de Él.

“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí” (Oseas 13:4).

En efecto el verdadero pueblo de Dios cree que Dios mismo vino a salvarnos. No creemos que Dios envió a otro, sino que Él mismo y no otro se manifestó en carne para darnos salvación. Creemos firmemente lo que dice la Escritura.

“Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que VUESTRO DIOS VIENE con retribución y con pago; DIOS MISMO VENDRÁ y os salvará” (Isaías 35:4).

Sí, Dios mismo vino a salvarnos, pero Él no vino en Espíritu sino en carne, porque Dios fue manifestado en carne.

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel” (Isaías 7:14).

Emmanuel significa Dios con nosotros. Comparar con Mateo 1:23.

El mismo Dios y Padre Eterno, el Señor  YHWH anunció que el día que Él se manifestara en carne como un verdadero hombre, Él daría a conocer su nombre.

“Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio le cautivó sin razón. Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto MI PUEBLO SABRÁ MI NOMBRE por esta causa en aquel día; PORQUE YO MISMO QUE HABLO, HE AQUÍ ESTARÉ PRESENTE” (Isaías 52:4-6).

Cuando Dios se manifestó en carne, y se hizo presente en medio de su pueblo de esa forma tan particular, Él dio a conocer su gran nombre salvador. Ese nombre es Jesús. Jesús significa Jehová Salva, o Jehová es el Salvador.

"Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS [YHWH Salvador], porque Él salvará a su pueblo de sus pecados". (Mateo 1:21).

Así, Dios sin dejar de ser Dios, fue manifestado en carne. Por eso Jesús es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. No fue una parte de Dios la que se manifestó en carne, sino Dios completo el que se manifestó en carne. La humanidad de Jesús fue conocida como el Hijo, pero en cuanto a su Divinidad Él es nuestro único Dios y Padre. Dios habitó completamente en el cuerpo humano de Jesús. Eso es lo que nos enseña la misma Biblia.

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:8-9).

Por eso fue que Jesús, en su papel de Hijo, pudo afirmar que el Padre moraba en Él, y que por esa sencilla razón el Hijo era en el Padre, y el Padre era en el Hijo. Jesús afirmó que Él era a la vez el Padre y el Hijo, porque Él era de manera simultánea Dios y hombre, pues Dios fue manifestado en carne.

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo Soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14:8-10).

Así, Jesús afirmó que como hombre no hacía sus grandes prodigios sino como el Dios eterno que era, como el Padre de Gloria. Por eso cuando Dios se manifestó en carne dio a conocer su gran nombre salvador. En el Nombre de Jesús está todo el poder, el carácter, las facultades y la autoridad de Dios. Jesús es el nombre más alto y sublime que Dios ha revelado a la humanidad. Por eso la Biblia dice:

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-10).

No existe ningún otro nombre más alto que el nombre de Jesús, porque Jesús es el Nombre de Dios. Jesús es el nombre que Dios prometió que habría de revelar a su pueblo cuando Él mismo y no otro se hiciera presente para llevar a cabo su sacrificio expiatorio, no como Dios sino como hombre. Dios fue manifestado  en carne y por eso Jesús es Dios encarnado. Cómo Dios (es decir como Padre), su nombre es Jesús, y como hijo (es decir como hombre) su nombre es Jesús. Dios como Dios siempre ha existido, pero como Hijo solo llegó a existir al manifestarse en carne. Por eso el Hijo (o sea su humanidad) necesitaba un nombre, y el nombre que recibió fue Jesús. Por eso toda lengua confesará que Jesús es el Señor (o sea el Dios único), para la gloria de Dios Padre. Cuando se confiesa con todo el corazón que Jesús es el Señor, se está declarando que nadie es Dios aparte de Jesús, porque Él es Dios manifestado en carne y de esa manera se está dando gloria a Dios.

Por eso Colosenses 3:17 afirma que todo lo que hagamos debemos hacerlo en el admirable nombre del Señor Jesús, pues Jesús es el nombre que Dios reveló a la humanidad cuando Él se manifestó en carne. Así cuando mencionemos el nombre de Jesús, debemos darle gracias a Dios nuestro Padre por habernos revelado ese maravilloso nombre. Debemos darle gracias a Dios Padre por medio de él, es decir por medio de su nombre, por medio del nombre de Jesús.

La Iglesia del Señor en obediencia a la Palabra del Señor hace todo en el nombre del Señor.

¡Hacemos Todo en el Nombre del Señor!  ¡Conocemos y Reverenciamos el Nombre del Señor!

“Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio le cautivó sin razón. Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:4-6).

Somos el Pueblo del Nombre 

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto” (Amós 9:11).

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:10-13).

“Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos” (Hechos 15:14-18).

“Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán” (Deuteronomio 28:10).

Pensamos en su Nombre 

“Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve” (Malaquías 3:16-18).

Corremos Apresuradamente a Buscar el Favor del Nombre

“Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado” (Proverbios 18:10).

Invocamos su Nombre 

“Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Hechos 2:21).

“Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre” (Hechos 9:13-15).

Nos Alegramos en su Nombre 

“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro. En tu nombre se alegrará todo el día, Y en tu justicia será enaltecido. Porque tú eres la gloria de su potencia, Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder. Porque Jehová es nuestro escudo, Y nuestro rey es el Santo de Israel” (Salmo 89:15-18).

Nos Reunimos en su nombre

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Marcos 18:20).

Predicamos y Enseñamos en el Nombre de Jesús

“Y, que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

“Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús” (Hechos 4:17-18).

“Diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:28-29).

Predicamos el Mensaje del Nombre de Jesús

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:15).

Nos Bautizamos en el Nombre de Jesús

"Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo". (Hechos 2:38).

"Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios, y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres" (Hechos 8:12).

“Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10:48).

“Cuando oyeron esto fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 19:5).

“Ahora, pues ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando su nombre” (Hechos 22:16).

Recibimos Perdón de Pecados por su Nombre

“Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

"¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; más YA HABEIS SIDO LAVADOS, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1. Corintios 6:9-11).

“Os escribo a vosotros hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados POR SU NOMBRE” (1 Juan 2:12).

Somos Llenos del Espíritu Santo por el Nombre de Jesús

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” (Marcos 16:17).

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

Recibimos la Salvación Completa en el Nombre de Jesús

“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual Él habrá llamado” (Joel 2:32).

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS [esto es, YHWH salvador], porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es Dios con nosotros” (Mateo 1:21-23).

“Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21).

“Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12).

Tenemos la Esperanza de la Vida Eterna en su Nombre

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:3).

Oramos en su Nombre

“Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos” (Salmo 63:3-4).

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:13).

“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor” (Santiago 5:14).

Realizamos nuestras Peticiones a Dios en su nombre

“Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares” (Jeremías 14:9).

“Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; Y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos” (Salmo 52:8-9).

“En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:23-24).

Cantamos a su Nombre

“Por tanto, yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre” (2 Samuel 22:49).

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo” (Salmo 9:1-2).

“Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre” (Salmo 18:49).

“Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; Poned  gloria en su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras!” (Salmo 66:1-3).

“Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche, En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa” (Salmo 92:1-3).

“y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, Y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, Y magnificadle todos los pueblos” (Romanos 15:9-11).

Magnificamos su Nombre

“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad” (Salmo 115:1).

No Negamos el Nombre de Dios

“...Diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:16-20).

“Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:40-42).

“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Apocalipsis 3:8).

Somos Aborrecidos por Causa del Nombre

“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi Nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 10:22, Marcos 13:13).

“Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi Nombre” (Mateo 24:9).

“y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá” (Lucas 21:17).

“¿No blasfeman ellos EL BUEN NOMBRE que fue invocado sobre vosotros?” (Santiago 2:7).

“Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, Él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado” (1 Pedro 4:12).

Realizamos Señales y Prodigios en el Nombre de Jesús

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18).

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (Hechos 4:29).

Echamos Fuera a los Demonios en el Nombre de Jesús

“Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:17-20).

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios…” (Marcos 16:17).

“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora” (Hechos 16:16-18).

Los Enfermos son Sanados en el Nombre de Jesús

“Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido… Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por Él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3:1-16).

“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Santiago 5.14-15).

No Tomamos en Nombre del Señor Jesús en Vano

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20:7).

Reverenciar, y dar el uso adecuado al nombre del Señor es una bendición muy grande. Cuando el pueblo de Dios, se alegra, se reúne, predica, enseña, bautiza, ora, eleva sus peticiones al Señor, canta, ora por los enfermos y echa fuera los demonios en el nombre de Jesús, está cumpliendo con el mandamiento de que todo lo que hagamos sea de Palabra o de hecho debemos hacerlo en el nombre de Jesús para dar gracias a Dios Padre por medio de ese nombre.

No obstante, el mandamiento de hacer todo en el nombre de Jesús, no significa que debamos usar su santo nombre a la ligera o de una manera inútil, porque también la Escritura nos enseña que no debemos tomar el nombre del Señor en vano, pues el Señor no dará por inocente al que tome su santo nombre en vano.

“Lamentablemente, muchos Cristianos ignoran a este mandamiento.  ¿Cuántas veces ha oído usted las palabras Dios, Señor, Jesús, o Aleluya (que significa en el Hebreo “alabanzas al Señor”) usadas en una manera inútil o ligera? Para muchos el uso de una de estas palabras es cuestión de un hábito. Si están alegres, enojados, tristes, desilusionados o asustados, ellos usan una de estas palabras como una mera interposición.  ¿Por qué se debe usar una palabra que se refiere a Dios en una situación así, a menos que nos estemos comunicando sinceramente con Él? Esto se aplica también al uso en una manera irreverente de los cantos y las frases de adoración.

Podemos aprender una lección de los judíos. Eran tan cuidadosos de no tomar el nombre del Señor en vano, que no pronunciaban el nombre de Jehová. Al citar o copiar las Escrituras del Antiguo Testamento, ellos lo sustituían por la palabra griega Kurios que significa “Señor”. Si usted tiene el hábito de usar “Jesús” o “Señor” o “Dios” sin ningún pensamiento verdadero de alabar, adorar u orar, entonces ¿por qué no rompe ese hábito? Puede ser que, sin darnos cuenta, estemos tomando en vano nombre del Señor.” [1]

Algunas personas usan el nombre del Señor dentro de la brujería y las religiones falsas, situación que también coincide con tomar el nombre del Señor en vano.

El hecho de que Dios realice milagros y prodigios cuando alguien invoca su nombre, no significa necesariamente que Dios apruebe a esa persona y a sus creencias, sino significa simplemente que Dios honra su santo nombre. Por ejemplo, las personas que pertenecen a organizaciones religiosas de corte trinitario, oran por los enfermos en el nombre de Jesús y expulsan a los demonios en el nombre de Jesús. Creen que el nombre de Jesús debe usarse para hacer milagros, pero ignoran de manera voluntaria que el Señor nos manda a bautizarnos en su nombre para el perdón de los pecados y para alcanzar la vida eterna. No hacen caso al mandamiento dado por Dios de hacer todo en el nombre del Señor Jesús. De esa manera no le dan la honra debida al santo nombre de Jesús, pero el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará (Daniel 11:32).

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21).

Referencias

[1] David K. Bernard. En Busca de la Santidad, Serie en Teología Pentecostal Volumen 3, págs. 72-73