domingo, 26 de junio de 2011

Los Dones Vocales en el Culto Público - Comentarios a 1. Corintios 14


Por David K. Bernard, © Todos los derechos reservados.
Tomado del Libro Los Dones Espirituales, capítulo 14, págs 207-228


Después de presentar los dones espirituales y de enseñar la importancia de la unidad y del amor en el ejercicio de ellos, I Corintios nos instruye en cuanto a su uso correcto en el culto público. Nos provee pautas para eliminar la confusión y establecer orden para el propósito de los dones espirituales —para glorificar a Cristo y para edificar a Su cuerpo— pueda ser cumplido. El capítulo 14 de I Corintios habla particularmente acerca de los dones del hablar —lenguas, interpretación de lenguas y profecía— porque ellos tienen la potencialidad de ser usados mal en un culto.

Algunos comentaristas niegan los dones espirituales hoy, y para reforzar su argumento ellos enfatizan algunos de los comentarios en el capítulo 14 de 1 Corintios en relación a la reglamentación de los dones vocales. Tristemente, los que no tienen experiencia espiritual en estos asuntos no son calificados para hacer comentarios. 1 Corintios 2:12-14 explica, "Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente." Solo los que están llenos del Espíritu tendrán la capacidad de comprender y saber usar correctamente los dones espirituales.

Dios inspiró al apóstol Pablo para escribir los capítulos 12-14 de I Corintios para corregir algunos abusos en la iglesia de Corinto. Los creyentes allí ejercían celosa pero inmaduramente los dones espirituales sin pensar en el propósito por lo cual Dios los había dado. El resultado era el caos y la confusión en lugar de la edificación. La intención de la corrección de Pablo no era el disminuir los dones espirituales sino el acrecentar su uso e intensificar su eficacia. La solución al abuso no es el desuso sino el uso correcto. El capítulo 14 de I Corintios habla solamente acerca de los que ejercen o quieren ejercer los dones espirituales sobrenaturales.

Lejos de minimizar los dones espirituales, I Corintios fuertemente anima a su uso continuo en una manera correcta, como enseñan las siguientes declaraciones:

"Así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (1 Corintios 1:6-7).

"Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente" (I Corintios 12:31).

"Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis" (I Corintios 14:1).

"Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación" (I Corintios 14:5).

"Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia" (1 Corintios 14:12).

"Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros" (I Corintios 14:18).

"¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación" (I Corintios 14:26).

"Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas" (1 Corintios 14:39).


LA PROFECÍA Y LAS LENGUAS EN EL CULTO PÚBLICO (I CORINTIOS 14:1-14)

Este pasaje nos manda procurar los dones espirituales y entonces explica el valor relativo de los tres dones vocales en el culto público.

"Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis" (I Corintios 14:1).

La primera mitad de la oración pone a los dos capítulos anteriores en perspectiva: debemos seguir primeramente el amor, y habiendo hecho eso debemos procurar los dones espirituales. Entonces la escritura nos dice que la profecía es especialmente deseable en cultos públicos.

"Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua extraña, así mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica  a la iglesia. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en ano ser que las interprete para, que la iglesia reciba edificación" (1 Corintios 142-5).

Los versículos 2 al 5 hacen un contraste entre la profecía y las lenguas, explicando que la profecía es más beneficiosa en los cultos públicos que las lenguas, a menos que haya interpretación para las lenguas. Una persona que habla en lenguas habla a Dios, mientras una persona que profetiza habla a otras personas. El hablar en lenguas beneficia solamente al que habla, mientras la profecía beneficia a la congregación entera. Entonces, entre un grupo, la profecía es más valiosa que las lenguas solas. Sin embargo, si el hablar en lenguas es acompañado por la interpretación, entonces tiene el mismo valor que la profecía.

Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de roces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado.  Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que /tabla será como extranjero para mí" ( I Corintios 14:6-11).

Estos versículos proveen ejemplos de la superioridad de un mensaje compresible. Un flautista y un arpista deben tocar notas distintas para crear una canción, y un trompetero militar tiene que tocar notas distintas dando órdenes para la batalla. De igual modo que la corneta, cuando alguien habla a la congregación debe usar palabras entendibles para comunicarse, o sino es como un extranjero.

Estas declaraciones son veraces, tanto para el don sobrenatural de la profecía como para la profecía en el sentido general de todos los mensajes ungidos incluyendo la predicación. Versículo 6 usa cuatro palabras para describir un mensaje en un idioma conocido. No son mutuamente exclusivas, pero juntas cubren todo tipo del hablar espiritual en la iglesia, sea revelado directamente por Dios ("revelación") o adquirido por medio del estudio de la palabra de Dios ("ciencia").

"Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia" (I Corintios 14:12).

Esta oración enuncia el principio de procurar el mayor bien para la iglesia. Si realmente queremos ser espirituales, debemos pensar de las necesidades de otros. Debemos ser sobresalientes en el ministerio al cuerpo.

Claramente este pasaje no describe a alguien recibiendo el Espíritu Santo u orando individualmente. Se refiere a la adoración unida. Aparentemente, los creyentes corintios eran tan celosos para los dones espirituales que cuando se reunían el hablar en lenguas dominaba su adoración unida. Sin embargo, tenían muchas otras oportunidades de hablar en lenguas para edificación personal. Deberían usar su tiempo valioso en las reuniones haciendo algo que podría edificar al cuerpo.

"Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (I Corintios 14:13-14).

Estos versículos hablan del uso práctico en relación a las lenguas en un culto público: si Dios se mueve en un individuo para hablar al grupo en lenguas, entonces aquella persona debe orar para que Dios le dé la interpretación. En esta manera será capaz de bendecir a todos en lugar de solamente a él mismo.

ALGUNAS CONCLUSIONES EN RELACIÓN AL USO DE LOS DONES VOCALES EN EL CULTO PÚBLICO (I CORINTIOS 14:15-25)

"¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento" (I Corintios 14:15).

Aquí tenemos la conclusión para el uso personal de las lenguas: Es valioso orar y cantar en lenguas, y es valioso orar y cantar en el idioma propio. Ambas manifestaciones son importantes; ninguna debe ser menospreciada o desacreditada. La implicación es que cada una tiene su propio tiempo y su propio lugar.

“Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa, lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado. Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida" (I Corintios 14:16-19).

Estos versículos elaboran aun más sobre la distinción entre los usos públicos y privados de las lenguas, reiterando el pensamiento de los versículos 1-14. Si alguien es llamado a orar una oración representativa, es mejor que ore en el idioma común para que todos puedan tener una evaluación bien fundada sobre la oración ofrecida a favor de ellos (versículos 16 y 17). Las lenguas son muy valiosas para la devoción personal; de hecho, nadie superó a Pablo en ese aspecto (versículo 18). Sin embargo, "en la iglesia" —en reuniones de creyentes— unas cuantas palabras compresibles son más valiosas que muchas palabras no conocidas (versículo 19).

Los versículos 15 y 16 y los versículos 18 y 19 son paralelos. Tanto el versículo 15 y como el versículo 18 proclaman el valor de las lenguas en devoción privada. Por otro lado, el versículo 16 tanto como el versículo 19 ilustran la superioridad del uso de palabras comprensibles en cultos públicos.

"Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar" (1 Corintios 14:20).

Alguien que no comprende estos principios es espiritualmente inmaduro. Debemos ser como niños en relación a la maldad —tal como para el odio, la mala voluntad, y la venganza— pero en la comprensión espiritual debemos ser maduros. (Véase Romanos 16:19.)

“Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar; y todos hablan en lenguas y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” (I Corintios 14:22-23).

Para explicar aun más el propósito de las lenguas, el versículo 21 cita Isaías 28:11-12, y el versículo 22 revela que este pasaje del Antiguo Testamento es un tipo o una sombra profética preliminar del hablar en lenguas en la iglesia neotestamentaria. Específicamente, un mensaje público en lenguas es una señal a la gente faltos de fe, sean inconversos o cristianos que tienen preguntas, desánimo, o duda. Aunque ellos pueden fácilmente descontar o ignorar un mensaje en su propio idioma, el mensaje milagroso los confronta con lo sobrenatural. Ellos tienen que decir: ¿Este mensaje es falso?, o ¿Es un milagro de Dios? Si es un milagro de Dios, ¿Qué quiere Dios que yo haga? El mensaje en lenguas capta la atención del incrédulo para que él considere más seriamente la interpretación que va a seguir.

Un estudiante universitario cuya especialidad de estudio era la economía visitaba nuestra iglesia en Austin en diferentes ocasiones. El conoció a un contador público en nuestra iglesia y desarrollo un gran respeto por su profesionalismo y espiritualidad. En un culto dominical el contador público dio un mensaje en lenguas, que fue interpretado. Aunque el estudiante había sido un tanto escéptico, este milagro le persuadió que el hablar en lenguas era real. Era una señal convincente para un incrédulo.

Por el otro lado, la profecía principalmente beneficia a los creyentes —los que son salvos o que por lo menos reconocen lo sobrenatural—. Ellos no necesitan la operación del don de lenguas para convencerlos a creer en lo milagroso y escuchar el mensaje de Dios, aunque la operación del don de lenguas siempre puede servir como ánimo y confirmación.

"Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo Lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros” (I Corintios 14:23-25).

Los versículos 23 al 25 hacen la relación directa a los cultos públicos —cuando "la iglesia entera se reúne en un lugar.—" Las lenguas sin una interpretación no benefician al inconverso o a la persona no instruida en cuanto a los dones que asiste al culto. Si todos hablan en lenguas personales y devocionales todo el tiempo en un culto público, el inconverso que está presente no aprende nada, sino que piensa que todos están locos. Pero una predicación, un testimonio, o el don de la profecía en el idioma conocido convencerá al incrédulo, revelará los secretos de su corazón, y le guiará al arrepentimiento y a la adoración. Aquí vemos la importancia de usar los dones espirituales para bendecir a otros y especialmente para alcanzar a los perdidos.

A primera vista los versículos 23 al 25 pueden parecer contradecir el versículo 22, pero no lo hacen. El versículo 22 habla del valor de la señal de un mensaje público en lenguas que es seguido por una interpretación. El mensaje en lenguas capta la atención del incrédulo, transformándole en uno que cree en el mover de Dios. Entonces la interpretación le instruye. En este sentido la interpretación es equivalente a la profecía. Los dos son beneficiosos para la gente que asiste a la iglesia como incrédulos, pero quienes abren sus corazones y sus mentes en fe debido a la manifestación del Espíritu.

Los versículos 23 al 25 contrastan las lenguas privadas y devocionales con la profecía, mostrando que aquellas lenguas no tienen valor cuando dominan a un culto público, pero la profecía si es de valor. El versículo 22 explica el propósito valido de las lenguas —funcionando como una señal a los incrédulos—cuando se usan correctamente en un culto, mientras el versículo 23 explica el impedimento de las lenguas —confundiendo a los incrédulos— cuando no son usadas correctamente.


UNAS PAUTAS PARA EL ORDEN EN EL CULTO PÚBLICO (I CORINTIOS 14:26-40)


"¿Qué hoy, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación tiene interpretación. Hágase todo para edificación" (I Corintios 14:26).

Un típico culto neotestamentario puede incluir himnos de alabanza, enseñanzas, lenguas, revelaciones (mensajes proféticos), e interpretaciones. Los que minimizan o se oponen a las lenguas el día de hoy ignoran este patrón de un culto. Sus cultos nunca contienen algunos de estos elementos, entonces se ve claramente que su entendimiento y sus experiencias son imperfectas. Este versículo argumenta a favor del uso de los dones del Espíritu en los cultos, siempre que se ejerzan por el propósito correcto: la edificación del cuerpo.

"Si habla  alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y, uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia., y hable para sí mismo y para Dios. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y   si algo le fuere revelado a otro que estuviere, sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean  exhortados" (1 Corintios 14:27-31).

Aquí encontramos unas pautas prácticas para los cultos en la iglesia para asegurar que los dones espirituales vocales se ejerzan para la edificación de toda la congregación:

1. En un culto, permita dos o máximo tres mensajes en lenguas (hablando a toda la congregación). (Versículo 27). Aunque el hablar en lenguas es una notable señal para el incrédulo, tres mensajes son ade¬cuados para demostrar el poder milagroso de Dios y para establecer la señal. Más mensajes añaden poco de valor y pueden llegar a ser una distracción.

2. Después de un mensaje en lenguas, espere una interpretación (versículo 27). Por otro lado, la lengua no beneficia a la congregación.

3. Si no sigue una interpretación, la persona que habla debe callarse (versículo 28). No debe seguir hablando a la congregación en lenguas porque no les está beneficiando, pero puede seguir orando en lenguas en voz baja, para su propio beneficio.

4. En una reunión, permita que haya dos o máximo tres profecías públicas (mensajes sobrenaturales en el idioma conocido para la congregación entera) (versículo 29). Este número es suficiente para comunicar el mensaje de Dios para dicha ocasión.

5. Los oyentes deben evaluar todos los mensajes proféticos (versículo 30). Aunque Dios es infalible, ningún ser humano lo es. Entonces, cualquier mensaje de un ser humano puede ser total o parcialmente erróneo. Como se habló en el capítulo trece, cada oyente tiene la responsabilidad de discernir si una profecía es de Dios y, si es, cómo afecta su vida. En este contexto, juzgar no quiere decir buscar error, condenar, u objecionar públicamente. Significa simplemente evaluar la validez y la relevancia del mensaje.

Si la persona que habla y el oyente son llenos de y motivados por el Espíritu Santo, el Espíritu que mora dentro del oyente verificará que él sí ha recibido un mensaje del Señor. Si no hay tal verificación, el oyente debe preguntarse si ha sido sensible al Espíritu y si él ha sentido lo que los demás en la iglesia han sentido. Las siguientes declaraciones bíblicas, aunque en contextos un poco diferentes ilustran el principio que un creyente maduro debe poder discernir la obra del Espíritu: "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios" (Romanos 8:16). "Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. . . En cambio el espiritual juzga todas las cosas" (I Corintios 2:12,15). "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Apocalipsis 2:7).

Como se habló en el capítulo 3, la norma autoritativa por la cual juzgamos todas las cosas, incluyendo las profecías, es la Biblia. El discernimiento espiritual es algo subjetivo, pero la Palabra escrita es objetiva. Si un mensaje contradice a la Biblia, siempre debemos seguir a la Biblia.

6. Si hay más de una profecía los que hablan deben hacerlo por turno (versículos 30-31). No deben competir el uno con el otro para recibir atención, tampoco deben profetizar dos personas a la vez. Después que una persona ha profetizado y es evidente que una segunda persona también tiene una profecía, la primera persona debe callarse y dejar hablar a la segunda persona. La iglesia es bendecida más cuando todos tienen una oportunidad tanto de hablar como de escuchar. Al oír profetizar a una variedad de personas, todos pueden aprender y ser animados. Todos potencialmente pueden ejercer este don según Dios les capacite.

Por supuesto, de las pautas previas podemos aprender que no todos pueden hablar en un solo culto. Sin embargo, sobre un período de tiempo, todos deben tener una oportunidad de participar en alguna manera en la vida de la iglesia por compartir un testimonio, un pensamiento devocional, un pasaje significante de la Escritura o una profecía especial.

Cuando el versículo 27 dice, "Que uno interprete," significa simplemente, "Que alguien interprete." No hay requisito, que cuando una persona hable en lenguas, otra persona tiene que interpretar, porque el versículo 13 instruye al que habla en lenguas que debe pedir "poder interpretarla." Tampoco enseña el versículo 27 que solamente una persona puede interpretar diferentes mensajes en lenguas. Una interpretación tiene la misma función que una profecía. Puesto que varias persona pueden profetizar, así también varias personas pueden hablar en lenguas y a la vez varias personas pueden interpretar.

"Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos" (I Corintios 14:32-33).

El versículo 32 afirma que podemos operar de acuerdo a las reglas anteriores y el versículo 33 explica porqué estas reglas son necesarias. Como se habló en el capítulo 4, cuando Dios nos da un don, Él no elimina nuestra voluntad humana ni se impone a nuestra libertad de escoger. El don es sujeto al uso correcto como al mal uso, y es nuestra responsabilidad usarlo correctamente. Si alguien ora fervientemente hasta hablar en lenguas, Dios no detiene el mensaje solamente porque las circunstancias no son apropiadas. El que habla debe regular el don de acuerdo a los principios de la Palabra de Dios. Cuando actúa así, él no apaga al Espíritu, sino usa correctamente el don y el poder de escoger que Dios le ha dado.

Supongamos que Dios le da un mensaje profético a alguien. El individuo siempre tiene que decidir si el mensaje es exclusivamente para su propio benéfico, para otro individuo, o para la iglesia entera. También debe decidir cuándo es el momento apropiado para darlo. Aun cuando él discierne correctamente el propósito y el tiempo de Dios, debe cooperar con el liderazgo espiritual de la iglesia para no causar interrupción o confusión.

En cada iglesia, Dios tiene más interés en la paz, la unidad, la cooperación, y la sumisión mutua que en el tiempo exacto y la entrega de una cierta profecía. Dios puede lograr el propósito de una profecía en muchas maneras y tiempos y por medio de varias personas, pero nunca aprueba el desorden, la contienda o la rebelión. Entonces el que da una profecía puede y debe aprender a controlar su propio espíritu para que hable en la manera y el tiempo que edificará al cuerpo.

"Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que mujer hable en la congregación" (I Corintios 14:34-45).

Los versículos 34 y 35 tratan de otro problema que estaba causando confusión en las reuniones de los creyentes corintios. No solo causaba perturbación el hablar en lenguas indiscriminado y no regulado, sino también las preguntas alborotadoras de algunas mujeres en la iglesia lo hacían.

Solo podemos especular en cuanto a la naturaleza exacta del problema, pero aparentemente algunas mujeres de Corinto estaban interrumpiendo los cultos por hacer preguntas en voz alta. En aquellos días las mujeres ¡eres normalmente no recibían una educación formal como los hombres. En reuniones públicas, los varones tenían el derecho de cuestionar a un orador públicamente, pero las mujeres no se gozaban de aquel derecho. Podría ser que las mujeres cristianas en Corinto estaban gozándose tanto en su nueva libertad en Cristo que violaban esa costumbre social por preguntar al predicador durante su mensaje cuando no entendían algo que había dicho. O podría ser que en los cultos los hombres se sentaban en un lugar y las mujeres en otro, tal como en las sinagogas de los judíos ortodoxos hoy en día, y las mujeres hablarían a sus esposos en voz alta cuando tenían preguntas.

En cualquier caso, la solución al problema era que las mujeres guardasen silencio en el culto y preguntasen a sus esposos en el hogar. Por interrumpir el culto, estaban trayendo vergüenza sobre ellas mismas y deshonrando el liderazgo de sus esposos.

Algunas personas interpretan la admonición de que las mujeres deberían guardar silencio como una prohibición absoluta, prohibiendo que las mujeres predicaran o profetizaran, pero tanto el contexto inmediato como toda la Escritura niegan esa idea. En el contexto, el guardar silencio de las mujeres en la iglesia está unido con el preguntar a sus esposos en el hogar, mostrando que la prohibición se refiere al hacer alboroto en la iglesia y no depender de sus esposos para contestar a sus preguntas.

I Corintios 11:5 explica que las mujeres no pueden orar ni profetizar con sus cabezas descubiertas. La inferencia es que si tienen la cubierta del cabello largo (I Corintios 11:15), así reconociendo el liderazgo de sus esposos, entonces pueden orar y profetizar en el culto público. De hecho, I Corintios 14:31 dice, "Porque podéis profetizar todos uno por uno," haciendo ninguna distinción entre hombre y mujer en ese sentido. Además, el libro de Hechos dice específicamente que, de acuerdo con el plan de Dios para los últimos días, las mujeres profetizaban en la iglesia primitiva (Hechos 2:17; 21:9).

I Timoteo 2:11-12 también enseña que una mujer debe guardar silencio en la iglesia. Otra vez, esta declaración no es una prohibición absoluta, pero en el contexto prohíbe que las mujeres tomen el rol de liderazgo de los varones y que lleguen a ser maestras autoritativas sobre los varones. Ambos testamentos muestran que, bajo la dirección general de los varones, las mujeres pueden ocupar muchos roles de liderazgo en el reino de Dios. Debora era una juez de Israel, y ella, tanto como Hulda y la esposa de Isaías también era una profetiza (Jueces 4:4; II Crónicas 34:22; Isaías 8:3.) Febes era una "sirvienta" (griego, diáconos) de la iglesia en Cencrea. Priscila, junto con su esposo Aquila era una de las colaboradoras de Pablo y enseñó un estudio bíblico al predicador "Bautista" Apolos (Hechos 18:26; Romanos 16:3). Otras obreras evangélicas eran Pérsida, Trifena, y Trifosa (Romanos 16:12), y Junias aun era considerada como una apóstol junto con Andrónico, probablemente su esposo (Romanos 16:7).

"¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore" (versículos 36-38).

Aquí el apóstol inspirado anticipó la probable respuesta de algunos cristianos inmaduros a las instrucciones que se dan en este capítulo: "Pero yo soy espiritual, y no puedo apagar al Espíritu. Yo soy un profeta, y Dios me dio a mí un mensaje para entregar, no importa cuales sean tus reglamentos. Dios me habló a mí antes de que te hablara a ti. De hecho, ¡Me habló a mí en lugar de ti!" Pablo dio una reprensión apostólica a los que piensan en esta manera. La gente que es verdaderamente espiritual reconocerá la necesidad de orden en la iglesia, de sumisión al liderazgo, y del ejercicio cuidadoso de los dones para asegurar los beneficios para la iglesia entera. Reconocerá que estos mandamientos vienen de Dios mismo. Los que rechacen estas pautas permanecerán espiritualmente inmaduros e ignorantes.

“Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden” (versículos 39-40).

Los versículos 39 y 40 resumen las enseñanzas del capítulo, proveyendo en pocas palabras la solución al problema de perturbación en la iglesia de Corinto. A los corintios no les faltaban dones espirituales y manifestaciones, pero como se ve a través de la epístola, sí les faltaba la madurez y la unidad. (Véase, por ejemplo, I Corintios 1:10-13; 3:1-4.) Las más importantes manifestaciones espirituales que ellos necesitaban eran las profecías —mensajes comprensibles a la iglesia entera que reforzarían la iglesia. En vez de más manifestaciones individuales, necesitaban dones que reforzarían la unidad y que guiarían a una madurez caracterizada por el cuidado y la consideración de uno por el otro.

Aquí encontramos un principio de significado general: en los cultos públicos, además de adorar a Dios, nuestras metas principales deben ser escuchar de Dios y ministrar los unos a los otros. Debemos orar que Dios nos hable colectivamente por medio de la profecía en cada sentido de la palabra —la predicación ungida, la enseñanza, y el testimonio, tanto como los mensajes sobrenaturales que vienen directamente de Dios en el idioma local. Necesitamos también los dones de lenguas e interpretación, que juntos nos proveen el mismo beneficio como la profecía.

Aunque Pablo enfatizaba los dones más necesarios en cultos públicos, y no como muchos comentaristas de hoy, él no desanimaba ni menospreciaba ningún don espiritual. Al tratar de traer orden a los cultos caóticos no quiso que nadie pensara que él se oponía a los dones como el don de lenguas. Tampoco quiso que nadie entendiera mal ni interpretara mal sus instrucciones para que así pudiesen prohibir mensajes públicos en lenguas, que sean en teoría o en la práctica. El simplemente quería asegurarse que todos los mensajes públicos fuesen para el beneficio de todos.

Finalmente, sea lo que hagamos en el culto público, deberíamos hacerlo decentemente y en orden. La palabra griega traducida "decentemente" es euschemonos, que proviene de euschemon, que significa "decoroso, propio, noble, honorable." El adjetivo aparece en I Corintios 7:35 y 12:24. No debemos permitir confusión, caos, rebelión, o egoísmo, pero todo lo que hagamos debe ser para el bien de la iglesia.

Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad de cumplir esta admonición en nuestra iglesia local. El pastor es últimamente el responsable de guiar a la iglesia correctamente. El líder del culto es responsable a seguir la dirección del Espíritu, no apagando al Espíritu, pero tampoco permitiendo violaciones de las pautas bíblicas de las cuales hemos hablado. Típicamente, situaciones desordenadas pueden ser tratadas con tino por promover la adoración congregacional, por cambiar el orden del culto, o, si es necesario, por hablar unas pocas palabras de instrucción pública o privada. En raras ocasiones, una reprensión pública por el pastor es necesaria para contrarrestar una influencia demoníaca o carnal que busca dominar el culto.

La responsabilidad de cada miembro es de seguir las pautas que han sido dadas, ser sensibles al Espíritu, y seguir la dirección del pastor y del líder del culto. Una congregación madura puede vencer cualquier imprudencia espiritual negativa y unirse para lograr victoria espiritual en una iglesia.

Podemos resumir la enseñanza entera sobre los dones espirituales en los capítulos 12 al 14 de 1 Corintios por los principios que hallamos en los últimos dos versículos. En primer lugar, debemos procurar fervientemente todos los dones del Espíritu, particularmente los que beneficiarán a la iglesia entera bajo las circunstancias particulares. En segundo lugar, no debemos prohibir ni desanimar la operación de ningún don espiritual, en cuanto que sea usado para bendecir a todos. Finalmente, debemos conducir todas las actividades espirituales en una manera decente y ordenada para que así cumplamos los objetivos supremos de glorificar a Jesucristo y de edificar Su cuerpo.