jueves, 7 de agosto de 2014

Reflexiones Sobre el Censo Realizado por el Rey David


Por Julio César Clavijo Sierra
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“Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa” (1 Crónicas 21:2)

El censo que David mandó que se hiciera sobre Israel en la última etapa de su reinado, aparece relatado en dos porciones bíblicas que son 2. Samuel 24:1-25 y 1. Crónicas 21:1-27. Esta historia ha generado ciertas preguntas en los estudiantes de la Biblia. ¿Por qué razón este censo se constituyó en un pecado? ¿Quién incitó realmente a David para que realizara ese censo? Tomando en cuenta las cifras presentadas en cada uno de los relatos: ¿Cómo se explican las diferencias en los datos poblacionales? ¿Cómo se explica la diferencia en la duración del posible castigo de hambruna? ¿Cómo se explica la diferencia en el precio de compra de ciertas propiedades? Este artículo está enfocado a la respuesta de dichas preguntas.

¿Por qué razón, la realización de este censo se constituyó en un pecado?

En las porciones bíblicas estudiadas, David arrepentido, reconoció que por haber realizado este censo, él había actuado muy neciamente y había pecado gravemente contra Dios (2. Samuel 24:10, 1. Crónicas 21:7-8).

La Escritura no menciona explícitamente la razón por la cual aquel censo tenía una connotación de maldad, pero del texto se infiere fácilmente que David se estaba alejando de su confianza en Dios, y motivado por su orgullo quiso poner la confianza en sus propias fuerzas y en las de su poderío militar (valorado en el número de hombres aptos para el servicio militar). Las palabras de Joab, general del ejército de David, son claves para esta comprensión, pues cuando David lo mandó a realizar el censo, Joab no estuvo conforme con dicha orden y le respondió: “Añada Jehová al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey… ¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel?” (2. Samuel 24:3, 1. Crónicas 21:3).

A la vez, es muy probable que por su orgullo, David y el pueblo no hubieran cumplido con la ley de Éxodo 30:11-16, que ordenaba que cuando se realizara un censo en Israel, cada varón que tuviera de veinte años para arriba y fuera contado, debía pagar medio siclo como ofrenda para el santuario de Dios, a fin de que no viniera mortandad. Así que este tributo debía pagarse como expiación (o rescate) por cada alma que fuera contada. Esto le recordaría al pueblo, que aun cuando ellos se sintieran confiados por el número de sus efectivos de guerra, las vidas de ellos estaban realmente en las manos de Dios quien es el que tiene el poder sobre la vida y la muerte.

Así que el pecado no fue en sí la realización del censo, sino aquello que motivó a la realización del censo. Los censos como tal, son simplemente una herramienta estadística, pero los datos que arrojan pueden ser utilizados para fines loables o para fines perversos. Dios mismo ordenó a Moisés en varias oportunidades, tomar el censo de toda la congregación de Israel, haciendo énfasis en todos los varones de veinte años para arriba que pudieran salir a la guerra (Números 1:1-3, 26:1-2). Nehemías también sintió que Dios puso en su corazón la realización de un censo de todos los que habían regresado para reedificar la ciudad de Jerusalén (Nehemías 7:5).

La incitación a David para realizar el censo

El censo fue motivado por malos deseos y por eso David lo confesó como pecado (2. Samuel 24:10, 1. Crónicas 21:8). Por esta razón, Satanás fue el responsable directo de poner ese pensamiento en la mente de David, y no queda duda de que fue él quien tentó a David para que lo realizara. 1. Crónicas 21:1, dice: “Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel”. David no resistió la tentación sino que cedió ante ella, y por eso se dejó mover por su orgullo y realizó el censo.

El censo, fue considerado como un juicio contra Israel (2. Samuel 24:1, 1. Crónicas 21:8), probablemente porque el pueblo de Israel también estaba teniendo el mismo problema de David, de poner la confianza en sí mismos y en el orgullo de su poder humano, sin querer depender de Dios.

Para entender la razón por la cual 2. Samuel 24:1 dice que Jehová incitó a David contra el pueblo de Israel, debemos comprender que la Biblia nos enseña que Satanás solo puede tentar a un ser humano si Dios se lo permite (Lucas 22:31-32). Por ejemplo, en otra porción de la Escritura, vemos que el diablo se dirigió ante Dios y le pidió que le permitiera tentar a Job (Job 1:6-12). A pesar de las duras pruebas y tentaciones experimentadas, Job no pecó contra Dios ni le atribuyó despropósito alguno (Job 1:13-22). Más adelante, leemos que “Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?” (Job 2:3). Aquí vemos que a pesar de que Satanás fue el incitador de la tentación contra Job, Jehová Dios aparece también como incitador de aquella situación, no porque Dios haya tentado a Job, sino porque permitió que Job fuera tentado por Satanás. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13). Es en ese mismo sentido, en que debe entenderse que Jehová incitó a David contra el pueblo de Israel para realizar aquel censo.

Algunos preguntan con un sentido perverso: ¿Quién incitó a David a realizar el censo? Para luego responder apresuradamente que la Biblia se contradice, porque por un lado dice que fue Dios (2. Samuel 24:1), mientras que por otro lado dice que fue Satanás (1. Crónicas 21:8). Otros llegan más lejos, para decir que de esas porciones, no se puede sino concluir que Jehová y Satanás son un mismo personaje. Sin embargo, todos esos argumentos demuestran una total ignorancia acerca de las Escrituras, ya que un análisis juicioso nos llevará a comprender dicha situación.

En conclusión, Satanás incitó a David a realizar al censo, porque él fue quien tentó a David para que lo llevara a cabo. Dios también incitó a David para que realizara el censo, porque Dios permitió que el diablo tentara a David y también permitió que David censara al pueblo. Jehová el Señor, como autoridad final, permitió el censo, y como siempre se hace en el Antiguo Testamento, se le atribuye a Él en el pasaje de 2.Samuel 24:1.

Explicación de la diferencia entre las cifras del censo

En 2. Samuel 24:9, se dice que después de nueve meses y veinte días, los resultados del censo fueron 800.000 de Israel y 500.000 de Judá.

Por otro lado, en 1. Cónicas 21:5-6, dice que fueron 1.100.000 de Israel y 470.000 de Judá, y que en estas cifras no aparecen contados ni los levitas ni los benjaminitas.

La diferencia se entiende, cuando tenemos en mente que para Joab, el general del ejército de David, la orden dada por David para la realización del censo era abominable (1. Crónicas 21:6). Cuando David le dio la orden de censar al pueblo, Joab intentó persuadirlo de no hacerlo, “pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército. Salió, pues, Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel” (2. Samuel 24:4, 1. Crónicas 21:4).

La Biblia nos indica que el censo no fue realizado con toda la precisión posible, sino de muy mala gana y con poco cuidado, al punto de que Joab comenzó a contar, pero no acabó, y por esa razón, los datos del censo, por no ser confiables, ni siquiera fueron puestos en el registro de las crónicas del rey David. “Joab hijo de Sarvia había comenzado a contar; pero no acabó, pues por esto vino el castigo sobre Israel, y así el número no fue puesto en el registro de las crónicas del rey David” (1. Crónicas 27:24).

Parece ser que las cifras de 2. Samuel 24, fueron unos datos que Joab dio inicialmente a David, en los que indicaba que habían de Israel 800.000 hombres fuertes que sacaban espada, y de Judá quinientos mil hombres, pero no indicaba cuántos de Judá sacaban espada, es decir, no especificaba cuántos de Judá eran aptos para la guerra (2. Samuel 24:9).

Parece ser que David pidió una rectificación de los datos, y entonces apareció un nuevo registro que indicaba que de Israel había 1.100.000 que sacaban espada y de Judá 470.000 que sacaban espada (1. Crónicas 21:5). Sin embargo, la Biblia registra que aun esos nuevos datos reflejaban imprecisión, pues Joab dejó de contar a las tribus de Leví y de Benjamín, debido a que la orden le era repugnante.

Así, no hay ninguna contradicción bíblica por causa de aquellas cifras, sino una evidencia de que la tarea del censo fue ejecutada de muy mala gana, con poco cuidado y quedó inconclusa (1. Crónicas 27:24).

Explicación de la Diferencia Entre los Tiempos de la Hambruna

Debido a que la realización del censo fue un pecado de glorificación al poder humano, Dios habló a David por medio del profeta Gad, diciéndole que debía escoger uno de cualquiera de tres castigos que reducirían la población de Israel.

Estos castigos consistían en (1) ser derrotado por los ejércitos enemigos durante tres meses, (2) que por tres días viniera una peste de parte de Jehová, o (3) que viniera una hambruna.

Sobre este último castigo, 2. Samuel 24:13 habla de siete años de hambre, mientras que 1. Crónicas 21:12 habla de tres años de hambre. Una explicación probable sobre esta última alternativa de castigo, es que el hambre iba a durar siete años, pero los tres primeros iban a ser más terribles.

David escogió que viniera la peste durante tres días, pues dijo que es mejor caer en manos de Jehová, porque sus misericordias son muchas en extremo, pero no es bueno caer en las manos de los hombres (2. Samuel 24:14, 1. Crónicas 21:13).

Explicación de la Diferencia Entre los Precios de Compra de Ciertas Propiedades

El ángel a quien Jehová había mandado a destruir al pueblo, recibió una contraorden de Dios para que detuviera la mortandad, justo cuando estaba en frente de la era de un jebuseo llamado Arauna (u Ornán) (2. Samuel 24:16, 1. Crónicas 21:15).

El ángel de Jehová, ordenó al profeta Gad que le dijera a David que construyera un altar a Jehová en la era de Arauna a fin de que cesara la mortandad (2. Samuel 24:18, 1. Crónicas 21:8). No obstante, David no quiso ofrecerle al Señor un sacrificio que no le costara nada, por lo cual le pagó a Arauna el valor justo de sus propiedades, así: (1) cincuenta siclos de plata por la era y los bueyes utilizados para el sacrificio (2. Samuel 24:24), y (2) seiscientos siclos de oro por el resto del terreno, a fin de edificar allí templo para Dios (1. Crónicas 21:25, 2. Crónicas 3:1).

De manera que no existe ninguna contradicción entre 2. Samuel 24 y 1. Crónicas 21, sino que como textos paralelos que desarrollan su propio recuento del mismo acontecimiento, se complementan perfectamente para darnos una mayor comprensión.