martes, 10 de junio de 2014

La Diestra de Dios

Por Julio César Clavijo Sierra
Capítulo 11 del Libro Un dios Falso Llamado Trinidad, páginas 339-380

Dado que Dios es el único Espíritu Omnipresente que lo llena todo, Él no tiene un lado derecho físico. Por eso en el contexto bíblico, la palabra diestra en relación con Dios, significa su fuerza, su poder, su autoridad o su majestad.  Cuando la Biblia habla del Hijo sentado a la diestra de Dios, siempre lo hace en relación con el reinado mesiánico, pero nunca en relación con personas eternas que se sientan una al lado de las otras. La Biblia habla de Jesús como el varón (el hombre) de la diestra de Dios (Salmo 80:17), pero nunca habla de Él como una segunda persona divina y distinta estando al lado de otras personas divinas y distintas. Jesús es la expresión del poder salvador de Dios (1. Corintios 1:24), porque fue por medio de la manifestación de Dios en carne, que Dios se convirtió (en toda su expresión) en nuestro salvador. Al conocer el significado bíblico de la expresión "Diestra de Dios", podemos denunciar a la doctrina de la trinidad y al dios que ella representa, como una fábula inventada por el hombre. 

“Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder; Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo. (Éxodo 15:6).

“Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; La diestra de Jehová hace proezas. La diestra de Jehová es sublime; La diestra de Jehová hace valentías.” (Salmo 118:15-16).

"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:10).

“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” (Hebreos 12:2).

En el presente capítulo vamos a estudiar el significado que la Biblia le da a la diestra de Dios y de igual modo revisaremos lo que la “teología” trinitaria ha enseñado al respecto. Para esto es imprescindible que hagamos referencia al reinado mesiánico, pues es por causa del Mesías que le hayamos todo el sentido a la expresión “diestra de Dios”.

EL ARGUMENTO TRINITARIO

Como hemos visto, la “teología” trinitaria ha enseñado que desde la eternidad y hasta la eternidad, existen tres personas diferentes llamadas “Padre”, “Hijo” y “Espíritu Santo”. Además, dicha “teología” afirma que fue la segunda persona llamada “Hijo”, quien se encarnó para salvar al hombre, mientras que las otras dos personas no lo hicieron pero sí lo ayudaron durante su encarnación.

“una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo… Señor es el Hijo… El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucito de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente” [254]

De acuerdo con esa “teología”, la “segunda persona” de la trinidad, estuvo sentada desde toda la eternidad al lado derecho de la “primera persona”, pero durante su encarnación, esta “segunda persona” vino a la tierra, por lo cual de manera temporal dejó de estar a la diestra de la “primera persona”. Luego de resucitar, ascendió a los cielos y volvió a sentarse en el mismo lugar en el que se había sentado anteriormente, es decir, a la diestra de la primera persona. Veamos:

“Cristo no es el Padre, aunque se identifica muy estrechamente con el Padre. Cristo dijo en la oración al Padre en Juan 17:5: ≪Ahora pues, Padre, glorifícame tu al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.≫ Esto muestra que fue el espíritu de Cristo aquí en la tierra que estuvo orando al Padre en el cielo, y no solamente el cuerpo físico o la persona humana, como alegan algunos intérpretes del texto. Cristo fue distinto del Padre aun antes de que viniera al mundo desde el cielo. Hechos 2:33 dice que Cristo ahora está exaltado a la diestra de Dios ¡No está fuera de sí! Cristo no es el Padre. Existen tres personas en el mismo y único Dios. No comprendo este misterio con mi mente finita, pero lo acepto ¡Cuidado! al no desviar a ninguno de los extremos. No es Jesús solo. Jesús no es el Padre. (Tampoco hay tres dioses.) Tenemos que entender algo de la naturaleza de Dios para adorarle debidamente.” [255]

“Juan 3:13: Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. De pasada, Jesús deja fuera toda posibilidad de que alguna otra persona pudiera estar a la diestra del Padre, porque dice: Nadie subió al cielo... nadie más. Solamente ÉL, el que descendió del cielo y el que está en el cielo. Nuevamente el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo... ¡Y nadie más! Nadie subió al cielo, dice Jesús y si usted pasa al verso 31 verá que inicia diciendo: El que de arriba viene, es SOBRE TODOS. Por eso, podemos declarar, sin ambages: Jesús es Jehová Dios hecho carne. Jesús desciende de su naturaleza divina, para nacer en carne y ocupar un lugar en el tiempo y en el espacio nuestros, pero antes de ese tiempo terreno, Él estaba con el Padre y con su Espíritu Santo” [256]

Los trinitarios afirman que la ubicación del “Hijo” a la diestra del “Padre” es una evidencia absoluta de la trinidad, pues indica que el “Hijo” es una persona distinta al “Padre”. Veamos algunas de estas declaraciones:

“Esteban, lleno del Espíritu Santo, vio los cielos abiertos y a Jesús a la diestra de Dios (Hechos 7:55-56) ¿Cómo pudo Esteban ver a Jesús a la diestra del Padre si Jesús mismo es el Padre? Y Hebreos 1:1-3 nos presenta al Hijo de Dios sentado a “a la diestra de la majestad en las alturas” [257]

“El Señor Jesús ascendido está muy frecuentemente sentado a la diestra del Padre, pero una vez fue visto de pie a la diestra del Padre: --¡Veo el cielo abierto --exclamó--, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios! (Hechos 7:56 NVI). Esteban vio a dos personajes cuando estaba muriendo” [258]

La “teología” trinitaria afirma que por causa de la humillación del “Hijo”, la primera persona le dio una gran exaltación, y sometió todas las cosas a él de manera temporal. Ellos llaman a ese reino temporal, el reino mesiánico.

“Los trinitarios NO creemos que el reino mesiánico será eterno. El reino mesiánico comenzó con el ministerio de Cristo en la tierra y fue establecido cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre en los cielos, y terminará 1) cuando retorne en su gloria, o en su defecto, 2) al final del milenio en la tierra, dependiendo de la posición escatológica sostenida por el cristiano” [259]

Pero ellos también enseñan, que al final de los tiempos, la segunda persona se sujetará a la primera persona y le entregará el reino. De esa manera, la trinidad podrá gobernar por toda la eternidad.

“1 Corintios 15:24-28 explica que Cristo reinara hasta que entregue el reino al Padre” [260]

“Cuando esto suceda, en 'La Segunda Venida' de ahí se pasa a la eternidad donde permanecerá el Reino de Dios (Padre) y de Cristo (Hijo) "Dios será Dios en todos". EL DIOS TRINO gobernando y reinando en una armonía prefecta por toda la eternidad. Finalmente, vemos esta realidad en el final del Libro de Apocalipsis donde se habla del estado eterno y el gobierno conjunto del Hijo y el Padre en un solo trono (no dos)...” [261]

La “teología” trinitaria ha expresado que el “Hijo” se sienta al lado derecho de la primera persona, pero existen diferentes versiones de la forma en que se ubican las tres personas. (Ver las imágenes del Capítulo 2. La Trinidad y sus Orígenes Paganos y del Capítulo 3. La Tradición y la Filosofía en el Desarrollo de la “Doctrina” trinitaria). Entre ellas tenemos las siguientes:

1. Las tres personas se sientan en tres tronos diferentes.

2. La primera y la segunda persona se sientan en dos tronos diferentes, mientras que la tercera persona, en semejanza de paloma, revolotea por encima de las otras dos.

3. Las tres personas se sientan juntas en un solo trono en forma de sillón. La primera persona se ubica en el medio, mientras que la segunda persona se ubica a su lado derecho y la tercera persona a su lado izquierdo.

4. La primera y la segunda persona se sientan en un solo trono en forma de sillón, mientras que la tercera persona, en semejanza de paloma revolotea por encima de las otras dos.

5. Las tres personas, con un solo cuerpo pero con tres cabezas, se sientan en un solo trono.

6. Las tres personas con un solo cuerpo triple, con una sola cabeza pero con un rostro triple, se sientan en un solo trono.

REFUTACIÓN DEL ARGUMENTO TRINITARIO

La enseñanza trinitaria de tres personas ubicadas una al lado de las otras, no refleja la enseñanza bíblica, sino que es una idea tomada del paganismo. Los politeístas siempre han creído que sus dioses, se pueden ubicar cada uno al lado de los otros.

En la figura aparece la diosa griega Hera sentada en un trono al lado de Zeus. A su vez, Zeus y Hera, se encuentran rodeados por los otros dioses olímpicos: Apolo, Artemisa, Ares, Dionisio, Hermes, Poseidón, Atenea, Hades, Afrodita, etc.

La “teología” trinitaria ha visto los versos de la Escritura que nos enseñan que Dios fue manifestado en carne y que Él es omnipresente, pero a ella eso no le interesa, pues lo único que desea hacer, es presentar una imagen distorsionada acerca del Creador. La “teología” trinitaria niega la omnipresencia de Dios y lo limita, al expresar que Él tiene un lado derecho físico. El “Padre” del que nos habla la “teología” trinitaria es muy limitado, pues solo hasta donde llega su lado izquierdo y su lado derecho es hasta donde llega su dios. Para poder llenar ese vacío, tiene que aparecer otra persona sentada al lado derecho físico de aquella primera persona, y ni aun así basta, pues esta segunda persona es tan limitada como la primera. Así, ellos creen que uno puede pararse al lado del Padre celestial, mientras que la Biblia enseña que a Él no lo pueden contener ni los cielos de los cielos. La única forma en la que podremos ver al Padre y en la que podemos conocerle, es a través de su manifestación en carne.

La “teología” trinitaria es similar a la mitología griega, en el sentido de que los griegos creían que en el monte Olimpo había varios tronos para distintas deidades que se podían sentar a cualquiera de los lados de Zeus, quien estaba limitado por una derecha y una izquierda física. La trinidad ignora que Jesús es el Padre Eterno que fue manifestado en carne para darnos salvación y para darnos a conocer su gran nombre, y por eso comete el grave error de presentarlo como un segundón dentro de un panteón de diosecitos limitados, al lado de los cuales uno podría ubicarse.

Otro error de la “teología” trinitaria, es que no comprende que la referencia del Hijo a la diestra de Dios, no debe tomarse en un sentido literal, sino figurado, y que la Biblia nos brinda herramientas suficientes para conocer ese significado. Cuando nos aferramos al significado que la Biblia da a la diestra de Dios, contamos con las bases suficientes para denunciar a la trinidad como una fábula inventada por el hombre.

Cuando la Biblia habla del Hijo sentado a la diestra de Dios (la Biblia nunca dice a la diestra del Padre), siempre lo hace en relación con el reinado mesiánico, pero nunca en relación con personas eternas que se sientan una al lado de la otra. La “teología” trinitaria ha dicho que la “segunda persona” se sienta eternamente al lado derecho de la “primera persona”, lo cual contradice las siguientes declaraciones bíblicas:

1. Jesucristo dijo: “veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios” (Mateo 26:64, Marcos 14:62, Lucas 22:69). ¿Cuál es la derecha de un poder? ¿Se puede sentar uno a la derecha de un poder?

2. La Biblia dice que Dios está a la diestra del Hijo (Salmo 110:5), entonces ¿Quién está al lado derecho de quién?

3. La Biblia dice: “Jehová dijo a mi Señor, siéntate a mi diestra hasta…” (Salmo 110:1, Marcos 12:36, Hebreos 1:13). ¿Eso significa que la segunda persona dejará de sentarse al lado derecho de la primera persona en algún momento?

Como se puede apreciar, muchas cosas andan mal en la exposición trinitaria de las tres personas, con la segunda persona sentada eternamente a la derecha de la primera.

DIOS ES EL ESPIRITU OMNIPRESENTE

Dios es un ser inteligente y tiene voluntad propia (Romanos 9:19, Isaías 1:18). Dios es el único Espíritu omnipresente (ver el capítulo 10. El Señor Dios y su Espíritu), por lo cual nada ni nadie lo puede contener. Dios es invisible (1. Timoteo 1:17, Hebreos 11:27), no posee un cuerpo limitado como el que nosotros poseemos, no tiene ningún lado físico, ni una mano derecha física. La Biblia dice:

"Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (1. Reyes 8:27, 2. Crónicas 6:18).

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra." (Salmo 139:7-10).

Así, cuando la Biblia se refiere a los oídos de Dios, a los ojos de Dios, a los pies de Dios, etc., esto no significa que Dios tenga un cuerpo gigantesco similar al que nosotros poseemos, sino que es una forma figurada para hablar de Dios, que es conocida como antropomorfismo, y que consiste en interpretar lo no humano en términos humanos, a fin de que nosotros podamos asimilar. Un escritor pentecostal apostólico escribe lo siguiente:

“En otras palabras, la Biblia describe al Dios infinito en términos humanos y finitos para que podamos comprenderle mejor. Por ejemplo, el corazón de Dios denota su intelecto y sus emociones, no un órgano que bombea sangre (Génesis 6:6; 8:21). Cuando Dios dijo que el cielo era su trono y la tierra estrado de sus pies, Él describía su omnipresencia, no unos pies literales recostados en la esfera (Isaías 66:1). Cuando Dios dijo que su mano derecha midió los cielos con la palma, Él describía su gran poder y no una mano grande extendiéndose por la atmosfera (Isaías 48:13). “Los ojos de Jehová están en todo lugar” no significa que Dios tiene ojos físicos en toda localidad, sino que indica su omnipresencia y omnisciencia (Proverbios 15:3). Cuando Jesús echó fuera demonios por el dedo de Dios, Él no arrastró del cielo un dedo gigantesco, sino que ejercitó el poder de Dios (Lucas 11:20). El soplo del aliento de Dios no consistía en partículas literales emitidas por gigantescas narices celestiales, sino en el fuerte viento oriental enviado por Dios para abrir el Mar Rojo (Éxodo 15:8; 14:21). El hecho es que la interpretación literal de todas las visiones y descripciones físicas de Dios nos conduciría a la creencia que Dios tiene alas (Salmos 91:4). En breve, creemos que Dios como Espíritu no tiene un cuerpo a menos que Él escoja manifestarse en forma corporal, como lo hizo en la persona de Jesucristo.” [262]

Al comprender que Dios no tiene un lado derecho físico, comprendemos que Dios tampoco tiene una mano derecha física, y por tanto entendemos que las referencias al “lado de Dios” o a “la diestra de Dios” son expresiones figuradas que deben tener otro significado. Sin embargo, antes de pasar a analizar el significado del “lado de Dios” o la “diestra de Dios” vamos a ver algunos usos literales que hace la Biblia de las palabras diestra y lado.

USO DE LAS PALABRAS DIESTRA Y LADO EN SU SENTIDO LITERAL

En su sentido literal, la palabra lado, es una de las partes que limita un todo, o también se puede referir a un lugar inmediato o contiguo a otro. De igual modo, la palabra diestra o derecha, significa el lado derecho de algo, y es una referencia que nos sirve para orientarnos. Veamos algunos ejemplos en los que la Biblia usa estas palabras en su sentido literal:

Empecemos por el uso literal de la palabra lado:

En el arca que construyo Noé, la puerta de acceso debía estar al lado de la ventana (Génesis 6:16); en la era de Atad que estaba al otro lado del Jordán, los hijos de Jacob realizaron ceremonias fúnebres en honor a su padre fallecido (Génesis 50:10-11); durante el éxodo, los egipcios alcanzaron a los israelitas junto al mar, al lado de Pi-hahirot (Éxodo 14:9); en la guerra contra Amalec, Aarón y Hur sostuvieron en alto las manos de Moisés, el uno de un lado y el otro del otro, a fin de alcanzar la victoria (Éxodo 17:12); las tablas de la ley estaban escritas por ambos lados (Éxodo 32:15); la heredad de las tribus de Rubén, Gad y de media tribu de Manasés se encontraba al lado oriente del rio Jordán (Números 32:19, Josué 14:2-3); Booz se acostó a dormir al lado de un montón de cebada (Rut 3:7); El día que Joás fue ungido como rey sobre Judá, los soldados de la guardia se ubicaron en fila desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo (2. Reyes 11:11); un gran viento vino del lado del desierto y derribó la casa que cayó sobre los hijos de Job y los mató (Job 1:19); las mujeres que quisieron ungir el cuerpo del Señor, encontraron a un ángel con apariencia de hombre joven sentado al lado derecho del sepulcro (Marcos 16:1); en la nueva Jerusalén, crecerá el árbol de la vida a uno y otro lado del río (Apocalipsis 22:2).

Dentro del uso literal de la palabra diestra, tenemos los siguientes ejemplos:

El pueblo de Israel le solicito a Edom que los dejara pasar por su tierra pasando solamente por el camino real sin apartarse ni a diestra ni a siniestra, pero Edom no quiso dejarlos pasar (Números 20:17-18); Jael, mujer de Heber, mato a Sísara (capitán del ejército del rey Jabín de Canaán) golpeando una estaca con un mazo que tenía en su diestra (Jueces 5:24-27); Joab tomó con su diestra la barba de Amasa para besarlo y asesinarlo a traición (2. Samuel 20:9); una gran fuente fue colocada al lado derecho del templo (1. Reyes 7:39); el rey Josías destruyó los lugares de culto pagano que se encontraban a la mano derecha del monte de la destrucción (2. Reyes 23:13); Asaf se colocaba a la mano derecha de Hemán cuando cantaba en el templo (1. Crónicas 6:39); cuando Esdras leyó la ley ante el pueblo, se hicieron a su derecha Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Macías (Nehemías 8:4); Jesús le dijo a sus discípulos que echaran la red a la derecha de la barca (Juan 21:6), Pedro tomó por la mano derecha al paralitico que se sentaba junto al templo de la hermosa, y al instante se le afirmaron los pies y tobillos (Hechos 3:7).

OTROS SIGNIFICADOS DE LA PALABRA DIESTRA

Con el paso del tiempo, la diestra y el lado derecho, llegaron a tener otros significados. Esto se dio porque la gran mayoría de las personas son diestras y no zurdas. Algunos de estos ejemplos son:

1. Esaú fue un hombre diestro en la caza, lo que significa que fue un experto cazador (Génesis 25:27). Las flechas que lanzaban los hombres que tomaron a Babilonia eran como de valiente diestro, pues daban en el blanco (Jeremías 50:9)

2. Cuando el patriarca Jacob bendijo a los hijos de José, colocó su mano derecha sobre Efraín y la izquierda sobre Manasés, lo que significaba que una bendición mayor venía sobre Efraín (Génesis 48:8-20).

3. Salomón hizo sentar a Betsabé a la diestra de su trono (1. Reyes 2:19), lo que significaba que le estaba atribuyendo poder y dignidad a su madre. Asimismo, en las reuniones se acostumbraba sentar a la diestra del anfitrión al invitado de más alto honor. Así, se indicaba que el invitado gozaba de una dignidad semejante a la del que invitaba.

4. En la Biblia, uno de los significados figurados más comunes para la palabra diestra, era el de poder, fuerza o autoridad. Así, decir que Dios estaba a la diestra de uno, era decir que Dios es la fortaleza de uno (Salmo 16:8). Cuando alguien se consideraba sin el poder suficiente, la diestra tomaba el significado de debilidad. Por ejemplo, David dijo “mira a mi diestra y ayúdame” lo que significaba “mira a mi debilidad y ayúdame” (Salmo 142:4).

5. El salmista Asaf, prometió traer a su memoria “los años de la diestra del Altísimo”, lo que significaba que iba a recordar las maravillas que Dios hizo en otros tiempos (Salmo 77:10).

6. Una de las costumbres que se tomaron para dar validez a un juramento, era la de levantar la mano derecha al momento de jurar. Así, la Biblia dice de aquellos que juran en vano, que su “diestra es diestra de mentira” (Salmo 144:8, 144:11).

7. Salomón dijo que el corazón del sabio está a su mano derecha, lo que significa que el corazón del sabio se inclina a las cosas buenas (Eclesiastés 10:2).

8. El Señor Jesús dijo: “si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:30), expresión que consiste en una hipérbole o exageración intencional, por medio de la cual se expresa que es mejor sacrificar algo valioso cuando retenerlo puede ocasionar que pequemos.

9. Jacobo, Pedro y Juan, le dieron a Bernabé y a Pablo la diestra en señal de compañerismo (Gálatas 2:9).

Otros ejemplos de significados figurados que incluyen simultáneamente la derecha y la izquierda son:

1. Cuando el criado de Abraham pidió a Rebeca como mujer para Isaac, le dijo a Betuel y a Labán que necesitaba conocer su decisión para ir a la diestra o a la siniestra, lo que significaba: “yo sabré lo que debo hacer”. (Génesis 24:49).

2. No apartarse del mandamiento ni a diestra ni a siniestra significa acatar estrictamente el mandamiento (Deuteronomio 5:32, 17:11, 17:14, 28:14; Josué 1:7, 23:6, 2. Samuel 14:19, 2. Reyes 22:2, 2. Crónicas 34:2, Proverbios 4:27).

3. Jesucristo dijo: “cuando tu des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3), con lo que enseñó que a un hombre bondadoso no tiene por qué interesarle que la gente se entere de sus buenas acciones (como ocurre con los hipócritas) sino que lo que debe importarle es hacer el bien.

4. El apóstol Pablo dijo que los apóstoles poseían “armas de justicia a diestra y a siniestra” (2. Corintios 6:7), lo que significaba que esas armas de justicia servían tanto para la defensa como para el ataque, en alusión a los soldados que generalmente llevaban la espada en la mano derecha y el escudo en la mano izquierda.

LA PALABRA DIESTRA EN RELACION CON DIOS

La palabra diestra en relación con Dios “no indica simplemente un lado: a la derecha. La razón principal es, porque Dios es Espíritu. ¿Dónde está la "derecha" o la "izquierda" del Espíritu de Dios? [263] “Por lo tanto, debemos entender que la “diestra de Dios” se usa en un sentido figurado, simbólico, o poético y no en un sentido físico o corporal.” [264] Entonces ¿A qué se refiere la Biblia cuando menciona la diestra de Dios? La palabra diestra, en relación con Dios, significa su fuerza, su poder, su autoridad o su majestad. Veamos algunos ejemplos.

El salmista dijo “tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra” (Salmo 89:13), lo que significa que Dios es muy poderoso, muy fuerte y muy exaltado. “La diestra de Jehová hace proezas, la diestra de Jehová es sublime; la diestra de Jehová hace valentías” (Salmo 118:15-16), nos enseña que el poder de Jehová es extraordinario, que Dios es omnipotente. La mano derecha de Jehová creó los cielos y la tierra (Isaías 48:13), significa que por el poder de Dios fueron hechos los cielos y la tierra.

El poder de Jehová fue el que derrotó a los egipcios, así la diestra de Jehová fue magnificada en poder y quebrantó al enemigo (Éxodo 15:6, 15:12). El pueblo de Israel no fue el que derrotó a los egipcios sino la diestra y el brazo de Jehová (Salmo 44:3), o sea, el poder y la fuerza de Dios fueron las que le dieron la victoria. Jehová los guió por la diestra de Moisés, porque delegó su autoridad sobre Moisés (Isaías 63:12). Por medio de esa victoria y tras la conquista de Canaán por el poder de Dios, Israel se constituyó en “la planta que plantó la diestra de Dios” (Salmo 80:8-11, 80:15).

Moisés dijo que Jehová descendió con la ley de fuego a su mano derecha (Deuteronomio 33:2), que es una referencia a la gloriosa manifestación de la majestad Divina que vio el pueblo cuando recibió la ley (Éxodo 19:16-20).

A la diestra de Jehová hay delicias para siempre (Salmo 16:11) lo que nos enseña que hay bendiciones eternas para los que permanecen en Dios. A donde quiera que vayamos, allí nos guiara la mano de Dios y nos asirá su diestra (Salmo 139:10) de manera que sabemos que Dios nos dirige y nos sostiene con su poder. La diestra de Dios nos salva (Salmo 17:7, 98:1), nos ayuda (Isaías 41:10), nos sustenta (Salmo 18:35, Isaías 41:10), nos sostiene (Salmo 63:8), nos oye desde los cielos y nos da la victoria (Salmo 20:6). Jehová es sombra a nuestra mano derecha (Salmo 121:5), o sea, Jehová es el que nos cubre con su poder. El Señor se pondrá a la diestra del pobre (salmo 109:31) o defenderá al pobre.

La diestra de Dios está llena de justicia (Salmo 48:10), es decir, que Él con su poder juzgara rectamente, dando a cada quien lo que se merece. El Señor salva a los que se refugian a su diestra (Salmo 60:5, 98:1, 108:6, 138:7), o sea, el Señor salva a los que buscan su favor y su protección; mientras tanto, la diestra de Jehová alcanzará a los que le aborrecen (Salmo 21:8), es decir, que el Señor destruirá con su poder a sus enemigos.

Asaf dijo a Dios: “¿Por qué retraes tu mano? ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?” (Salmo 74:11), lo que indica que Dios no quería responderles en ese momento. Cuando Jehová entregó a Israel en cautividad, retiró su diestra de ellos (Lamentaciones 2:3), lo que significa que les retiró el apoyo de su poder frente al enemigo. El cáliz de la mano derecha de Jehová vendrá sobre los injustos (Habacuc 2:16), en otras palabras, la ira de Dios vendrá sobre los impíos.

“Jehová juró por su mano derecha, y por su poderoso brazo” que llegaría un día en el que nunca más, nadie se enseñorearía de Israel (Isaías 62:8), es decir, ese acontecimiento se dará solo por el poder y la autoridad de Dios.

EL MESÍAS O CRISTO

La palabra Mesías proviene del hebreo mashiaj que significa ‘el ungido’ y su equivalente griego es Cristo. En el pueblo de Israel se tenía la costumbre de ungir (empapar con aceite), a una persona que había sido designada por Dios para ejercer cualquiera de los cargos de rey (1. Samuel 9:16, 2. Samuel 2:4, 1. Reyes 1:39), sacerdote (Éxodo 28:41, 29:7, 30:30, 40:9) o profeta (1. Reyes 19:16).

La Biblia enseña que Jehová es el rey de Israel (Sofonías 3:15), que Él es rey sobre toda la tierra (Salmo 44:4), que Él es rey eternamente y para siempre (Salmo 10:16), y que Él es el rey de gloria (Salmo 24:10). Sin embargo, el propósito de Dios al permitir que hubieran reyes sobre Israel, era que estos hombres gobernaran con justicia, y enseñaran al pueblo a obedecer la ley de Dios (Deuteronomio 17:18-20); esa era la razón por la cual se les ungía. Los sacerdotes eran ungidos, porque ellos eran los mediadores entre Dios y el pueblo (Levítico 9:7), y los profetas, porque traían mensajes de parte de Dios (Jeremías 7:1, Oseas 1:1, Joel 1:1, Miqueas 1:1, Sofonías 1:1). Aun cuando todos estos hombres fueran ungidos, con el transcurrir del tiempo, el uso de la palabra Mesías fue restringido al redentor y restaurador de Israel y del mundo entero (2. Samuel 2:10, Salmo 2:2).

En el Antiguo Testamento, hay cientos de profecías que están relacionadas con el Mesías que habría de venir, y esas profecías son conocidas como profecías mesiánicas.

La primera profecía mesiánica fue dada inmediatamente después de que Adán y Eva fueron engañados por Satanás, y empezaron a morir a causa del pecado. Dios no los dejó sin esperanza, pues tan pronto como fue ocasionada la herida, también fue provisto el remedio.

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).

De este versículo podemos apreciar, que a partir de ese momento se dio una rivalidad entre el reino de Dios y el reino de las tinieblas en medio de los hombres. También vemos que el Mesías (la simiente de la mujer), finalmente derrotará a la serpiente antigua o Satanás (Apocalipsis 20:2), dándole un golpe mortal que aplastará por completo su poder. Por eso, todos los hombres de la antigüedad que se esforzaron por ser salvos, pusieron su esperanza en esa promesa futura de la llegada del Mesías.

Algo que nos debe llamar poderosamente la atención, es que el Mesías es llamado la simiente de la mujer, lo que nos enseña dos cosas fundamentales: (1) que el Mesías tenía que ser un hombre verdadero y (2) que iba a ser simiente solo de mujer, de una virgen.

Con el tiempo, aparecieron otras profecías mesiánicas que declaraban el propósito de Dios para el Mesías dentro de la obra redentora. El Mesías, debía venir en reemplazo de Adán para recuperar lo que Adán había perdido y para salvar a toda la descendencia de Adán, por eso el Mesías es llamado el segundo Adán (1. Corintios 15:45). Adán fue creado en inocencia, tuvo un cuerpo inmortal y le fue dado un paraíso para que reinara sobre él, pero al contaminarse con el pecado, perdió todo esto y comenzó a morir. Para poder obrar a favor del hombre, el Mesías debía ser descendiente biológico de Adán y Eva, siendo un verdadero ser humano. Como la naturaleza de pecado no fue originalmente parte de la raza humana (Génesis 1:27, 1:31) el Mesías debía estar libre de todo pecado para que pudiera salvarnos. El Mesías también debía sufrir la muerte para derrotar por medio de esa muerte al que tenía el imperio de la muerte, es decir, al diablo (Hebreos 2:14), alcanzando a través de su resurrección un cuerpo inmortal. Todos los seres humanos que crean en la obra del Mesías, también recibirán un cuerpo inmortal a fin de que puedan vivir en un nuevo paraíso creado por Dios.

La necesidad del Mesías puede ser resumida en estos puntos:

Tabla 14. Razones que Demuestran la Necesidad del Mesías

Razón
Algunas Citas Bíblicas
Que hubiera un hombre que fuera hijo de Dios, Así como Adán lo fue al principio.
Lucas 3:38, Salmo 2:7

Que hubiera un hombre que cumpliera el papel que Adán no fue capaz de desempeñar.
Génesis 1:28, 2. Samuel 23:3, Oseas 6:7
Que hubiera un hombre que manifestara el Espíritu de Dios en el mundo.
Isaías 11:2, 42:1

Que hubiera un hombre sin pecado que pudiera representar a toda la humanidad.
Isaías 53:4-6, Ezequiel 22:30

Que ese hombre derrotara a los enemigos de Dios.
Salmo 118:10-12, Isaías 11:4
Que recuperara la paz que el diablo le robo al hombre en el jardín del Edén.
Isaías 9:6-7, 11:6-9
Que ese hombre reconciliara a los demás hombres con Dios.
Isaías 11:11-12

Que ese hombre procreara una descendencia de hombres fieles que fueran hijos de Dios, así como él lo era.
Salmo 22:22, 89:27-29, 89:35-36, Isaías 8:18

Que ese hombre fuera un ejemplo a seguir por los demás hombres.
Isaías 11:10, 32:2-4

Que hubiera un hombre que fuera rey sobre toda la tierra y que su reino fuera un reino de justicia y de paz.
2. Samuel 23:3-4, Isaías 11:3-5, 32:1
Que en ese reino, los hombres vivieran dedicados a Dios y sirviéndole por toda la eternidad.
Isaías 11:9


En la siguiente tabla se muestran algunas marcas que Dios dejo para identificar al Mesías:

Tabla 15. Señales Dadas Por Dios Para Identificar al Verdadero Mesías

Marca
Cita Profética
Cumplimiento
Debía ser descendiente de Abraham, por lo cual es llamado la simiente de Abraham en la cual serán benditas todas las familias de la tierra
Génesis 22:18, 26:4, 28:14

Mateo 1:1, Gálatas 3:16

Debía ser descendiente de Isaac, uno de los hijos de Abraham
Génesis 21:12
Mateo 1:2, Lucas 3:34

Debía ser descendiente de Jacob, uno de los hijos de Isaac
Génesis 28:13-14, Números 24:17

Mateo 1:2, Lucas 3:34

Debía ser descendiente de Judá, uno de los hijos de Jacob
Génesis 49:10
Mateo 1:2, Lucas 3:33, Hebreos 7:14

Debía ser descendiente de Isaí, uno de los varones de la tribu de Judá
Isaías 11:1
Mateo 1:6, Lucas 3:33

Debía ser descendiente de David el rey de Israel e hijo de Isaí
2. Samuel 7:12-16, Salmo 132:11, Jeremías 23:5

Mateo 1:1, 9:27, 15:22, 20:30, 21:9, 22:41-46, Marcos 9:10, 10:47-48, Lucas 18:38-39, Hechos 13:22-23, Apocalipsis 22:16
Debía tener un nacimiento milagroso al nacer de una virgen
Génesis 3:15, Isaías 7:14

Mateo 1:18-25, Lucas 1:26-35

Debía nacer en la ciudad de Belén
Miqueas 5:2
Mateo 2:1, 2:4-8, Lucas 2:4-7, Juan 7:42

Debía ser precedido por un mensajero
Isaías 40:3, Malaquías 3:1
Mateo 3:1-3, 11:10, Lucas 1:17, Juan 1:23
Debía empezar su ministerio publico en Galilea
Isaías 9:1
Mateo 4:12-17

Debía realizar muchos milagros
Isaías 35:5-6
Mateo 9:32-35, 11:4-6, Marcos 7:33-35, Juan 5:5-9, 9:6-11, 11:43-47
Debía ser un hombre ejemplar que nunca hiciera maldad ni hablara engaño
Isaías 53:9
1. Pedro 2:22, Juan 7:46

Debía entrar en Jerusalén cabalgando sobre un asno
Zacarías 9:9
Mateo 21:6-11, Lucas 19:35-37

Debía ser rechazado por el pueblo de Israel
Salmo 69:8, 118:22, Isaías 53:3
Mateo 21:42-43, Juan 1:11, 7:5, 7:48
Debía ser aborrecido sin causa
Salmo 69:4
Juan 15:25

Debía ser traicionado por un amigo
Salmo 41:9, 55:12-14
Mateo 10:4, 26:49-50, Juan 13:21
Debía ser vendido por treinta piezas de plata
Zacarías 11:12
Mateo 26:15

Debía ser acusado por falsos testigos
Salmo 35:11
Mateo 26:59-61

Debía permanecer mudo ante sus acusadores
Isaías 53:7
Mateo 27:12-19

Durante su calvario iba a ser olvidado por sus discípulos
Salmo 38:11, Zacarías 13:7
Mateo 14:50, Marcos 14:27, 14:50
Debía morir asesinado en su juventud y su muerte sería muy trágica
Salmo 22:7-8, 22:16-18, 89:45, 109:24-25, Isaías 50:6, 53:5, Daniel 9:26, Miqueas 5:1, Zacarías 12:10
Lucas 3:23, Mateo 27:26, 26:67, 27.31, Lucas 23:33, Juan 19:17, 20:25
Su muerte seria un sacrificio expiatorio por el pecado de todos los hombres
Isaías 53:10-12
Juan 1:29, 2. Corintios 5:14

Debía ser sepultado en tumba de ricos
Isaías 53:9
Mateo 27:57-60

Debía resucitar de entre los muertos al tercer día
Salmo 16:10, 30:3, 118:17:18, Oseas 6:2
Mateo 20:19, Mateo 28:5-6, Lucas 24:5-7, 24:45-46
Debía ascender a los cielos lleno de gloria
Salmo 110:1, 118:19
Marcos 16:19, Hechos 1:9
Debe volver de los cielos a reinar con justicia
Zacarías 13:7, Zacarías 14:5

Hechos 1:11

Etc.



La gran cantidad de profecías mesiánicas cumplidas en Jesús, nos enseñan que Él es el Mesías esperado. Estamos seguros de que Jesús es el Mesías, porque algunas profecías que humanamente hablando no dependían de Él, tales como el lugar exacto de su nacimiento, su genealogía, su nacimiento virginal, la traición que sufrió, su juicio, e incluso la forma de su muerte, se cumplieron con total exactitud. En Jesucristo vemos cumplida toda la Palabra de Dios.

 “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:9-10)

Además, Jesucristo confesó que Él era el Cristo, se adjudicó para sí todas las profecías mesiánicas, y en Él se han cumplido una a una todas esas profecías, y las pocas que aún faltan por cumplirse, también se cumplirán en Él (Mateo 16:15-17, 26:63-64, Lucas 24:25-26, Juan 4:41-42, 10:24-25, 18:37).

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mi en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos” (Lucas 24:44).

EL MESÍAS ES DIOS MANIFESTADO EN CARNE

Aun cuando el Mesías debía ser un humano, el Antiguo Testamento mencionaba que no se trataba de un ser humano cualquiera, sino de Dios mismo (el Padre de gloria) manifestado en carne. (Para mayor información vea el capítulo 5, La “Teología” Trinitaria Niega el Misterio de la Piedad).

El Mesías, no es nadie más que el único Dios eterno manifestándose a los hombres. Unos escritores pentecostales apostólicos afirman:

“El monoteísmo puro profesado por el pueblo judío, tenía dentro de sus creencias, una que se constituía en el pilar de las mismas; la promesa de un Mesías salvador. Esta creencia, a diferencia de lo que muchos piensan, nunca estuvo en oposición ni contradijo la enseñanza monoteísta, pues al estudiar detenidamente la cristología del Antiguo testamento en referencia a la identidad del Mesías, se hace evidente que era Jehová mismo quien vendría como Mesías a salvar a Israel su pueblo escogido. Él se haría miembro de la raza humana y manifestaría su Nombre redentor (Isaías 33: 22; 40: 3; Isaías 52: 3-10) Una vez manifestado Jesucristo y al inicio de su ministerio, Él se identifica y se apropia de todas las profecías que respecto al Mesías se habían señalado; declarando que es el rey, profeta, salvador y libertador esperado… Entonces es concluyente y consistente en cuanto a la unicidad de Dios; que el pueblo de Israel es el abanderado del monoteísmo bíblico y que la promesa de un Mesías salvador solamente lo confirma y ratifica.” [265]

En los tiempos antiguos, Dios habló a su pueblo por medio de los profetas, pero en estos últimos tiempos nos ha hablado por el Hijo (Hebreos 1:1-2). El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios (Hebreos 1:3), porque la asombrosa belleza de Dios, junto con todas sus perfecciones, se han hecho visibles únicamente en Cristo. El Hijo es la imagen misma de la sustancia de Dios (Hebreos 1:3) porque el Hijo es Dios Padre manifestado en carne (Juan 14:9). Así, no hay nada en Dios que no esté en Cristo, de manera que quien quiera ver al Padre solo tiene que mirar a Cristo (Juan 10:30). En Hebreos 1:3, la palabra traducida como imagen viene del griego “kharakter” que es un “vocablo que designa la marca grabada que, como en un sello, representa los rasgos distintivos o característicos de algo. Por eso, Cristo es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15), Dios está completamente revelado en Cristo y por eso en Cristo habita de manera corporal toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9).

Jesús es Dios manifestado en carne y por tanto es el Mesías, el Cristo. La Biblia dice que Dios no es hombre (Números 23:19) pero sí dice que Dios se manifestó en carne como un hombre, en un momento especifico del tiempo (Gálatas 4:4, 1. Timoteo 3:16). “Manifestado en carne” es mucho más que “habitando la carne”, significa que Jesús es Dios encarnado, que Jesús es Dios por naturaleza, por derecho, por identidad. Jesús es simultáneamente Dios y hombre, Jesucristo es el Dios-hombre. Jesús es más que una apariencia visible de Dios (es más que una teofanía), y es mucho más que Dios dando vida a un cuerpo humano, pues Él es realmente Dios manifestándose como un verdadero ser humano con todo lo que la humanidad incluye, pero sin pecado. El uso de la palabra “corporalmente” en Colosenses 2:9, elimina la idea de que Dios simplemente mora en un recipiente de carne. Si Él no hubiera sido un humano completo, la encarnación no sería genuina y por tanto, no calificaría para ocupar nuestro lugar, pues estaría imposibilitado para realizar la expiación de nuestros pecados. En Cristo, la humanidad y la Deidad se unieron indisolublemente; su humanidad no existe separada de su Deidad, y su Deidad no se reveló totalmente sin su humanidad. Su humanidad, así como su Deidad, eran plenas y completas. Cristo no tiene dos personalidades, pues Él tiene una única personalidad que es la unión perfecta de Deidad y humanidad (Para mayor información sobre el uso del término personalidad, vea el capítulo Seis. Mitos inventados por la “Teología” trinitaria, específicamente la sección “El Error de Llamar a Dios persona o personas”).

Cuando el Padre fue manifestado en carne como el Cristo, Él se impuso a sí mismo las limitaciones y restricciones humanas. Aun cuando Jesús es el Dios Eterno, Él no persistió en retener todos sus derechos Divinos, sino que se despojó voluntariamente cuando tomó la naturaleza humana y la forma de un siervo. Dios se vació de su grandiosa majestad pero nunca se despojó de su naturaleza Divina. Algunas personas dicen que Dios se volvió hombre, pero esta expresión confunde, pues podría llevar a pensar que dejó de ser Dios y se transformó en un hombre; por eso, lo más correcto es decir que Dios se encarnó o que se manifestó en carne. El hecho de presentarse en medio de la humanidad como un hombre cualquiera, ya era un despojo evidente de su gloria, pues tuvo que nacer, crecer, comer, beber, dormir para reponer energías, etc., tal como cualquier ser humano.

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:5-7).

La única manera en que Jesús podía ser en forma de Dios y ser igual al Padre, es siendo el Padre mismo, pues Dios no es igual a nadie, y nadie es igual a Él. Nadie puede presentarse en todos los sentidos como Dios, puede ser igual con Dios, o puede tener el completo carácter de Dios, sin ser el único Dios (Isaías 40:25, 46:5). Aun en la lógica formal existe una regla conocida como la ley de la identidad, que explica que un elemento es igual a Él mismo (A = A); eso nos indica que cuando decimos igual, no se requiere que necesariamente estemos hablando de dos o más elementos, sino que con uno solo basta. Como no existen dos seres humanos iguales en todos los sentidos, podemos decir que un ser humano es igual a él mismo; de la misma forma, como no existe sino un solo y único Dios, entonces podemos decir que Dios es igual a Él mismo y que nadie es como Él. Aun los seres humanos cambian con el transcurrir del tiempo y por eso podría decirse que un ser humano hoy, no es igual a él mismo hace diez años atrás, pero Dios es siempre igual a Él mismo, pues Él es inmutable y habita la eternidad (Salmo 102:25-28, Hebreos 13:1). Como el único que es igual a Dios es Dios, entonces si Jesús es igual a Dios es porque Él es el Dios único.

Dios se despojó a sí mismo para hacerse semejante a los hombres. Él se despojó por su propia iniciativa, de acuerdo al plan eterno que se había propuesto en sí mismo de reunir todas las cosas en Cristo (Efesios 1:9-10). Para hacer esto, Él no tuvo que reunirse con nadie, ni tuvo que consultarlo con nadie sino que lo hizo por su propia voluntad. No existe nadie con mayor dignidad que Dios, y sin embargo no existe nadie que sea más humilde que Él, pues Él decidió rebajarse voluntariamente a nuestra condición humana a fin de proveernos de una salvación muy grande (Hebreos 2:3) a todos los que hemos creído en su precioso y santo nombre. Jesucristo, como el único Dios manifestado en carne, siguió manteniendo todos sus atributos Divinos (eternidad, omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia), pero por haberse despojado a sí mismo, tomó la forma de siervo y la condición de hombre, situación que lo llevó a no recibir la adoración que merecía, a recibir humillaciones de parte de su pueblo y de los gentiles, e incluso a pagar el precio de expiación por la culpa de todos nosotros.

Como podemos apreciar, la salvación es obra del único y poderoso Dios. No obstante, la “teología” trinitaria sostiene que Jesús es la segunda de tres personas divinas llamada “Dios el Hijo” que se encarnó. Veamos la siguiente cita tomada de un prominente escritor trinitario:

“Dentro de la Trinidad (Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo) se tomó una decisión. Jesús, Dios el Hijo, incorporaría a sí mismo la naturaleza humana que Él mismo había creado. Por la encarnación llegó a ser el Dios hombre. Esto se describe en Juan 1, donde dice que “El Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”. Y también en Filipenses 2, donde se dice que Cristo Jesús se despojó a sí mismo y se hizo semejante a los hombres” [266]

Sin embargo, la Biblia no dice nada de una toma de decisiones entre “personas divinas”, lo que es un rotundo politeísmo, sino que enseña que Dios fue manifestado en carne. Jesús no es la encarnación de una “segunda persona” de una trinidad, pero sí es la encarnación de toda la plenitud de Dios. Por eso los Pentecostales Apostólicos del Nombre de Jesús, insistimos en que Dios es uno y que Jesús es ese único Dios.

Los discípulos lo reconocieron como el único Dios de Israel que fue manifestado en carne y por eso lo llamaron Jesucristo, afirmando que Jesucristo es Señor de todos (Hechos 10:34) y que es nuestro gran Dios y salvador quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (Tito 2:13-14). Jesucristo es Emanuel que significa Dios con nosotros (Isaías 7:14, Mateo 1:23). Además, es el Dios Admirable, el Consejero, el Dios fuerte, el Padre Eterno, el Príncipe de Paz, que se presentó como un niño, como un hijo, para redimirnos de toda iniquidad (Isaías 9:6-7).

Como Dios, el Mesías es la raíz (u origen) de Isaí y de David, que se levantará a regir los pueblos y tendrá un reino glorioso (Isaías 11:10, Romanos 5:12, Apocalipsis 22:16). Sin embargo, como hombre, es llamado la vara o retoño de Isaí (Isaías 11:1) y linaje de David (Juan 7:42, Romanos 1:3, 2. Timoteo 2:8, Apocalipsis 22:16).

La distinción entre la Deidad y la humanidad explica la diferencia en el uso de los títulos Padre e Hijo. Como ya lo hemos dicho, Padre es un titulo que hace referencia a Dios en toda su Deidad, mientras que Hijo es un titulo que hace referencia a la manifestación de Dios en carne (Para mayor información vea el capítulo 5. La “Teología” Trinitaria Niega el Misterio de la Piedad). Un escritor pentecostal apostólico lo explica así:

“Bíblicamente hablando, el Padre habita en el Hijo y el Hijo habita en el Padre, "...creedme que yo soy (o estoy) en el Padre y el Padre en mí..." (Juan 14.11); también dicen las Escrituras que el que ve al Hijo, ve al que lo envió (Juan 12.45); es decir, ve al Padre no en el Espíritu, pero sí manifestado en carne, "Dios con nosotros" (Mateo 1:23).

Por consiguiente, ahora en este tiempo de la gracia de Dios o de la iglesia "...en Él (en el Hijo) habita TODA LA PLENITUD DE LA DIVINIDAD corporalmente..." (Colosenses 2.9), y no en ningún otro, y "...en Él estáis cumplidos..." (Colosenses 2.10), y "...Cristo es el todo y en todos..." (Colosenses 3.11)” [267]

EL PRINCIPIO DEL MESÍAS

Como hemos visto, el Mesías debía ser un hombre que gozara de la misma condición inicial que tuvo Adán de ser hijo de Dios (Lucas 3:38). Por eso, a la luz de las Sagradas Escrituras no podemos hablar de un “Hijo Eterno” o de “Dios el Hijo”, que no es más que una fábula inventada por la “teología” trinitaria, sino que debemos hablar es del Hijo de Dios, del Cristo, que es Dios manifestado en carne. No existe ningún “Hijo Eterno”, pero el Dios que se manifestó como Hijo sí es eterno.

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” (Miqueas 5:2).

El Hijo existió en la mente de Dios como un plan que Él forjó antes de la fundación del mundo, pero solo se hizo realidad cuando Dios fue manifestado en carne en el vientre de la virgen María. Cuando llegó el tiempo previsto, el Hijo de Dios nació de mujer y nació bajo la ley (Gálatas 4:4). El evangelio de Dios, es el mensaje acerca del Hijo de Dios “nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne” (Romanos 1:3). (Para mayor información vea el capítulo 5, La “Teología” Trinitaria Niega el Misterio de la Piedad).

Por esa razón, hablar de un “Hijo eterno” sentado antes de su encarnación al lado derecho de otra “persona eterna” es un absurdo, pues no existe ningún “Hijo eterno”. Cuando Jesús dijo:

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Juan. 17:5).

Estaba haciendo referencia al plan eterno que Dios se trazó para salvar a la humanidad; estaba haciendo referencia a la presciencia de Dios, pero de ninguna manera estaba expresando que Dios tenga un lado derecho físico.

EL VARON DE LA DIESTRA DE DIOS

El Antiguo Testamento llamó al Mesías: el varón de la diestra de Dios, porque por medio de Él, Dios ejecutaría su plan redentor a favor de la humanidad y destruiría el poder del demonio. El término varón, hace referencia a la encarnación.

“Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, Sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste.” (Salmo 80:17).

Jesús es la expresión del poder salvador de Dios

“mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1. Corintios 1:24)

Por eso, Él es el varón de la diestra de Dios, el que logró que la diestra de Dios nos diera salvación (Salmo 98:1). No había ningún hombre que pudiera asumir el papel de redentor y por eso Dios mismo se manifestó como un hombre. Cristo es el brazo y la mano derecha de Dios.

“Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia.” (Isaías 59:16).

Así como Dios salvó a Israel de la esclavitud de Egipto con su poderosa diestra (Éxodo 15:6, Salmo 44:3), la poderosa diestra de Dios que es Jesucristo, es nuestra salvación.

“Mi fortaleza y mi cántico es JAH, Y Él me ha sido por salvación. Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; La diestra de Jehová hace proezas. La diestra de Jehová es sublime; La diestra de Jehová hace valentías. No moriré, sino que viviré, Y contaré las obras de JAH.” (Salmo 118:14-17).

En Isaías 52, Dios promete librar del cautiverio a su pueblo, indicando que en el tiempo de la redención, Él mismo se haría presente y daría a conocer su nombre (Isaías 52:6). Entonces el Mesías traería buenas nuevas, anunciaría la paz, publicaría la salvación y diría en Sion ¡Tu Dios reina! (Isaías 52:7). Un poco más adelante, el Mesías es llamado el brazo de Jehová, por el cual verán la salvación todos los confines de la tierra.

“Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro.” (Isaías 52:10).

Dios prometió que todo su poder estaría en Jesucristo (Salmo 45:4, 89:19-21, 89:25). Dios estará a la diestra del Mesías para asegurarle la victoria (Salmo 110:5), porque Él es nuestro Dios y Padre manifestado en carne (Isaías 9:6-7). Nadie más que Jehová podía salvarnos (Oseas 13:4), y por eso a través de su manifestación en carne, el Padre participó como sus hijos de carne y sangre, para proveernos de su hermosa salvación (Sofonías 3:17, Hebreos 2:14-15). Por eso la Biblia dice de Cristo.

“A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” (Hechos 5:31).

EL MESÍAS ES EL SIERVO SUFRIENTE

Jesucristo como Mesías, debía cumplir el papel de siervo, puesto al servicio de la humanidad, para hacer muchas obras a favor de ellos y para pagar el precio de la salvación. Por eso es llamado mi siervo David (Salmo 89:3, 89:20, Isaías 37:35, Ezequiel 34:23-24, 37:24-25), o simplemente mi siervo (Isaías 42:1, 52:13, 53:11, Zacarías 3:8, Mateo 12:18).

“Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos, y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre Él, Y a los gentiles anunciará juicio.” (Mateo 12:15-18).

“Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53:4-6).

Pero a pesar de ser el siervo sufriente, Jesús confesó antes de su glorificación que Él se iba a sentar a la diestra de Dios, con lo cual declaraba que Él es Dios y que no hay más Dios que Él. Nadie puede detentar todo el poder y la autoridad de Dios sino Dios mismo. Jesús nunca dijo que Él se iba a sentar a la derecha física de otra supuesta persona que era tan Dios como Él, sino que Él se iba a sentar en el único trono sobre el cual se sienta el único Dios.

”Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado” (Apocalipsis 4:2).

Durante el juicio de Jesús, Él mantuvo silencio mientras hablaron los testigos falsos, pero el sumo sacerdote Caifás se incomodó por su silencio y lo sometió a juramento así: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios” (Mateo 26:63). Jesucristo les respondió “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mateo 26:64, Marcos 14:62, Lucas 22:69). Sin pensarlo dos veces, lo condenaron a muerte sin siquiera reflexionar si su declaración era veraz, pues inmediatamente lo acusaron de blasfemia.

“y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:8).

Es interesante ver el énfasis que esta cita hace a la muerte que sufrió Jesucristo en su condición de hombre, pues como Dios, Jesús no puede morir porque es Eterno; pero en su función como Hijo de Dios, es decir como un verdadero hombre, Él sufrió la muerte en rescate por todos nosotros. Así, cuando la Biblia dice que Cristo murió, se refiere a la muerte de la manifestación humana, pues la Deidad no puede morir. En este texto es fundamental distinguir entre la Deidad trascendente y eterna, de la Deidad manifestada en carne como el hombre Cristo Jesús.

Para Jesús, la muerte fue una gran humillación, pero esta humillación fue aun mayor pues se trató de una muerte de cruz. La muerte de cruz era una de las ejecuciones más crueles, pues el condenado debía ser azotado de una manera horrible antes de morir, y luego debía llevar la cruz o el madero transversal, desde el punto donde había sido sometido a la flagelación hasta el lugar de la ejecución. Un escritor lo explica de la siguiente manera:

“solo con la ayuda de su extraordinario poder celestial (v. Lc. 22:43, He. 9:14), pudo Jesús vencer la repugnancia que la naturaleza humana tiene hacia una muerte tan cruel y dolorosa. Pensar que, por ser el Hijo de Dios, tal tormento fue más llevadero para Él que para otros hombres, es puro y grosero monofisismo. Precisamente por ser el Hijo de Dios, su psicología humana percibía mejor que la de cualquier otro ser humano la suma fealdad del pecado, la suma santidad de Dios, el sumo horror de verse cargado con el pecado de la humanidad al ser totalmente inocente y lo extremo de aquellos inimaginables tormentos de su agonía, de su proceso y de su crucifixión, sufridos en una naturaleza humana que, precisamente por ser sin pecado, era más sensible que ninguna otra a los estímulos físicos que producen el dolor… lo sufrió todo, y lo sufrió sin impedir en lo mínimo los tremendos dolores, a fin de que su sacrificio fuese tan cruento como lo exigía la sustitución que llevaba a cabo por el pecado de nosotros, los miserables pecadores.”  [268]

Él fue crucificado un día de pascua y murió entre las dos tardes, que era la hora novena de los judíos y para nosotros es las tres de la tarde (Mateo 27:46, Marcos 15:34, Lucas 23:44-46). Esa era la hora en la que se daba muerte a los corderos de pascua (Éxodo 12:6, Levítico 23:5, Números 9:2-5, 9:11) por lo que se ratificó que Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29, 1:36).

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por Él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” (Romanos 5:8-10)

Así, la Biblia nos enseña que el único Dios se despojó a si mismo tomando la condición de un siervo sufriente y en esa condición pagó el precio de rescate por todos nosotros. Sin embargo, la “teología” trinitaria ha dicho que el supuesto “Dios el Hijo” estuvo muerto durante tres días, situación que contradice la Escritura y es del todo ridícula, pues eso nos muestra que la trinidad miente al hablarnos de un “Hijo eterno”, pues si es eterno ¿Como pudo morir?

LA RESURRECCION DEL MESÍAS

El Señor Jesucristo “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). Debido a que Cristo resucitó de los muertos, “ya no muere; la muerte no se enseñorea mas de Él” (Romanos 6:7). Los ángeles dijeron a las mujeres que fueron a visitar la tumba “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:5-6).

Adán fue coronado de gloria y de honra, fue hecho para que no muriera y toda la creación fue puesta debajo de sus pies (Salmo 8:4-9), pero el pecado trajo como resultado su muerte y esa muerte pasó a todos los hombres por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12, 6:23). Así, esa gloria y honra se convirtió en deshonra y todos los hombres hemos heredado de Adán esa imagen de deshonra (1. Corintios 15:49). Nuestro Señor Jesucristo apareció como el segundo Adán (1. Corintios 15:45), como aquel que vino a restituir esa corona de gloria y de honra que el hombre perdió (Hebreos 2:9). Por medio de la resurrección, Jesucristo obtuvo un cuerpo glorioso y recuperó ese estado que Adán perdió el día que pecó (Filipenses 3:20-21). “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1. Corintios 15:21-22).

Jesús dijo que Moisés mismo creyó en la resurrección, pues Dios es Dios de vivos y no de muertos (Mateo 22:31-32, Lucas 20:37-40). Moisés y los profetas anunciaron que Cristo había de padecer y ser el primero de la resurrección de los muertos (Hechos 26:22-23). Jesús prometió que iba a resucitar (Mateo 16:21, Marcos 8:31, 9:9-10), y afirmó que iba a cumplir la señal del profeta Jonás de permanecer tres días y tres noches en el corazón de la tierra (Mateo 12:39-40, 16:4). David profetizó que el alma de Cristo no sería dejada en el Seol, ni tampoco su cuerpo iba a sufrir corrupción; pues sin duda alguna, el cuerpo de Cristo se hubiera deteriorado de no ser por el milagro de la resurrección (Salmo 16:10, Hechos 2:29-32, Hechos 13:34-37). Precisamente, por su resurrección es que podemos predicar que por medio de Él hay perdón de pecados y que en Él es justificado todo aquel que cree (Hechos 13:38-39). Por eso es que predicamos que el bautismo en el nombre de Jesús nos salva, porque Jesucristo resucitó (1. Pedro 3:21) y que el Plan de salvación resumido en Hechos 2:38 está vigente para nosotros el día de hoy. (Para mayor información acerca del bautismo, vea el capítulo 4. Mateo 28:19 y el Bautismo en el Nombre de Jesús).

Cristo fue el primer hombre que resucitó para no volver a morir (1. Corintios 15:20), y de la misma manera, todos los que hemos creído en Cristo, heredaremos esa imagen de gloria y de honra que Jesucristo obtuvo por medio de su resurrección (1. Corintios 15:49, Filipenses 3:20-21). Por eso, Jesucristo dijo, que el que resucite en justicia ya no puede morir por ser hijo de la resurrección (Lucas 20:36). Nosotros tenemos una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos, y esa esperanza viva tiene valor porque Cristo resucitó de los muertos (1. Pedro 1:3-5).

La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios y por eso debemos ser transformados en un cuerpo incorruptible (1. Corintios 15:50). Así como una semilla debe ser sembrada para que de ella brote una planta que tiene una forma totalmente distinta a la semilla que fue enterrada, así los hombres muertos resucitarán con un cuerpo totalmente diferente al cuerpo con el que fueron enterrados (1. Corintios 15:37-38). El cuerpo que fue sepultado no es el cuerpo con el que nos levantaremos. Tenemos un cuerpo corruptible que será transformado en un cuerpo incorruptible, tenemos un cuerpo deshonrado que será transformado en un cuerpo glorioso, tenemos un cuerpo débil que será transformado en un cuerpo de poder, tenemos un cuerpo animal que será transformado en un cuerpo espiritual (1. Corintios 15:42-44), tenemos un cuerpo mortal que será transformado en un cuerpo inmortal (1. Corintios 15:53). Aun no se ha manifestado lo que hemos de ser pero sabemos que cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él (1. Juan 3:2).

Jesucristo no resucitó como un espíritu, sino que tenía un verdadero cuerpo glorioso (Lucas 24:39-40). Con ese cuerpo glorioso comió (Lucas 24:41-42, Juan 21:12-13) y comerá la pascua del Nuevo Pacto en el Reino de Dios (Lucas 22:16). Cuando Adán tuvo su cuerpo de gloria, tuvo también la facultad de comer de todo árbol del Edén (Génesis 2:16). Así, cuando nosotros resucitemos, podremos comer del árbol de la vida (Apocalipsis 2:7, 22:2, 22:14). Además, cuando Jesucristo obtuvo su cuerpo glorioso, también pudo gozar de facultades excepcionales, tales como la de aparecer dentro de recintos que estaban completamente cerrados (Juan 20:19), y que solo pudieran identificarlo si Él así lo quería (comparar Lucas 24:15-16 con Lucas 24:31).

Cuando resucitó, el Señor permaneció durante algunos días dando instrucciones a sus discípulos. Luego, reunido con sus discípulos en el monte de los Olivos (Hechos 1:12) fue alzado al cielo y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos (Lucas 24:50-52, Hechos 1:9). El evangelista Marcos escribe, “y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16:19), y Pablo escribe que por su resurrección, fue declarado Hijo de Dios con plenos poderes (Romanos 1:4).

Así, Jesucristo se sentó a la diestra de Dios, solo después de su resurrección y de su ascenso al cielo. En este orden de ideas, la declaración trinitaria de un “Hijo Eterno” que dejó de sentarse a la diestra de “una primera persona” únicamente durante el tiempo de su encarnación, carece de toda validez bíblica.

EL MESÍAS ES EL UNICO MEDIADOR

Las Sagradas Escrituras nos enseñan que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1. Timoteo 2:5-6).

Como se puede apreciar, este versículo está declarando la verdad fundamental de la fe cristiana y es que Dios fue manifestado en carne. El texto declara la Unicidad de Dios cuando afirma que hay un solo Dios, pero también cuando dice que nuestro único mediador es Jesucristo hombre, haciendo un énfasis fuerte en su humanidad. Nosotros comprendemos mucho mejor el significado de estos textos, cuando observamos que el versículo 3 de este mismo capítulo se refiere a Dios como nuestro salvador y el versículo 4 afirma que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. Si el único Dios no se hubiera manifestado en carne, nosotros no tendríamos esperanza de salvación. Fue en su papel humano que Jesucristo pudo salvarnos, “por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:17).

La función de Cristo como nuestro mediador, incluye dos labores opuestas entre sí: la de sacrificio y la de sacerdote. Como nuestro sacrificio sustituto, Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29, Hebreos 9:28); como nuestro sacerdote, Él fue el que presentó la ofrenda y el sacrificio a nuestro favor (Hebreos 8:3). El ministerio sacerdotal de Cristo es superior al de cualquiera de los sacerdotes del tiempo antiguo, por “cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.” (Hebreos 8:6, 9:15, 12:23). En el tiempo antiguo, el sumo sacerdote una vez cada año, entraba con un sacrificio de sangre a la parte más importante y sagrada del lugar de adoración, parte que era conocida como el lugar santísimo, para ofrecer un sacrificio por los pecados propios y por los pecados de ignorancia del pueblo (Hebreos 9:7). Cristo no entró a un tabernáculo terrenal, sino que entró al verdadero lugar santísimo en los cielos de los cielos (Hebreos 6:19-20). Cuando Él ascendió al cielo, entró por las puertas de justicia por donde también entraran todos los que han creído en Él (Salmo 118:19-20) y presentándose con su propia sangre “entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” (Hebreos 9:9). Por eso Jesucristo es sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec (Salmo 110:4, Hebreos 5:6, 5:10, 7:17, 7:21,

“Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.” (Hebreos 7:23-28).

Cuando Cristo efectuó la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (no por medio de algún otro) se sentó a la diestra del trono de la majestad en los cielos (Hebreos 1:3, 8:1, 10:12). Sentarse es postura de reposo, de gobierno y de juicio; también nos indica que el sacrificio de Cristo a nuestro favor, fue una obra completa, pues Cristo ofreció un solo sacrificio por nuestros pecados (Hebreos 10:11-13). Diestra de la majestad, significa que Él se sentó en el lugar de mayor honor, dignidad y poder que se encuentra en los cielos, porque Él es Dios y no hay más. Así, diestra es el lugar de poder, el trono del universo donde Él se sentó, sobre todo imperio, potencia y autoridad (1. Pedro 3:22, Efesios 1:20-22).

Mientras permanezcamos en Cristo, no seremos condenados:

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. (Romanos 8:31-34)

Así, podemos apreciar que la “teología” trinitaria miente cuando nos enseña que una “persona eterna” se sienta al lado de otra “persona eterna” ejerciendo el papel de mediador. No existe ningún mediador llamado “Dios el Hijo” o “el Hijo Eterno” pues nuestro único mediador es Jesucristo hombre, que es la manifestación del Padre en carne.

EL MESÍAS SENTADO A LA DIESTRA DE DIOS

Cuando comprendemos lo que nos enseña la Biblia y es que Cristo es el Dios Fuerte, el Padre eterno manifestado en carne, tenemos la autoridad para denunciar como falsa a la “teología” trinitaria y al dios que ella presenta. También tenemos el entendimiento para comprender el texto que dice:

“Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Salmo 110:1).

Dicho texto, es claramente profético y consiste en una profecía mesiánica que tendría un cumplimiento futuro. En el tiempo en el que David mencionó la profecía, el Cristo solo existía como un plan en la mente de Dios, pues aún no había llegado el tiempo en que Dios se manifestaría en carne (Para mayor información, ver el capítulo 3. La Tradición y la Filosofía en el Desarrollo de la “Doctrina” Trinitaria, especialmente las secciones Juan 1:1 y Lo Que Nos Enseña Juan 1:1).

En el Salmo 110:1, Jehová es una referencia a Dios en toda su Deidad, mientras que Señor es una referencia al Mesías, a Dios manifestado en carne. El texto jamás pretende enseñarnos que una “persona eterna” se sienta desde siempre al lado derecho de otra “persona eterna” pues Dios es uno (Deuteronomio 6:4), no comparte su gloria con nadie (Isaías 42:8) y no tiene ningún lado derecho físico (Juan 4:24).

“Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados?” (Salmo 89:6).

Por eso no podemos tomar esa frase de manera literal, sino en consonancia con la terminología bíblica relacionada con la diestra de Dios.

Jesús usó la profecía del salmo 110, en una charla que sostuvo con los fariseos, donde les indicó que la profecía enseñaba que el Mesías es Jehová mismo manifestado en carne.

 “Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.” (Mateo 22:41-46).

Jesucristo es Dios mismo manifestado en carne. Por eso David reconoció a Jesús como Señor suyo, siendo hijo suyo. Jesús como Dios, es Señor de David; pero como hombre, es hijo de David.

La idea de una “persona eterna” sentada eternamente al lado de otra “persona eterna” es totalmente antibíblica, pues Cristo solo se sentó a la diestra de Dios luego de haber efectuado la purificación de nuestros pecados (Hebreos 1:3). Por eso cuando la Biblia habla del Cristo, del Hijo de Dios, se está refiriendo a la manifestación del único Dios en carne y no a una segunda persona inventada por la “teología” del catolicismo romano.

Cuando Cristo fue exaltado por la diestra de Dios, derramó sobre la iglesia la promesa del Espíritu Santo (Hechos 2:33), pues como el Padre Eterno que es, Él prometió que no nos dejaría huérfanos (Juan 14:18) sino que vendría a nosotros, no en carne sino en Espíritu (Juan 14:16-18).

El creyente depende totalmente de Cristo y su vida está escondida con Cristo en Dios, pues por la obra de Cristo hemos sido reconciliados con Dios.

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3:1-3).

Nuestros ojos deben estar puestos solamente en Jesús, pues Él es el autor y consumador de la fe.

“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” (Hebreos 12:2).

CRISTO GLORIFICADO

Luego de su resurrección, Cristo ya no está sometido a las fragilidades y debilidades humanas pues dejó de ser un siervo sufrido. Ahora Él es el rey de gloria y posee todo el poder de Dios, siendo Señor de todos y el juez justo. La exaltación, glorificación y revelación completa de Cristo se dieron cuando ascendió a los cielos.

“Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.” (Efesios 4:8-10).

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:9-11).

Cuando toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, estará dando gloria a Dios Padre, pues Jesucristo es el Padre manifestado en carne.

“Para abreviar, la Biblia revela que la humanidad de Cristo tenía que calificar para la exaltación y glorificación que ocurrió por su muerte, resurrección, y ascensión. (Vea Salmo 2:7 junto con Hechos 13:32-24; Salmo 110:1-3 junto con Efesios 1:19-23; Salmo 110:4 junto con Hebreos 5:1-11; Isaías 28:16 junto con 1. Pedro 2:6-8; Juan 7:39; 17:1; Hechos 2:33; 3:13; 4:10-12; 5:31; Romanos 1:3-4; Filipenses 2:5-11.) Si Jesucristo no hubiera sido un humano verdadero con toda la posibilidad humana para sufrir, y experimentar la obediencia, el crecimiento, y la transformación, entonces estos textos no tendrían sentido cuando dicen que Él alcanzó la perfección por medio del sufrimiento, y su exaltación luego de su resurrección. Si su cuerpo no tenía ninguna relación biológica o genética con los otros seres humanos, si Él fuera “carne divina” o si por otra parte estuviera exento de la debilidad humana, tales calificaciones serían sin sentido, porque la Deidad no necesita calificar para la glorificación, la exaltación, o cualquier otro papel que Él escoja tomar en los asuntos de su creación. [269]

Todavía sigue siendo cierto que ningún hombre puede ver a Dios en todo su esplendor y gloria máximas (Éxodo 33:20), por eso los cristianos que han visto a Dios, lo vieron a través de Jesús, quien cuenta ahora con un cuerpo humano glorificado.

La Biblia registra tres casos, en los que algunos hombres vieron a Cristo glorificado. Estos hombres fueron Estaban, Pablo y Juan.

“Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.” (Hechos 7:55-56).

Esteban vio a Cristo a la diestra de Dios, es decir a Cristo exaltado, lleno de majestad y gloria. Él vio a Jesús como el único Dios que es. Así, es apenas lógico que el rostro de Esteban brillara como el de un ángel y soportara el martirio al que estaba siendo sometido (Hechos 6:15).

El juicio de Esteban se realizó en el Sanedrin (Hechos 6:15), en el mismo lugar donde el Señor Jesucristo había sido sentenciado a muerte. En ese lugar donde Cristo dijo: “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mateo 26:64, Marcos 14:62, Lucas 22:69), en ese mismo lugar Esteban dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:56), con lo que testificó contundentemente acerca del cumplimiento de las palabras del Señor. Por eso, esos hombres se taparon los oídos y arremetieron contra Él (Hechos 7:57).

Ese relato bíblico, no es ninguna prueba para la enseñanza antibíblica de la trinidad, pues lejos de hablarnos de alguna trinidad, lo que nos está mostrando es que Jesucristo es el único Dios. Aun si pensáramos de manera extrabíblica que Dios tiene un lado derecho físico junto al cual se sienta otra persona que es tan Dios como Él, ese texto nunca sería un aporte para la trinidad, pues nunca hablaría de tres personas, sino más bien de dos dioses, una enseñanza completamente politeísta.

Esteban confesó que Jesús es Dios Padre pues oró a Jesús, cuando la Biblia nos dice que debemos orar al Padre (Mateo 6:9, Lucas 11:2); pidió a Jesús que recibiera su espíritu, cuando la Biblia dice que Dios es el que recibe los espíritus de los hombres (Eclesiastés 12:7); y rogó a Jesús que no tomara en cuenta el pecado de sus asesinos, cuando la Biblia dice que solo Dios puede perdonar el pecado (Isaías 43:25)

“Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” (Hechos 7:59-60).

La segunda persona que vio a Jesús glorificado fue el apóstol Pablo. Aun cuando Pablo era un hombre muy versado en la Escritura estaba actuando en contra de ella. Esto nos enseña que no basta solo con conocer la Santa Palabra sino que hay que entenderla para no pecar contra Dios. Pablo estaba pecando contra Jesús, pues la persecución que estaba realizando contra los discípulos de Cristo (a quienes consideraba un grupo de herejes estúpidos) la estaba haciendo contra el Señor mismo. Con esa actitud, Pablo se estaba haciendo daño a sí mismo, y por eso se dice que “estaba dando coces contra el aguijón”

“Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” (Hechos 9:3-5)

Cuando iba por el camino, Jesús le salió al encuentro. De acuerdo con Hechos 22:6 y 26:13 este acontecimiento ocurrió al mediodía, pero el resplandor de la gloria de Cristo era superior a la luz del sol, de tal manera que Pablo quedó ciego (Hechos 9:8), por lo cual no pudo ver a Cristo sino que solo escuchó su voz. Las palabras del Señor lo conmovieron tan profundamente que desde ese momento no se le conoció más por ser un perseguidor de la iglesia, sino como un gran predicador del evangelio.

El apóstol Juan también vio a Cristo en majestad y gloria. (Apocalipsis 1:10-18)

“La descripción que nos da Juan de Cristo en gloria, es decir, como él lo vio y como ha de venir, nos enseña varias cosas importantes. a) Su ropaje hasta los pies, es el vestido sacerdotal, ya que Él es nuestro sumo pontífice. b) El cinto que cenia su pecho, es el símbolo del reino (Isaías 11:1-5). c) Su cabeza y sus cabellos blancos, porque Él es el anciano de días (Daniel 7:13). d) Sus ojos como llama de fuego, porque Él es el omnisciente, el que todo lo escruta y lo sabe (2. Crónicas 16:9). e) Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno, porque Él es el juez de todos. f) Su voz como el estruendo de muchas aguas, porque así es la voz del Todopoderoso (Ezequiel 1:24). g) Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza, porque Él es el sol de justicia que traerá salvación en sus alas (Malaquías 4:2). El hecho de que el Señor dijo a Juan: Escribe lo que ves y envíalo a las siete iglesias que están en Asia, nos enseña que el Señor quiere que la iglesia lo mire y lo conozca como Él es y cómo ha de venir.” [270]

EL MESÍAS VENDRA POR SEGUNDA VEZ

Las Sagradas Escrituras nos enseñan que está determinado que Cristo vendrá por segunda vez a este mundo para reinar y establecer un reino de justicia. Jesucristo le dijo a Caifás “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. (Marcos 14:62). La aparición de nuestro Señor Jesucristo “mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.” (1. Timoteo 6:13-16). Todo esto tiene sentido porque Jesús es el Dios único manifestado en carne. Juan relató que cuando Jesús murió, un soldado traspasó su cuerpo con una lanza, pero afirma que esto ocurrió para que se cumpliera la profecía dicha por Zacarías que un día los hombres mirarán a Jehová a quien traspasaron (Zacarías 12:10, Juan 19:33-37). Aquel que vendrá en las nubes es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso (Apocalipsis 1:9).

EL MESÍAS ES EL HIJO DEL HOMBRE

Dios se manifestó como un hombre, y por eso Jesucristo recibió el título de Hijo del Hombre. Por el lado de Maria, Jesús heredó toda la relación genética con la humanidad, por eso es parte de la raza humana y descendiente biológico de Adán y Eva.

La Biblia utiliza varios significados para el término Hijo del Hombre.

"(1) Es sinónimo de “varón” en la frase “el hombre... o el hijo del hombre” Sal.8:4. (2) Es el nombre especial con que se designaba a Ezequiel (2:1; 3:1; 4:1) y a Daniel (8:17) y (3) Es un titulo que aparece ochenta y dos veces en los Evangelios con referencia a Jesús; de forma directa solo tres veces en el resto del Nuevo Testamento (Hc. 7:56; Ap.1:13; 14:14) y de una manera indirecta en Hebreos 2:6-10. En los relatos de los Evangelios solo Jesús usa el titulo de sus propios labios, a excepción de Jn.12:34. Era la manera en que prefería denominarse a sí mismo y a su ministerio mesiánico" [271]

En este orden de ideas, el Mesías es aquel Hijo de Hombre que Dios escogió para reinar sobre la humanidad. Dios hará que Cristo reine sobre toda la creación pues todo ha sido puesto debajo de sus pies. En el reinado del Mesías, el nombre de Jehová será magnificado en toda la tierra (Salmo 8). En la carta a los Hebreos se explica que aunque Dios sujetó todas las cosas a Cristo, todavía no vemos que todas las cosas le estén sujetas (Hebreos 9:8), por eso es necesario que Él venga y establezca su poderoso reino. El reinado del Mesías sobre esta tierra, también es conocido como el reinado milenial, pues la Biblia menciona que durará mil años (Apocalipsis 20:6). Luego de este reinado, la tierra será destruida y Dios creará cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia (Isaías 66:22, 2. Pedro 3:10-13, Apocalipsis 21:1)

El reinado milenial abarcara a todo el mundo y la paz no tendrá limite (Isaías 9:7). Ninguna nación se levantará en guerra contra otra, por lo cual todas las armas serán transformadas en otro tipo de elementos que sean útiles para la humanidad (Isaías 2:4). Jesús y sus santos gobernarán el mundo con vara de hierro. (Apocalipsis 2:26-27).

“Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar. Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa.” (Isaías 11:6-10).

Debido a que Cristo debe volver al mundo, sería absurdo pensar que durante su reinado milenial Él dejará de sentarse a la diestra de Dios. Al contrario, su reinado milenial confirma que Él es el varón de la diestra de Dios y el que ostenta el poder de Dios, porque es Dios manifestado en carne. Este análisis exhibe en otra faceta el error de la “teología” trinitaria, pues de acuerdo con esa “teología”, nuevamente la “segunda persona” debería dejar de sentarse a la derecha física de la “primera persona”.

El profeta Daniel presenta a los sistemas de gobierno humanos como bestias (Daniel 7:17), catalogando al último representante de todos estos reinos como la bestia (el anticristo). Todos estos reinos gobiernan el mundo a su respectivo tiempo, pero ninguno lo hace en justicia ya que todos actúan “como bestias”. Daniel muestra que todos los reinos humanos son ineficaces. Todos se levantan con gloria, pero caen reciamente. Ninguno de estos reinos, al igual que ningún sistema de gobierno humano pudo dar al hombre la paz, la prosperidad y la libertad que estaba buscando. Todos con su poder destructivo “como bestias” fallaron en su intento.

Sin embargo, Daniel explica que el reino mundial será dado finalmente a aquel que actúa “como hombre” (Daniel 7:13-14, 7:26-27) en contraste de aquellos que actúan “como bestias”. O sea que lejos de lo que pudiéramos imaginarnos, el titulo Hijo del Hombre aplicado al Señor Jesús no es un titulo de humillación sino de exaltación, pues tiene que ver directamente con aquel que establecerá un reino de justicia en el mundo. Jesús es el rey esperado por todo el mundo, el deseado de las naciones (Hageo 2:7).

EL FINAL DEL REINADO MESIÁNICO

La Biblia nos enseña que el reinado del Hijo tendrá un fin. El Hijo de Dios se sentará a la diestra de Dios hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.

“Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Salmo 110:1).

“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.” (Hebreos 10:12-13).

“Luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y todo poder. Preciso es que Él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte, porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a Él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a Él todas las cosas. Pero, luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos." (1. Corintios 15:24-28).

Cuando Dios creó el mundo, entregó y sometió el dominio del mundo a un hombre, a Adán, quien fue llamado hijo de Dios (Lucas 3:38) y todo lo creado lo puso debajo de sus pies (Génesis 1:27-29, Salmo 8:3-8). Cuando se habla de la creación, se exceptúa de manera muy clara a Dios, pues Dios de ninguna manera debe someterse al hombre. No obstante, el diablo engañó y robó al hombre lo que Dios había puesto bajo su dominio; desde ese momento, el diablo convirtió al hombre en un esclavo suyo (Juan 8:43-44, Romanos 6:16). Como el primer hombre fracasó, vino entonces el segundo Adán, el nuevo Hijo de Dios, que es el Señor del cielo (1. Corintios 15:47) o en otras palabras, Dios manifestado en carne para reivindicar al hombre. Similar a lo que ocurrió con Adán, Dios someterá toda su creación al hombre Cristo Jesús, pero en esta oportunidad el sometimiento de la creación será total, pues incluye a los ángeles (1. Pedro 3:22) y a todos los enemigos del hombre. Tan pronto como todas las cosas le sean sujetas, el Hijo traerá y sujetará todo a Dios (quien le sujetó todas las cosas) para que Dios sea todo en todos los que creyeron.

El fin al que se refiere el apóstol, es la consumación del plan de redención. Estos textos nunca nos enseñan que en un momento especifico, una “segunda persona” dejará de sentarse al lado derecho de una “primera persona” o que una “segunda persona” perderá todo su poder; más bien nos enseñan que Dios dejará de actuar en su papel de Hijo cuando todos los propósitos para la existencia del Hijo sean cumplidos. El Cristo, el Hijo de Dios, es un papel temporal de Dios que solo tiene razón de ser dentro de la obra redentora. Dios fue manifestado en carne para darnos salvación, y por eso Cristo poseerá todo el poder hasta que haya cumplido con el objetivo de derrotar a todos sus enemigos, los cuales son el pecado, el diablo y la muerte. Cuando se haya cumplido a cabalidad la profecía de Génesis 3:15, Dios no necesitara más de su papel humano como rey y juez. La frase de que Cristo pondrá un día el pie sobre sus enemigos, indica la grandiosa victoria que Cristo obtendrá finalmente sobre sus opositores. En los tiempos antiguos, se tenía la costumbre de que el vencedor ponía su pie sobre el cuello del vencido (Josué 10:24).

Cuando Jesús haya vencido en su condición de hombre a todos sus enemigos, se presentará la Iglesia a sí mismo, no a otro. El último acto que Dios realizará en su condición de Hijo es presentarse la iglesia a Él mismo en su condición de Padre. “Cristo amó a la iglesia, y se entrego a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. (Efesios 5:25-27).

Como se puede apreciar, cuando la “teología” trinitaria explica todos estos textos incluyendo a un tal “Dios el Hijo” coigual y coeterno con el Padre, hace perder el verdadero significado a la Palabra de Dios.

EL REINO ETERNO DE NUESTRO SEÑOR

Una vez que Cristo se haya presentado la iglesia a sí mismo, se dará paso al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2. Pedro 1:11, Salmo 45:6-7, Hebreos 1:8, Lucas 1:33), que también es conocido como el reino de Cristo y de Dios (Efesios 5:5) en el que se establecerá el trono de Dios y del cordero (Apocalipsis 22:3). Es importante anotar que el texto se refiere a un solo trono en el que se sentara el único Dios. Cuando la gente desee ver a Dios, verá al cordero, pues el cordero es Dios manifestado en carne. Dios y el cordero son referencias al único Dios que hay, pero no son referencias a ningunas “personas eternas”. Aun si pensáramos extrabiblicamente que el texto se refiriere a dos “personas”, vemos que el texto no hablaría de ninguna trinidad, pues no se menciona para nada a una supuesta “tercera persona”.

En ese reino eterno, Dios será todo en todos los que creyeron (1. Corintios 15:28). Los que hayamos vencido reinaremos con Él por los siglos de los siglos (Apocalipsis 22:5). En el reino mesiánico hubo conflicto y juicio, pero en el reino eterno no existirá nada de esto, pues este reino se desarrollará en unos cielos nuevos y en una tierra nueva donde mora la justicia (Isaías 66:22, 2. Pedro 3:10-13, Apocalipsis 21:1)

¿Esto significa que el Cristo en el que habita toda la plenitud de la Divinidad, y que actualmente está sentado en el único trono, dejará de ser lo que es y de hacer lo que hace? “¿Significa que Dios dejará de usar el cuerpo resucitado y glorioso de Cristo? No, Creemos que Jesús seguirá usando su cuerpo glorioso durante toda la eternidad. Esto es indicado en Apocalipsis 22:3-4, que describe a un Dios visible después de que pase el juicio y después de la creación del cielo nuevo y la tierra nueva: "y no habrá más maldición: pues el trono de Dios y del Cordero estará en ella; y sus criados lo servirán: y ellos verán su cara; y su nombre estará en sus frentes". Jesús es sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:21), Así Él deje de actuar en su papel como sacerdote después de pasar el juicio.” [272]

“Si ahora en este tiempo de Gracia, en Él (en Cristo ascendido y glorificado y sentado en el único trono que hay en el cielo) habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente (Colosenses 2.9), cuánto más después que todas las cosas se hayan cumplido en Él, toda la plenitud de la Divinidad seguirá habitando en Él ¡Aleluya! De lo contrario, hubiera sido en vano para Isaías haberlo llamado, "Admirable, Consejero, Dios Fuerte, PADRE ETERNO y Príncipe de paz" (Isaías 9.6).”  [273]


Referencias

[254] Corazones. El Credo de San Atanasio. "Quicumque". La página corazones es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.
http://www.corazones.org/diccionario/credo_atanasiano.htm
[255] Phillip Gray. Artículo “Dios es uno en Tres.”
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[256] Gonzalo Vega. Artículo “La Preexistencia de Jesús.”
http://www.armonia.cl/secc_renov/edicion_178/perspectiva/perspectiva.htm
[257] Luisa Jeter de Walker. ¿Cuál Camino? Edición Ampliada y Revisada. p 202. Capítulo 11. Solo Jesús. Editorial Vida.
[258] Dan Corner. Artículo “Jesús No es el Padre, pero es Deidad”
www.alcanceevangelistico.org/deidad.htm
[259] Pablo Santomauro. Artículo “Contestando Argumentos de los Pentecostales Unicitarios contra la Doctrina de la Trinidad - Parte 2.” Recursos Cristianos Iglesia Triunfante.
www.salvacioneterna.com/parte_2.pdf
[260] Phillip Gray. Artículo “Dios es uno en Tres.”
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[261] Ministerios Vida Eterna. Artículo “1 Corintios 15:28. ¿Qué quiere decir que El Hijo mismo se sujetará a Dios?”
www.vidaeterna.org/esp/preguntas/1Cor_15-28%20.htm
[262] David K Bernard. La Unicidad de Dios. pp. 33,34. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press.
[263] José De la Cruz Ríos. “Estudio Sobre la Divinidad”. Publicado en Pentecostales Apostólicos del Nombre, la Red de Unción, Bendición y Verdad.
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[264] David K. Bernard. La Unicidad de Dios. pp. 197. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press.
[265] David Hernández. Eduardo Forero. “Una Historia que no Termina” Comienzo de los Primeros años de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia. p 213. Primera edición 2005. Impreso en Editorial Buena Semilla. Colombia Sur América.
[266] Josh McDowell. “Más que un Carpintero” p 121. © 1978 por Editorial Caribe. Impreso en Estados Unidos
[267] Alfonso M. Suárez. Aporte tomado del Foro Pentecostales Apostólicos del Nombre, la Red de Unción, Bendición y Verdad.
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[268] Teodoro De Mopsuestia. Citado por Francisco Lacueva, “Comentario Bíblico de Mathew Henry” p 1697. Traducido y adaptado al castellano por Francisco Lacueva. © 1999 por Editorial Clie. Barcelona, España.
[269] Iglesia Pentecostal Unida Internacional. Position Paper. The Trae Humanity of Jesus Christ. 2006.
[270] Eliseo Duarte. “El Misterio de la Piedad. Dios Fue Manifestado en Carne”. p 61. Editado e Impreso por Fundación Casa de Publicaciones “Comunicando la Verdad” Colombia, Sur América.
[271] Wilton M. Nelson. Juan Rojas Mayo. “Diccionario Ilustrado de la Biblia” Editorial Caribe.
[272] David K. Bernard. La Unicidad de Dios. p. 108. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press.
[273] Alfonso M. Suárez. Aporte tomado del Foro Pentecostales Apostólicos del Nombre, la Red de Unción, Bendición y Verdad.
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