martes, 13 de septiembre de 2011

Tratados Doctrinales I, por Jorge Eduardo Pino Valenzuela

Por Jorge Eduardo Pino Valenzuela


Sin duda este libro debe estar en su biblioteca virtual.  

Todos los temas están relacionados con la doctrina de la Divinidad.

Primer Tratado: Dios, el Único Dios (Shemá)
Segundo Tratado: Echad
Tercer Tratado: Elohím
Cuarto Tratado: Jesús es Dios
Quinto Tratado: Jesús el Padre

Descárguelo dando clic en este enlace:

Jesús el Padre

Por Jorge Eduardo Pino Valenzuela. © Todos los derechos reservados.
Tomado del Libro Tratados Doctrinales I, Págs. 22-27.
Publicado en este blog con permiso del autor.


“Yo y el Padre somos una sola cosa.” (Juan 10:30 N-C).

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6).

“¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” (Proverbios 30:4).

¡Qué radical afirmación!, pero ¿No es radical todo lo que tiene relación con Jesús? Su afirmación de ser una misma y sola cosa con el Padre, puede “sacar ronchas” hoy, tanto como en los tiempos en que aseveró tal posición.

Isaías nos da luces proféticas respecto a la naturaleza del “niño que nacería”, y le llamó el “Padre Eterno”. Y Agur, hijo de Jaqué, profetizó respecto a “su nombre (el de Dios) y el nombre de su hijo”, aún más, nos desafió a conocerle.

Dos Naturalezas

Dios sin dejar de ser Dios, fue manifestado en carne. Como Jesús es Dios manifestado en carne, entonces Él es el único que tiene la naturaleza divina, pero dada su condición humana, entonces también tiene la naturaleza humana. Por eso Colosenses 2:9 dice que en el cuerpo humano de Jesús habita la plenitud (no una parte, no una de tres personas) de la Deidad. 2 Corintios 5:19 también dice que Dios estaba en Cristo. Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Dado que Jesús es Dios manifestado en carne, Emanuel, Dios con nosotros, entonces hay que hacer una marcada diferencia entre las dos naturalezas de Jesús. Aunque sobre este asunto se ha hablado mucho, la gran mayoría de personas ha tenido mucha dificultad para entenderla, porque muchos han abordado este asunto sin seguir la luz de la Palabra de Dios, sino las doctrinas de tradición humana. Pese a que la postura trinitaria dice creer en las dos naturalezas de Jesús, esta difiere por completo de la posición bíblica monoteísta. La Biblia dice que la plenitud (la totalidad) de Dios habita corporalmente en Cristo, presentándolo como 100% Dios y 100% hombre. Mientras tanto, la posición trinitaria niega esto, al decir que en Cristo habitó solamente una de tres personas divinas, por lo cual Jesús no es 100% Dios.  Por más que los trinitarios escriban que creen que Jesús es "100% Dios y 100% hombre", no aceptan a Jesús como el Verdadero y Único Dios, sino que ellos lo declaran en la suposición de que el Padre es la primera persona divina y distinta de otro "Dios",  llamado "Dios el Hijo", la segunda persona en la jerarquía trinitaria.

Al estudiar las dos naturalezas de Cristo, tenemos que tener mucho cuidado, pues aunque nosotros podemos distinguir entre la naturaleza divina y la naturaleza humana de Jesús, no podemos separarlas como lo hizo el nestorianismo. [6] En Cristo, la divinidad y la humanidad se fundieron inseparablemente. Ninguna de las manifestaciones de la humanidad de Cristo, niegan o lo separan de su Deidad. Del mismo modo, ninguna de las demostraciones de su Deidad, niegan o lo separan de su humanidad. La humanidad de Cristo no existe separadamente de la Deidad de Cristo, y la Deidad de Cristo no se reveló totalmente sin la humanidad de Cristo. Al Dios haberse manifestado en carne, entonces la naturaleza divina y la naturaleza humana se fundieron perfectamente en Cristo, y por eso el Hijo es en el Padre y el Padre es en el Hijo (Juan 14:10-11).

En ocasiones Jesús es llamado Dios, (como lo vimos en el tratado anterior “Jesús es Dios”) y otras veces es considerado y llamado hombre. Por ejemplo, Pablo escribiéndole a los romanos y al joven Timoteo le dice:

“Pero el don no fue como la transgresión;  porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos,  abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre,  Jesucristo.” (Romanos 5:15).

“Porque hay un solo Dios,  y un solo mediador entre Dios y los hombres,  Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5).

Es precisamente cuando la Biblia habla de la obra redentora realizada por el Cristo, cuando encontramos referencias a la humanidad de Jesús, dado que Jesucristo realizó su obra en la tierra como un completo hombre:

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo,  Dios envió a su Hijo,  nacido de mujer y nacido bajo la ley.” (Gálatas 4:4).

“Y Cristo,  en los días de su carne,  ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte,  fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo,  por lo que padeció aprendió la obediencia.” (Hebreos 5:7-8).

¿Por qué el Autor y Consumador [7] de la fe oraba? ¿Por qué el Creador de la vida [8] oraba? Precisamente porque estaba haciéndolo desde su humanidad. Pablo nos habla de este misterio:

“Haya,  pues,  en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual,  siendo en forma de Dios,  no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo,  tomando forma de siervo,  hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,  haciéndose obediente hasta la muerte,  y muerte de cruz.” (Filipenses 2:4-8).

Entender esto, ayudará a comprender que las alegadas referencias de los trinitarios a unos supuestos “diálogos” entre personas divinas, no es más que un reflejo de la afectación politeísta con que está contaminada la teología trinitaria. Los trinitarios interpretan las oraciones de Cristo como si se tratara de dos personas consultando entre sí, e intercambiando ideas, en una posición parecida a la de los dioses paganos que según sus adoradores podían consultar y convenir entre sí, dialogando e intercambiando ideas. A lo largo y ancho del Antiguo y del Nuevo Testamento, vemos que Dios repudió el politeísmo, tal como repudia actualmente el trinitarismo, que no es más que politeísmo disfrazado. Las oraciones de Cristo no nos hablan de diálogos, ni siquiera de monólogos, sino que demuestran que la humanidad de Cristo oraba a la Deidad, tal como cualquier hombre oraría a Dios, pues Jesús en su humanidad es nuestro ejemplo completo y perfecto (Juan 13:15).  Jesús como hombre debía orar, pues la Escritura dice: “Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne.” (Salmo 65:2).

¿Cómo es posible que Dios estuviera en el cielo y en la tierra a la vez? Por favor déjeme contestarle con unas cuantas escrituras que responderán por sí solas la pregunta que planteamos:

“Porque nada hay imposible para Dios.” (Lucas 1:37).

“Aprende pues,  hoy,  y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra,  y no hay otro.” (Deuteronomio 4:39).

“Nadie subió al cielo,  sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre,  que está en el cielo.” (Juan 3:13).

“Y si me fuere y os preparare lugar,  vendré otra vez,  y os tomaré a mí mismo,  para que donde yo estoy,  vosotros también estéis.” (Juan 14:3).

Dios no tiene limitantes. Jesucristo prometió estar donde hubiera dos o tres congregados en su nombre. [9] Es decir, Él es el Omnipresente. Él puede hacer presencia aquí en Chile y a la vez hacer presencia en España, sin ningún problema, y esta cualidad sólo es aplicable a Dios. Los textos de Deuteronomio y de Juan, nos dan cuenta de que Jesús ESTABA en ambas partes a la vez. Tanto en el cielo (como Dios) y en la tierra (como el Hijo, o Dios manifestado en Carne).

Pero: ¿Jesús es el Padre?

Ya hemos visto algunos textos, pero examinemos dos más que son cruciales para responder a esta pregunta. Una es del dialogo con sus discípulos y la otra del dialogo con aquellos que no comprendieron esta revelación, los judíos religiosos:

El Diálogo con sus Discípulos

“Le dijo Tomás: Señor,  no sabemos a dónde vas;  ¿cómo,  pues,  podemos saber el camino?  Jesús le dijo: Yo soy el camino,  y la verdad,  y la vida;  nadie viene al Padre,  sino por mí.  Si me conocieseis,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora le conocéis,  y le habéis visto.  Felipe le dijo: Señor,  muéstranos el Padre,  y nos basta.  Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros,  y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí,  ha visto al Padre;  ¿cómo,  pues,  dices tú: Muéstranos el Padre?  ¿No crees que yo soy en el Padre,  y el Padre en mí?  Las palabras que yo os hablo,  no las hablo por mi propia cuenta,  sino que el Padre que mora en mí,  él hace las obras.  Creedme que yo soy en el Padre,  y el Padre en mí;  de otra manera,  creedme por las mismas obras.” (Juan 14:5-11).

Hay muchas particularidades en este texto. La primera es la expresión “nadie viene al Padre”. Si aceptamos que la Palabra de Dios es inspirada y no contiene contradicciones, debemos aceptar que la palabra “viene” no correspondería en esta frase, porque si el Padre fuera una persona diferente dentro de una supuesta trinidad, Jesús debió referirse de la siguiente manera: “nadie va al Padre”, pero según seguimos leyendo el texto, Jesús estaba a punto de revelar muy directamente la discutida frase de Juan 10:30: “Yo y el Padre una misma cosa somos”.

Por lo tanto, no es que las traducciones o el escritor sagrado cometieran un error, sino más bien, es el Espíritu de Dios, inspirando la pluma de Juan para revelar la hermosa doctrina de que Dios fue manifestado en carne, o como el mismo Juan lo describiera, y Aquel Verbo (que era Dios) se hizo carne. Ir a Jesús, significa ir al Padre, porque Jesús es Dios el Padre manifestado en carne.

La segunda declaración es: “Si me conocieseis,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora le conocéis,  y le habéis visto.” Conocer a Jesucristo es conocer al Padre, pero no tan solo referente a que él reflejaba sus cualidades, porque la expresión “ahora le conocéis y le habéis visto”, es determinante en cuanto a que Jesús es el Padre que se encarnó. El mismo Dios del Antiguo Testamento, al que llamamos Padre por ser el Creador y Sustentador de todo, a “tabernaculizado” (Juan 1:14), es decir, se ha cubierto de un velo de carne y llega a ser nuestro Emanuel (Dios con nosotros). Isaías no estaba equivocado, al decir que el Niño que nacería es el “Dios Fuerte y Padre Eterno”. [10]

Pero el texto continúa dándonos luz respecto a esto. Felipe, al no digerir muy bien todo lo que el Maestro le estaba diciendo, preguntó en afán de aclarar sus dudas: “muéstranos al Padre”. Y más que un reproche, Jesús le dio luz respecto a su identidad divina: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros,  y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí,  ha visto al Padre;  ¿cómo,  pues,  dices tú: Muéstranos el Padre?  ¿No crees que yo soy en el Padre,  y el Padre en mí?  Las palabras que yo os hablo,  no las hablo por mi propia cuenta,  sino que el Padre que mora en mí,  él hace las obras.  Creedme que yo soy en el Padre,  y el Padre en mí;  de otra manera,  creedme por las mismas obras.”

A Felipe y a todos los que estaban presentes, se les dio una revelación que perduró en la doctrina apostólica durante las oportunidades en que se refirieron a Jesús y a su divinidad. Jesús es el Padre, aunque Felipe no lo hubiese entendido en todo el tiempo que había pasado con Cristo hasta ese momento. La pregunta sigue siendo válida hasta hoy. Muchos sinceros, pero equivocados seguidores de Cristo, siguen pensando en Jesús como una segunda persona, o un alguien distinto al Padre, al Dios Verdadero. Ellos saben que existe una distinción entre la humanidad y la divinidad de Jesús, pero no han entendido que Jesús en su divinidad no tiene divisiones sino que es el Dios Absoluto, Creador del cielo y de la tierra, la imagen misma de la sustancia de Dios. Ellos siguen pidiendo “muéstranos al Padre”, y la respuesta sigue siendo la misma: “El que me ha visto a mí [a Jesús], ha visto al Padre”. Los cristianos unicitarios tenemos revelación en este asunto, pues creemos a las Palabras de Jesús, de que el Padre mora o “tabernaculiza” en el cuerpo del Hijo, porque Jesús es Dios mismo (el Padre mismo y nadie más) mostrándose o dándose a conocer en carne.

El Problema Trinitario

De las últimas palabras de Cristo en este texto, desprendemos un problema para el trinitario. ¿Si Jesús fuera solamente el Hijo, entonces ¿cómo puede el Padre estar en el Hijo y a la vez el Hijo en el Padre?, ¿Cómo es que el Hijo confesó que el Padre moraba en Él y que Él era la manifestación del Padre, y no de un tal “Dios el Hijo” o un “Hijo Eterno”? La Palabra de Dios nos vuelve a señalar:

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas,  según las tradiciones de los hombres,  conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.  Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.” (Colosenses 2:8-9).

Pablo, por medio del Espíritu Santo, proféticamente previó el error doctrinal que se iba a producir en el siglo III respecto a las filosofías humanas que se mezclaron con la doctrina judeo-cristiana, y profirió que en Cristo habita TODA la plenitud (no una parte) de la divinidad.

Así es lector. Es en Cristo donde encontramos encarnada la totalidad de la divinidad… Dios, nuestro Padre, tomó un velo de carne [11] y se manifestó como hombre. [12] Es a esa condición  [13] a la que llamamos el Hijo de Dios.

“Y aquel Verbo fue hecho carne,  y habitó entre nosotros  (y vimos su gloria,  gloria como del unigénito del Padre),  lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).

El Diálogo con los Judíos Religiosos

Este dialogo probablemente sea el que más representa a la disyuntiva actual de los trinitarios con la doctrina pentecostal del Nombre de Jesús. Los agentes son tan similares, que me veo tentado a decir: “cualquier semejanza con la realidad, es absolutamente a propósito”

“Y les dijo: Vosotros sois de abajo,  yo soy de arriba;  vosotros sois de este mundo,  yo no soy de este mundo.  Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados;  porque si no creéis que yo soy,  en vuestros pecados moriréis.  Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres?  Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.  Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros;  pero el que me envió es verdadero;  y yo,  lo que he oído de él,  esto hablo al mundo. Pero no entendieron que les hablaba del Padre.” (Juan 8:23-27).

Este texto fue revelador apenas lo leí. Un grupo de personas religiosas discutiendo sobre ¡Quién es realmente Jesús! Al igual que en estos tiempos, el Señor sigue sin ser entendido realmente. Lo ha repetido a través de todo el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Pacto sigue haciéndolo, pero el mundo religioso sigue en la ignorancia tocante al Señor Jesús… Dios manifestado en Carne, el Padre tomando forma de siervo, Jehová cumpliendo sus promesas. [14]

Existe una gran necesidad de saber quién es realmente Jesús. Como lo comentamos en el tratado “Jesús es Dios”, la frase “YO SOY” no es una frase al azar, sino una declaración abierta de la Deidad de Jesús. Frente a la pregunta abierta de los religiosos “¿Tú, quién eres?”, Jesús hace referencia a todas sus declaraciones anteriores, desde que empezó a declarar la Palabra de Dios, Jesús decía algo constantemente que los fariseos y saduceos no querían entender.

La declaración es cerrada y definitiva. El verso 27 da la respuesta a todas las preguntas que los hombres religiosos hacían, y hasta el día de hoy hacen: “no entendieron que les hablaba del Padre.”

Querido lector, si usted aún no ha aceptado esta realidad, le insto en el amor de Cristo que hoy lo haga definitivamente, entienda de una vez: ¡Jesús en su Deidad es el Padre!

Terminaremos con una escritura más en este tratado. Isaías, el gran profeta del anunciamiento de la encarnación de Dios, nos habla del tiempo mesiánico, cuando el Cristo aparecería en la tierra y nos consuela con las siguientes palabras. Espero que el día de hoy, usted pueda reconocer su sentido, y pueda reconocer al Verdadero Dios y la Vida Eterna:

“Decid a los de corazón apocado: Esforzaos,  no temáis;  he aquí que vuestro Dios viene con retribución,  con pago;  Dios mismo vendrá,  y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos,  y los oídos de los sordos se abrirán.  Entonces el cojo saltará como un ciervo,  y cantará la lengua del mudo;  porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.  El lugar seco se convertirá en estanque,  y el sequedal en manaderos de aguas;  en la morada de chacales,  en su guarida,  será lugar de cañas y juncos.  Y habrá allí calzada y camino,  y será llamado Camino de Santidad;  no pasará inmundo por él,  sino que él mismo estará con ellos;  el que anduviere en este camino,  por torpe que sea,  no se extraviará.”  (Isaías 35:4-8).

Le insto querido amigo, a buscar al Dios verdadero, no pierda tiempo. Le aseguro que si así lo decide, no se extraviará…


Referencias

[6] El escritor pentecostal David K. Bernard, escribe en la página 92 de su reconocido libro La Unicidad de Dios, que el Nestorianismo explica lo humano y lo divino en Cristo, diciendo que Él era Dios viviendo en una casa humana. En otras palabras, según el nestorianismo, Jesús tenía dos naturalezas distintas unificadas no en sustancia sino solamente en propósito, acción y aspecto. Esta posición implica que Cristo estaba dividido en dos personas, y que la persona humana podría haber existido en ausencia de la persona divina. Como lo explicamos aquí, la posición nestoriana no está acorde con la Escritura, que enseña que la humanidad y la divinidad de Jesús son inseparables, pues Cristo no es la unión de una persona humana y una persona divina, sino la manifestación de Dios en carne.
[7] Hebreos 12:2. Nos habla de Jesús el Autor de la Fe, quien obviamente es Dios.
[8] Hechos 3:15. Nos habla que “mataron al AUTOR de la Vida”… quien más que Dios es el Autor de la Vida.
[9] Mateo 18:20
[10] Isaías 9:6
[11] Hebreos 10:5 y 10:20
[12] 1 Timoteo 3:16; Juan 1:1 y 14
[13] Filipenses 2:6-11
[14] Isaías 43:10; Isaías 9:6; Isaías 35:4


Ver También:


domingo, 11 de septiembre de 2011

La Honestidad y La Integridad - Reflexión Bíblica


Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados.
Capítulo 11 del Libro En Busca de la Santidad


“No hurtarás” (Éxodo 20:15).

“No hurtes... no defraudes” (Marcos 10:19).

En este capítulo estudiaremos diversas preguntas con relación a la honradez y a la honestidad personal; específicamente, el robo, la extorsión, la defraudación, y el soborno. En el Capítulo IV se habla acerca de las mentiras.

El robo. Una de las enseñanzas básicas de Biblia es que debemos respetar la propiedad y las posesiones de otros. El robo es simplemente el hecho de tomar la propiedad de alguien más sin su permiso. Esto se aplica no importa si el valor de lo que ha sido robado sea mucho o poco. Asimismo, el robo está mal aun cuando la víctima es muy rica y el ladrón es muy pobre. La solución bíblica en este tipo de casos es: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Efesios 4:28). También, “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2. Tesalonicenses 3:10). Algunas filosofías enseñan que si una persona pobre realmente necesita algo, lo puede tomar de una persona rica quien podría fácilmente reemplazarlo. Otros enseñan que si algo no está protegido, los propietarios no piensan que es valioso, y entonces puede ser llevado. Sin embargo, estas son meramente filosofías del hombre y no la Palabra de Dios. Tanto la ley de Moisés en la forma en fue dada por Dios, como la enseñanza de Jesús mismo, no permiten ningunas excepciones, pero simplemente dicen, “No hurtes.”

El concepto de robar es claro, pero queremos citar varios ejemplos para definirlo en una manera práctica.

1. Sacar un libro de una biblioteca y no devolverlo es robar.

2. Llevar abastecimientos de una organización sin pagar por ellos o sin el consentimiento de uno que está encargado de ellos simplemente es robar.

3. Sacar el préstamo de un dinero sin intenciones de pagarlo o sin hacer un esfuerzo de repagarlo es robar. Esto es verdad aun en el caso de una iglesia local que recibe un préstamo de su organización para un programa de construcción.

4. Según Malaquías 3:8-12, un hombre puede robar a Dios por retener el diezmo (diez por ciento de su ingreso) y las ofrendas (las donaciones voluntarias de cualquier cantidad). Aquí no se pretende hacer un estudio sobre el diezmo, pero queremos notar brevemente unos hechos acerca de esto. El diezmar no fue instituido bajo la ley; porque Abraham y Jacob diezmaban (Génesis 14:20, 28:22). Jesús lo endosó (Mateo 23:23) y Pablo dio lecciones acerca de los diezmos y las ofrendas (1. Corintios 9:7-14. Véase también Hebreos 7:5-10). Note que aun los ministros diezman (Nehemías 10:38, Hebreos 7:9). Muchas otras escrituras enseñan que debemos diezmar (Véase Levítico 27:30, Números 18:21, Deuteronomio 14:22, Proverbios 3:9, Lucas 11:42).

5. A veces, algunos individuos se llevan abastecimientos o dinero que pertenecen a una iglesia o a una organización, y se justifican así: “Esto pertenece a la organización y yo soy un miembro de la organización, entonces esto es mío.” Un hombre tomó un dinero que le fue entregado para alquilar un edificio para la iglesia pero en cambio él alquiló otro edificio en su propio nombre. Él razonó así, “Este dinero pertenece a Dios y yo soy un hijo de Dios, entonces yo tengo tanto derecho de usar este dinero como alguien más.” Este tipo de razonamiento claramente está mal.

Esto sería similar al caso en que alguien dijera: “Yo soy un ciudadano de la nación, entonces yo tengo derecho de tomar propiedad del gobierno. Yo tengo derecho de usar el dinero de los impuestos en la manera en que yo quiera.” Si alguien realmente hiciera el intento de hacer esto, probablemente llegaría a ser encarcelado. Aun Jesús pagaba los impuestos y Él enseñaba a los otros que deberían pagarlos también (Mateo 17:24-27, 22:15-22). Este razonamiento torcido diría que nosotros tampoco tenemos necesidad de diezmar, pero como ya hemos visto, Jesús dijo que tenemos que hacerlo.

Los que han usado estos argumentos tienen un modo tergiversado de pensar. Lo que ellos se olvidan o ignoran, es que la organización o la iglesia tiene una línea de autoridad que ellos deben obedecer. En las situaciones que hemos descrito, el dinero ha sido entregado o ha sido designado para un cierto propósito, y hay un mayordomo sobre ese dinero. Si alguien toma ese dinero (o ese abastecimiento) sin el permiso del mayordomo, le roba al mayordomo y finalmente a Dios. Si él usa el dinero (o el abastecimiento) de una manera no autorizada, viola su propia mayordomía. Las leyes humanas aun reconocen la autoridad de una iglesia o una organización, y clasifican tales acciones como un robo.

Todos los casos arriba mencionados son ejemplos de robos absolutos. No importa la excusa, estas personas han tomado algo que no era suyo, y sin recibir la autoridad o el permiso del propietario actual.

El fraude. Además del robo simple, hay otras maneras deshonestas de tomar dinero o propiedad. Ambos testamentos nos dicen que no debemos defraudar (Levítico 19:13, Marcos 10:19, 1. Corintios 6:8, 1. Tesalonicenses 4:6). Defraudar significa engañar, embaucar, tomar por medio de una trampa, o tomar por medio de la decepción. Nuevamente, daremos algunos ejemplos prácticos para ilustrar el concepto.

1. Los comerciantes. Los comerciantes pueden defraudar por tener balanzas pesadoras incorrectas, por dar a propósito de menos en el cambio a un cliente, o por deliberadamente medir menos producto de lo que un cliente realmente paga. Ellos pueden defraudar también por dar mercaderías dañadas al cliente que no sabe.

2. Las ventas. Un vendedor puede defraudar por dar descripciones exageradas y crear unas impresiones falsas. Si usted es un vendedor, venda algo acerca de lo cual usted pueda dar una recomendación buena sin mentir. Si vende algo, conteste honestamente a las preguntas del comprador, y no esconda a propósito unos hechos importantes acerca del producto que ha vendido.

3. El dinero. Si alguien recibe un dinero que está destinado específicamente para un cierto propósito, pero lo gasta para otra cosa, esto es defraudar. Por ejemplo, si alguien pide dinero específicamente para un boleto de primera clase en un tren, entonces debería usarlo para eso. Si él gasta el dinero para otra cosa, o si él compra un boleto más barato y embolsa la diferencia, está defraudando. Si un ministro recibe una cierta cantidad para construir una iglesia y realmente la construye por menos, no puede gastar la diferencia en otra cosa sin el permiso del donante.

4. Los recibos. Si alguien recibe una cierta cantidad de dinero para comprar algo, y ese objeto cuesta menos, debe devolver la diferencia. Si altera el recibo para mostrar un costo diferente, está mintiendo (en el papel) así como también está defraudando.

5. Los documentos. Si alguien crea documentos falsos tal como un diploma falso de graduación, está defraudando al receptor. Si el receptor recibe tal documento sabiendo que es falso, él a la vez está defraudando a la organización en la cual lo está aceptando.

6. La información. Una persona puede ser culpable de fraude si omite información valiosa y pertinente cuando alguien le pide que explique algo. Decir solamente una parte de la verdad puede ser engañoso.

7. Los obreros. Cuando una persona trabaja por una cantidad de dinero, él vende su tiempo a cambio de ese dinero. Por lo tanto, debe hacer el empeño de dar a su patrón la cantidad de tiempo o rendimiento que fue acordado. Si abandona la obra temprano o sale cuando el jefe no está, está defraudando. Por supuesto, hay momentos en el trabajo cuando uno necesita relajarse o descansar, simplemente a fin de poder trabajar mejor. También, puede haber momentos en una oficina, por ejemplo, cuando no hay mucho que hacer. Si usted no está ocupado, puede ser permisible hacer algunas cosas personales. Sin embargo, no debemos descuidar nuestro trabajo a causa de aquellas cosas. En este caso, su jefe piensa que usted está ocupado con su trabajo, pero en realidad está robándole de su tiempo y está dándole una impresión falsa.

No permita nunca que se diga que no se puede confiar en un cristiano en un rendimiento fiel de su tiempo en el trabajo. Trate de llegar a tiempo. Si necesita tomar tiempo por razones personales, consiga el permiso. Si llega tarde a su trabajo sin excusa, trabaje tiempo extra para compensar el tiempo perdido. Recuerde, somos los representantes de Jesucristo, y nuestras vidas son un testimonio de Él. Puesto que somos cristianos, nuestros patrones deben poder confiar en nosotros de ser honestos aunque ellos estén presentes o no. Recuerde que Dios lo ve cuando usted engaña y defrauda, aunque nadie más lo vea.

Una palabra a los ministros es apropiada aquí. Los ministros aceptan el diezmo de la gente, entonces les deben una responsabilidad. Uno de los trabajos más importantes de un ministro es la supervisión, tanto de los creyentes como de los incrédulos. Él debe ponerse en contacto especialmente con los enfermos, los ausentes, los visitantes, y los que tienen interés en la iglesia. Los ministros son llamados por Dios para ser sus trabajadores. Sin embargo, algunos ni siquiera se disciplinan a levantarse temprano en la mañana. Esta es la pereza. Si usted es un ministro y su área de labor es demasiada pequeña, entonces salga afuera y testifique en una aldea o en un pueblo vecino. Siempre hay una oportunidad de esparcir el evangelio. Siempre hay más trabajo que se puede cumplir.

Una pregunta para los ministros: ¿Aparte del tiempo que usted pasa en los cultos de la iglesia, pasa usted un mínimo de cuarenta horas a la semana trabajando activamente por Dios?

No deba a nadie nada. Romanos 13:8 dice, “No debáis a nadie nada.” ¿Significa esto que no podemos pedir ninguna cosa prestada ni comprar alguna cosa a plazos? No. Si usted pide dinero prestado y promete repagarlo por el décimo día del mes, entonces usted no debe legalmente ese dinero hasta el décimo día del mes. Esta escritura se aplica únicamente si no paga por el día que prometió. Usted está en peligro con Dios si no paga a tiempo. Puede pedir prestado, pero debe repagar. Prestar algo sin devolverlo es robar. Conseguir algo prestado sin intensión de repagar es defraudar.

Si ha prometido pagar fielmente y no puede a causa de algún problema inesperado, entonces debe ir ante su acreedor, darle una explicación, y pedirle una extensión de tiempo. Entonces, puede pagárselo más tarde. Si usted no pide una extensión, ha roto su promesa de repagarlo, y le debe, y esto es una violación de Romanos 13:8.

A veces se presenta un problema cuando alguien comienza un proyecto “por la fe.” Un pastor no tenía los fondos para construir una iglesia, pero ordenó los materiales “por la fe” y comenzó a construir. Luego no pudo pagar sus deudas. El resultado fue que el ministro y la iglesia obtuvieron un mal nombre en la comunidad. Él causó que los incrédulos se burlaran y despreciaran al cristianismo por sus acciones. Esto no es operar por la fe sino por la necedad. Si usted quiere construir una iglesia por la fe, ahorre su dinero por la fe, y construya de acuerdo a la entrada del dinero. Haga todo lo que pueda y espere por la fe el próximo desarrollo. ¿Por qué no debe tener la fe de recibir el dinero antes de que usted lo gaste? Jesús dijo, “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?” (Lucas 14:28).

Frecuentemente también se presentan problemas cuando alguien pide prestado algo de otra persona a nombre de la iglesia. Un diácono pidió dinero prestado de un individuo, diciendo que la iglesia lo necesitaba. Realmente él lo necesitaba personalmente y no tenía los medios de repagar la deuda. Por hacer esto, él perdió sus calificaciones bíblicas para su puesto, porque mintió; debía dinero que no podía repagar, y causó que otros perdieran confianza en la iglesia.

La conclusión es que cuando usted pide prestado algo, debe tener la intención de repagar a tiempo y algunos medios esperados para hacerlo. Debe repagar lo que ha pedido prestado, a menos que el prestamista le libere. De otra manera, usted ha actuado en contra de la Palabra de Dios.

La extorsión. Los estafadores no heredarán el reino de Dios (1. Corintios 6:10). De hecho, los cristianos tienen el mandamiento de no tener comunión con los que se llaman creyentes pero que son estafadores (1. Corintios 5:11). Extorsionar significa obtener dinero o favores por medio de la violencia, la amenaza, o el mal empleo de la autoridad. De acuerdo a la Biblia esto es un pecado.

Comúnmente pensamos acerca de la extorsión desde el punto de vista del dinero, pero el dinero no tiene que andar necesariamente metido. Una forma de estafar es por medio del chantaje— usando una amenaza de exposición. Aquí hay algunos ejemplos de extorsión:

1. El Sr. A robó un dinero antes de llegar a ser un cristiano. Un viejo conocido, el Sr. B. exigió que el Sr. A le ayudara a conseguir un empleo en la oficina del Sr. A. Si no lo hacía, el Sr. B lo amenazó con hacer conocer la vida pasada del Sr. A, con el probable resultado de que el Sr. A sería despedido. El Sr. B es culpable de extorsión, aunque ande pidiendo un favor y no dinero.

2. El Sr. A siempre salía de la oficina cuando el gerente se iba. Una vez la Srta. B pidió al Sr. A algunas estampillas de correo que él tenía. Cuando el Sr. A rehusó, la Srta. B amenazó con contar al gerente de las ausencias del Sr. A. El Sr. A es culpable de defraudar, pero la Srta. B es culpable de extorsión.

3. Un predicador vive en una casa que pertenece a la iglesia. Le han solicitado su renuncia, pero él se rehúsa a dejar la casa pastoral a menos que la iglesia le dé una grande suma de dinero. Por supuesto, si él se quedara, crearía un problema y apartaría a mucha gente de la iglesia. Aunque el predicador no ha usado la fuerza física, no obstante ha usado la fuerza. De todos modos esto es extorsión. Los ministros (o cualquiera otras personas) que hacen algo así como esto, están ignorando la Palabra de Dios. La Biblia nos dice que no debemos tener comunión con ellos, y que ellos no irán al cielo.

La usura. Puesto que estamos tratando con los asuntos financieros en este capítulo, esto parece ser un buen lugar para explicar la usura. Varias escrituras del Antiguo Testamento condenan la usura (Salmo 15:5, Ezequiel 18:8-17, 22:12). La palabra en su sentido general original se refiere al interés cobrado por los préstamos. En la usanza más moderna y restringida, significa el interés exorbitante, inescrupuloso o excedente. En nuestro día podemos igualar esto al interés que es cobrado por un usurero de préstamos. Bajo la Ley, los Israelitas no podían cobrar usura al pobre o a sus hermanos (Éxodo 22:25, Deuteronomio 23:19-20). Tradicionalmente, los judíos han considerado que esto es una prohibición en contra del cobro de interés a una persona judía.

Proverbios 28:8 implica que el interés injusto o excedente es lo que particularmente no le gusta a Dios. El Nuevo Testamento no tiene ninguna enseñanza específica sobre el tema. Jesús contó una parábola acerca de un siervo perezoso que fue reprendido por no prestar el dinero de su dueño a fin de ganar los interés y hacer una ganancia (Mateo 25:27, Lucas 19:23).

Los sobornos y los regalos. Este tema es de importancia vital en la discusión acerca de la integridad, y especialmente la integridad de los líderes. La Biblia enseña acerca de la maldad de recibir los sobornos. Dice que no debemos recibir un regalo para que la justicia sea pervertida. Note que un soborno no tiene que consistir necesariamente de dinero, pues puede ser un regalo no monetario o un favor dado a cambio de un favor. Éxodo 23:8 dice, “No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos.” Los regalos pueden cegar al sabio y pueden causar que el honrado peque. Deuteronomio 16:18-19 repite las mismas palabras y también proclama, “Jueces y oficiales… juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas excepción de personas, ni tomes soborno.” El impío toma un soborno para pervertir las sendas de la justicia (Proverbios 17:23), y las manos de los malhechores están llenas de sobornos (Salmo 26:10). “Las dádivas corrompen el corazón” (Eclesiastés 7:7).

Por supuesto, hay tiempo para dar regalos, y hay tiempo para recibirlos. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado. Según estas escrituras, cualquier regalo que lo deja a usted obligado con el donante, puede ser una ocasión para el pecado. Si un regalo afecta su juicio o hace que otorgue un favor ilícito, entonces usted tiene la culpa de haber recibido un soborno. Si usted exige un regalo, directamente o indirectamente, para el mero desempeño de su deber, entonces es culpable de extorsión, aun cuando el favor que usted desempeña en recompensa sea legítimo. Si un soborno se da para circunvenir la justicia, tanto el donador como el receptor han pecado ante los ojos de Dios. Los hijos de Samuel son ejemplos de personas que pecaron por aceptar sobornos (1. Samuel 8:3).

Isaías 33:15-16 describe el tipo de persona que agrada a Dios. “El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho… éste habitará en las alturas.” Este tipo de persona desprecia el engaño y la ganancia injusta. No extorsiona, no oprime al pobre, no engaña a la gente, ni obra falsamente. No busca ni espera sobornos, y rehúsa a aceptarlos si le son ofrecidos. Este es un buen ejemplo para los que ocupan posiciones del liderazgo y de la autoridad.

Aquí, queremos advertir que los ministros no deben aceptar el dinero por orar por alguien, o por bautizar a alguien. Quizás esto no es un soborno, pero es un regalo que es impropio de recibir. El evangelio y sus beneficios son gratuitos. Nadie debe tratar de cobrar dinero por las bendiciones, las sanidades, el bautismo o la salvación. Pedro reprendió a Simón por haber tratado de comprar el bautismo del Espíritu Santo (Hechos 8:19-20). El profeta Eliseo rehusó aceptar un regalo de Naamán cuando él fue sanado de la lepra.  Cuando Giezi, el siervo de Eliseo, de todos modos aceptó secretamente los regalos de Naaman, fue castigado con la lepra. Eliseo le reprendió, diciendo, “¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos?” (2. Reyes 5:26-27). Si la gente que recibe bendiciones de Dios quiere dar una ofrenda de acción de gracias, que se la den a la iglesia.

Como una palabra general de cuidado, recuerde que muchas veces un regalo se da para poner a un líder bajo obligación. Después de que el regalo ha sido aceptado, el donador pide un favor. Si esto sucede, el regalo puede llegar a ser un soborno para destruir la conciencia, para pervertir la justicia, o para obtener un favor no permisible. Use la sabiduría en cuanto a la aceptación de regalos. Debido a las circunstancias, quizás tendrá que rehusar un regalo, devolverlo, o por lo menos no dejar que lo influya.

Queremos considerar unas situaciones difíciles.

Suponga que usted está encargado de contratar a un trabajador, y alguien desconocido le da a usted un regalo. Puede ser que esta persona le está dando esto para influirle u obligarle. Usted puede sentirse obligado a contratarle. En sí, esto puede o no puede obligarle a hacer algo que está legalmente incorrecto. Sin embargo, no está actuando de una manera que sea justa para los otros solicitantes. También, puede pasar por encima de un candidato más capacitado y así engañarse a usted mismo o a su compañía.

Suponga que un creyente hace algo mal en la iglesia y lastima a mucha gente. El requisito Bíblico es que aquel creyente pida perdón. En cambio este individuo va ante el pastor llevándole un pastel. Por más que le guste el pastel, o cuan amistoso se sienta el pastor como resultado, la persona debe confesar el mal. No se puede permitir que los regalos anulen las soluciones y los requisitos bíblicos.

Una vez más, queremos enfatizar que un soborno no es siempre de naturaleza monetaria. Por ejemplo, suponga que usted es un nuevo empleado en una cierta compañía, y quiere que todos piensen que usted es simpático.

Un compañero de trabajo quiere que usted haga algo incorrecto, tal como aceptar unos documentos falsos. ¿Puede hacer esto? No. Aunque no está recibiendo dinero, está haciendo un favor ilegítimo para en cambio recibir la buena voluntad o la seguridad del trabajo, o un favor futuro. Esto siempre será soborno y siempre será deshonesto.

Hay una situación más que causa problemas en muchas partes del mundo. Frecuentemente, al tratar con ciertos funcionarios, usted ve que no puede lograr nada. Ellos rehúsan aprobarle en una inspección, aprobar sus planes, o no le dejan concluir su negocio a menos que usted les de dinero extra. ¿Es esto soborno? ¿Puede usted darles dinero con una conciencia limpia? Esto ciertamente es un comportamiento ilegal e inmoral por parte del funcionario. Como una nación, debemos tratar de eliminar tal sistema de sobornos y comisiones ocultas. Si usted pide una preferencia especial respecto a otros, o que el funcionario ignore algún defecto de su parte, entonces dar el regalo constituye el soborno. Sin embargo, si usted simplemente trata de hacer que cumpla su trabajo, o que sea tan justo con usted como con los demás, entonces eso no es incorrecto. Usted no está pidiendo nada ilegal ni nada que no sea ético, pero simplemente lo está instando para que desempeñe su obligación. Lamentablemente, este es un sistema establecido en muchos lugares. Por supuesto, un cristiano no puede exigir un pago así porque esto es extorsión. Sin embargo, si usted no está pidiendo que alguien haga algo incorrecto o de favorecerle injustamente, entonces no ha hecho nada incorrecto en cumplir con aquella demanda.

En pocas palabras, la Biblia dice que no podemos aceptar sobornos. Podemos aceptar regalos solamente si ellos no nos obligan. No debemos dejar que ningún regalo o favor destruya nuestras consciencias ni que nos haga pervertir el juicio. A la vez, no debemos tratar de obligar a nadie más mediante regalos, favores o sobornos.

La honestidad y la integridad hoy. Tal como en los días antes del diluvio, parece que la tierra entera está corrompida (Génesis 6:11). La corrupción ha sido descubierta en las altas posiciones del gobierno, de la política, de los negocios y aun de las iglesias. Hay muchos extorsionadores y charlatanes religiosos. Los empresarios, empleados del gobierno, abogados, líderes de todo tipo y aun los trabajadores comunes, están siendo expuestos a tentaciones constantes en relación a la honestidad. La integridad está desapareciendo rápidamente, pero todavía es algo que debe ser apreciado y protegido. ¡Bendito es el hombre que no cambia su palabra aun cuando al no hacerlo le hace daño a sí mismo (Salmo 15:4-5)! ¡Cuán bendecido es el hombre que no vende su integridad por ningún precio! “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).

jueves, 8 de septiembre de 2011

Defensa de la Inerrancia y del Canon de la Escritura


Por  Jason Dulle, © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


Inerrancia

Siempre ha sido común, que los no-creyentes argumenten en contra de la inerrancia de la Escritura. Sin embargo, recientemente algunos “cristianos” se han unido a sus filas. A la luz de los ataques que están siendo dirigidos contra la fiabilidad, la inspiración y la veracidad de las Escrituras, tanto desde afuera como desde adentro de las filas de la cristiandad, es importante que los cristianos sean capaces de defender la infalibilidad de la Escritura contra esos ataques que están basados en un razonamiento erróneo. Un argumento común en contra de la infalibilidad de la Escritura es algo como esto:

P1 Los libros de la Biblia fueron escritos por hombres.
P2 Los hombres cometen errores.
________________________________________
C1 Por lo tanto, hay errores en los libros de la Biblia

Es cierto que fueron hombres quienes escribieron los libros de la Biblia. Pero la Biblia no solo confiesa abiertamente su autoría humana, sino que también reclama su paternidad divina, enseñando así a una doble autoría. Los no-cristianos se equivocan en que ignoran y/o niegan el origen divino (mientras que algunos cristianos, a menudo se equivocan en minimizar o ignorar los elementos humanos de la Biblia). Es discutible se dio la relación entre los elementos divino y humanos de la autoría bíblica. Se han desarrollado varias teorías sobre la naturaleza exacta de dicha relación, pero la evidencia bíblica favorece la idea de que Dios usó para sus propósitos a hombres particulares, que escribieran lo que Él deseaba dejar por escrito, utilizando de cada autor humano su propio estilo, su propia forma de escribir, sus investigaciones anteriores, y su comprensión en el proceso. (Para más información, vea mi artículo titulado La Naturaleza de la Inspiración).

Ya se ha establecido que los hombres escribieron la Biblia, y no hace falta decir que los hombres cometen errores ¿Pero debemos concluir que los hombres que escribieron los libros bíblicos cometieron errores en el proceso? No. Tal conclusión se equivoca en dos sentidos. En primer lugar, se elimina la posibilidad de una autoría dual (humana y divina) de la Escritura. Aunque los no-cristianos no pueden probar la exclusión de la paternidad literaria de Dios para la Escritura, sin embargo, es un presupuesto que ellos necesitan para poder atacar a las Escrituras, porque sólo después de haber excluido la posibilidad de la supervisión divina en el desarrollo de la Escritura, se puede llegar a concluir lógicamente la inevitabilidad de que fueran cometidos errores al escribir los libros bíblicos. Pero sería muy razonable concluir que los hombres propensos a errores, podrían haber evitado cualquier error, si se hubiera dado una supervisión sobrenatural de sus escritos. [1] Si Dios fue el inspirador y el supervisor de la redacción de la Escritura, Dios tiene el poder para asegurarse que los autores humanos de la Biblia no cometieran errores en sus Escritos.

En segundo lugar, incluso en el supuesto de la paternidad literaria únicamente humana, el argumento presupone erróneamente que porque el hombre puede cometer errores, entonces siempre tiene que cometer errores. Mientras que todos los hombres cometen errores, no todos los hombres cometen errores en todos los ámbitos posibles. Está totalmente dentro de lo razonable, creer que los hombres, aun sin ser supervisados por la dirección divina, podrían haber escrito la Biblia sin cometer algún error. Debo admitir que hay una alta probabilidad de errar en una obra de tal magnitud, pero la probabilidad no especifica certeza. Un no-cristiano debe dejar espacio para una Biblia infalible, si deja lugar a la razón, a la probabilidad y a la experiencia, que nos hablan de que sí es posible aquello que se ha reclamado que es imposible.

El Canon

Otro argumento presentado por los no-creyentes en contra de las Escrituras, se dirige hacia el Canon. El Canon es el que estableció que los antiguos documentos literarios contenidos en la Escritura, son los que contienen las Palabras inspiradas por Dios, y por lo tanto están autorizados en la vida del creyente cristiano. A menudo se argumenta que los hombres decidieron qué incluir en el Canon, descartando injustamente algunos libros, mientras que incluyeron a otros sin un motivo justificado. El proceso se describe como autoritario y arbitrario. El objetivo de tal argumentación, es provocar en los cristianos la duda de que realmente tienen la Palabra de Dios, o que la Palabra de Dios realmente existe.

Es cierto que el hombre tomó una decisión histórica en lo que respecta a los libros que se incluyeron en el Canon, pero este hecho no significa que la decisión fue tomada solamente por el hombre. Sólo si se presupone que Dios no existe, se podría descartar una intervención divina en el proceso. Tal suposición no tiene fundamento y no es comprobable. Es muy posible que Dios podría haber llevado a la Iglesia Antigua a saber cuáles de las muchas obras literarias existentes hechas en nombre de Cristo, realmente contenían su Palabra y cuáles no. Esto es aún más significativo, si tenemos en cuenta el hecho de que Dios también fue el responsable del contenido de los libros. Si Dios pudo mover a ciertas personas a registrar sus Palabras, sin duda pudo mover a otras personas a preservar su Palabra en un Canon dedicado a la presentación de su Palabra.

Se debe entender que el desarrollo del Canon no fue un acontecimiento histórico que ocurrió de una sola vez. Aunque aquí no es mi objetivo presentar el desarrollo histórico del Canon, basta con decir que el contenido del Canon no fue una decisión tomada por una persona en particular, o incluso por un grupo de personas particulares en un corto tiempo. El establecimiento del Canon fue un proceso que se desarrolló con el tiempo y en diversas áreas geográficas de la Iglesia Antigua.

Lo que llegó a ser aceptado como el Canon de la Escritura, no fue exactamente lo que uno llamaría algo novedoso. Lo que oficialmente fue aceptado como el contenido del Canon del Nuevo Testamento, no fue un gran desarrollo de lo que la Iglesia ya había mantenido durante siglos en un nivel no oficial. Si bien, hubo algunos libros que habían sido cuestionados en cuanto a si eran o no realmente la Palabra inspirada de Dios, la mayoría de los libros de lo que actualmente conocemos como Canon, habían sido aceptados por la Iglesia en general, desde el final del primer siglo. De hecho, esto hizo que se tomara tanto tiempo para que la Iglesia se pronunciara sobre un Canon formal, porque esta vio poca necesidad sobre un pronunciamiento al respecto, ya que había un amplio acuerdo sobre el tema.

Fueron varios los factores que llevaron a la Iglesia a pronunciarse sobre un Canon oficial del Nuevo Testamento. En primer lugar, la persecución del emperador Decio, quien amenazó con matar a los cristianos que no dieran sus Escritos Sagrados a las autoridades para que fueran quemados. En dicha situación, se volvió muy importante determinar de una vez por todas, por cuáles libros estarían dispuestos a morir y por cuáles no.

En segundo lugar, se levantaron herejes como Marción, quien negó la inspiración de muchos de los libros contenidos en el tradicionalmente aceptado, aunque informal Canon. La Iglesia reaccionó, porque en la Iglesia había una aceptación no-oficial de largo plazo sobre la autoridad de aquellos libros. Cuando vino un desafió sobre esta aceptación general, la Iglesia vio la necesidad de decidir oficialmente y de establecer qué libros contenían las Palabras de Dios y cuáles no eran más que palabras humanas. El hecho mismo de que la Iglesia reaccionara en contra de Marción, demuestra la aceptación tradicional y generalizada que tenían los libros que luego oficialmente se establecieron como el Canon. La Iglesia reaccionó tan decididamente contra Marción, porque éste rechazaba los libros en los que la Iglesia había creído tradicionalmente como Palabras inspiradas de Dios. Esto demuestra que en una edad muy temprana, ya existía un Canon informal, que no fue producto de una decisión arbitraria de cientos de años después, sobre cuáles escritos eran objetables.

Sin embargo, vamos a suponer que la formación del Canon consistió puramente de una obra humana, y que Dios no tuvo parte en ella porque Dios no existe. Si así fuera, la razón nos llevaría a confesar que todos los libros que pertenecen al Canon, en última instancia están en el Canon, porque la decisión fue puramente humana. [2] La Iglesia podría incluir y excluir todos los libros que quisiera y nadie podría culparla por tal acción. Uno no podría decir que ellos pusieron los libros incorrectos, o que “los libros perdidos” son los que deberían haber estado ahí. Dicha noción presupone un ideal superior al que el Canon tendría que haberse conformado, pero que falló al no tenerlo en cuenta. Pero tal ideal sólo podría haber provenido de algo más elevado que el hombre, de un propósito más elevado hacia el cual algunos de esos escritos fueron dirigidos. Si no hay Dios, entonces ninguno de los libros en cuestión tenía un significado más importante que una lista de compras. Si no hay Dios, entonces no hay algún propósito o ideal, y por lo tanto la Iglesia no puede ser acusada de haber seleccionado mal el Canon. Lo que se puso en el Canon, llegó a pertenecer al Canon, y lo que fue excluido no llegó a pertenecer, porque eso fue lo que ciertas personas particulares llegaron a decidir, y ellas pudieron hacer lo que desearon hacer. Si se excluye a Dios del establecimiento del Canon, no se puede culpar a los que lo establecieron, alegando que de algún modo ellos fallaron.

Si se asume la existencia de Dios, tampoco va a funcionar el argumento de un Canon cargado de error. Si Dios estuvo involucrado en la formación del Canon, Él no hubiera permitido que la Iglesia se decidiera por los libros equivocados. Dios no intenta, Él logra lo que se propone (por lo menos, según la concepción cristiana de Dios). Si existe un Dios que inspiró a ciertos individuos a registrar sus Palabras en beneficio de otros, entonces Dios tuvo el motivo, el poder y la capacidad para dirigir a su pueblo a incluir los libros que verdaderamente Él inspiró y para excluir aquellos que no inspiró. Si decidimos que la razón de que Dios existe es más razonable, concluimos que los libros del Canon están allí, porque Dios quiso que estuvieran allí, ya que son sus Palabras verdaderas.

En conclusión, si uno ve la Biblia como una obra puramente humana, o como una obra divina, no se puede menospreciar el Canon. Es completo y perfecto. Si no hay Dios, entonces es una colección completa y perfecta de pensamientos inútiles de hombres. Si hay un Dios, es una colección completa y perfecta de las Palabras que Él deseó que toda la humanidad conociera. El cristiano puede tener toda la confianza de que el Canon contiene los libros inspirados por Dios, y excluye a todos aquellos que Él no inspiró. No hay libros perdidos de la Biblia y no hay libros adicionales. Se nos ha dado la palabra de Dios, preservada para nosotros a través de la inspiración divina y la conservación.


Referencias

[1] Greg Koukl, "¿Dios Intenta?", Disponible a partir de
http://www.str.org/site/News2?page=NewsArticle&id=5209
Accedido por medio de Internet, el 8 de diciembre 2010.
[2] Greg Koukl, "No hay Libros Perdidos de la Biblia", disponible a partir de  http://www.str.org/site/News2?page=NewsArticle&id=5473
Accedido por medio de Internet, el 8 de diciembre 2010.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La Apologética y la Supervivencia Espiritual


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


Cuando los niños son pequeños, creen casi a cualquier cosa que mamá y papá les digan, porque mamá y papá son la autoridad en el conocimiento. Cuando van a la escuela, se hallan bajo nuevas autoridades llamadas profesores. Cuando los profesores sostienen que algo que mamá y papá dijeron que era cierto, es contrario a la verdad, el niño se enfrenta ante un problema: ¿A quién le va a creer?

En este momento de su vida, ya no creen lo que le dijeron en su hogar. Ellos han desarrollado facultades racionales e intuitivas para entender los fundamentos de la investigación lógica. Mientras que antes solían aceptar ciegamente las respuestas de sus padres, ahora cuestionan aquellas respuestas. El hecho de que diversas autoridades difieren en cuestiones sobre la verdad última, les demuestra que no se puede confiar en la autoridad como el único árbitro de la verdad. Así que cuando se enfrentan ante la disyuntiva de creerle a mamá/papá o al maestro, ¿a quién le va a creer? Lo más probable es que ellos le crean al maestro en contra de sus padres. Hay dos razones para esto.

En primer lugar, la mayoría de los niños ven a sus maestros como más inteligentes que sus padres. Su razonamiento es que es probable que el maestro tenga la razón y sus padres estén errados, ya que los profesores saben más que sus padres. En segundo lugar, a menudo los padres no exponen motivos que sustenten lo que le dijeron a sus hijos, mientras que el profesor expone razones para creer lo contrario. La gente cree en lo que tiene (más) razones para creer. Así que echemos un vistazo a los resultados ¿Quiénes son más inteligentes? Los profesores ¿Quiénes suministran razones para creer? Los profesores. La puntuación es 2-0 a favor de sus profesores ¡Y luego nos preguntamos por qué los niños pierden su fe en el sistema escolar!

Como educadores cristianos, tenemos que educar a los padres sobre las cuestiones intelectuales pertinentes, que sus hijos tendrán que enfrentar cuando tengan la edad suficiente para cuestionar la autoridad, y para que cuando ellos encuentren objeciones contra la fe cristiana, los padres sean capaces de ayudarles a refutar las demandas contrarias, con el objetivo final de que sus hijos puedan estar seguros de que la fe cristiana es objetivamente cierta. Esto requiere que tengan conocimiento de cuáles son las ideas a las que su hijo está expuesto ¿Por qué esas ideas son erróneas, y por qué la visión cristiana del mundo es verdad? Si los padres y los pastores no tienen este conocimiento (o no saben hacia dónde dirigir a sus hijos para conseguirlo), ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos sobrevivan ahí afuera, en el mercado secular de lo que son a menudo ideas anti-Dios?

Enviamos a nuestros hijos al colegio, sin prepararlos intelectualmente en estos temas, y luego nos preguntamos por qué  vuelven derrotados. ¿Cómo se van a fortalecer en la búsqueda de la verdad, que por supuesto va a prepararlos para la universidad, cuando su fe es objeto de ataque? ¿Cómo irán a prepararse en la noche del domingo, para defender su creencia en Dios contra los ataques de sus profesores? ¿Cómo los preparará la típica predicación pentecostal para defender su creencia en la resurrección histórica de Jesucristo? La predicación, la alabanza y el estudio de la Biblia, son esfuerzos buenos y dignos, pero no son suficientes para preparar a nuestros hijos para la universidad (y para la vida real). Hace falta algo más.

Enviar a un hijo a la universidad, sin razones sólidas para creer que el cristianismo es verdadero, y sin razones solidas para rechazar las ideas no-cristianas, es como enviar a un soldado a la batalla con una cuchara en vez de un rifle. Sus posibilidades de supervivencia son mínimas. Si todavía salen creyendo en Cristo, es muy probable que su fe sea un compromiso absoluto de la voluntad en ausencia de la razón (lo que en realidad no es fe en absoluto), o su fe en Cristo será relegada al ámbito de los valores personales (mientras que Cristo es verdadero para ellos, el cristianismo no tiene nada que ver con la realidad). Nada de esto es aceptable.

Les dejo con las palabras de Nancy Pearcey, en su libro, La Verdad Total: "Como padres cristianos, pastores, maestros y líderes de grupos juveniles, vemos constantemente a los jóvenes arrastrados por la resaca de las poderosas tendencias culturales. Si todo lo que les damos es una religión de "corazón", esto no será lo suficientemente fuerte como para contrarrestar lo llamativo de las ideas atractivas pero peligrosas. Los creyentes jóvenes también necesitan una religión de "cerebro", -entrenado en la cosmovisión y en la apologética- que los equipe para analizar y criticar las visiones del mundo que se encontrarán cuando salgan de sus casas. Si somos prevenidos y los equipamos de antemano, los jóvenes al menos tendrán una enorme probabilidad de éxito cuando se encuentren como una minoría dentro de sus compañeros de clase o de trabajo. La formación de los jóvenes con el fin de que desarrollen una mentalidad cristiana no es una opción, sino que es parte de su equipo necesario de supervivencia."

Dios es un apologista


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.



Popularmente se cree que la fe es la antítesis de la evidencia y de la razón, que la razón se opone y que la evidencia no da lugar a la fe. La fe se entiende como un compromiso de la voluntad en ausencia de la razón/pruebas. Es interesante que muchos tienen  la impresión de que esta opinión está apoyada por las Escrituras. Nada podría estar más lejos de la verdad. La noción bíblica de la fe, implica la confianza puesta en lo que tenemos razones para creer que es verdad. No se nos ordena a creer a pesar de la evidencia, o en ausencia de pruebas, sino en base a la evidencia. La tarea de la apologética es demostrar la credibilidad racional de la religión cristiana. La apologética es a la vez ordenada en las Escrituras (Colosenses 4:6; I Pedro 3:15-16), ejemplificada por Pablo, e incluso por el Todopoderoso. Consideremos los siguientes ejemplos en los que Dios mismo asume el papel de apologista:

El Uso de la Apologética en el Antiguo Testamento

Éxodo 4:4-5, “Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.”

¿Por qué Dios le dio a Moisés, el milagro de convertir la vara en una serpiente? Fue para que los israelitas pudieran creer. Dios no esperó que ellos creyeran a su Palabra sin ninguna evidencia de que Moisés estaba hablando la Palabra de Dios. Dios proveyó una buena razón para creer que su Palabra es verdad.

Malaquías 3:10, “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

¿Probar al Señor? ¿Es eso correcto? Dios invitó a los hijos de Israel a poner a prueba su Palabra para ver si era cierta. La confirmación de que el Señor está diciendo la verdad, se demuestra en el resultado a la obediencia sobre lo que ha hablado. Él no espera que creamos teóricamente a su Palabra, sino que la experimentemos en la práctica, como lo confirma la experiencia.

Isaías 1:18, “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”

No sólo era Dios actuando racionalmente hacia su creación, sino que los invitó a participar en una discusión racional con Él, acerca de qué era lo que debían hacer. No expuso un anti-racionalismo aquí.

Deuteronomio 18:20-22,  “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.”

¿Vamos a poner nuestra fe en cualquier palabra que presuma ser la Palabra de Dios cuando se nos hable? No. En primer lugar debemos identificar que sí se trata de la Palabra de Dios antes de creerla. ¿Cómo lo hacemos? Lo hacemos mediante las pruebas de ello: esperando a ver si lo dicho se hace realidad. Si lo hace, entonces es la Palabra del Señor y es digna de fe. Si no es así, entonces no era del Señor y no hay que creerla. No hay ningún indicio de "sólo tienes que creer en la Biblia porque la Biblia es la Palabra de Dios". Había que demostrar que la Palabra hablada era Palabra de Dios, para que los creyentes estuvieran dispuestos a aceptarla como digna de confianza y autoridad divina.

El Uso de la Apologética en el Nuevo Testamento

Marcos 2:9-11, “¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.”

¿No deberían los escribas, simplemente creer que Jesús tenía el poder de perdonar los pecados? ¿Por qué Jesús sintió la necesidad de demostrarles a ellos que tenía tal poder para curar al paralítico? ¿No es esto una evidencia contraria a la fe? ¡Al parecer, no! Jesús hizo una afirmación sobre su autoridad sobre el pecado, una cuestión exclusivamente espiritual que no es empíricamente verificable. Además les dio una prueba extraordinaria, para demostrarles que una afirmación tan extraordinaria no tenía que ser simplemente creída sin evidencias por parte de los escribas. Para probar que tenía la autoridad sobre el reino espiritual (lo que los escribas no podían ver), Jesús ejerció su autoridad sobre el mundo físico (lo que los escribas podían ver). Lo que Jesús hizo en el mundo físico, fue una prueba suficiente de que Él tenía el poder para hacer en el reino espiritual lo que dijo.

Juan 2:18-21, “Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”

Jesús prometió que sus palabras serían confirmadas por su propia resurrección. Él no dijo: "Sólo crean lo que estoy diciendo, porque yo se los estoy diciendo."

Juan 10:36-38,  “ ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.”

Las obras que Jesús hizo, fueron las razones para creer que lo que enseñó era de origen divino. Sus milagros se desempeñaron como la confirmación de su mensaje divino. Una vez más, no encontramos ningún indicio de "solo cree" una especie de fe.

Juan 15:24, “Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.”

¿Por qué importa que hayan visto las obras que hizo Jesús? ¿Por qué su visión de los milagros de Jesús los hace culpables de pecado? Esto debido a que los milagros confirmaron la verdad divina del mensaje de Cristo. Aparte de esta confirmación, su falta de fe podría ser comprensible. Sin embargo, una vez que la verdad fue confirmada, no había excusa de su rechazo.

Juan 20:24-29, “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

Aunque a menudo, la gente se concentra en el último versículo, el hecho es que Jesús confirmó su resurrección a Tomás, al permitir que Tomás lo tocara.

Hechos 1:3, “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”

Jesús les dijo a los apóstoles en varias ocasiones que iba a morir y que luego resucitaría. Según la versión de la fe que muchos cristianos abrazan, Jesús debería haber subido al cielo inmediatamente después de su resurrección sin que hubiera alguna razón para que Él se mostrara a los apóstoles. Ellos simplemente debían haber creído a la palabra de Jesús de que Él iba a resucitar de entre los muertos. Pero Jesús no subió inmediatamente al cielo. Durante 40 días se presentó a los apóstoles, con muchas pruebas convincentes para que supieran que Él resucitó.

Hechos 2:22 " Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis”

Jesús demostró que era quien decía ser, por medio de milagros, señales y prodigios. Le dio razones a sus contemporáneos para que creyeran que lo que Él dijo era cierto.

Hechos 17:31, “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”

Dios no espera que nosotros creamos ciegamente que se acerca el día del juicio, sino que nos dio la prueba de que esto sucederá, al haber resucitado de entre los muertos.

Estos pasajes, aunque no son exhaustivos, sirven para demostrar que Dios no espera que pongamos una fe ciega en su Palabra. Él da evidencias para confirmar que lo que ha hablado es ciertamente la Palabra de Dios, y nos permite la libertad epistemológica de la prueba, antes de esperar que lo creamos. ¡Si la apologética es lo suficientemente buena para Dios, es lo suficientemente buena para mí también!

La Lógica, la Razón y la Filosofía, son Bienes Intelectuales y Espirituales


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.


Muchos cristianos tienen una connotación negativa hacia los términos de razón, lógica y filosofía. Su negatividad no es del todo infundada. Después de todo, ha habido más que unos pocos individuos que han rechazado el cristianismo, por considerar que es irracional e ilógico. Y todos hemos conocido o escuchado de alguien que estudió filosofía, sólo para perder su fe cristiana. Sin embargo, el problema en todos estos casos, no son la razón, la lógica o la filosofía, sino más bien el uso indebido de la razón, de la lógica y de la filosofía. De hecho, todos nosotros usamos la razón y la lógica, y todos nosotros nos suscribimos a una filosofía en particular, aunque no seamos conscientes de ello. Es ineludible. La razón y la lógica son herramientas dadas por Dios, que nos permiten pensar y adquirir conocimientos. La lógica y la razón nos ayudan a ordenar nuestros pensamientos, y a mejorar nuestra capacidad de discernir la verdad del error. No podemos pensar sin ellas, a pesar de que en el proceso de pensar podemos usarlas mal o abusar de ellas. Y creo que este es el verdadero problema: el abuso de la razón y la lógica.

Aunque la intención de Dios fue proporcionarle al hombre la lógica y la razón para descubrir la verdad y discernir el error,  nuestra capacidad para hacerlo ha sido afectada por el pecado. El hombre no utiliza la razón y la lógica en un vacío espiritual. El corazón está conectado a la voluntad de la mente. En nuestro estado caído, lo que creemos está a menudo influenciado por lo que queremos creer. Frecuentemente usamos la razón -aunque mal- para justificar las creencias y comportamientos que sabemos que son falsos/malos. Pero al igual que un cuchillo no es malo en sí mismo, aunque puede ser utilizado de una mala manera por un hombre con corazón de asesino, así también la lógica y la razón no son malas en sí mismas, a pesar de que pueden ser utilizadas de manera indebida por aquellos cuyos corazones se oponen a Dios.

Esta no es una razón para evitar la razón y la lógica, sino para abrazarlas. Sólo si utilizamos adecuadamente las facultades mentales que nuestro Dios nos ha dado, seremos capaces de ver cuando el incrédulo está abusando de la lógica y de la razón, y seremos capaces de señalar el error. Como notó C. S. Lewis, "la buena filosofía debe existir, y no es por otra razón, porque la mala filosofía tiene que ser refutada." Y una vez que el error del incrédulo ha sido señalado y reconocido, él tiene la oportunidad de alinear su voluntad con lo que sabe que es verdadero, o persistir en la negación y el autoengaño. La elección es suya, pero el uso adecuado de la razón por parte de los cristianos, puede ayudar a traerle a ese valle de la decisión.

Como cristianos, debemos abrazar la lógica y la razón -junto con la revelación- como siervos de la verdad. La razón y la lógica, cuando se utilizan correctamente, siempre van a reforzar la verdad, no la van a destruir.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Jesús tu Nombre

Por Joaquín Moreno

Tengo el gusto de darles a conocer la canción JESÚS TU NOMBRE,  que fue compuesta por el hermano Joaquin Moreno. El hermano Joaquín es miembro de la Iglesia de Jesucristo de la Fe Apostólica, Inc., en Houston Texas.  Esta presentación es interpretada y tocada por el hermano Joaquín Moreno, y fue arreglada, masterizada y grabada por él mismo en su computador personal.



Jesús tu nombre incluye todo lo que mi alma necesita
Jesús tu nombre es como el agua para una flor que marchita
Jesús tu nombre me abre de par en par las puertas en el cielo
Jesús tu nombre es mi refugio a los ataques del infierno
Jesús tu nombre lo cubre todo desde el alfa hasta la omega
Es por tu nombre que resplandece vida y luz sobre la tierra
Dios en tu nombre se encuentra todo lo que el ser humano anhela
Y en él se esconden esos tesoros tan buscados por la ciencia
Clamo tu nombre y se estremecen las columnas siderales
Y huyen gimiendo las potencias infernales
Porque con rhema brota de mi corazón
Pronuncio el nombre y aun las estrellas se conmueven al oírlo
Y como un coro inmenso empieza a repetirlo el coliseo universal de tu creación

Jesús tu nombre truena potente en las galaxias más lejanas
Jesús tu nombre es tema ignoto de las ciencias más arcanas
Jesús tu nombre es aquel Verbo que carne tomó en María
Jesús tu nombre es el espíritu en toda la profecía
Jesús tu nombre es lodo eterno que al amar me dio la vida
Y con el agua que brotó de aquella herida yo fui engendrado para amarte mi Señor
Jesús tu nombre voy a gritarlo para que el mundo despierte
Y huesos secos se levanten de la muerte,  para servirte y alabarte Dios Creador