viernes, 2 de septiembre de 2011

Dios es un apologista


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.



Popularmente se cree que la fe es la antítesis de la evidencia y de la razón, que la razón se opone y que la evidencia no da lugar a la fe. La fe se entiende como un compromiso de la voluntad en ausencia de la razón/pruebas. Es interesante que muchos tienen  la impresión de que esta opinión está apoyada por las Escrituras. Nada podría estar más lejos de la verdad. La noción bíblica de la fe, implica la confianza puesta en lo que tenemos razones para creer que es verdad. No se nos ordena a creer a pesar de la evidencia, o en ausencia de pruebas, sino en base a la evidencia. La tarea de la apologética es demostrar la credibilidad racional de la religión cristiana. La apologética es a la vez ordenada en las Escrituras (Colosenses 4:6; I Pedro 3:15-16), ejemplificada por Pablo, e incluso por el Todopoderoso. Consideremos los siguientes ejemplos en los que Dios mismo asume el papel de apologista:

El Uso de la Apologética en el Antiguo Testamento

Éxodo 4:4-5, “Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.”

¿Por qué Dios le dio a Moisés, el milagro de convertir la vara en una serpiente? Fue para que los israelitas pudieran creer. Dios no esperó que ellos creyeran a su Palabra sin ninguna evidencia de que Moisés estaba hablando la Palabra de Dios. Dios proveyó una buena razón para creer que su Palabra es verdad.

Malaquías 3:10, “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

¿Probar al Señor? ¿Es eso correcto? Dios invitó a los hijos de Israel a poner a prueba su Palabra para ver si era cierta. La confirmación de que el Señor está diciendo la verdad, se demuestra en el resultado a la obediencia sobre lo que ha hablado. Él no espera que creamos teóricamente a su Palabra, sino que la experimentemos en la práctica, como lo confirma la experiencia.

Isaías 1:18, “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”

No sólo era Dios actuando racionalmente hacia su creación, sino que los invitó a participar en una discusión racional con Él, acerca de qué era lo que debían hacer. No expuso un anti-racionalismo aquí.

Deuteronomio 18:20-22,  “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.”

¿Vamos a poner nuestra fe en cualquier palabra que presuma ser la Palabra de Dios cuando se nos hable? No. En primer lugar debemos identificar que sí se trata de la Palabra de Dios antes de creerla. ¿Cómo lo hacemos? Lo hacemos mediante las pruebas de ello: esperando a ver si lo dicho se hace realidad. Si lo hace, entonces es la Palabra del Señor y es digna de fe. Si no es así, entonces no era del Señor y no hay que creerla. No hay ningún indicio de "sólo tienes que creer en la Biblia porque la Biblia es la Palabra de Dios". Había que demostrar que la Palabra hablada era Palabra de Dios, para que los creyentes estuvieran dispuestos a aceptarla como digna de confianza y autoridad divina.

El Uso de la Apologética en el Nuevo Testamento

Marcos 2:9-11, “¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.”

¿No deberían los escribas, simplemente creer que Jesús tenía el poder de perdonar los pecados? ¿Por qué Jesús sintió la necesidad de demostrarles a ellos que tenía tal poder para curar al paralítico? ¿No es esto una evidencia contraria a la fe? ¡Al parecer, no! Jesús hizo una afirmación sobre su autoridad sobre el pecado, una cuestión exclusivamente espiritual que no es empíricamente verificable. Además les dio una prueba extraordinaria, para demostrarles que una afirmación tan extraordinaria no tenía que ser simplemente creída sin evidencias por parte de los escribas. Para probar que tenía la autoridad sobre el reino espiritual (lo que los escribas no podían ver), Jesús ejerció su autoridad sobre el mundo físico (lo que los escribas podían ver). Lo que Jesús hizo en el mundo físico, fue una prueba suficiente de que Él tenía el poder para hacer en el reino espiritual lo que dijo.

Juan 2:18-21, “Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”

Jesús prometió que sus palabras serían confirmadas por su propia resurrección. Él no dijo: "Sólo crean lo que estoy diciendo, porque yo se los estoy diciendo."

Juan 10:36-38,  “ ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.”

Las obras que Jesús hizo, fueron las razones para creer que lo que enseñó era de origen divino. Sus milagros se desempeñaron como la confirmación de su mensaje divino. Una vez más, no encontramos ningún indicio de "solo cree" una especie de fe.

Juan 15:24, “Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.”

¿Por qué importa que hayan visto las obras que hizo Jesús? ¿Por qué su visión de los milagros de Jesús los hace culpables de pecado? Esto debido a que los milagros confirmaron la verdad divina del mensaje de Cristo. Aparte de esta confirmación, su falta de fe podría ser comprensible. Sin embargo, una vez que la verdad fue confirmada, no había excusa de su rechazo.

Juan 20:24-29, “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

Aunque a menudo, la gente se concentra en el último versículo, el hecho es que Jesús confirmó su resurrección a Tomás, al permitir que Tomás lo tocara.

Hechos 1:3, “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”

Jesús les dijo a los apóstoles en varias ocasiones que iba a morir y que luego resucitaría. Según la versión de la fe que muchos cristianos abrazan, Jesús debería haber subido al cielo inmediatamente después de su resurrección sin que hubiera alguna razón para que Él se mostrara a los apóstoles. Ellos simplemente debían haber creído a la palabra de Jesús de que Él iba a resucitar de entre los muertos. Pero Jesús no subió inmediatamente al cielo. Durante 40 días se presentó a los apóstoles, con muchas pruebas convincentes para que supieran que Él resucitó.

Hechos 2:22 " Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis”

Jesús demostró que era quien decía ser, por medio de milagros, señales y prodigios. Le dio razones a sus contemporáneos para que creyeran que lo que Él dijo era cierto.

Hechos 17:31, “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”

Dios no espera que nosotros creamos ciegamente que se acerca el día del juicio, sino que nos dio la prueba de que esto sucederá, al haber resucitado de entre los muertos.

Estos pasajes, aunque no son exhaustivos, sirven para demostrar que Dios no espera que pongamos una fe ciega en su Palabra. Él da evidencias para confirmar que lo que ha hablado es ciertamente la Palabra de Dios, y nos permite la libertad epistemológica de la prueba, antes de esperar que lo creamos. ¡Si la apologética es lo suficientemente buena para Dios, es lo suficientemente buena para mí también!