domingo, 11 de septiembre de 2011

La Honestidad y La Integridad - Reflexión Bíblica

Por David K. Bernard
Capítulo 11 del Libro En Busca de la Santidad

“No hurtarás” (Éxodo 20:15).

“No hurtes... no defraudes” (Marcos 10:19).

En este capítulo estudiaremos diversas preguntas con relación a la honradez y a la honestidad personal; específicamente, el robo, la extorsión, la defraudación, y el soborno. En el Capítulo IV se habla acerca de las mentiras.

El robo. Una de las enseñanzas básicas de Biblia es que debemos respetar la propiedad y las posesiones de otros. El robo es simplemente el hecho de tomar la propiedad de alguien más sin su permiso. Esto se aplica no importa si el valor de lo que ha sido robado sea mucho o poco. Asimismo, el robo está mal aun cuando la víctima es muy rica y el ladrón es muy pobre. La solución bíblica en este tipo de casos es: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Efesios 4:28). También, “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2. Tesalonicenses 3:10). Algunas filosofías enseñan que si una persona pobre realmente necesita algo, lo puede tomar de una persona rica quien podría fácilmente reemplazarlo. Otros enseñan que si algo no está protegido, los propietarios no piensan que es valioso, y entonces puede ser llevado. Sin embargo, estas son meramente filosofías del hombre y no la Palabra de Dios. Tanto la ley de Moisés en la forma en fue dada por Dios, como la enseñanza de Jesús mismo, no permiten ningunas excepciones, pero simplemente dicen, “No hurtes.”

El concepto de robar es claro, pero queremos citar varios ejemplos para definirlo en una manera práctica.

1. Sacar un libro de una biblioteca y no devolverlo es robar.

2. Llevar abastecimientos de una organización sin pagar por ellos o sin el consentimiento de uno que está encargado de ellos simplemente es robar.

3. Sacar el préstamo de un dinero sin intenciones de pagarlo o sin hacer un esfuerzo de repagarlo es robar. Esto es verdad aun en el caso de una iglesia local que recibe un préstamo de su organización para un programa de construcción.

4. Según Malaquías 3:8-12, un hombre puede robar a Dios por retener el diezmo (diez por ciento de su ingreso) y las ofrendas (las donaciones voluntarias de cualquier cantidad). Aquí no se pretende hacer un estudio sobre el diezmo, pero queremos notar brevemente unos hechos acerca de esto. El diezmar no fue instituido bajo la ley; porque Abraham y Jacob diezmaban (Génesis 14:20, 28:22). Jesús lo endosó (Mateo 23:23) y Pablo dio lecciones acerca de los diezmos y las ofrendas (1. Corintios 9:7-14. Véase también Hebreos 7:5-10). Note que aun los ministros diezman (Nehemías 10:38, Hebreos 7:9). Muchas otras escrituras enseñan que debemos diezmar (Véase Levítico 27:30, Números 18:21, Deuteronomio 14:22, Proverbios 3:9, Lucas 11:42).

5. A veces, algunos individuos se llevan abastecimientos o dinero que pertenecen a una iglesia o a una organización, y se justifican así: “Esto pertenece a la organización y yo soy un miembro de la organización, entonces esto es mío.” Un hombre tomó un dinero que le fue entregado para alquilar un edificio para la iglesia pero en cambio él alquiló otro edificio en su propio nombre. Él razonó así, “Este dinero pertenece a Dios y yo soy un hijo de Dios, entonces yo tengo tanto derecho de usar este dinero como alguien más.” Este tipo de razonamiento claramente está mal.

Esto sería similar al caso en que alguien dijera: “Yo soy un ciudadano de la nación, entonces yo tengo derecho de tomar propiedad del gobierno. Yo tengo derecho de usar el dinero de los impuestos en la manera en que yo quiera.” Si alguien realmente hiciera el intento de hacer esto, probablemente llegaría a ser encarcelado. Aun Jesús pagaba los impuestos y Él enseñaba a los otros que deberían pagarlos también (Mateo 17:24-27, 22:15-22). Este razonamiento torcido diría que nosotros tampoco tenemos necesidad de diezmar, pero como ya hemos visto, Jesús dijo que tenemos que hacerlo.

Los que han usado estos argumentos tienen un modo tergiversado de pensar. Lo que ellos se olvidan o ignoran, es que la organización o la iglesia tiene una línea de autoridad que ellos deben obedecer. En las situaciones que hemos descrito, el dinero ha sido entregado o ha sido designado para un cierto propósito, y hay un mayordomo sobre ese dinero. Si alguien toma ese dinero (o ese abastecimiento) sin el permiso del mayordomo, le roba al mayordomo y finalmente a Dios. Si él usa el dinero (o el abastecimiento) de una manera no autorizada, viola su propia mayordomía. Las leyes humanas aun reconocen la autoridad de una iglesia o una organización, y clasifican tales acciones como un robo.

Todos los casos arriba mencionados son ejemplos de robos absolutos. No importa la excusa, estas personas han tomado algo que no era suyo, y sin recibir la autoridad o el permiso del propietario actual.

El fraude. Además del robo simple, hay otras maneras deshonestas de tomar dinero o propiedad. Ambos testamentos nos dicen que no debemos defraudar (Levítico 19:13, Marcos 10:19, 1. Corintios 6:8, 1. Tesalonicenses 4:6). Defraudar significa engañar, embaucar, tomar por medio de una trampa, o tomar por medio de la decepción. Nuevamente, daremos algunos ejemplos prácticos para ilustrar el concepto.

1. Los comerciantes. Los comerciantes pueden defraudar por tener balanzas pesadoras incorrectas, por dar a propósito de menos en el cambio a un cliente, o por deliberadamente medir menos producto de lo que un cliente realmente paga. Ellos pueden defraudar también por dar mercaderías dañadas al cliente que no sabe.

2. Las ventas. Un vendedor puede defraudar por dar descripciones exageradas y crear unas impresiones falsas. Si usted es un vendedor, venda algo acerca de lo cual usted pueda dar una recomendación buena sin mentir. Si vende algo, conteste honestamente a las preguntas del comprador, y no esconda a propósito unos hechos importantes acerca del producto que ha vendido.

3. El dinero. Si alguien recibe un dinero que está destinado específicamente para un cierto propósito, pero lo gasta para otra cosa, esto es defraudar. Por ejemplo, si alguien pide dinero específicamente para un boleto de primera clase en un tren, entonces debería usarlo para eso. Si él gasta el dinero para otra cosa, o si él compra un boleto más barato y embolsa la diferencia, está defraudando. Si un ministro recibe una cierta cantidad para construir una iglesia y realmente la construye por menos, no puede gastar la diferencia en otra cosa sin el permiso del donante.

4. Los recibos. Si alguien recibe una cierta cantidad de dinero para comprar algo, y ese objeto cuesta menos, debe devolver la diferencia. Si altera el recibo para mostrar un costo diferente, está mintiendo (en el papel) así como también está defraudando.

5. Los documentos. Si alguien crea documentos falsos tal como un diploma falso de graduación, está defraudando al receptor. Si el receptor recibe tal documento sabiendo que es falso, él a la vez está defraudando a la organización en la cual lo está aceptando.

6. La información. Una persona puede ser culpable de fraude si omite información valiosa y pertinente cuando alguien le pide que explique algo. Decir solamente una parte de la verdad puede ser engañoso.

7. Los obreros. Cuando una persona trabaja por una cantidad de dinero, él vende su tiempo a cambio de ese dinero. Por lo tanto, debe hacer el empeño de dar a su patrón la cantidad de tiempo o rendimiento que fue acordado. Si abandona la obra temprano o sale cuando el jefe no está, está defraudando. Por supuesto, hay momentos en el trabajo cuando uno necesita relajarse o descansar, simplemente a fin de poder trabajar mejor. También, puede haber momentos en una oficina, por ejemplo, cuando no hay mucho que hacer. Si usted no está ocupado, puede ser permisible hacer algunas cosas personales. Sin embargo, no debemos descuidar nuestro trabajo a causa de aquellas cosas. En este caso, su jefe piensa que usted está ocupado con su trabajo, pero en realidad está robándole de su tiempo y está dándole una impresión falsa.

No permita nunca que se diga que no se puede confiar en un cristiano en un rendimiento fiel de su tiempo en el trabajo. Trate de llegar a tiempo. Si necesita tomar tiempo por razones personales, consiga el permiso. Si llega tarde a su trabajo sin excusa, trabaje tiempo extra para compensar el tiempo perdido. Recuerde, somos los representantes de Jesucristo, y nuestras vidas son un testimonio de Él. Puesto que somos cristianos, nuestros patrones deben poder confiar en nosotros de ser honestos aunque ellos estén presentes o no. Recuerde que Dios lo ve cuando usted engaña y defrauda, aunque nadie más lo vea.

Una palabra a los ministros es apropiada aquí. Los ministros aceptan el diezmo de la gente, entonces les deben una responsabilidad. Uno de los trabajos más importantes de un ministro es la supervisión, tanto de los creyentes como de los incrédulos. Él debe ponerse en contacto especialmente con los enfermos, los ausentes, los visitantes, y los que tienen interés en la iglesia. Los ministros son llamados por Dios para ser sus trabajadores. Sin embargo, algunos ni siquiera se disciplinan a levantarse temprano en la mañana. Esta es la pereza. Si usted es un ministro y su área de labor es demasiada pequeña, entonces salga afuera y testifique en una aldea o en un pueblo vecino. Siempre hay una oportunidad de esparcir el evangelio. Siempre hay más trabajo que se puede cumplir.

Una pregunta para los ministros: ¿Aparte del tiempo que usted pasa en los cultos de la iglesia, pasa usted un mínimo de cuarenta horas a la semana trabajando activamente por Dios?

No deba a nadie nada. Romanos 13:8 dice, “No debáis a nadie nada.” ¿Significa esto que no podemos pedir ninguna cosa prestada ni comprar alguna cosa a plazos? No. Si usted pide dinero prestado y promete repagarlo por el décimo día del mes, entonces usted no debe legalmente ese dinero hasta el décimo día del mes. Esta escritura se aplica únicamente si no paga por el día que prometió. Usted está en peligro con Dios si no paga a tiempo. Puede pedir prestado, pero debe repagar. Prestar algo sin devolverlo es robar. Conseguir algo prestado sin intensión de repagar es defraudar.

Si ha prometido pagar fielmente y no puede a causa de algún problema inesperado, entonces debe ir ante su acreedor, darle una explicación, y pedirle una extensión de tiempo. Entonces, puede pagárselo más tarde. Si usted no pide una extensión, ha roto su promesa de repagarlo, y le debe, y esto es una violación de Romanos 13:8.

A veces se presenta un problema cuando alguien comienza un proyecto “por la fe.” Un pastor no tenía los fondos para construir una iglesia, pero ordenó los materiales “por la fe” y comenzó a construir. Luego no pudo pagar sus deudas. El resultado fue que el ministro y la iglesia obtuvieron un mal nombre en la comunidad. Él causó que los incrédulos se burlaran y despreciaran al cristianismo por sus acciones. Esto no es operar por la fe sino por la necedad. Si usted quiere construir una iglesia por la fe, ahorre su dinero por la fe, y construya de acuerdo a la entrada del dinero. Haga todo lo que pueda y espere por la fe el próximo desarrollo. ¿Por qué no debe tener la fe de recibir el dinero antes de que usted lo gaste? Jesús dijo, “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?” (Lucas 14:28).

Frecuentemente también se presentan problemas cuando alguien pide prestado algo de otra persona a nombre de la iglesia. Un diácono pidió dinero prestado de un individuo, diciendo que la iglesia lo necesitaba. Realmente él lo necesitaba personalmente y no tenía los medios de repagar la deuda. Por hacer esto, él perdió sus calificaciones bíblicas para su puesto, porque mintió; debía dinero que no podía repagar, y causó que otros perdieran confianza en la iglesia.

La conclusión es que cuando usted pide prestado algo, debe tener la intención de repagar a tiempo y algunos medios esperados para hacerlo. Debe repagar lo que ha pedido prestado, a menos que el prestamista le libere. De otra manera, usted ha actuado en contra de la Palabra de Dios.

La extorsión. Los estafadores no heredarán el reino de Dios (1. Corintios 6:10). De hecho, los cristianos tienen el mandamiento de no tener comunión con los que se llaman creyentes pero que son estafadores (1. Corintios 5:11). Extorsionar significa obtener dinero o favores por medio de la violencia, la amenaza, o el mal empleo de la autoridad. De acuerdo a la Biblia esto es un pecado.

Comúnmente pensamos acerca de la extorsión desde el punto de vista del dinero, pero el dinero no tiene que andar necesariamente metido. Una forma de estafar es por medio del chantaje— usando una amenaza de exposición. Aquí hay algunos ejemplos de extorsión:

1. El Sr. A robó un dinero antes de llegar a ser un cristiano. Un viejo conocido, el Sr. B. exigió que el Sr. A le ayudara a conseguir un empleo en la oficina del Sr. A. Si no lo hacía, el Sr. B lo amenazó con hacer conocer la vida pasada del Sr. A, con el probable resultado de que el Sr. A sería despedido. El Sr. B es culpable de extorsión, aunque ande pidiendo un favor y no dinero.

2. El Sr. A siempre salía de la oficina cuando el gerente se iba. Una vez la Srta. B pidió al Sr. A algunas estampillas de correo que él tenía. Cuando el Sr. A rehusó, la Srta. B amenazó con contar al gerente de las ausencias del Sr. A. El Sr. A es culpable de defraudar, pero la Srta. B es culpable de extorsión.

3. Un predicador vive en una casa que pertenece a la iglesia. Le han solicitado su renuncia, pero él se rehúsa a dejar la casa pastoral a menos que la iglesia le dé una grande suma de dinero. Por supuesto, si él se quedara, crearía un problema y apartaría a mucha gente de la iglesia. Aunque el predicador no ha usado la fuerza física, no obstante ha usado la fuerza. De todos modos esto es extorsión. Los ministros (o cualquiera otras personas) que hacen algo así como esto, están ignorando la Palabra de Dios. La Biblia nos dice que no debemos tener comunión con ellos, y que ellos no irán al cielo.

La usura. Puesto que estamos tratando con los asuntos financieros en este capítulo, esto parece ser un buen lugar para explicar la usura. Varias escrituras del Antiguo Testamento condenan la usura (Salmo 15:5, Ezequiel 18:8-17, 22:12). La palabra en su sentido general original se refiere al interés cobrado por los préstamos. En la usanza más moderna y restringida, significa el interés exorbitante, inescrupuloso o excedente. En nuestro día podemos igualar esto al interés que es cobrado por un usurero de préstamos. Bajo la Ley, los Israelitas no podían cobrar usura al pobre o a sus hermanos (Éxodo 22:25, Deuteronomio 23:19-20). Tradicionalmente, los judíos han considerado que esto es una prohibición en contra del cobro de interés a una persona judía.

Proverbios 28:8 implica que el interés injusto o excedente es lo que particularmente no le gusta a Dios. El Nuevo Testamento no tiene ninguna enseñanza específica sobre el tema. Jesús contó una parábola acerca de un siervo perezoso que fue reprendido por no prestar el dinero de su dueño a fin de ganar los interés y hacer una ganancia (Mateo 25:27, Lucas 19:23).

Los sobornos y los regalos. Este tema es de importancia vital en la discusión acerca de la integridad, y especialmente la integridad de los líderes. La Biblia enseña acerca de la maldad de recibir los sobornos. Dice que no debemos recibir un regalo para que la justicia sea pervertida. Note que un soborno no tiene que consistir necesariamente de dinero, pues puede ser un regalo no monetario o un favor dado a cambio de un favor. Éxodo 23:8 dice, “No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos.” Los regalos pueden cegar al sabio y pueden causar que el honrado peque. Deuteronomio 16:18-19 repite las mismas palabras y también proclama, “Jueces y oficiales… juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas excepción de personas, ni tomes soborno.” El impío toma un soborno para pervertir las sendas de la justicia (Proverbios 17:23), y las manos de los malhechores están llenas de sobornos (Salmo 26:10). “Las dádivas corrompen el corazón” (Eclesiastés 7:7).

Por supuesto, hay tiempo para dar regalos, y hay tiempo para recibirlos. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado. Según estas escrituras, cualquier regalo que lo deja a usted obligado con el donante, puede ser una ocasión para el pecado. Si un regalo afecta su juicio o hace que otorgue un favor ilícito, entonces usted tiene la culpa de haber recibido un soborno. Si usted exige un regalo, directamente o indirectamente, para el mero desempeño de su deber, entonces es culpable de extorsión, aun cuando el favor que usted desempeña en recompensa sea legítimo. Si un soborno se da para circunvenir la justicia, tanto el donador como el receptor han pecado ante los ojos de Dios. Los hijos de Samuel son ejemplos de personas que pecaron por aceptar sobornos (1. Samuel 8:3).

Isaías 33:15-16 describe el tipo de persona que agrada a Dios. “El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho… éste habitará en las alturas.” Este tipo de persona desprecia el engaño y la ganancia injusta. No extorsiona, no oprime al pobre, no engaña a la gente, ni obra falsamente. No busca ni espera sobornos, y rehúsa a aceptarlos si le son ofrecidos. Este es un buen ejemplo para los que ocupan posiciones del liderazgo y de la autoridad.

Aquí, queremos advertir que los ministros no deben aceptar el dinero por orar por alguien, o por bautizar a alguien. Quizás esto no es un soborno, pero es un regalo que es impropio de recibir. El evangelio y sus beneficios son gratuitos. Nadie debe tratar de cobrar dinero por las bendiciones, las sanidades, el bautismo o la salvación. Pedro reprendió a Simón por haber tratado de comprar el bautismo del Espíritu Santo (Hechos 8:19-20). El profeta Eliseo rehusó aceptar un regalo de Naamán cuando él fue sanado de la lepra.  Cuando Giezi, el siervo de Eliseo, de todos modos aceptó secretamente los regalos de Naaman, fue castigado con la lepra. Eliseo le reprendió, diciendo, “¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos?” (2. Reyes 5:26-27). Si la gente que recibe bendiciones de Dios quiere dar una ofrenda de acción de gracias, que se la den a la iglesia.

Como una palabra general de cuidado, recuerde que muchas veces un regalo se da para poner a un líder bajo obligación. Después de que el regalo ha sido aceptado, el donador pide un favor. Si esto sucede, el regalo puede llegar a ser un soborno para destruir la conciencia, para pervertir la justicia, o para obtener un favor no permisible. Use la sabiduría en cuanto a la aceptación de regalos. Debido a las circunstancias, quizás tendrá que rehusar un regalo, devolverlo, o por lo menos no dejar que lo influya.

Queremos considerar unas situaciones difíciles.

Suponga que usted está encargado de contratar a un trabajador, y alguien desconocido le da a usted un regalo. Puede ser que esta persona le está dando esto para influirle u obligarle. Usted puede sentirse obligado a contratarle. En sí, esto puede o no puede obligarle a hacer algo que está legalmente incorrecto. Sin embargo, no está actuando de una manera que sea justa para los otros solicitantes. También, puede pasar por encima de un candidato más capacitado y así engañarse a usted mismo o a su compañía.

Suponga que un creyente hace algo mal en la iglesia y lastima a mucha gente. El requisito Bíblico es que aquel creyente pida perdón. En cambio este individuo va ante el pastor llevándole un pastel. Por más que le guste el pastel, o cuan amistoso se sienta el pastor como resultado, la persona debe confesar el mal. No se puede permitir que los regalos anulen las soluciones y los requisitos bíblicos.

Una vez más, queremos enfatizar que un soborno no es siempre de naturaleza monetaria. Por ejemplo, suponga que usted es un nuevo empleado en una cierta compañía, y quiere que todos piensen que usted es simpático.

Un compañero de trabajo quiere que usted haga algo incorrecto, tal como aceptar unos documentos falsos. ¿Puede hacer esto? No. Aunque no está recibiendo dinero, está haciendo un favor ilegítimo para en cambio recibir la buena voluntad o la seguridad del trabajo, o un favor futuro. Esto siempre será soborno y siempre será deshonesto.

Hay una situación más que causa problemas en muchas partes del mundo. Frecuentemente, al tratar con ciertos funcionarios, usted ve que no puede lograr nada. Ellos rehúsan aprobarle en una inspección, aprobar sus planes, o no le dejan concluir su negocio a menos que usted les de dinero extra. ¿Es esto soborno? ¿Puede usted darles dinero con una conciencia limpia? Esto ciertamente es un comportamiento ilegal e inmoral por parte del funcionario. Como una nación, debemos tratar de eliminar tal sistema de sobornos y comisiones ocultas. Si usted pide una preferencia especial respecto a otros, o que el funcionario ignore algún defecto de su parte, entonces dar el regalo constituye el soborno. Sin embargo, si usted simplemente trata de hacer que cumpla su trabajo, o que sea tan justo con usted como con los demás, entonces eso no es incorrecto. Usted no está pidiendo nada ilegal ni nada que no sea ético, pero simplemente lo está instando para que desempeñe su obligación. Lamentablemente, este es un sistema establecido en muchos lugares. Por supuesto, un cristiano no puede exigir un pago así porque esto es extorsión. Sin embargo, si usted no está pidiendo que alguien haga algo incorrecto o de favorecerle injustamente, entonces no ha hecho nada incorrecto en cumplir con aquella demanda.

En pocas palabras, la Biblia dice que no podemos aceptar sobornos. Podemos aceptar regalos solamente si ellos no nos obligan. No debemos dejar que ningún regalo o favor destruya nuestras consciencias ni que nos haga pervertir el juicio. A la vez, no debemos tratar de obligar a nadie más mediante regalos, favores o sobornos.

La honestidad y la integridad hoy. Tal como en los días antes del diluvio, parece que la tierra entera está corrompida (Génesis 6:11). La corrupción ha sido descubierta en las altas posiciones del gobierno, de la política, de los negocios y aun de las iglesias. Hay muchos extorsionadores y charlatanes religiosos. Los empresarios, empleados del gobierno, abogados, líderes de todo tipo y aun los trabajadores comunes, están siendo expuestos a tentaciones constantes en relación a la honestidad. La integridad está desapareciendo rápidamente, pero todavía es algo que debe ser apreciado y protegido. ¡Bendito es el hombre que no cambia su palabra aun cuando al no hacerlo le hace daño a sí mismo (Salmo 15:4-5)! ¡Cuán bendecido es el hombre que no vende su integridad por ningún precio! “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).