jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Cómo Puede la Plenitud de Dios “Caber” en un Lugar tan Pequeño Como el Cuerpo de Cristo?


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.

“Porque en él [en Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

A menudo se cuestiona sobre cómo puede ser posible que la plenitud de la Deidad habite corporalmente en Cristo (Colosenses 2:9). ¡Dios es demasiado grande para estar reducido a un lugar tan pequeño! ¡La tentativa de introducir la plenitud del Dios omnipresente en un hombre, es mucho más complicada que el intento de las malvadas hermanastras de poner sus grandes pies en la zapatilla de cristal de la Cenicienta!

Algunos han concebido a la encarnación, como el momento en que Dios dejó de habitar en el cielo para morar en Cristo. Piensan que luego, en la ascensión, Dios volvió a su morada celestial. Esto es lo que comúnmente se ha llamado el punto de vista "Sólo Jesús" [con el que tradicionalmente se ha deformado a la verdadera posición de la teología de la Unicidad de Dios]. Desde esa perspectiva, el cuerpo humano de Jesús es considerado como una aspiradora divina, que absorbió a todo el Dios del cielo y lo condensó en un solo hombre. Pero del testimonio de las Escrituras sabemos que esto no es así, porque Jesús dijo que el Padre estaba en el cielo (Mateo 5:16, Marcos 11:26, et al). Sin duda, Dios siguió existiendo más allá de la encarnación. Como dijeron a menudo los llamados padres de la iglesia, "Él continuó siendo lo que era [o sea Dios], al mismo tiempo en que se convirtió en lo que no era [o sea un hombre]". El mismo Dios que comenzó a existir como hombre en la encarnación, continuó existiendo como Dios tal como siempre lo había hecho, más allá de la encarnación y sin cambiar.

Entonces, ¿Cómo es posible que la plenitud de Dios pueda morar en Cristo, y sin embargo, también continúe habitando los cielos como siempre lo ha hecho? Aún más, ¿Cómo es que Dios nos llena con su Espíritu? ¿Él sólo nos llena con una parte de su Espíritu? ¿Se trata de una forma diluida de su Espíritu? Tal cosa no es posible. Dios es verdaderamente Dios, no importa en dónde esté. No es posible que sólo una parte de Dios pueda estar en un lugar pero no en otro, o que en un lugar haya una mayor cantidad de Dios que en otro. Esto es porque Dios es un ser cualitativo, no un ser cuantitativo. Dios es una calidad divina, no una cantidad divina. Dios es el Espíritu omnipresente y no se puede medir, ya que como un ser espiritual que es, Dios no consiste de materia.

Sin embargo, cuando concebimos a Dios, a menudo pensamos en él en términos materiales. Aunque los términos de esa concepción son erróneos, es totalmente comprensible que se den cuando vemos que nosotros somos parte del mundo material y estamos obligados a tales formas de pensamiento. No podemos dejar este mundo material cuando deseamos entender la verdadera naturaleza de lo espiritual. Para que algo posea la plenitud de algo en el mundo material, se exige que esto posea toda la sustancia material. Para que la plenitud del café que está en la cafetera esté luego en mi taza, se requiere que cada gota de café quepa en mi taza. Si todo el café no cabe, no se puede decir que la taza contenga la plenitud del café. ¿Por qué es esto así? Porque el café es una sustancia cuantitativa. Sin embargo, Dios no es un ser cuantitativo, y por lo tanto no se puede medir como el café. Como un ser cualitativo y omnipresente, Dios está en todas partes, y en todas partes es Dios y está en su plenitud. Jesús no posee la plenitud de la cantidad de Dios, porque Dios no es una cantidad. Más bien, Jesús posee la plenitud de la calidad de Dios. Todo lo que hace que él sea Dios, lo es Jesús. Todos los atributos divinos que son propios de Dios, moran en Cristo cualitativamente. Una vez que podemos comprender el hecho de que Dios es un ser cualitativo y no cuantitativo, somos capaces de entender, en parte, la manera en que Cristo puede ser totalmente Dios, y sin embargo, al mismo tiempo Dios puede continuar habitando los cielos.