lunes, 21 de noviembre de 2011

El Tabernáculo (Lecciones)


Por E. Rohn, Sra. Rohn, Myrl Nutting, y John Dearing.
© 1966. Todos los derechos reservados.
Tomado del Curso Pentecostal de Estudio de la Biblia Volumen 1. (Pentecostal Bible Study Course Volume 1).
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.

Contenido 

Lección 1. El propósito del tabernáculo
Lección 2. El atrio exterior
Lección 3. La disposición del campamento
Lección 4. El sacerdocio
Lección 5. Tipología del tabernáculo
Lección 6. Los materiales y los trabajadores
Lección 7. Las tablas
Lección 8. Las barras
Lección 9. La fundación
Lección 10. Las cubiertas
Lección 11. Las estacas y las cuerdas
Lección 12. Los pilares
Lección 13. El mobiliario o la sombra de la cruz
Lección 14. El altar de bronce
Lección 15. La fuente de bronce
Lección 16. El arca del pacto
Lección 17. El altar de incienso
Lección 18. El candelabro y la mesa de los panes
Lección 19. El velo
Lección 20. El rasgado del velo
Lección 21. La consagración de los sacerdotes
Lección 22. La vestidura sacerdotal
Lección 23. La mitra y la diadema de oro
Lección 24. El toque de las campanas de oro
Lección 25. Las cinco ofrendas
Lección 26. El día de expiación


Lección 1. El Propósito del Tabernáculo

El Tabernáculo proporciona uno de los estudios más interesantes y provechosos en todo el Antiguo testamento. Podemos apreciar su importancia cuando consideramos que se dan casi doce capítulos del Éxodo para su descripción. El Señor le advirtió a Moisés que debía construir cada detalle exactamente como Él se lo mandó, ya que cada parte representaba alguna verdad preciosa para el corazón de cada creyente. Los dos propósitos principales del Tabernáculo, que consideraremos en la primera lección de esta serie, consisten en que el tabernáculo satisfizo el deseo de Dios de morar entre su pueblo y también que el tabernáculo nos proporciona tipos o figuras que ilustran la verdad de Dios.

Dios Deseó Morar en Medio de su Pueblo

El Señor declaró claramente su propósito en Éxodo 25:8: “Y harán un santuario para mi, y habitaré en medio de ellos”. La gracia de Dios es expuesta en el principio mismo de nuestro estudio, ya que se demuestra de seguro el favor inmerecido que hizo que el Dios santo estuviera dispuesto a morar en medio de un pueblo pecador, ideando un plan por el cual esto fuera posible.

En la Palabra de Dios, el lugar en el que mora Dios toma tres aspectos, siendo el primero un tipo de los otros dos.

1. El Tabernáculo en el Desierto y el Templo de Salomón. El Templo de Salomón fue construido de manera similar al Tabernáculo y contuvo los mismos artículos e inmobiliario, pero poseía una estructura permanente en vez de una movible, por lo cual sobrepasó notablemente al Tabernáculo en gloria y esplendor. Mientras Israel estuvo en su peregrinación, fue necesario que ellos tuvieran una estructura que pudieran transportar fácilmente de un lado para otro. En Éxodo 29:43-45 se registra la promesa de Dios de morar con los israelitas en el Tabernáculo. Salomón hizo una declaración similar que concierne al Templo: “Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que tu habites para siempre” (1. Reyes 8:13).

2. Jesucristo. Después, Dios moró en medio de la humanidad en la persona de su Hijo, durante treinta y tres años y medio. La Palabra que era Dios (Juan 1:1) fue hecha carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). El vocablo “moró” en griego literal quiere decir “tabernaculizó”. Entonces el templo humano de Cristo, fue el tabernáculo de Dios, su lugar de morada entre la gente. Él fue el “verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (Hebreos 8:2). El lugar en el que mora Dios, es más que una casa de madera y de oro, pues es una casa de carne y hueso, el cuerpo del Señor Jesús (Hebreos 10:5). (Ver también Juan 14:9-10;  2. Corintios 5:19; Colosenses 1:15, 19; 2:8-9.)

3. La iglesia. Después, Dios moró en la iglesia por el Espíritu Santo dado a cada uno de sus miembros. Cuando el tabernáculo del Hijo ascendió al cielo (Hechos 1:9), sus seguidores estuvieron solos, pero Dios vino a morar en ellos. El Señor prometió antes de marcharse, que Él no los dejaría solos, sino que vendría a morar en ellos: “Porque vosotros sois templos del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2. Corintios 6:16). La gente Llena por el Espíritu de Dios es ahora su Tabernáculo (Ver Juan 14:16-17; Romanos 8:11; 2. Corintios 5:1.)

En conexión con el punto 2, Dios morará en medio de su pueblo en la persona de Cristo  durante todo el Milenio y por toda la eternidad. Nosotros vemos a Jesús morando en medio de su pueblo durante el Milenio en Isaías 32:1, Jeremías 23:5 y Zacarías 2:10-11. Nosotros vemos a Dios morando con la humanidad durante toda la eternidad en la persona de Cristo, según Apocalipsis 7:15; 21:3, 22; 22:4. Resaltemos Apocalipsis 21:3: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos, como su Dios”. El verso 22 habla de este tabernáculo: “El Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero”. Nótese el uso del verbo singular en el griego. Este término se aplica a un solo ser, ya que cuando Apocalipsis 22:3-4 describe “el trono de Dios y del Cordero” hace uso del pronombre singular para Él: “sus siervos... verán su rostro; y su nombre estará en sus frentes” (énfasis añadido).

El Tabernáculo proporciona Tipos de Cristo y de la Iglesia. El escritor a los Hebreos habla de la adoración en el Tabernáculo como “un símbolo para el tiempo presente” (Hebreos 9:9). Hebreos 9:24 explica que Cristo, el sumo sacerdote verdadero, no entró “en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo”. El Tabernáculo no fue sólo un tipo de la persona del Señor Jesús, pues cada mueble es también un ejemplo práctico que describe alguna fase de la obra de Cristo para la humanidad. (Ver Hebreos 9:2-11; 10:1). El Tabernáculo y el Templo traen un número de declaraciones que muestran claramente que ambos son Tipos de Jesús. En 1. Reyes 8:27-30, vemos algunas similitudes entre Jesús y el templo.

1. El templo fue una casa donde Dios decidió colocar su nombre (verso 29). El cuerpo de Jesús fue el templo donde Jehová colocó su nombre. “Yo he venido en nombre de mi Padre” (Juan 5:43). El Hijo de Dios obtuvo su nombre por herencia: “Hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1:4).

2. Los hombres debían orar hacia el Templo. "Oye, pues la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar” (1. Reyes 8:30). Esto ilustra que si deseamos encontrarnos con Dios, debemos orar hacia donde Él mora en el presente, y sólo podemos conseguir la audiencia con Dios, cuando lo buscamos en y por su Hijo Jesucristo. “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). En “la faz de Jesucristo”  es que contemplamos la gloria de Dios (2. Corintios 4:6).

3. Aun cuando Dios moró en el Templo, su Ser entero no estuvo contenido por este. “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado (1. Reyes 8:27). Así, aunque la plenitud de la Deidad mora en Jesucristo (Colosenses 2:9), Dios es el Espíritu omnipresente que llena el universo.

El Tabernáculo es también un tipo del plan de salvación de Dios. Los sacrificios en el patio, mostraron que Dios no puede morar en medio de una gente pecadora, excepto sobre la base de una expiación de sangre. En el plan de salvación de Dios, ningún pecador puede acercarse a Dios a no ser que él confíe solamente en la sangre de su Salvador como la expiación para su pecado. También consideraremos en las lecciones siguientes un número de formas en las cuales el Tabernáculo tipifica a la Iglesia y a sus miembros.

Preguntas:

1. ¿Por qué es importante el estudio del Tabernáculo?
2. ¿Cuáles son los dos propósitos principales del Tabernáculo?
3. Explique cómo el lugar de la morada de Dios, el Tabernáculo, tipifica a su Hijo Jesús.
4. ¿Cómo tipifica el Tabernáculo a la Iglesia?
5. ¿Cómo morará Dios en medio su pueblo por la eternidad?
6. De tres razones por las cuales el Templo de Salomón tipifica a Cristo.


Lección 2. El Atrio Exterior


Dimensiones:
Atrio 45,7 m. x 22,8 m. 
Tabernáculo: 13,7 m. x 4,6 m. x 4,6 m. 
Lugar Santo: 9,1 m. x 4,6 m. x 4,6 m.
Lugar Santísimo: 4,6 m. x 4,6 m. x 4,6 m.
Puerta: 9,1 m.

El área que rodeaba el Tabernáculo fue llamada el Atrio. Este era un recinto de 45,7 m. por 22,8 m., con una puerta hacia el lado oriental, que permitía la entrada a ese patio. La barrera del Atrio fue hecha de lino blanco, que colgaba de sesenta pilares, veinte sobre cada lado largo y diez sobre cada lado corto.

Fuera del Tabernáculo, el Atrio contuvo dos objetos importantes de adoración ceremonial: el altar de bronce, que era el lugar de sacrificio por los pecados de las personas y la fuente de bronce, donde los sacerdotes tenían que lavarse antes de entrar al santuario.

El Tabernáculo era una edificación alargada de 13,7 m. de largo, 4,6 m. de ancho, y 4,6 m. de alto. Fue construido con cuarenta y ocho tablas cubiertas de oro, apoyadas cada una sobre dos basas de plata. Las tablas se juntaban por medio de cinco travesaños horizontales en cada uno de los lados. Esta edificación fue dividida en dos cámaras desiguales: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Este último contuvo el arca del pacto; desde la tapa del arca el Señor habló con Moisés. La división más grande, o el Lugar Santo, contuvo el candelero de oro, la mesa de los panes de la proposición y el altar de incienso. Una cortina de azul, púrpura y carmesí separaba el Tabernáculo del Atrio Exterior. Una cortina magnífica se constituyó en el velo que separó el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Esto, en breve, es la descripción del Tabernáculo y del Atrio Exterior.

Preguntas

1. Dibuje de memoria una pequeña imagen mostrando el arreglo general del Tabernáculo y del Atrio Exterior.
2. ¿Cuáles eran las dimensiones del Atrio y del Tabernáculo?
3. Mencione los seis muebles encontrados en el Tabernáculo y en el Atrio.
4. ¿Cuáles fueron los dos compartimentos en que fue dividido el Tabernáculo?
5. ¿Qué se usó para dividir estos dos cuartos?


Lección 3. La Disposición del Campamento



Disposición del Círculo Interior

Fuera de la puerta, Israel acampó siguiendo exactamente la orden dada por el Señor. El círculo interior estaba compuesto por los sacerdotes que ministraban en el santuario y por los obreros que armaban y desarmaban el Tabernáculo cuando viajaban de un lado para otro. Moisés, Aarón y los hijos de Aarón, acamparon hacia el lado oriental, directamente delante de la entrada del Tabernáculo (Números 3:38). Por eso la entrada a la ciudad santa, a menudo es nombrada como “la puerta oriental”. Sólo la familia sacerdotal de Aarón, podía entrar en el santuario.

Dios escogió a los levitas de entre todas las tribus para “servir en el ministerio del Tabernáculo” (Números 3:6-7). La tribu de Leví estaba compuesta por los hijos de Gersón, los hijos de Kohat y los hijos de Merari (Números 3:17). Los gersonitas acamparon al oeste, los kohatitas al sur, y los meraritas al norte del Tabernáculo (Números 3:23, 29, 35).

Los gersonitas tenían a su cargo la cubierta, las cortinas y las colgaduras (Números 3:25-26). Ellos transportaron estos artículos en dos carros que eran tirados por cuatro bueyes (Números 7:7). Los hijos de Merari tenían a su cargo las tablas y sus basas  (Números 3:36-37). Ellos transportaron estas tablas en cuatro carros tirados por ocho bueyes (Números 7:8). Los hijos de Kohat tenían a su cargo los muebles y el velo (Números 3:31). Ellos transportaron todas estas cosas sobre sus hombros (Números 7:9).

Disposición del Círculo Exterior

Las tribus de Judá, Isacar y Zabulón acamparon al este. Rubén, Simeón y Gad acamparon al sur. Efraín, Manasés y Benjamín acamparon al oeste. Dan, Aser, y Neftalí acamparon al norte. Ellos fueron los soldados, que conformaban cuatro ejércitos de tres divisiones cada uno. (Ver Números 2).

Para entrar al Tabernáculo, se tenía que pasar por el campamento de Judá, lo que nos recuerda que Cristo nació de la tribu de Judá. Para entrar en el plan de salvación Cristo, debemos entrar en contacto con Cristo, el León de la tribu de Judá.

Tres Clases de Personas

De esta disposición, podemos ver que el campamento de Israel fue dividido en tres clases de personas: los sacerdotes, los obreros y los soldados. Todo cristiano enfrenta a tres enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Su defensa es también triple, pues cada santo de Dios debe ser un adorador, un obrero y un guerrero. A algunos cristianos les gusta adorar a Dios, pero son vacilantes en el servicio. Otros siempre están ocupados en la viña de su Amo, pero se mantienen tan ocupados que dedican poco tiempo a la verdadera adoración y alabanza. Cada santo debe ser un soldado, que esté revestido de toda la armadura de Dios. (Ver 2. Corintios 10:3-5; Efesios 6:13; 1. Timoteo 1:18; 2. Timoteo 2:3-4).

Los soldados no sólo deben estar bien equipados, sino que ellos también deben estar dispuestos a soportar la adversidad y a no enredarse con los asuntos de esta vida. El pueblo de Dios es también un pueblo de obreros y siervos (Romanos 1:1; 1. Corintios 9:19-20; Gálatas 5:13). Como adoradores, son los sacerdotes de Dios, no sólo porque ellos deben ofrecer la alabanza y la adoración continuamente, sino también porque ellos deben interceder por los que todavía están por fuera del arca de salvación. Como sacerdotes y reyes, reinaremos sobre la tierra (Apocalipsis 5:10; 20:6).

Preguntas 

1. ¿Quiénes conformaron el círculo interior?
2. Mencione a los tres hijos de Leví.
3. ¿Qué labor les fue asignada?
4. ¿Cómo transportaron las diferentes piezas del Tabernáculo?
5. ¿Cómo se distribuyeron las tribus para acampar sobre cada lado del Tabernáculo?
6. ¿Por qué lado del campamento entraron los sacerdotes al Tabernáculo? ¿Qué sugiere esto?
7. ¿Cuáles fueron las tres clases de personas en que fue dividido el campamento de Israel?
8. ¿De qué forma estas tres clases de personas tipifican a los cristianos?


Lección 4. El Sacerdocio 


La Tribu de Leví Elegida Para el Sacerdocio

El sacerdocio establecido para el servicio en el Tabernáculo, realizó las ceremonias, y también desarmó y transportó ese santuario (ver Números 3:6-8). Los levitas tomaron el lugar de los primogénitos que habían sido separados y consagrados al Señor, en memoria de la protección que Dios dio al pueblo de Israel durante la noche en que fue establecida la Pascua de los judíos (ver Éxodo 22:29-30; Números 3:12-13; 8:17-18).

Cada levita redimió a un primogénito. “He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos (los primeros nacidos entre los hijos de Israel); serán, pues, míos los levitas” (Números 3:12). Sin embargo, ya que había 22.273 primogénitos y sólo 22.000 levitas, el resto de primogénitos fueron redimidos a razón de cinco siclos cada uno, dando el dinero de rescate a los sacerdotes (ver Números 3:43-51). Este rescate es un tipo de Jesús, nuestro sacerdote, que redime a cada miembro de la iglesia, que es llamada “la congregación de los primogénitos” (Hebreos 12:23). No fuimos redimidos con oro, sino con la sangre preciosa de Cristo (1. Pedro 1:18-19).

Dios, sin duda escogió a la tribu de Leví, debido a que ellos se pusieron al lado del Señor, cuando los israelitas rindieron culto al becerro de oro (ver Éxodo 32:26). Dios siempre ha tenido un remanente. Tal como Dios recompensó a los levitas por su soporte valiente en contra del pecado de su día, así también recompensará a aquellos que hoy han decidido seguir al Señor en medio de una gente incrédula. Nuestra recompensa, como la de ellos, es un sacerdocio real (ver 1. Pedro 2:9).

Propósito de Todos los Detalles Dados por el Señor

Nosotros leemos en la Palabra de Dios, que el Templo y el Tabernáculo son las únicas edificaciones que tuvieron al Señor como su arquitecto exclusivo. Dios mismo dispuso el orden del campamento y dio todas las instrucciones sobre como celebrar el culto. Él no dejó ningún espacio abierto para que el pueblo incorporara sus propias ideas en su plan, o escogiera cualquier lugar en el cuerpo.

Este hecho demuestra que si deseamos que Dios acepte nuestra adoración, debemos conducirnos sólo como Él lo ha establecido y no como nosotros deseemos (ver Mateo 10:19; Juan 17:20; Gálatas 1:8; Hebreos 8:5; Judas 3). Tal como el Libro del Éxodo dio el modelo para la adoración en el Antiguo Testamento, así también en el libro de los Hechos, el Señor ha dado un modelo para la adoración en el Nuevo Testamento. Judas exhortó a los cristianos a aferrarse fuertemente a la fe apostólica que fue entregada una vez a los santos y Pablo nos advirtió que no debemos predicar un evangelio diferente de aquel que él predicó (ver Gálatas 1:8-9; Judas 3).

Al tener cada persona su lugar y deberes asignados, se garantiza el orden y se elimina la confusión. Si cada miembro de la iglesia le permitiera al Espíritu Santo que le mostrara su lugar, la iglesia será así como Él la ha deseado. El deseo de Dios es eliminar toda confusión de la iglesia (ver 1. Corintios 14:27-33; 1. Timoteo 3:14-15). Si cada congregación siguiera el modelo de iglesia primitiva cuando fue conducida por los apóstoles, no habría controversia entre ellos. Al reconocer el orden de Dios, se eliminará el mal que busca introducirse en la iglesia (ver Marcos 10:37, 43; Lucas 14:7-11; Isaías 33:22; 1. Corintios 11:1, 2. Timoteo 3:16). Muchos han sido engañados pensando que Dios aceptará su adoración de cualquier forma, pero esa es una creencia incorrecta que pasa por alto la importancia de la obediencia.

Preguntas

1. ¿Los levitas tomaron el lugar de qué clase de personas? ¿Cómo ocurrió esto?
2. ¿Cómo fueron redimidos aquellos que no tuvieron a un levita para que tomara su lugar?
3. ¿Por qué fue escogida la tribu de Leví para ese servicio especial?
4. ¿Cuál es la lección que aprendemos, del hecho de que el Señor mismo haya dado a Moisés cada detalle de la construcción y de la adoración en el Tabernáculo?


Lección 5. Tipología del Tabernáculo 



Contraste entre el Tabernáculo y el Templo

Nosotros vemos un gran contraste entre el Tabernáculo pequeño, humilde, parecido a una tienda, que tuvo que ser transportado en medio del caluroso desierto, y el magnífico Templo de Salomón. La mayor riqueza que la tierra podría producir, fue utilizada para hacer del Templo un espectáculo glorioso para todos los que lo contemplaron. En cambio, los paganos que pasaron cerca del Tabernáculo no vieron nada en su aspecto externo que pudiera atraerlos. Uno tenía que estar dentro del Tabernáculo para poder apreciar su belleza. En contraste, la gente vino de todas partes para contemplar el esplendor del Templo de Salomón, y no podía menos que reconocer su majestad, así ellos no simpatizaran con el rey.

Este contraste también está presente en las dos venidas del Señor Jesucristo. Su ministerio sobre la tierra fue humilde. No todos los que vieron sus milagros, reconocieron que el Dios de los cielos había venido a la tierra vestido de carne humana. En realidad, ellos no podían saberlo a no ser que el Espíritu se los revelara, tal como lo hizo con Pedro. Incluso hoy día, hay que estar en Cristo para apreciar su belleza. Pero cuando Cristo venga por segunda vez, Él no vendrá para ser burlado, humillado y crucificado, sino que Él aparecerá en su exaltada posición como el Rey del universo. Toda la gente, sea que haya aceptado o no su plan, lo contemplará como el Rey de Gloria. ¡Qué ministerio tan diferente tendrá Cristo durante su reinado milenial! Así como el Tabernáculo fue construido primero y luego el Templo, así también los profetas declararon “los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos” (1. Pedro 1:11).

Muchas cosas que son verdaderas en Cristo, la cabeza del cuerpo, también son verdaderas en su cuerpo, la iglesia. Cada miembro de la iglesia tiene la gloria de Dios que mora dentro de ellos, pero la vida terrenal en este cuerpo es un viaje acosado por muchas pruebas, padeciendo juntamente del sufrimiento y la humillación del Salvador. Sin embargo, nuestras aflicciones presentes no son para nada comparables con la gloria que será manifestada en nosotros cuando alcancemos nuestra morada eterna (ver Romanos 8:17-18). Entonces vendrá una gloria mayor que la del Templo de Salomón, cuando los redimidos del Señor sean juntados sobre el Monte de Sión y la Nueva Jerusalén baje del cielo dispuesta como una novia adornada para su marido.

El Tabernáculo Ocupó una Posición Central 

Sea que israelitas acamparan durante un período, o sea que estuvieran en marcha, el Tabernáculo siempre permaneció en el centro (ver Números 10). Cristo debe ser siempre la cabeza y el centro de la iglesia, y todas nuestras actividades deben girar en torno a Él. Ninguna actividad debería ser llevada a cabo si no ha sido impulsada por Espíritu Santo y si no trae la gloria a Él. Si Cristo es el objeto principal del afecto de los cristianos, Él continuará siéndolo, incluso si algunos de nuestros líderes se desvían del camino. Siempre vamos a tener a Cristo en el centro (ver 1. Corintios 11:3; Hebreos 8:2).

El Tabernáculo en las Tormentas

El Tabernáculo estaba sujeto a las mismas tormentas y fue golpeado por los mismos vientos que desgastaron con su furia las más pequeñas tiendas de los israelitas. De la misma manera, Cristo afrontó la adversidad del mundo y fue tentado en todo así como nosotros, de modo que Él es capaz de ayudar a los que son tentados (Hebreos 2:18; 4:15).

Preguntas 

1. ¿En qué manera era diferente el aspecto externo del Tabernáculo,  del aspecto del Templo de Salomón?
2. ¿Cómo se aplica esto a la vida de Cristo?
3. ¿Cómo es este contraste cumplido en la iglesia?
4. ¿Qué lección aprendemos con relación a que el Tabernáculo debía estar siempre en el centro del campamento?
5. ¿Qué lección aprendemos con relación a que el Tabernáculo tuvo que afrontar las mismas tormentas que sufrieron las más pequeñas tiendas de los israelitas?


Lección 6. Los Materiales y los Trabajadores 

Origen de los Materiales

A excepción del dinero de rescate, el Tabernáculo fue construido de materiales ofrecidos voluntariamente por los israelitas. “Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda” (Éxodo 25:1-2). Este es uno de los relatos más destacados sobre el dar que han quedado registrados. Cuando todos los materiales fueron recogidos, ellos encontraron que había material abundante para hacer la obra y sobraba (Éxodo 36:7).

En la recolección de estos materiales encontramos a Cristo ejemplificado como el proveedor para cada necesidad. Él es Jehová-Yiré, el Dios que provee. El Señor permitió a la gente dar de todo lo que se requería para completar el Tabernáculo. De la misma manera, Dios hace posible para su pueblo, que en los días actuales den lo que se requiera para apoyar la obra de Dios (ver Génesis 22:14; 1. Crónicas 29:14; Filipenses 4:19).

Esto a su vez nos muestra, que Dios mora en la iglesia, la cual sostiene la obra de Dios en esta tierra, por medio de las contribuciones voluntarias de sus miembros (ver Mateo 23:23; Marcos 12:41-44; 1. Corintios 9:7, 11, 14; 16:1-2; 2.  Corintios 9:6-7). Estos textos de la Escritura, revelan que el plan de Dios para contribuir el día de hoy, incluye diezmos, ofrendas y aun sacrificios, como el sacrificio de la viuda que dio sus dos blancas. Al hacernos concientes del maravilloso regalo que Dios nos dio en su Hijo, se nos hace más fácil contribuir para la obra de Dios (ver Mateo 6:21; 2. Corintios 8:9).

Los israelitas no dieron para ser pueblo de Dios, sino que ellos dieron porque ya habían sido redimidos, habían sido bendecidos materialmente, y estaban dispuestos y gozosos de ver el plan de Dios puesto en práctica. No llegamos a ser el pueblo de Dios por dar dones materiales, sino que damos porque hemos sido redimidos y el amor por la causa del Señor hace que nosotros contribuyamos. Ya que Cristo pagó el precio por nosotros, nada de lo que ahora tenemos nos pertenece ¡De hecho, no nos pertenecemos ni siquiera a nosotros mismos! Somos simplemente administradores de lo que Él ha colocado en nuestras manos.

¿Quién dio? “Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad” (Éxodo 35:21). Cuando nuestros corazones son sensibles, damos más. Alguien acertadamente dijo: “Cuando un corazón está bien con Dios, nuestras manos están prestas para darle a Él” (ver 2. Corintios 8:1-2).

Los Trabajadores

Dios dotó con la sabiduría necesaria a aquellos que estuvieron dispuestos a trabajar (ver Éxodo 35:31, 35). El Señor dotó de manera especial a Bezaleel y a Aholiab para el arduo trabajo ellos tuvieron que realizar. En el ingenio de estos trabajadores, nosotros vemos un tipo de Cristo, quien es la sabiduría de cada miembro de la iglesia (ver 1. Corintios 1:24; Santiago 1:5). El Señor nunca llamará a nadie para ningún tipo de servicio, sin ungirlo para aquel servicio particular (ver Gálatas 1:12; 1. Tesalonicenses 5:24; 1. Juan 2:27). ¡Cuántos estragos se han dado, por causa de aquellos que no han sido llamados, y por consiguiente, que no han sido dotados para realizar el servicio que ellos han querido hacer, motivados solamente por su propia voluntad!

Las mujeres también tuvieron su participación en esa obra. Ellas hilaron las exquisitas colgaduras de lino (ver Éxodo 35:25-26). Las Mujeres también tienen su lugar en el trabajo de la iglesia (ver Joel 2:28-29). Dios prometió que en los postreros días, Él enviaría su Espíritu sobre sus siervas, así como sobre sus siervos y todos profetizarían.

Preguntas

1. ¿Cómo consiguió Moisés el material para construir el Tabernáculo?
2. ¿Cómo es ejemplificado Cristo en la reunión del material?
3. ¿Cuál es el plan de Dios para la financiación de la iglesia?
4. ¿Qué razón da la Escritura para la abundancia de las ofrendas traídas a Moisés?
5. ¿Cómo fue posible que los trabajadores fueran capaces de realizar su ardua labor?
6. ¿Qué lección aprendemos de la sabiduría de los trabajadores?
7. ¿Qué parte tenían las mujeres en la obra? ¿Qué parte tienen ellas ahora en la iglesia?


Lección 7. Las Tablas 


Las paredes del Tabernáculo constaban de cuarenta y ocho tablas de madera de acacia, veinte sobre cada lado largo y ocho en la pared final. Cada tabla fue cubierta completamente de oro y tenía dos espigas por las cuales se unió con las basas de plata que le servían de apoyo. Estas tres paredes fueron sostenidas en su lugar por quince barras horizontales, cinco sobre cada lado (ver Éxodo 26:15-29).

Las Tablas Como Tipo de Cristo

Cada tabla estaba compuesta de dos materiales contrastantes - la madera y el oro -  que ilustran perfectamente la humanidad y la Deidad de Cristo.

La madera de acacia es destacada por su incorruptibilidad, así que aquí tenemos un símbolo apropiado de la rectitud y de la ausencia de pecado de la humanidad de Cristo. Cristo “no hizo pecado, ni se hallo engaño en su boca” (1. Pedro 2:22). Él “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). (Ver también Hebreos 7:26; 1. Juan 3:5). Incluso en la muerte, su cuerpo no se corrompió. Había sido profetizado de Él, que su alma no sería dejada en el hades y que su carne no experimentaría corrupción (Hechos 2:31).

Ya que cada tabla estaba compuesta de madera y de oro, esta verdad ilustró a Jesús, quien es simultáneamente hombre verdadero y Dios verdadero. “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo” (Tito 2:13). Él habló de sí mismo como Espíritu y como carne (Juan 6:62-63). Juan lo describió como el único que está sentado sobre el trono como Dios y como Cordero de manera simultánea (Apocalipsis 22:1-4). Aunque la madera no era el oro, ni el oro era la madera, aun así, estos dos materiales conformaban cada tabla. Así también, la Deidad de Cristo no es su humanidad, y su humanidad no es su Deidad, pero aun así, estas se fusionaron perfectamente en la persona de Cristo (ver Isaías 42:8; 43:3; 45:5; Juan 10:30).

Como hombre, Jesús se cansó y durmió en la parte inferior del barco; como Dios, Él reprendió la tormenta (Mateo 8:24-26; Proverbios 30:4). Como hombre, Él lloró en la tumba de Lázaro; como Dios, Él resucitó a Lázaro (Juan 11:33-44). Como hombre, Él sufrió sobre la cruz; como Dios, Él resucitó su humanidad (Mateo 27:33-50; 28:2-6; Juan 2:19).

Las Tablas Como Tipo de la Iglesia

Al considerar cada tabla con relación a la iglesia, estas pueden representar a cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo, ya que la iglesia es también un edificio “un templo santo en el Señor” (Efesios 2:21; 1. Pedro 2:5). Cuando los leñadores escogieron los árboles para hacer las paredes, ellos los encontraron inmersos entre los demás árboles del bosque, firmemente plantados y arraigados en la tierra. Debido a que el Señor tenía necesidad de ellos, entonces fueron cortados y separados para siempre de la tierra. Luego, fueron cubiertos con oro y dispuestos en el lugar donde moraba la gloria de Jehová. Cuando nosotros no habíamos conocido la salvación, estábamos arraigados a la tierra, participando de los placeres del mundo (ver Efesios 2:1-3, 12.) Por la espada de la Palabra de Dios morimos al mundo, separándonos para siempre de él. Por el Espíritu nos hicimos partícipes de su naturaleza Divina, cubiertos de su verdad, y nos convertimos en el lugar donde mora Dios.

Preguntas

1. ¿De cuántas tablas estaban compuestas las paredes del Tabernáculo?
2. ¿Qué materiales conformaban cada tabla?
3. ¿Qué representa la madera?
4. ¿Qué representa el oro?
5. ¿Qué lección nos enseñan estas tablas con relación a la Unicidad de Dios?
6. ¿De qué modo pueden estas tablas representar a los miembros de la iglesia?


Lección 8. Las Barras 


Comparación con Cristo

Cinco barras de madera cubiertas de oro, que atravesaban horizontalmente cada lado del Tabernáculo, sostuvieron las paredes en su lugar (ver Éxodo 26:26-29). Las tablas tuvieron que sujetarse muy bien, para que las paredes no se desestabilizaran y cayeran. Si las paredes hubieran caído, las cortinas y las colgaduras se habrían convertido en una masa desordenada.

Asimismo, si renegamos de la Deidad de Cristo, cualquier otra doctrina cristiana puede ser impugnada. Pero la Escritura declara que un día serán destruidos los enemigos de la verdad (1. Corintios 15:25). Si la Deidad de Cristo no pudiera ser establecida, si Él no hubiera resucitado de entre los muertos, ocurriría como dijo Pablo “aún estáis en vuestros pecados. Entonces los que durmieron en Cristo perecieron” (1. Corintios 15:17-18). Esto explica por qué los ataques de los críticos se concentran en la Deidad de Cristo, su encarnación, su nacimiento virginal, su ascensión corporal y su segunda venida.

Así como las paredes no quedaban seguras hasta que no estuvieran ligadas por las barras, el mundo nunca estará seguro hasta que todas las cosas sean reunidas bajo la autoridad de Cristo. Al final de los tiempos, Dios va a “reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10). (Ver también Hebreos 2:8). Con el principado sobre su hombro, Él establecerá un reino que nunca podrá ser derribado.

Comparación con la Iglesia

Dios ha dado desde el cielo, cinco oficios diseñados para mantener unida a la iglesia y para llevar a sus miembros a la perfección. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12). Si la gente no fuera llena del Espíritu, ninguno podría ejercer estos oficios, y entonces los vientos de falsa doctrina causarían estragos entre los distintos miembros del cuerpo de Cristo. Muchos de aquellos que no han reclamado la necesidad de un pastor o de alguien más para enseñarles, se han desviado y han traído mucho reproche a la causa de Cristo.

La Puerta del Atrio

El Atrio puede representar nuestra posición en Cristo, como “el redil” sobre el cual Cristo es el Pastor (ver Salmo 65:4; 84:10; 92:13; 100:4). Una valla de lino blanco encerró el Atrio.

Sólo había una puerta o entrada en el atrio. Esto nos ilustra de que hay un sólo plan de salvación y una sola puerta en el reino de Dios (ver Salmo 118:20; John 10:7, 9; 14:6.) De igual modo, sólo había una puerta en el arca de Noé, que es también un tipo del reino (ver Génesis 6:16). Todos los proyectos que el hombre a autofabricado para entrar en el cielo, fallarán.

Jesús dio a Pedro las llaves de la puerta del reino (Mateo 16:19). Él usó estas llaves durante el Día de Pentecostés, después de que el Señor lo ungió para que fuera el portavoz apostólico. En Hechos 2:38-39, él predicó a la multitud que se arrepintieran, que fueran bautizados en el nombre de Jesús, y que recibieran el Espíritu Santo. Él usó la llave verdadera, ya que la puerta se abrió tan ampliamente que dejó que tres mil almas entraran (Hechos 2:41). Este mensaje armoniza con las enseñanzas de los demás apóstoles (ver Hechos 8:14-17; 10:44-48; 19:1-6.)

Preguntas. 

1. ¿Cuál era el objetivo de las barras horizontales?
2. ¿Qué habría pasado a las paredes sin la presencia de las barras?
3. ¿Cuál es la doctrina esencial concerniente a Cristo, que a menudo atacan los críticos?
4. ¿Qué lección podemos aprender del empleo de las barras?
5. ¿Cuál es el método de Dios para mantener unida a la iglesia?
6. ¿Cuál es la ilustración de la única puerta o entrada al Atrio?
7. ¿De qué manera fue abierta la puerta al reino de los cielos?


Lección 9. La Fundación

Descripción

El Tabernáculo tenía una fundación de plata, que consistía en cien basas de plata, dos bajo cada una de las cuarenta y ocho tablas y cuatro debajo de los pilares del velo. Cada basa pesaba un talento (ver Éxodo 38:27). Estas basas de plata fueron hechas con el dinero de rescate, que cada hombre mayor de veinte años dio como rescate por su alma. El precio que cada uno dio fue de medio siclo (ver  Éxodo 30:11-15).

Los Tipos

Desde que el Señor designó este impuesto como un rescate de las almas (Éxodo 30:12), las basas de plata tipifican el precio de rescate que el Señor Jesús pagó por las almas de las personas, pues fuimos comprados con un precio (1. Corintios 6:20) - no con plata u oro, sino con la sangre preciosa de Cristo (1. Pedro 1:18-19).

El dinero de expiación, consistente en la plata que fue usada para la fundación del Tabernáculo, indica que la expiación de Cristo, en su muerte, sepultura y resurrección, es la base sobre la cual el cristianismo se apoya. Podemos ver que el modernismo, aunque pueda ser llamado una religión, no puede ser considerado cristianismo, ya que carece de los principios fundamentales en los cuales los cristianos confiamos para nuestra salvación. Las paredes cubiertas de oro, nunca habrían permanecido de pie, si no hubieran sido firmemente arraigadas a la fundación de plata.

Las enseñanzas engañosas del modernismo, que ignoran la expiación por la sangre de Cristo, nunca podrán soportar la prueba del juicio de Dios. La sola pureza de Cristo, simbolizada en la madera de acacia, nunca podría completar la salvación. Si Cristo hubiera venido al mundo solamente para exhibir su santidad, el abismo entre la humanidad y Dios, habría llegado a ser mayor que nunca antes, pero Él vino para morir por el mundo (ver Juan 10:17-18; Hebreos 2:9). Ni siquiera en los milagros que Él realizó, por medio de los cuales demostró su Deidad, nunca podría salvar las almas de las personas. La predicación que presenta a Cristo únicamente como un buen ejemplo, deja a la humanidad sin ninguna esperanza de salvación y sin ningún poder real para poder seguir el ejemplo de Cristo.

Así como el dinero no provino de ningún otro lugar, sino de cada individuo, nosotros vemos que la salvación es un asunto individual (ver Mateo 16:26; Romanos 10:9). Pablo dijo a los santos de Filipos, que cada uno debe ocuparse de su “propia salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). De hecho, ninguno que descuide esta grande salvación, podrá escapar (Hebreos 2:3). Este punto es otro golpe a la enseñanza de que todos van a ser salvos.

Tanto el rico como el pobre fueron redimidos con la misma suma. “Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas.” (Éxodo 30:15). El rico y el pobre deben obedecer el mismo plan de salvación y deben llegar al mismo nivel de humildad.

Si alguno se hubiera negado a pagar el precio de su rescate, se hubiera convertido en objeto del juicio divino. En Éxodo 30:12, el Señor ordenó a Moisés que tomara el rescate de cada uno, “para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado”. Toda persona que rechace reconocer a la sangre de Cristo como su única esperanza de salvación, se hace sujeto del juicio de Dios, que es la muerte segunda. La gente moralmente buena, pagó el mismo precio que la gente sumamente mala. Los que han cultivado vidas morales, necesitan la sangre de Cristo, tanto como los que han andado en  mala vida.

Preguntas

1. Describa la fundación del Tabernáculo.
2. ¿Por qué medio se obtuvo el material para la fundación?
3. ¿De qué era tipo, el dinero de rescate?
4. ¿Qué indica la fundación de Tabernáculo con relación al fundamento del cristianismo?
5. ¿Por qué el modernismo es contrario a los verdaderos principios del cristianismo,  como es mostrado en esta lección?
6. ¿Qué detalle relacionado con la fundación del Tabernáculo, ilustra que la salvación es un asunto individual?
7. ¿Qué otra lección aprendió usted de la fundación?


Lección 10. Las Cubiertas


Cuatro cubiertas fueron extendidas sobre el marco de Tabernáculo. La cubierta externa era de pieles de tejón, la siguiente era de pieles de carnero teñidas de rojo, la tercera era de pelo blanco de cabra, y la cuarta era de lino. En esta lección, consideraremos la importancia de cada una.

Las Pieles de Tejón

Las pieles de tejón que estaban por fuera de la cubierta, ilustran la forma externa de Cristo (ver Éxodo 26:14.) Estas pieles no fueron cubiertas o adornadas. Estas eran de un color azul embotado y cano y no eran agradables a la vista. Isaías 53:2-3, nos proporciona un panorama de Cristo en su humillación: “…no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”. Mas adelante, su humanidad es descrita como siendo golpeado, herido de Dios, y abatido. Dicha cubierta externa, tipifica la humillación de Cristo. Como esta cubierta no tenía una dimensión específica, entonces es también cierto que la humillación de Cristo no puede ser medida. Si el Dios santo tiene que humillarse para contemplar las cosas que están sobre la tierra (Salmo 113:6) ¿Quién podrá medir las profundidades de la humillación a la cual Él descendió, para hacerse obediente hasta una muerte de cruz? (Filipenses 2:8).

Sin duda, los paganos menospreciaron el Tabernáculo que era el centro de la adoración en Israel, pues nada de lo que ellos pudieran ver en la parte exterior, haría que ellos desearan pasar adentro. Ellos habrían tenido que pasar el altar del sacrificio, para entrar en el Tabernáculo y contemplar la belleza de adentro. Los que deseen contemplar la belleza de Cristo, no lo pueden hacer con una mirada superficial. Ellos deben entrar al reino por la única puerta, pasar el altar del sacrificio donde Cristo fue asesinado, y entrar al santuario para buscar su rostro.

¡Qué contraste entre la fea piel de tejón y el interior del santuario! En el interior del santuario, se hallaban las paredes que brillaban a ambos lados por el oro más puro; las tapicerías de lino blanco en lo alto, en frente y por detrás; y la luz del candelero de oro que relucía la belleza de cada mueble. Dentro del Lugar Santísimo, la gloria de Dios brilló intensamente. Muchos de los que en alguna época consideraron al cristianismo con desprecio, sin notar ninguna belleza en Cristo, después de arrepentirse de sus pecados, entrando en el santuario, han gritado, ¡no me dijeron ni la mitad de lo que he visto! (Ver Salmo 27:4).

Nosotros podemos explicar el camino de salvación, describiendo con nuestras palabras la alegría que experimenta un alma redimida por la sangre de Cristo. Pero solo hasta que una persona entre en la puerta del reino y pase por el altar del sacrificio hasta el santuario mismo, es cuando conocerá la belleza interna del Hombre de Galilea.

La chekiná (la nube de la gloria de Dios) estaba dentro del Lugar Santísimo. Aunque nosotros hayamos sido redimidos del pecado y disfrutemos de la belleza del santuario, no conoceremos la chekiná de la gloria de Dios, hasta que dejemos que Dios nos llene con su Espíritu Santo (ver Hechos 2:4; 10:44). Los cristianos deben ser revestidos de continuo con la humildad de las pieles de tejón, de modo que la gloria de Dios pueda morar constantemente dentro de nosotros (Ver 1. Corintios 1:26-29; Hebreos 13:12-13). La gloria de la iglesia no está en decoraciones costosas, sino en permanecer llena del Dios santo (1. Pedro 4:14).

Las Pieles de Carnero Teñidas de Rojo

La cubierta de pieles de carnero fue colocada justamente debajo de las pieles de tejón y tampoco tenía una dimensión específica (ver Éxodo 26:14). Las pieles de carnero tipifican a Cristo como nuestro sacrificio sustituto. El tinte rojo con el cual fueron impregnadas, simbolizan la sangre que Cristo derramó cuando tomó nuestro lugar en la muerte. La Palabra Dios, presenta al carnero como un substituto por la muerte de otro. Cuando Abraham, en obediencia a la orden de Dios, estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac, un ángel detuvo su mano. Entonces Abraham vio un carnero apresado por sus cuernos en un matorral. “Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo” (Génesis 22:13). El Señor proporcionó ese carnero como un substituto directo de Isaac, para mostrar por medio de ese acontecimiento, el tipo del substituto que Dios proporcionaría para redimir al impío y al pecador, pues todos estábamos condenados a morir por nuestro propio pecado (Romanos 5:8). Verdaderamente, Cristo, nuestro substituto, vino al mundo para tomar el lugar del pecador.

La raíz de la palabra “dio” de Juan 3:16 es “dedicó”. Así, una interpretación satisfactoria del verso es, “De tal manera amó Dios al mundo, que Él dedicó a su Hijo unigénito como nuestro sustituto, para que todo aquel que crea en él, no perezca, sino que tenga la vida eterna” (ver también Isaías 53:6; Romanos 4:25; 1. Pedro 2:21). La crucifixión de Cristo en lugar de la de Barrabás, expresa qué Él fue puesto en lugar de todos los pecadores.

La cubierta de pieles de tejón, tipifica la humanidad de nuestro Señor. Las cortinas de pieles de carnero simbolizan el objetivo de su humanidad -ser sacrificado en el calvario.

Las Cortinas de Pelo de Cabra

La tercer cubierta del Tabernáculo, consistía de once cortinas de pelo de cabra (Ver Éxodo 26:7-13). Cinco de ellas fueron unidas cubriendo el Lugar Santísimo y el dorso del Tabernáculo; cinco de ellas fueron unidas para cubrir el Lugar Santo, y la cortina extra, colgaba hacia el extremo oriental del Tabernáculo.

Estas cortinas simbolizan a Cristo como nuestra ofrenda por el pecado. El Señor instruyó a los sacerdotes a ofrecer una cabra como ofrenda por el pecado: “Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que era para la expiación del pueblo, y lo degolló, y lo ofreció por el pecado como el primero” (Levítico 9:15). (Ver también Números 28:22). Jesús, como nuestra ofrenda por el pecado, en realidad fue tratado como si Él mismo hubiera sido un pecador. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2. Corintios 5:21). Cuando estuvo sobre la cruz, Dios lo trató como si Él fuera el peor criminal del universo. Cuando nuestros pecados fueron puestos sobre Él, estos lo cubrieron por completo, así como el Tabernáculo estuvo cubierto por las cortinas de pelo de cabra (ver Salmo 32:1-2; 103:12; Isaías 44:22). (Esto explica Números 23:21).

Las Cortinas de Lino Fino Torcido

Diez cortinas de lino, fueron colocadas bajo las cortinas de pelo de cabra que formaban el techo del Tabernáculo (ver Éxodo 26:1-6). Se extendieron incluso, por la parte exterior de las paredes, y se unieron entre sí con broches de oro. Estas eran más cortas que las otras cortinas, y no se permitía que tocaran el piso. Las cortinas de lino, simbolizan la integridad de Cristo (ver Apocalipsis 19:8).

La pureza de Cristo nunca fue contaminada por el mundo. Él era “santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores” (Hebreos 7:26). Un querubín fue bordado sobre el lino blanco en azul, púrpura, y escarlata. Las alas extendidas del querubín en lo alto, nos recuerdan la gloria de la presencia de Dios (ver Salmo 36:7; 61:4; 63:7).

Preguntas

1. ¿Para qué fue empleada la cubierta de pieles de tejón?
2. ¿De qué modo tipifica esta cubierta a Cristo?
3. Contraste el exterior y el interior del Tabernáculo. ¿Qué lección podemos aprender de este contraste?
4. ¿Qué lecciones encontramos aquí para el pecador y para el cristiano?
5. ¿De qué modo la cubierta de pieles de carnero tipifica a Cristo?
6. Explicar la tipología de las cortinas de pelo de cabra.
7. ¿Cómo tipifican las cortinas de lino a Cristo?


Lección 11. Las Estacas y las Cuerdas


Las estacas y las cuerdas de lino, aseguraron el Atrio y el Tabernáculo. Éxodo 27:19 y 35:18, describe tanto a las estacas como a las cuerdas.

Estas estacas de cobre simbolizan a Cristo, pues Isaías 22:20-25 habla de Él como un clavo hincado en lugar firme. La referencia inmediata de ese texto es a Eliaquim, el hijo de Hilcías, pero la naturaleza de la profecía, muestra que en ultima instancia, el cumplimiento es el Mesías, Jesús. Por ejemplo, el nombre “Eliaquim” quiere decir “levantado por Dios”. Dios pondrá la responsabilidad de la casa de David sobre su hombro. Apocalipsis 3:7 describe a Jesús como “el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre”. Así Jesús es el antitipo de Eliaquim, o Aquel que Dios puso para afirmar su trono. Él es el clavo hincado en lugar seguro, para afirmar el trono de David sobre Jerusalén, a fin de que toda la gloria de la casa del Padre sea puesta sobre Él.

Antes de finalizar esta profecía, se habla otra vez de un clavo, que también será anclado en Jerusalén. Sobre ese clavo, los judíos pondrán sus esperanzas, pero será reducido y todo lo que se apoye en él se caerá. “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, el clavo hincado en lugar firme será quitado; será quebrado y caerá, y la carga que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló” (Isaías 22:25). Aquí encontramos un símbolo del Anticristo, que se establecerá como Dios sobre el Monte de Sión, pero, por ser falso, será cortado. Entonces la estaca verdadera y duradera ocupará el lugar seguro.

Ya que estas estacas fueron hechas de cobre, ellas no se oxidaron durante la lluvia o la tormenta. Ellas resistieron cualquier prueba. Ellas simbolizan a Cristo como aquel que fue probado y tentado. Él sufrió la tentación, pero soportó la prueba y venció a Satán. Él fue probado en el Jardín del Getsemaní y sobre la cruz, pero cumplió en cada detalle con su gloriosa misión. Por lo tanto, podemos poner todas nuestras esperanzas sobre Él (ver 1. Juan 3:2).

Tan perfectas como eran las estacas, si estas se hubieran dejado acostadas sobre la parte superficial de la tierra, habrían sido inútiles. El hecho de que estas fueran enterradas, hizo la estructura segura. La libertad del pecado que tuvo Cristo, por sí sola nunca podía dar seguridad al creyente; pero debido a que Cristo murió, siendo sepultado durante tres días en la tierra y por su resurrección, nuestras esperanzas celestiales permanecen seguras.

Las cuerdas rodeaban fuertemente el Tabernáculo y eran sujetadas a las estacas, para hacer del Tabernáculo un lugar seguro. Las cuerdas simbolizan el poder de Dios. En Oseas 11:4 las cuerdas simbolizan el amor de Dios, que atrae a los hombres y mujeres hacia Él: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (ver Juan 12:32-33). 2. Corintios 5:14 dice, “Porque el amor de Cristo nos constriñe”. El griego original significa obliga “a mantenernos unidos”. Es el amor de Dios el que mantiene juntos a los diferentes miembros de la iglesia.

Sin las cuerdas, las estacas habrían sido inútiles. Aunque Cristo murió por nosotros, nosotros no nos beneficiaremos de su obra, a menos que cedamos cuando nos atrae hacia Él y hacia su servicio. Nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo trajere (Juan 6:44). Dado que el Espíritu no siempre se esforzará por el hombre (Génesis 6:3), es demasiado serio cuando nosotros sentimos que el Espíritu de Dios está hablando a nuestro corazón.

Preguntas

1. Describa las estacas o clavos que sostuvieron al Tabernáculo en su lugar.
2. ¿Cómo simbolizan estas estacas a Jesús? Dé una referencia de la Escritura.
3. ¿Quién es el clavo falso de la profecía de Isaías, que debe ser cortado?
4. ¿Qué importancia tiene que las estacas fueran hechas de cobre?
5. ¿Qué punto de comparación podemos obtener del hecho de que las estacas tuvieran que enterrarse?
6. ¿Qué tipifican las cuerdas? Dé una referencia de la Escritura.


Lección 12. Los Pilares


Había tres juegos de pilares: uno en la puerta del patio, uno en la entrada del Tabernáculo, y otro a la entrada del Lugar Santísimo. Jesús es “el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Él es el camino al Atrio (o el reino), Él es la verdad como lo simboliza el Tabernáculo, y Él es la vida como se muestra en la gloria detrás del velo.

El nombramiento de los dos pilares del Templo de Salomón, demuestra que los pilares eran muy significativos (ver 1. Reyes 7:21). Salomón llamó a uno Jaquín y al otro Boaz. Jaquín quiere decir “él establecerá”, mientras Boaz quiere decir “la fuerza”. En los pilares, nosotros vemos la fuerza o el poder de Dios, que reposa en el hombre Cristo Jesús (ver Mateo 28:18; Efesios 1:18-19; 1. Pedro 3:22). Jesús es el poder de Dios, y Él da poder a sus seguidores (ver Éxodo 15:2; Salmo 29:11). En el Salmo 96:6, David encontró tanto la fuerza como la belleza del Señor retratada en el santuario. En la palabra Jaquín, encontramos otra fase de la obra de Cristo - estableciendo a los santos (ver Romanos 1:11; 1. Pedro 5:10).

Había cuatro pilares para la puerta, cinco pilares para la puerta del Tabernáculo, y cuatro pilares para el velo. A diferencia de los otros pilares que tenían capiteles (cimas) de plata, los pilares para el velo fueron cortados y fueron colocados justo antes del lugar de gloria. Isaías profetizó que justo antes de que Cristo estableciera su gloria, Él sería cortado: “Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido” (Isaías 53:8). Él estuvo dispuesto a soportar la cruz, menospreciando el oprobio, para tomar la gloria que fue puesta sobre Él (Hebreos 12:2).

En el presente, la Iglesia es morada de Dios  y sus miembros son columnas de la verdad (ver Jeremías 1:18; Gálatas 2:9; 1. Timoteo 3:15, Apocalipsis 3:12). Tal como los pilares sostenían y lucían la cortina blanca de lino, así estos son un símbolo de la integridad de Cristo (ver Efesios 4:24; 1. Pedro 2:9). Así como los pilares se mantenían derechos, los cristianos que no permanezcan firmes serán castigados (ver Amós 6:1-7; Sofonías 1:12).

Preguntas 

1. ¿Cuántos juegos de pilares había, y dónde estaban localizados?
2. ¿Qué verso muestra que los pilares tienen una importancia definida?
3. ¿Por qué los pilares que se encontraban antes del velo fueron cortados?
4. ¿Cómo representan los pilares a la iglesia?


Lección 13. El Mobiliario o La Sombra de la Cruz



La disposición de los Muebles

Los muebles en el Tabernáculo y en el Atrio, formaron una cruz. Hebreos 8:4-5 explica que el ministerio de los sacerdotes en el santuario sirve como “figura y sombra de las cosas celestiales”.

Aunque aún no hubiera sido revelada la cruz sobre el monte Calvario, esta siempre existió dentro del plan de Dios, y su sombra fue puesta mil quinientos años atrás en la arena del desierto, por la disposición de los muebles de Tabernáculo (ver Hebreos 9:1-24).

El orden del mobiliario es tal, que podemos remontar en él, un tipo de los pasos de Cristo desde la cruz al trono.

En el extremo derecho estaba el altar de bronce, un símbolo del sacrificio de Cristo en nuestro lugar. Este es una representación de Cristo sobre la cruz, una escena de sufrimiento y vertimiento de sangre.

Notamos el contraste en el extremo izquierdo, donde los querubines cubrieron el propiciatorio. Aquí contemplamos las paredes cubiertas de oro, los querubines, y la gloriosa presencia de Dios en la chekiná, que irradia una hermosa representación de Cristo sobre el trono. El Lugar Santísimo era el trono de Dios en Israel. Por lo tanto, las dos secciones del Tabernáculo muestran el contraste entre las dos venidas de Cristo: la primera para morir y la segunda para reinar.

Cristo, conociendo la gloria de su reinado sobre el trono, estuvo dispuesto a sufrir la cruz (Hebreos 12:2).

Los cristianos que comprenden el plan de Dios como fue revelado en el mobiliario del Tabernáculo, no ven sólo las pruebas, sino que las afrontan con paciencia, pues también están viendo “la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18; ver 1. Pedro 4:13).

Preguntas

1. ¿Qué forma tomaba la disposición del  mobiliario del Tabernáculo?
2. ¿Cuál versículo de la Escritura advierte sobre los tipos encontrados en el Tabernáculo?
3. ¿Qué simbolizó el altar de bronce?
4. ¿Cuál fue el trono de Dios en Israel?
5. ¿Cómo las dos secciones del Tabernáculo muestran el contraste entre las dos venidas de Jesús?


Lección 14. El Altar de Bronce

El altar de bronce simboliza a Cristo como nuestra expiación

Al considerar la separación de los muebles presentes en el Tabernáculo, hay dos preguntas importantes que debemos hacer: (1) ¿Cómo fue como revelado el evangelio en el Tabernáculo, y como simbolizan estos a Cristo? (2) ¿Cómo se cumple el evangelio en la iglesia? Pablo declaró que el evangelio es la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo (1. Corintios 15:1-4). Ya que se ha mandado que nosotros obedezcamos el evangelio (2. Tesalonicenses 1:8; 1. Pedro 4:17), es claro que la muerte, la sepultura y la resurrección deben ser cumplidas en nosotros. ¿Cómo serán realizadas estas operaciones en nuestras vidas?

Descripción

El altar era el primer mueble hallado dentro de la puerta. Fue hecho de madera cubierta con bronce. Este era cuadrado, de dos metros veinticinco centímetros por cada lado y tenía un cuerno en cada esquina. Los sacerdotes debían mantener constantemente el fuego ardiendo sobre este altar. Sin este altar, el resto de la adoración en el Tabernáculo habría sido en vano, pues la adoración de los sacerdotes no habría sido aceptada si ellos no hubieran venido con la sangre de este altar (ver Éxodo 27:1-8; Levítico 5:9-13).

Tipología 

Este altar, era el lugar desde donde los sacerdotes ofrecían sacrificios por los pecados de las personas. El altar es un símbolo de la cruz de Cristo, donde la verdadera ofrenda fue entregada por los pecados del mundo. Aquí tenemos a Cristo retratado en su muerte, que es el primer componente del mensaje de evangelio.

Según Levítico 1:9, la ofrenda quemada era olor grato para el Señor. También, la muerte de Cristo sobre la cruz, fue olor grato: “Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). (Ver Juan 1:29; Hebreos 9:28; 13:10-12). Tal como el pueblo construyó el altar según el modelo que Dios les dio, así también el pueblo crucificó a Jesús según el plan predestinado por Dios. “A éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (Hechos 2:23).

Este componente del mensaje del evangelio, la muerte de Cristo, es cumplido en la iglesia por nuestro arrepentimiento. En Hechos 2:38, Pedro mencionó al arrepentimiento, como lo primero que debemos hacer si deseamos encontrarnos con Dios (ver  2. Corintios 7:10; Gálatas 6:14). Así como Cristo murió, entonces nosotros también debemos morir a las cosas del mundo y a nuestros propios deseos y proyectos. El arrepentimiento en su sentido más pleno, no es sólo el dolor por las transgresiones pasadas, sino también una muerte completa de nuestro yo (ver Romanos 6:7, 11). En las ofrendas por el pecado, los sacerdotes hicieron salir la sangre del animal para que fuera derramada en el altar. Cristo fue la ofrenda perfecta por el pecado, ya que su sangre fue vertida por su cuerpo.

Nadie podía entrar en el Tabernáculo sin pasar por el altar. De la misma manera, nadie puede acercarse a Dios, sin haber confiado en Cristo como el sacrificio por sus pecados. Nadie puede venir al Padre, sino es por la muerte de Cristo (ver Juan 1:12; 14:6). Es sólo después de que reclamamos a Cristo como nuestro sustituto, que el poder de Dios puede salvarnos, ya que sólo después de que el hebreo culpable reclamaba al cordero sacrificado como su sustituto, el sacerdote podía declararlo ceremonialmente limpio. El Tabernáculo verdadero es ahora el cielo mismo, y así como uno no podría entrar en el Tabernáculo sin pasar primero por el altar del sacrificio, entonces nadie entrará en el cielo excepto por la vía de la cruz.

Este altar del sacrificio estaba abierto para todas las clases de personas, al pobre así como al rico, al esclavo así como al amo. La sangre de Cristo es suficiente para la salvación de todas las clases de personas, desde el más pobre hasta el más rico. Los que tienen altas posiciones deben humillarse y arrepentirse, así como los que viven en la pobreza absoluta.

Los muebles que estaban fuera del Tabernáculo fueron cubiertos con bronce, mientras que los muebles que estaban dentro fueron cubiertos con oro. El bronce, usado en las armas antiguas, simboliza el juicio. Nosotros vemos tanto en el altar como en la fuente de bronce, el juicio de Dios que cayó sobre Cristo en lugar nuestro. El oro simboliza la fe (ver 1. Pedro 1:7). Esto muestra que cada parte del evangelio es cumplida en nosotros por la fe (ver Efesios 3:17-19).

Los cuernos del altar simbolizan el poder, así como los cuernos de un animal significan su potencia. Los cuernos sobre el altar, muestran que solo hasta que uno se arrepienta y tenga la sangre aplicada en su corazón por la fe, podrá tener el poder de Dios (ver Salmo 75:10; Apocalipsis 12:11). Los sacerdotes llevaron con dos varas el altar sobre sus hombros. La historia de la cruz de Cristo debe ser llevada a todo el mundo (ver Mateo 28:19; Lucas 24:47). La palabra de raíz hebrea para el altar, quiere decir “levantado encima de”. Así el altar de bronce es el mismo símbolo que la serpiente de bronce levantada en el desierto (ver Juan 3:14).

Durante la guerra franco prusiana, un cierto soldado que había desobedecido las órdenes fue condenado a morir. Estando en gran agonía mental, él habló con el capellán. El capellán le preguntó, “¿Está usted listo para morir?” “No”, contestó el prisionero, “no estoy listo, pero eso no me preocupa. Estoy tan preocupado por mi esposa y mis niños, pensando en su dolor y en los años de miseria que ellos tendrán que afrontar, que no puedo pensar en mi alma”.

Un hombre cristiano del regimiento, que estaba avanzado en años, oyó todo esto y dio un paso adelante, diciendo, “yo no tengo ni esposa ni hijos, y me alegraría estar con mi Señor, muriendo en lugar de este hombre”. El capellán fue enormemente afectado, pero no sabiendo qué hacer, mandó a este cristiano al oficial superior, quien le preguntó, “¿usted realmente piensa hacerlo? “Sí”, contestó él. “Aquel pobre no está listo para morir y eso significaría la muerte eterna. Yo estoy listo, déjeme tomar su lugar”.

Fueron conmovidos enormemente, pero como no tenían ninguna autoridad para hacer tal sustitución, enviaron ese cristiano al príncipe heredero. El príncipe contestó, “Mi pequeño valiente, yo no tengo ningún poder para tomar la vida de un hombre inocente, pero realmente tengo el poder de perdonar, y para su bien, perdonaré a ese hombre. Usted puede volver para avisarle”.

La sangre de Cristo ha sido ofrecida por nosotros sobre el altar de sacrificio, y ésta suplica por la vida de cada pecador. ¡Ahora podemos pedir a Dios la bondad de Cristo para perdonarnos, y Él nos perdona!

Preguntas

1. Describa el altar de bronce.
2. ¿Qué parte del evangelio es revelada en el altar de bronce?
3. ¿Cómo esta parte es cumplida en la iglesia?
4. ¿Por qué podemos decir que Cristo es la ofrenda perfecta por el pecado?
5. ¿Qué importancia hallamos en que nadie podría entrar en el Tabernáculo sin pasar por el altar del sacrificio?
6. ¿Para quiénes estaba abierto ese altar? ¿Qué enseñanza encontramos allí?
7. ¿Qué diferencia había entre los muebles que estaban localizados fuera del Tabernáculo y los del interior del Tabernáculo?
8. ¿Cuál es el simbolismo de los cuernos sobre este altar?


Lección 15. La Fuente de Bronce 

El altar de bronce simboliza a Cristo como nuestra limpieza


Descripción

La fuente, era un recipiente de bronce que estaba apoyado sobre un pedestal llamado “pie”. Estaba localizado entre el Altar y la puerta del Tabernáculo (ver Éxodo 30:18-20).

Tipología 

El segundo componente del evangelio es la sepultura de Cristo. La fuente es un tipo de (1) la sepultura de Cristo (2) y de nuestro bautismo, en el que somos sepultados con Cristo y somos limpios de nuestros pecados.

El pensamiento subyacente es que Cristo es nuestro purificador (Ver Juan 1:29). Después de su sufrimiento en la cruz, Jesús descendió a las frías aguas de la muerte y estuvo sepultado en la tumba durante tres días.

Los sacerdotes no se atrevían a entrar en el Tabernáculo sin lavarse en la fuente, pues de lo contrario morirían (ver Éxodo 30:20). Esta tipología se cumple en la iglesia, pues si no nacemos de nuevo del agua y del Espíritu, no podemos ser uno de sus miembros (Juan 3:5).

El bautismo en agua en el nombre de Jesús, es para la remisión o el lavamiento de nuestros pecados (Hechos 2:38, 22:16). El bautismo simboliza nuestra sepultura con Él (Romanos 6:4, Colosenses 2:12). En sí, no hay virtud en el agua, sino en la sangre de Jesús que limpia nuestros pecados a causa de nuestra fe en Cristo y de nuestra obediencia a la Palabra.

La fuente se construyó con espejos de bronce donados por las mujeres. La Palabra de Dios es como un espejo (Santiago 1:23-24). Cuando el Espíritu de Dios aplica la Palabra en nuestros corazones, podemos entender como nos ve Dios y como al obedecer su plan hemos sido limpios (ver Tito 3:5).

La fuente era para el lavado de las manos y de los pies. Es sólo por un continuo estudio de la Palabra, que podemos mantener las manos limpias ante el Señor y caminar de una manera que le agrade a Él (ver Éxodo 30:21; Salmo 24:3-4; 119:105; Juan 15:3; Efesios 5:26).

Preguntas

1. Describa la fuente de bronce.
2. ¿Qué componente del Evangelio se revela en la fuente?
3. ¿De dónde provino el material con el que se construyó la fuente?
4. ¿Qué tipología encontramos aquí?
5. ¿Cómo se cumple este componente del evangelio en la iglesia?


Lección 16. El Arca del Pacto 

El arca del pacto simboliza a Cristo como nuestra justicia

Descripción

El arca era un cofre de madera de acacia, cubierto con oro puro tanto por dentro como por fuera (ver Éxodo 25:10-16). Una corona de oro bordeaba la parte superior. La tapa, llamada el asiento de la misericordia, sede de la piedad o propiciatorio, era de oro macizo. Dos querubines de oro fueron colocados en los extremos opuestos del propiciatorio, uno frente al otro, y los querubines extendían sus alas cubriendo el propiciatorio. La chekiná, o fuego de la presencia de Dios, brilló entre los querubines. En su interior, estaban las tablas con los diez mandamientos, una urna de oro que contenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció. Los sacerdotes llevaron el arca sobre sus hombros con varas cubiertas de oro.

Tipología

Hemos rastreado las huellas de Cristo desde la cruz hasta la tumba, y ahora en la gloria que cubría el propiciatorio vemos en Él toda la gloria de su resurrección y de su poder. El arca siempre condujo al pueblo, pues los sacerdotes siempre iban delante de las personas cuando se transportaban. El Cristo resucitado conducirá a su pueblo. Cualquiera que esté dispuesto a seguirle será conducido a la victoria. La única
manera segura para llegar al lugar de descanso en los cielos, es siguiendo al Cordero.

La presencia de la vara que reverdeció, hace hincapié en que esta pieza de mobiliario muestra a Cristo en su resurrección. La misma vara que Aarón había utilizado fue colocada dentro del arca. La vara había muerto, pero recobró la vida, lo que muestra el poder de la resurrección de Cristo. La corona, que se extiende alrededor de la parte superior del arca, mostró que Cristo resucitó para convertirse en el Rey de los reyes de toda la tierra (ver Salmo 2:6, Apocalipsis 19:16).

Sólo el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo una vez al año. Tomaba algo de la sangre que había sido derramada sobre el altar de bronce y pasaba dentro del velo rociando la sangre en el propiciatorio. “Pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie” (Hebreos 9:7-8).

El propiciatorio era el trono de Dios en Israel. La sangre rociada en el propiciatorio, convertía el Trono de Dios, de un tribunal a un lugar de misericordia. Podemos ahora acercarnos “pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Jesús, como nuestro sumo sacerdote, rocía el trono de Dios con su propia sangre. Las Escrituras revelan el propiciatorio como un símbolo directo de Jesús. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:24-25). La palabra griega traducida como propiciación, puede significar “sede de la misericordia”. Jesús fue enunciado como propiciación a través de la fe en su sangre.

La palabra hebrea para “sede de la piedad”, significa literalmente “una cubierta con sangre”. Una de las cosas que cubría el propiciatorio, era los diez mandamientos, la Ley que condena a cada alma, pues cada alma es culpable de transgredir una parte de la ley de Dios. Los pecados de Israel estaban allí, y los ojos de Dios estaban puestos sobre ellos. ¡Cuán misericordioso es el Señor, que ordenó que la tapa de oro puro rociada con sangre fuera puesta sobre aquello que los condenó! Esta es la razón por la que el Señor pudo decir por boca de Balaam, “no ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel” (Números 23:21). Habían sido desobedientes y duros de cerviz, pero el Señor les proporcionó una cobertura para todos sus pecados.

En las dos lecciones anteriores, hemos trazado nuestra obediencia al evangelio desde el arrepentimiento al Bautismo en agua. El tercer componente del evangelio, la resurrección de Cristo, se cumple en la Iglesia a través del bautismo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el poder en la resurrección, que debemos esperar recibir después de haber sido sepultados con Cristo en el Bautismo (ver Hechos 1:8; 2:38-39; 19:5-6; Romanos 6:4-5; 8:2, 10-11).

El Cristo resucitado ascendió al trono, por lo que el Espíritu Santo ha sido dado para preparar a los santos que han sido redimidos a precio de sangre, para que reinen con Él en el trono (ver Lucas 24:49; 2. Timoteo 1:14; Apocalipsis 3:21).

Cuando Jesús murió, el velo del Templo que impidió que el pueblo entrara en el lugar santísimo, fue completamente rasgado (ver Marcos 15:37-38). Dado que el velo fue rasgado de arriba hacia abajo, esta acción no fue hecha por el hombre sino por Dios mismo. Cualquiera puede entrar en el Lugar Santísimo. De este modo, el Espíritu Santo,  o el poder de la resurrección, es para todos los que entren, luego de haber sido manchados con la sangre del altar y de haber sido lavados en la fuente.

Preguntas

1. Describa el arca del pacto. ¿Dónde fue colocada?
2. ¿Qué contenía el arca del pacto?
3. ¿Qué componente del Evangelio se revela en este mueble?
4. ¿Qué símbolo se encuentra en la vara de Aarón que reverdeció?
5. ¿Qué hacía el sumo sacerdote cuando entraba en el Lugar Santísimo? ¿Con qué frecuencia podía entrar en él?
6. ¿Cuál es la importancia de la sangre rociada?
7. ¿Cómo fue cumplida por Jesús la ceremonia del sumo sacerdote?
8. ¿Cuál es el significado literal de la palabra “asiento de la misericordia”?
9. ¿Cómo es este componente del evangelio cumplido en la iglesia?


Lección 17. El Altar de Incienso 

El altar de incienso simboliza a Cristo como nuestro intercesor

A causa de la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo, ya prefiguradas por el altar del sacrificio, la fuente de bronce y el arca del pacto, Cristo se convirtió en (1) nuestra luz, (2) nuestro intercesor, y (3) nuestro alimento espiritual. Estas tres funciones fueron anunciadas por (1) el candelabro de oro, (2) el altar de incienso, y (3) la mesa de los panes de la proposición. Los tres primeros están en línea horizontal y los tres últimos están en línea vertical, como se muestra en la lección titulada “La Sombra de la Cruz”.

El altar de incienso fue hecho de madera cubierta con oro. Había cuatro cuernos en sus cuatro esquinas. Tenía una corona de oro y lo transportaron los sacerdotes con dos varas. Estaba delante del velo en el Lugar Santo (ver Éxodo 30:1-10).

El altar del incienso tipifica a Cristo como nuestro intercesor (ver Romanos 8:34; Hebreos 7:25). El incienso simboliza claramente a la oración: “Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde” (Salmo 141:2). El sumo sacerdote ofrecía el incienso todas las mañanas y todas las noches. Del mismo modo, Jesús, nuestro sumo Sacerdote, intercede por medio de su sangre derramada por nosotros (ver Éxodo 30:7-8; Lucas 22:32; Juan 17:9).

Una vez al año, la sangre del altar del sacrificio, era puesta sobre los cuernos del altar de incienso (ver Éxodo 30:10). Del mismo modo, Cristo no podría haber intercedido por nosotros como sumo sacerdote, si Él no hubiera derramado su sangre.

En la iglesia, el incienso tipifica las oraciones de los santos (ver Lucas 1:10, 13; Apocalipsis 5:8; 8:3-4). La iglesia está entre Dios y el pecador, invitando a la humanidad a reconciliarse con Dios (ver 2. Corintios 5:20). Si no fuera por las oraciones de los santos, Satanás no tendría ningún obstáculo para dominar por completo a la tierra (ver Ezequiel 9:4; 2. Tesalonicenses 2:6-8; Apocalipsis 7:3).

Los cuernos denotan poder, pues es a través de la oración que prevalece el poder que recibimos de Dios. Cuando el sacerdote vertía el incienso sobre el altar, los carbones encendidos al rojo vivo levantaban una nube de olor fragante hacia Dios. Si el sacerdote hubiera vertido el incienso sobre el  altar sin haberlo triturado hasta un tamaño adecuado, no se hubiera levantado la nube, pues el fuego se habría extinguido. Esto ilustra la diferencia entre lo que es simplemente repetir y repetir rezos, y la oración de poder que permite que nosotros entremos en contacto con Dios. La oración eficaz, ferviente (al rojo vivo) de un hombre justo, puede mucho (Santiago 5:16). (Ver Génesis 32:28; Mateo 21:21-22; Lucas 11:5-13; Juan 15:7; Santiago 5:17-18).

Los sacerdotes transportaron este altar cargado con varas. No importa en que etapa de nuestra vida nos encontremos, podemos llevar con nosotros el arma poderosa de la oración. El incienso fue molido en partículas pequeñas, y Dios responde incluso las oraciones de los más pequeños. Debemos orar continuamente (Éxodo 30:8). Cristo enseñó “sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1). El apóstol Pablo exhortó: “Orad sin cesar” (1. Tesalonicenses 5:17). La falsificación del incienso significaba la muerte y todavía significa la muerte.

Preguntas

1. Describa el altar de incienso.
2. ¿En qué lugar del Tabernáculo se colocaba?
3. ¿De qué es tipo el incienso? Dé una referencia de la Escritura.
4. ¿Cómo el incienso quemado es cumplido en la iglesia?
5. ¿Cuál es la importancia de que el incienso fuera molido en partículas muy pequeñas? 6. ¿Qué significado podemos encontrar en los carbones encendidos?
7. ¿Qué ocurriría a la persona que falsificara el incienso?


Lección 18. El Candelabro y La Mesa de los Panes 

El Candelabro
El candelabro simboliza a Cristo como nuestra luz

El candelabro (candelero) era de oro puro y fue labrado con martillo. Tenía siete ramificaciones. Una copa en forma de flor fue colocada al final de cada rama, y una lámpara de oro fue colocada en la parte superior de cada flor (ver Éxodo 25:31-37).

En el candelabro, vemos una imagen de Cristo como nuestra Luz (ver Isaías 42:6; Juan 8:12). “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1. Juan 1:5). Nadie puede ver la confusión o la suciedad en un cuarto oscuro, pero cuando la luz está encendida, todo defecto puede ser visto. Como nuestra Luz, Cristo primero nos revela nuestra condición pecaminosa y perdida.

La luz es más que un revelador; también es un purificador. El calor de la luz del sol mata miles de los microbios que prosperan en la oscuridad. El mismo Cristo, que revela el pecado también limpia del pecado. Entonces se convierte en nuestra guía, iluminando nuestro camino.

El oro fue moldeado con golpes de martillo. “Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero” (Éxodo 25:31). Para pasar a ser nuestra Luz, Cristo fue primero golpeado y herido por nuestras transgresiones. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53:5).

Las flores, junto con la vara de Aarón que reverdeció, ponen de manifiesto que habrá una resurrección luego del sufrimiento. Los santos también florecerán después de que hayan sufrido. La flor magullada expele mayor fragancia (ver Romanos 8:18; 2. Timoteo 2:12). “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2. Corintios 4:17).

El candelabro es también un tipo de la iglesia, que ahora es la luz del mundo. “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5:8). Según Juan, los candelabros de oro se refieren a las iglesias: “los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias” (Apocalipsis 1:20). Juan vio a Jesús con su vestido sacerdotal caminando por en medio de los siete candeleros de oro. Así como el aceite fluyó a través de la ramas para producir luz, la unción del Espíritu Santo hace brillar al pueblo de Dios (ver Éxodo 27:20; 1. Corintios 6:19; Filipenses 1:20). Dado que el aceite se obtuvo por golpear las aceitunas, solo un espíritu quebrantado es el que puede recibir el aceite de la unción (ver Isaías 57:15, 66:2).

Como no había ventanas en el santuario, el candelabro era la única luz. Los sacerdotes Tenían que caminar a la luz del candelabro para servir en el Santuario. Nadie puede ser ministro de Dios con la sabiduría mundana. Se necesita la sabiduría que viene de arriba (ver Isaías 2:5; 1. Corintios 1:19-21; 1. Juan 1:7).

La Mesa Para el Pan de la Proposición

La mesa de los panes de la proposición simboliza a Cristo como nuestro alimento espiritual

La mesa para el pan de la presencia, fue hecha de madera cubierta con oro. Los sacerdotes colocaban doce panes sobre ella. Ellos también ofrecieron el incienso sobre esta mesa. El pan se renovaba cada sábado, y los sacerdotes comían el pan que se retiraba (ver Éxodo 25:23-30; Levítico 24:5-9.)

En esta mesa, vemos un tipo del Señor Jesús como el Pan de Vida. Jesús dijo claramente, que su carne sacrificada por nosotros, es el pan vivo que descendió del cielo (Juan 6:50-51).

Jesús dijo que su cuerpo destrozado es el Pan de Vida, de manera que los que coman ese pan - su carne, y beban su sangre, tendrán vida eterna (Juan 6:54-56).

Como el Pan de Vida, él es también nuestro alimento espiritual diario. En Números 4:7, el pan fue llamado “el pan continuo”. Es un privilegio de todos los cristianos ser alimentados todos los días por Cristo, creciendo en la gracia de Él. La iglesia de Berea escudriñaba cada día las Escrituras (Hechos 17:11). (Ver Salmo 61:8; 68:19.) Job tuvo en mayor estima las palabras del Señor, que su propia comida (Job 23:12).

El propio método utilizado para la preparación del pan, es indicativa de la persona y la obra de Cristo. La semilla debe ser sembrada en la tierra y debe morir antes de que pueda producir una cosecha. Los granos de trigo son triturados en un molino, y luego la masa es expuesta al calor del horno. Del mismo modo, nuestro sacrificio fue preparado en el calor de un gran sufrimiento. Cristo fue el grano de trigo que tuvo que ser enterrado para producir una cosecha de verdaderos santos.

Antes de que los sacerdotes pudieran comer el pan, este primero tenía que ofrecerse a Dios, siendo colocado sobre la mesa durante siete días. Era necesario que los sacerdotes ofrecieran primero una ofrenda a Dios, por haber quebrantado la santa Ley de Dios. “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:11). Desde que el sacrificio de Cristo satisfizo la justicia de Dios, Dios puede perdonar a quienes vengan a Él. En lugar de gastar nuestro esfuerzo en lo que no sacia, ahora podemos comer del bien, permitiendo que nuestra alma se deleite con grosura (Isaías 55:2).

La mesa es un símbolo de la iglesia, ya que su propósito no era la de exhibirse a sí misma, sino que fue hecha para exhibir el pan. La iglesia debe mostrar a Cristo, el Pan de Vida, a un mundo perdido.

Preguntas

1. Describa el candelabro. ¿Dónde se colocaba?
2. ¿Cómo tipifica el candelabro a Cristo?
3. ¿Cuál es la importancia de que el oro fuera golpeado con martillo?
4. ¿Cómo tipifica el candelabro a la iglesia?
5. ¿De qué es tipo el aceite?
6. ¿Cuál era la única fuente de luz dentro del Tabernáculo? ¿Qué lección aprendemos de esto?
7. Describa la mesa de los panes de la proposición. ¿Dónde se colocaba?
8. ¿Cómo tipifica la mesa de los panes a Cristo? ¿Cómo tipifica a la iglesia?


Lección 19. El Velo


El velo, hecho de fino lino torcido, separaba el Lugar Santísimo del Lugar Santo (ver Éxodo 26:31-33). Fue hecho de azul, púrpura y carmesí, con querubines bordados sobre él. Esta cortina no sólo era hermosa sino que también era increíblemente fuerte. Dos yuntas de bueyes tirando en direcciones opuestas no podían rasgarlo.

Este velo señala directamente a la humanidad del Señor Jesús. “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:19-20). La carne de Jesús es el verdadero velo, del cual el velo del Santuario fue sólo un símbolo. ¿Por qué este velo fue un tipo perfecto de la humanidad de nuestro Señor?

En primer lugar, el velo ocultó la gloria de Dios, que brilló entre los querubines. Simplemente detrás de él, habitó la divina presencia del Dios Todopoderoso. A partir de este hecho, el velo fue un símbolo profético de que algún día, Dios que es un Espíritu, aparecería envuelto en un velo de carne. El Jehová invisible, iba a venir a la tierra en forma humana. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). “Dios fue manifestado en carne” (1. Timoteo 3:16). (Ver 2. Corintios 5:19; Colosenses 2:9). Ningún ser humano podía continuar con vida luego de mirar a Dios, y sin embargo, Dios mismo deseo revelarse a la humanidad. La única manera en que nuestro Dios, que es un fuego que consume (Hebreos 12:29),  podría presentarse a los seres humanos pecadores, fue escondiéndose detrás de un velo de carne. “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas”. (Isaías 45:15).

La gloria de Dios que habitaba detrás del velo del Tabernáculo, es uno de los más claros ejemplos bíblicos de la verdad de la encarnación. En la escena de la transfiguración, la gloria de Jehová brilló desde el interior del velo de carne de Jesús. En la oscuridad de la noche, prorrumpió una luz brillante que no proveía de la luna o de las estrellas, y sin embargo, irradió aquel lugar así como el sol irradia al mediodía. Ese destello de luz, que habitó continuamente detrás del velo, ahora traspasaba la carne de Cristo, iluminado su ropa, “y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos” (Marcos 9:3).

El velo, que en representación de su carne, fue hecho de lino blanco, demostró que su humanidad estuvo libre de pecado, y sin embargo, un simple intento de imitar su pureza no puede lograr nuestra salvación. El velo mantuvo a la gente por fuera de la presencia de Dios, sin embargo, la rotura del velo, abrió el camino al Lugar Santísimo. La verdad retratada aquí, está en contradicción con la enseñanza moderna de que nosotros podemos alcanzar la salvación por medio de nosotros mismos, tratando de exhibir las mismas virtudes que Cristo exhibió. Supongamos que un sacerdote se haya detenido antes de atravesar el velo, admirando la esplendidez del lino y el exquisito bordado. Ese sacerdote tendría que admitir, que aun siendo hermoso, el velo era una barrera entre la presencia de Dios y él. Del mismo modo, los seres humanos pueden admirar las virtudes de la humanidad de Cristo, pero tendrán que admitir que están muy lejos de su perfección (Romanos 3:23). Por más que intente mejorar, la persona no regenerada es muy diferente a Cristo, así como la oscuridad es diferente a la luz. La única manera en que el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo, incluso en el Día de Expiación, fue con la sangre del altar del sacrificio. De igual modo, la sangre de Cristo nos permite entrar hoy en la presencia de Dios.

Preguntas

1. ¿Qué cortina del Tabernáculo era conocida como el velo?
2. Describa el velo.
3. ¿De qué es tipo el velo?
4. ¿Qué acontecimiento ocurrido en Jesucristo ilustra este tipo?
5. ¿De qué manera la verdad señalada en el velo, nos sirve para refutar el modernismo?


Lección 20. El Rasgado del Velo


En la lección anterior vimos que el velo era una barrera que dejaba a la humanidad por fuera de la presencia de Dios, así como la libertad del pecado que tuvo Cristo, sólo muestra que existe un gran contraste entre el Dios santo y el hombre pecador. Nosotros no podemos llegar a Dios simplemente porque Cristo vivió una hermosa vida terrena sin pecado. Nosotros podemos llegar a la chekiná, porque ese velo de carne fue roto, así como el velo del Templo. Cuando la carne de Jesús fue destrozada, Él murió en la cruz del Calvario. Dado que el velo era tan fuerte que ni dos yuntas de bueyes podían rasgarlo, y dado que el desgarro se dio desde la parte superior hasta la parte inferior, Dios mismo tuvo que romperlo.

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mateo 27:50). Esta verdad se hace clara cuando vemos que en el mismo momento en que Jesús murió, una mano invisible rasgó el velo del templo.

Vamos a la imagen de la hora en que ocurrieron los acontecimientos sagrados. Las tres de la tarde, era la hora del sacrificio que se realizaba entre las dos tardes (ver Mateo 27:46). El sacerdote fue a sacrificar el cordero de Pascua en el altar de bronce que estaba en el Atrio del Templo. A esa misma hora, Jesús, el verdadero cordero pascual, fue sacrificado en el altar de sacrificio de la cruz del Calvario. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1. Corintios 5:7). En ese momento, Jesús clamó: “consumado es”, y muriendo, el velo del templo se rompió en dos, dejando de ser una barrera y presentando una nueva forma de vida posible en la presencia de Dios. La posibilidad de que el hombre fuera libre del pecado, hizo que la humanidad fuera apta para el cielo, porque  el sacrificio de Cristo, abrió una nueva manera para que la humanidad pudiera disfrutar de la presencia de Dios.

Si Jesús solamente hubiera venido a la tierra para vivir una hermosa vida libre de todo reproche, para luego volver al cielo sin morir en la cruz, Él nunca habría podido procrear ningunos “hijos de Dios” que pudieran compartir con Él en el cielo, pues esa semilla habría tenido que quedarse sola. Pero debido a que ese grano cayó en el suelo y murió (Juan 12:24), ha sido capaz de producir mucho fruto. Es decir, Jesús fue capaz de producir más gente de su propia especie. Vemos la misma verdad aquí, como en la vara de Aarón que reverdeció. Realmente la vida brota de la muerte. Como dice la Escritura, “lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes” (1. Corintios 15:36). Los que entienden la razón por la cual el velo fue roto, y aceptan el sacrificio de Cristo creyendo que su muerte es el único camino a la vida eterna, son los únicos que escapan de la muerte que merecían.

Cuando el sumo sacerdote rociaba con sangre el Lugar Santísimo en el día de expiación,   no tenía permitido sentarse o permanecer en aquella habitación sagrada. Tan pronto como terminaba la ceremonia, tenía que retirarse. Esto demuestra que aquellos sacrificios no fueron completos y perfectos. Pero cuando Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, entró con su propia sangre en el verdadero Lugar Santísimo en el cielo (Hebreos 9:24), Él se sentó a la diestra de Dios, lo que demuestra que su sacrificio fue completo. “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:12). Esa ofrenda puede hacer perfectos a los que vienen a Él, “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). Puesto que tenemos un sumo sacerdote cuya carne ha sido rota por nosotros, ahora podemos acercarnos “con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:22), “para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Preguntas

1. ¿Qué tipifica el rasgado del velo?
2. ¿Cuál es el significado de la manera en que fue roto el velo del Templo?
3. Comente sobre el caso de que el velo típico y el velo real fueron rasgados al mismo tiempo.
4. ¿Por qué el sumo sacerdote no podía sentarse en el Lugar Santísimo?
5. ¿Por qué Cristo pudo sentarse? Dé una referencia de la Escritura.
6. ¿Por qué el velo sin rasgar era un obstáculo?
7. ¿Qué beneficios se obtienen por la rotura del verdadero velo?


Lección 21. La Consagración de los Sacerdotes 


Levítico describe cómo los sacerdotes fueron consagrados o preparados para el servicio. “Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua” (Levítico 8:6). En primer lugar, hemos de observar que los sacerdotes no se consagraron a sí mismos; Moisés hizo el trabajo. Del mismo modo, si nosotros deseamos convertirnos en sacerdotes para Dios, no podremos consagrarnos a nosotros mismos, pues nosotros no podemos cambiar nuestros propios corazones o hacernos a nosotros mismos aptos para el servicio de Dios. Todos ellos debieron presentarse ante Moisés y nosotros debemos presentarnos ante Dios: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1).

En la consagración de los sacerdotes, fueron utilizados el agua, la sangre y el aceite, que tipifican la operación del agua, la sangre y el Espíritu, en la vida de un santo de Dios (ver 1. Juan 5:8). Por último, fueron vestidos con las hermosas prendas sacerdotales.

Moisés tomó sangre del altar del sacrificio y la aplicó a Aarón y a sus hijos. Esta sangre fue aplicada en el lóbulo de la oreja derecha, en el dedo pulgar de la mano derecha, y en el dedo pulgar del pie derecho (ver Levítico 8:23).

Los que se consagren como sacerdotes para Dios, deben tener oídos para escuchar la Palabra de Dios y la voz de Dios cuando habla al corazón. “Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís” (Marcos 4:24). “Mirad, pues, cómo oís” (Lucas 8:18). Aquellos que son verdaderos siervos de Dios, no escuchan todo lo que agrada a la carne, sino que escuchan las cosas que son para edificación. Debemos aplicar esto a la radio, a la televisión y a cualquiera otra tecnología. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7).

Si la sangre está en nuestras manos, vamos a usar las manos para su servicio; y si somos fieles, La Palabra nos asegura que no tendremos que comparecer ante Él con las manos vacías, pues sin duda, vendremos con alegría, trayendo nuestras gavillas (ver Éxodo 23:15; 34:20; Salmo 126:6). Si la sangre está en nuestros pies, nosotros andaremos en la gracia de Dios. “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Los sacerdotes también fueron lavados con agua (Levítico 8:6). Aquí nos encontramos con un símbolo del bautismo en agua (ver Tito 3:5).

“Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo” (Levítico 8:12). Antes de que nuestra consagración como sacerdotes pueda ser completa, debemos ser ungidos con óleo de alegría, o llenos del Bendito Espíritu Santo. Los reyes, los sacerdotes y los profetas, todos por igual, debían ser ungidos antes de entrar al servicio de Dios. Si usted cuenta con un ministerio profético de predicación, o un ministerio sacerdotal de intercesión, o un ministerio de victoria real, usted necesita de la unción y de la guía del Espíritu Santo.

Así como Aarón y sus hijos, nosotros también hemos de ser vestidos con túnicas sacerdotales de justicia (ver Isaías 61:10; 1. Corintios 1:30; Gálatas 5:22-23).

Preguntas

1. ¿Qué significado tiene el hecho de que Moisés pusiera la ropa sacerdotal a Aarón y a sus hijos?
2. Nombre cada uno de los cuatro pasos de la consagración de los sacerdotes.
3. Dé el significado espiritual de cada uno de estos pasos.


Lección 22. La Vestidura Sacerdotal 


Moisés, que en el establecimiento Tabernáculo tipifica a Cristo, vistió las túnicas a Aarón y a sus hijos. En primer lugar se pusieron la túnica bordada con los calzoncillos de lino y los sujetaron con la faja. Luego vino la túnica azul, que tenía en su dobladillo inferior las campanas de oro y las granadas. Luego vino el efod (chaleco exterior) que tenía dos hombreras fijadas con dos piedras de ónice, y el pectoral con el nombre de las doce tribus. Por último, tomaron el lino blanco y lo enrollaron en pliegues sobre sus cabezas, fabricando así un turbante sobre el cual fue puesto un cordón azul.  En el cordón azul fue fijada una diadema de oro que tenía gravadas las palabras "SANTIDAD A JEHOVA” (Éxodo 39:30).

El primer vestido, la capa de lino, tipifica la rectitud con la que los santos son vestidos. “… el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:8). Dado que Cristo es el único sin pecado, Él mismo es nuestra justicia (1. Corintios 1:30). Pilato dio testimonio de su perfección cuando dijo: “Ningún delito hallo en él” (Juan 19:4). La esposa de Pilato le pidió “No tengas nada que ver con ese justo” (Mateo 27:19). El ladrón en la cruz testificó “éste ningún mal hizo” (Lucas 23:41). El centurión que vio la muerte del Señor, gritó “Verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47). Incluso los demonios le reconocieron como “el Santo de Dios” (Marcos 1:24). Ninguno pudo responder afirmativamente cuando Jesús preguntó: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46). La hermosa túnica de lino, entonces es la imagen de Cristo, el hombre perfecto, que a través de nuestra fe se convierte en nuestra rectitud.

La faja fue una hermosa pieza de mano de obra, hecha de lino y bordada en azul, púrpura y escarlata. La faja, simboliza la fuerza para el servicio. “cíñete, y sírveme” (Lucas 17:8). “Y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad” (Isaías 22:21). Jesús fue el siervo perfecto, pues Él “no vino para ser servido, sino para servir” (Mateo 20:28). Después de la cena de Pascua, Jesús se ciñó a sí mismo con una toalla y procedió con esa figura a darnos un ejemplo de servicio humilde, recordando a los discípulos que el siervo no es mayor que su Señor. Dado que Él era el siervo perfecto, recibimos de Él la fuerza para el servicio.

Vamos a dejar el manto del efod para una próxima lección. El efod, era en sí un chaleco, una túnica sin mangas que descendía por debajo de la cintura. Se ataba a los hombros por medio de dos piedras de ónice, cada piedra acompañada de los nombres de seis de las tribus de Israel. Esto nos recuerda a las ovejas perdidas que el pastor encontró y llevó de nuevo en sus hombros. Los hijos de Dios son llevados en los poderosos hombros de Dios y protegidos por su infinita fuerza. Por Frente del efod se colocaron doce piedras preciosas, cada una tenía grabado el nombre de una de las tribus. De este modo, el sacerdote no sólo llevó el nombre de las tribus sobre sus hombros, sino también en su corazón.

Así como Aarón continuamente llevaba ante el Señor los nombres que estaban en su corazón, del mismo modo nuestro sumo sacerdote tiene a los santos en su corazón. Debido a esto, Él es “poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24). Las joyas representan a los santos: “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe” (Malaquías 3:17).

El pectoral era una bolsa colocada en la parte delantera del efod y sujetada por medio de cadenas de oro. Dos objetos llamados Urim y Tumim se colocaban en esa bolsa. Los significados de esas palabras son "luz" y "Perfección", respectivamente. La Escritura revela poco acerca de esos objetos, pero el sacerdote los consultó cuando deseaba obtener una respuesta del Señor.

Preguntas

1. Nombre las diferentes partes de las prendas de vestir del sacerdote.
2. Describa la túnica de lino y explique su importancia.
3. Describa la faja y explique su importancia.
4. Describa el efod, en lo que respecta a las dos formas en que éste llevó los nombres de las tribus ante el Señor.
5. ¿A quiénes representan las piedras preciosas? Dé una referencia de la Escritura.


Lección 23. La Mitra y la Diadema de Oro


La Mitra

La mitra o turbante se hizo de lino fino (ver Éxodo 28:39). La palabra mitra, viene de una palabra hebrea que significa “recapitulación”. Así el lino blanco fue envuelto en pliegues para formar un turbante que fuera colocado en la cabeza del sumo sacerdote. En las Escrituras, la cubierta de la cabeza simboliza la obediencia a una potestad superior. Esta es una razón por la que el Nuevo Testamento manda a las mujeres cristianas a que se cubran sus cabezas, porque el hombre es cabeza de la mujer. De acuerdo con 1. Corintios 11:15, el cabello largo es dado a la mujer por cubierta. El cabello largo de una mujer cristiana, es un reconocimiento de su parte, de que en la casa el marido es el jefe. Esta relación representa constantemente a Cristo y a la iglesia, con la iglesia proclamando de continuo a Cristo como su cabeza.

Según 1. Corintios 11:5-6, si una mujer recorta su cabello, es lo mismo que si estuviera calva, en lo que a Dios se refiere. Si una mujer ora con la cabeza descubierta (es decir sin tener el cabello largo) es lo mismo que si estuviera rapada ¿Por qué? Porque tan pronto como recorta su cabello, ella ya no tiene una cubierta. Eso también es una negación de su marido como su cabeza. Dado que es una vergüenza para una mujer que se rape, ella debe usar el cabello largo (versículo 6). Algunos preguntan si esto aplica solo para el uso de un velo o de un sombrero. No, porque Dios dice en el versículo 15, que su cabello largo es dado a ella por una cubierta literal “en lugar de un velo”.

El mismo principio de la cabeza cubierta aplicaba al sacerdote. Se requería obediencia absoluta de parte del sumo sacerdote. Por lo tanto, en la mitra o turbante, vemos a Cristo como el más grande obediente que “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). La mitra también muestra que los santos, los sacerdotes de Dios que hoy en día se encuentran sobre la tierra, deben estar vestidos de obediencia, incluso si eso implica que podamos morir.

La Diadema de Oro

En la mitra se colocaba una placa de oro que tenía grabadas las palabras “SANTIDAD A JEHOVÁ”. Nuestro sumo sacerdote es la santidad de los que le sirven. Él “nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6). Cristo se convierte en nuestra santidad, pero esto de ninguna manera le da licencia a un creyente para que cometa actos impíos. “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1-2). Si nuestros miembros han sido dados al Santo, vamos a vivir vidas santas. De hecho, la vida santa ante Dios, es parte de nuestro culto,  “postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad” (1. Crónicas 16:29; Salmo 29:2). Aquellos que siguen los deseos de la carne, aduciendo que Cristo es su santidad, independientemente de su estilo de vida, se alejarán avergonzados en la venida del Señor, porque sin santidad “nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). La diadema de oro representa a Jesús como el Santo de los santos, mencionado tantas veces en la Escritura, especialmente en el libro de Isaías (ver Isaías 43:14, 45:11, Marcos 1:23-24; Hechos 3:14.)

Preguntas

1. Describa la mitra.
2. ¿Cuál es el significado de la cabeza cubierta?
3. ¿Por qué el Nuevo Testamento exige a las mujeres cristianas que cubran sus cabezas?
4. ¿Según 1. Corintios 11:15, cuál es la cobertura de la cabeza de la mujer?
5. ¿Qué rasgo del carácter de Cristo representa la mitra?
6. Describa la diadema de oro y explique su importancia.


Lección 24. El Toque de las Campanas de Oro 

El efod

La túnica del efod que vestía el sumo sacerdote se hizo de un material tejido de color azul. Era de una pieza y tenía un agujero para la cabeza, siendo fabricado de tal manera que no podía ser desgarrado (ver Éxodo 28:31-35). Había una fila de campanas de oro y granadas colocadas alternadamente en toda la orla del efod. “Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, para que no muera” (Éxodo 28:35). El azul es el color del cielo. En la túnica tenemos una imagen de Cristo como el hombre celestial. Su trono está en los cielos; su reino, en la actualidad, es el reino celestial.

Cuando el sacerdote entraba a desempeñar su servicio detrás del velo, los que estaban fuera del Tabernáculo podían oír el sonido de las campanas de oro. El sacerdote levantaba el velo y entraba en el Tabernáculo siendo ocultado por completo de la vista de la gente. Si Dios se negaba a aceptar el sacrificio que el sacerdote había hecho por sí mismo y por el pueblo, Dios habría azotado al sumo sacerdote con la muerte, y todas las personas habrían tenido que soportar la culpa de su propio pecado. Su aceptación ante Dios, dependía del éxito del sumo sacerdote cuando ministraba detrás del velo. En cada movimiento del sacerdote, las campanas transmitían la noticia de que el sumo sacerdote estaba vivo, que la ofrenda había sido aceptada, y que se encontraba ministrando ante Dios para apartar la sentencia de un pueblo culpable. El pueblo estaba seguro de que las transgresiones de un año eran “cubiertas”, aunque el sacerdote estuviera oculto de su vista. Del mismo modo, nuestro sumo sacerdote, el Señor Jesús, dejó este mundo en el momento de su ascensión. En el Monte de los Olivos, los discípulos vieron al Sumo sacerdote desaparecer de su vista cuando Él entró en Lugar Santísimo, es decir, en el mismo cielo.

Para obtener el perdón de los pecados, dependemos de si Jesús está vivo y en el cielo. Durante dos mil años Él ha sido invisible para su iglesia. ¿Cómo sabemos que Él está vivo, que Dios ha aceptado su ofrenda y que Él está ahora en el cielo? Si Jesús cumple fielmente con todas las atribuciones de sumo sacerdote, entonces, de alguna manera, Él debe enviar un testimonio desde el Santo Lugar en el cielo, similar al sonido de las campanas de oro que estaban en la vestidura del sumo sacerdote.

¡Esto lo hizo exactamente en el Día de Pentecostés! Ese día, 120 personas obedecieron la orden del Señor, permaneciendo en Jerusalén esperando el poder de lo alto. A medida que ellos perseveraron en la oración, vino de repente del cielo, el sonido como de un viento recio que soplaba. Se repartieron lenguas como de fuego asentándose sobre cada uno de ellos, y todos comenzaron a hablar en otras lenguas, según como el Espíritu les daba que hablasen (Hechos 2:1-4). Muchos de ellos habían sido testigos oculares de la resurrección de Jesús, pero era imposible que ellos pudieran atestiguar que Jesús estaba ministrando desde el cielo a su favor. A pesar de que no podían verle, sabían que el Cristo vivo estaba glorificado en el cielo, por el derramamiento del Espíritu Santo acompañado con la evidencia de las lenguas, así como las campanas informaban del bienestar del sumo sacerdote.

“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte” (Salmo 89:15). Los paganos que oyeron el sonido de las campanas no se regocijaron, porque ellos no entendían su significado. Los que no están en los caminos de Dios no se regocijan cuando escuchan hablar a Dios por medio de su pueblo en otros idiomas, pero cuando comprenden la verdad, ellos también se regocijan cuando escuchan el sonido alegre desde el Lugar Santo en el cielo.

Preguntas

1. Describa la túnica del Efod.
2. ¿Por qué fueron colocadas campanas de oro en la vestidura sacerdotal?
3. ¿En el Nuevo Testamento, qué se asimila con el sonido de las campanas de oro?
4. ¿Por qué los paganos no se regocijan al oír su sonido?


Lección 25. Las Cinco Ofrendas 

Los primeros cinco capítulos de Levítico, se dedican a la descripción de las cinco ofrendas que se hicieron para el Señor: (1) los holocaustos, (2) la ofrenda de flor de harina, (3) la ofrenda de paz, (4) la ofrenda por el pecado y (5) la ofrenda de expiación.

La Ofrenda Quemada (Levítico 1) 

Cada ofrenda representa alguna labor de Cristo a favor de la humanidad. En el holocausto se debía ofrecer un becerro macho sin defecto. No se permitió que se ofreciera algo manchado, pues esa ofrenda señaló a Cristo, quien se ofreció a sí mismo sin mancha ante Dios. Esta ofrenda se partió en pedazos y todas las piezas se quemaron en el altar. Esta ofrenda no sólo se hizo pasar por el fuego, sino que también era “ofrenda encendida de olor grato para Jehová” (Levítico 1:9).

En Levítico 1:3, vemos que la ofrenda era voluntaria. Las Escrituras son claras en mencionar que nadie tomó la vida de Cristo, sino que Él la ofreció voluntariamente. El hecho de que toda la ofrenda se quemara y que nada fuera conservado, representa la renuncia total de Cristo, quien se dio a sí mismo hasta la muerte “y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). (Ver Efesios 5:2).

Los sacerdotes lavaban los intestinos con agua, lo cual no sólo demuestra la santidad interior de Cristo, sino también lo que se espera de los santos: “He aquí, tu amas la verdad en lo intimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmo 51:6). En este sentido, esto simbolizó no sólo la consagración de Cristo para Dios, sino también la nuestra (ver Romanos 12:1-2).

La Ofrenda de Flor de Harina (Levítico 2)

Esta ofrenda también fue conocida como “la ofrenda cocida” y era el único sacrificio que no tenía sangre. Estaba hecha de harina fina y de aceite que se derramaba sobre ella. Esta ofrenda sin sangre se refiere a la vida de Cristo, en lugar de su muerte. La harina y el aceite simbolizan su humanidad y su deidad respectivamente. La flor de harina indica la perfección de su humanidad. Cuando se puso el incienso en el aceite y  se sometió al fuego, esta también se constituyó en una ofrenda de olor grato para el Señor. El fuego del juicio sólo sirve para poner de manifiesto la pureza y la santidad de la naturaleza de Cristo.

Esta ofrenda fue sazonada con sal. La Escritura conecta directamente a la sal con nuestro discurso: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal” (Colosenses 4:6). Cristo fue perfecto en su discurso. Nadie ha hablado jamás como él (Juan 7:46). Sus palabras son Espíritu y son vida.

La Ofrenda de Paz (Levítico 3; 7:28-36)

Tanto el culpable así como el sacerdote, recibieron una parte de esta ofrenda. Ésta ofrenda debía ser comida delante del Señor y representa nuestra comunión con Dios. El cordero o la cabra tenían que ser inmolados y sometidos al fuego antes de que se comieran, por lo que nuestra comunión con Dios se realiza sólo sobre la base de los sufrimientos y la muerte de Cristo. Nuestra paz es causada por la fe en la ofrenda de paz que hizo Cristo. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). (Ver también Efesios 2:14; Colosenses 1:20). Al igual que el sumo sacerdote llevaba los nombres de las tribus sobre sus hombros y sobre su pecho, Jesús se ofreció como nuestra ofrenda de paz, lo que demuestra el poder de Dios, así como su amor, ejercido a favor de cada uno de los hijos de Dios.

La ofrenda por el Pecado y La Ofrenda de Expiación (Levítico 4; 5)

La expiación fue realizada por causa de nuestra naturaleza pecadora, mientras que la ofrenda por el pecado, se realizó por los pecados realmente cometidos. Podemos ver esta división en los siguientes pasajes de la Escritura: (a) por el pecado en general, Romanos 3:23, y (b) por el pecado específico, Levítico 5:5; 1. Juan 2:1. La expiación se realizó por fuera del campamento (ver Hebreos 13:10-13).

Preguntas

1. Describa el holocausto y explique su importancia.
2. Describa la ofrenda de flor de harina y explique su importancia.
3. Describa la ofrenda de paz y explique su importancia.
4. Describa la ofrenda por el pecado y la ofrenda de expiación y explique sus significados.


Lección 26. El Día de Expiación


Levítico 16 y 17 describen el Día de Expiación. Ese día especial, fue además parte de las cinco ofrendas presentadas en la lección anterior. Esta parte de la adoración en el Tabernáculo es un ejemplo práctico excepcional, una representación silenciosa que predicaba para sus tiempos venideros la parte central y el tema más importante de la Biblia: la doctrina de la Expiación. Desde luego, ese día es sólo uno de los muchos tipos de la expiación, pero en él,  la enseñanza es planteada con asombrosa claridad y detalle.

Imaginemos al sumo sacerdote, pensando como él obedeció cuidadosamente al gran Jehová y procedió a llevar a cabo las instrucciones para ese día excepcional. En Levítico 16, Moisés advirtió a Aarón que sólo en una forma especial él podría acercarse al propiciatorio en presencia de la gloria divina que se movió sobre el arca del pacto en el Lugar Santísimo. En primer lugar, él tuvo que hacer una expiación por sí mismo (ver Hebreos 5:1-3). Dicho acto, es un tipo de Cristo sólo por sentido contrario, como lo explica Hebreos 7:26-28. Sin embargo, en todo lo que sigue en esta ceremonia que desempeñó para el pueblo, él es un tipo positivo de Jesús como nuestro verdadero Sumo Sacerdote.

Observemos que su vestido para esta ocasión especial fue totalmente diferente. Intercambió su hermosa vestidura sacerdotal por un vestido de lino blanco: “Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá” (Levítico 16:4). A continuación, tomó de la congregación de los hijos de Israel dos machos cabríos y echaron suertes sobre ellos a la puerta del Tabernáculo. Tenían que ser dos cabras, pues el Día de Expiación consistía de dos partes: primero, para satisfacer la ira de Dios, y segundo, para llevar lejos los pecados del pueblo. En cada una de estas partes, se decidió utilizar una cabra para lograr cada objetivo.

A continuación, tomó un incensario lleno de brasas ardientes del altar, una porción de incienso fragante y una porción de la sangre del buey inmolado como ofrenda por el pecado. Él desapareció de la vista de la gente, pasó por el Lugar Santo y se dirigió detrás del velo al Lugar Santísimo. Allí puso el incienso sobre los carbones encendidos, a fin de que una nube cubriera el propiciatorio, protegiéndose de morir. Luego roció la sangre sobre el propiciatorio y volvió sobre sus pasos para aparecer de nuevo ante el pueblo.

A continuación degolló al macho cabrío al que le había caído esa suerte, tomó su sangre para ir detrás del velo e hizo expiación por Israel “a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:16). Reapareció y puso  sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesó sobre él “todas las iniquidades de los hijos de Israel… poniéndolas así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo envió al desierto… y aquel macho cabrío llevó sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada” (Levítico 16:21-22). Así, ambos componentes de la expiación se presentan plenamente: Los animales muertos que satisfacen la ira de Dios y el chivo expiatorio que manifestó la expiación realizada a favor de Israel llevando sobre sí los pecados del pueblo. Cuando Cristo murió en el Calvario, el tomó nuestros pecados y los hizo alejar de nosotros así como está de lejos el oriente del occidente. El sacrificio típico se ofrecía una vez cada año, pero Cristo sólo tuvo que ser ofrecido una vez (Hebreos 10:10). (Ver Isaías 43:25, 53:5; Juan 1:29; Hebreos 9:28.)

Preguntas

1. Describe en detalle la manera como la ofrenda por el pecado se realizó con las dos cabras en el Día de Expiación.
2. ¿Por qué era necesario el uso de dos machos cabríos?
3. De la lección escritural enseñada por cada uno de ellos.
4. ¿Qué otra ceremonia tuvo lugar en ese día?
5. Explique su significado espiritual.


Ver También
La Religión de Israel