sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Podemos Aprehender esa Complejidad que es Dios?


Por Julio César Clavijo Sierra
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"Nosotros tenemos la mente de Cristo" (1. Corintios 2:16)

Pregunta: 

Colosenses 2:2 nos invita a alcanzar las riquezas del pleno entendimiento. No obstante, siempre he escuchado que todos los hermanos dicen que es imposible llegar al conocimiento absoluto de Dios mientras estemos en la tierra. Aún más, creo que Dios se manifiesta a cada persona de una forma particular: el conocimiento que Martín tiene de Dios, no es el mismo que de Él tienen Pepita o Pedrito. Dios es un Ser personal -y aquí estoy repitiendo las palabras de varios predicadores-. Si Dios es por definición personal, y la experiencia de cada ser humano respecto a Él varía considerablemente de la de su compañero, ¿podemos aprehender esa complejidad que es Dios? Aún más, si el estatuto óntico de Dios rebasa al del ser humano ¿Podremos conocerlo mientras estemos en la tierra? ¿Mientras tengamos una existencia limitada y dependiente?


Respuesta:

Apreciado hermano, Dios le bendiga. Le agradezco por escribirme y paso a responderle:

Los seres humanos no podemos llegar a tener el conocimiento total sobre Dios, por lo tanto nosotros no podemos aprehender esa complejidad que es Dios. Por definición, Dios es Omnisciente, es decir que Él tiene todo el conocimiento (aún de lo pasado, de lo presente y de lo futuro). Por lo tanto para aprehender la complejidad de Dios, nosotros también tendríamos que ser omniscientes, algo que es imposible para nosotros, que somos seres finitos y limitados. Pero el hecho de que los seres humanos no podamos tener la plenitud del conocimiento acerca de Dios, no significa que no podamos conocer alguna verdad acerca de Dios y que dichas verdades no puedan ser aprehendidas por nosotros.

Es un hecho, y nosotros sabemos que existen los seres humanos, que hay un planeta llamado tierra en el cual viven millones de seres vivos, y que existe un universo. ¿Cuál es el propósito para el cual estamos aquí? A través de la ciencia podemos llegar a conocer algunas leyes y comportamientos de la materia y de los seres vivos, pero no podemos llegar a conocer el propósito del universo o la razón por la qué existe el cosmos o existimos nosotros. La investigación empírica no puede explicar el propósito del universo, por lo cual cuando buscamos esa respuesta, nos introducimos en el campo teológico que está por fuera de la ciencia, pero cuyo sano ejercicio no contradice a la verdadera ciencia.

Al hablar del propósito del universo, estamos presuponiendo la existencia de un agente personal que creó el universo. El cosmos, que nos sorprende por su belleza y complejidad incalculables, no puede tener un propósito si no existe una mente inteligente que le haya dado orden y lo haya puesto en marcha. Como esa mente creó el tiempo y el espacio, entonces tiene que ser eterna y no espacial. Como creó la materia, entonces tiene que ser inmaterial. Como lo creado obedece a un perfecto diseño, entonces el Creador tiene que ser inteligente y personal. Nosotros sabemos que aquí estamos hablando de Dios, y si alguien dice que Dios no existe, entonces no cree en ningún propósito para el universo o para su propia vida, haciendo que todo lo que existe (y todo lo que hace y por lo que se esfuerza) se vuelva absurdo y carente de significado, valor o sentido alguno. De ahí que para poder comprender el propósito o la verdad de lo que sabemos que existe, tenemos que tener acceso a la mente de Dios. La única manera para poder conocer el propósito de Dios para haber traído todo esto a la existencia, es dejando que Él mismo nos lo revele de alguna forma. Nosotros sabemos que Él lo ha hecho por medio de la Santa Escritura, la cual es también conocida como La Palabra de Dios.

Es aquí donde aparece la teología. La teología es aquella actividad por la que el cristiano que ha aceptado por la fe la revelación divina, se esfuerza mediante el estudio y el análisis racional en comprender y explicar a profundidad la verdad creída, haciendo un ejercicio intelectual respecto a las creencias de la revelación.

"En la Santa Escritura encontramos al Dios que ha querido revelarse a nosotros, pero no por completo, sino en la medida en la que Él dispuso revelarse al hombre conforme a su Palabra (Logos, Verbo) o Plan Eterno. Así que nunca podremos pretender que la teología pueda explicar totalmente a Dios, pues hay muchas cosas que el Padre quiso mantener ocultas en su conocimiento propio y sólo le pertenecen a Él (Deuteronomio 24:24, Hechos 1:7), pero las cosas reveladas son para nosotros a fin de que cumplamos los mandamientos de Dios (Deuteronomio 29:29).

La Palabra (Logos, Verbo) de Dios, es Dios manifestado, revelado, declarado, expresado y dándose a conocer, por el plan eterno que por su grande piedad (amor, misericordia), quiso dar a entender a la humanidad (1. Timoteo 3:16). Dios es trascendente y va más allá de nuestra razón; pero la Palabra (Logos, Verbo) de Dios, es Dios manifestado satisfaciendo la razón del ser humano. La Palabra (Verbo, Logos) es Dios dándose a conocer al hombre. Por eso la Palabra (Logos, Verbo), nunca jamás podrá ser la suma completa (la totalidad) de Dios; porque Dios es absolutamente formidable y su conocimiento o la totalidad de su Ser, no hay quien lo alcance (Isaías 40:28). Dios es mucho más que su acción reveladora, pero sólo podemos conocer de Dios por su acción reveladora, ya que la Biblia sólo habla de Dios en su acción reveladora.

Desde luego, cuando comprendemos la enseñanza bíblica sobre la Palabra (Logos, Verbo) de Dios, nos vemos forzados a admitir francamente que la Palabra (Logos, Verbo) de Dios, no es la suma completa de Dios, pero sí es Dios mismo auto-revelándose a la humanidad. La Palabra Eterna es Dios, en la medida como Él decidió desde la eternidad, manifestarse o darse a conocer a la humanidad, en su plan perfecto que ha llevado a cabo según el designio de su propia voluntad (Efesios 1:11)." [1]

Al hacer estas reflexiones, es cuando le hayamos sentido a las palabras del apóstol Pablo, cuando dice que las riquezas del pleno entendimiento, están en conocer  “el misterio de Dios el Padre, es decir, a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. (Colosenses 2:2-3 – NVI, Vea también la misma porción en LBLA) ¿Por qué? Porque solo cuando conocemos el misterio de la piedad (1. Timoteo 3:16), el misterio de Dios manifestado en carne (Hebreos 2:14), podemos llegar a conocer el verdadero propósito por el cual todo vino a la existencia. Cristo le da razón a todo lo que Dios creó (Colosenses 1:15-17), porque demuestra que el propósito de Dios para con nosotros, es demostrarnos su poder, su bondad, su misericordia, y su deseo de que nosotros podamos disfrutar para siempre de sus maravillas y de toda su creación. Por eso los que amamos a Cristo, buscamos gloria, honra e inmortalidad y deseamos sumarnos al propósito de aquel que le da sentido a todo lo creado (Romanos 2:7). Aprehendiendo esta verdad que lleva al pleno entendimiento de lo que Dios dejó revelado al hombre, estamos listos para poder aprehender más verdades acerca de Dios.

Muchas veces se nos ha dicho lo que tenemos que creer, pero no se nos ha explicado el por qué deberíamos creerlo. Por eso, hay que partir de conocer lo primero, lo básico, lo fundamental, que es el misterio de Dios el Padre el cual es Cristo, para poder aprehender más de Dios. Lamentablemente mucha gente no ha podido entender esto primero y básico. Si la gente pudiera aprehender el misterio de Dios en Cristo (2. Corintios 5:19), entonces tendría mayor facilidad para aceptar el resto de las verdades que Dios ha dejado reveladas en su Palabra.


Referencias:

[1] Julio César Clavijo sierra. La Teología.
http://unicodios.blogspot.com/2009/05/la-teologia.html