lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Es "Jehová" el Nombre de Dios?


Por Jason Dulle.  © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2011.

Tetragrama o tetragrámaton sagrado YHVH. Las letras hebreas se llaman yod-hei-vav-hei. Nótese que el idioma hebreo se escribe de derecha a izquierda, al contrario del castellano que se escribe de izquierda a derecha y en el que se trascribe como YHVH (dependiendo de la convención de transliteración usada).

Hay una creencia común en la cristiandad moderna, de que el nombre de Dios en el Antiguo Testamento es "Jehová". Hoy en día, el grupo más influyente en la defensa de esta pronunciación, es el de los "Testigos de Jehová". Este estudio pretende demostrar que el nombre de "Jehová" no es, ni nunca fue el nombre de Dios en el Antiguo Testamento, sino que se dio por accidente y es una pronunciación artificial del nombre divino. Los que desarrollaron dicha ortografía / pronunciación, lo hicieron por un malentendido del tetragrama hebreo "YHVH" tal y como aparece en el texto del Antiguo Testamento. La interpretación de YHVH como "Yahveh", es mucho más cercana al real nombre hebreo de Dios.

La forma en la que el nombre de Dios llegó a ser escrito y pronunciado como "Jehová", puede ser detallada con mucha historia y estudio de la fonética, pero aquí solo dejaremos algunos comentarios para ayudar a darle sentido a la cuestión.

El tetragrama hebreo YHVH, es la forma en la que el nombre de Dios aparece en la Biblia hebrea. El idioma hebreo fue un idioma de consonantes que no poseía vocales. Las vocales fueron pronunciadas, pero no se escribían, por lo cual fueron transmitidas por vía oral, de generación en generación. Para nosotros, esto puede parecernos un sistema difícil y muy extraño, pero no es tan difícil. Así como usted puede descifrar que: "LS HBRS SCRBRN SN VCLS NTGMNT", quiere decir: "los hebreos escribieron sin vocales antiguamente", del mismo modo, ellos podían pronunciar las palabras de una manera fácil sin escribir las vocales.

Alrededor del año 200 a.C., después de la época del exilio y debido a la superstición, los judíos ya no pronunciaron más el nombre de Dios, por temor a que ellos lo tomaran en vano y no le dieran un uso adecuado. En lugar de pronunciar el tetragrama, decían Adonay, que es la palabra hebrea que significa Señor. Debido a esta superstición, hoy nadie sabe exactamente cómo se pronunciaba. Esto también aplicó para los masoretas que copiaron las Escrituras hebreas. [1] Cuando los masoretas de los siglos IX al X inventaron un sistema de vocales para preservar la pronunciación de la Biblia hebrea, ellos también introdujeron algunas vocales en el tetragrama. Debido a que ellos tampoco sabían cómo pronunciar exactamente el nombre divino, no intentaron insertar las vocales correctas en dicho tetragrama. En su lugar, insertaron las vocales de la palabra hebrea Adonay, que son los sonidos de la a corta, la o larga, y la a normal. La inserción de estas vocales no tuvo el propósito de que fueran pronunciadas, sino que se colocaron para recordar al lector que cuando llegara al nombre de Dios, debía decir Adonay en lugar de intentar pronunciar el nombre divino. Explicado en detalle, sería: "Yehovah". El cambio de pronunciación de la primera a, es debido al hecho de que la yod, la primera letra del tetragrama, es no-gutural, y por lo tanto convierte el sonido a [shéwa compuesto] a un reducido sonido corto de e [shéwa simple]. [2]

Más tarde, en los días del Renacimiento, la gente descubrió otra vez las lenguas antiguas. Las Escrituras hebreas estaban siendo aprendidas y leídas. Cuando la gente llegó al tetragrama, simplemente lo pronunciaron con las vocales insertadas, sin darse cuenta de que las vocales no pertenecían a YHVH, sino que fueron pensadas como indicadores para decir Adonay. Como resultado, se pronunció el nombre divino como Jehová.

La ortografía en latín "Iehouah", se hizo popular en el idioma español a través de la traducción completa de la Biblia de Casiodoro de Reina en 1569. Él transcribió el tetragrama en el idioma español con las vocales de referencia que incluyeron los masoretas. Las letras y los sonidos españoles "J" y "v", fueron un desarrollo posterior del idioma español, por lo que la forma de escribirse así como la pronunciación, no cambiaría a "Jehová" sino hasta mediados del siglo XVIII. Desde ese momento, muchos de los usuarios del idioma español han pronunciado el nombre divino como Jehová. [3] [4]

¿Es posible que podamos pronunciar correctamente el nombre hebreo YHVH? Debido al hecho de que la tradición vocálica de la pronunciación de YHVH no se ha conservado, no podemos estar absolutamente seguros de su pronunciación. Sin embargo, sí podemos aproximarnos con bastante seguridad. A continuación presentamos un breve análisis del nombre divino.

YHVH es la forma de la tercera persona del singular, que proviene de la palabra hebrea hayah, que tiene el significado de "ser". En Éxodo 3:14, cuando Moisés preguntó a Dios por su nombre, Dios dijo que su nombre era ehyeh. Esta es la forma de la primera persona de hayah, que significa "yo soy". YHVH es la forma de la tercera persona que quiere decir "él es".

La pronunciación original fue probablemente YaHVeH. Mediante un examen de los nombres judíos, este parece ser el caso. Muchos de estos nombres contienen a yah que es una parte del nombre divino. Cuando se examinan las vocales que ellos utilizaban para construir sus nombres con la abreviatura divina asociada, podemos tener una idea de cómo YHVH se pronunciaba originalmente. Llegamos a esta conclusión al examinar ciertos nombres como Yehoshuá (trasliterado al español como Josué), Yehoshafat (trasliterado al español como Josafat),  Eliyáh  (trasliterado al español como Elías), e incluso la expresión Hallel-u-yah {¡Aleluya!} (hallel = alabanza; yah = Yahveh), que significa ¡Alabad a Yah! como se encuentra en los Salmos 104:35, 150:6, etc. También tenemos evidencia de que Yahvé es la pronunciación más probable, al examinar la transliteración al griego del nombre divino como Iaoue o Iabe. [5]

En conclusión, aunque no es necesariamente malo pronunciar el nombre de Dios como Jehová, de ninguna manera se puede afirmar que Jehová es el nombre de Dios que ha sido restaurado para nosotros en estos últimos tiempos. En el mejor de los casos, Jehová puede ser reclamado como una forma aceptable de pronunciar el nombre divino en el idioma español [6], y en el peor de los casos, podría decirse que es una corrupción fonética del nombre de Dios. La más probable pronunciación del nombre divino revelado es Yahvé.


Notas del Traductor

[1] Los masoretas eran judíos que sucedieron a los soferim (o escribas) en la responsabilidad de hacer copias fidedignas de las Escrituras Sagradas. El término hebreo masora significa tradición. Designa la compilación de tradiciones rabínicas relativas al texto bíblico que los masoretas recogieron en los márgenes superior e inferior de cada página de un manuscrito. El texto masorético es el texto más usado para hacer traducciones, visto por muchos estudiosos como el más fiable del Antiguo Testamento. Los masoretas empezaron su trabajo siglos después de Cristo y lo siguieron hasta el siglo XI, con unas adiciones hasta el siglo XVI.
[2] En el idioma hebreo, los sonidos vocálicos son llamados nikudót, y corresponden a una serie de puntos y rayitas que se colocan debajo, arriba o dentro de las consonantes, para indicar sonidos y acentos. Las hay de sonido largo y de sonido corto. Este sistema lo inventaron los masoretas varios siglos después de Cristo. Un shéwa es el sonido vocálico (o nikudót) representado por “ː”, y puede ser simple o compuesto. El shéwa simple puede sonar como una “e” corta o puede ser silente. Cuando es silente funciona como divisor de sílaba.
[3] Este párrafo en el artículo original, dice: “La ortografía de "Iehovah" entró en el idioma Inglés a través de la traducción completa de la Biblia de William Tyndale en 1537. El transcribió el tetragrama en el idioma inglés con las vocales de referencia que incluyeron los masoretas. La letra y el sonido del Inglés "J" fue un desarrollo posterior del idioma Inglés, por lo que la forma de escribirse así como la pronunciación, no cambiaría a "Jehová" sino hasta finales del siglo XVII. Desde ese momento, muchos de los usuarios del idioma inglés han pronunciado el nombre divino como Jehová”.
[4] Nota del Traductor JCCS. Casiodoro de Reina, justificó en su versión el uso del nombre Jehová, al exponer las siguientes razones: (1) Donde quiera que el nombre se halle en nuestra versión, está también en el texto hebreo, y nos pareció que no lo podíamos dejar ni mudar en otros (tales como “Señor” o “Dios”) sin infidelidad y sacrilegio singular contra la Ley de Dios, en la cual se manda que no se le quite ni se le añada (Deuteronomio 4:2, Proverbios 30:5). (2) Al trasladarlo no nos hemos salido de nuestro deber, y al fin, si no se peca en escribirle e imprimirle en letras hebreas, tampoco debe ser pecado escribirle en otras lenguas y letras como el español. (3) El sacro nombre es tomado de la primera propiedad de Dios que es la del ser, lo cual es suyo propio, y todo lo demás que en el mundo es, lo tiene mendigado de él. Dios es el que por sí es, sin dependencia de otro. (4) Por medio del uso de su nombre, Dios quiso ser diferenciado de los falsos dioses. Por tanto fue una idea del diablo, que con el pretexto de reverencia se sepultara y pusiera en el olvido en el pueblo de Dios su santo nombre. (5) El caso del maldiciente o blasfemo del nombre de Dios (Levítico 24:10-23), nos lleva a comprender que la Ley fue puesta en contra del que PRONUNCIASE (o declarase) el sacro nombre maldiciéndolo o blasfemándolo, como blasfemó aquel por cuya ocasión se puso la Ley. No obstante, los rabinos que vivieron después de la destrucción de Jerusalén por los babilónicos, tomaron la palabra “pronunciar” (no entendiendo el intento de la Ley) para sacar esta superstición en el pueblo: “ser ilícito pronunciar o declarar  el santo nombre”, no mirando que el intento de la Ley era claro por la ocasión del blasfemo, y no tenía como fin suprimir toda pronunciación del nombre de Dios. Por tanto, temeraria cosa es dejarlo y superstición temeraria dejarlo con pretexto de reverencia, como lo hicieron los setenta intérpretes que fueron los primeros en traducir  la Escritura en griego, quienes trasladaron siempre “Señor” en lugar de Jehová, y suprimieron del todo el sacro nombre por pretexto a dicha superstición. (6) Dios se dio a conocer por este nombre a los padres y ellos lo invocaron. Después del castigo sobre el blasfemo (Levítico 24:23), el nombre fue pronunciado reverentemente por Moisés, Aarón, Josué, Caleb, Debora, Gedeón, Samuel, David y por todos los profetas y píos reyes, y finalmente fue dulcísimo en la boca de todo el pueblo que lo cantó en salmos y alabanzas como aparece por todo el discurso de la sacra historia. (7) Para quien alegue que Cristo, y los apóstoles en sus Escritos, siguiendo la tradición de la septuaginta utilizaron el título de “Señor” en lugar del nombre sagrado, le respondemos que ellos nunca se encargaron de hacer versiones bíblicas, ni de corregir las hechas, sino que estuvieron atentos al mayor y principal negocio que es la anunciación del advenimiento del Mesías y de su reino glorioso, y fueron fervientes de la común versión como era la de Los Setenta, porque en ella tenían abasto para su principal intento. Pero otra obligación tiene quien hace profesión de trasladar la divina Escritura y darla en su entereza. (8) Acá no estamos determinados a entrar en discusión con nadie sobre este asunto, ni queremos constreñir a ninguno para que pronuncie este nombre, pues si la superstición judía le pareciere mejor, puede pasarlo cuando leyere, o en lugar de él, pronunciar “Señor” como lo hacen los judíos.
[5] Aunque la forma Yahvéh (con sus variantes) es la preferida en algunos círculos, no se tiene absoluta seguridad de que efectivamente sea la pronunciación que utilizaban los antiguos israelitas, o que además, este hecho obligue a que la pronunciación en hebreo deba usarse tal cual en otros idiomas.
[6] Las palabras y el idioma tienen como objetivo y meta primordial comunicar pensamientos, y si esto se logra, entonces la pronunciación pasa a segundo plano. En el idioma español, el nombre Jehová ha logrado comunicar la idea del nombre propio de Dios en el Antiguo Testamento. Por lo tanto, no parece haber razones absolutas para que quienes utilicen la forma "Jehová", muy conocida en español, la abandonen por otras posibles pronunciaciones.