miércoles, 25 de enero de 2012

Historia de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia (Desde 1937 Hasta 1970)

Por Cornelia Butler Flora
Capítulo 1 del Libro: Pentecostalismo en Colombia – Bautismo por Fuego y Espíritu, Cranbury, NJ: Associated University Presses, 1974.


Este capítulo narra la historia de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia entre los años 1937-1970, cuyo trabajo investigativo se hizo principalmente a través de entrevistas no estructuradas, conversaciones personales y cartas. También fueron consultados ciertos materiales escritos, incluyendo un manuscrito de Mollie Thompson (una de las misioneras), y fueron consultados los registros de la Confederación Evangélica de Colombia para verificar muchos de los hechos narrados. Algunos cuestionarios desarrollados en la asamblea de pastores realizada en la ciudad de Bogotá en 1969, y los informes semestrales de la tesorería de la IPUC, proporcionan datos estadísticos. La interpretación de los hechos, proviene directamente de los informantes pentecostales.


La primera persona que trajo a Colombia el mensaje combinado de la experiencia pentecostal y la naturaleza unicitaria de la Divinidad, arribó en 1937. [1] Danés de nacimiento y naturalizado como ciudadano canadiense, Aksel Verner Larsen llegó a Málaga (Santander) con su esposa y su hijo pequeño a estudiar español con algunos misioneros pentecostales independientes, quienes no compartían la doctrina de la Unicidad. Él era sostenido por La Iglesia Pentecostal del Evangelio Completo, [1] establecida en Canadá.

Los Larsen se trasladaron a Bucaramanga. La obra no prosperaba y nadie se convertía. En noviembre de 1938, en medio de muchas pruebas espirituales, la señora Larsen murió en el parto de su bebé, dejando solos a su esposo, su hijo y a su recién nacida hijita. El hermano Larsen permaneció en Bucaramanga, mientras otros misioneros se encargaron de los niños. La junta administrativa de la misión le instó a retornar a Canadá, pero él sintió que a pesar de su pérdida debía quedarse. Al fin, surgió un pequeño grupo. Algunas veces la congregación estaba compuesta por el hermano Larsen y alguna otra persona; en algunas otras ocasiones estaba compuesta por quince personas. Entre los primeros convertidos había algunos miembros de la familia Bernal, incluyendo a uno de sus hijos, en ese entonces de once años, Campo Elías.

Durante este tiempo, dos misioneras independientes llegaron a Bucaramanga desde los Estados Unidos. Estas eran Pearl Cooper y Fayetta Barnard. En Colombia, ellas fueron unidas al pentecostalismo unicitario, y comenzaron a enseñar este mensaje. Después de dos años de viudez, el hermano Larsen se casó con una de aquellas misioneras, Fayetta Barnard. Trabajando juntos, la pareja fundó una pequeña iglesia en Bucaramanga, mientras que Pearl Cooper partió para la Costa Atlántica a evangelizar. [2]

Cuando llegó el tiempo de la licencia, una pareja estadounidense, los hermanos Ball, reemplazaron a los Larsen en Bucaramanga, haciéndose cargó del grupo de treinta pentecostales que se reunían en una casa alquilada. Los hermanos Larsen llegaron hasta Barranquilla en su viaje hacia Canadá, y en ésta ciudad sufrieron una demora al hacer las conexiones del viaje. Utilizaron esa oportunidad para evangelizar, repartiendo tratados y hablando a la gente en las calles. Los resultados fueron tan prometedores que decidieron no tomar su licencia en ese tiempo. Pronto estuvieron en capacidad de comenzar cultos en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Esta nueva obra y la de Bucaramanga, fueron los únicos grupos de la doctrina pentecostal unicitaria en Colombia hasta 1950.

Los Larsen retornaron a Barranquilla después de su licencia, mientras que los hermanos Ball se quedaron en la obra de Bucaramanga. En 1943, un carpintero canadiense llamado Sanford Johnston, sintió un llamado misionero hacia Colombia. Entre los líderes y la junta directiva no había mucha seguridad acerca del llamado de aquel hermano. A pesar de dicha oposición, él fue a Miami (Estados Unidos) y de allí viajó a Barranquilla, sabiendo solamente el número del apartado aéreo de los Larsen. Después de recorrer toda la ciudad, por fin halló a un taxista quien le guió a la iglesia.

El hermano Johnston llegó a familiarizarse muy bien con la obra en Bucaramanga, donde conoció al joven Campo Elías Bernal, quien después de haber estudiado dos años de bachillerato y tres de enseñanza bíblica con la señorita Pearl Cooper, estaba ayudando a los Ball allí. Johnston entonces fue a las selvas de Sarate, donde trabajó por varios años sin lograr convertidos. Después de cinco años en Colombia, regresó a Canadá para un año de recuperación. No obstante aunque no fue reconocido por la junta de misiones como un misionero oficial, él regresó a Colombia en 1949, trayendo a su nueva esposa, la viuda de un misionero en la India.

En 1945, la Asamblea Pentecostal de Jesucristo y la Iglesia Pentecostal Incorporada de los Estados Unidos, se unieron para formar la Iglesia Pentecostal Unida (United Pentecostal Church). En 1946, la Iglesia Pentecostal del Evangelio Completo (del Distrito Marítimo del Canadá) se adhirió a la Iglesia Pentecostal Unida. [3] La nueva organización envió tres nuevos misioneros a la obra colombiana en 1949. Sallie Lemons, ciudadana estadounidense que se había convertido de la Iglesia Bautista del Sur, y el hermano William Drost y su esposa Ruth, canadienses, arribaron a Barranquilla, donde los Larsen los relacionaron con la obra.

En esa época, en el departamento del Valle del Cauca no había pentecostales de ninguna denominación, sino unos pocos presbiterianos, la relativamente bien establecida misión de la Unión Evangélica Misionera, y los comienzos de la misión de la Iglesia Bautista. El hermano Johnston y su esposa fueron a Cali, la capital del Valle que estaba registrando un rápido crecimiento, con la visión de realizar un trabajo allí. Él era anciano y escasamente hablaba español. El pequeño grupo de Barranquilla era pesimista sobre su opción de iniciar una obra en esa ciudad.

Desconociendo sus limitaciones, Johnston envió por Bernal, diciéndole de la revelación que había tenido de Dios, de un enorme avivamiento pentecostal que ocurriría en los departamentos del Valle, Antioquia y Caldas. Bernal prometió que si algo le pasaba al hermano Johnston, él continuaría el trabajo.

El templo Pentecostal en Barranquilla fue dedicado en 1949. Johnston estaba demasiado enfermo para ir, pero Campo Elías Bernal fue y allí se encontró con el hermano Drost. Bernal le dijo a éste del intento de iniciar una obra en la región occidental de Colombia y de la enfermedad del hermano Johnston, invitando a Drost a ir a Cali.

Una semana más tarde, tratando de ayudar a un creyente y compatriota canadiense, el hermano Drost llegó a Cali. Inmediatamente dejó su maleta en la humilde vivienda donde se realizaban los cultos y donde el hermano Johnston vivía, y salió a la calle. Para consternación de todos, no regresó sino hasta las 9:00 de la noche. Él había ido a hablar con los mineros de los alrededores, y sus respuestas le confirmaron que ese era el lugar en que Dios quería que trabajara.

El hermano Johnston le habló al hermano Drost sobre su revelación y la forma en que Bernal había estado ayudando en su realización. Tiempo después el hermano Johnston descansó en el Señor, dejando al hermano William Drost a cargo del trabajo en la parte occidental de Colombia, el cual llevó a su familia a Cali en el otoño de 1949. Los cultos comenzaron en su hogar del barrio de clase obrera, en La Bretaña.

En el mismo año la Iglesia Pentecostal Unida echó raíces en el departamento de Antioquia. Una antioqueña llamada Lía había emigrado a Panamá, y allá conoció y se casó con un estadounidense. Ella le acompañó a los Estados Unidos, donde se convirtió al Señor. Regresando a Medellín, su ciudad natal, testificó a su familia y amigos que allá vivían. Al principio no logró convertidos aunque abrió un lugar de predicación en un garaje. El hermano Larsen fue invitado a venir a desde Barranquilla para realizar cultos, y la membrecía comenzó a crecer. En 1950 Campo Elías Bernal llegó a ser oficialmente el primer pastor colombiano del país, y se encargó de la obra en Medellín, compuesta por 20 hermanos.

La violencia política fue feroz en el Valle del Cauca durante esta época. La gente fue desplazándose a Cali desde las zonas montañosas, refugiándose de los “chusmeros”, “pájaros”, y otras bandas de asesinos contratadas por el gobierno conservador para aniquilar a los liberales, los cuales conformaban el 60 por ciento de la población total.

Los refugiados de las montañas vinieron a los servicios pentecostales. La mayoría de ellos eran liberales, y algunos habían conocido algo del protestantismo antes. Ellos no podían entender la predicación porque el español del hermano Drost era malo, pero él tocaba el acordeón, cantando y mostrándoles dónde leer la Biblia, especialmente el libro de los Hechos, que describe la primera experiencia pentecostal. Y él los guiaba en la oración para que recibieran el bautismo del Espíritu Santo y hablaran en lenguas.

Los nuevos creyentes, llenos con el gozo de lo que habían recibido, regresaban a las montañas a contar a sus amigos y familiares lo que había ocurrido en sus vidas.

Eucaris Agudelo fue una de las primeras en regresar con las buenas nuevas. Su familia era evangélica, y ella estaba en camino de entrar a estudiar en el colegio bíblico de la Unión Evangélica Misionera en Palmira. Antes de comenzar las clases, ella se estaba quedando en casa de una vieja amiga de la familia, también de la zona rural del municipio de Bugalagrande, la señora Belarmina de Peña. Los Peña habían pertenecido a la Unión Evangélica Misionera desde 1927, y uno de los hijos de Belarmina, Pedro Peña, había estudiado en el Instituto Bíblico de dicha iglesia. No obstante, después de cerca de 20 años en la iglesia, ellos sentían que había algo ausente en su vida religiosa y habían comenzado a leer las Escrituras muy cuidadosamente. Ellos estaban particularmente atraídos por las manifestaciones de Dios en fuego y los dones del Espíritu Santo, especialmente el don de sanidad por fe. Habían visitado otros grupos protestantes del área, incluyendo los presbiterianos y los bautistas, pero encontraron que ellos no ofrecían la fe viva que buscaban. En 1951 Belarmina comentó a sus hijos acerca de una nueva iglesia en Cali, en el barrio de la Bretaña, una iglesia que tenía un mensaje de poder, que ella había experimentado cuando la visitó. Su familia fue a ver por sí misma, y encontraron el mensaje tan precioso que lo pudieron entender a pesar del defectuoso español del hermano Drost. Esa noche descubrieron lo que estaban buscando cuando aceptaron la doctrina pentecostal de la unicidad. Allí pasaron la noche en oración.

La hermana Belarmina llevó a la joven a su cargo a un culto, y también Eucaris llegó inmediatamente al convencimiento de la doctrina. Recibiendo el Espíritu Santo, que se manifestó al ella hablar en lenguas, retornó a su hogar en el caserío de La Morena para testificar a sus parientes y vecinos. El entusiasmo de Eucaris era contagioso; la comunidad comenzó a aceptar el mensaje.

Pedro Peña fue bautizado por el hermano Drost en el nombre de Jesucristo en Diciembre de 1951 y fue desde Cali hasta Vallebuena, un corregimiento de Zarzal. Él también fue recibido con mucho entusiasmo. Más tarde, viajó a La Morena a evangelizar.

Eduardo García y su esposa vivían en Cali en el barrio Cristóbal Colón. Ellos fueron visitados en el hogar por los hermanos Drost durante una evangelización puerta a puerta, y fueron invitados a los servicios. Ellos fueron y aceptaron el mensaje. Bautizados en el nombre de Jesús en Septiembre de 1951, ambos recibieron el bautismo del Espíritu Santo en el espacio de los seis meses siguientes. Inspirado por las noticias del avivamiento que tenía lugar en La Morena, el hermano Eduardo fue allí para actuar como un obrero de la iglesia.

Desde La Morena fue enviada razón al hermano Drost en Cali para que fuera a bautizar a los nuevos creyentes, los que ya habían recibido el Espíritu Santo. Estos pentecostales eran principalmente pequeños cafeteros o peones de extensos cafetales arrendados. Buscando un lugar para realizar los bautismos, ellos consideraron un estanque perteneciente a un terrateniente de clase media llamado Isaías Fandiño. Él había estado asistiendo a la iglesia Unión Evangélica Misionera en Tuluá aun cuando no había sido bautizado. Observando el gozo de los pentecostales, decidió bautizarse con ellos. Su amplia casa, construida en la parte alta de las montañas y accesible solamente por trocha, en la vereda de La Morena, proveyó un lugar ideal para realizar cultos. La congregación creció hasta cerca de 200 hermanos, casi la total población adulta de la vereda. Los recogedores de café cantaban coros mientras trabajaban y los niños batían las palmas ritmeando los animados cánticos pentecostales.

Cuando los creyentes iban a los servicios en La Morena, pasaban por la tienda de Saúl Ramírez, primo de Eucaris, quien había venido desde Pereira para abrir una tienda general con una cantina y una finca cafetera. Molesto por el tránsito de los hermanos, tomó sus pistolas para dispersar la reunión, pero terminó por convertirse. Dejando los licores y sus armas, llegó a ser muy activo en la iglesia, y fue nombrado tesorero de La Morena.

El hermano Eduardo García, ahora a cargo de la iglesia en La Morena, comenzó a ir fuera de la vereda con el mensaje pentecostal. Viajando a caballo y a pie, abrió cultos en las veredas cercanas al municipio de Sevilla. Pedro Peña inició un grupo de pentecostal en el pueblo de Galicia, en el municipio de Bugalagrande.

William Drost tenía una ideología de trabajo misionero que difería del clásico modelo colonial de establecimiento misionero compuesto de una junta o cuerpo administrativo seguido por pastores nacionales fieles y subordinados a ella. Él sintió que debía tratar a los colombianos como compañeros tanto en el aspecto espiritual como en el administrativo.

Inmediatamente nombró los pastores nacionales que consideró estaban listos para el trabajo, aunque otros conectados con la misión dudaron de la sabiduría de tal paso. El hermano William dio a la gente libertad para trabajar y evangelizar, sin imponer reglas ni métodos, permitiéndoles innovar de acuerdo a las necesidades e idiosincrasia culturales colombianas. Escaso de dinero, él no estaba en capacidad de sostener un gran cuerpo pastoral a sueldo. La evangelización se llevó a cabo cuando los hermanos fueron inspirados a hacerlo para el Señor, sin recibir paga de los misioneros. Ellos no eran asalariados ni dependientes de fondos o liderazgo extranjero.

No había la oportunidad de formar un instituto bíblico, no obstante que muchos pensaban que sería una buena idea, aunque el personal era muy escaso todavía para dedicarlo ya fuese como directores o estudiantes. Los hermanos con gran fervor por el Señor fueron usados inmediatamente, en vez de atarlos en un instituto por cuatro años con la posibilidad de salir intelectualmente preparados pero “espiritualmente muertos como la chapa de una puerta”, en palabras de la misionera Sally Morley. A aquellos que querían predicar, se les permitió hacerlo. Los pastores fueron reunidos para darles lecciones cortas de doctrina. Cuando los creyentes se reunían, leían sus Biblias y discutían temas doctrinales, dejando que el grupo, en vez del individuo, fuera el guardián de la enseñanza.

La violencia política, que algunos habían usado como una excusa para cometer violencia religiosa, comenzó a afectar a los nuevos grupos pentecostales en 1951. Los conservadores, que frecuentemente sostenían grupos de asesinos a sueldo, no eran fáciles de convencer de que los protestantes no estaban conectados con los comunistas, o peor, con los liberales. En las aisladas comunidades montañosas del Valle del Cauca, era frecuente que el sacerdote urgiese la eliminación de protestantes. Los chusmeros comenzaron a agregar a los pentecostales a sus listas de aquellos que debían ser eliminados.

La policía también amenazó a los evangélicos, diciendo que la libertad de cultos no existía, que el protestantismo estaba prohibido.

Al hermano Eduardo García se le enteró que su nombre estaba en la lista. Generalmente en los cultos de las afueras de La Morena, los sermones eran dados con una pistola apuntando al predicador desde la puerta de la iglesia. La esposa del hermano Eduardo y su mamá, le suplicaron que huyera con el fin de guardar su vida. “Mi lugar es con mi rebaño”, les dijo, y permaneció allí. El grupo fue atacado en Febrero de 1952, con el inspector local de policía, Marino Jaramillo, entre los atacantes.

El nombre del hermano Peña también fue agregado a la lista de los asesinos. El padre González, sacerdote de Galicia, había dicho que había ordenado a Peña que se marchara. La mañana del domingo 23 de Marzo de 1952, mientras el hermano Peña dimitía de la congregación en Galicia con una oración, un chusmero gritando “larga vida a Cristo el Rey” lo apuñaló en el pecho. El hermano Pedro dijo que sintió su corazón moverse de lugar y abrió sus ojos viendo un cuchillo clavado en su pecho y sangre brotando de la herida. El hermano Pedro Varón también fue apuñalado, y otros miembros de la congregación, incluyendo a la hermana Belarmina de Peña, de 70 años, que fue golpeada. El hermano Pedro fue a Cali para recuperarse.

A medida que la congregación de La Morena creció, la persecución, concentrada en Galicia, también creció. A veces los cultos tanto de La Morena como de Galicia eran cancelados debido a los ataques que eran organizados contra ellos. La Morena fue aislada por la policía conservadora y los chusmeros. En algunas ocasiones, a los residentes de aquella zona no se les permitía ir al mercado, solo porque eran pentecostales aún cuando fueran conservadores. Muchos tuvieron que abandonar el área debido a las amenazas y a las presiones económicas.

Tres hijos del hermano Pedro Peña permanecieron en La Morena, después que él fue a Cali a recuperarse de su lesión. Dos de ellos trabajaban en la finca de Saúl Ramírez y el otro en la de Teodoro Agudelo. La mañana del domingo 17 de Agosto de 1952, uno de los muchachos, Leonel, que tenía 19 años, visitó la finca de otra familia pentecostal. Allí pasó el día, leyendo y comentando la Biblia. A las seis de la tarde, cuando estaba oscureciendo, salió de la casa para ir a la finca de Saúl Ramírez donde trabajaba. La granja se encontraba a 20 minutos de camino.

Tarde en la noche, cuatro policías rurales y un civil conservador llamado Enrique Rendón, fueron al bar de Marino Jaramillo, quien previamente había participado como inspector de policía en ataques contra pentecostales. Él ya se había retirado de la fuerza policial y había ido a La Morena para abrir un bar, situado como a 40 metros de la casa de Teodoro Agudelo, donde se realizaban cultos. La congregación estaba reunida esa noche allí, pero cuando vieron llegar a los policías, sintieron que lo mejor era no realizar el servicio y apagar las luces de la casa. Entonces se escondieron en los cafetales que estaban detrás de la casa.

En el bar, los policías agarraron a Felipe Garzón, un liberal que no era pentecostal y, amarrándolo, le golpearon frente a todos. El sobrino de Felipe, que estaba con él, salió corriendo del bar mientras los policías disparaban hacia él. Estos se fueron luego con su prisionero. Esa semana fue encontrado el cuerpo de Garzón. Lo habían abaleado.

Al día siguiente llegaron rumores a La Morena, que se había encontrado un cuerpo en el camino principal. Todos pensaban que era Garzón. A la una de la tarde Peniel Peña salió a la trocha con una carga de café. A un lado del camino encontró el cuerpo de su hermano Leonel, tendido boca abajo, con los brazos extendidos y desnudo. El cuerpo estaba negro por los golpes que le habían dado desde la cintura hasta la cabeza, y su cara estaba ensangrentada. Tenía signos de que había sido torturado.

La evidencia señalaba que el asesinato había sido cometido por los policías, con la ayuda de los miembros de la familia Rendón. Varios de los jóvenes de la iglesia fueron obligados a huir de la región, porque ellos sabían que los Rendón eran los causantes de la muerte de Leonel. Los Rendón les habían amenazado diciéndoles que los matarían si reportaban a las autoridades su conexión con el crimen.

Las noticias del asesinato de Leonel llegaron a Cali, al mismo tiempo en que se realizaba una convención para dedicar el nuevo templo allí. Durante 1951, el hermano Drost había bautizado cerca de 500 nuevos creyentes en el Valle; entonces suspendió los registros que llevaba de ellos. Muchos creyentes habían venido a la convención desde las afueras de la ciudad y pueblos cercanos, y la muerte de Leonel Peña les hizo claro lo peligroso que era ser un pentecostal.

Uno de los que asistían a la convención era Martín Adarbi. El hermano Adarbi, de 58 años de edad, había sido evangélico por varios años. Inspirado por su reciente conversión al pentecostalismo, predicaba en las comunidades montañosas cerca a Sevilla en todos sus ratos libres. Nuevas obras fueron brotando en respuesta a sus esfuerzos. Él quería un apoyo para poder dedicarse de tiempo completo a la obra. El hermano Drost no podía ayudarlo económicamente, pero le dijo que confiara en el Señor.

Con el fin de abrir una nueva obra, el hermano Martín Adarbi fue a la vereda de El Tesorito y encontró trabajo como agricultor. Él era especialmente efectivo en los dones de sanidad y otros milagros, así como un orador inspirado y ferviente. Muchos de los campesinos pobres habían atestiguado los milagros realizados por su intermedio y se habían convertido, haciéndolo a él bien conocido en toda la región. Juan Quiseno, cabeza de los asesinos de la zona, había amenazado personalmente al hermano Martin Adarbi. La respuesta de éste fue que no tenía miedo de sus amenazas, porque para él, el vivir era Cristo y el morir por Él era ganancia. De todos modos, envió a su esposa Alicia a Cali para mayor seguridad de ella.

En Octubre, el hermano Drost y Alfredo Montenegro, un pastor de Cali, fueron a La Morena para una semana de avivamiento. Cerca de 350 hermanos, además de otros simpatizantes y algunos de sus enemigos se reunieron en el lugar para el evento. Un grupo de creyentes de la nueva obra del hermano Martin Adarbi en El Tesorito, fue a La Morena para bautizarse en el nombre de Jesús.

El sábado 11 de Octubre por la tarde, el hermano Martín Adarbi estaba en su cabaña en Galicia, cenando con otros dos creyentes. Escucharon ruidos de caballos. Súbitamente un disparo retumbó afuera. En el momento en que la bala acertó en el cuerpo del hermano Martín Adarbi, él saltó sobre sus pies, gritando “Hay poder en Jesús” y “Aleluya”, mientras fallecía.

La policía llegó casi inmediatamente y acusó a uno de los hermanos que estaban con el occiso y lo arrestaron. El lunes, el cuerpo del hermano Martín Adarbi fue llevado al cementerio de Galicia para enterrarlo. Los asesinos comenzaron a circundar la ceremonia funeraria, y los creyentes advirtieron al hermano William Drost, quien dejó el cementerio antes de que más daño pudiera ser hecho. El hermano que había sido acusado injustamente, pronto fue puesto en libertad.

La hermana Alicia regresó a El Tesorito, cerca a Sevilla, para trabajar con la iglesia, llevando a su madre con ella. Ella sintió fuertemente que su esposo había sido usado para comenzar una importante obra allí. Ella estaba lista para recoger la cosecha. Con el fin de ayudarla, fue el hermano Reinaldo Zapata, quien había abierto una obra en Sevilla el 12 de Mayo de 1952.

Otros hermanos, empujados de sus hogares rurales por la violencia, y no pudiendo permanecer en las ciudades grandes debido a su pobreza, fueron a áreas menos céntricas para ganarse la vida. Uno de estos creyentes era Alberto Clavijo, quien junto a sus hermanos jóvenes encontró trabajo en una plantación de tabaco cerca a Zarzal. La esposa de Francisco Marín, el capataz, estaba enferma y los jóvenes creyentes enviaron por el hermano Montenegro a Cali para que orara por ella. Ella fue sanada y la pareja comenzó a interesarse en el mensaje pentecostal. Fueron a Cali a la primera convención que se realizó allí, y recibieron el bautismo del Espíritu Santo. El hermano Clavijo empezó a realizar servicios en la hacienda.

Cuando el propietario de la plantación, quien vivía en Cali, supo que allí se estaban realizando cultos, ordenó no hacerlos más. Temía que los chusmeros incendiaran la casa si permitía a los protestantes realizar servicios allí.

Entonces el hermano Clavijo se mudó a Zarzal, y allí alquiló una casa para realizar los cultos. Cuando el grupo creció bastante, el hermano Eduardo García vino desde La Morena para pastorearlo. Los miembros de Zarzal también evangelizaron a la otra ribera del río Cauca. Uno de esos lugares fue Trujillo, donde fueron llevados a la cárcel inmediatamente. El hermano Eduardo hizo venir al hermano Drost desde Cali, y juntos fueron a Trujillo en el auto de éste. Los habitantes del pueblo, incluyendo al jefe de los “pájaros”, rodearon el carro y trataron de abrir las puertas para sacar a sus ocupantes. Afortunadamente, no las pudieron abrir y el hermano Drost echó a andar nuevamente el auto, pudiendo así escapar en medio de una lluvia de piedras.

El hermano Saúl Ramírez sucedió al hermano Eduardo como pastor de La Morena. Bajo su dirección se edificó un gran templo, con capacidad para 500 creyentes. Los chusmeros trataron de subir a la iglesia, después de la muerte del hermano Martín Adarbi. De cualquier modo, las trochas montañosas tan pendientes y fangosas eran demasiado para sus caballos criados en el valle, y las primeras incursiones se frustraron.

La obra en Cali había crecido hasta alcanzar 100 hermanos, y los recién llegados de otras partes del Valle del Cauca, siguieron congregándose en los cultos. Entre ellos estaba el joven de 16 años Jesús Cardozo. Nacido en Zarzal, su padre murió cuando él tenía 8 años de edad, y su madre se había casado de nuevo. Él había estudiado seis años de primaria, y más tarde hizo un curso de contabilidad comercial. Emigró a Yumbo para trabajar en una fábrica de Celanese. Su mamá se mudó a Cali y se convirtió al Señor en 1952. Ella invitó a su hijo a los cultos y él continuó como un miembro activo de la iglesia. Informalmente ayudaba en las actividades juveniles de la iglesia en Cali.

El hermano Pedro Peña, recuperado de la herida hacia finales de 1952, estaba ansioso de empezar una obra en Palmira. El hermano William Drost se opuso porque no había suficientes pastores y obreros para organizar una iglesia allá. Pero el hermano Pedro siguió adelante con su sentir, con la ayuda de su hermano y de Luis Guzmán. Ellos convinieron con sus amigos abrir su casa para realizar cultos. Hubo un escándalo en la familia, y la obra no prosperó. El hermano Pedro comenzó de nuevo los cultos en el barrio pobre de San Pedro, en la casa de la señora García, pese a las amenazas del sacerdote de la cercana parroquia de La Trinidad y a las incursiones de la policía enviadas por el mayor de la estación.

Se alquiló una casa pequeña, pagada la mitad por la misión y la otra mitad por los creyentes de Palmira. Algunos de los primeros convertidos trabajaron más tarde en la obra del Señor en Nariño y Ecuador. El hermano Peña fue usado maravillosamente por el Señor en la oración por sanidad. A través de él, mucha gente en Palmira fue sanada de enfermedades graves. Debido a ello, muchos aceptaron el mensaje pentecostal. Algunos de los nuevos pentecostales venían de otras iglesias evangélicas.

En 1947, William Thompson y su esposa Mollie, llegaron a Colombia como misioneros de la Iglesia Santo Calvario, una iglesia tradicional y fundamentalista de Inglaterra. Aún cuando el hermano Thompson había tenido la experiencia pentecostal de hablar en lenguas en 1943, no se había adentrado más allá en el pentecostalismo. En 1949, después de 8 años de matrimonio, nació su primer hijo, deformado por la hidrocefalia. Ellos llevaron al bebé a Barranquilla para que allí le examinaran los doctores. Los hermanos Larsen y Sallie Lemons se encontraron con ellos allá. Los doctores dijeron que a Tommy le quedaban solamente cuatro días de vida. El hermano Verner Larsen puso sus manos sobre él y oró, y el niño creció bien y demostró una mentalidad normal.

Por medio de esta experiencia, el hermano Thompson se convenció que no estaba predicando todo lo que sabía acerca de Dios. Sintió que debía regresar a Inglaterra y confrontar a la junta directiva de misiones con la verdad que acababa de descubrir. Mientras ellos se preparaban a viajar por mar a Inglaterra, estuvieron de nuevo con la hermana Sallie en Barranquilla. Ella con mucha diplomacia no les presentó la doctrina de la divinidad de Jesucristo, porque no quería que se sintieran incómodos. Pero justo antes que el barco zarpara, los Thompson le preguntaron a ella sobre la doctrina, y ella les dio una lista de versículos. Estudiándolos en Inglaterra, ellos se convencieron de la doctrina. Con el cambio de la creencia, ellos acudieron a la junta directiva de misiones de la Iglesia Pentecostal Unida en los Estados Unidos. Fueron aceptados y enviados de nuevo a Colombia en 1951.

A principios de 1953, los chusmeros estuvieron activos como guías de los soldados bajo el mando del ministro de guerra Rojas Pinilla, en el área de Sevilla y Bugalagrande. Ellos estaban buscando armas en dichas zonas, con el fin de evitar cualquier oposición durante el golpe de estado que se planeaba, el cual condujo a que Rojas Pinilla asumiera la presidencia del país con poderes dictatoriales. Las Biblias fueron quitadas a los pentecostales en las montañas, considerándolas tan peligrosas como las armas. En un incidente, la hermana Alicia Adarbi demandó, y se le concedió, el retorno de Biblias decomisadas.

Nuevos creyentes fueron bautizados en Zarzal y Armenia, donde el hermano Eduardo García estaba pastoreando. El primer grupo de 14 personas bautizado en Armenia, incluyó al hermano Jorge Hernández, quien más tarde serviría en la obra del Señor. La ceremonia tuvo lugar en un río de las afueras de la ciudad, y los hermanos Drost y Thompson fueron para bautizar. Allí habían amenazado al hermano William Drost, por lo cual los hermanos fueron antes de los bautismos para revisar los matorrales de los alrededores del sitio de bautismo, por si se encontraban francotiradores.

Todos los grupos evangélicos del Quindío y esa zona recibieron muchas amenazas durante esa época. Otros grupos, o bien cambiaron la hora de las reuniones, o dejaron de reunirse, pero los pentecostales no lo hicieron. Ellos continuaron los cultos en el horario normal, con rufianes armados de botellas, machetes, e incluso revólveres, entre la concurrencia. Para combatir su presencia, un contingente de jóvenes pentecostales oraban en el altar durante todo el culto. Antes de una reunión, un hombre de brusca mirada entró, se sentó en las primeras bancas, e hizo una obvia exhibición de su revólver y su machete. Entonces encendió un cigarrillo y lanzó una bocanada de humo hacia el altar. El pastor Mondragón, fue hasta donde él y le quitó el cigarrillo de la mano, diciendo “En el nombre de Jesús, salga de este lugar”. El hombre se escabulló fuera, medio pálido.

Había un hombre en Armenia que se deleitaba tremendamente en atormentar a los pentecostales. Al principio, durante dos meses seguidos, iba a la iglesia una hora antes del culto y recitaba rosarios hasta que el servicio acababa, entremezclándolos con rezos a la virgen para que destruyera a la Iglesia Pentecostal. El grupo creció más rápido que nunca. Al final de los dos meses, como los rosarios se mostraron ineficaces, él optó por ir borracho a los cultos, haciendo una escena. El clímax de su ataque personal contra los pentecostales, fue cuando en un culto por la noche llevó una canasta enorme de plátanos maduros, pelándolos uno por uno y arrojándolos a la congregación. Cuando los hubo lanzado todos, el pastor resaltó que estaba muy agradecido porque él no tenía para comprar la comida de esa noche, pero ahora le había sido provisto.

En 1953, los hermanos Drost salieron para Canadá en sus vacaciones, dejando a Sallie Lemons y a Campo Elías Bernal a cargo de la obra en la región occidental de Colombia. Por ese tiempo, había 140 hermanos en la iglesia de Cali. La iglesia en Palmira tenía cerca de 50, y Alberto Clavijo fue enviado como pastor allí. Uno de los primeros convertidos en Palmira, Gracielo Parra, había esperado recibir aquella iglesia para que la pastorease. Cuando el hermano Alberto fue posesionado allí, Parra se separó de la Iglesia Pentecostal Unida, formando la Iglesia Pentecostal Libre. La doctrina de la nueva iglesia era prácticamente la misma, pero hacía mucho énfasis en la revelación a través de sueños.

Otras fuerzas estaban actuando para evitar que la iglesia en Palmira prosperara. El hermano Peña dejó de trabajar estrechamente con la iglesia y comenzó a viajar a través del país actuando como evangelista independiente y sanador por fe.

Los creyentes de Palmira volvieron al campo, llevando con ellos el mensaje pentecostal. Se iniciaron cultos en el caserío montañoso de Buenos Aires, en el municipio de Buga. Algunas familias que eran católicamente fieles se convirtieron en pentecostales. El rumor de la conversión de sus hermanos jóvenes llegó a oídos de Pablo Calvo, quien vivía con su hermana y su cuñado en Corinto, Cauca. Con la idea de rectificar este terrible revés contra su familia y ayudar a su madre, Pablo hizo el viaje de un día hasta la finquita de su familia, situada cerca a Buenos Aires, después de haberse armado con las biblias católica y protestante, con el fin de convencer a sus hermanos de su error.

Él encontró a su madre trastornada porque sus niños iban cada noche a los cultos, y a sus hermanos profundamente cambiados en su comportamiento. Trató de inducirlos de nuevo hacia las viejas pautas de vicios personales; luego mediante argumentos trató de sacarlos de sus nuevas creencias. Cuando ninguno de los métodos funcionó, y los otros hermanos de la zona vinieron en defensa de los muchachos orando por ellos y enviándole a él cartas y tratados, Pablo los echó de la casa. Para acabar el asunto, decidió quemar todos los libros protestantes. Justo antes de encender el fuego, comenzó a leer la Biblia. Entonces fue tocado por las palabras, y decidió que también él abrazaría la nueva fe. Pero, pensando en lo que tendría que abandonar, puso una señal ante el Señor: “si cuando regrese al hogar la casa está llena de evangélicos, ello será un signo de la verdad de sus enseñanzas”. Mientras caminaba hacia la casa escuchó música. Era un grupo de pentecostales que estaban cantando “En la cruz, en la cruz, do primero vi la luz...”. Ellos lo invitaron al culto esa noche, donde fue sanado de una enfermedad que en vano habían tratado de curar muchos doctores. Esa noche, prometió predicar el evangelio.

Después de ser bautizado en Palmira, regresó a Corinto. Había allí un pequeño grupo de evangélicos desde hacía algún tiempo, miembros de la Unión Evangélica Misionera y de la Alianza Evangélica Misionera. Los misioneros solían visitarlos en este pueblo, pero cuando se incrementó la violencia, no volvieron. En el camino entre el pueblo y la finca de su cuñado, el hermano Pablo se encontró con uno de estos evangélicos, quien antes ya le había hablado sobre el protestantismo. Pablo le dijo a él lo que le había ocurrido como resultado de las experiencias pentecostales de sanidad y hablar en lenguas. Juntos estudiaron la Biblia hasta las 11:00 de la noche. Con esta familia y los parientes que allí vivían, el hermano Pablo empezó a formar un fuerte grupo pentecostal en esta zona rural.

Los hermanos Alberto Clavijo y Francisco Vergel, vinieron de Palmira para ayudar a evangelizar en Corinto. Había mucha persecución, y la presión del sacerdote les forzó a realizar la mayor parte de su trabajo fuera del pueblo. Un día, cuando el hermano Calvo estaba en el mercado de Corinto, el sacerdote pasó a su lado y le acusó de ser “el protestante que está perjudicando las veredas”. Inesperadamente, el inspector de policía defendió al hermano Pablo.

El mismo día, el tesorero de otro grupo evangélico se aproximó al hermano Pablo. Había estado enfermo por varios años, de modo que el hermano lo llevó al cuarto del hotel en que estaba para orar por él. El hombre fue sanado, por lo que convenció a otros miembros del grupo para convertirse en pentecostales.

Se fundaron nuevos grupos en muchos pueblos pequeños en el norte del departamento del Cauca, incluyendo Medianaranja, El Placer, Padilla, La Cabaña y Caloto. En las afueras de Caloto, en Pedregal, un hombre alto que fumaba cigarro se acercó al hermano Pablo mientras predicaba. Exigió hablar con éste, pero el hermano Pablo lo forzó a esperar hasta después del servicio. Dos horas más tarde, después de una reunión en la que siete personas recibieron el don del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas, seis hombres entraron, guiados por el hombre alto, y les mostraron un documento firmado por el sacerdote católico de Caloto que decía, “Quemen todos los libros protestantes”. Ellos recogieron 22 Biblias protestantes, 14 himnarios, 18 folletos de himnos especiales, y 4 Biblias católicas. También amontonaron cuatro montones enormes de rocas para apedrear a los pentecostales. El sacerdote guardó las Biblias católicas y quemó el resto. El hermano Calvo fue a Caloto, la cabecera municipal, para quejarse ante el alcalde. Él fue informado que eso era un asunto del sacerdote, y que el alcalde no estaba interesado en tales cosas.

Por consiguiente, el hermano Pablo fue a la casa del sacerdote y tuvo una charla con él que duró desde las 9:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde. Al final, el sacerdote estuvo de acuerdo con el hermano Pablo en que las enseñanzas pentecostales estaban muy cerca de Dios, pero que él no podía seguirlas. No fue posible que el sacerdote pagara por el daño causado, aún cuando se disculpó. Le dijo al hermano Pablo que como sacerdote tenía la autoridad para quemar todo lo que no fuera aprobado por la iglesia católica. Los cultos continuaron en Pedregal, y los creyentes compraron más Biblias.

En un lugar, el hermano Pablo había alistado un grupo de 30 hermanos para viajar a Palmira con el fin de bautizarlos. El sábado antes del bautismo, el hermano Pablo trató de contratar un automovil especial para que llevara el grupo a Palmira. El inspector de policía estaba muy preocupado por los pentecostales y había enviado un agente tras el hermano Pablo para ver si estaba predicando en las calles. El espía vio al hermano hablando con los conductores, y concluyó que estaba tratando de convertirlos. El hermano Pablo fue a una tienda a comprar algo, y el espía fue al inspector de policía con su relato. Cuando el hermano Pablo estaba charlando con el propietario de la tienda sobre los altos precios, fue rodeado por cuatro policías, “¿Por qué está molestando a este tendero con su religión pagana?” le interrogaron. “El alcalde quiere verlo”.

Caminando con él por la calle, el inspector de policía sacó su revólver, diciendo que iba a acabar con el problema matando a Pablo, puesto que ya le había dicho muchas veces que no predicara esas cosas.

El hermano Pablo le replicó que su asesinato era la única forma de silenciarlo, que Cristo había sido perseguido antes de él.

Llegando a la cárcel, el inspector abrió la puerta y les dijo a los otros prisioneros, “Aquí tienen al pastor de los evangélicos para que les hable”. Los presos aplaudieron mientras el hermano Pablo entraba.

Entró a las 9:00 de la noche. En la celda nadie durmió esa noche, porque todos estuvieron escuchando al hermano Pablo leyendo y explicando la Biblia. A las 8:00 de la mañana, con el cambio de guardia, el cabo le quitó la Biblia con el fin de evitar que guiara a los prisioneros por el mal camino.

El hermano Pablo Calvo aconsejó al cabo que no desperdiciara la oportunidad de tener en sus manos la Biblia, sino que la leyera, puesto que él no la necesitaba, ya que había memorizado grandes porciones de la Palabra de Dios.

Cuando llegó la hora de ejercicios, los otros prisioneros rodearon al hermano Pablo en el patio mientras éste les enseñaba coros y versos bíblicos. Ellos le pidieron que realizara un culto, y él predicó tan eficazmente que muchos de ellos tenían lágrimas en sus ojos.

Más tarde un policía llegó y le dijo que el alcalde estaba furioso y que iba a multarlo fuertemente para enseñarle a respetar a las autoridades. Bramando de cólera, el alcalde amenazó con triplicarle la multa si alguna vez encontraba de nuevo a Calvo hablando de religión en la calle.

“¡Cómo le gusta el dinero!”, dijo el hermano Pablo. “Usted no habla de nada más. Yo pensaba que usted me había llamado para tratar de salvarme del error de mis creencias, pero en vez de eso me muestra que su religión es dinero. Yo no le daré la multa, porque cuando Jesús fue encarcelado no pagó una multa, ni lo hizo Felipe. Ni Pablo le pagó una multa a Herodes. Por lo tanto yo tampoco pagaré la multa. Pero aceptaré firmar la acusación y cumplir el castigo”.

Mientras el hermano leía la acusación, el alcalde se la arrebató y la rompió en pedazos, temeroso de las implicaciones para su cargo si fuere firmado. Envió al hermano Pablo de regreso a su celda, diciéndole que podría madurar allí.

Retornando a la cárcel, el hermano Pablo se enteró que dos guardias estaban leyendo activamente la Biblia y que siete presos habían decidido convertirse al Señor. Mientras él explicaba un tema bíblico a otro prisionero, un hombre irrumpió en la cárcel sin hablar con los guardias y le preguntó al hermano Pablo por qué estaba allí. El hermano respondió, “Por predicar acerca del Señor Jesús”.

“Hay libertad de religión hasta la entrada misma de la iglesia”, declaró el intruso, quien se identificó como enviado del gobierno departamental para cambiar a todos los empleados municipales. Y ordenó libertad para todos los prisioneros.

Como resultado de su estadía en la cárcel, siete presidiarios y dos guardias se añadieron al grupo que iba a Palmira para bautizarse.

En la ciudad de Corinto, donde finalmente se inició una obra en 1955, los pentecostales continuaron encontrando oposición del clero y las autoridades. El hermano Alberto Clavijo fue muy activo en el establecimiento de la obra allá. El 17 de Julio de 1955, cuando él estaba hablando, la policía entró en la casa, y le quitó su Biblia, disparándole al hermano en el brazo. La Biblia fue enviada al sacerdote. Las noticias del incidente llegaron a oídos del hermano Drost en Cali, y el 20 de Julio, cuando Rojas Pinilla estuvo en Cali para inaugurar una planta eléctrica, el hermano Drost fue a verlo. Rojas ordenó a la policía devolver las Biblias y dejar tranquilos a los protestantes. Las Biblias no fueron devueltas, por lo que el hermano Drost fue a Corinto para reclamarlas él mismo. En la confrontación que siguió, el sacerdote intentó conducir las negociaciones en inglés, pero el hermano Drost insistió en que debían hablar en español para que la multitud congregada pudiera entender lo que estaba ocurriendo.

En el norte, la presión contra la iglesia de La Morena se incrementó, lo mismo que la violencia general en el área. Los hermanos comenzaron a tener sueños en los que se les decía que huyeran de las montañas. El 2 de Octubre de 1955, un creyente fue asesinado por los chusmeros quienes lo confundieron con el pastor. La casa del pastor, Saúl Ramírez, estaba como a cuatrocientos metros debajo de la iglesia, y después de los cultos cada noche, él montaba en su caballo y bajaba por la trocha. Esa noche, él se demoró un momento después del culto y prestó su caballo a un joven de la iglesia, Nelson Galvis. Siendo confundido con el pastor, había sido emboscado en la ruta por la que bajaba la trocha, y fue decapitado en el estilo que caracterizaba a los asesinos. Su atribulada madre lo encontró. Su padre pudo balbucear, “Gracias a Dios que no mataron al pastor”.

La congregación sintió que serían masacrados si continuaban en La Morena. El hermano Saúl reunió a los hermanos, repartió los fondos de la iglesia entre ellos, y les dijo que huyeran, tanto a peones como a propietarios. Los miembros más pudientes pudieron establecerse en Cali o Tuluá, pero la única cosa que podían hacer los más pobres era ir a alguna otra parte a buscar otro terreno. Dejaron la montaña en una caravana de caballos y personas. El hermano Saúl fue enviado a Medellín como pastor.

En El Tesorito, a ocho kilómetros de Sevilla, el hermano Zapata fue advertido de que sería asesinado si no se iba. Como las amenazas continuaron, Zapata, la hermana Alicia de Adarbi y su primo decidieron irse. La madre de la hermana Alicia y otros creyentes se quedaron en la finca de La Estrella. La noche en que ellos se fueron, los vecinos vieron a 18 hombres armados aproximándose a la casa, montados a caballo. Diciendo hacerlo en nombre de la ley, mataron a todas las personas que allí se encontraban excepto a un hombre que pudo escaparse. Los asesinatos fueron brutales, los cuerpos fueron acribillados con balas. Dos simpatizantes fueron asesinados junto con cinco creyentes, los hermanos Eva Mejía, Ángel Marulanda, Jesús Gómez, Leonel Abendano y Herberto Marulanda.

El hermano Drost reportó inmediatamente la matanza al cónsul británico en Cali, quien a su vez lo reportó al gobernador. El hermano Drost alquiló un automóvil y fue con el gobernador a Sevilla para investigar. El gobernador Diego Garcés Geraldo, hizo responsable personalmente al alcalde, y lo obligó a comprar ataúdes para las víctimas.

Al fin, tres días después de su muerte, fueron enterrados apresuradamente a las 11:00 de la noche. El sentir de los creyentes supervivientes era que los asesinatos fueron arreglados por el hacendado del área para deshacerse de los inquilinos evangélicos. Con las amenazas y estas muertes, los otros creyentes escaparon para guardar sus vidas.

Pronto comenzaron a llegar avisos de las áreas recién colonizadas, pidiendo a alguien que fuera a bautizar nuevos creyentes. El hermano Saúl fue, así como el hermano Drost. Ellos notaron que la gente que había huido de La Morena y El Tesorito, habían llevado sus Biblias y continuaban testificando en sus nuevos hogares. Las nuevas obras que brotaron como consecuencia del éxodo de los hermanos por la violencia, incluyeron lugares en las montañas selváticas de Antioquia, Boyacá, y la selva y las llanuras de Caquetá.

El hermano Reinaldo Zapata viajó a Bogotá para abrir una obra. Entre los primeros en unirse a su congregación estaba Roberto Junkar, y su esposa Ana. El hermano Roberto llegó a ser presidente del grupo de jóvenes allí, y luego un obrero, yendo a Villavicencio, en los Llanos Orientales, a pastorear la obra recién abierta allá.

En 1955, un grupo de jóvenes, los Embajadores Reales, de la iglesia Unión Evangélica Misionera en Tuluá, efectuaron un culto en el barrio Playas, usando el libro de los Hechos como texto. Cuando comenzaron a orar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, y hablaron en lenguas hasta la una de la mañana. Todos aquellos que regresaron a la Unión Evangélica Misionera con la noticia de su maravillosa experiencia, recibieron la orden de orar separadamente. En lugar de eso, el grupo que incluía a todos los directivos de la juventud, prefirieron separarse de la Unión Evangélica Misionera y comenzaron a reunirse en la casa del Señor Ospina.

Los hermanos Ospina habían sido muy activos en la iglesia Unión Evangélica Misionera de Tuluá. Nacidos en una próspera finca del municipio de Bolívar (Valle), asistieron a la escuela rural, completando los dos años de educación primaria que ofrecía. La familia fue forzada a dejar la granja y emigrar a Tuluá en 1949. En el año de 1951 la familia entera se convirtió al Señor en la iglesia Unión Evangélica Misionera de la ciudad.

El grupo separado, pronto hizo contacto con el hermano Eduardo García en Zarzal, y con el hermano Saúl Ramírez, quienes dirigieron los servicios hasta que fue nombrado un obrero para que se encargara de la Iglesia Pentecostal en Tuluá. Entre aquellos que se separaron en esa época, estaban Fabio Gallego, Noel Ospina, Pedro Nel Ospina y Manuel Ospina; todos ellos trabajarían en el pastorado más adelante. En Febrero de 1955 se realizó el primer bautismo en Tuluá. En esa fecha el hermano Drost bautizó un grupo de 27 creyentes, todos ellos convertidos de la Unión Evangélica Misionera.

En Enero de 1955, la convención nacional de la Iglesia Pentecostal Unida se llevó a cabo en Barranquilla. Domingo Zúñiga era uno de los nuevos creyentes bautizados por ese entonces. Siendo el más joven de siete hermanos, desde pequeño mostró una gran aptitud para el estudio, y su madre determinó que él debía continuar sus estudios. Ella se sacrificó y trabajó fuertemente para que él completara su educación primaria y secundaria. En 1945 entró a la Universidad de Cartagena a estudiar medicina, pero fue forzado a dejarla después de dos años de estudio por motivos económicos. En 1950, se unió a la iglesia Bautista de aquella ciudad.

Aunque al principio estaba entusiasmado, sintió que algo le faltaba y dejó la iglesia Bautista en 1953. El próximo año, un grupo de pentecostales que eran trinitarios, fue a la iglesia aquella y comentó a los miembros sobre la experiencia del bautismo del Espíritu Santo. El pastor les creyó, y la iglesia entera oró y recibió el Espíritu Santo. Uno de los miembros se acordó de Zúñiga y fue a buscarlo al lugar donde trabajaba. Cuando escuchó el nuevo mensaje, Domingo Zúñiga oró, recibiendo la experiencia, y comenzó a predicar. Alquiló una casa cerca de Arjona, dejando su empleo y perdiendo el salario que se le debía, con el deseo de divulgar el mensaje.

A través de la lectura de la Biblia, recibió la revelación del mensaje de la unicidad y el bautismo en el nombre de Jesús, y comenzó a hablar con algunos de los bautistas acerca de esta revelación. Samuel Cantillo, un creyente bautista, había escuchado predicar al hermano Larsen diez años atrás en un bautismo en la playa de Cartagena, y recordó que vivía en Barranquilla. En Diciembre de 1954, cuatro ex-bautistas fueron a Barranquilla para ver al hermano Larsen. Este confirmó lo que había sido revelado a Domingo Zúñiga.

Después de haber sido bautizado por el hermano Larsen, el hermano Zúñiga predicó independientemente durante otro año en Fundación (Magdalena). A fines de 1955, el hermano Zúñiga invitó al hermano Larsen a escucharlo predicar. El hermano Larsen entonces lo invitó a la convención de la Iglesia Pentecostal en Medellín. Después de asistir a una serie de estudios bíblicos dictados por los hermanos Larsen, Drost y Sallie Lemons, fue considerado oficialmente obrero de la Iglesia Pentecostal Unida en Cartagena, donde permaneció hasta 1957 cuando fue transferido a Barrancabermeja.

Los hermanos Thompson salieron de Bucaramanga en 1956 para tomar unas vacaciones, y el hermano Campo Elías les reemplazó allí, dejando en Cali una iglesia de 350 creyentes. El hermano Jesús Cardozo se hizo cargo de la obra en Palmira, compuesta de 120 hermanos más las iglesias rurales en El Castillo y Tablones. El hermano Clavijo fue a Florida (Valle) como pastor. El año anterior, la hermana Sallie Lemons se había casado con Lewis Morley, y después de una breve estadía en Venezuela, regresaron a Pereira. El hermano Lewis había sido episcopal, y nacido en Inglaterra. Nunca había tenido una educación religiosa formal, pero asistía fielmente a la iglesia. Ahorrando dinero de su trabajo de contador, había podido emigrar a Canadá y naturalizarse como ciudadano canadiense. Sus actividades en la iglesia motivaron que fuera nombrado pastor asistente y más tarde llamado como ministro.

Cuando los hermanos Thompson regresaron de sus vacaciones en 1957, se habían abierto muchas obras, incluyendo Santander (Cauca), Puerto Tejada (Cauca), Ibagué (Tolima), Porvenir (Antioquia) y Girardot (Cundinamarca). Ellos fueron a Bogotá, mientras el hermano Zapata fue a abrir una obra en Cartago (Valle). La hermana Mollie sintió por esta época que la juventud necesitaba una organización nacional, y formó los Conquistadores Pentecostales. Jesús Cardozo fue nombrado como el primer presidente.

Puerto Saldaña y Rio Blanco en Tolima; Filadelfia, Jamundí, Lomitas y Dagua en Valle; Rioverde en Antioquia; La Palma y Aracataca en Cesar, todos estos fueron lugares donde el mensaje pentecostal arraigó. En este tiempo, 1958, Asmed Arias llevó el mensaje a Costa Rica (Valle). Costa Rica era un centro de asesinos, los que echaban a muchos de los nuevos creyentes de sus pequeñas fincas en las montañas. Tanto guerrillas liberales como conservadoras se encontraban allí, y cada grupo ofrecía un pase de salvoconducto a sus simpatizantes. De cualquier modo, la posesión de tal pase era claramente una burla para el otro bando, y los pentecostales comenzaron a rehusarse llevarlo porque significaba mezclarse en política.

Uno de los primeros convertidos en Costa Rica, era un miembro de una pandilla de malhechores, quien se transformó en un miembro respetable de la iglesia. Pero sus ex-asociados pensaban que sabía demasiado, y todos sabían que él estaba en gran peligro. De todas formas, él deseaba quedarse para tratar de evangelizar a sus antiguos compañeros. Una noche, su casa fue rodeada por la banda. Su esposa y su niño pudieron escapar rodando bajo los arbustos de café, pero él fue torturado, cortado con machetes, y se le dejó morir con su Biblia abierta en su sangrante pecho. Los creyentes ampararon a otros ex-guerrilleros, tanto de sus viejos compañeros como de las autoridades.

El sacerdote de Costa Rica también hizo lo posible por impedir a los pentecostales proseguir el trabajo iniciado. Se ordenó que no se comprara nada a los creyentes ni se les vendiera o alquilara a ellos terrenos para construir una iglesia. Finalmente, el grupo de creyentes tuvo la oportunidad de arreglar un negocio secreto para comprar un lote. Primero construyeron una pared para encerrarlo e impedir la vista, y entonces comenzaron a trabajar en la construcción de la edificación. Como quiera, la construyeron sin bases o soportes suficientes, y se vino abajo hacia la calle, derribando un poste de la energía, el que continuó cayendo cuesta abajo, arrastrando todos los postes tras sí, hasta llegar al transformador, con el que golpeó, dejando a la ciudad de Costa Rica en total oscuridad. Como resultado de esto, el obrero fue arrojado a la cárcel, y las iglesias del Valle del Cauca debieron reunir el dinero para pagar el daño causado. Este suceso paralizó temporalmente las actividades de construcción de la iglesia en Costa Rica.

Por fin la iglesia arregló comprar un lote de un policía de Costa Rica. El día antes de que los papeles fueran aprobados en Ginebra, la cabecera municipal, el policía fue enviado sólo a las montañas a luchar con los bandidos. El policía notó que sus superiores estaban tratando de evitar que firmara para la venta de su propiedad. De todos modos, el trato se llevó a cabo y la iglesia fue construida.

Los hermanos Drost salieron de Colombia en 1959 para ir a Uruguay, dejando 25 iglesias establecidas en el departamento del Valle. Los hermanos Morley vinieron de Pereira para ayudar en la región y supervisar con el hermano Jesús Cardozo la construcción del “Tabernáculo” en Palmira. El hermano Manuel Ospina fue a la iglesia de Pereira. La cadena de iglesias pentecostales continuó creciendo; fueron bautizados creyentes en Neiva (Huila); Currulao y Turbo (Antioquia); Eurera y Rioblanco (Tolima); lo mismo que en las áreas establecidas anteriormente. Los nuevos lugares de predicación incluyeron a Colonia (Magdalena); El Copey (Cesar); Puerto Rico (Caquetá) y Pitalito (Huila). El hermano Eduardo García fue transferido a Medellín, donde había un grupo de 60 creyentes. Al principio tuvo problemas con los poderosos sacerdotes de la ciudad.

El grupo de Palmira continuó evangelizando toda el área. En 1960 fueron a la ciudad de El Cerrito, en el Valle. Todos aquellos que primero entraron a la ciudad para predicar fueron perseguidos y amenazados con la muerte. En un esfuerzo por salvar a sus feligreses del error, el sacerdote en un momento dado entró a los cultos pentecostales para sacar a la gente.

Con la nueva década, nuevas iglesias pentecostales comenzaron a surgir, incluso a una mayor velocidad, en todas partes del país, incluyendo el oriente con Barbosa (Santander), Cúcuta (Norte de Santander), Valledupar (Cesar), Codazzi (Cesar), Tibú (Norte de Santander); la selva y las llanuras orientales con Puerto Limón, San Juan de Arama, El Amparo, Upia y Granada (Meta), Panjil y Florencia (Caquetá), Río Putumayo y Puerto Asís (Putumayo), Istmina (Chocó) en Huila y Tolima con Cerrea, Atacá, Gigante, Saldaña, Rioblanco, Algeciras, Líbano, Gallego, La Plata, Resinas, Guadalupe; en el norte, Polmar (Atlántico), Montería y Cereté (Córdoba). En Cauca y el Valle se abrieron nuevas obras en Obando, Dagua, Quebradanueva, Alcalá y Pradera. A pesar de la disminución general de la violencia debido al pacto entre los partidos tradicionales y la formación del Gobierno del Frente Nacional, los pentecostales aún sufrieron persecución.

En 1962 en el área rural de El Cerrito (Valle), Emilio y Rosa de Oquendo, miembros de la Iglesia Pentecostal, fueron asesinados en su finca, les cortaron la cabeza y violaron a su única hija. El sacerdote de esta ciudad no permitió que fueran enterrados en el cementerio. La policía llevó los cuerpos a Buga, donde el sacerdote de ese lugar también rehusó dejar que los enterraran. Finalmente, tres días después de haber sido asesinados, los cuerpos fueron entregados en medio de la noche a la iglesia en Palmira y enterrados entonces al cuarto día.

Los hermanos de Alcalá comenzaron a llevar el mensaje a las ciudades vecinas. Los funcionarios de Quimbaya, en el límite departamental, estaban decididos a no dejarlos entrar. Mientras los hermanos predicaban en el parque de dicha ciudad, un policía se aproximó, preguntando quién les había autorizado predicar. El predicador le mostró la Biblia. El policía le dijo que no lo podía hacer, a lo que el hermano Leopoldo Rodríguez replicó, “Yo tengo que hacerlo”. El agente le aseguró que sería llevado a la cárcel si lo volvía a hacer.

El domingo próximo un grupo de 18 hermanos llegó para realizar unos cultos allí. El policía y el alcalde los llevaron a la cárcel, encabezando una procesión de pentecostales cantando. Ellos oraron y cantaron la noche entera que estuvieron encerrados. Cuando fueron puestos en libertad al otro día, el alcalde les preguntó si no sería mejor alquilar una casa. El pastor vio eso como una invitación, y contestó, “Sí, creo que voy a hacerlo”. El grupo en Quimbaya comenzó a crecer.

Los indios Meme, ocupaban las montañas estériles del lado occidental del Valle del Cauca, empujados hacia allá mientras los colonos blancos ocupaban sus tierras. Algunos de los miembros de la tribu iban a Zarzal a buscar provisiones. En 1961, uno de ellos que hablaba español, se enfermó. Un creyente habló con él en la calle, invitándole a un servicio. Fue, el Señor lo sanó y se convirtió. Regresó a su tribu, y volvió rápidamente con un grupo para que los bautizaran. Se inició una nueva obra entre los Memes y ellos buscaron un obrero para que fuera a dirigir el grupo. De cualquier forma, los bandoleros que controlaban el área no permitían que nadie la atravesara, solamente los indios. Un obrero secular de baja estatura y tez oscura, Martín, se disfrazaba como indio e iba a dirigir las reuniones. No obstante que fue desafiado por los guardias, él hacía la travesía y realizaba los cultos para ellos, ayudando a establecer la Iglesia Pentecostal allá. El 29 de Marzo de 1969, apareció un artículo en el diario El País, de Cali, hablando de la extensión del pentecostalismo entre los Memes (diciendo que el 80 por ciento de la tribu era pentecostal) y de cómo la tribu, después de su conversión, había llegado a ser de una gran moralidad.

En Buga, por 1960, un joven bandolero de la guerrilla liberal, Manuel Castaño, decidió seguir a Cristo. Después de hacer un pacto con sus amigos para atacar una casa con el fin de robarla, fue a la casa de su mamá para comer, sintiéndose muy raro. Él había asistido a los cultos pentecostales en Sevilla, Santander y San Antonio (Jamundí), pero no había aceptado el mensaje. Esa noche algo en él lo hizo arrodillarse junto a su cama para orar, y le pidió al Salvador del mundo que le mostrara el camino de la verdad. Tuvo que llorar, viendo su vida perdida. Duró arrodillado allí tres horas, orando y clamando, y suplicando al Señor que le mostrara cómo salir de esa vida perversa que llevaba. Al final se durmió, y por medio de su sueño el Señor le mostró que debía predicar el evangelio y tener paz en su corazón. En su sueño vio que se celebraban bautismos, y un hermano recibía el Espíritu Santo. Entonces la escena se trasladó a una iglesia, y la hermana Sallie Morley estaba dirigiendo al grupo, primero cantando himnos y luego coros. Cuando los cantos acabaron, escuchó a la hermana Sallie decir su nombre, llamándole para que predicara. Cuando llegó a la plataforma, pidió a la congregación que se pusiera de pie, lo cual hicieron los creyentes, y comenzó a orar diciéndole a Dios que llenara con el fuego del Espíritu Santo sus almas. Algunos hablaron en lenguas, otros lloraron, y la iglesia entera fue llena de un gran gozo. En ese momento, despertó de su sueño, y cayó sobre sus rodillas agradeciéndole a Dios por el perdón de sus pecados. Fue entonces cuando estuvo seguro que ese era el camino correcto para él. Quince días más tarde fue bautizado en Buga, e inmediatamente comenzó a ayudar en la obra.

Corría mucho peligro, por cuanto era buscado por la ley y por los antiguos amigos forajidos. Un día en que iba por el campo después de una visita, fue detenido y registrado por un escuadrón de 60 soldados aproximadamente. No encontrándole armas solamente su Biblia, le preguntaron si era un creyente, de dónde venía y para dónde iba. Cuando las respuestas les fueron satisfactorias, fueron asignados cinco soldados para escoltarlo a su casa. Esa misma noche fueron capturados tres de sus antiguos compañeros por el mismo escuadrón.

El hermano Manuel Castaño continuó en la iglesia, como obrero y pastor en Cauca, Nariño y Valle. Frecuentemente encontraba oposición. En el pueblo de Chalgualyaco (Nariño), tuvo la oportunidad de realizar dos cultos con una asistencia de cien personas en cada uno de ellos. Cuando regresó un mes más tarde, encontró que el sacerdote había llevado una campaña en contra de los protestantes, visitando de casa en casa. Le dijo a la gente que eran herejes, protestantes, estaban excomulgados y condenados eternamente. El día en que el hermano Manuel Castaño y otros creyentes llegaron, la gente se había organizado para matarlos. Cuando fueron a la casa donde tenían planeado realizar la reunión, el sacerdote, el inspector de la policía, los demás policías y todo el populacho, estaban ahí esperándolos. Un joven se les apareció para avisarles que el plan era rodearlos, llevarlos al río y arrojarlos a éste. El joven, bastante atemorizado, huyó entonces.

El cura salió, y les exigió que salieran, puesto que el pueblo era una parte de su parroquia, y él no permitía protestantes. Pateó en el suelo y les gritó e insultó, diciéndoles que todo el pueblo, como 500 personas, estaba en contra de ellos. Todos los habitantes venían armados de diferentes clases de armas. Fue solamente mediante la intervención del Señor que ellos pudieron escapar vivos.

No obstante que el clima general de violencia había mejorado, los pentecostales aún eran amenazados. En ciertos lugares del Cauca fueron encarcelados, como en Clavijo, Rioblanco, La Sierra y Altamira. En Bogotá, El hermano William Thompson fue lesionado durante un ataque en uno de los cultos, y por poco pierde un ojo.

El crecimiento de la obra en Colombia continuó a medida que los creyentes colombianos voluntaria y gustosamente resistían todos los obstáculos para extender el mensaje que consideraban vital. Los colombianos comenzaron a asumir en mayor grado las posiciones administrativas en la cima de la organización colombiana, cuando el hermano Manuel Ospina reemplazó a la hermana Sallie Morley como Secretario Nacional.

Reinaldo Celis, que vivía en Corinto, comenzó a visitar a sus vecinos puerta a puerta en el municipio de Miranda, teniendo reuniones en la casa de una familia muy pobre. La sala donde realizaban los servicios también era usada como dormitorio y cocina. Mucha gente de Miranda rehusaba entrar en un hogar tan humilde. Debido a ello y al incremento del grupo, fue alquilado un local para 30 personas. Extendiendo la evangelización a las afueras, el hermano Reinaldo y su esposa caminaban un día entero para ir a las montañas a hablar con los indígenas y otros pobladores de esa zona. Estas personas, algunas sanadas de enfermedades, hacían entonces el largo viaje a Miranda para estar en los cultos. El salón que estaban arrendando resultó insuficiente por la multitud. El tamaño de la congregación creció a tal punto que tuvieron la posibilidad de comprar una casa para realizar las reuniones, y el hermano Reinaldo fue nombrado como obrero de ese lugar.

En 1964, la obra creció rápidamente en los departamentos de Caldas, Valle del Cauca, Cauca, Tolima y Huila. Golpeadas fuertemente por la violencia, estas zonas también respondieron con fervor al mensaje pentecostal. Los creyentes testificaban en cualquier oportunidad.

En Armenia, una monja joven golpeó en la puerta de una familia pentecostal en el curso de un programa de visitación religiosa, que consistía en hacer preguntas acerca de la virgen y animar la asistencia a la misa. En lugar de eso ellos trataron de evangelizarla, dándole un tratado que registraba sus creencias.

La monja María Olivia Bueno, había entrado al convento a la edad de 15 años porque sintió un llamado espiritual. Ahora, seis años más tarde, sentía un tedio espiritual. Aún cuando no le satisfacía permanecer en el convento, tampoco quería re-entrar al mundo. La vida en el convento no era la comunidad espiritual a la que había aspirado, y ella constantemente buscaba una experiencia real con Dios.

Un día, después de su encuentro con los hermanos, sintió que Dios estaba obrando en su interior, mientras lavaba un largo pasillo del convento. Una visión de mucha gente llenó el corredor. Todos ellos decían “Gloria a Dios”. Esto la encauzó a reanudar la lectura de la Biblia, y el estudio del tratado que le había dado la familia pentecostal. Texto por texto, sintió que Dios le revelaba la doctrina pentecostal a ella.

La próxima vez que fue a visitar con las otras monjas, se las ingenió para desprenderse de sus compañeras. Regresó al hogar pentecostal, y les dijo que había decidido unirse a ellos. Esa noche en vez de la misa, asistió a un culto en el que predicó el hermano Domingo Zúñiga, y ella pasó al altar, siendo bautizada posteriormente. Cuando salió de allí, dijo a sus nuevos hermanos en la fe que deseaba escapar del convento.

Al otro día, un grupo de creyentes incluyendo un joven que era muy parecido a María, se reunieron para visitarla en el convento. La madre superiora, pensando que eran familiares de María, les permitió entrar. Convinieron en que a las 3:00 de la madrugada un jeep iría por ella, dando vueltas por el bloque en que ella se encontraba. Esa noche, tan pronto como todos se acostaron, María bajó y abrió la puerta, quitándole el seguro a la cerradura, entonces regresó a su celda y le escribió una carta a la madre superiora explicándole lo que estaba haciendo. A la hora señalada, se reunió con los hermanos del jeep.

Fue llevada al hogar del hermano Domingo Zúñiga y su esposa. Ellos oraron por ella, y recibió el Espíritu Santo. Le dieron vestidos y no salía de la casa, pero era claro que las autoridades la estaban buscando. Por eso fue enviada a Palmira para que estuviera con la hermana Sallie Morley, y de allí fue a trabajar a la obra en Ecuador.  

Cuando regresó de aquel país, aún usaba gafas oscuras y una bufanda para evitar ser reconocida. De cualquier forma, ella no podía quedarse quieta acerca de su experiencia. En una ocasión, le dio un tratado a un sacerdote, diciéndole que dejara la vida religiosa porque era falsa. Subrayó sus palabras contándole su experiencia propia.

La confrontación final llegó, cuando hubo una conferencia de dorcas en Armenia. Una mañana no fue al servicio. Sintiéndose constreñida a confrontar a la madre superiora y las demás monjas con la verdad que había encontrado, había ido al convento. La madre superiora la llevó al obispo, y María les testificó a ambos. El obispo le dijo que si regresaba a la iglesia era bienvenida, pero que no podía ser monja de nuevo por los problemas que había causado.

Poco tiempo después, se casó con un joven obrero de la iglesia. Juntos se hicieron cargo de la obra en Manizales y La Virginia en Risaralda. Más tarde fueron al Valle del Cauca, al pueblo montañoso de Costa Rica.

Los sucesos internacionales también afectaron a la Iglesia Pentecostal Unida en Colombia, tanto por medio del nuevo Papa quien dio énfasis a la cooperación internacional, como por los eventos en Norteamérica. El hermano Wynn Stairs, del brazo canadiense de la Iglesia Pentecostal Unida, encabezó un movimiento de separación de las iglesias de Canadá, del cuerpo principal en Norteamérica. Se formó una Junta de Misiones separada. Los hermanos Larsen en Colombia, y los hermanos Drost ahora en Uruguay, quedaron con la rama canadiense de la iglesia como sus misioneros, dependiendo económicamente de ella en vez de los Estados Unidos. Los hermanos Thompon y los Morley, permanecieron con la rama estadounidense de la iglesia. La iglesia de los Estados Unidos tomó a Colombia como un campo misionero. Los canadienses comenzaron a animar a los creyentes colombianos a separarse de los Estados Unidos, haciéndose independientes, y uniéndose en sociedad con los canadienses.

Los pastores colombianos habían llegado a estar descontentos con su posición secundaria, y varios de los líderes se reunieron en 1965 para redactar un manifiesto concerniente a algunas quejas acerca de acciones de los misioneros dirigidos por la Junta de Misiones de los Estados Unidos, subrayando su deseo de nacionalizar la obra. Al año siguiente, se consiguió un acuerdo para la nacionalización entre la Iglesia Pentecostal Unida de los Estados Unidos y Colombia. Debido a que el hermano Larsen estaba con la misión canadiense, el hermano Domingo Zúñiga tomó su lugar como Superintendente, nombrado por la Junta de Misiones de los Estados Unidos.

Más colombianos se fueron uniendo a la iglesia, se abrieron nuevas obras, y la jerarquía directiva se fue expandiendo para incluir a más creyentes colombianos. Las licencias locales, que implican que el obrero ha venido a través de un periodo de aprendizaje y trabajo pero que no está calificado para bautizar, se incrementaron marcadamente. Se ubicaron nuevas obras en los departamentos en que ya había otras establecidas originalmente, como en Valle del Cauca, Cauca, Huila, Tolima, Santander, Norte de Santander, Caldas, Antioquia, Cundinamarca, pero también fueron alcanzados territorios nuevos en Boyacá, Caquetá, Bolívar, Atlántico, Chocó y Magdalena. Los colombianos desearon extender su ministerio a otros países, por lo cual enviaron misioneros a Ecuador, después de la evangelización realizada en aquel país por María Olivia Bueno, la monja convertida en la ciudad de Armenia. Colombianos pentecostales, sostenidos por la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, fueron a Guayaquil (Ecuador), Lima (Perú) y La Paz (Bolivia).

La pauta del crecimiento de la iglesia era sencilla. Al principio se podían celebrar reuniones en las casas de los creyentes o simpatizantes. Entonces, cuando el grupo lo justificaba, se alquilaba un salón, luego una casa. A medida que el grupo continuaba creciendo, podían comprar una casa, la que se reacondicionaba para que sirviera como iglesia. Finalmente, si el grupo era capaz de hacerlo, compraban un terreno y edificaban el templo. En 1963 se construyó la iglesia en Bogotá, y en 1966 se edificaron grandes templos en Cali y Bucaramanga.

En la convención nacional de la iglesia realizada en Cali, en Junio de 1967, la iglesia colombiana votó por su nacionalización, y el hermano Domingo Zúñiga fue electo presidente, haciéndose cargo de la administración de la iglesia de tiempo completo. La organización que presidía estaba compuesta de aproximadamente 200 iglesias, con el deber de hacer contribuciones regulares a la organización nacional.

La nacionalización permitió a la iglesia trabajar más estrechamente con los canadienses. Sobrevino un conflicto entre los intereses canadienses y americanos en Colombia, los primeros representados por los hermanos Larsen y los otros por los hermanos Thompson y Morley. Laverne, la hija de los Larsen se casó con un creyente colombiano, Álvaro Tórres, y junto con los hermanos Drost y otra pareja colombiana, Noel Ospina y Ana Mora, fueron los primeros misioneros latinoamericanos en ir a España, sostenidos conjuntamente por la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia y la de Canadá.

La nueva constitución de la iglesia que vino con la nacionalización, relegó a los misioneros que estaban en Colombia a un papel de consejeros e impedía explícitamente la venida de nuevos misioneros extranjeros al país. Ahora los misioneros debían reportar sus actividades a la Junta Nacional, la que debía entonces decidir si ellos podían seguir adelante con sus proyectos o no.

Uno de los primeros proyectos de la iglesia nacionalizada, fue el de adquirir una estación de radio, La Voz de Paraíso en El Cerrito, comprada en Septiembre de 1967. Desde allí, los programas eran transmitidos a las zonas circunvecinas.

A pesar del aumento en membrecía y posición, la persecución contra los pentecostales aún era evidente. En 1967, el hermano Domingo Zúñiga acompañó a un grupo de creyentes a El Toro (Valle del Cauca). Se realizó una demostración en contra de ellos para evitar que realizaran sus cultos. La gente les lanzó piedras y tomates, y las autoridades tuvieron que intervenir para guardarlos de ser linchados.

A principios de 1969, hubo ataques contra los cultos en Moniquirá (Boyacá) y se disparó a quienes salían de la iglesia. En uno de los ataques, el 2 de Febrero, un niño de cinco años fue asesinado. A fin de evitar y parar la persecución, los creyentes de ese lugar oraron y ayunaron. En Agosto se bautizaron siete nuevos creyentes.

En Abril de 1969, el pastor de Corinto, Octavio Valencia, y algunos hermanos realizaron una serie de cultos al aire libre en el parque situado enfrente de la iglesia católica en Candelaria (Valle del Cauca). Todo marchó bien hasta el último culto. Entonces, ante el acoso del sacerdote, fueron llevados a la cárcel, si bien tenían permiso del alcalde. De todas maneras, su encarcelación fue breve, ya que el comandante de allí dijo que era ilegal encerrarlos por motivos religiosos.

En Abril de 1969, el hermano Saúl Ramírez, pastor de la iglesia Central en Cali, estuvo ayunando y orando para que el Señor lo sanara de cáncer, el cual lo había dejado bastante debilitado. Sufriendo una caída, comenzó a sangrar, y no pudo detenerse. Toda la iglesia en el país lamentó su muerte, y varios miles de creyentes vinieron en poco tiempo a su funeral.

La asamblea de pastores de Junio de 1969, fue llevada a cabo en Bogotá, y los problemas entre los misioneros respaldados por Estados Unidos y la iglesia colombiana llegaron al clímax. Los hermanos Morley y los Thompson renunciaron a la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, decidiendo permanecer bajo la directa autoridad de la Iglesia de los Estados Unidos. Algunos de los pastores nacionales salieron con ellos, pero muy pronto retornaron a la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia. Los colombianos ofrecieron un compromiso que podría cambiar la constitución para permitir a los misioneros, actuando aún como consejeros, abrir nuevas obras por sí mismos. Los misioneros no aceptaron esto, y su renuncia fue aceptada. Los lugares más afectados por la división fueron Bogotá y Meta, donde el liderazgo nacional no era tan fuerte como en otras partes de Colombia. En estos departamentos algunas iglesias se dividieron, y muchos creyentes quedaron indecisos por su lealtad a ambos grupos. En la convención de jóvenes celebrada en Bogotá en Agosto de 1969, muchos pastores y obreros que se habían ido con los misioneros, se arrepintieron públicamente y reingresaron al grupo colombiano. De cualquier forma, la iglesia dirigida por los misioneros también creció rápidamente.

Las iglesias totalizaban cerca de 280 en Enero de 1969, y 30 obras fueron fundadas entre Enero y Junio de 1969. Sin embargo, uno de los lugares en los que no había iglesia era en La Morena. En 1967, algunos creyentes trataron de realizar nuevamente servicios allí. Una joven pareja fue asesinada a machetazos cuando iba a un culto. Cuando otros trataron de ir a Galicia, fueron sacados a punta de pistola. El sacerdote de esa ciudad quiso negociar con la Iglesia Pentecostal la compra de la propiedad de la iglesia para usarla como un colegio, con la condición de que los pentecostales salieran del área completamente. La propiedad fue vendida finalmente a algún otro.

En otras partes del país, ha habido una gran disminución de la presión en contra de los pentecostales. Desde 1966 se les ha permitido realizar cultos al aire libre y tener emisiones radiales en Bucaramanga y otras ciudades.


Notas:

[1] La versión original en inglés del libro Pentecostalismo en Colombia, dice que el misionero Aksel Verner Larsen llegó a Colombia en el año de 1936, pero en realidad llegó al país el 12 de mayo de 1937. Asímismo, la versión original del libro, dice que el misionero Larsen fue enviado por las Asambleas Pentecostales de Jesucristo, pero en realidad fue enviado por La Fraternidad de Iglesias del Evangelio Completo (del Distrito Marítimo del Canadá), que en 1939 se organizaron formalmente como La Iglesia Pentecostal del Evangelio Completo
[2] La versión original en ingles del libro Pentecostalismo en Colombia, dice que Fayetta Barnard era hija de dos misioneros trinitarios en Colombia. No obstante, Fayetta Barnard no llegó a Colombia en compañía de sus padres, sino de la misionera Pearl Cooper, quien luego se dedicó a trabajar en la Costa Atlántica. 
[3] La versión original en inglés del libro Pentecostalismo en Colombia, no explica que La Iglesia Pentecostal del Evangelio Completo, se adhirió en 1946 a La Iglesia Pentecostal Unida. Este asunto es fundamental, para un mejor entendimiento del proceso de nacionalización de La Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, que se narra en los párrafos finales de este capítulo.