viernes, 30 de mayo de 2014

La Tradición y la Filosofía en el Desarrollo de la Trinidad

Por Julio César Clavijo Sierra

Capítulo 3 del libro: Un Dios Falso Llamado Trinidad.
(Nota: Existen unos cambios en la redacción de este artículo, respecto a la que se encuentra en el capítulo 3, de la primera edición del libro Un dios Falso Llamado Trinidad © 2007. Los cambios aquí incluidos, serán publicados en la segunda edición que ya se está preparando").


“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 1:4).

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Colosenses 2:8-10).

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:6-9).

En el presente capítulo, vamos a explorar el desarrollo de la trinidad partiendo desde la filosofía griega de los tiempos precristianos, pasando por las ideas filosóficas existentes en el tiempo cuando el Señor Jesucristo anduvo por el mundo, y explorando como éstas ideas filosóficas afectaron el pensamiento de muchas personas que vivieron luego de que la Biblia fue escrita, los cuales en vez de creerle a las Sagradas Escrituras la reinterpretaron de acuerdo con el pensamiento de la filosofía griega.

La Trinidad es una Doctrina de la Tradición

La enseñanza del dios trino fue desarrollada e inventada por hombres que no le creyeron a la Santa Escritura, rechazaron el estricto monoteísmo bíblico, y por ende negaron la Deidad absoluta de Jesucristo, pues lo vieron no como el Dios único, sino como una personalidad diferente a Dios Padre, como una parte de Dios, como un dios subordinado, como un semidios, o simplemente como una criatura.

Muchos de los trinitarios modernos, ni siquiera comparten muchas de las cosas que creyeron quienes inventaron la trinidad. En sí, la idea definitiva de la teología trinitaria obedeció a un desarrollo gradual que necesitó de muchos siglos de especulación filosófica. Los trinitarios educados del día de hoy saben estas cosas, pero ellos alegan que para contar con una doctrina completa sobre Dios, era necesario que luego de que la Biblia fue escrita, otros hombres pusieran en claro lo que ella decía. Además alegan que estas cosas se deben aceptar por tradición. Así, para ellos la Biblia no es suficiente, pues para poderla entender, se necesita del pensamiento y de los escritos de otros hombres, o lo que ellos llaman, de la “tradición de la Iglesia”.

La doctrina de la tradición, es una doctrina que ha enseñado la falsa cristiandad, a fin de darle peso a sus doctrinas extrabíblicas. Según esta enseñanza, se proclama que hay doctrinas que aún cuando no fueron enseñadas por los apóstoles, son verdades de Dios, porque tradicionalmente se han aceptado. Así (para ellos) las doctrinas tradicionales son tan importantes como las que enseña la Biblia directamente. Dicha doctrina, confiesa que los apóstoles creían todas esas doctrinas de la tradición, pero prefirieron no escribirlas de manera explícita en el Nuevo Testamento, a fin de que la “iglesia” tuviera la oportunidad de organizarlas sistemáticamente de acuerdo con sus interpretaciones del Nuevo Testamento.

De esta manera, se enseña que aún cuando esas doctrinas no están en la Biblia, son el reflejo fiel de la enseñanza bíblica y deben aceptarse tal y como si formaran parte de ella. Algunas doctrinas de la tradición son la inmaculada concepción de María (sin pecado concebida), la asunción de María, la doctrina de la transubstanciación, la doctrina de la infalibilidad papal, la doctrina de la trinidad, etc. Ninguna de esas doctrinas se encuentra en la Biblia y además no existe ninguna prueba de que los apóstoles las creyeran, pero la doctrina de la tradición enseña que son tan importantes como cualquier enseñanza bíblica.

La Iglesia Católica Romana es la mejor exponente de la doctrina de la tradición, pues acepta la inmensa mayoría de las doctrinas tradicionales.  Muchas organizaciones protestantes rechazan la mayor cantidad de las doctrinas de la tradición, pero aun perseveran en una de las más peligrosas que es la enseñanza del dios trino. De esa manera, ellos violan el principio de “Sola Escritura” en el que dicen creer. Para que aclaremos esto, veamos la definición de secta tal y como la enseñan algunos grupos trinitarios de la rama protestante:

“Una secta es cualquier grupo que dice ser cristiano o tener elementos en común con el cristianismo, pero niega una o más doctrinas esenciales del cristianismo histórico y tradicional. Por doctrinas esenciales (centrales o fundamentales) entendemos la Trinidad...” [82]

Según esta definición de secta, la tradición está por encima de la verdad de la Palabra de Dios. Por ende, enseña que se debe creer que la trinidad es verdadera, porque tradicionalmente muchas personas que han dicho que son cristianas, han aceptado ese dogma. Cuando una organización religiosa pone a sus tradiciones por encima de la verdad de la Palabra, está ignorando la misma Palabra de Dios y está enseñando un evangelio diferente. La Escritura afirma:

“Respondiendo Él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres… Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:6-9).

La trinidad fue una doctrina que apareció en el tercer siglo, se desarrolló notablemente en la segunda mitad del cuarto siglo, y el credo que la caracteriza sólo tomó su forma definitiva hasta finales del siglo quinto.

La Influencia de la Filosofía

En el capítulo 2 (La Trinidad y sus Orígenes Paganos), vimos que el dios trinitario y su teología, no son enseñanzas bíblicas, sino que proceden de la religión pagana y de la filosofía precristiana. En este capítulo vamos a ampliar un poco más la discusión sobre la filosofía griega, y la influencia que ésta tuvo en el desarrollo de la teología trinitaria de la cristiandad apóstata.

Filosofía es un término derivado del griego, que significa ‘amor por la sabiduría’. Por eso el apóstol Pablo escribió:

“Los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría” (1. Corintios 1:22).

Sin embargo, el apóstol Pablo sabía que mucho de aquello a lo que los griegos llamaban filosofía, aun cuando ellos lo vieran como algo muy grande, no eran más que pensamientos y doctrinas especulativas que alejaban al hombre de Dios.

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1. Corintios 1:18-21).

“Sin embargo, el problema en todos estos casos, no son la razón, la lógica o la filosofía, sino más bien el uso indebido de la razón, de la lógica y de la filosofía… La razón y la lógica son herramientas dadas por Dios, que nos permiten pensar y adquirir conocimientos. La lógica y la razón nos ayudan a ordenar nuestros pensamientos, y a mejorar nuestra capacidad de discernir la verdad del error. No podemos pensar sin ellas, a pesar de que en el proceso de pensar podemos usarlas mal o abusar de ellas... Aunque la intención de Dios fue proporcionarle al hombre la lógica y la razón para descubrir la verdad y discernir el error,  nuestra capacidad para hacerlo ha sido afectada por el pecado… En nuestro estado caído, lo que creemos está a menudo influenciado por lo que queremos creer. Frecuentemente usamos la razón -aunque mal- para justificar las creencias y comportamientos que sabemos que son falsos/malos. Pero al igual que un cuchillo no es malo en sí mismo, aunque puede ser utilizado de una mala manera por un hombre con corazón de asesino, así también la lógica y la razón no son malas en sí mismas, a pesar de que pueden ser utilizadas de manera indebida por aquellos cuyos corazones se oponen a Dios. Como notó C. S. Lewis, "la buena filosofía debe existir, y no es por otra razón, porque la mala filosofía tiene que ser refutada." Y una vez que el error del incrédulo ha sido señalado y reconocido, él tiene la oportunidad de alinear su voluntad con lo que sabe que es verdadero, o persistir en la negación y el autoengaño. La elección es suya, pero el uso adecuado de la razón por parte de los cristianos, puede ayudar a traerle a ese valle de la decisión”. [83]

El Arjé o Primer Principio

El argumento cosmológico, es un argumento que sostiene que todo lo que existe tiene una explicación para su existencia, ya sea en la necesidad de su propia naturaleza o en una causa externa. Esta premisa ciertamente es más plausible que su negación, porque la idea que las cosas pueden venir a la existencia sin una causa es peor que la magia, ya que algo sólo puede venir de algo y nada sale de la nada. Como hay algo, entonces nunca pudo ocurrir que nada existiera. [84] Sin embargo, tenemos buenas razones científicas y filosóficas que nos permiten entender que el universo no es ese algo que siempre ha existido, o sea que el universo no es eterno y que tuvo un principio.

Desde el punto de vista científico, tenemos al big bang como el paradigma cosmológico reinante actualmente, y éste indica que el universo (incluyendo el espacio-tiempo-materia-energía) tuvo un principio absoluto en el pasado finito tras un evento cataclísmico conocido como la gran explosión, desde el cual se expandió y se sigue expandiendo hoy en día. Esto indica claramente que el universo no puede ser eterno hacia el pasado.

Desde el punto de vista filosófico, la idea de un pasado infinito para el universo parece absurda. Si el universo nunca hubiera tenido un principio, entonces el número de eventos del pasado en la historia del universo sería infinito, y siempre sería posible hallar una causa anterior a la causa anteriormente hallada, lo cual conllevaría a que ningún evento presente pudiera haber ocurrido. La causalidad infinita no es una paradoja sino un verdadero problema. Para que pueda darse una secuencia lógica de eventos para el universo, debe haber un punto de partida para este universo y una primera causa trascendente y no ocasionada que existiera eternamente. Como esa primera causa originó el tiempo y el espacio, entonces tiene que ser eterna y no espacial. Como creó la materia, entonces tiene que ser inmaterial. Como lo creado obedece a un perfecto diseño, entonces esa causa tiene que ser inteligente y personal.

Las declaraciones bíblicas acerca del origen del universo, son consistentes con la presentación de un Ser trascendente, personal, eterno e inmaterial, que es la primera causa de todo el mundo físico. Este Ser es Dios. Desde el primer versículo, la Santa Escritura afirma que “en el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Dios creó el universo por su propia voluntad, “porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió” (Salmo 33:9) y por eso “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y Deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que [los hombres que no le obedecen] no tienen excusa” (Romanos 1:20).  

Luego del desastre de Babel (Ver el capítulo 2, La Trinidad y Sus Orígenes Paganos), prevalecieron inicialmente las explicaciones mitológicas sobre el origen del universo, en las que se aseveraba que todo cuanto existe fue el producto de la obra de más de un dios. “Cada cultura tiene un mito sobre el mundo antes de la creación y sobre su creación, a menudo mediante la unión sexual de los dioses o la incubación de un ≪huevo cósmico≫ [85] Con la aparición de la filosofía y con su desarrollo en la Grecia antigua, se fortaleció una nueva tendencia que consistió ante todo en una explicación panteísta del universo. Aquellos filósofos despreciaron el conocimiento de Dios, y atribuyeron a la creación lo que la Biblia le atribuye a Dios. En definitiva, hicieron de la creación su propio dios.

“ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1:25).

Según esos filósofos, el universo no fue creado por ningún Dios, sino que siempre fue, es y será. La idea que propagaron aquellos filósofos griegos, es que el universo existe por sí mismo. Entonces, ellos creyeron que el origen de todas las cosas se debe a un principio único, al que también llamaron principio original, primera causa, primer principio o arjé. Afirmaban que todas las cosas proceden y que todo volverá otra vez al principio original. Para unos el principio original era el agua, para otros el aire, etc. Este pensamiento también contribuyó a formular una primitiva teoría de la evolución, pues se declaró que los seres vivos surgieron de lo inerte, y evolucionaron a partir de formas precedentes.

En la siguiente tabla, presentamos de una manera muy resumida, lo que distintos filósofos consideraron era el arjé o primer principio.

Tabla 3. El Primer Principio o Arjé Según Algunas Tendencias Filosóficas

Filósofo
Primer Principio
Tales de Mileto (c. 625- c. 546 a.C)
El Agua
Anaxímenes (c. 570 - 500 a.C.)
El aire
Pitágoras (c. 582- c. 500 a.C.)
Los números
Heráclito de Éfeso (c. 540-c. 475 a.C.)
El Logos (también llamado fuego)
Parménides (c. 515-c. 440 a.C)
Sustancia absoluta (Todo lo que existe es parte o manifestación de una misma sustancia)
Empédocles (c. 493 a.C.-433 a.C.)
Los cuatro elementos (Tierra, agua, aire y fuego)
Leucipo (c. 450 a.C.-370 a.C.) y
Demócrito (c. 460 a.C.-370 a.C.)
El Átomo

Sócrates (c. 470-c. 399 a.C.)
La razón
Platón (c. 428-c. 347 a.C.)
Las ideas
Aristóteles (384-322 a.C.)
Las sustancias

El Logos de Heráclito de Éfeso

De acuerdo con Heráclito, el universo existe gracias al enfrentamiento de elementos opuestos (p. ej. día-noche, frío-calor). Sin embargo, en esa lucha ningún elemento acaba por imponerse y anular al otro, debido a la acción de un principio rector o armonía cósmica a la que Heráclito denominó el logos. Gracias al logos, no existe una real separación entre los opuestos, sino que estos forman un todo continuo. El logos, “es el responsable de que los elementos naturales, aún siendo contrarios y enfrentados entre sí, funcionen de modo coherente y equilibrado”. [86]

Heráclito afirmó: "Este cosmos no lo hizo ningún dios ni ningún hombre, sino que siempre fue, es y será fuego eterno, que se enciende según medida y se extingue según medida”. [87]

En el idioma español no es posible encontrar un solo vocablo que exprese la totalidad del significado del logos de Heráclito. Sin embargo presentamos una tabla donde colocamos un conjunto de los significados que Heráclito daba a la palabra logos.

Tabla 4. Significados del Logos de Heráclito

Verdad
Fuego
Razón
Realidad
Medida
Patrón universal
Ley lógica del mundo
Ley del devenir universal

Así, para Heráclito el logos era algo abstracto, inmaterial, siendo según él, algo así como una ley física o un principio universal. Heráclito afirmaba que la materia era eterna, pero gracias al logos pudo llegar a tener el orden y la armonía que la domina.

Heráclito se expresaba demasiado por medio de enigmas, y por eso ha sido conocido como el oscuro. “Hacia el final de su vida se convirtió en misántropo y se retiró a los montes, donde vivió comiendo hierbas y plantas. A resueltas de esto, enfermó de hidropesía y regresó a la ciudad”. [88] La hidropesía es una enfermedad que se caracteriza por la acumulación anormal de líquido en el cuerpo – Se dice que le preguntó a los médicos de forma enigmática como podrían hacer de la lluvia una sequía, y como los médicos no entendieron el enigma, decidió enterrarse a sí mismo en estiércol esperando que el calor del estiércol le absorbiera la humedad. También se dice que cuando Heráclito hizo eso, afirmó “que los cadáveres valen menos que el estiércol”. [89] 

Platón

El filosofo Platón, promulgó que el origen de todo cuanto existe, son las ideas. Él creía que había un mundo superior al mundo físico y ese mundo superior es el mundo de las ideas. Platón afirmaba que el mundo de las ideas es el mundo auténtico, y que el mundo físico es un mundo imperfecto que solamente es el reflejo del mundo ideal.

En su obra de Diálogos titulado “La Republica”, expone en el libro VII el mito de la caverna. En ese mito, explica que el mundo material se asemeja a un mundo en el que los hombres están encadenados y no pueden ver más que sombras, lo que les impide alcanzar el verdadero conocimiento. Por el contrario, en el mundo de las ideas, las cosas se pueden ver tal y como son. De acuerdo con Platón, el mayor conocimiento que puede alcanzarse en el mundo de las ideas, es el concepto de “lo bueno”, que es la idea suprema que dio origen a todo. Realmente, Platón no creía en un Dios personal, y atribuía el origen del universo a algo abstracto a lo que llamó “la idea suprema”. Además, él creía que “dios” no puede existir sin el mundo ni el mundo sin “dios”, así como el sol no puede existir sin derramar su luz en el espacio, ni tampoco puede difundirse la luz en el espacio sin que exista el sol. Así que para él, la “idea suprema” y el mundo físico son parte de una misma realidad.  

En su exposición del mito de la caverna, afirma:

“En cuanto a mí, lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos que sacar la consecuencia de que ella es la causa primera de todo lo que hay de bello y de bueno en el universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que esta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente en la vida pública y en la privada”. [90]

En el capítulo 2 (La Trinidad y sus Orígenes Paganos), mencionamos que Platón afirmó que esa “idea suprema” o “lo bueno”, tuvo que pensar para crear al mundo, y entonces al pensar engendró la “idea creadora”. Esa “idea creadora”, permitió que se llevara a cabo la voluntad de la “idea suprema” para que el mundo físico viniera a la existencia. Platón afirmó que en conjunto: (1) la “idea suprema”, (2) la “idea creadora” y (3) el mundo físico, eran la razón de todo lo que existe, y que por lo tanto no podían separarse. De esa manera Platón desarrolló una especie de “trinidad” filosófica que ha sido conocida como la “trinidad” del ser, de la idea y de la materia, o también como la “trinidad” de la bondad, del intelecto y de la voluntad. Debe quedar bien claro que no estamos afirmando que Platón enseñó a un dios trinitario, pero su filosofía sí preparó el camino para el desarrollo e introducción de dicha “doctrina” dentro de la cristiandad. Los hombres que introdujeron la idea del dios de la Trinidad en el cristianismo, bebieron de los escritos de Platón y de su idea de una realidad triple. En su obra el Timeo (o de la Naturaleza), Platón presentó su visión cosmológica. El filósofo François Marie Arouet, más conocido como Voltaire, muestra como Platón habló de su triple realidad filosófica en el Timeo, y cómo en otra de sus obras titulada la Epinomis mencionó a un logos (verbo) creador que es equivalente a su “idea creadora”.

“Asegúrase que en el Timeo de Platón fue donde se instruyeron principalmente los padres griegos...  

Desde luego encontramos en él una especie de trinidad que es el alma de la materia; he aquí sus palabras; «De la substancia invisible, que es siempre semejante a sí misma, y de la substancia divisible, compuso una tercera substancia que participa de la una y de la otra». En seguida coloca infinidad de números al estilo pitagórico, que dificultan todavía más la inteligencia de lo que trata de explicar…

Me ocuparé en seguida de hablar de su segunda trinidad: «El ser engendrado, el ser que engendra y el ser que se parece al engendrado y al engendrador.» A esta trinidad sigue una teoría muy singular sobre los cuatro elementos. La tierra se funda en un triángulo equilátero, el agua en un triángulo rectángulo, el aire en un triángulo escaleno y el fuego en un triángulo isosceleno…

Encuéntranse en la Epinomis de Platón, galimatías muy curiosas, y voy a traducir una de ellas del modo más claro que pueda para comodidad del lector «…No creáis que esas virtudes, o los que están en ellas y las animan, ya anden por sí mismos, ya los arrastren vehículos; no creáis, repito, que unos de ellos sean dioses y los otros no lo sean; que unos sean dignos de adoración y otros indignos; son todos hermanos, y a todos ellos les debemos los mismos honores, y cumplen las funciones que el verbo les designó cuando creó el universo visible.»[91]

Neoplatonismo

Alejandría, fue una ciudad fundada por Alejandro Magno en el año 322 a.C., y luego se convirtió en la metrópoli de la cultura griega. “Todos los griegos de Alejandría consideraban a Platón como el intérprete de la divinidad”. [92] De esa manera, en Alejandría surgió una nueva tendencia, que fue la de mezclar las ideas filosóficas de Platón, con las concepciones religiosas relacionadas con el origen del universo. A esa tendencia se le ha conocido como el neoplatonismo. Las tres corrientes principales del neoplatonismo fueron la pagana, la judía no cristiana y la cristiana.

Filón de Alejandría

“Famoso filosofo griego, apellidado el Judío, nacido en Alejandría 20 a. C. y muerto el 54 d.C. Su filosofía era una mezcla de la de Platón y de la Biblia. Influyó en el neoplatonismo y en la literatura cristiana primitiva”. [93] Filón fue un judío perteneciente a una familia influyente de Alejandría, Egipto. Este hombre fue contemporáneo de Jesucristo. Filón, como todo judío, recibió una educación muy completa en el Antiguo Testamento, pero también estudió literatura y filosofía griega. Este hombre, creyó que los pensamientos de la filosofía griega podían aplicarse – o dicho de otra manera – mezclarse con la doctrina del Antiguo Testamento.

Así, este hombre, concibió a Dios como un ser sin atributos, por lo que le hacía perder sus características de ser y lo asociaba con la “idea suprema” de la filosofía de Platón. Filón enseñó que esa “idea suprema” era la causa de todo. Sin embargo esa “idea suprema” era tan elevada, que necesitó de un mediador para crear el mundo, y a su vez, para establecer un punto de encuentro entre ella y el mundo físico. Entonces Filón enseñó que ese intermediario era “el mundo de las ideas” y llamó a ese intermediario el logos (condensando los pensamientos de Heráclito y de Platón). Filón también le dio a ese logos, el título de “hijo de dios”, y afirmó que ese logos fue la primera cosa creada por “la idea suprema” y que era un segundo dios.

Filón afirmó que el logos es el modelo para el razonamiento humano. Todo lo creado es la extensión de los pensamientos de la “idea suprema”, y el logos es la forma de las formas, pues es la que le dio forma a todo lo que concibió la “idea suprema”.

Así, Filón desdibujó la enseñanza del Antiguo Testamento acerca de un Dios creador, menospreció el monoteísmo estricto, y afirmó que había dos dioses abstractos que eran “la idea suprema” y “el logos”. Filón creía que el logos estaba subordinado a la “idea suprema”.

Tabla 5. Significados del Logos de Filón

El mundo de las ideas
Hijo de dios
Segundo dios

La Edad Apostólica

La edad apostólica, es la edad comprendida desde el surgimiento de la iglesia cristiana durante aquel día de Pentecostés en que todos fueron llenos con el Espíritu Santo, hasta la muerte del apóstol Juan.

“Fue durante el tiempo del dominio de Roma que Nuestro Salvador, Cristo Jesús, nació, vivió entre los hombres, murió y resucitó de entre los muertos. Entonces ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo y la Iglesia del Nuevo Testamento fue establecida en la tierra. ¡Y qué gloriosos fueron esos días! Basta solamente con mirar el libro de Los Hechos para ver cuánto bendijo Dios a sus hijos en esos días. Multitudes se añadían a la Iglesia, la verdadera Iglesia. Grandes hechos y maravillas se hacían como confirmación de Dios a su Palabra. La verdadera cristiandad estaba ungida por el Espíritu Santo, y barría a la idolatría como el fuego en la pradera. Rodeaba las montañas y cruzaba los mares. Hizo que temblaran y temieran los tiranos y los reyes. ¡Se decía que aquellos cristianos habían volteado el mundo de arriba abajo! (Hechos 17:6). Así era su mensaje y su espíritu, ¡lleno de poder!” [94]

Pronto la naciente iglesia cristiana empezó a recibir ataques. Ataques de los gobernadores judíos, ataques de los emperadores romanos y ataques de la falsa doctrina. Sin embargo, en la edad apostólica no se había desarrollado aun la falsa doctrina de la trinidad.

El apóstol Pablo había advertido:

“Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad…” (2. Tesalonicenses 2:7).

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2. Timoteo 4:3-4).

De esta manera, ya desde muy temprano, algunas personas que tenían enseñanzas contrarias a la verdad apostólica, se llamaron a sí mismos cristianos pero mentían ensenando encubiertamente herejías destructoras. En el libro de Apocalipsis, vemos que las siete iglesias de Asia Menor estaban siendo atacadas por las falsas doctrinas de los nicolaítas (Apocalipsis 2:6, 2:15), de Balaam (Apocalipsis 2:14) y de Jezabel (Apocalipsis 2:20). No obstante, a pesar de toda esta oposición, la verdadera iglesia cristiana se mantuvo y se ha mantenido firme.

El Neoplatonismo “Cristiano”

El surgimiento del neoplatismo “cristiano”, se dio con el mal llamado gnosticismo “cristiano”.

“A medida que el cristianismo se iba extendiendo por el Mediterráneo, se iba encontrando con otras religiones. Los griegos y los romanos trataron de asimilar elementos de la fe cristiana dentro de sus propias filosofías, tal como lo habían hecho inicialmente algunos judíos. Los centros intelectuales del Mediterráneo hacían preguntas acerca de Jesús: ¿Quién era? Si era Dios ¿Cómo pudo morir? Eventualmente una nueva secta muy popular llamada gnosticismo (nombre derivado de la palabra griega que significa conocimiento, gnosis) fue ganando terreno en su intento de explicar estas cosas. Esta secta se difundió especialmente dentro de la élite intelectual.” [95]

Los gnósticos creían que lo material era intrínsecamente malo. Por eso no aceptaban que el Dios santo se hubiera manifestado en carne y llegaron a aborrecer esa enseñanza bíblica. Ellos desarrollaron varias doctrinas acerca de Jesús, por ejemplo, que Él nunca fue un ser humano real sino que era una especie de fantasma, que Él no era Dios manifestado en carne, y que Él fue un simple hombre sobre el que Dios descendió durante el bautismo y que dejó antes de su muerte, etc.

El apóstol Juan habló duramente contra esta falsa enseñanza cuando escribió:

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.”(1. Juan 4:1-3).

Este gnosticismo contribuyó al desarrollo de la “doctrina” de la trinidad, pues el gnosticismo fue la primera “doctrina” que negó que Jesús fuera el Dios eterno (el Padre Eterno) que se manifestó en carne. Más adelante, cuando apareció la trinidad “cristiana”, ésta continuó haciendo una diferenciación personal entre Jesús y Dios el Padre.

La Enseñanza de Juan 1:1

El apóstol Juan siendo inspirado por Dios, escribió en su versión del evangelio y en sus cartas apostólicas palabras que derribaban las doctrinas del neoplatonismo “cristiano” y que además destrozaban todos los argumentos sobre el origen del universo que excluían a Dios y que los filósofos habían enseñado durante siglos. Algunos filósofos (basados en su ateísmo) ignoraron a Dios y buscaron desesperadamente un arjé o primer principio que fuera diferente a Dios. Incluso, algunos llamaron a ese primer principio el “logos” y creyeron que todo provenía de un “logos” inmaterial que no era Dios. Tal como hemos visto, el logos filosófico de Heráclito era algo abstracto y él lo consideraba como una ley natural o como un principio regulador del universo. El logos filosófico de Filón de Alejandría era también algo abstracto a lo que él llamaba “el mundo de las ideas” o “el hijo de dios” quien era como un segundo dios y estaba subordinado a la “idea suprema”. El apóstol Juan utilizó intencionadamente la misma terminología de estos filósofos para destruir sus argumentos y para expresar la gran verdad acerca del universo: Mostró que el universo no era eterno sino que había tenido un principio (arjé) y que esa primera causa o logos era Dios y solamente Dios, el único y Santo Dios que no comparte su gloria con nadie y que no puede ser dividido.

Tabla 6. Traducción de Juan 1:1

Griego original
Traducción literal
"en arjé en ho logos"
"en el principio era la palabra..."
"kai ho logos en pros ton theon"
"y la palabra se refiere a Dios..."
"kai theos en ho logos"
"y Dios era la palabra"

El catedrático en griego Jaime Berenger Amenos, nos dice que la preposición ‘pros’, utilizada en el caso acusativo, puede significar “hacia, a, en relación a, contra, para, cerca de”. [96] “La palabra griega pros, [que ha sido] traducida ‘con’ en el versículo 1, es la misma palabra traducida en lo que a… se refiere’ en Hebreos 2:17 y 5:1. Por lo tanto, Juan 1:1 podría incluir en sus significados lo siguiente: “El Verbo [la Palabra] se refiere a Dios y el Verbo [la Palabra] era Dios” [97]

En este mismo orden de ideas, Casiodoro de Reina, el célebre traductor de la Biblia al idioma español, tradujo así Juan 1:1-2 en su versión publicada en el año de 1569, que ha sido conocida como la Biblia del Oso (llamada así por tener la figura de un oso en su portada).

Tabla 7. Traducción de Juan 1:1-2 por Casiodoro de Reina, Publicada en el Año de 1569.

Cláusula
Traducción
Cláusula 1:1a:
En el principio ya era la Palabra
Cláusula 1:1b:
Y la Palabra era acerca de Dios
Cláusula 1:1c:
Y Dios era la Palabra.
Cláusula 1:2a:
Esta era en el principio acerca de Dios.

‘Acerca’, es una locución preposicional sobre aquello de que se trata o en orden a ello. Así que la traducción de Casiodoro de Reina, simplemente acepta que la Palabra se refiere a Dios. El apóstol Juan lo hizo bien claro. Él nunca dijo que el logos era una personalidad distinta de Dios (como lo presentaron los gnósticos y más adelante con alguna variación los trinitarios), sino que dijo contundentemente que el logos se refiere a Dios y que el logos era Dios. (Cipriano de Valera, en su revisión efectuada a la Biblia del Oso en el año de 1602, dejó intacta esa traducción de Juan 1:1-2. Lamentablemente, en 1862 Lorenzo Lucena Pedrosa al revisar el trabajo de Reina-Valera, desmejoró la traducción de Juan 1:1-2, cambiando ‘la Palabra’ por ‘el Verbo’ y diciendo que ‘el Verbo era con Dios’, y así la traducción ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, toda turbación es alejada, cuando comprendemos que ‘Verbo’, es una adaptación del vocablo latino que significa ‘Palabra’, y que la preposición española ‘con’, en algunos de sus usos, expresa la idea de relación, como en la frase “No habla ‘con’ su novia”).

De otro lado, los contemporáneos del apóstol Juan le daban ciertos usos comunes y no filosóficos al término logos, y por medio de estos usos, Juan también pudo transmitir su mensaje a la gente sencilla que quizás no sabía mucho de filosofía. En la siguiente tabla se presentan algunos de los significados comunes.

Tabla 8. Significados Comunes del Término Logos en el Tiempo del Apóstol Juan

Plan
Palabra
Intención
Mente
Expresión
Declaración
Comunicación

Así, en el pasaje de Juan 1:1, el logos significa el Dios que se revela, se expresa, se da a conocer, se declara o se comunica con los hombres, conforme a su plan, su palabra o su intención eterna por medio de la cual creó todas las cosas y le dio sentido a todo. Si Dios no hubiera tenido un propósito para su creación (especialmente para el hombre) no hubiera hecho nada. Dios es mucho más que su autoexpresión o auto-revelación, pero a los hombres (que somos seres finitos) solamente se nos ha permitido conocer esa revelación (o logos), y no la totalidad del Dios infinito.   

“En el uso griego, logos puede significar la expresión o el plan como existe en la mente del pregonero —como un drama en la mente de un dramaturgo— o puede significar el pensamiento como proferido o de otra manera físicamente expresado — como un papel que se juega sobre el escenario. Juan 1 dice que el Logos existía en la mente de Dios desde el principio del tiempo. Cuando llegó el cumplimiento del tiempo, Dios puso aquel plan en acción. El puso carne sobre aquel plan en forma del hombre Jesucristo. El Logos es Dios expresado. Como dice John Miller, el Logos es “Dios expresándose a sí mismo.” [97Ꞌ]

Juan quiso decir en Juan 1:1 lo siguiente: “En el principio era la Palabra” [Desde el principio ya existía la Palabra, razón, propósito o plan de Dios para con el hombre], “y la Palabra ‘se refiere a’ Dios” [Ese plan, razón o propósito de Dios para con el hombre, estaba relacionado con Dios y pertenecía a Dios, pues no era cualquier Palabra, sino la Palabra de Dios], “y la Palabra era Dios” [Ese plan, razón o propósito de Dios para con el hombre, consistía en la revelación futura de Dios mismo al hombre, por medio de una revelación progresiva que incluía la Palabra hablada y escrita, y como clímax la revelación de Dios por medio de una manifestación en carne por la cual Él mismo (y no otro) nos hablaría, enseñaría y nos revelaría su perfecto plan para con la humanidad. En la eternidad “pasada” aún no empezaba esa revelación pues todavía no existía el hombre, pero se daba como un hecho en la mente del Dios Omnisciente que llama a las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17). Por eso el apóstol Juan dice que la Palabra era Dios]. Desde el primer versículo, el apóstol Juan declara el mensaje central del evangelio, y es que desde los “tiempos eternos” Dios mismo ha deseado mantener comunión con el hombre y por eso se ha convertido en nuestro salvador como lo enseñan también otras porciones de la Escritura (Isaías 9:6, 53:22, Mateo 1:23, 1. Timoteo 3:16). Dios mismo se manifestó como el Hijo (Lucas 1:35), el Cristo (Mateo 16:16), el hombre perfecto (Efesios 4:13), para poder redimir a la humanidad caída (Hebreos 2:14-18).

Antes del hombre, el logos solo era la idea de Dios para con el hombre, pero al llegar el hombre, el logos fue Dios mismo revelándose y dándose a conocer a la humanidad hasta que vino el clímax de esa revelación cuando Dios mismo se manifestó en carne en Jesucristo. Una comparación valedera aquí, que expongo para dar claridad a lo que digo, es la siguiente: “En el año de 1995, Julio César Clavijo tenía el plan de que en el año 2000 sería ingeniero civil, y el ingeniero civil era Julio César Clavijo”. “En el año 2000 Julio César Clavijo obtuvo el grado de ingeniero civil y pasó de una idea a una realidad de ingeniero civil”. Similarmente, antes de revelarse a la humanidad, la Palabra (o logos) era solo un plan o propósito en la mente de Dios, pero al venir la humanidad a la existencia, la Palabra (o logos) llegó a ser Dios mismo revelándose a la humanidad.

Es bien interesante destacar también, que el apóstol Juan no hizo uso del término griego logos desde un vacío bíblico. El apóstol Juan fue un judío capacitado en el vocabulario del Antiguo Testamento, así como en el trasfondo judío de los conceptos que dichos términos transmitían y a lo que verdaderamente se referían. En hebreo, existe un término equivalente al griego ‘logos’. Este término hebreo es ‘dabar’ y aún en la septuaginta (una antigua versión griega del Antiguo Testamento) ha sido traducido como ‘logos’. (En el arameo se traduce como ‘memra’ y en latín como ‘verbum’).

En el Antiguo Testamento, ‘dabar’ referido a Dios, es Dios hablando, actuando o revelándose a sí mismo. “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Salmo 33:6). “Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina” (Salmo 107:20). “Él envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra” (Salmo 147:15). “¿No es Mi Palabra como fuego, dice Jehová, y como una maza que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11). “Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 12:25).

Similar a Juan 1:1, el Antiguo Testamento nos enseña que la Palabra de Dios es eterna. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Salmo 119:89). “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. (Isaías 40:8).

Del mismo modo que Juan 1:1, el Antiguo Testamento presenta la palabra de Dios como significando Dios. “En Dios alabaré su Palabra; en Dios he confiado; no temeré” (Salmo 56:4). “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado” (Salmo 130:5). El término hebreo ‘kole’ traducido como ‘voz’ es utilizado de la misma forma: “Voz de Jehová que hace temblar al desierto; hace temblar Jehová el desierto de Cades” (Salmo 29:8). El salmo dice: “lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105), pero Jehová es presentado como nuestra lámpara “Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas” (2. Samuel 22:29).

El Nuevo Testamento continuó con la misma línea, y similar a lo que ocurre con el hebreo ‘dabar’, el ‘logos’ referido a Dios, es Dios hablando, actuando o revelándose a sí mismo. Se refiere a la auto-expresión o auto-revelación de Dios. “Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:12). “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste” (2. Pedro 3:5). El término griego ‘rhema’ también traducido como ‘palabra’ transmite esta misma idea: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

Similar a Juan 1:1, el Nuevo Testamento nos enseña que la Palabra de Dios es eterna. “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1. Pedro 1:23). “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).

Asimismo, en algunas ocasiones, “la Escritura” (como la Palabra de Dios escrita) se ha de entender como significando Dios. “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Romanos 9:17, compárese con Éxodo 9:16).

“A menos que una persona se comunique, ya sea oralmente o por medio de gestos o expresiones faciales, es imposible llegar a conocerla. Todo lo que queda detrás de la piel del rostro seguirá siendo un misterio. También Dios era un misterio hasta que decidió romper el silencio. Habló una vez y toda la creación surgió a la vida – los océanos, las ballenas, las coloridas aves, las orquídeas y los escarabajos. Y volvió a hablar, nos dice Juan, y esta vez su Palabra –el Verbo- tomó forma humana y se llamó Jesús. El evangelio según Juan relata la historia de ese Verbo hecho carne” [98] Si Dios no hubiera querido revelarse al hombre, Él aún sigue siendo Dios. No obstante, Él deseó revelarse a nosotros, y por eso la Biblia sólo habla de Dios en su acción reveladora.

Jesucristo (Dios manifestado en carne como un ser humano), es la revelación máxima de Dios a favor del hombre, y por eso es llamado la Palabra (Verbo) de Dios (Apocalipsis 19:13). En estos últimos días, Dios decidió hablarnos por Cristo el Hijo (el Hombre perfecto) quien es el que da razón a la existencia del universo (Hebreos 1:2). El Hijo de Dios, es la conclusión del plan eterno que Dios planeó con relación al hombre, de satisfacer su deseo de que pudieran existir muchos hijos de Dios (Hebreos 2:10), y por eso los escritores neotestamentarios, inspirados por el Espíritu Santo, dejaron registro del cumplimiento de un montón de profecías veterotestamentarias que se cumplieron en el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne (Juan 1:14). En el Hijo de Dios, la Palabra pronunciada por Dios en el pasado encuentra ahora su cumplimiento (Mateo 5:17, Lucas 24:25-27). Esa Palabra (logos), que en los tiempos del Antiguo Testamento se había revelado por medio de una voz audible, a través de los profetas y por medio de la Escritura, en el cumplimiento del tiempo fue hecha carne (Juan 1:14), pues Dios nos habló por medio de su manifestación en carne. Jesús como Hijo de Dios, es el varón perfecto, o el ejemplo perfecto que nosotros deberíamos anhelar seguir. La vida ejemplar de Jesucristo hombre, es una enseñanza mayor que la que se pudiera dar con un millón de palabras.

Dios, el único Dios que existe, el único y sólo Dios, aquel Dios que no tiene acompañamientos divinos, aquel Dios único e incomparable, se trazó el plan de crear el mundo y de poner al hombre en éste. Todo era claro para Dios que no deja nada por fuera y que no improvisa. Dios que todo lo sabe y que todo lo ve aun antes de que suceda, sabía que algo terrible iba a manchar su hermoso plan. Eso horrible y desastroso era el pecado. Sabiendo eso, Dios hubiera podido abortar su proyecto o seguir adelante (que fue como en efecto ocurrió), pero para seguir adelante debía tener un gran remedio preparado para ese gran mal llamado pecado.

Dios continuó con su proyecto, y eso que le dio razón fue el Mesías el Hijo de Dios. Dios, desde antes de la fundación del mundo estableció su plan y desde antes de la fundación del mundo supo que lo único que le daría razón a la creación era el Mesías, el Hijo de Dios. El Hijo de Dios estuvo desde el principio de la creación sólo como un plan en la mente de Dios. Dios sabía que algún día Él mismo y no otro se iba manifestar como un hombre a fin de darle salvación a todos los que aceptaran su plan divino y por esa causa hizo el universo. Él sabía que no todo iba a estar perdido, pues el Hijo, el Mesías, le daba razón a la creación aunque el Mesías no existiera todavía.

La “teología” trinitaria se desarrolló a partir de la corriente neoplatónica que hizo un uso incorrecto de los términos bíblicos ‘logos’ e ‘Hijo de Dios’, presentándolos como sinónimos cuando en realidad no lo son. Toda confusión es alejada, cuando utilizamos los términos dentro de su respectivo contexto, y no de la manera errónea y arbitraria como los reinterpreta la “teología” trinitaria. La “teología” trinitaria toma aquella porción bíblica de Apocalipsis 19:13, que llama ‘logos’ (o verbo) al ‘Hijo de Dios’, y asume erróneamente que el ‘Hijo de Dios’ es eterno y que estaba desde el principio con Dios, como si el Hijo hubiera preexistido a la encarnación. El ‘logos de Dios’ (Palabra de Dios) es eterno (Salmo 119:89, Isaías 40:8, 1. Pedro 1:23, Mateo 24:35), porque es el pensamiento o el plan eterno de Dios a favor de la humanidad, que existía aún antes del acto de creación y que se fue revelando de manera progresiva a la humanidad. Mientras tanto, la Biblia define al ‘Hijo de Dios’ como al ser humano que nació de María (Lucas 1:35), como a Dios mismo con nosotros (Emanuel) manifestado como un hombre (Mateo 1:23), como el medio que Dios utilizó para hablarnos en estos postreros días (Hebreos 1:2), como el revelador (de los propósitos) del Padre (Juan 1:18) y como la Palabra hecha carne (Juan 1:14). No existe ningún Hijo eterno, pero Aquel que se manifestó en carne como un Hijo, es el único Dios eterno (Miqueas 5:2, Juan 1:15).

Por eso la Escritura dice:

“en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:2).

Sí, es en estos postreros días que Dios nos ha hablado por el Hijo, porque es en estos tiempos de la gracia, que Dios fue manifestado en carne, y a esa manifestación en carne la hemos conocido como el Hijo. El Hijo era un plan verdaderamente real en la mente de Dios, tanto que Dios mismo lo vio (dentro de su plan) inmolado desde la fundación del mundo.

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” (Apocalipsis 13:8).

Aunque nosotros sabemos que el Hijo solo fue asesinado el día que fue crucificado en esa cruenta cruz.

Incluso Dios pudo ver una descendencia grande de creyentes que alababan a Dios y glorificaban su nombre, por causa de la obra del Hijo de Dios, aun cuando el Hijo mismo solo era un proyecto en la mente de Dios.

“según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él” (Efesios 1:4).

Las Sagradas Escrituras nos enseñan, que es por esa razón que el Hijo es el primero de toda la creación, porque aún cuando el Hijo no era todavía, el plan ya había sido hecho, y Dios lo veía como una realidad, esto porque:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él.” (Colosenses 1:15-16).

Es en el Hijo que fueron creadas todas las cosas, porque todas las cosas sólo tienen sentido en el Mesías (y no porque existiera un Hijo eterno). Dios lo hizo todo porque tenía al Hijo en mente, y si no lo hubiera tenido en mente no hubiera creado nada.

Dios tenía desde el principio, desde la eternidad, un plan. Ese Plan es el Misterio de la Piedad, Dios fue manifestado en carne.

“E indiscutiblemente grande es el misterio de la Piedad, Dios fue manifestado en carne” (1. Timoteo 3:16).

“Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro salvador.” (Tito 1:1-3).

Por eso, hablando acerca del Plan eterno de Dios, la Escritura dice:

“En el principio era el Verbo, el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1).

Ese Plan fue llevado a cabo cuando se hizo carne. Cuando ese plan (ese Verbo) se hizo carne.

“Y aquel Verbo se hizo carne, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14).

Ese que se manifestó en carne fue el mismo Dios y Padre Eterno, pues la Escritura dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció” (Juan 1:9-10).

Por eso cuando la Escritura dice:

“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan. 17:5).

No es porque desde la eternidad pasada existiera un acompañante del Padre, sino porque había un plan claramente establecido. Un plan perfectamente concebido en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo. Dios vio al Hijo antes de que fuese, de la misma manera que vio a todos los salvos por la obra del Hijo antes de que fuesen.

"La gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" no significa que hubiera otra persona conviviendo con nuestro Dios y Padre antes que el mundo fuese, sino que había un plan perfectamente establecido, plan que le permitió a Dios abordar su plan y llevarlo hasta las últimas consecuencias.

(Para mucha más información acerca de este tema, vea la obra: “Debate en Línea Sobre Juan 1:1” con Julio César Clavijo Sierra desde el punto de vista unicitario y Luís Carlos Reyes desde el punto de vista trinitario, que fue publicado en el año 2011).

La Edad Post-Apostólica (90-140 d.C.)

Luego de la edad apostólica, llego la edad post-apostólica. De acuerdo con los eruditos, este periodo está comprendido entre los años 90-140 d.C.

Para este tiempo, se había terminado de escribir todo el Nuevo Testamento, por eso la iglesia contaba con la totalidad de la enseñanza apostólica. Los escritores del Nuevo Testamento ratificaron el estricto monoteísmo hebreo, y confesaron que Jesús es el Dios Todopoderoso que fue manifestado en carne para rescatar a la humanidad del pecado y de la muerte.

El Antiguo Testamento proclamó que hay un solo Dios y que ese sólo Dios es Espíritu y es Santo, por eso, ese sólo y único Dios fue conocido como el Espíritu Santo. No existe ningún otro Dios aparte del Espíritu Santo. Existe un solo Dios y no hay más.

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí” (Isaías 46:9).

A la vez, el Antiguo Testamento proclamó, que llegaría un día cuando Dios mismo y no otro, vendría a salvar a la humanidad.

“Decid a los de corazón apocado: esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará”. (Isaías 35:4).

“Por tanto mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:6).

“Porque Jehová es nuestro Juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; Él mismo nos salvará” (Isaías 53:22).

El Nuevo Testamento confiesa precisamente eso, que Dios se manifestó en carne como un ser humano. Dios sin dejar de ser Dios, también tomó forma humana y condición de hombre.

“Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

El Nuevo Testamento también confiesa que Jesús es el único Dios, y que no existe otro Dios aparte de Él. Dios se manifestó en carne, y el día que se manifestó en carne dio a conocer su glorioso y santo nombre, el nombre de Jesús. Jesús es nuestro Gran Dios y Salvador y sólo Jesús es Dios. Jesús es el Padre, Jesús es el Admirable, Jesús es el Consejero, Jesús es el Espíritu Santo, Jesús es el único Dios.

“aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:13-14).

En esta edad post apostólica, hubo algunos hombres que realizaron trabajos escritos. Ninguno de esos escritos puede ser considerado de igual valor a las Sagradas Escrituras, por lo tanto nunca se han tomado, ni se podrán tomar como fuente de autoridad doctrinal por parte de la verdadera iglesia. Sin embargo arrojan mucha luz sobre las creencias de aquella época.

“Clemente, Ignacio, Policarpo y Hermas, son los únicos escritores de esa edad cuyos estudios están aun intactos el día de hoy. En sus escritos, estos hombres no dijeron nada sobre una trinidad de tres personas eternas. El autor evangélico Calvin Beisner, escribió en su libro, Dios en tres personas, que los tiempos más remotos no expusieron ninguna declaración clara sobre ninguna trinidad y que los dos primeros siglos promovieron el monoteísmo como el principal pensamiento. Los escritores post-apostólicos sostuvieron tenazmente el concepto del único Dios según lo encontrado en el Antiguo Testamento”. [99]

La Edad de los Apologistas Griegos (130 – 180 d.C.)

Tal como hemos visto, los primeros que trataron de mezclar cristianismo con filosofía griega fueron los gnósticos. En realidad los pensamientos que estos hombres difundieron, no se extinguieron completamente, sino que continuaron haciendo daño durante los siglos subsiguientes. El apóstol Juan condenó al gnosticismo como una enseñanza de falsos profetas y como una obra del espíritu del anticristo (1. Juan 4:1-3).

“Mientras que la Iglesia era judía por sus miembros, y aun después, mientras estaba regida por hombres del tipo judío, tales como Pablo y Pedro, había sólo una tendencia leve hacia el pensamiento abstracto y especulativo. Pero cuando la iglesia estuvo compuesta por su mayoría de griegos y se infiltraron en ella griegos místicos y desequilibrados de Asia Menor, surgieron toda clase de opiniones y teorías y éstas se desarrollaron con fuerza. Los cristianos del segundo y tercero siglos luchaban no solo en contra de un mundo pagano y adverso, sino también en contra de herejías y doctrinas corruptas dentro de su propio redil”. [100]

Los eruditos llaman la edad de los apologistas griegos, al periodo comprendido entre los años 130 al 180 d.C. Aparentemente estos apologistas se habían convertido al cristianismo, pero la revisión de sus escritos, demuestra que ellos no eran cristianos sino neoplatónicos de tendencia “cristiana”. Estos hombres estuvieron afectados por todo el pensamiento filosófico desarrollado hasta su época, y por las tendencias neoplatónicas judías de Filón de Alejandría y las neoplatónicas “cristianas” de los gnósticos.

Estos apologistas griegos eran filósofos de profesión, y ninguno de ellos desempeñó un papel importante dentro de la iglesia cristiana. No obstante, fueron escritores prolíficos, y muchos de sus escritos sobreviven hasta el día de hoy. Los escritores de la edad post-apostólica (90-140 d.C.) “se adhirieron más de cerca al pensamiento y a la lengua bíblica, mientras que los apologistas griegos eran más filosóficos y especulativos”. [101] La mayoría de estos apologistas no defendieron el cristianismo, sino que defendieron el gnosticismo “cristiano”.

Además, basados en las ideas de Filón de Alejandría, cometieron el grave error de igualar el concepto bíblico de “Hijo de Dios” con el logos de la filosofía neoplatónica judía. Ellos (en contravía de la enseñanza del apóstol Juan) afirmaron que el logos de Juan 1:1 es alguien divino, y sin embargo no es el mismo Dios, sino que vivió con Dios desde el principio.

A continuación, vamos a observar la enseñanza que transmitieron los apologistas griegos, analizando la posición del más notable de sus representantes, que ha sido conocido como Justino Mártir.

Justino Mártir (c. 100-165 d.C.)

También conocido como Flavio Justino. “Filosofo y teólogo… uno de los primeros apologistas… que quiso reconciliar la doctrina cristiana con la cultura pagana. Nació en Flavia Neapolis (actual Nablus, Jordania), una ciudad romana construida en el lugar donde estuvo la antigua Siquem, en Samaria. Sus padres fueron paganos y de joven se dedicó al estudio de la filosofía griega, en especial la obra de Platón y la de los filósofos adscritos al estoicismo”. [102]

Aun después de su supuesta conversión al cristianismo, continúo usando su toga de filósofo que le daba entrada a los paganos. “Día tras día se le podía ver en las plazas, rodeado de grupos de personas que le escuchaban ansiosos. Los que pasaban se sentían atraídos por su toga, y después de la corriente salutación: "salve, filosofo", se quedaban a escucharle” [103]

Justino tomó las ideas de Filón de Alejandría, las modificó un poco, y las mezcló con el Nuevo Testamento. Justino cambió la enseñanza del apóstol Juan, pues él enseñó que el logos era divino, pero no era el mismo Padre. Justino cometió el error de afirmar que el termino logos de Juan 1:1, era igual o equivalente a la expresión bíblica de Hijo de Dios y no un plan en la mente de Dios de manifestarse en carne. Así, Justino modificó toda la enseñanza de Juan que afirmaba que la Palabra era Dios.

“El Dr. H. R. Boer, en su libro Breve historia de la iglesia primitiva, comenta sobre la esencia de la enseñanza de los apologistas:

Justino [Mártir] enseñó que antes de la creación del mundo, Dios estaba sólo y que no había ningún Hijo. [...] Cuando Dios quiso crear el mundo, [...] engendró a otro ser divino para crear el mundo por Él. A este ser divino se le llamó [...] Hijo porque nació; se le llamó Logos porque se le tomó de la Razón o Mente de Dios. [...]

Por consiguiente, Justino y los demás apologistas enseñaron que el Hijo es una criatura. Él es una criatura elevada, una criatura suficientemente poderosa como para crear el mundo, no obstante, una criatura. En teología, a esta relación entre el Hijo y el Padre se le llama subordinacionismo. El Hijo está subordinado, o sea, es subalterno al Padre, depende de él y existe por él. Los apologistas fueron subordinacionistas” [104]

Antigua Edad Católica (170-325 d.C.)

Luego de los apologistas griegos, vino lo que los eruditos han considerado como la antigua edad católica (170 – 325 d.C.). Por este tiempo no existía aún la Iglesia Católica Romana, pero ya estaban apareciendo en su forma primitiva las doctrinas heréticas que esta iglesia adoptó desde su fundación en el año 325 d.C. Es en este tiempo, en el que por fin se desarrollan los primeros conceptos realmente trinitarios, pues vemos que antes de esta época, la “doctrina” de la trinidad era ajena al pensamiento cristiano. No obstante, pese a que se desarrolló un concepto de tres personas divinas, no se proclamó aun que estas tres fueran iguales en majestad y atributos, por lo cual el concepto trinitario definitivo todavía no se había alcanzado.

Vamos a hablar de dos de los hombres más influyentes en el desarrollo de la idea trinitaria en este periodo. Estos hombres fueron Tertuliano y Orígenes.

Tertuliano (c. 160-220 d.C.)

Nació en Cartago, y fue hijo de un centurión romano. Era abogado y se afirma que se convirtió al cristianismo por el año 190 d.C. Rápidamente llegó a ser un presbítero local de la iglesia de Cartago en África del norte.

Sin embargo, poco tiempo después de ese nombramiento, se apartó del cristianismo para adherirse a una secta conocida como el montanismo. El montanismo fue un movimiento fundado por un supuesto profeta llamado Montano por el año 156 d.C. Realmente el montanismo presentaba algunos cismas dentro de los cuales, algunos aparentemente conservaban la fe pura, pero la rama a la que perteneció Tertuliano simplemente era sectaria. Hacia el año 207, Tertuliano llegó a ser el líder más destacado de ese movimiento. Una vez separado de la iglesia cristiana, realizó muchos escritos en los cuales atacó a la iglesia. En un escrito contra Praxeas, Tertuliano indicó que la mayoría de los creyentes de su época aceptaban la doctrina de la Unicidad absoluta de Dios y la Deidad absoluta de Jesucristo. De acuerdo con Tertuliano, la mayoría de los creyentes aceptaban que Jesús es el único Dios y no hay más. Tertuliano reconoció que la Unicidad era la creencia dominante de su tiempo, al escribir:

“Los sencillos, de hecho (no los llamaré imprudentes e ignorantes), que siempre constituyen la mayoría de los creyentes, están alarmados con la dispensación (de los tres en uno), sobre la misma base en que su misma Regla de Fe les saca a ellos de la pluralidad de dioses del mundo al único Dios verdadero; no entendiendo que, aunque Él es el único Dios verdadero, uno tiene que creer en Él con su propia economía. Ellos consideran que el orden numérico y la distribución de la Trinidad son divisiones de la Unicidad.” [105]

“Puesto que el nombre Praxeas puede significar "entremetido", es posible que Tertuliano haya utilizado un nombre ficticio para su opositor. Quizás Praxeas era un líder prominente o popular, al que Tertuliano no podía atacar abiertamente con éxito, y posiblemente era el obispo de Roma Ceferino. Aunque los residentes romanos que estaban familiarizados con la controversia sabían seguramente a quien se refería Tertuliano, quizás los creyentes de otras aéreas no. Si Praxeas fue mirado con respeto en las diferentes aéreas del imperio, quizás Tertuliano no tenía mucha esperanza de éxito si se oponía directamente a él, por eso sintió que podría alcanzar más atacando la doctrina de Praxeas, sin mencionar el nombre verdadero de aquel hombre. Según el informe de Tertuliano, Praxeas vino del Asia Menor a Roma cerca del 190 y enseñó su doctrina allí”. [106]

Tertuliano fue el primer escritor que habló de Dios como una trinidad y como tres personas en una sustancia. Sin embargo, él no creyó que las tres personas fueran eternas y coiguales que es lo que creen los trinitarios del día de hoy. Al igual que los apologistas griegos, Tertuliano igualó al logos con el Hijo. Así como lo hiciera Justino Mártir, él pensaba que el Padre estaba originalmente solo, y que sólo llegó a ser Padre cuando creó al logos para fundar el mundo, y por tanto el logos estaba subordinado al Padre. De la misma manera, él creía que el Espíritu Santo estaba subordinado tanto al Padre como al Hijo. Así, el Hijo es la segunda persona, y el Espíritu es una tercera persona. A pesar de que continuamente negó que las tres Personas fueran independientes, constantemente se refirió a ellas de esa manera, al punto que en su libro “Contra Praxeas” dijo que el Padre y el Hijo eran dos seres diferentes. 

Tertuliano creía que entre más enredada fuera la doctrina que se promulgara, más cierta era. Por eso la doctrina de la trinidad no tuvo para él ningún problema. Incluso él ha sido reconocido por la declaración: “Yo lo creo porque es absurdo”.

Orígenes (c. 185-c. 254 d.C.)

Orígenes nació en Alejandría y recibió preparación en toda la filosofía griega. De hecho conoció todo el pensamiento de Filón y de los apologistas griegos. Al igual que sus antecesores, trabajó en la mezcla de la revelación bíblica con la especulación filosófica. Orígenes creía que la mezcla del cristianismo con la filosofía daba como resultado un conocimiento mucho más elevado que el sólo cristianismo, y por eso es uno de los más grandes exponentes del neoplatonismo “cristiano”.

Por el año 230, Orígenes fue ordenado presbítero por los obispos de Jerusalén y Cesárea, que hicieron esto sin tomar consentimiento de Demetrio quien era el líder cristiano de esa región. Demetrio se opuso a este nombramiento. “Para resolver la disputa se celebraron dos sínodos en Alejandría: en el primero se prohibió a Orígenes enseñar, mientras que en el segundo se le privó de su sacerdocio.” [107]

Orígenes llegó al extremo de castrarse para supuestamente huir de la tentación. Enseñó que Satanás sería salvo al final de los tiempos, y al igual que otros filósofos, enseñó la doctrina de la preexistencia de las almas.

Orígenes, basado en el neoplatonismo cristiano, tomó la enseñanza de la doctrina del logos, pero le agregó un nuevo componente al enseñar la doctrina del Hijo eterno. La doctrina del Hijo eterno no había sido propuesta hasta su tiempo, y fue fundamental para el desarrollo de la doctrina de la trinidad tal y como la conocemos el día de hoy. Así, Orígenes enseñó que el logos era una persona distinta al Padre desde toda la eternidad. Sin embargo aún conservaba la subordinación del Hijo para con el Padre, y por ende, no creía que fueran iguales en majestad y atributos como lo enseña la doctrina moderna de la trinidad.

El Edicto de Tolerancia (313 d.C.)

“El hecho más prominente en la historia de la iglesia en los siglos segundo y tercero fue la persecución del cristianismo por los emperadores romanos. Aunque esta condición no fue continua, era a menudo repetida por años a la vez, y propensa de estallar en cualquier momento en formas terribles”. [108] Así, demasiados cristianos fueron acusados falsamente, arrojados a los leones, quemados en estacas y torturados de muchas otras formas.

Generalmente surge la pregunta de por qué el gobierno de Roma intentó acabar con un grupo de personas tan recto, tan obediente a la ley, y tan deseable como eran los cristianos. Son muchas las razones, pero quizá las principales son que: 1) Los cristianos adoraban a un solo Dios, a Jesús, y renunciaban a la adoración de cualquier otro dios. Esto les ocasionó el odio dentro de algunos de sus conciudadanos que estaban acostumbrados a la idolatría. 2) Los cristianos no rendían adoración al emperador, pues esto era considerado como una forma de idolatría. Esto los catalogó como traidores y desleales. 3) Los gobernantes eran influenciados a perseguir a la iglesia, debido a los intereses económicos de la gente que se ganaba la vida a causa de los cultos paganos, como por ejemplo los escultores de imágenes y los sacerdotes idolatras. 4) Los cristianos consideraban a todos los hombres iguales ante los ojos de Dios y aparecían como niveladores de la sociedad. Esto les ocasionó el odio de algunos filósofos y de la clase dirigente.

Por el año 312, dos generales romanos se disputaban el trono del imperio. Estos eran Constantino y Magencio. Se dice que el día anterior a la batalla del puente Milviano, Constantino vio en el cielo una cruz y un mensaje que decía “in hoc signo vinces” que traduce “con esta señal vencerás”. Constantino puso toda su fe en la señal de la cruz, e hizo que su ejército llevara pintada esa señal en sus ropas, en sus escudos y en sus estandartes. El día de la batalla venció a su oponente y se consolidó como emperador de Roma.

Constantino argumentó que como Cristo había muerto en una cruz, el Dios de los cristianos fue quien lo ayudó en la batalla. Sin embargo, la iglesia de esa época no ostentaba la cruz como un símbolo cristiano, ni ésta era objeto de adoración o un amuleto de los cristianos (los verdaderos cristianos no tienen amuletos). En Roma, la cruz estuvo asociada con la adoración al sol, y en el tiempo de Constantino los mitraístas adoraban la cruz, como la cruz de la luz. El nuevo argumento de Constantino, que hacía ver a la cruz como objeto de adoración o emblema sagrado de los cristianos, fue otra de las tantas estrategias del enemigo de nuestras almas, que venía trabajando desde hacía muchos años para que el cristianismo se mezclara con el paganismo, con el único objetivo de fundar un falso “cristianismo” que confundiera e hiciera perder a la humanidad.

Constantino declaró haberse convertido al cristianismo, pero con sus actos y con toda su vida lo negó. Este hombre fue un instrumento de Satanás que llamó cristianismo a una religión “hibrida”, que siendo el mismo paganismo, se disfrazó hábilmente de “cristianismo” para engañar a las multitudes. Tan alarmante como pueda parecer, el mismo paganismo que se originó en Babilonia y se había ya esparcido en las naciones, fue simplemente mezclado con cristianismo. Muchas personas fueron reconocidas como cristianas sin haberse convertido. En aquel tiempo, se llegó a proclamar que los dioses de las naciones eran en realidad los mismos, aunque fueran adorados con nombres distintos, y por eso decían que los paganos ya adoraban al Dios cristiano de otra manera y con otros nombres, por lo cual, lo único que tenían que hacer era cambiar los nombres a aquellos dioses, darles nombres cristianos, y el problema quedaba solucionado. Así los ritos, ceremonias y creencias del paganismo se disfrazaban de cristianos. Esto llevó a una gran confusión moral y de crisis doctrinal, pues el mundo entero fue engañado pensando que esa era la iglesia de Cristo, cuando en realidad no lo era.

El emperador Constantino, expidió en el año 313 su memorable Edicto de Tolerancia. En este edicto se afirmaba que el cristianismo había sido aprobado como una religión legal en el imperio romano y que el imperio terminaba con toda su oposición contra el mismo. No obstante, Constantino, no estaba en realidad aprobando al verdadero cristianismo, sino al nuevo “cristianismo” inventado por él, que de cristianismo no tenía sino el nombre. La nueva iglesia creada por Constantino, recibió el nombre de “Iglesia Universal” o “Católica”, pues recogía en ella las creencias existentes en su tiempo, y se llamó Romana, pues estaba vinculada y sustentada directamente por el imperio. Así nació la Iglesia Católica Romana. Realmente esto vino a ser el principio de una persecución despiadada contra los verdaderos cristianos.

En el Edicto de Tolerancia, se declaraba que nadie debía escribir o hablar en contra de la religión cristiana, que como hemos dicho, fue la etiqueta que Constantino puso a su nueva religión Católica Romana. Los verdaderos cristianos de la época de Constantino, tenían que huir para eludir la muerte. Así mantuvieron con celo santo el verdadero mensaje del evangelio de Jesucristo. De otro lado, hombres ambiciosos y sin escrúpulos, buscaban obtener posiciones en ese nuevo movimiento para disfrutar de los privilegios que el Estado proveía para el clero. Tristemente muchos de ellos un día habían pertenecido a la verdadera Iglesia del Señor, pero se unieron a este falso cristianismo por conveniencia social, política y por su afán de riqueza. Se cumplían las palabras dichas por Pedro:

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2. Pedro 2:1-3).

El Concilio de Nicea (325 d.C.)

Cuando la Iglesia Católica Romana fue fundada, no tenía definida aún su doctrina acerca de Dios. Era obvio que si la Iglesia Católica no contaba con la verdadera fe cristiana, tampoco tenía ni iba a tener claridad sobre la doctrina bíblica acerca de Dios. La Biblia explica que hay un solo Dios y que ese Dios es Jesús, pero eso no lo admitió la Iglesia Católica, pues no hubo dentro de ella alguien que aceptara esa verdad. La Iglesia Católica estuvo desde un principio integrada por personas que negaban la Palabra de Dios, que se oponían al monoteísmo estricto, y que negaron la absoluta Deidad de Jesucristo a quien jamás reconocieron como el único Dios. Estos hombres nunca entendieron el misterio de la piedad, que enseña que el único Dios y Padre Eterno se manifestó como hombre, y que a esa manifestación en carne se le conoció como Hijo. Los sacerdotes de la naciente Iglesia Católica Romana, antes que estar influenciados por la Biblia, estaban influenciados por la filosofía y por la religión pagana.

Una gran controversia desatada entre dos corrientes originadas en el neoplatonismo “cristiano”, llevaron a la Iglesia Católica Romana a definir su doctrina acerca de Dios. En Alejandría Egipto, por el año 318, un presbítero llamado Arrio enseñó que el Hijo fue la primera creación de Dios y era un semidios. Alejandro, obispo de Alejandría, se opuso a Arrio sosteniendo que el Hijo (siendo distinto del Padre) era coeterno con el Padre y tenía la misma sustancia divina del Padre. El año 321, en un sínodo local, Alejandro condenó las enseñanzas de Arrio. No obstante, Arrio solicitó a otros obispos que lo apoyaran en su causa, y se ganó la confianza y el apoyo decidido de Eusebio de Nicomedia y de algunos otros. Durante los años siguientes, la controversia se hizo más intensa y se convirtió en motivo de discordia entre las iglesias.

La controversia entre estos dos puntos de vista, impactó al imperio Romano y desafió la estrategia del emperador Constantino de usar al cristianismo para consolidar y mantener su poder político. Este debate amenazó con dividir a la nueva religión oficial del imperio. De esa manera, el mismo emperador decidió intervenir, por lo cual él mismo convocó al primer concilio ecuménico que tomó lugar en Nicea (Turquía) en el año 325 d. C. En sí, Constantino no entendía muy bien sobre la discusión “teológica” (o más bien, de especulación filosófica) que se había presentado, pero lo que sí tenía claro, es que esa discusión amenazaba la unidad de su imperio. Él no estaba parcializado con ninguna posición en particular y lo único que deseaba es que se llegara a un acuerdo. A él le daba lo mismo que cualquiera de esas dos “doctrinas” se impusiera sobre la otra. Se llegó al acuerdo de que al final del Concilio todos los participantes deberían firmar una profesión de fe o credo y Constantino amenazó que aquel que no firmara sería excomulgado.

Alrededor de 300 obispos, que representaban a una sexta parte del número total de obispos de la cristiandad se hicieron presentes. Como cada obispo vino acompañado, el número total de asistentes estuvo entre 1500 a 2000 personas. La mayoría de estos obispos eran de la parte oriental del imperio, es decir de la parte que hablaba griego. El concilio comenzó el 20 de mayo y terminó el 25 de julio (duró aproximadamente seis semanas). Rápidamente se observó que los participantes estaban divididos en tres grupos: 1) una minoría que apoyaba a Arrio, 2) una minoría que apoyaba al obispo Alejandro, y 3) una mayoría que no entendía la discusión pero que anhelaba un acuerdo.

En el concilio, el portavoz oficial de la corriente arriana fue Eusebio de Nicomedia (quien no debe ser confundido con Eusebio de Cesarea, otro asistente importante). Arrio no podía ser elegido como portavoz de la posición que lideraba, porque él era solamente un presbítero, mientras que Eusebio de Nicomedia era un obispo. El obispo Alejandro era el portavoz oficial de la otra posición, pero rápidamente se empezó a notar la influencia de un joven de unos 25 años llamado Atanasio, que aunque tenía una baja jerarquía eclesiástica convencía a los demás con su elocuencia. Por el decisivo liderazgo de Atanasio para defender su posición luego del Concilio de Nicea, con el tiempo esta segunda opinión fue conocida como la posición o la doctrina de Atanasio.

Ambos, Arrio y Atanasio, estaban influenciados por la escuela neoplatónica de Alejandría. Arrio nació en Libia y había sido nombrado sacerdote en Alejandría, y Atanasio nació en Alejandría. En la siguiente tabla establecemos una comparación entre ambas doctrinas.

Tabla 9. Comparación entre las Doctrinas Neoplatónicas de Arrio y Atanasio

Arrianismo
Atanasianismo
1. Niega que Jesús sea el único Dios
1. Niega que Jesús sea el único Dios
2. Niega que Jesús sea el Padre manifestado en carne
2. Niega que Jesús sea el Padre manifestado en carne
3. Niega que a la manifestación de Dios en carne se le llamó Hijo
3. Niega que a la manifestación de Dios en carne se le llamó Hijo
4. Cree que Jesús es sólo el Hijo, pero que no puede ser simultáneamente el Padre
4. Cree que Jesús es sólo el Hijo, pero que no puede ser simultáneamente el Padre
5. Jesús es uno y el Padre es otro
5. Jesús es uno y el Padre es otro
6. Jesús no es Dios
6. Jesús es Dios, pero no es el único que goza de esa dignidad
7. Jesús es de una sustancia divina diferente a la del Padre
7. Jesús es de la misma esencia o sustancia del Padre (homoousios)
8. Jesús no es eterno
8. Jesús es coeterno con el Padre. Siempre ha existido al lado del Padre.
9. Jesús es inferior al Padre
9. Jesús es coigual al Padre, pero de alguna manera está subordinado a Él
10. Jesús es una criatura mucho más  perfecta que cualquier otra, y fue utilizada por Dios, para los trabajos posteriores correspondientes a la creación.
10. Jesús no es una criatura, pero de alguna manera proviene del Padre.

Como se había acordado concluir con un Credo, Eusebio de Cesarea (el historiador), sugirió un credo conciliador que decía que Jesús “es la Palabra de Dios… el primogénito de toda creación, engendrado del Padre antes de todos los tiempos”. La mayoría de los obispos se sintieron satisfechos con estas palabras, incluso los arrianos. Pero Alejandro se opuso fuertemente sosteniendo que estas declaraciones no resolvían el problema. 

Cuando Eusebio de Nicomedia presentó un discurso en el cual retrató al Hijo como una criatura, ciertos obispos presentes comenzaron a gritar: ¡Mentira! ¡Blasfemia! ¡Herejía! Esto no indica que aquellos obispos estuvieran necesariamente de acuerdo con la posición del obispo Alejandro (y de Atanasio), sino que simplemente sentían que el arrianismo amenazaba el núcleo del mensaje cristiano, es decir, la plena deidad de Jesucristo. A continuación, la mayoría de los que estaban indecisos sintieron que el arrianismo debía ser condenado, aunque como se notó anteriormente, éste no era un grupo de creencia homogénea.

A continuación se propuso modificar el Credo propuesto por Eusebio de Cesarea, y Constantino sugirió que se incluyera el término homoousios, para significar que Jesús es “de la misma sustancia” del Padre. Otros asistentes que estaban influenciados por los escritos de Orígenes, sentían que el término homoousios parecía respaldar la doctrina de Sabelio, por lo tanto propusieron el término homoiousios (con la variación de una letra) para significar que Jesús sería “de una sustancia similar” a la del Padre. El Credo definitivo quedó de la siguiente manera:

“creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial [homoousios] al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo. Pero la iglesia católica santa y apostólica anatematiza a aquellos que dicen que había un tiempo cuando él no existía, y que él se hizo de cosas no existentes, o de otra persona o ser, diciendo que el Hijo de Dios es mudable, o cambiable”. [109]

Al final, solamente Arrio y dos obispos libios se rehusaron a firmar ese Credo y fueron condenados al exilio. Otros dos obispos (entre los que se hallaba Eusebio de Nicomedia) se negaron a firmar la última cláusula, conocida como la cláusula condenatoria, y fueron depuestos.

Aquel Credo condenó claramente al arrianismo, pero aunque la posición de Alejandro y Atanasio ganó aceptación, dicho credo no definía exactamente una posición trinitaria. El credo niceno, simplemente afirmaba que el Padre y el Hijo siendo distintos eran a la vez Dios, y poseían la misma sustancia. El credo manifestaba una creencia en el Espíritu Santo, pero no mencionaba con exactitud lo que el Espíritu significaba para ellos. La expresión “engendrado no hecho” (que no se refiere al engendramiento en la virgen María, sino en un proceso incomprensible) era una clara evidencia de neoplatonismo y las frases “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero” son simplemente blasfemias, pues indican que el único y poderoso Dios tiene a un Dios verdadero. Contrario a las declaraciones de ese credo, la Biblia dice:

No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno. (Isaías 44:8).

El Credo de Nicea es uno de los desarrollos de la doctrina neoplatónica, y demuestra el desconocimiento que estos hombres que lo formularon tenían acerca de la Palabra de Dios. Constantino pronunció los decretos del concilio como si hubieran sido recibidos por inspiración divina y los promulgó como leyes del imperio para castigar su desobediencia. Aquel Credo obligó a la cristiandad a adoptar un escrito diferente a la propia Biblia, para decidir quién estaba o no en la verdadera fe. Así, un escrito extrabíblico fue considerado como estando al mismo nivel (o incluso a un nivel superior) que la propia Escritura, y quien no lo siguiera era catalogado como un hereje.

El Concilio de Nicea tiene una gran importancia histórica por ser el principal promotor entre la fusión de la Iglesia y el Estado. Por primera vez un gobernante político convocó a un concilio de la cristiandad, fue un agente decisivo en la formulación de la doctrina, e impuso sanciones civiles a las personas que no se sometieran al dogma adoptado. Esto trajo consigo la desastrosa experiencia de obligar a las personas a unirse a la nueva religión católica, a perseguir a los disidentes, a que muchos fueran reconocidos como cristianos sin haberse convertido, y a que de ahí en adelante gobernantes corruptos tomaran decisiones religiosas en nombre de Cristo.

Luego del Concilio de Nicea

Los defensores de las doctrinas de Atanasio y de Arrio participaron de la política religiosa. Ellos fueron partidarios indiscutibles de una fuerte relación entre la Iglesia Católica Romana y el Estado. Así, estos sacerdotes se dividieron en partidos religiosos que gozaban de beneficios si alcanzaban el favor del emperador de turno.

Luego de la formulación del credo de Nicea, Arrio no se quedó quieto. Él era políticamente poderoso e influía de tal manera que sus opiniones eran sostenidas por muchos de las clases más elevadas. A su vez, tres años después del Concilio de Nicea, Eusebio de Nicomedia logró obtener una audiencia con Constantino, y en esta ocasión Constantino fue favorable con Eusebio, y permitió que Arrio y los obispos exiliados regresaran durante el año 328. Un tiempo después, Arrio le envió una carta conciliatoria al emperador Constantino y de esa manera se reabrió el asunto doctrinal de Nicea. Constantino cambió de parecer y se congratuló con las enseñanzas de Arrio. Se convocó a un nuevo concilio que se celebró en la ciudad de Tiara en el año 335 d.C., y allí se aceptó la “doctrina” arriana en lugar de la atanasiana. Constantino exilió a Atanasio y estuvo a punto de reincorporar a Arrio, cosa que hubiera hecho si a Arrio no le hubiera alcanzado una muerte sorpresiva, al parecer por envenenamiento. De otro lado, Eusebio de Nicomedia desempeñó un papel crucial al final del reinado de Constantino, e incluso bautizó al emperador en su lecho de muerte en el año 337 d.C.

A Constantino lo sucedió su hijo Constancio II (317-361 d.C.). Constancio defendió la “doctrina” arriana, y la impuso en el imperio. Durante el tiempo de Constancio II el arrianismo fue la posición doctrinal oficial de la Iglesia Católica Romana. Mientras que el arrianismo dominó la teología del imperio, Atanasio y otros pocos continuaron luchando por la posición adoptada en Nicea. Este proceder resultó muy costoso para Atanasio, quien fue exiliado no menos de cinco veces, pero él continuó decididamente con esta lucha teológica incluso en el exilio.

Luego de Constancio II vino Juliano (331-363 d.C.). Juliano, aún cuando estuvo más cerca del arrianismo que del atanasianismo, quiso restituir la forma del antiguo paganismo como la religión oficial del imperio.

Después de Juliano, vino Teodosio I el grande (346-395 d.C.). Teodosio I, fue partidario de los sacerdotes atanasianos. Por eso para el año 381 d.C. convocó a un concilio que se realizó en la ciudad de Constantinopla, con el objetivo de reafirmar la fe atanasiana que se había proclamado en el 325 d.C. en Nicea, y que se había reemplazado en el 335 d.C. en Tiara.

Los Tres Capadocios

Atanasio murió en el año 373 d.C., pero su obra fue continuada por tres capadocios con los que había compartido durante su vida.

Capadocia fue un antiguo país ubicado en el este de Asia Menor. Allí, tres sacerdotes católicos conocidos como Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno y Basilio de Cesárea, “refinaron” algunos de los términos que fueron utilizados por Atanasio. Aquellos capadocios contribuyeron en el desarrollo del dogma de la trinidad, al hacer una distinción entre los términos de persona y sustancia, que hasta el momento no se distinguían en el lado oriental del imperio. Para lograr esto, tomaron dos términos griegos que se usaban como sinónimos, los cuales fueron hipóstasis y ousia (que significaban ser, sustancia o esencia), y dieron un nuevo significado al término hipóstasis diciendo que éste significaba individualidad y peculiaridad. Así que los tres capadocios formularon que Dios consiste de una ousia (una sustancia o esencia) pero subsiste en tres hipóstasis (tres individualidades particularizadas). Esta fórmula era la equivalente griega de la fórmula latina que Tertuliano había acuñado unos 150 años antes, cuando dijo: “tres Personae, una Substantia”. Los capadocios también contemplaron para persona el uso del término griego prósopon, pero éste no les pareció atractivo porque originalmente significaba cara, rostro o máscara, y Sabelio lo había utilizado en el sentido de función o manifestación.

Cuando aquellos capadocios ampliaron la explicación sobre sus conceptos, dijeron que hipóstasis es lo que es relativo a cada uno de los tres miembros de su deidad, pero que ousia es lo que es común a los tres. Dijeron que esto es similar a tres hombres que siendo tres individuos tienen la misma naturaleza (o sustancia) humana, por lo cual el Padre trinitario, el Hijo trinitario y el Espíritu trinitario son tres personas que tienen la misma naturaleza divina. Aunque los capadocios negaron que fueran triteístas (creyentes en tres dioses), para todos los efectos prácticos su punto de vista no se distingue del triteísmo, porque si la distinción entre ousia e hipóstasis es como la que existe entre las personas humanas individuales, entonces debe haber tres dioses (no un Dios).

En efecto, ellos fueron acusados de triteístas por algunos de sus contemporáneos. Para intentar presentarse como monoteístas, ellos dijeron que aunque había cierta similitud con tres hombres, también había que tener en cuenta cierta distinción, ya que en la trinidad la unión es perfecta, inseparable e indivisible, al punto que cada uno de los tres miembros de la trinidad siempre participa en el trabajo de los otros (pareciendo no haber distinción), y lo único que puede llevarnos distinguir a las tres personas es la procesión, dado que el Padre trinitario es ingénito (no engendrado), el Hijo trinitario es generado (engendrado), y el Espíritu trinitario es espirado, pero aún así las tres personas son coiguales y coeternas (sin que ninguna exista antes que las otras, aunque de algún modo el Padre es la cabeza y el origen de la Trinidad).

Cuando explicaron lo que para ellos significaba procesión, y las ideas subsecuentes de la generación del Hijo trinitario y la espiración del Espíritu trinitario, ellos dijeron que estas cosas son misterios incomprensibles para nosotros. No obstante, aquel argumento antes que una aclaración es una evasión del asunto, porque si dichas distinciones no tienen ningún sentido objetivo para nosotros, y están más allá de nuestro lenguaje y comprensión, entonces no hay ninguna manera para que nosotros podamos hablar de Dios como un ser en tres personas. Este asunto de las procesiones de las divinas personas es pura mitología conceptual, pues presume conocer algo que nunca nadie podría saber. Así que dichas propiedades no explican nada, siendo solamente términos teóricos utilizados para impresionar con aparente elocuencia a fin de intentar ocultar su vacío conceptual. (Para más información vea el capitulo 6. Mitos Inventados por la “Teología” Trinitaria, especialmente la sección titulada: El Mito de las Procesiones de las “Divinas Personas”).

Es bien claro que los tres capadocios no se conformaron con la terminología bíblica, y se apartaron de la Escritura utilizando conceptos extrabíblicos que no explican nada, pero sí demuestran lo vacío de su razonamiento. Ninguno de los escritores bíblicos utilizó la fórmula: “una sustancia en tres personas” ni dijo expresamente que “hay tres distinciones personales en la esencia de Dios”. Contrario a los capadocios, la Escritura dice que el Hijo es la imagen misma de la hipóstasis (sustancia) de Dios (Hebreos 1:3) pero no una segunda hipóstasis (persona). Los capadocios no quisieron entender que la Biblia fue escrita por seres humanos que hablaban lenguajes humanos, y que fueron inspirados por Dios para que coadyuvaran en el deseo de Dios de que la humanidad le conozca y le obedezca (Deuteronomio 11:18-22, Jeremías 9:23-24, 1. Juan 2:3-5). Los conceptos bíblicos son comprensibles y objetivos, pero los capadocios demostraron claramente que se apartaron de la Biblia, al reclamar que las tres distinciones personales en Dios sobre las que ellos especularon, son un misterio incomprensible.

Al igual que los capadocios, los trinitarios del tiempo presente son víctimas de conceptos extrabíblicos vacíos, que fueron inventados por hombres que vivieron mucho después de que la Biblia fue escrita, los cuales bebieron de la filosofía neoplatónica y los plasmaron en ciertos escritos. Es de esos escritos y formulaciones extrabíblicas que los trinitarios han bebido. Así que cuando ellos leen la Biblia, no se conforman a la Sola Escritura, sino que introducen en ella sus extrañas ideas trinitarias para reinterpretar la Biblia con sus propios prejuicios, imponiendo a los escritores bíblicos ideas que ellos nunca utilizaron, como esa de “tres distinciones personales en la esencia de Dios”.

El Concilio de Constantinopla (381 d.C.)

El concilio de Constantinopla ha sido conocido como el segundo concilio ecuménico. Esto se debe, a que los sacerdotes que participaron de él, no aceptaron como válido el Concilio de Tiara (335 d.C.). El emperador Teodosio I presidió el concilio y los portavoces oficiales fueron los capadocios Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno, ya que Basilio de Cesarea había muerto unos meses antes. Los 150 obispos que participaron eran todos de la parte oriental del imperio, y éstos condenaron al arrianismo como una doctrina herética reafirmando las resoluciones que fueron adoptadas en el Concilio de Nicea (325 d.C.). Sin embargo le añadieron un nuevo componente, y fue que declararon que el Espíritu Santo era consustancial y coeterno con el Padre y el Hijo.

El anterior credo de Nicea, simplemente expresaba la creencia en el Espíritu Santo, pero no definía claramente lo que significaba para ellos. Sin embargo, fue en el Concilio de Constantinopla donde por fin se expuso oficialmente que Dios era tres personas eternas. En el Concilio de Constantinopla se declaró al Espíritu Santo como una tercera persona eterna. Este concilio trajo como resultado la adición de algunas declaraciones al Credo de Nicea.

A continuación se presenta una versión de ese credo:

“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de Maria, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén” [110]

Este nuevo credo reformado, ha recibido el nombre de credo niceno-constantinopolitano.

El emperador Teodosio I, endosó las decisiones del concilio y les dio fuerza de ley. (Sin embargo, dicho credo no fue aceptado por Roma sino hasta el concilio de Calcedonia en el año 451).

Agustín de Hipona (354 -430 d.C.)

Nació en Tagaste (Argelia) en 354 d.C. “Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos.” [111] En el año 387 d.C. se entregó al catolicismo, fue ordenado sacerdote en el 391, y fue consagrado obispo de Hipona (en la actual Annaba, Argelia) en el 395, cargo que desempeñaría hasta su muerte.

Antes de ser católico, estudio varias corrientes filosóficas. Hasta el año 382 estuvo adherido al maniqueísmo, que era una doctrina dualista que provenía de Persia, cuyo principio fundamental era el conflicto entre el bien y el mal. En el año 383 se adhirió al neoplatonismo “cristiano” y fue altamente influenciado por Ambrosio, uno de los eclesiásticos católicos más distinguidos en aquel momento. Ambrosio aborrecía el neoplatonismo de arrio, y sostenía el neoplatonismo trinitario.

Agustín realizó una síntesis de toda la teología trinitaria que se había desarrollado hasta su época y la plasmó en una obra titulada “De Trinitate” que fue redactada entre el 400 y el 416 d.C. En esa obra también realizó aportes propios y desarrolló aún más la “teología” trinitaria.

En el tratado “De Trinitate”, Agustín retoma la teoría de las ideas de Platón y su triada filosófica, para justificar sus ideas neoplatónicas del dios Trino.

“Explicación de la analogía con el conocimiento. S. Agustín, a partir del libro 8 del De Trinitate y basándose en la afirmación de Gen 1,26, busca en nuestra alma la imagen de la Trinidad y la encuentra en la triada de potencias: memoria, inteligencia y voluntad. Después de un profundo análisis de las mismas, ve que reflejan mejor la vida íntima de Dios si se las considera en acto, es decir: como mente, noticia (verbum mentis) y amor. El padre al conocerse así mismo, forma una idea (verbum mentis) o imagen perfecta de sí mismo, distinta de él, pero inmanente. Es, pues, una generación espiritual (ad modum prolis) producida por el acto intelectivo divino, de la cual es una pálida analogía el origen de nuestras ideas, especialmente de nuestro autoconocimiento; nuestra mente forma una idea o imagen de nosotros mismos, que es de algún modo distinta de ella y a la vez interna o inmanente. Solo que en nuestro autoconocimiento esa idea o imagen es de un orden puramente intencional o intelectivo, no constituye una persona distinta e implica potencialidad, temporalidad y finitud (De Trinitate, 1,5,22,42). Dada la consubstancialidad de las divinas personas, se debe aplicar aquí el concepto puro de generación: el Hijo procede de la acción vital del Padre al autoconocerse: el Padre le comunica al Hijo su misma naturaleza divina; el hijo es por eso su imagen connatural y perfectísima (cfr. Sum. Th. 1 q27 a2)”. [112]

Como se puede apreciar, Agustín reproduce completamente el pensamiento de Platón y lo adapta a la nueva filosofía neoplatónica “cristiana” del dios de la trinidad.

A partir de ese momento, todos los defensores de la trinidad han estado influenciados de manera directa por Agustín (al que llaman un genio teológico), e incluso algunos lo han comparado con el apóstol Pablo, equiparando los escritos de Agustín con la Santa Escritura.

Aún con todas sus argumentaciones (y similar a los tres capadocios), Agustín afirmó que era imposible entender la trinidad, y ese es el mismo argumento que siguen utilizando los trinitarios del día de hoy para justificar las incoherencias de esa doctrina. Algunos trinitarios cuentan una leyenda en la que dicen que un día que Agustín caminaba por la playa, se encontró a un niño que tomaba en una vasija agua del mar y la depositaba en un hueco que había hecho en la playa. Agustín le preguntó al niño que era lo que pretendía hacer, y el niño le respondió que lo que él quería, era pasar con esa vasija toda el agua del mar a ese hueco. Agustín le dijo que eso era imposible y entonces el niño le respondió: -“es más fácil que yo pase toda el agua del mar a ese hueco con esta vasija, a que tú entiendas el misterio de la Santísima Trinidad”-

La Cuestión Filioque

Todo el territorio que abarcó el antiguo Imperio Romano fue dividido en dos áreas importantes: La región oriental (de influencia griega) con capital en Constantinopla y la región occidental (de influencia latina) con capital en Roma. En ambas regiones se adoptó la religión católica romana. No obstante, por el distanciamiento geográfico de dichas ciudades capitales, la iglesia católica sufrió (con el transcurrir de los siglos) la separación gradual de las iglesias de influencia latina y griega. En el año 1054 d.C., dichas organizaciones se separaron definitivamente y la iglesia de influencia griega adoptó el nombre de Iglesia Ortodoxa Griega mientras que la iglesia de influencia latina continuó con el nombre de Iglesia Católica Romana. La división se ocasionó por razones doctrinales y políticas.

La mayor diferencia a nivel doctrinal consistió en que la región oriental continuó recitando en su liturgia el credo niceno-constantinopolitano sin añadir nada, pero la región occidental añadió que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. (Para mayor información sobre el tema de las procesiones de las “personas” divinas, vea el capitulo 6. Mitos Inventados por la “Teología” Trinitaria, especialmente la sección titulada: El Mito de las Procesiones de las “Divinas Personas”). A partir de ese momento, la doctrina neoplatónica de la trinidad fue sostenida por estas dos organizaciones. La añadidura de la clausula filioque se dio como sigue:

“…Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas…” [113]

Este asunto ha sido conocido como Filioque, que en latín significa “y del Hijo”

“…Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur: qui locutus est per prophetas...” [114]

“la introducción en el símbolo del inciso “y del Hijo” (Filioque) data de un tiempo no precisado todavía, aunque parece que el lugar fue España”. [115]

Credo de Atanasio

En la segunda mitad del siglo quinto, apareció un nuevo credo que ha sido conocido como el credo de Atanasio, que fue redactado sin la autoridad expresa de ningún concilio. Aun cuando el credo recibe el nombre de Atanasio, se sabe que Atanasio no fue su autor, pues él murió en el año 373 d.C. Este credo es una fiel representación de la doctrina trinitaria tal y como fue desarrollada por Agustín de Hipona y pudo haber sido obra de varios autores. “Fue mencionado por primera vez como credo, alrededor del año 542, por el teólogo Cesareo de Arles. Durante el siglo XIII, el credo de Atanasio fue puesto en el mismo plano de importancia que los credos apostólico y de Nicea”. [116]

Este credo presenta la declaración antigua más completa de la doctrina trinitaria. Así “el trinitarismo no logró su forma actual sino hasta el fin del cuarto siglo y sus credos definitivos no tomaron su forma final sino hasta el quinto siglo”. [117] “Se necesitaron 450 años aproximadamente (después del Pentecostés) para debatir, aprobar e imponer mediante concilios y credos extrabíblicos, lo que hoy en día se conoce como el misterio de la santísima trinidad, que sigue siendo eso: un “misterio” incomprensible”. [118]

El Credo de Atanasio no solo contradice la Palabra de Dios, sino que es contradictorio en sí mismo. Dicho credo proclama varias fábulas antibíblicas, tales como el mito de “Dios el Hijo” o el “Hijo Eterno”; el mito de tres “personas divinas” con la misma naturaleza, esencia o sustancia; y el mito de las procesiones de las “divinas personas”. De igual forma se hallan en él varias contradicciones internas. Por ejemplo, en cierto lugar proclama que el Hijo es eterno, pero en otro lugar declara que el Hijo fue engendrado. Sin duda alguna, la mayor contradicción (o absurdo) que confiesa, es el de “tres personas” que son cada una llamada Dios y que tienen voluntad propia, siendo todas esas personas omniscientes, omnipresentes y omnipotentes, pero aún así no constituyen tres dioses sino un solo Dios. El Credo de Atanasio es como sigue:

"Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, tal el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso.

Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad.

Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aún cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno sólo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucito de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse." [119]

Este credo, en contravía a la Santa Escritura, afirma que si uno desea ser salvo debe creer en la doctrina de la trinidad. Si esto fuera cierto, entonces ni los apóstoles ni el resto de los cristianos que vivieron durante los tres primeros siglos fueron salvos, pues en su tiempo aún no existía la "doctrina" de la trinidad "cristiana". La Biblia nunca enseña que para ser salvos debemos creer en el dios trino. Lo que afirma es “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).

Tomás de Aquino (1225 – 1274 d.C.)

Tomás fue un monje italiano nacido en Aquino (Italia). Al igual que las demás personas que han aportado en el desarrollo de la idea trinitaria, Tomás mezcló la revelación bíblica con la filosofía, especialmente la filosofía aristotélica con la “teología” agustiniana. Una enciclopedia dice que:

“Con más fortuna que ningún otro teólogo o filosofo, santo Tomás organizó el conocimiento de su tiempo y lo puso al servicio de su fe. En su esfuerzo para reconciliar fe con intelecto, creó una síntesis filosófica de las obras y enseñanzas de Aristóteles y otros sabios clásicos: de san Agustín y otros padres de la Iglesia, de Averroes, Avicena, y otros eruditos islámicos, de pensadores judíos como Maimónides y Solomo ben Yehuda ibn Gabirol, y de sus predecesores en la tradición escolástica. Santo Tomás consiguió integrar en un sistema ordenado el pensamiento de estos autores con las enseñanzas de la Biblia y la doctrina católica”. [120]

En la obra titulada Summa Theologiae, que Tomás de Aquino comenzó a escribir en 1265 pero que dejó inconclusa, desarrolló la “doctrina” de las relaciones y las propiedades existentes entre las tres personas de la trinidad, y que según él sirve para diferenciar entre sí a las tres personas divinas. Para esto tomó como base el argumento de la procesión de las divinas personas que fue propuesta por los tres capadocios. Pese a sus esfuerzos, la posición de Tomás de Aquino es igualmente vacía y ambigua como la de los tres capadocios. (Para mayor información, vea el capitulo 6. Mitos Inventados por la “Teología” Trinitaria, especialmente la sección titulada: El Mito de las Relaciones y las Propiedades).

La Reforma del Catolicismo Romano

Durante la edad media, la Iglesia Católica consolidó un poder político y religioso casi absoluto, que la condujo a cometer muchas injusticias. Con la llamada “santa” inquisición, se localizaban, procesaban y sentenciaban a las personas que fueran culpables de profesar una fe distinta a la de la Iglesia Católica Romana. Muchos de los llamados “herejes” eran en realidad verdaderos hombres y mujeres de Dios que mantuvieron firme la creencia apostólica de un solo Dios llamado Jesús que fue manifestado en carne para darnos salvación y jamás aceptaron al dios trinitario. Ellos sabían que la verdad de Dios estaba por encima de cualquier credo inventado por los hombres y sabían que es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29). A pesar de la fuerte oposición, prefirieron que su fe estuviera basada únicamente en la Biblia y así mantuvieron su confianza en el único Dios y Salvador quien es nuestro Señor Jesucristo. Por supuesto, los creyentes de otros grupos que no aceptaron la trinidad, tales como los judíos y los arrianos, también fueron considerados herejes por parte de la Iglesia Católica. Los “herejes” eran considerados enemigos del Estado.

Fue tanta la corrupción en la que cayó la Iglesia Católica, que muchos de sus fieles anhelaban que ésta volviera a una base más correcta y así fue como finalmente se consolidó una reforma dentro del seno de la Iglesia Católica. El 31 de octubre de 1517 el monje alemán Martin Lutero, clavó en la puerta de la catedral de Wittenberg un pergamino que contenía las 95 tesis o declaraciones, casi todas relacionadas con la venta de indulgencias, pero en su aplicación atacaba la autoridad del Papa y del sacerdocio católico.

Cuando Lutero escribió las 95 tesis sobre lo que vio fuera de orden, lo que tenía en su corazón no era salir de la Iglesia Romana, sino que procuraba que ésta viera sus errores y volviera a una base más correcta; o sea que él, en ningún momento deseó levantarse en contra de la iglesia católica a la cual amaba tanto, y así vemos que al salir, asimiló las mismas doctrinas romanas de una trinidad, el bautismo de los niños, siguió con las confesiones y no tenía el deseo de cambiar estas cosas. La teología católica, lo mismo que la protestante, están basadas en su mayor parte en las teorías agustinianas. Juan Calvino y Martin Lutero, líderes de la Reforma, fueron estudiosos y seguidores del pensamiento de Agustín de Hipona.

La reforma a la iglesia Católica también ha sido conocida como la Reforma Protestante. Con dicha reforma aparecieron un buen número de organizaciones religiosas, entre las cuales se encuentran la Iglesia Luterana que fundada por Martin Lutero en el año de 1524, la Iglesia Anglicana que fue fundada por Enrique VIII en 1534, la Iglesia Presbiteriana que fue fundada por Juan Knox en el año 1560, la Iglesia Bautista que fue fundada por Juan Smyth en el año 1600, la Iglesia Congregacional que fue fundada en el año 1600 por Roberto Brown, entre otras. De esa manera, a partir de la Reforma Protestante ya no solo eran la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Griega, las iglesias que se llamaban cristianas y que aceptaban al dios trino, sino que el número de ellas ha crecido demasiado hasta el día de hoy.

Imágenes del Dios Trino

Una vez que se inventó al dios trino, sus seguidores –que estaban acostumbrados a la idolatría– comenzaron a representarlo por medio de imágenes. Por supuesto, estas imágenes no aparecieron sino hasta finales del siglo cuarto. La exposición de estas imágenes (en algunas de las cuales se representan tres cuerpos separados) muestra que la trinidad es politeísmo que se disfraza sutilmente de monoteísmo, pero al fin y al cabo es politeísmo.

En primera instancia, se hizo gran uso de los símbolos, mientras se fueron desarrollando otras formas. “Así encontramos la esfera y el triangulo, que geométricamente simboliza la igualdad de las tres divinas Personas, es decir, que las tres tienen la misma naturaleza divina… Este símbolo trinitario ha subsistido hasta nuestros días, sólo o acompañado de otros símbolos como el ojo abierto, crismones, o palabras que sintetizan la doctrina sobre la Trinidad, de uso muy frecuente en el s. XV”. [121]


“…En el s. XI se divulgan las representaciones de la Trinidad en figura de tres hombres de la misma edad”. [122]  


Más adelante se desarrollaron las imágenes de la trinidad representando a la “primera persona” como un hombre viejo, a la “segunda persona” como un hombre joven acompañado de una cruz o con señales de sacrificio y a la “tercera persona” como una paloma.


Otros artistas siguiendo el ejemplo de las demás religiones paganas, representaron a la trinidad como una cabeza con tres rostros.

Desde muy temprano, los católicos empezaron a venerar a la virgen Maria de la misma forma en que los paganos veneraban a la diosa madre. En el Concilio de Constantinopla del año 381 d.C. en el que se promulgó el Credo Niceno–Constantinopolitano, también se organizó el culto a Maria.

Así como los paganos representaron a la diosa madre como una paloma (Ver el capitulo 2. La Trinidad y sus Orígenes Paganos), con el tiempo los católicos también representaron a María asociándola con una paloma.


Dado que Maria fue adorada por los católicos como si fuera una diosa, siguiendo la costumbre pagana (1) del dios padre, (2) la diosa madre y (3) el dios hijo (Ver el capitulo 2. La Trinidad y sus Orígenes Paganos), ella fue representada como parte de la trinidad asociándola siempre con la paloma.


Un escritor católico afirma que “en el retablo de la cartuja de Miraflores de Burgos, obra de Diego de Siloe y de Diego de la Cruz, Cristo crucificado está entre el Padre con atuendo de emperador y el Espíritu Santo como Emperatriz, porque en hebreo la palabra espíritu es del género femenino”. [123]

Los trinitarios protestantes, usualmente rechazan las representaciones en las que aparecen formas humanas, pero aceptan algunas representaciones de la trinidad en las que se usan símbolos, preferiblemente en las que aparece el triangulo equilátero. Sin embargo, han usado algunas imágenes en las que aún cuando no aparecen tres cuerpos separados sí insinúan esa representación y ponen de manifiesto que su creencia es 100% politeísta. Ellos podrán negarlo todo lo que quieran pero nuestros ojos no nos engañan. A continuación colocamos una de esas imágenes tomadas de un sitio web trinitario protestante [124]


La "Interpretación" que la Teología Trinitaria Hace a Juan 1:1 no Tiene Sentido

Ya hemos visto que el apóstol Juan utilizó el término logos para desvirtuar las ideas filosóficas reinantes en su época, y para demostrar que el único Dios es el origen de todo el universo y que desde el principio Él tuvo el plan o propósito de manifestarse en carne como el Hijo (el hombre perfecto). Sin embargo, el neoplatonismo tergiversó la declaración de Juan 1:1 y la mezcló con la filosofía griega, para hacer aparecer al logos de Juan 1:1 como una personalidad distinta a Dios Padre, lo que finalmente conllevó a la idea extrabíblica de un "Hijo Eterno" que fue tomada para desarrollar e introducir la idea de la trinidad en la cristiandad. Hoy en día, todos los trinitarios reinterpretan a Juan 1:1 pensando en dos personalidades co-divinas y co-eternas, una llamada el logos y otra llamada Dios, y por eso no pueden entender el significado de Juan 1:1. Pero esta reinterpretación trinitaria de Juan 1:1 no les hace ningún bien, pues al igual que toda la doctrina trinitaria, dicha reinterpretación se queda en el absurdo.        

Para los trinitarios, en Juan 1:1 el término logos es equivalente al término Hijo de Dios quien es para ellos el supuesto “Dios el Hijo”.

En su afán de darle peso a la teología de personas en la deidad, los trinitarios "interpretan" ese texto así:

En el principio era el logos [Hijo de Dios, Dios el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, una de las tres divinas personas, un integrante del consejo Divino] el logos era con Dios [En este caso se considera al Logos como una persona eterna, que estaba desde la eternidad con otra persona eterna llamada el Padre trinitario. En este caso específico ellos intercambian o igualan la palabra DIOS con la palabra PADRE (trinitario), para darle énfasis a su teología de personas] y el logos era Dios [Los trinitarios concluyen que esa persona llamada DIOS EL HIJO era Dios, y estaba al mismo nivel que la otra persona eterna llamada el Padre trinitario]

La interpretación trinitaria posee varias debilidades:

1. Ignora de manera indocta el significado de la Palabra logos para igualarla con los conceptos Hijo de Dios, “Dios el Hijo” o Jesús.

2. Parte de ideas preconcebidas. Solo ve lo que el dogma le permite ver. (Por ejemplo, sin ninguna razón válida o de peso, asumen que la primera vez que se usa el término Dios, el verso se está refiriendo a la supuesta primera persona, es decir: Dios el Padre trinitario; pero en la segunda oportunidad se está refiriendo a la supuesta segunda persona, es decir: Dios el Hijo. Así podemos ver que sin ninguna razón válida o de peso, en el texto de Juan 1:1 los trinitarios dan a un sólo concepto dos significados completamente diferentes).

3. Presenta un gravísimo error de coherencia en las ideas y en los conceptos. (Algo que no es raro en el ilógico e incoherente dogma de la trinidad). En resumidas cuentas, sí dijéramos como dice la trinidad, que logos = “Dios el Hijo” y Dios = Padre, el texto de Juan 1:1 quedaría así:

En el principio era “Dios el Hijo”, “Dios el Hijo” era con el Padre…

Y estaríamos obligados a concluir

… y !“Dios el Hijo” era el Padre!

Decir que Dios el Hijo es o era el Padre, es algo que ni siquiera creen los trinitarios. En definitiva la enseñanza trinitaria en su gran imaginación, no cree que una de las supuestas personas divinas sea a la vez otra de las supuestas personas divinas. Decir que “Dios el Hijo” era el Padre, es algo que rompe con las ideas y con los conceptos trinitarios. Es algo que hace del texto un absurdo, algo sin sentido o coherencia como todo lo relacionado con el falso dogma de la trinidad.

La "interpretación" trinitaria ha caído en la desgracia de la tergiversación de las Sagradas Escrituras, por no haber querido aceptar la preciosa verdad enseñada por la iglesia apostólica de que existe un sólo, único e indivisible Dios, que se trazó y cumplió el plan eterno de manifestarse en carne para salvar a la humanidad. Dios vistió ese logos, ese plan maravilloso, lo vistió de carne cuando Él mismo y no otro se manifestó en carne.

JUAN 1:14
Y aquel logos fue hecho carne…

Así, el plan eterno de Dios se hizo carne cuando Dios mismo se manifestó (se mostró, se dio a conocer) a través de su manifestación en carne en el hombre Jesucristo. 


Referencias:

[82] Pablo Santomauro, “Los Pentecostales Unicitarios. Una Vista Panorámica de sus Doctrinas”
http://www.iglesiatriunfante.com/recursos/showthread/t-5153.html
[83] Jason Dulle, “La Lógica, la Razón y la Filosofía, son Bienes Intelectuales y Espirituales”
http://www.unicodios.blogspot.com/2011/09/la-logica-la-razon-y-la-filosofia-son.html
[84] Para más información sobre este argumento cosmológico desde la Cosmovisión Cristiana, vea: William Lane Craig. “Dios Aún No Ha Muerto”
http://www.reasonablefaith.org/spanish/dios-aun-no-ha-muerto ; y
Jason Dulle. “La Cosmología del Big Bang y el Ateísmo son Incompatibles”.
http://www.unicodios.blogspot.com/2011/07/la-cosmologia-del-big-bang-y-el-ateismo.html
[85] Raymond Francois, “Ensayo sobre Historia, Tradiciones, Mitos, Leyendas y Fabulas de la Masonería Universal”. Traducido por Gloria Susana Marino de Aubourg.
http://www.tuarroba.org/ebooks/ebooks/A/Aubourg%20Dejean,%20%20Raymond%20Francois/Raymond%20Francois%20Aubourg%20Dejean%20-%20Los%20Hijos%20de%20la%20Luz.pdf
[86] Filósofos Presocráticos, Dialéctica. Heraclito de Efeso (570-475 a. de Cristo)
http://clientes.vianetworks.es/empresas/lua911/Bachi2/Presocraticos/Apuntes%20Presocraticos/Heraclito/heracli.html
[87] Historia de la Filosofía Griega. Heraclito de Efeso. La Filosofía en el Bachillerato
http://www.webdianoia.com/presocrat/heraclito.htm
[88] Citas y Refranes. Heraclito de Efeso.
http://www.citasyrefranes.com/index.php?cod=120006&id=552&detalle=1&PHPSESSID=fbf0da5999fd30ca8ea06aca87f08be9
[89] Filósofos Presocráticos. Dialéctica. Heraclito de Efeso (570-475 a de Cristo)
http://clientes.vianetworks.es/empresas/lua911/Bachi2/Presocraticos/Apuntes%20Presocraticos/Heraclito/heracli.html
[90] Platón. Diálogos Tomo I, La Republica. Ediciones Universales – Bogotá. Impreso en Colombia por Graficas Modernas. Con prologo de Francisco Segui. pag. 238.
[91] Voltaire. Diccionario filosófico. Platón. Impreso originalmente en 1764. Reimpreso Sempere, Valencia, 1901. Versión digital en Internet
http://www.filosofia.org/enc/vol/e06040.htm
[92] Ibídem
[93] Gran Diccionario Enciclopédico Visual. Revisión y actualización Armando Grazon Galindo. Impreso y encuadernado por Printer Colombiana S.A. Santafé de Bogotá D.C. p. 553.
[94] Ralph Woodrow. Babilonia Misterio Religioso, Antiguo y Moderno. Evangelistic Association, Riverside California, USA. pag. 16
[95] La Liga Bíblica. La Biblia Devocional de Estudio. Comentarios a 1. Juan 4:2. La Santa Biblia c 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Material Adicional Traducido por N. Wolf de The Student Bible c 1986 Zondervan Corporation. Tercera Impresion 1995.
[96] Jaime Berenger Amenos. Atenea: Método de Griego. Duodécima Edición. Casa Editorial Bosch, Barcelona, 1972. Pág. 136. Jaime Berenger Amenos, ha sido catedrático de griego del Instituto Verdaguer de Barcelona, España. También publicó un libro de Gramática Griega, conocido como la gramática griega de Jaime Berenger Amenos. Él también explica que la preposición ‘πρòς’, significa con el genitivo “al lado de, en nombre de, de, de parte de, y con el dativo “junto a, además de”.
[97] David K Bernad, La Unicidad de Dios. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press. pag. 65
[97Ꞌ] Ibídem
[98] La Liga Bíblica. La Biblia Devocional de Estudio. Introducción al Santo Evangelio Según Juan. P. 913. La Santa Biblia c 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Material Adicional Traducido por N. Wolf de The Student Bible c 1986 Zondervan Corporation. Tercera Impresion 1995.
[99] Mike F. Blume, El Desarrollo Histórico de la Doctrina de la Trinidad.
http://mikeblume.com
[100] Jesse Lyman Hurlbut, La Historia de la Iglesia Cristiana. Editorial Vida. 1952. Impreso en los Estados Unidos de América. Pag. 58
[101] David K. Bernard, Unicidad y Trinidad 100-300 D.C. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press. pag. 63
[102] Biblioteca de Consulta Microsoft R Encarta R 2005. c 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Justino Mártir.
[103] Seminario Reina Valera. Artículo: “Justino Mártir”
http://www.seminarioabierto.com/iglesia04.htm
[104] Roberto Quero Martínez, La Doctrina de la Trinidad.
http://www.monografias.com/trabajos23/doctrina-trinidad/doctrina-trinidad2.shtml
[105] David K. Bernad, La Unicidad de Dios. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press. pag. 234. Citando a Alexander Roberts y Santiago Donaldson “Tertuliano Against Praxeas”.
[106] David K. Bernad, Unicidad y Trinidad 100-300 D.C. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press. pag. 144
[107] Biblioteca de Consulta Microsoft R Encarta R 2005. c 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Orígenes.
[108] Jesse Lyman Hurlbut, La Historia de la Iglesia Cristiana. Editorial Vida. 1952. Impreso en los Estados Unidos de América. Pag. 45
[109] Reinhold Seeburg, Manual de Historia de las Doctrinas, trad. Charles Hay (Grand Rapids: Baker, 1954), I, 216-217.
[110] Credo de Nicea-Constantinopla
http://www.librolibre.org.ni/DocCa./oraciones/credos/credo-nic.html
[111] Biblioteca de Consulta Microsoft R Encarta R 2005. c 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. San Agustín de Hipona.
[112] Ediciones Rialp. Gran enciclopedia Rialp: GER Editor: Madrid: Rialp, 1989-1991 imp. Sección Trinidad Santísima II. Teología. B. Síntesis especulativa, por A. Turrado Turrado.
[113] Credo de Nicea-Constantinopla
http://www.librolibre.org.ni/DocCa./oraciones/credos/credo-nic.html
[114] Ibídem
[115] Ibídem
[116] Biblioteca de Consulta Microsoft R Encarta R 2005. c 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Credo de Atanasio.
[117] David K. Bernard, La Unicidad de Dios. Impreso en los Estados Unidos de América por Word Aflame Press. pag. 272.
[118] Alfonso M. Suarez, Articulo “Historia Pentecostal”. Articulo preparado para Pentecostales Apostólicos del Nombre, La Red de Unción, Bendición y Verdad.
www.pentecostales.notlong.com
[119] Corazones. El Credo de San Atanasio. "Quicumque". La pagina corazones es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y Maria.
http://www.corazones.org/diccionario/credo_atanasiano.htm
[120] Biblioteca de Consulta Microsoft R Encarta R 2005. c 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Santo Tomas de Aquino
[121] Ediciones Rialp. Gran enciclopedia Rialp: GER Editor: Madrid: Rialp, 1989-1991 imp. Sección Trinidad Santísima III. Liturgia, Espiritualidad y arte. 4. Iconografía de la Santísima Trinidad, por M. Garrido Bonano.
[122] Ibídem
[123] Ibídem
[124] La figura fue tomada del articulo “.En qué consiste la Teología Pentecostal Unicitaria?” escrito por Daulin A. Ureña
http://antesdelfin.com/unicitarios1.html



Ver También:


La Trinidad y sus Orígenes Paganos
La Tradición y la Filosofía en el Desarrollo de la Trinidad
La Eiségesis o Reinterpretación Trinitaria
Los Errores del Credo de Atanasio
Académicos Trinitarios Confiesan que La Teoría de la Trinidad no es Bíblica
La Trinidad y el Antiguo Testamento
La Trinidad y el Nuevo Testamento
Contradicciones del Trinitarismo
La Trinidad se Opone a la Biblia
La Trinidad no es Materia Bíblica
La Trinidad Contradice la Biblia
La Trinidad no es la Verdad Bíblica
El Mito de que el Tres es el Número Divino
El Dogma de la Trinidad No Está Escrito en la Biblia
La Definición de la Trinidad
La Herejía de Tres Personas en Dios