jueves, 24 de enero de 2013

La Necesidad de la Teología


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2013.



¿Quién Necesita la Teología?

¿Quién necesita la teología? Esta es una pregunta que debe ser respondida por cada miembro del cuerpo de Cristo, porque en última instancia es una cuestión personal. La verdadera pregunta no es: "¿Quién necesita la teología?", Sino: "¿Yo necesito la teología?". Como respuesta a esta pregunta, se han presentado varios puntos de vista que son tan distantes como el oriente del occidente. Algunos han adoptado el enfoque de que la teología es sólo para un pequeño y selecto grupo de individuos a quienes llamamos "intelectuales". Otros se han colocado en el otro extremo, al declarar que cada persona en el cuerpo de Cristo debe dedicarse al estudio de la teología. Los demás están ubicados en algún lugar intermedio.

Para responder a la cuestión que nos ocupa, lo que primero debemos hacer, es entender lo que es la teología. Empezaremos nuestra discusión presentando algunas ideas equivocadas que le ayudarán a entender lo que no es la teología. La teología no se relega a las personas con un coeficiente intelectual (CI) de 180. La teología no es la búsqueda de respuestas a preguntas sin sentido, como por ejemplo la de tratar de determinar cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler. La teología no es lo que divide a la iglesia, sino más bien lo que une y fortalece a la iglesia.

La palabra teología, proviene de dos palabras griegas: theos = Dios; logos = palabra, pensamiento o razón. Por lo tanto, la teología tiene que ver con el razonamiento humano sobre Dios, o el pensar de los hombres en Dios. La palabra logos, también se utiliza para significar "el estudio de" algo. Entonces, también podría decirse que la teología es el estudio acerca de Dios. Debe quedar claro que la teología no es un estudio insondable, casi místico de la Palabra de Dios, que está más allá de la comprensión del creyente promedio. Al contrario, la tarea de la teología es muy asequible para los cristianos.

Todo el mundo tiene una teología, así sea consciente de ello o no. Si la teología es el razonamiento o el pensamiento acerca de Dios, entonces cada vez que alguien razona sobre el propósito de la vida, del por qué existimos, del por qué hay mal en el mundo, sobre la llegada del fin del mundo, sobre la naturaleza de Dios, sobre cómo puede Jesús ser Dios y hombre al mismo tiempo, o cómo puede haber vida después de la muerte, está haciendo un trabajo teológico. La pregunta no es si cada creyente será un teólogo o no, sino si va a ser un buen teólogo. La verdadera pregunta es si va a estudiar las Escrituras para probar y desarrollar su propia teología personal, o si va a formar su propia teología basado sólo en su opinión personal y en rumores.

Como señaló Anselmo de Canterbury, la teología es la fe que busca comprender. Como cristianos, hemos tenido una experiencia de salvación de parte de Dios, pero ahora debemos buscar el entendimiento en cuanto al contenido y el fundamento de nuestra fe y el significado de nuestra salvación. Muchos pasajes de las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritos con este propósito. Los apóstoles estuvieron tratando de explicar a los santos lo que les sucedió cuando fueron salvos, y lo que esto significaba para ellos en un nivel práctico. Debemos tratar de entender al Dios que servimos, con el fin de  hallar significado para nuestra fe. No es suficiente que solo seamos salvos, pues debemos seguir creciendo en el conocimiento del Señor.

Aunque en el cuerpo de Cristo todo el mundo hace naturalmente la labor de teología, hay diferentes niveles de teología en los que cada uno trabaja. No todos los cristianos van a estudiar teología en el mismo nivel. Algunos creyentes están llamados a ser maestros y como tal se darán continuamente al ministerio de la Palabra como lo hicieron los apóstoles (Hechos 6:4). Otros son llamados a otras áreas del ministerio quíntuple, y como tal tendrán que estudiar para mostrarse ante Dios aprobados, interpretando correctamente la Palabra de verdad (2. Timoteo 2:15). Otros en el cuerpo, no tendrán que dar necesariamente tanto tiempo al estudio de la Palabra de Dios, porque serán llamados a enfocarse en otras áreas. Sin embargo, todavía tienen la responsabilidad de conocer a su Dios y de estar dispuestos a dar respuesta acerca de la esperanza que hay en ellos cuando se enfrentan con los incrédulos (1. Pedro 3:15).


Objeciones

En la actualidad, la gente presenta muchas objeciones contra la teología. Voy a presentar tres objeciones y a responder a cada una de ellas.

La principal objeción, es que la teología no es necesaria para que los creyentes entiendan. Muchos dicen que todo lo que uno necesita conocer, es el mensaje básico de la salvación según los Hechos 2:38, y luego vivir el resto de nuestra vida en oración y en obediencia a Dios en las buenas obras. Ya he tratado este argumento hasta cierto punto, afirmando que todo el mundo hace el trabajo de teología en uno u otro nivel, pero hay otros problemas con este argumento.

En primer lugar, si no necesitáramos del estudio de la Escritura (que es nuestra principal fuente de conocimiento acerca de Dios), y todo lo que necesitáramos saber es lo que debemos hacer para ser salvos, entonces debemos preguntarnos: ¿Por qué la Biblia es tan grande? Si todo lo que necesitáramos como cristianos es Hechos 2:38 y Juan 3:16, entonces ¿por qué fue escrito el resto de la Biblia? Fue escrito para nuestra comprensión. Al parecer, Dios consideró que era necesario para nosotros estar equipados con más conocimiento que el del plan de salvación. Dios había dicho en otro tiempo: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6). Lo mismo es cierto hoy en día. Lo mismo también ocurrió en los días de la iglesia primitiva. Pablo, comprendiendo la importancia de la teología, no dejó de declarar todo el consejo de Dios a la iglesia de Éfeso (Hechos 20:27). Muchas de las epístolas fueron escritas para alejar a la gente de la ignorancia, o para corregir las teologías falsas que la iglesia había desarrollado con respecto a Dios. Si para Pablo y otros fue lo suficientemente importante escribir cartas a las iglesias para informarles sobre las cosas que pertenecen al reino de Dios, nosotros deberíamos estimar toda la Palabra de Dios digna de importancia y estudio.

La otra razón por la cual esta objeción es errónea, se encuentra al comprender el desarrollo de la falsa doctrina como se atestigua por la historia de la iglesia. Históricamente, la falsa doctrina y la herejía entraron en la iglesia durante períodos de tiempo prolongados. La iglesia no se movió durante un solo día del mensaje de la Unicidad de Dios y la salvación según Hechos 2:38, para caer en la falsa doctrina de la Trinidad y el bautismo sin la invocación del nombre que repite la frase “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” ¡Esto fue un proceso! La falsa doctrina se inicia con pequeñas distorsiones de la verdad, y a estas se le añaden poco a poco más distorsiones, hasta que en última instancia lo que se enseña ya no se asemeja a la fe de la Iglesia primitiva. Si no estudiamos teología, estamos inclinados a no ser conscientes de los cambios leves en la doctrina que no concuerdan con las enseñanzas del Nuevo Testamento. Cuando no prestamos atención, estos pequeños cambios imperceptibles terminarán por convertirse en falsas doctrinas que afectarán el bienestar espiritual de la iglesia. Un pequeño error conduce a errores más grandes y más peligrosos.

La segunda objeción importante contra la teología, es que ésta es "aguafiestas". Muchos cristianos están felices con algunas de las cosas que creen, pero luego cuando viene un maestro cristiano que les informa que aquellas cosas no son ciertas, piensan que el maestro es malo porque les ha liquidado su alegría. Los teólogos que quieren señalar el error doctrinal en las teologías de los demás, son vistos como enemigos de la fe y la alegría.

Se debe entender que el cristianismo no consiste principalmente en tener ciertas experiencias y sentimientos emocionales, sino en lo que uno cree y su relación con Cristo. Si uno basa su felicidad en las falsas creencias acerca de Dios y de las cosas espirituales, entonces aquella alegría que estamos viviendo no es la verdadera alegría. La alegría se debe basar en la realidad, no en las creencias que proceden de la mala información o la ignorancia. Yo podría alegrarme en el engaño de que soy el rey de Inglaterra, pero eso no cambiaría la realidad de mi situación. Aquella sería una alegría ficticia. La alegría que los cristianos deben tener, debe estar basada en la realidad que poseemos de Cristo, es decir, la vida eterna.

Si alguien quiere apartarse de la comprensión en su relación con Dios, es porque no entiende en qué se basa una relación. Las relaciones se basan en la comunicación. No es principalmente de la oración sino de la Biblia, que aprendemos acerca de Dios y de su reino, y de nuestro propósito en su reino. Si no tuviéramos la Biblia, nuestro conocimiento de Dios sería muy pequeño. Sin la Biblia, nosotros no tendríamos una verdadera teología. Sin una teología y por lo tanto sin el conocimiento de Dios, nosotros no tendríamos una profunda relación con Dios.

Algunos sostienen que el estudio de la teología destruye la simplicidad de la fe cristiana. Pero hay una diferencia entre la "fe simple" y la "fe simplista y aniñada". La primera es elogiada en la Escritura, pero la última nos lleva a ser zarandeados por cualquier viento de doctrina. Dios no nos ha llamado para ser ignorantes de su Palabra. No hay ninguna nobleza en la ignorancia o en la fe ciega (Hechos 17:11). Pablo nos advirtió en contra del perder la sencillez que es en Cristo (2. Corintios 11:3), pero este mismo Pablo estaba lleno de conocimiento. Pablo no estaba en contra de la teología que conduce a la comprensión, ya que él fue uno de los maestros más influyentes de los que la iglesia haya sido testigo. Pablo estaba en contra del conocimiento falso. El conocimiento falso, era el que estaba haciendo que los creyentes fueran alejados de la sencillez en Cristo.

El tercer argumento en contra de la teología, es que esta causa división. Una frase común es: "Jesús une, la teología divide". Admito que la teología divide. Lo que me pregunto es si realmente esto es malo. La teología puede dividirnos innecesariamente, si no tenemos el cuidado de luchar por las doctrinas que son más importantes. Está mal que nos dividamos por cuestiones pequeñas. Sin embargo, la división en sí misma no es necesariamente mala. Toda creencia divide. El hecho de creer que Jesús es el Mesías, es causa de división entre los cristianos y todos aquellos que no lo pueden creer. Toda creencia excluirá a aquellos que no la comparten. Todos excluimos a otros. Todo el que establece una línea doctrinal, excluye a todos los que están por fuera de esa línea.

Bíblicamente hablando, Jesús dijo que la doctrina sería causa de división: "¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión" (Lucas 12:51). Jesús era consciente de que su doctrina iba a dividir incluso a los miembros de las familias (Mateo 10:34-37). Pablo entendió que la doctrina divide, y se valió de la doctrina para excomulgar a ciertos miembros del cuerpo de Cristo debido a sus malas doctrinas (Romanos 16:17-18; 2. Tesalonicenses 3:14; 1. Timoteo 1:19-20; 6:3-5; 2. Timoteo 2:15-19).


El Papel de la Doctrina en la Vida del Creyente

Ahora que hemos establecido un marco básico para el entendimiento de nuestra necesidad de la teología, y de haber contrarrestado algunos de los argumentos formulados contra esa posición, pasaremos a examinar la relación de la doctrina para el creyente. Los términos doctrina y teología, aunque no son exactamente equivalentes, son muy similares en sus dominios semánticos y serán utilizados indistintamente de aquí en adelante.

Muchos ven la doctrina como irrelevante, fría y sin vida. Hasta cierto punto esto ha sido cierto. Sin embargo, la culpa radica en el enfoque y la exposición de la doctrina pero no en la doctrina en sí misma. Algunos han presentado la doctrina como un aburrido ejercicio mental, acentuando en detalles minuciosos y usando palabras tan grandes, que su comprensión parece inalcanzable y su aplicación imposible para la vida cristiana. Pero el corazón del cristianismo es la persona de Cristo; no una doctrina sino una experiencia viva con Jesucristo. No obstante, cuando tratamos de responder a la pregunta de quién es Jesús, entramos en el terreno de la doctrina. [1] Cuando queremos hablar sobre nuestra experiencia, terminamos por hacer declaraciones doctrinales. Las cosas de Cristo tienen que ser verdaderas para que nuestra experiencia sea válida. La doctrina afirma cuáles son esas cosas que definen al Dios de los cristianos y la experiencia cristiana, lo que es verdad y lo que no lo es, quién es Jesús y quién no es Él. La mayoría de los cristianos evitan la doctrina y la teología, o minimizan su importancia porque no entienden su función. Una vez que el papel y la función de la doctrina es comprendido, el estudio de la teología se hace muy práctico y pertinente para la vida cristiana.

La doctrina es un componente necesario de la vida cristiana. Todo movimiento que compite por la lealtad del hombre, lo hace basado en un conjunto de creencias, ya sean políticas, religiosas o filosóficas. Las ideas que se presentan como verdaderas, son más importantes que cualquier otra. Siempre estamos enfrentados a tomar decisiones con base en nuestras creencias, por ejemplo en lo que respecta a los derechos de los animales, los homosexuales, la pena de muerte, el mejoramiento del sistema educativo, etc. No podemos suspender el juicio y quedarnos sin tomar partido, sino que debemos hacerlo basados en nuestras creencias. De no hacerlo así, esto nos conduciría a un agnosticismo en todas las cuestiones que provienen de la existencia humana, que recibirían la misma respuesta superficial: "No lo sé y no me importa" [2].

Las creencias son importantes porque ellas reclaman la descripción de la verdad con base en la realidad. [3] Estas no son sólo ideas, sino que afectan nuestro comportamiento. Los pilotos kamikazes en la Segunda Guerra Mundial, creyeron que al dar la vida por su gobierno, asegurarían el paraíso para sus almas. Realmente las acciones de los hombres son afectadas, sino dictadas por lo que creen. Si uno cree que el mundo es plano, entonces temerá caer por el borde. Si uno cree que los tomates son venenosos, no los comerá. Lo que recibimos es lo que pensamos, lo que pensamos es lo que creemos, lo que creemos es lo que hacemos, lo que hacemos es en lo que nos convertimos. Se trata de una cadena ininterrumpida que casi siempre resulta ser cierta. Pablo modeló esta comprensión en las epístolas que dirigió a las iglesias. Su método normal era empezar sus epístolas denunciando las falsas doctrinas que se estaban infiltrando en la iglesia, para entonces corregir los comportamientos que fluían de estas falsas doctrinas.

La doctrina es nuestra respuesta a la revelación de Dios. Esta integra la riqueza de las declaraciones bíblicas en un paquete conciso. Es un resumen de la Escritura, pero no un sustituto. [4] La Escritura es principalmente narrativa, no proposicional. En otras palabras, se trata de una historia que demuestra el compromiso redentor de Dios con el mundo, más que un manojo metódico de declaraciones de verdad. Cuando la doctrina está explícitamente enseñada en la Escritura, esta no se presenta de una manera sistemática. Por el contrario, sólo fragmentos y piezas de toda la verdad son explicados en la porción que nos ocupa en ese momento. La doctrina lo que hace es interpretar la historia bíblica de una manera sistemática. Intenta unir nuestras vidas con la historia de Jesucristo, la realidad de nuestras vidas con su realidad.

¿Cómo se relaciona nuestra experiencia con Cristo con la doctrina? Mucho, en todo sentido. El cristianismo consta de un elemento subjetivo y un elemento objetivo. El elemento subjetivo es la fe, el elemento objetivo es la doctrina. Mucha gente tiende a caer en el uno o en el otro extremo de esta religión de naturaleza dual. Un extremo se manifiesta por una fe puramente emocional que confía explícitamente en Dios, pero no puede expresarse coherentemente. [5] Este punto de vista es inadecuado pero no es malo. Es necesario complementarlo con el aspecto objetivo de la fe. La fe tiene tanto un contenido como un objeto.

El otro extremo entiende el cristianismo como una lista de proposiciones intelectuales a las que atribuimos asentimiento mental. Este entendimiento también es inadecuado porque el cristianismo tiene sus raíces en la experiencia. La fe no sólo concierne a lo que creemos, sino a nuestras vidas diarias, especialmente a nuestra relación viva con Jesucristo. La fe nunca puede ser expresada adecuadamente como una mera proposición. Es posible que el cristianismo degenere en un sistema intelectual, en lugar de una relación con la persona de Jesús.

Harold O. J. Brown ha expuesto unas palabras apropiadas acerca de las deficiencias de estos dos extremos: "Una fe no teológica no puede explicar, pero una fe demasiado teológica pierde el contacto con la razón de su existencia... Asimismo una fe muy entusiasta sin un correspondiente grado de comprensión teológica está casi segura de conducir al error, quizás a la grave herejía. Demasiada doctrina sin la compañía de una fe viva y en crecimiento, es la receta para la ortodoxia muerta". [6] Tanto los elementos objetivos como los subjetivos de la fe, son necesarios para la vida cristiana. La fe implica tanto la cabeza como el corazón. El cristianismo es una verdad que se cree y confiesa con la boca y con la experiencia real en nuestras vidas.

La doctrina no es la presentación de verdades proposicionales abstractas que se creen aparte de la experiencia, sino que es el intento de preservar a la cristiandad de ser torcida por malentendidos o malas interpretaciones de la experiencia. La doctrina nos da los límites de lo que podemos captar, explicar e interpretar esencialmente de nuestra experiencia. Los apóstoles estuvieron preocupados por la doctrina, ya que esta explica y aclara la experiencia de la salvación de la comunidad de creyentes. La doctrina busca preservar la genuina experiencia de salvación con Jesucristo, para que pueda ser transmitida de una generación a otra. Sin la doctrina no podría haber misiones y no podríamos alcanzar a los perdidos. Si no contáramos con la doctrina como una norma interpretativa para nuestro encuentro de salvación con Jesucristo, cualquiera de ellos podría ignorar o malinterpretar las realidades espirituales de nuestra experiencia, y no sería capaz de transmitir el verdadero evangelio de una generación de creyentes a la siguiente. Sin doctrina, el cristianismo no podría haber nacido y no podría seguir existiendo. La doctrina es el medio por el cual la experiencia de los primeros cristianos puede ser nuestra. Si malinterpretamos nuestra experiencia y transmitimos esa mala interpretación, inevitablemente pervertiremos el verdadero evangelio de Jesucristo.

Muchos consideran que la doctrina y la espiritualidad se sitúan en dos extremos totalmente opuestos, como si el estudio de la teología de alguna manera estuviera divorciado de los esfuerzos espirituales como la fe, la oración y la sanidad divina. Este falso concepto ha sido muy devastador para el cuerpo de Cristo, ya que separa la verdad de la espiritualidad. No hay dicotomía entre la doctrina y la espiritualidad. La verdad no es sólo cognitiva, pues la verdad también es espiritual. Vivimos en un mundo físico en el que normalmente no podemos ver y conocer el mundo espiritual que nos rodea. El ámbito en el que Dios existe es una realidad de la que no podemos tener conocimiento aparte de la revelación divina. Nuestra salvación se ha producido en el reino espiritual y la guerra espiritual ocurre en ese mismo reino. Nosotros no podemos ver físicamente estas realidades, por eso para entenderlas, estas tienen que sernos reveladas y explicadas. La doctrina es una explicación de las realidades espirituales que no podemos ver; la forma en que el reino de Dios funciona. Sin la doctrina, nosotros estaríamos en la oscuridad acerca de estas realidades. La mayoría de las epístolas fueron escritas para explicar la realidad de la salvación, así como todas las implicaciones de la experiencia del encuentro de los santos con Jesucristo. Los malos entendidos acerca de esto, siempre se han manifestado en una perversión de la verdad y en malos comportamientos.

Un ejemplo clásico para demostrar esto, se encuentra en la Epístola a los Romanos. Los romanos malinterpretaron su salvación de la ira de Dios, en el sentido de que podían seguir pecando (Romanos 3:8). Ellos mal entendieron la naturaleza de la justificación y la gracia de Dios. Pablo afirmó que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (Romanos 5:20), pero los romanos mal entendieron esto, pensando que tenían que seguir pecando para poder recibir más de la gracia de Dios. Para corregir esta interpretación torcida sobre la salvación, Pablo dirigió la atención hacia el bautismo. Argumentó que el que ha sido bautizado con Cristo ha muerto al pecado, al igual que Cristo murió al pecado y ya no puede ser objeto de su dominio (Romanos 6:1-11). La ignorancia de los romanos acerca de esta parte importante de la salvación que ellos experimentaron, los llevó a malinterpretar su relación con Dios y a pervertir la fe. Para corregir esto, Pablo consideró necesario informarles sobre las realidades espirituales que ocurrieron cuando fueron bautizados, es decir, la muerte al dominio del pecado sobre sus vidas. La doctrina les permitió entender estas realidades y vivir en consecuencia. La doctrina tiene unas realidades y experiencias vivas detrás de ella. Esta nos informa acerca de las realidades espirituales que son la base de nuestra vida de fe.


¿Por qué es Importante la Doctrina?

¿Por qué la doctrina es tan importante para el creyente? ¿Por qué es esencial para la fe cristiana? Porque la doctrina interpreta los actos de Dios en la historia. La doctrina atribuye una comprensión particular a un acontecimiento particular. Por ejemplo, la muerte de Cristo en la cruz del calvario, sólo es reconocida como una buena noticia si se interpreta de una manera determinada. Los judíos la interpretaron como la derrota de un falso Mesías. Los cristianos la interpretaron como la victoria de Dios sobre la muerte y el infierno. La doctrina proporciona el marco interpretativo para comprender los acontecimientos del Calvario, entre otras cosas. "La doctrina es un puente interpretativo entre la historia y la fe, entre el pasado y el presente". [7] Esta relaciona el relato bíblico con nuestra propia experiencia, la interpretación de esta última en términos de la primera. También perfila la respuesta que nosotros debemos tener ante el evangelio. La doctrina de la justificación exige que tengamos fe para que podamos ser justificados. Si no tenemos fe, no podemos estar seguros del perdón de nuestros pecados con base en la gracia de Dios, y no podemos seguir adelante con la empresa de la vida cristiana. La doctrina es práctica.

La cuestión es que la teología es la fe que se expresa en la forma en que pensamos, actuamos y nos relacionamos con Dios. La teología es el desarrollo de la fe. Como se mencionó anteriormente, la doctrina puede ser definida como la fe que busca entendimiento. Sin entender, estamos indefensos contra el enemigo. Tenemos que pelear la batalla espiritual con la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17). Sin un conocimiento de la Palabra de Dios, no tenemos otra arma con la cual luchar. La doctrina trata de entender lo que se cree, de modo que nosotros no seamos presa fácil de los falsos maestros que los apóstoles nos advirtieron que vendrían.

La doctrina es fundamental para la vida cristiana, porque es la precursora de la salvación y de nuestra relación con Dios. Antes de que uno pueda creer en Cristo, debe tener algo para creer acerca de Él. Uno puede tener conocimiento sin fe, pero no puede tener fe sin conocimiento. La creencia de que algo es así y así, debe preceder al creer en ese algo. No se puede creer en un Dios del que no se tiene conocimiento. Hay que tener algún conocimiento del plan de Dios en Cristo para poder experimentar la fe que nos guía a la salvación. En otras palabras, se debe tener un conocimiento de la teología correcta. Como mínimo, se debe entender que somos pecadores necesitados de salvación, y que esta salvación fue proporcionada para nosotros por medio de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Este es el contenido básico del evangelio.

La doctrina es importante porque existe una correlación entre la comprensión de la Palabra de Dios y el nivel de nuestra fe. Pablo dijo: "Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Ya que la fe depende del conocimiento, la doctrina se convierte en la base de la fe. Sin doctrina, nuestra fe sería realmente pequeña, sino inexistente. Contraria a la creencia popular de que el estudio de la teología es un obstáculo para la fe, esta ocasiona que seamos racionales en nuestro acercamiento a Dios, nos da una mayor comprensión sobre la Palabra de Dios, y hace que sea mayor la fe que seamos capaces de tener en Dios. Una falta de conocimiento y comprensión de la doctrina se traducirá en una falta de fe, porque la fe es contingente en el conocimiento de la voluntad de Dios y su carácter. La ignorancia de la Palabra de Dios es una apuesta segura para la derrota espiritual (Oseas 4:6; Efesios 6:17).

El nivel de conocimiento y la comprensión de la doctrina por parte de alguien, no solo refleja su nivel de fe, sino que también determina el nivel de su relación con Dios. La relación con Dios, sólo puede desarrollarse tan profundamente según la comprensión de la doctrina. Toda relación se basa tanto en el conocimiento íntimo del uno con el otro y lo que experimentan juntos el uno con el otro. Aparte de la doctrina bíblica sobre la voluntad y el carácter de Dios, tendríamos muy poco conocimiento de Dios sobre el cual basar nuestra relación con Él. Aparte de la oración, nosotros tendríamos muy poca experiencia o comunicación con Dios. El conocimiento de la doctrina es la forma que Dios ha escogido para revelarse a nosotros, ya que nos da el conocimiento íntimo necesario para construir una relación con Dios. Este conocimiento es el antecedente a una intimidad creciente en la oración. Cuando se persigue una relación con Dios a través de la oración sin que esto implique que se busque el conocimiento de Dios a través de su Palabra, la tendencia humana es la de acudir hacia el misticismo religioso y espiritual, carente de una autoridad objetiva sobre la cual orientar e interpretar nuestras experiencias con Dios, con tendencia hacia doctrinas extrañas y falsas basadas en la experiencia personal subjetiva, en vez de la realidad objetiva. La doctrina guía y eleva nuestra relación con Dios hacia una profundidad que nunca puede lograrse aparte del conocimiento de su Palabra.

La doctrina es importante porque es la que nos renueva a la imagen de Cristo. El apóstol Pablo escribió que debemos revestirnos del nuevo hombre que Dios ha creado en nosotros, el cual se va renovando hasta el conocimiento pleno conforme a la imagen del que lo creó (Colosenses 3:10). El conocimiento es influyente en fabricar en nosotros la imagen de Cristo, llevándonos a ser semejantes a Él. Pedro nos instruyó a crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2. Pedro 3:18).

Pablo hizo una observación sobre el papel del conocimiento en la vida cristiana que a menudo se pasa por alto. Él dijo: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente" (Efesios 4:22-23). Esta no es solo una doctrina fundamental en nuestra experiencia de conversión, sino que también desempeña un papel importante en el proceso de ser renovado a la imagen de Cristo. Aunque los efesios eran salvos, todavía había una necesidad de que disuadieran la vieja naturaleza para ser renovados en su forma de pensar. La conversión no es sólo un acto instantáneo cuando nacemos de nuevo, sino que también es un proceso que continúa durante el resto de nuestras vidas terrenales. A pesar de que uno nazca de nuevo, la  mente no se renueva de una vez a toda la santidad de la mente de Dios. Todavía estamos plagados con las formas y pensamientos del mundo, a veces sin darnos cuenta. Todavía sostenemos (por lo menos en parte) algunos conceptos del mundo. Es a través del conocimiento de la doctrina, del estudio de la Palabra de Dios, que nuestras mentes quedan limpias y renovadas para pensar en sintonía con Jesucristo, y no de acuerdo a nuestro viejo hombre natural. Sin doctrina, no habría renovación de la mente.


Conclusión

La teología es para todos. Aunque dentro del cuerpo de Cristo el estudio de la Palabra de Dios es llevado a cabo en diferentes niveles, el deber de todos los miembros del cuerpo es estudiar para mostrarse aprobados ante Dios. La teología es el corazón de la fe cristiana, que esboza y define la experiencia cristiana. Sin la doctrina no puede haber fe cristiana y ninguna conversión cristiana. Es hora de que cada miembro del cuerpo de Cristo se entregue al estudio de la doctrina, para que de esta manera podamos establecernos firmemente en la fe, crezcamos en nuestra relación con Dios, y sepamos comunicar la fe y la experiencia cristiana  a nuestro mundo perdido, para que ellos también puedan llegar a conocer a Cristo.


Notas al Pie

[1] Alister McGrath, Estudios de Doctrina. Libro 3, Entendiendo la Doctrina (Grand Rapids: Zondervan, 1997), 232.
[2] Ibídem, 231.
[3] Ibídem, 240.
[4] Ibídem, 250.
[5] Ibídem, 256.
[6] Harold O.J. Brown, Herejías: La Herejía y la Ortodoxia en la Historia de la Iglesia (Hendrickson Publishers: Peabody, MA, 1998), 154.
[7] McGrath, 301.

viernes, 18 de enero de 2013

Los Pentecostales y el Anti-intelectualismo


Por William Arnold III y Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2013.


La Cuestión

En los últimos años, hemos notado que muchos pentecostales están en contra de cualquier cosa considerada intelectual. Esta posición es desconcertante, porque es contraria a los propios fundamentos del cristianismo. Una de las principales razones para justificar esa postura, se debe a nuestro gran énfasis en lo espiritual, lo que para algunos individuos no incluye un estudio a profundidad de la Escritura y la doctrina. Como pentecostales, a menudo hablamos de nuestro amor por la verdad, y sin embargo limitamos la definición de la verdad a sólo unas pocas cuestiones, considerando que el estudio de otras áreas de la Escritura no tiene importancia. Sin embargo, en la Biblia hay mucho más que el tema de la salvación. A menudo se escucha a los predicadores y a los creyentes estando en contra de los Institutos Bíblicos. Lo que más llama la atención, es que por lo general dichos argumentos provienen de aquellos que nunca han estado en un instituto bíblico o nunca han tenido algún tipo de educación bíblica formal. Algunos han menospreciado el estudio del griego y el hebreo, los idiomas originales de la Biblia. Una vez más, esto proviene de aquellos que nunca han estudiado las lenguas bíblicas.

¿Qué promueve esta actitud en contra la educación bíblica formal? Hay de seguro varias razones. Un posible motivo para este tipo de actitud es el miedo. Algunos temen que sus creencias sean desafiadas por otros puntos de vista, sin que ellos sean capaces de proporcionar razones que los refuten. Pero en todo tiempo, un examen de nuestras creencias no disminuye nuestra fe sino que la fortalece. Cualquier cosa que valga la pena creer, debe ser capaz de resistir el minucioso examen y la prueba de escrutinio. No hay nada que temer si realmente estamos sosteniendo la verdad. El estudio del griego y del hebreo fortalecerá nuestra fe, no la dificultará.

La tendencia en contra de la educación bíblica parece estar empeorando. Daniel Segraves, vicepresidente ejecutivo del Instituto Vida Cristiana, en cierta ocasión resaltó que si bien el número de nuestras iglesias sigue creciendo, el número promedio de estudiantes matriculados en nuestros institutos bíblicos se ha mantenido constante durante años. Esto indica que el porcentaje de nuestra gente que se matricula en nuestros institutos bíblicos está disminuyendo cada año. Tal situación es trágica.

La Visión Bíblica del Conocimiento

La Biblia ratifica el conocimiento, la comprensión y la sabiduría como virtudes para ser buscadas. Somos instruidos: "adquiere sabiduría" y "adquiere inteligencia" (Proverbios 4:5, 4:7; 16:16. Ver también el Salmo 119:104). Pablo oró para que los creyentes crecieran en el conocimiento, la sabiduría y el entendimiento (Efesios 1:16-18; Filipenses 1:9; Colosenses 1:9). La Biblia habla negativamente de la ignorancia (Salmo 73:22; Isaías 56:10, Romanos 10:3; 1. Corintios 14:38, 2. Corintios 2:11; 2. Pedro 3:5). Pablo frecuentemente hizo la declaración: "no quiero, hermanos, que ignoréis" (Romanos 1:13; 11:25; 1. Corintios 10:1, 12:1; 2. Corintios 1:8; 1. Tesalonicenses 4:13. Ver también 2. Pedro 3:8), y sin embargo algunos pentecostales ensalzan la ignorancia. Pablo dijo que fue su ignorancia la que le llevó a matar cristianos (1. Timoteo 1:13).

Hablando de Israel, Dios dijo: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6). Si el conocimiento es importante para Dios, también debe ser importante para nosotros. Si la iglesia no tiene un buen conocimiento de la Palabra de Dios, estará sujeta a ser llevada por cualquier viento de doctrina de los falsos maestros (Efesios 4:14). La Biblia advierte enérgicamente contra las falsas enseñanzas y hace hincapié en la necesidad de la verdad (Proverbios 23:23; Juan 4:24, 8:32; et.al.). La verdad es el conocimiento correcto en oposición al conocimiento falso.

Algunos afirman que el conocimiento no es importante, porque los del sanedrín dijeron que Pedro y Juan eran "hombres sin letras y del vulgo" (Hechos 4:13). Pero esta declaración debe ser entendida a la luz de su contexto histórico. El Sanedrín notó que Pedro y Juan no tenían ningún entrenamiento rabínico formal, y por lo tanto desde su punto de vista no estaban calificados para exponer sobre el significado de la Escritura. De esto, algunos podrían deducir que uno no necesita formación en la Palabra de Dios, pero ignoran el hecho de que los apóstoles obtuvieron su formación teológica del mismo Cristo en la carne. Cristo les declaraba el significado de las Escrituras (Lucas 24:27). En verdad, los apóstoles estaban llenos del conocimiento de la verdad. Lo que ellos no tenían era la capacitación formal de los rabinos, cuyo conocimiento contradecía a menudo la letra y el espíritu de la Ley, como lo demostró Jesús con sus ataques a la teología judía de su tiempo.

Otro versículo de la Escritura que se ha usado para apoyar la idea de que no debemos buscar el conocimiento, es la condenación aparente de Pablo sobre los "sabios". Él le dijo a los corintios: "Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles" (1. Corintios 1:26). Aquí la frase: "según la carne" significa: "según los criterios humanos". Pablo no estaba glorificando la falta de sabiduría, pero minimizó a la "sabiduría de este mundo" (1:20). Pablo sostiene que la sabiduría de Cristo es importante para el creyente (1:24, 1:30), y que a menudo la sabiduría de este mundo se opone a la sabiduría de Cristo. También debe tenerse en cuenta que Pablo estaba escribiendo a la iglesia de Corinto, que estaba localizada en Grecia. Los griegos eran conocidos por sus diversas filosofías, que en su mayor parte se oponían a la verdad del evangelio. Uno no sería considerado un sabio por aquellos del mundo, a menos que fuera versado en sus filosofías. Entonces la sabiduría del mundo a la que Pablo se refería, era muy probablemente la filosofía griega (que era tan frecuente en los días de Pablo) pero no a la sabiduría en general. La Biblia ensalza a la sabiduría, pero específicamente a la sabiduría divina. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría (Salmo 111:10; Proverbios 9:10).

A partir de los escritos de Pablo, se hace claramente evidente que la Escritura no está en contra del conocimiento y el estudio. Él era un hombre muy preparado en la Escritura. Muchas de sus epístolas contienen una teología muy profunda. Incluso, Pedro confesó que Pablo escribió cosas que pueden ser difíciles de entender (2. Pedro 3:16). Esto no quiere decir que Pablo estuviera hablando sobre cosas que su audiencia no pudiera entender, porque Pedro continuó exponiendo que son los indoctos e inconstantes quienes tuercen sus palabras. Esta declaración indica que la iglesia debe ser enseñada con el fin de interpretar correctamente la teología de Pablo.

Si el conocimiento y la comprensión no fueran importantes para el creyente, y no debieran ser buscadas por medio del estudio diligente, entonces para empezar, uno tiene que preguntarse por qué Pablo escribió tantas epístolas. La mayoría de sus epístolas consisten en explicar y defender la fe. Pablo estuvo muy preocupado sobre el conocimiento adecuado y la comprensión del reino de Dios. Incluso le dijo a Timoteo que estudiara para mostrarse a sí mismo aprobado ante Dios, a fin de que interpretara bien la Palabra de Dios de tal manera que no quedara avergonzado (2. Timoteo 2:15). ¿Por qué le hizo tal encargo si el conocimiento no fuera importante? Timoteo ya conocía y predicaba el evangelio, pero Pablo entendió que hay mucho más para aprender en la Escritura, después de que aceptamos el evangelio de Jesucristo.

Conclusión

Aunque algunas áreas del conocimiento son más importantes para el creyente que otras, esto no significa que las otras áreas no sean importantes en lo absoluto. Debemos seguir el ejemplo de Pablo en la enseñanza de "todo el consejo de Dios" (Hechos 20:27). No seamos como Israel, del cual se dice que tiene "celo de Dios, pero no conforme a ciencia" (Romanos 10:2). El celo es un elemento importante en nuestra relación con Dios, pero el celo sin conocimiento nos conducirá por un camino de destrucción. Dejemos que nuestro celo por las cosas espirituales se base en un conocimiento y comprensión de Dios, derivado de un estudio a fondo de su Palabra.

domingo, 6 de enero de 2013

Cristología. (Jesucristo, Completamente Dios y Completamente Hombre)


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2013.


Introducción

Cristología es el estudio de la relación entre la divinidad y la humanidad de Cristo, tal como éstas existen en su única persona. La Biblia declara que Jesús es a la vez completamente Dios y completamente hombre. El Espíritu infinito se unió con la humanidad finita para convertirse en el Hijo de Dios. La unión de estas dos naturalezas parece contradictoria. La deidad es infinita en conocimiento, poder y presencia, mientras que la humanidad está limitada en conocimiento, poder y presencia. ¿Cómo pueden estas dos dimensiones, la de Dios y la del hombre, unirse en una sóla existencia? Esta es la cuestión supremamente cristológica que intentaremos responder.

Aunque la Biblia infiere que existe una relación entre la divinidad y la humanidad de Cristo (que se ha llamado unión hipostática), no presenta algún pasaje específico que haya sido escrito para explicar su mecánica. Los escritores del Nuevo Testamento simplemente afirmaron que era verdad. Ellos enseñaron que Jesús es Dios y hombre al mismo tiempo, y aceptaron esta verdad por fe sin entenderla completamente. Entonces lo que debemos hacer, es examinar meticulosamente todo lo que Jesús dijo de sí mismo en relación con su identidad (su concepto de sí mismo), y las declaraciones hechas por los escritores del Nuevo Testamento acerca de su naturaleza dual.

No importa lo mucho que sepamos acerca de la mecánica de la encarnación, debemos recordar que nunca podremos comprenderla realmente. Podemos afirmar y creer que las declaraciones contenidas en la Escritura son verdad, pero nunca podremos entender en realidad, cómo Dios (que es el Espíritu eterno) pudo convertirse en un hombre. Debemos aceptar por fe que Dios hizo concebir a una mujer y tomó la naturaleza humana, y que la unión de la humanidad con la deidad en Jesús, no comprometió ni anuló a ninguna de estas dos naturalezas.

Pablo habla del misterio de la encarnación. Este misterio no es otro que "Dios fue manifestado en carne" (1. Timoteo 3:16). La encarnación es el mayor milagro que ha ocurrido. Un milagro es por naturaleza algo inexplicable y misterioso para la mente humana. Por esta razón la fe siempre debe jugar un papel importante en la cristología. Por la fe podemos aceptar las declaraciones bíblicas acerca de la unión hipostática (un término que se refiere a la forma en que la divinidad y la humanidad existen en Jesús) como verdaderas, pero nunca entenderemos completamente cómo esto fue posible, ni la mecánica detallada de cómo ocurrió.

En este artículo, explicaré cómo la persona de Cristo se relaciona con la obra de Cristo. La cristología va de la mano con la soteriología (el estudio de la salvación), porque la persona de Cristo era necesaria para llevar a cabo lo que era esencial para nuestra salvación, a saber, un sacrificio libre de pecado para expiar los pecados. Dios se hizo hombre para fines específicos relativos a la redención de la humanidad.

Con razón, la deidad de Jesús es el corazón de nuestra fe. Lo seguimos debido a quién es Él; no un mero hombre, sino Dios. Por desgracia, hemos tendido a enfocar más en la deidad de Jesús que en su humanidad, dando esta última por sentado. Al hacer esto, hemos evitado las razones por las que Dios asumió una existencia humana. La ligereza con la que algunos ven la humanidad de Jesús, produce una actitud que reduce al mínimo su autenticidad. Es posible caer en la trampa de reducir al mínimo la autenticidad de su humanidad para "proteger" la plenitud de su deidad. Esto puede observarse por la forma como son vistas las oraciones de Jesús. Algunos, tratando de proteger la identidad de Cristo como Yahvé en la carne, han ido muy lejos al negar la autenticidad de sus oraciones, minimizándolas a una mera simulación que Él efectuó para darnos un ejemplo. Esta clase de reducción al mínimo no es necesaria; esto sólo conduce a una mala interpretación de la persona de Cristo y a falsos conceptos sobre nuestro Salvador.

Hay que acentuar tanto la completa deidad como la completa humanidad de Jesús, pues ambas son de la mayor importancia para nuestra salvación. Podríamos debatir sobre cuál naturaleza fue más importante para salvar, la divina o la humana, pero parece que lo mejor es comprender la importancia de ambas. Desde la perspectiva de Dios, podría decirse que la humanidad era la más importante, porque sin ella no podría haber muerte por nosotros en la cruz, redimiéndonos de nuestros pecados. Sin un cuerpo, el Espíritu eterno no podía ser sacrificado. Desde nuestra perspectiva, podría decirse que la divinidad de Jesús era más importante, porque si Jesús sólo fuera un mero hombre, su muerte no hubiera podido expiar los pecados del mundo entero, incluso siendo Él un hombre libre de pecado. Lo mejor es acentuar tanto la deidad de Jesús como su humanidad, en lo que respecta a su persona y a su obra. Los creyentes del primer siglo hicieron hincapié en ambas, y nosotros también. No nos detenemos en la mera fe para aceptar la realidad de las dos naturalezas de Jesús, sino que buscamos la comprensión de la relación entre estas naturalezas tal y como existen en Jesús corporalmente (Colosenses 2:9).

A pesar de que hable y siga hablando de la divinidad y la humanidad de Jesús como "naturalezas", entiendo que lo estoy haciendo por falta de mejor terminología. Cuando hablo de su naturaleza humana, me refiero a su humanidad verdadera, completa y auténtica. Jesucristo era un ser humano verdadero como nosotros. Cuando hablo de su naturaleza divina, no hablo de una entidad divina que es de algún modo diferente o de una magnitud menor que la del Dios Todopoderoso, sino que estoy hablando del mismo Dios. Jesús es todo lo que Dios es, y al mismo tiempo es todo lo que nosotros somos. Cuando nosotros pensamos en Dios, no pensamos en Él como una naturaleza, sino como una persona o ser. Cuando nosotros vemos a un ser humano, no pensamos en éste como una naturaleza humana, sino como una persona. "Naturaleza", sólo se utiliza cuando tratamos de describir la esencia de nuestro ser. Para esta exposición, este término se usa de igual manera. Debe ser interpretado como la "esencia del ser", y por eso lo estoy utilizando como una palabra que pienso que es la que mejor describe los aspectos correspondientes a la identidad de Cristo.

Antes de tratar de llegar a un entendimiento acerca de la unión hipostática, primero debemos establecer la base bíblica para la deidad y la humanidad de Cristo. En primer lugar, se examinará la enseñanza bíblica sobre la deidad de Jesús.


La Deidad de Cristo

El mejor testimonio que podemos obtener sobre la identidad de Jesús, es el suyo. ¿Qué dijo Jesús acerca de sí mismo? ¿Cómo vio Jesús su relación con el Padre? Jesús hizo algunas afirmaciones en las que abiertamente y con valentía declaró su deidad. Por ejemplo, una vez dijo: "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30). Él no quiso decir que Él era uno en propósito con el Padre como algunos estudiosos sugieren, sino en que Él era de la misma esencia que el Padre (deidad). La respuesta de los judíos a esta declaración de Jesús, nos permite apreciar la fuerza de lo que Él dijo. Ellos tomaron piedras para apedrearlo (v. 31). Su razonamiento era que Jesús, quien era un hombre, se había hecho a sí mismo Dios (v. 33). Para los judíos esta era una blasfemia y merecía la pena de muerte. Ellos entendieron perfectamente que Jesús estaba afirmando ser el mismo Padre. Si Jesús no estuviera declarando su igualdad con el Padre, esta hubiera sido la oportunidad perfecta para explicar lo que Él realmente quiso decir. En cambio, Él continuó sosteniendo su reclamación (vs. 34-38).

En otra ocasión, Jesús le dijo a los judíos: "El que me ve, ve al que me envió" (Juan 12:45). Un paralelo a esta declaración, ocurrió durante la conversación de Jesús con sus apóstoles, que se encuentra en Juan 14:5-9. Jesús le dijo a Tomás: "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (v. 7). Felipe no pudo entender esta declaración, por lo que le pidió a Jesús que le mostrara el Padre a todos ellos para que quedaran satisfechos. La respuesta de Jesús fue: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?" (v. 9). Según el propio testimonio de Jesús, verlo a Él es ver al Padre (Dios). Uno no puede obtener una declaración mucho más clara que ésta, en cuanto a lo que Jesús afirmó ser.

Otras declaraciones que hizo Jesús y las prerrogativas que ejerció, implican su deidad. Si Jesús no es Dios, de hecho estas declaraciones y alusiones que hizo acerca de sí mismo lo habrían hecho un blasfemo. Por ejemplo, Jesús perdonó los pecados. Él dijo al paralítico que fue bajado por el techo: "Hijo, tus pecados te son perdonados" (Marcos 2:5). El pensamiento de los escribas presentes en la sala, fue que la declaración de Jesús era blasfema, y por eso dijeron: "¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (v. 7). Si Jesús realmente no tenía el poder de perdonar, y en verdad no había perdonado los pecados de este hombre (lo que sólo Dios puede hacer), entonces Él tuvo la oportunidad perfecta para aclarar el asunto a aquellos judíos que preguntaron por sus declaraciones. En lugar de señalar que aquellos escribas habían malentendido sus palabras, Jesús dijo: "¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa". (vs. 9-11).

Jesús afirmó la autoridad en relación con la Ley de Dios. Un ejemplo de esto es la Ley del Sabbath. Dios estableció el Sabbath para Israel, como uno de los 613 mandamientos de la ley de Moisés que ellos tenían que obedecer. Como Dios había hecho la Ley, solamente Él tenía el poder para modificarla o revocarla. Sin embargo, vemos a Jesús reclamando autoridad para modificar la Ley del Sabbath cuando sus discípulos fueron cuestionados por los fariseos por recoger espigas en un Sabbath (Marcos 2:23-28). La respuesta de Jesús fue la de recordarles el momento en que David comió del pan de la proposición, cuando huía de Saúl (vs. 25-26). El pan de la proposición era estrictamente para los sacerdotes. Si alguien más lo comía, estaba violando la Ley de Moisés, pero Dios nunca castigó a David. En conclusión, Jesús dijo: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo" (vs. 27-28). Jesús afirmó claramente su derecho para redefinir el día de reposo, o para desatenderlo por completo si Él lo consideraba necesario, un derecho que pertenecía exclusivamente a Dios.

Jesús afirmó que Él juzgará al mundo (Mateo 25:31-46), pero esta es solamente una prerrogativa divina (Salmo 50:6). Jesús también afirmó una relación con el Padre, que era única sólo para Él (Juan 14:23). Jesús afirmó tener el poder de la vida, cuando dijo a Marta: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25). El Antiguo Testamento declara que sólo Dios tiene ese poder (Deuteronomio 32:39; 1. Samuel 2:6; 2. Reyes 5:7).

Es particularmente interesante observar la respuesta de aquellos a quienes Jesús dijo estas profundas declaraciones. Después de que Jesús dijo a los judíos: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (Juan 5:17), los judíos procuraban matarle. Juan nos dio la explicación de esto, cuando dijo: "Por tanto, los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios" (v. 18). Los judíos entendieron que Jesús estaba reclamando ser el mismo Dios. La palabra griega isos, se traduce aquí como "igual", significa "ser lo mismo que" algo. Jesús se puso en el mismo plano, o estableció su deidad como el Padre.

Desde nuestra perspectiva, la terminología de "Hijo" y "Padre" utilizada por Jesús, pareciera implicar algún tipo de subordinación a Dios. Nos produce la sensación de que Jesús fuera menos que Dios. Sin embargo, los judíos no vieron esta terminología de la misma manera. Cuando Jesús llamó a Dios su "Padre", esto fue considerado equivalente a decir que Él es Dios, como se ve claramente en el pasaje anteriormente citado.

Cuando Jesús dijo que Él y su Padre eran uno (Juan 10:30), de nuevo los judíos tomaron piedras para apedrearlo (v. 31). Cuando Jesús les preguntó por cuál de sus buenas obras deseaban matarlo, ellos le respondieron: "Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios" (v. 33). Los judíos no entendieron aquella referencia de Jesús a Dios como su "Padre" en el sentido de que Jesús era menos que Dios, o algún tipo de dios de segunda categoría. Más bien, ellos lo entendieron como su afirmación de ser el mismo Yahvé Dios.

Ahora que hemos analizado el propio testimonio de Jesús sobre su deidad, vamos a centrar nuestra atención acerca de lo que los apóstoles pensaron de Él. Después de que Jesús resucitó, Tomás le dijo: "Señor mío y Dios mío" (Juan 20:28). La palabra griega kurios, traducida como "Señor", es el equivalente griego de la palabra hebrea adonai; y el griego theos que se traduce como "Dios", es el equivalente griego de la palabra hebrea elohim. Para Tomás, que era un judío monoteísta que sabía que el único Dios soberano era Yahvé (Deuteronomio 6:4), hubiera sido una blasfemia llamar a Jesús su Señor y su Dios, si no hubiera creído que Jesús es el mismo Yahvé en carne.

La audaz declaración de Pedro referente a Jesús: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mateo 16:16), demuestra el convencimiento de Pedro sobre su deidad. Jesús le dijo a Pedro que la carne y la sangre no le habían revelado esta verdad, sino el Padre que está en el cielo (v. 17). Si aquí "Hijo de Dios" se refiere sólo a la humanidad de Jesús, entonces la revelación del Padre no habría sido necesaria. Con solo mirarlo, cualquiera podría haber visto que Jesús era un ser humano. Incluso los judíos entendieron que Él era un ser humano genuino. Aquello que los judíos no podían creer, fue lo que Pedro entendió por la revelación de Dios: que Jesús es divino, siendo Dios y hombre al mismo tiempo.

Pablo, quien más escribió relativo a la persona de Cristo, dijo que Jesús "es la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15. Ver también 2. Corintios 4:4). ¿Qué quiso decir Pablo cuando declaró que Jesús es la imagen de Dios? Sabemos que él no se refería a una semejanza física, porque Dios es Espíritu y por lo tanto no tiene un cuerpo físico. [1] La palabra griega que se ha traducido como "imagen" en la versión Reina-Valera es eikon, cuya raíz es eiko, es decir imagen, semejanza o representación. Eikon denota tanto la representación y la manifestación de una sustancia. Note que Pablo iguala la imagen de Jesús con la del Dios invisible. El punto que Pablo trató de transmitir a sus lectores, es que Jesús es la representación visible de Dios al hombre. Por eso Jesús pudo decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9. Ver también 12:45).

Por esto, decir que Jesús es la imagen y semejanza de Dios, quiere decir que Él es Dios, pues Dios es único. ¿Qué semejanza pudo Jesús haber tenido con Dios sino la de su esencia divina? No se puede decir que su semejanza es igual a la que todos los seres humanos tenemos de Dios (Génesis 1:27). Nosotros fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios, pero Jesús es la imagen y semejanza de Dios. Entonces la semejanza de Jesús con Dios, debe ser la de la esencia divina. Ya que la esencia divina de Dios no puede ser cambiada, la deidad de Jesús no puede ser diferente a la del Padre. Tener la deidad del Padre es ser el Padre, porque su esencia divina no puede ser fragmentada.

Si todo lo que Pablo quiso decir fue que Jesús era similar a Dios, podría haber utilizado otras palabras griegas. Si Pablo creyó que Jesús poseía una semejanza con Dios, pero no en su misma esencia y ser, siendo algún tipo de sustancia diferente a Dios, podría haber utilizado homoioma. Esta palabra indica una "semejanza", pero hace hincapié en "la semejanza con un arquetipo, aunque el parecido no se puede derivar..." [2] También podría haber empleado eidos, que significa "una forma, o la forma". Sin embargo, esta palabra es sólo una apariencia "no necesariamente basada en la realidad". [3] En cambio, Pablo usó eikon, para expresar que Jesús es la misma imagen del Padre en su esencia y ser.

El autor de Hebreos dice que Jesús es "la imagen misma de su sustancia [la de Dios]" (1:3). La frase española traducida como "la imagen misma", proviene de la palabra griega charakter. De esta palabra obtenemos nuestra palabra española "carácter". Esta es la única vez en que esta palabra aparece en el Nuevo Testamento. Significa "imprimir sobre, o sellar". Denota un grabado hecho por una herramienta que imprime una imagen en la que está siendo representado. [4] Esta impresión, entonces, es una característica del instrumento utilizado para hacer productos de sí mismo. Lo que se produce, corresponde con precisión al instrumento.

La palabra griega traducida como "sustancia" es hupostasis. Es a partir de esta palabra que conseguimos el término "unión hipostática", que describe la unificación de la deidad y la humanidad en el hombre Cristo Jesús. Aunque la reconocida versión inglesa del Rey Jaime ha traducido hupostasis como "persona", este término es más correctamente entendido como "la esencia del ser o la sustancia de una cosa", como lo traduce la Reina-Valera. La etimología de esta palabra, tiene que ver con "el suelo de fundación o la base de un edificio". [5] Es lo que subyace, hace posible o soporta a una cosa. En este contexto, estamos hablando de lo que subyace o hace posible a Dios, a saber la esencia de Dios o su sustancia.

Hupostasis se traduce como "confianza" en 2. Corintios 9:4, 11:17 y Hebreos 3:14. En estos contextos, lo que está a la vista es la suficiencia o la fe en Dios. La idea en estos versículos, es que hay fundamento y plenitud esencial en la fe. La otra única vez que dicha palabra aparece en las Escrituras es en Hebreos 11:1, donde se dice que la fe es la "sustancia" de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Aquí se puede ver claramente el verdadero significado de la palabra. La fe es la esencia, sustancia, soporte subyacente, o fundamento de las cosas que se esperan.

Jesús, por lo tanto, no es sólo una representación de Dios, sino la impresión visible de la esencia y sustancia invisible de Dios. Es la naturaleza misma de Dios, expresada en la humanidad como el Hijo de Dios. O para decirlo de otra manera: es el grabado correspondiente a la esencia del ser de Dios en forma humana. Liddon lo resumió mejor, cuando dijo que este versículo implica que Jesús "es a la vez personalmente distinto de, como aun literalmente igual a aquel de cuya esencia es el sellado adecuado". [6]

Reitero que decir que Jesús es la imagen de Dios, no es lo mismo que decir que nosotros fuimos creados a la imagen de Dios (Génesis 1:27, 9:6; 1. Corintios 11:7; Colosenses 3:10). La imagen de Dios en nosotros, parece corresponder a las capacidades morales, mentales y espirituales, en lugar de una representación de su esencia. Sólo Jesús posee ese papel glorioso. Mientras que Jesús es Dios hecho carne, nosotros no somos más que polvo de la tierra hecho carne (Génesis 2:7). Nuestro ser es verdaderamente diferente al ser de Jesús, y por lo tanto la imagen de Dios a la cual fuimos hechos, debe ser necesariamente diferente a la imagen de Dios que se encuentra en Jesucristo.

En otro lugar, Pablo dijo: "Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad" (Colosenses 2:9). La Nueva Versión Internacional traduce este versículo como: "Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo". [7] "Habita", es la traducción de la palabra griega katoikeo, que significa "establecerse permanentemente en una vivienda". "Plenitud" viene de la palabra griega pleroma que indica que "se llena". Es la plenitud de la Deidad la que mora en Jesús. ¿Pero qué es la deidad? La palabra se traduce de theotes, que significa "esencia divina o la persona misma de Dios". [8] Teniendo en cuenta el griego detrás de este versículo, entonces Pablo dijo que la plenitud de la esencia divina se ha instalado permanentemente en el cuerpo de Jesús.

Este versículo nos da algunas verdades muy importantes que conciernen a la deidad de Cristo en relación con su humanidad. Ante todo, sabemos que la plenitud de la deidad de Jesús consistió en una plenitud de los atributos y las características divinas, sin que careciera de ninguno. Jesús no se limitó a poseer algunos atributos divinos, sino que posee cada aspecto de la deidad. Este versículo demuestra también la permanencia de la encarnación. Por último, este versículo declara que la deidad residente en Jesús, reside corporalmente. Esto indica una forma específica y definida. [9]

Sólo he tocado superficialmente ciertas Escrituras que declaran y aluden la deidad de Jesucristo. Sobre este sólo tema se podría escribir un libro entero, pero creo que las Escrituras de las que he hablado aquí, proveen una base sólida en cuanto a quién es Jesucristo - el Yahvé del Antiguo Testamento hecho carne.


La Humanidad de Cristo

La importancia dada a la deidad de Jesús, también debe ser puesta sobre su humanidad. La negación total o parcial de este aspecto de la persona de Cristo, ha causado también muchos puntos de vista heréticos en la historia de la iglesia, al igual que la negación total o parcial de su deidad.

Como dije en la introducción, la humanidad de Cristo no puede reducirse al mínimo bajo la excusa de no sacrificar su deidad. La encarnación es soteriológica, ya que afecta directamente nuestra salvación. Sin su humanidad, Dios no podría habernos salvado y no podría ser nuestro Sumo Sacerdote. Más adelante expondré sobre esto con más detalle, pero por ahora basta con decir que Dios tuvo que hacerse un ser humano genuino, completo y auténtico, para poder redimir a los que son de la humanidad genuina, completa y auténtica.

Esto se explica en Romanos 5:12-21, donde Pablo contrasta a Adán con Jesús. Pablo llamó a Jesús el "postrer Adán" (1. Corintios 15:45-49). La analogía entre los dos, sólo se da en referencia a su impecabilidad y a su existencia como causada por Dios. Incluso este último aspecto no tiene un paralelo exacto, porque Adán fue creado del polvo de la tierra, mientras que Jesús fue engendrado por Dios y concebido en el vientre de una mujer. El único paralelo real entre Adán y Jesús, es que ambos estuvieron libres del pecado.

Debido a que Adán perdió su vida sin pecado, por ser nuestra cabeza representativa trajo como consecuencia la maldición del pecado y de la muerte sobre toda la humanidad. Entonces Dios tuvo que venir como un hombre sin pecado, viviendo en obediencia perfecta como el "Dios-hombre", llegando incluso por su obediencia hasta la muerte de cruz (Filipenses 2:8). Por esta razón, está ahora en condiciones de otorgar su justicia a todos aquellos que están sometidos por el dominio del pecado, revirtiendo así la maldición provocada por Adán, trayendo la vida física y espiritual en lugar de la muerte física y espiritual (Romanos 6:6, 6:9, 6:11, 6:14, 6:16-18, 6:20-23, 8:2). Jesús, el nuevo Adán, fue enviado para revertir los efectos del pecado cometido por el primer Adán. Esto sólo podía hacerse en la misma humanidad en la que Adán vino.

Para ser un humano hay que tener cuerpo, alma y espíritu (1. Tesalonicenses 5:23). El hombre está hecho de una parte material (cuerpo) y una existencia inmaterial (alma y espíritu). Si Jesús es verdaderamente humano, esperaríamos encontrar testimonios bíblicos acerca de su posesión de estos dos componentes de la existencia humana, y el examen lo comprueba.

Jesús mismo dio testimonio de que Él tiene un alma, cuando dijo: "Mi alma está muy triste, hasta la muerte" (Mateo 26:38. Ver también Juan 12:27). En cuanto a su espíritu, Jesús le dijo a su Padre: "En tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23:46. Ver también Lucas 2:40, Marcos 8:12). Jesús no solo tiene un alma y un espíritu humano, sino que también tiene una voluntad humana. Jesús dijo en Juan 5:30: "Yo no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió". En el Huerto del Getsemaní, antes de su crucifixión, Jesús oró: "Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42. Las cursivas son mías). Del relato de Mateo, encontramos que Jesús realmente hizo esta oración tres veces (26:38-44). Este tipo de declaraciones de Jesús, solo nos pueden llevar a la conclusión de que Jesús tiene una verdadera voluntad humana que está separada, aunque completamente sometida a la voluntad de su Padre. De ninguna manera, el espíritu humano de Jesús sería reemplazado por un espíritu divino o una voluntad divina. Si este fuera el caso, Jesús no podía ser verdaderamente humano en absoluto.

Jesús tuvo una naturaleza humana completa, que solo se diferencia de la nuestra en que Él fue librado del pecado por medio del nacimiento virginal y porque fue engendrado por obra del Espíritu Santo. Esto no lo hace menos humano que nosotros, porque sabemos que Adán y Eva fueron verdaderos seres humanos y existieron sin la naturaleza pecaminosa antes de su transgresión. En todo caso, Jesús es más humano que nosotros, porque nosotros estamos manchados por la naturaleza pecaminosa. Vivimos una existencia que limita nuestra relación con Dios. Jesús no fue limitado por el pecado o afectado por sus efectos: la separación de Dios, la maldad, la morbosidad, etc.

Hay una gran cantidad de Escrituras referentes a esta importante verdad. Es importante porque Dios necesitaba de un sacrificio perfecto y puro para expiar el pecado. Un pecador no puede expiar los pecados de otros pecadores.

Romanos 8:3 dice: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". (La cursiva es mía). La forma escogida por Pablo para expresar la humanidad de Cristo es muy precisa. Si Pablo hubiera dicho que Jesús vino "en carne de pecado", habría negado su impecabilidad. Si hubiera dicho que Jesús vino "en semejanza de carne", habría negado su auténtica humanidad. Pablo escogió la redacción que le permitió comunicar la verdadera naturaleza de la encarnación: Jesús tomó carne verdadera, pero sin pecado (Ver también Mateo 27:4, 27:19; Lucas 23:41; Juan 8:29, 8:46; 2. Corintios 5:21; Hebreos 4:15, 7:26; 1. Pedro 2:22; 1. Juan 3:5).

En apoyo a la auténtica humanidad de Jesús, Hebreos 2:14 dice que Jesús participó de carne y sangre, de la misma manera como todos los seres humanos. El versículo diecisiete profundiza más detalladamente sobre esto, cuando el autor dice: "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos…" (La cursiva es mía).

Juan creyó que la confesión de la auténtica humanidad de Jesús es de tal importancia, que él dijo que aquellos que la niegan tienen el espíritu del anticristo (1. Juan 4:1-3; 2. Juan 1:7). Para combatir la herejía del docetismo (una forma temprana de gnosticismo), que niega la realidad de la humanidad de Jesús, Juan afirmó que él y otros habían oído, visto, contemplado y palpado lo relacionado al Verbo de vida (1. Juan 1:1-3). La humanidad de Jesús no fue una mera farsa o fachada, sino que era cierta y auténtica en todos los aspectos.

La Biblia declara que Jesús era de la simiente de Abraham (Hebreos 2:16), y de la simiente de David (Juan 7:42; Hechos 13:22-23; Romanos 1:3; 2. Timoteo 2:8). "Semilla" es una expresión para "hijos" o "descendientes". Cuando se habla de Él como la simiente de Abraham, se le identifica como descendiente del pueblo hebreo (Juan 8:33, 8:37; Romanos 11:1-2; 2. Corintios 11:22). Cuando se habla de Él como la simiente de David, se le identifica más específicamente poseyendo el linaje real de David. Debido a que Cristo vino a través del linaje de David, Él será capaz de gobernar como rey en el trono de David durante el Milenio. Es en este momento que se cumplirá el pacto que Dios hizo con David, que un rey de su linaje reinaría en el trono para siempre (2. Samuel 7:8-19; Salmo 89:3-4, 20-37, 132:11; Jeremías 33:25-26). Si Jesús no fuera verdaderamente humano, no podría ser el rey de la casa de David. Pedro entendió que Jesús era el rey profetizado por David, y que Jesús era un ser humano verdadero, cuando dijo que David supo que "Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2:30).

El cumplimiento del pacto Davídico, es la razón por la que Mateo y Lucas hicieron mucho énfasis en la genealogía de Cristo al comienzo de sus versiones del evangelio. María estaba dentro del linaje de David, y aunque José no era el padre físico de Jesús, sino que era su padre adoptivo, también estaba en la línea de David. Por medio del nacimiento virginal a través de María, Dios fue capaz de calificar para la realeza de Jesucristo.

Debido a que Jesús provino de un ser humano, por necesidad recibió el ADN, los genes y los cromosomas humanos. La composición genética que recibió es la del linaje de Abraham, de Isaac y de Jacob. Jesús no sólo era humano, sino que también era judío, porque su madre y sus descendientes eran judíos. Jesús nació de una mujer judía, en la nación de los judíos, con las costumbres, los hábitos y la cultura judía. ¡Jesús fue un judío! Él parecía y actuaba como cualquier otra persona judía lo haría. Probablemente Jesús participó de las danzas folclóricas, asistió a los eventos sociales (Juan 2:1-2), y jugó con otros niños de su pueblo.

A pesar de que su concepción fue milagrosa, Jesús nació como nace cualquier otro ser humano. Él creció física, intelectual, social y espiritualmente como cualquier otro hombre (Lucas 2:40, 52). A veces tenemos la idea de que cuando Jesús salió del vientre de María, miró a María y le dijo: "¡Hola mamá, soy Dios!", y entonces tras cortarle el cordón umbilical, salió corriendo para predicarle al mundo. Cuando Jesús nació, Él no sabía que era Dios manifestado en carne. Su mente humana no había llegado a conocer o a comprender esto todavía. Él se dio cuenta de esto en algún momento futuro. En la Biblia no se discute cuándo y cómo ocurrió esto, pero sí sabemos que Jesús fue consciente de su identidad por lo menos a la edad de doce años. Fue en ese momento que le dijo a María: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Lucas 2:42, 49).

Jesús vivió una infancia como la de cualquier otro niño judío. Tuvo que aprender y memorizar las Escrituras hebreas, usar pañales, ser alimentado, aprendió a hablar, a caminar, aprendió un oficio y todas las otras cosas que los niños deben hacer. Estoy seguro de que Jesús babeó sobre el hombro de María, y mojó sus pañales. Como carpintero seguramente se lastimó con astillas, y al golpear su mano con el martillo Él debió gritar. No estoy siendo un sacrílego sino veraz. ¡Esto es lo que debe haber sucedido!

Jesús experimentó las mismas limitaciones físicas que nosotros. Él experimentó el hambre (Mateo 4:2; 21:18), la sed (Juan 19:28), la fatiga (Juan 4:6) y necesitó dormir (Marcos 4:38). Su cuerpo humano funcionó de la misma manera que nuestro cuerpo humano.

La Biblia también describe a Jesús participando del mismo tipo de cualidades emocionales y sicológicas que se encuentran en otros hombres. Jesús no era el hombre inexpresivo, seco y estoico que suelen presentar en las películas. La Biblia dice que Él se compadece de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Jesús pensaba, razonaba y sentía como cualquier otro hombre lo haría. Se registra que Jesús amaba: Por ejemplo, Juan 13:23 habla del apóstol "a quien Jesús amaba" (Ver también Marcos 10:21; Juan 11:3). Jesús tuvo compasión de aquellos que estaban en crisis o experimentando algún dilema (Mateo 9:36, 14:14, 15:32, 20:34), pero en otras ocasiones también se mostró alegre (Juan 15:11, 17:13; Hebreos 12:2).

No sólo nos encontramos con emociones positivas en Jesús, sino que también encontramos lo que podríamos llamar "emociones negativas". Jesús se enfadó y se entristeció con la dureza de corazón de los judíos (Marcos 3:5). La Escritura dice que cuando los discípulos reprendieron a quienes trajeron los niños a Jesús, Él "se indignó" (Marcos 10:14). Esta frase viene del griego aganakteo, que significa "ser movido por la indignación". Esta misma palabra se usa en Mateo 20:24 para referirse a los sentimientos de los diez discípulos hacia Jacobo y Juan, después de que aquellos dos le pidieron a Jesús el sentarse a su derecha y su izquierda en su reino (Ver también 10:41). Se usa también en Mateo 26:8, para mostrar el asombro y el enojo por el ungüento costoso que los apóstoles pensaron que se había "desperdiciado" cuando la mujer ungió los pies de Jesús con el contenido del frasco de alabastro. Esta palabra indica una aversión grave, con un toque de disgusto.

La Escritura también implica que en ciertos momentos Jesús no quiso estar solo. Jesús estaba triste y angustiado en su espíritu antes de su crucifixión (Mateo 26:37). En el huerto del Getsemaní, antes de ser traicionado, Jesús quería que Pedro, Jacobo y Juan lo acompañaran a orar (Marcos 14:32-34). Obviamente, Él no quería estar solo durante este tiempo doloroso. El contar con el conocimiento sobre lo que le iba a acontecer, había perturbado su alma y le causó gran dolor y pesadez (Mateo 26:37; Juan 12:27). En la cruz, Él exclamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Marcos 15:34). Este es un grito humano que obviamente resulta de la sensación de soledad.

En dos ocasiones nos encontramos con Jesús en el templo de Jerusalén volcando las mesas de los cambistas (Primero - Juan 2:15; Segundo - Mateo 21:12, Marcos 11:15). Aunque la acción fue premeditada (pues se indica que Él primero se tomó el tiempo para hacer un azote de cuerdas - Juan 2:15), no fue realizada bajo algún tipo de rabia incontrolable. Sin embargo, esto demuestra el espectro emocional de Jesús. Él estaba realmente enojado con el pueblo. Su cólera no significa que pecó, porque es posible estar enojado y sin embargo no cometer pecado (Efesios 4:26). La ira de Jesús fue contra el pecado y la hipocresía de aquellos que se decían ser santos y religiosos. A veces Dios es mostrado como estando enojado, y sin embargo sabemos que Él no peca en su ira, por lo que seguramente Jesús podía estar enojado y sin embargo aún ser libre de pecado (Salmo 106:40; Jeremías 4:4).

Jesús tenía limitaciones intelectuales. Aunque nosotros vemos a Jesús sabiendo cosas que están más allá del conocimiento humano, a veces también lo vemos ignorante en otros asuntos. El mismo Jesús que conocía los pensamientos de los hombres (Lucas 6:8, 9:47), con frecuencia es encontrado haciendo preguntas. No hay nada en el contexto que nos de alguna indicación de que Jesús hizo preguntas por cualquier otra razón, sino para obtener conocimiento de lo que Él no sabía. Aquel Jesús que conocía que la mujer samaritana había tenido cinco maridos en el pasado y que en la actualidad estaba viviendo con otro hombre (Juan 4:18), fue el mismo Jesús que preguntó al padre del muchacho epiléptico, "¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?" (Marcos 9:21). ¡Honestamente Jesús no lo sabía! El mismo Jesús que sabía que Judas lo traicionaría y que Pedro lo negaría (Mateo 26:25, 26:34), es el mismo Jesús que en otra ocasión declaró expresamente su falta de conocimiento acerca de su segunda venida, cuando dijo: "Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre" (Marcos 13:32). Jesús no estaba tratando de ocultar aquel día y hora a los discípulos, pues Él realmente no se los podía decir, ya que Él mismo era ignorante sobre este día y hora.

Cuando la mujer con el flujo de sangre tocó el borde del manto de Jesús, Él preguntó: "¿Quién ha tocado mis vestidos?" (Marcos 5:30). Él sólo sabía que alguien lo había tocado porque sintió que salió virtud de su cuerpo, pero no sabía quién era ese alguien. No fue sino hasta que la mujer se identificó, que Jesús fue consciente de quién era ese alguien. Aunque a veces Jesús tuvo conocimiento de los hechos pasados, presentes y futuros, o de los motivos de los corazones de los hombres, otras veces estaba tan limitado en conocimiento como cualquier otro ser humano.

Jesús también tuvo una vida religiosa. Ya que voy a exponer más adelante sobre esto, me limitaré aquí a dar los hechos. La Biblia dice que Jesús fue a la sinagoga (el lugar de culto judío) de forma regular y habitual (Lucas 4:16). Él oró con regularidad y muy intensamente (Lucas 22:44) y oró toda la noche antes de escoger a sus doce apóstoles (Lucas 6:12). Jesús confió en Dios para fortaleza y orientación, de la misma manera que nosotros lo hacemos.


La Unión Hipostática

Hasta aquí hemos hablado de la deidad y la humanidad de Jesús, y el hecho de que estas dos naturalezas forman su identidad como el Hijo de Dios. Sólo he tocado esta verdad en sus implicaciones y ramificaciones. Sin embargo, ahora voy a tratar de explicar con más detalle cómo la divinidad y la humanidad existen en Cristo.

Aunque Jesús nació en este mundo como cualquier otro hombre, Él fue concebido de una manera muy singular. Él no tuvo un padre humano, sino que fue engendrado por el Espíritu Santo (Mateo 1:20, Lucas 1:34-35). Dios era su propio Padre. Jesús recibió la deidad de su Padre. Él tuvo una madre humana, pero ella concibió en su vientre de una manera diferente a cualquier otra (Gálatas 4:4). En lugar de la relación sexual y la fecundación con el esperma de un hombre, el poder del Altísimo la cubrió con su sombra (Lucas 1:35). Fue en ese momento que Dios se hizo un ser humano al ser un embrión en el vientre de María. Jesús recibió la deidad de su Padre y parte de su humanidad de María (Lucas 1:34-35; Gálatas 4:4). Esto nunca será completamente entendido o comprendido, sino que debe ser aceptado por fe.

Quiero detenerme un momento sobre la forma en que Jesús fue concebido. La visión tradicional es que esto es un misterio que no puede ser explicado y del que nunca podremos saber cómo ocurrió. Discrepo de esa opinión, porque la Biblia no dice que la mecánica de la concepción es el misterio de la encarnación. El misterio es cómo todo el Espíritu auto-existente de Dios pudo convertirse en un ser humano. A pesar de que este misterio se llevó a cabo en el momento de la concepción, la concepción no es el misterio.

Las Escrituras simplemente afirman que María concibió un hijo del Espíritu Santo, sin abordar cómo ocurrió. Sobre esta base, algunos podrían argumentar que para nosotros no es importante entender cómo se produjo la concepción, ya que Dios no la incluyó en su Palabra. Mi respuesta a esta objeción, es que Dios tampoco explicó la forma en que la divinidad y la humanidad existieron en Jesucristo, y sin embargo todavía tratamos de comprender este aspecto de la encarnación. De hecho, el intento de comprender esta unión es la esencia de la cristología. En consecuencia, no se puede decir que no hay que buscar el entendimiento en esta materia porque ésta no se trata específicamente en las Escrituras. Es útil especular, pero sólo cuando al mismo tiempo somos conscientes de que cuando las Escrituras son silenciosas no hay líneas duras de donde se pueda extraer algo. Nuestras conclusiones sólo pueden permanecer como conjeturas, mas sin embargo estas especulaciones pueden ser sanas si son basadas sobre el contenido de las Escrituras y de la buena lógica, buscando la armonía con la Palabra de Dios sin contradecirla nunca.

Comúnmente se ha considerado que Jesús recibió toda su deidad de Dios y toda su humanidad de María. Estoy de acuerdo con la primera afirmación, pero esta última no puede ser verdad. Jesús no pudo haber recibido la totalidad de su humanidad de María. Si así fuera, Jesús habría sido una mujer. El óvulo de María sólo podía ofrecer cromosomas X. Los cromosomas X producen hembras. Se necesitaba de la presencia del cromosoma Y para tener un hijo varón. Sólo los hombres tienen este cromosoma Y. Sin un aporte de este cromosoma Y, Jesús no pudo haber nacido como un humano varón. ¿Entonces de dónde vino esta influencia genética? La respuesta sólo puede ser que fue suministrada por el Espíritu Santo en la concepción. Erickson señaló lo mismo cuando dijo:

“Jesús no se produjo solamente desde el patrón genético de María, porque en ese caso habría tenido el efecto de ser un clon de ella, y habría sido necesariamente femenino. Por el contrario, fue aportado un componente masculino. En otras palabras, un espermatozoide se unió con el óvulo proporcionado por María, pero sobre todo, este fue creado especialmente para la ocasión, en lugar de haber sido suministrado por un hombre existente”. [10]

Debido a que Dios aportó un elemento necesario para la existencia humana de Jesús, es inevitable confesar que Jesús recibió parte de su humanidad del Padre.

María no fue una mera madre de alquiler para una carne creada por Dios. Ella no fue una especie de incubadora que contuvo una "carne divina". La carne realmente se originó a partir del óvulo de María. Si Jesús no recibió su humanidad de María, entonces no se puede decir que Él es "de la simiente de David". La Escritura afirma claramente la contribución que María hizo para la existencia de Jesús. Gálatas 4:4 dice: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley". La palabra griega traducida "de", en la frase "de mujer", es ek. Esta palabra significa "salir de". Jesús fue hecho de una mujer, Él no fue solamente nacido de una mujer. El autor de Hebreos dice que "Él no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham" (Hebreos 2:16). A David le fue prometido que a través de su línea genética, Dios levantaría al Mesías para gobernar en su trono (Salmo 132:11). Observemos que si María hubiera sido una incubadora para una carne creada, Jesús aún podía haber sido considerado un ser humano auténtico (pues Adán era un hombre creado que no tuvo una madre humana pero aún seguía siendo completamente humano) pero no habría sido parte de la raza adámica. Si Jesús no fuera parte de la raza de Adán, no podría salvar a los que están separados de Dios por causa del pecado de Adán (Romanos 5:12-21; Hebreos 2:9-10, 2:14-18). Sin duda, María contribuyó a la humanidad de Cristo.

Hay dos palabras griegas que se refieren a la concepción. La primera es gennao que simplemente significa "engendrar" o "nacer". Hace referencia a la concepción del niño, o a su nacimiento. Esta palabra se usa en Mateo 1:20, cuando el ángel le dijo a José: "lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es". La otra palabra es sullambano que significa "tomar juntos". Cuando esta palabra se utiliza en el contexto de la concepción, se refiere específicamente a la toma en conjunto del espermatozoide y el óvulo, lo que causa la concepción. Por definición, la concepción se refiere a la penetración del óvulo femenino por un espermatozoide masculino.

Por las palabras del ángel a María, cuando le anunció que iba a ser la madre del Mesías, se puede ver que en la concepción, Dios debe haber contribuido a la humanidad de Jesús. Él le dijo: "Y ahora, concebirás (sullambano) en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS… El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá (gennao), será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:31, 1:35). Hablando sobre el embarazo de Isabel cuando ella tenía en su vientre a Juan el Bautista, el ángel le continuó diciendo, "Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido (sullambano) hijo en su vejez…" (Lucas 1:36). La palabra que se usa para describir la forma en que Elisabet se hallaba con su hijo, es la misma que se utiliza para describir la forma en la cual María se hallaba con su hijo. El ángel no hizo ninguna diferencia respecto a la manera en que los niños fueron concebidos. [11] Es interesante que Lucas, quien escribió estos versos, fuera un doctor en medicina. Como médico, él utilizó la terminología precisa para explicar cómo María concibió. Si hubo un "tomar juntos" de un espermatozoide y un óvulo para la concepción de Elisabet, de la misma manera debe haber ocurrido alguna contribución hecha por Dios al óvulo de María haciendo que éste se abriera, para al mismo tiempo contribuyendo con el cromosoma Y que era necesario para producir un bebé varón. No se puede saber si este era un "espermatozoide divino". Sin embargo, hay que confesar que Dios aportó algún elemento a la humanidad de Jesús. Dios no puso su deidad dentro de un cuerpo humano hecho completamente a partir de María, o infundió su Espíritu en un cuerpo humano, sino que en realidad Dios engendró un hijo. Es por eso que comúnmente nos referimos a Jesús como el único Hijo engendrado por Dios.    

Es muy posible que cuando la Palabra (el Verbo) se hizo carne, Dios en realidad se convirtió en el espermatozoide que fertilizó el óvulo de María. Si no fue un espermatozoide real el que Dios utilizó para ser el padre del niño, debe haber sido algún tipo de sustancia que aportó los componentes masculinos a los componentes ofrecidos por María... ¿Si no hubo alguna sustancia física que causó la concepción, cómo puede decirse que Dios se hizo carne? (Juan 1:14). Independientemente de lo que fuera esta sustancia, no se puede decir que fue creada. Jesús no es un ser creado. Si esta parte de su humanidad fue creada, no se puede decir que Él es realmente Dios. Una creación es siempre independiente del creador. Si yo pinto un cuadro, yo no puedo ser ese cuadro ya que yo lo creé. Si Jesús hubiera sido creado, Él sería como una pintura. Sin embargo, Jesús es Dios manifestado en carne. Desde la concepción de Jesús, Dios se hizo un ser humano. Dios no creó al hombre Jesús, ¡Él es el hombre Jesús! Él no se limitó a crear un cuerpo humano para luego vivir en éste. Dios se hizo el cuerpo humano.

Algunos sostienen que Dios hizo que María concibiera de alguna manera espiritual, añadiendo espiritualmente los componentes necesarios para engendrar a un hijo varón. Si esto fuera cierto, entonces Jesús tendría que ser considerado (al menos en parte) un ser creado. Él sólo habría sido el Hijo de Dios en el mismo sentido en que Adán lo fue. Adán era hijo de Dios, porque Dios lo creó. Pero la filiación de Jesús era diferente, ya que Jesús fue engendrado y concebido por el Espíritu Santo.

El "componente" que fue aportado para la concepción de Jesús no habría sido una sustancia separada de Dios, sino que dicha sustancia habría contenido la esencia de su deidad que habita en el cuerpo de Jesús (Colosenses 2:9). El momento en que esta sustancia se unió con el óvulo de María, debe haber sido el momento en que la deidad y la humanidad fueron traídas en una existencia, formando lo que llamamos la unión hipostática de Cristo.

Independientemente de cómo ocurrió realmente esa unión, sabemos que ocurrió. Jesús recibió toda su deidad y parte de su humanidad de Dios el Padre, y la otra parte de su humanidad fue heredada de su madre María. Esta opinión es consistente con la Escritura, de ninguna manera contradictoria, y al mismo tiempo explica los procesos biológicos que sabemos que son necesarios para el nacimiento de un niño. Aquí no se ha tratado de naturalizar el misterio de la encarnación (cómo Dios se hizo un ser humano), sino que se ha  tratado de entender el medio por el cual el Espíritu Santo, concibió en la matriz de María.

Debido a que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre, Él es llamado el Hijo de Dios. Aunque nosotros también somos llamados hijos de Dios (1. Juan 3:2), nuestra filiación es diferente a la de Jesús. Mientras que nosotros somos adoptados como hijos de Dios (Romanos 8:14-17), Jesús nació como el Hijo de Dios (Lucas 1:35). Su ser mismo vino a la existencia por el Espíritu Santo. Jesús nunca habría existido sin la contribución hecha por su Padre. Puesto que Dios engendró físicamente a Jesús a través de la concepción milagrosa, Él es el Hijo de Dios en un sentido físico. Nosotros sólo somos hijos de Dios en un sentido espiritual. Nuestra existencia no depende de haber sido engendrados por Dios... Nosotros somos el resultado de la unión física de dos padres humanos. Únicamente podemos llegar a ser hijos de Dios por medio de la adopción por su Espíritu. Entonces la diferencia entre Jesús y nosotros, es que la existencia de Jesús tiene su dependencia en su unión con el Espíritu del Padre, mientras que la nuestra no. Daniel Segraves expuso esta verdad cuando dijo:

“El milagro de la concepción virginal, significa que la deidad y la humanidad son tan inseparables en Jesús, como la influencia genética de una madre y un padre es inseparable en su hijo o hija. Así como ningún ser humano puede existir si fuera eliminado todo lo que ha sido contribuido para su existencia por su padre o por su madre, así Jesús no pudo haber existido como el Mesías sin su deidad (aportada por el Espíritu Santo [Lucas 1:34-35]) o su humanidad (aportada por María [Gálatas 4:4])”. [12]

Esta unión demuestra la permanencia de la encarnación. Una vez que Dios asumió la humanidad en su concepción en la matriz de María, adquirió una identidad que mantendrá durante el resto de la eternidad. La humanidad de Jesús no es algo que pueda ser desechado o disuelto de nuevo en la deidad, porque por siempre y siempre Él existirá en el cielo como un ser humano glorificado, aunque sea Dios al mismo tiempo. Su humanidad está permanentemente incorporada a la divinidad. [13] Dios no sólo vivió en la carne como un hombre, sino que "el Verbo se hizo carne" (Juan 1:14). Dios es ahora un hombre. Esto no significa que Él ya no existe como el Espíritu omnipresente, pero sí significa que su existencia como hombre es a la vez auténtica y permanente.

Jesús no se puso simplemente "un manto de carne" cuando vino a esta tierra. Él era más que "Dios con piel". Este tipo de declaraciones implican una separación de las naturalezas en Jesús como si Él fuera dos personas distintas que viven en un sólo cuerpo. Dan a entender que la carne era un mero cascarón y que la deidad se movía en su interior. La carne de Jesús no es independiente de la deidad de Jesús. La divinidad y la humanidad en la existencia de Jesús, no deben ser vistas como una especie de "compañeros de habitación" donde dos entidades existen en la misma zona, pero en realidad están separadas la una de la otra. En Cristo, "el Espíritu de Dios estaba inextricable e inseparablemente unido con la humanidad...." [14]

Un ejemplo de la química también podría demostrarlo. Una mezcla o combinación se puede separar en sus sustancias originales después de ser mezclada. Mientras que las mezclas físicas se pueden separar otra vez, los compuestos químicos forman una nueva sustancia en la que las sustancias originales no pueden volver a ser separadas del compuesto. Las dos naturalezas en Cristo no deben ser vistas como mezcladas o combinadas entre sí, pues sus dos naturalezas no pueden ser separadas. Siguiendo con este ejemplo de la química, se podría decir que las dos naturalezas de Jesús son como un compuesto químico. Por desgracia, cada analogía se rompe en algún punto, y lo mismo puede decirse de éste. La divinidad y la humanidad de Cristo no formaron una nueva sustancia a partir de las dos, pues cada carácter conservó todas sus "propiedades" respectivas. La deidad no fue comprometida por la humanidad, y la humanidad no fue comprometida por la deidad; ambas están perfectamente conservadas en su integridad y autenticidad, y sin embargo están unidas en todos los sentidos. La deidad no fue oscurecida por la completa humanidad, y tampoco la humanidad fue abrumada por la plenitud de la deidad. [15] La plenitud de la deidad de Dios se manifiesta en todos los aspectos de su humanidad genuina; integrada y no segregada.

Comúnmente se dice de Jesús, que en ocasiones actuó como Dios y otras veces como hombre. Se explica que como hombre Jesús oraba, comía y dormía. Como Dios sanó a los enfermos, resucitó a los muertos y calmó las tormentas. Esto parece implicar una especie de dualidad en Jesús. Estas actividades dan indicación de la realidad de cada naturaleza, pero debe entenderse que las naturalezas de Jesús nunca trabajaron independientes la una de la otra. Sus dos naturalezas existen "sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación; la distinción de las naturalezas de ninguna manera fue quitada por razón de su unión, sino que más bien se conservaron las propiedades de cada una..." [16]

La forma típica de explicar las naturalezas de Jesús, divide su unidad e integración, insinuando que una podría ser "operada" aparte de la otra. Esto casi que reduce a Jesús al Superman que a veces es Clark Kent y en otros momentos Superman después de un cambio rápido en alguna cabina telefónica. Jesús no cambia con su actuar en la una o la otra naturaleza. Él no es como el Coyote (del Correcaminos), sosteniendo algunas veces un cartel que dice: "Ahora estoy actuando como hombre", y en otras ocasiones sosteniendo otro cartel que dice: "Ahora estoy actuando como Dios". Todo lo que Jesús hizo, lo hizo como Dios manifestado en carne (el Hijo de Dios). No puede haber alguna separación de las naturalezas de Jesús. "La unión de las dos naturalezas no significa que funcionan de forma independiente. Jesús no ejerció su deidad a veces y su humanidad en otros momentos. Sus acciones eran siempre las de la divinidad-humanidad". [17]

¿Dios abandonó a Jesús en la cruz?

En este punto, vamos a abordar la idea de que Dios se apartó de Jesús mientras estaba en la cruz. Partiendo de las palabras de Jesús en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46), algunos han llegado a creer que la divinidad se retiró de Jesús en la cruz. Si esto fuera cierto, las consecuencias serían graves. En primer lugar, si Dios se apartó de Jesús en la cruz, la muerte de Jesús no habría sido diferente a la de los dos ladrones crucificados el uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús habría muerto como un simple hombre. Se podría argumentar que la muerte de Jesús sería significativa porque Él era sin pecado, pero una muerte sin pecado no es todo lo que era necesario para redimir a la humanidad. El texto de 2. Corintios 5:19 nos dice que fue Dios en Cristo, quien reconcilió al mundo consigo mismo. Si Dios no estuviera en Cristo o con Cristo cuando Él murió, entonces ¿Cómo podría Dios haber reconciliado al mundo consigo mismo? El momento en que se realizó la reconciliación, fue cuando Jesucristo murió en la cruz. Si Dios abandonó a Jesús en la cruz, Él no podría haber reconciliado al hombre. Todavía estaríamos perdidos en nuestros pecados. Lo que hace a la expiación eficaz, es que Jesús, quien era Dios manifestado en la carne, murió en la cruz.

Otro problema de esa opinión, es que si Dios se hubiera retirado de Jesús en la cruz, entonces Jesús habría dejado de existir. Como se expresó en la cita anterior de Segraves, la deidad y la humanidad de Cristo eran tan inseparables, como lo es la influencia genética de una madre y un padre en su descendencia. Así como ningún ser humano podría existir si se eliminara, ya sea lo que contribuyó su padre, o ya sea lo contribuyó su madre para su existencia, así Jesús no pudo haber existido sin la deidad que fue aportada por su Padre y sin la humanidad que fue aportada por su madre María.

Al dar vuelta por las Escrituras, en vez de encontrar alguna idea de que Dios se separó de Jesús en la cruz, nos encontramos con que fue por medio del Espíritu Santo que Jesús ofreció su cuerpo como sacrificio por el pecado (Hebreos 9:14). Fue porque Jesús ofreció su cuerpo a través del Espíritu, que su sacrificio puede expiar los pecados de la humanidad.

Si Dios no se separó de Jesús en la cruz, entonces ¿qué quiso decir Jesús cuando dijo que Dios lo había desamparado? Jesús citó las palabras de David que se encuentran en el Salmo 22. La declaración de Jesús debe ser entendida bajo el contexto de su uso en este salmo. David dijo: "¿Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mí, y de las palabras de mi clamor? (Salmo 22:1. La cursiva es mía).

David no estaba afirmando que el Señor lo tenía verdaderamente abandonado. Simplemente sentía como si Dios no estuviera presente, porque no ofrecía ninguna ayuda a David en este momento de angustia (Ver también vs. 2, 4-5, 11, 19, 24). Asimismo, Jesús no afirmó que Dios lo había abandonado realmente. Simplemente se sentía desamparado porque su Padre no le ofrecía ninguna ayuda mientras llevaba sobre sí los pecados de todo el mundo, aún tratándose del punto más angustioso de su vida. Jesús se sintió absolutamente solo en la cruz. Él sintió la consecuencia del pecado de todo el mundo. Su grito demuestra la realidad de sus emociones humanas, no la salida de su naturaleza divina.

¿Dios murió en la cruz?

Hechos 20:28 (NVI) dice: "Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño… para pastorear la iglesia de Dios, que Él adquirió con su propia sangre". (La cursiva es mía). El antecedente de "su" es "Dios". Pablo declaró que Dios derramó su sangre por la iglesia. Tres preguntas surgen de esta Escritura: 1). ¿Cómo se puede decir que Dios tiene sangre? 2). Jesús derramó su sangre al morir en la cruz. ¿Si esta sangre es realmente la sangre de Dios, entonces Dios murió? 3). ¿Si la sangre de Jesús es identificada como la sangre de Dios, entonces la humanidad física de Jesús era la humanidad de Dios? ¿Si lo anterior es verdadero, entonces el cuerpo de Jesús todavía siguió siendo el cuerpo de Dios mientras estuvo en la tumba?

Sabemos que en realidad fue Jesús quien derramó su sangre en la cruz, por eso llamar a la sangre de Jesús la sangre de Dios, demuestra la deidad de Jesucristo. Sin embargo, las implicaciones de este versículo no se detienen aquí. Si se puede decir que la sangre humana que fue derramada en el calvario es de Dios, esto indica que incluso se puede decir que la humanidad de Cristo es divina. [18] Cuando entendemos la verdadera naturaleza de la unión hipostática, debemos confesar que la humanidad que Dios asumió en la encarnación ha sido permanentemente incorporada en su existencia eterna como el Espíritu. La Escritura declara esto cuando dice "el Verbo [Dios] se hizo carne". La humanidad de Jesús no era la esencia del ser de Dios, pero debido a la unión hipostática, la divinidad fue milagrosamente manifestada en todos los aspectos de la humanidad de Jesús. Es de esta manera que se puede decir que el cuerpo de Jesús es el cuerpo de Dios. Por consiguiente, en ese sentido se puede decir que Dios nació de una virgen, sufrió, murió y resucitó. Esto no quiere decir que la muerte de Jesús fue diferente a la muerte de cualquier otro hombre. Cuando Jesús murió en la cruz, Él murió como cualquier otro ser humano moriría. Su espíritu humano se separó de su cuerpo (Mateo 27:50; Santiago 2:26).

¿Si la humanidad de Jesús se incorporó permanentemente en la divinidad, convirtiéndose en una parte de la existencia de Dios, entonces cuando el cuerpo de Jesús murió, murió el cuerpo de Dios? Daniel Segraves respondió a esta pregunta diciendo: "La plenitud de la deidad continuó manifestándose en su ser inmaterial, incluso durante el tiempo de su muerte, y en su resurrección su parte inmaterial y su parte  material fueron reunidas de forma permanente". [19] El cuerpo de Jesús aún era el cuerpo de Dios, incluso mientras que estuvo en la tumba.

Cuando se da a entender que Dios murió, se debe entender que no se está reclamando que el Espíritu de Dios murió. Un espíritu no puede morir. A lo que se está haciendo referencia es la existencia de Dios como un ser humano. Como hombre, Dios puede morir y realmente murió. La manera de disminuir el impacto de esta verdad que es difícil de tragar, podría estar en el uso de la terminología. En todo el Nuevo Testamento, el término "Hijo de Dios" es usado en referencia a la existencia de Dios como un ser humano. Este término se refiere específicamente a la encarnación de Dios. Fue en este estado que Dios murió. Parece mejor, entonces, decir que el Hijo de Dios murió. Esto es consistente con la terminología del Nuevo Testamento y de ninguna manera se aparta de la verdad de Hechos 20:28.


La Kenosis

Hasta ahora hemos establecido dos verdades importantes: Jesús es divino y Jesús es humano. También se ha demostrado que estas dos naturalezas coexisten en la persona de Cristo. Ahora en esta sección, volvemos nuestra atención hacia los diferentes aspectos y consecuencias de esta unión hipostática.

Existen dos corrientes principales de pensamiento con respecto a la obra y la persona de Cristo. La primera teoría, que es la más comúnmente aceptada sobre la manera en la que Jesús ministró, es que Él hizo lo que hizo porque Él era Dios. Jesús tenía la habilidad de curar a los enfermos y resucitar a los muertos porque Él era Dios. Tuvo la habilidad de saber cosas que estaban más allá de las normales capacidades intelectuales humanas porque Él era Dios. Él caminó sobre el agua porque Él era Dios. Este punto de vista sobre Jesús, da crédito a todo lo que Jesús hizo y dijo, basado en el hecho de que Él era Dios en la carne.

La otra corriente de pensamiento, es que Él ministró como un hombre ungido por el Espíritu Santo. Este punto de vista no desacredita, ignora o niega el pleroma de la deidad morando corporalmente en el hombre Cristo Jesús, sino que más bien ve a Dios tomando desde la fundación del mundo la decisión de limitar de buena gana el ejercicio de su propia deidad cuando Él asumiera una existencia humana, para que pudiera vivir su vida como un hombre en esta tierra de la misma manera y con las mismas limitaciones que enfrentan los seres humanos ordinarios.

Creo que el segundo punto de vista es más bíblico. Se deriva de lo que se ha llamado el "pasaje de la kenosis" de Filipenses 2:5-11. El pasaje de la kenosis, debe entenderse a la luz del pleroma de la deidad en Cristo. Los dos no pueden separarse, y tampoco se separan aquí en este pasaje de la Escritura. Después de una minuciosa exégesis de este pasaje, revisaré con más detalle las dos teorías. Esta exégesis sentará las bases para la discusión siguiente.

Para comprender plenamente el significado de este importante pasaje, se debe recurrir al griego original. La traducción al español, aunque es legítima, no expresa claramente la profundidad del significado en la lengua original.

Pablo relató el caso de la kenosis (vaciamiento) de Cristo, no para enseñar sobre la encarnación o la unión hipostática de la naturaleza dual de Cristo, sino para mostrar el ejemplo perfecto de la verdadera humildad y generosidad a las iglesias de Filipos, con el objeto de que la imitaran. Pablo quería que ellos tuvieran amor los unos para con los otros, que fueran de un mismo sentir, humildes de espíritu, que consideraran a los otros como mejores que ellos, y que se preocuparan por los demás y no sólo por las necesidades propias (2:2-4). Esta intención se ve en el versículo cinco, donde Pablo dijo: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Él presentó la kenosis de Cristo como un patrón a cumplir. Aunque este pasaje no tenía la intención de enseñar solamente la teología de Cristo, sin embargo nos proporciona una de las mejores teologías que hay sobre este tema en la Biblia. Examinemos ahora el griego que está detrás de estos versículos.

"El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Filipenses 2:6)

"Quién" (o el cual), es el pronombre que apunta a "Cristo Jesús" en el versículo cinco. Aunque el versículo seis diga que Jesús existió en forma de Dios, no se debe entender como que Jesús preexistió a la encarnación en forma humana. "Cristo" proviene del griego Christos, el equivalente del hebreo Messhiac, que significa "ungido". Este término es una referencia estricta a la humanidad, porque solamente como un ser humano es que Jesús podía ser ungido. Este término está enfocado en la encarnación. Esta humanidad no vino a existir sino hasta la concepción en el vientre de María por la obra del Espíritu Santo en torno al  año 4 a.C. El nombre "Jesús", significa literalmente "Yahvé ha venido a ser la salvación". No fue sino hasta el momento de la encarnación que Dios asumió este nombre (Mateo 1:21). Parece que la referencia de Pablo al sentimiento que estaba en Cristo Jesús, no es el de un sentimiento hallado en un Cristo preexistente a la encarnación, sino que era un sentir que se hallaba antes de la encarnación en el que nosotros conocemos hoy como Cristo Jesús, cuando Él era la Palabra que estaba con Dios, que es Dios mismo (Juan 1:1), y que fue hecho carne en la plenitud de los tiempos (Juan 1:14).

"El cual, siendo en forma de Dios" se traduce de hos en morphe theou huparchon. El griego huparchon, que se traduce como "siendo", proviene de dos palabras griegas: hupo, "bajo" y arjé, "principio". Implica la existencia tanto antes como después de las condiciones mencionadas en conexión con la encarnación. En este caso se habla de la preexistencia en la "forma de Dios". Morphe, en referencia a la preexistente "forma" de Dios, habla de esa "forma externa que representa lo que es intrínseco y esencial. Esto abarca no solamente lo que puede ser percibido por otros, sino lo que está objetivamente allí". [20] El énfasis está puesto sobre la esencia detrás de la forma, pero también reconoce la forma visible. Theou está en el caso genitivo, lo que indica posesión. Esta forma fue realmente poseída por Dios, su propia forma. La palabra es también inarticulada, es decir que no hay ningún artículo definido (él) antes de la misma. Cuando el texto griego usa un artículo con theos, parece estar haciendo hincapié en la persona de Dios. Sin embargo, sin el artículo se refiere al ser de Dios o su esencia divina. En este contexto, Pablo estaba señalando que esta forma existente de Dios no era su persona, sino su deidad esencial.

Lo que sea exactamente esta forma que Dios poseía, no lo sabemos. Sin embargo, probablemente esta existía desde la eternidad hasta que se dio la encarnación, o quizás hasta que se dio la ascensión, que sería el momento en el que el cuerpo de Jesús habría reemplazado a la necesidad de la forma visible de Dios.

Esta forma era por lo menos visible para los ejércitos celestiales, porque ellos se presentaron delante de Dios de alguna manera (1. Reyes 22:19; Job 1:6). Puesto que Dios es omnipresente, no puede haber ningún lugar específico donde vaya a reunirse, a no ser que Dios se aparezca en alguna forma visible, aunque esté en forma de Espíritu.

Pablo continúa diciendo que Cristo "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse". Esta frase se traduce de ouch harpagmon hesesato to einsai isa theoi. El significado de harpagmos, traducido como "aferrarse", no es fácil de determinar ya que esta palabra sólo se usa en esta oportunidad en el Nuevo Testamento. Incluso por fuera del griego bíblico todavía es poco frecuente, pero tiene el significado básico de "arrebatar violentamente" o "tomar ventaja de". A pesar de que comúnmente se ha dicho que significa "retener", tal uso no puede ser justificado. [21] Otros entienden harpagmos como "un premio que se agarra ávidamente". [22] Paul Feinberg, considera a la frase completa, ouch harpagmon hesesato, como una expresión idiomática que significa "aprovechar". Esto se debe a que aquí harpagmos se está utilizando como un predicado acusativo con un verbo, y lleva este mismo significado en fuentes extra-bíblicas. [23] El punto parece ser que Cristo, quien ya existía en la forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como algo de lo cual aprovecharse.

El término Isa, que proviene de isos, tiene que ver con la igualdad y semejanza. La imagen de Cristo, significa que Él era igual a Dios. Isa, de isos, tiene que ver con la igualdad y semejanza. Esto no quiere decir que haya dos seres distintos que son iguales entre sí en todos los sentidos, pues esto sería, en efecto, diteísmo. Hay que recordar que este pasaje está hablando de Jesucristo (la humanidad), y está demostrando que su deidad es la misma deidad que existía antes de la encarnación. Se está demostrando que la deidad de Cristo después de la encarnación, fue la misma deidad que había antes de la encarnación. Esto no puede significar que la deidad de Jesús es igual pero distinta a la del Padre, porque Dios no tiene igual (Isaías 46:5, 9). Si igual significa ser una persona distinta, entonces Jesús no sería una persona distinta del Padre, sino del mismo Dios, pues dice "igual a Dios", no "igual al Padre". Si "Dios" se refiriera a "toda una trinidad", entonces Jesús sería "igual a toda una trinidad" pero no "a una persona distinta perteneciente a una cierta trinidad". Así que esto no tendría ningún sentido, ni siquiera dentro del punto de vista trinitario. La comprensión del significado de la igualdad, es que la deidad de Jesús es idéntica a la de Dios, es decir Él es Dios. De acuerdo con Juan 1:1, la Palabra (el Verbo) era Dios mismo. Ningún otro lugar hace este hecho más explícito que el uso que los judíos le dieron al término "igual" en Juan 5:18. Aquí ellos acusaron a Jesús de hacerse igual a Dios, porque Él dijo que Dios era su propio Padre. Ellos nunca entendieron que esto significaba que Él es una persona como Dios, sino que Él es Dios mismo.

Este pasaje es de un enfoque puramente encarnacional. Lo que se discute es la preponderancia con la que Dios consideró a su encarnación. Así, en su encarnación, Dios puso a un lado la expresión de la esencia divina. [24] No consideró su existencia como la deidad, ni la forma visible de esta como algo para ser conservado, sino que voluntariamente renunció a su exclusividad para acomodar su existencia a la de un ser humano genuino (vs. 7-8). Esto no quiere decir que Dios puso a un lado su esencia divina. Este pasaje se refiere únicamente a su humillación, que se dispuso cuando asumió una existencia humana.

"sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2:7).

Los dos primeros segmentos de este versículo se traducen de alla heauton ekenosen morphen doulou labon. El griego alla, traducido como "sino que", indica una transición en el pensamiento o un pensamiento contrario. En este contexto, este: "sino que", indica las medidas adoptadas por Cristo en respuesta a la renuncia voluntaria de su forma visible e igualdad con la esencia divina. En lugar de mantener esta forma, Cristo "se despojó a sí mismo" (heauton, "a sí mismo", y ekenosen "se despojó").

La definición de la palabra kenoo, es "vaciarse o evacuar, en el sentido de desprenderse a uno mismo de las prerrogativas propias, humillarse a uno mismo; privar a una cosa de sus funciones propias" [25] Esta palabra tiene dos sentidos diferentes y ambos podrían ser utilizados aquí. Si se utiliza en un sentido metafórico, significa "de ninguna reputación" o "nada". Si se utiliza en un sentido metafísico,  significa "vaciar". El uso que Pablo dio a este término en otros lugares (Romanos 4:14; 1. Corintios 1:17, 9:15; 2. Corintios 9:3 - las otras únicas apariciones de esta palabra) favorece el sentido metafórico. El sentido metafísico es usado en la LXX para cosas que son vaciadas literalmente (como un frasco o una caja). Aunque el uno o el otro sentido podría ser utilizado aquí, el sentido metafórico es probablemente el más preferible porque Pablo está usando la encarnación de Cristo como el ejemplo de humillación. La idea sería que "Cristo se hizo nada". Esto encaja bien con la mención de Pablo sobre el "orgullo vacío", del que tan solo unos pocos versículos atrás se dice que buscaban los filipenses. Mientras que ellos estaban tratando de distinguirse buscando hacerse importantes, Cristo se hizo nada.

El griego labon es un participio adverbial modal, que es una forma de lambano, la palabra que significa "tomar". Como un segundo participio aoristo, describe la acción pasada de parte de Cristo, que tuvo lugar después de su vaciamiento (en la encarnación). Cristo se despojó a sí mismo, tomando sobre sí la forma de siervo. Él se despojó a sí mismo, mediante la adición de una nueva existencia a su eterna esencia divina.

Esto no tiene ningún sentido para nosotros. Matemáticamente sabemos que vaciar significa restar. Si usted comienza a vaciar una habitación de la gente que está en ella, entonces cada vez tendrá menos gente en aquel lugar que antes. El total de una sustracción, nunca puede ser mayor que el número original del cual el número inferior fue restado. Sin embargo, con Dios fue posible. Cuando Cristo se vació (o se despojó), Él no dejó su deidad esencial con todos sus atributos y características, pero le añadió la humanidad genuina y completa para existir en la forma de un siervo. Dios no perdió sus atributos divinos en la encarnación, pero ganó los atributos humanos. Entonces se puede decir que este vaciado se realizó añadiendo.

El contraste realizado por el término alla, se puede ver en el versículo seis, donde Pablo dice primero que Cristo estaba en forma de Dios (morphe theou), pero luego en el versículo siete contrasta lo anterior con la existencia que Él escogió para su encarnación, que es la forma de un siervo (morphen doulou).

Pablo continuó diciendo que Jesús fue "hecho semejante a los hombres". La palabra que describe la forma en que Cristo vino a ser un hombre es genomenos, que es la forma de aoristo segundo de ginomai, que significa "venir a la existencia". Al ser un tiempo aoristo, otra vez se refiere a que la acción ha ocurrido en el pasado. Esta semejanza entró en existencia en la encarnación, en el momento del vaciamiento de Cristo. Esto, al igual que el término labon, describe la manera en la que Cristo se vació a sí mismo.

"Semejante", no indica que la carne de Jesús era solo como la nuestra pero no de la misma sustancia. Pablo probablemente optó por utilizar la palabra homoiomati para referirse a su aspecto como un hombre común. Cualquiera podía mirar a Jesús y ver que Él era como nosotros en todos los sentidos. Otra posible razón por la que Pablo pudo haber elegido este uso de "semejante" fue la de evitar cualquier idea que condujera a pensar que la carne de Jesús se vio contaminada por la naturaleza pecaminosa inherente a todos los seres humanos. [26]

La correcta traducción/comprensión de Filipenses 2:6-7, es entonces la siguiente: "[Cristo] Quien estuvo existiendo continuamente en la esencia de deidad, no consideró esta igualdad visible con Dios como una cosa para ser retenida: sino que se vació a sí mismo (por la humillación alcanzada a través de la privación de sí mismo a sus propias funciones y prerrogativas) de esta igualdad visible con Dios, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres".

"Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Filipenses 2:8).

Kai schemati euretheis hos anthropos, que se traduce como "y estando en la condición de hombre", explica el momento de este vaciamiento/humillación de Cristo. He estado recalcando que lo que está a la vista es la encarnación, y todas las palabras que se refieren a la acción como habiendo sido realizada en el pasado se refieren a la encarnación, y aquí es donde esto se demuestra mejor. Se ve a través de la conexión con: "haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Es evidente que los acontecimientos de este pasaje rodean el tiempo del ministerio terrenal de Jesús, cuando Él se hizo hombre y caminó entre los hombres, para ser solidario con nuestros semejantes, es decir con la especie humana.

El punto de la obediencia de Jesús a Dios, y el grado de su genuina humanidad, es el hecho de que Él se sometió a aceptar la muerte, incluso la muerte en la cruz. [27]

Hay una gradación de la humillación a la que Dios se sometió, la cual Pablo nos presenta en orden sucesivo (vs. 6-8). Dios pasó de existir en una forma visible de la deidad, a renunciar a esta forma (pero no a su esencia divina) con el fin de tomar sobre sí la forma de un siervo, hecho semejante a los hombres. No solamente Dios se hizo hombre, sino que incluso se identificó con nosotros hasta el punto de la muerte, y esto a manos de su propia creación. No sólo murió, sino que murió de la muerte más despreciable de aquellos días.

Como consecuencia de esta lección de humildad, Dios "lo exaltó [a Jesús] hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2:9-11).

Esta exaltación no podía ser una exaltación de la deidad de Jesús, porque Él ya era la esencia divina morando en carne. Su deidad no podía ser exaltada, pero su humanidad sí lo podía. Por tanto su humanidad fue glorificada, y se le dio el honor de sentarse a la diestra de Dios. [28] Dios le dio el honor de que toda la humanidad reconociera su eterno poder y deidad, majestad y dominio en el juicio.

El único aspecto de su identidad, que Dios podía llevar consigo al cielo, fue la humanidad que no poseyó antes de la encarnación y que asumió permanentemente tras su encarnación. Como lo dijo Daniel Segraves: "Por lo que sabemos, la única diferencia entre la existencia pre-encarnada y la post-resucitada de Cristo, es que ahora la humanidad ha sido permanentemente incorporada en la deidad." [29]

El punto final que analizaremos con respecto a este pasaje, es que todas las apariciones del término "Dios" antes de la encarnación están sin el artículo, lo que indica que lo que está a la vista es la esencia de la deidad y no el ser de Dios (vs. 6-8). Sin embargo, después de la encarnación, se utiliza el artículo definido con theos, lo que indica que la persona de Dios está a la vista. Esta distinción y el marco de tiempo en la que se hace la distinción, es importante. El impacto de esto es lo siguiente: "Antes de que Él hubiera añadido una existencia humana plena a su deidad absoluta, habría sido inapropiado implicar cualquier distinción dentro de la deidad. La distinción surge con la aparición de una persona humana, aún cuando esta persona deba su existencia a la encarnación". [30] Después de que Dios se hizo hombre, Jesús es visto como siendo distinto, pero no separado de Dios, su Padre.


El Ministerio de Cristo en Relación con la Kenosis

Al principio de la sección sobre la kenosis, hablé de las dos teorías predominantes que contemplan la forma en que Jesús ministró: 1). Como un hombre ungido por el Espíritu Santo (ungido-ministrando), y 2). Como Dios (Dios-ministrando). En el examen de Filipenses 2:5-11 no me referí directamente ni expliqué alguna de estas dos teorías, sino que preparé el camino para el análisis de ambas.

Hay una gran cantidad de Escrituras que hablan de Jesús siendo ungido por el Espíritu Santo. Incluso el título "Cristo" que es atribuido a Jesús en numerosas ocasiones, significa "el Ungido". En las Escrituras, vemos que Jesús declaró que Él fue ungido por el Espíritu Santo cuando citó la profecía de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres..." (Lucas 4:18. La cursiva es mía), atribuyendo su cumplimiento en su ministerio. Solo unos pocos versículos antes, se dice que "Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea", indicado que estaba dotado de un poder que no tenía antes de ir al desierto, donde ayunó y fue tentado por el diablo (Lucas 4:1-14). Consideremos que si Él hubiera ministrado como Dios, no tendría sentido decir que Él aumentó en poder, pues Él siempre ha sido el Todopoderoso. Mateo declaró que Isaías profetizó sobre el ministerio de Jesús, cuando citó a Isaías diciendo: "He aquí a mi siervo, a quien he escogido, mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre Él, y Él anunciará juicio a los gentiles" (Mateo 12:18. La cursiva es mía). Si Jesús es la plenitud de la deidad encarnada, ¿cómo puede decirse que el Espíritu de Dios está "sobre Él?" ¿Acaso, Él no es Dios? ¿Cómo puede Dios ser ungido?

El libro de los Hechos tiene mucho que decir sobre el ministerio de Jesús. En el día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos: "Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de Él, como vosotros mismos sabéis..." (Hechos 2:22. La cursiva es mía). Jesús, como se dice, fue un hombre que fue aprobado por Dios. Incluso, Pedro declaró que los milagros que Jesús realizó fueron orquestados por Dios, y que Jesús sólo fue el agente por el cual ellos fueron administrados.

En la reunión de oración sostenida por los discípulos después de que Pedro y Juan fueron liberados del Sanedrín, ellos oraron a Dios diciendo: "verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste..." (Hechos 4:27). Note dos cosas importantes aquí. En primer lugar, los discípulos se dirigieron a Dios en esta oración (v. 24) y le hablaron acerca de Jesús, como si Jesús tuviera una existencia independiente o fuera un ser separado de Dios. En segundo lugar, los discípulos estuvieron de acuerdo en que Jesús fue ungido, y que su unción vino de Dios. Una vez más, se hace una distinción implícita que existe entre Dios y Jesús.

Cuando Pedro le predicó a Cornelio, se refirió a "como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él" (Hechos 10:38). Esto suena como indicaciones relativas a la forma en que Dios estaría con y ungiría a su Iglesia (Marcos 16:20; Lucas 24:49; Hechos 1:8). Jesús recibió poder para hacer el bien y para sanar a los oprimidos por el diablo a causa de la unción de Dios que estaba sobre Él. Pedro habla de Dios como siendo con Jesús y no como Jesús siendo Dios. ¿Esto significa que Jesús no era verdaderamente divino, sino que era un simple humano como nosotros? ¿Significa esto que Jesús es divino, pero que su deidad es inferior a la del Padre?

Todas las preguntas que he planteado, se han derivado solamente de estas pocas Escrituras, pero le permiten a uno ver la debilidad inherente de la opinión de Dios-ministrando. Aquella opinión no sólo es débil, sino que es totalmente contraria a la Escritura.

La otra única alternativa lógica, es confesar que Jesucristo fue ungido por Dios. Tenemos que entender las Escrituras que hablan de Jesús como un hombre ungido por el Espíritu Santo, a la luz de la kenosis de Dios. Dios tomó una decisión antes de la fundación del mundo, que sería la renunciar al ejercicio de sus poderes, atributos y prerrogativas divinas, con el propósito de vivir dentro de los límites que un verdadero ser humano debe vivir. Dios no abandonó sus atributos divinos (tales como la omnisciencia), pero los hizo latentes en Él. Aunque estos eran existentes en Él en su plenitud, Él quiso refrenar su ejercicio. "Al asumir la naturaleza humana, aceptó ciertas limitaciones en el funcionamiento de sus atributos divinos. Estas limitaciones no fueron el resultado de una pérdida de los atributos divinos, sino la adición de los atributos humanos". [31] En este estado, Jesús vivió su vida y llevó a cabo su ministerio como un hombre ungido por el Espíritu Santo, dependiendo de su Padre para todo lo que Él hizo.

A veces tenemos la idea de que debido a que Jesús era Dios, Él sanó a quien Él quiso, dijo que lo que quiso decir, y sabía ciertas cosas que trascendían el conocimiento humano ordinario. Jesús nos dio indicaciones sobre cómo ministró, conforme a como está registrado en el evangelio de Juan. Aunque más adelante voy a tratar con el significado teológico, voy a tocar aquí el significado práctico. Jesús dijo claramente acerca de su propia habilidad: "No puedo yo hacer nada por mí mismo" (Juan 5:30). Jesús no sabía qué enseñar, aparte de lo que su Padre le dijo. Las mismas palabras que pronunció, fueron ecos de lo que había recibido primeramente de su Padre (Juan 8:28, 8:38, 8:40, 12:49-50, 17:8). Jesús era destinatario de la revelación divina, no su autor.

En otra ocasión Jesús dijo: "No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace" (Juan 5:19-20. Ver también 3:32. La cursiva es mía).

Estos versículos tienen una importancia doble. En primer lugar, revelan que Jesús no tenía ninguna capacidad propia, sino que estaba en total dependencia de su Padre. En segundo lugar, estos versículos nos muestran la manera en que Jesús dependía de su Padre. Jesús vio las obras que su Padre estaba haciendo y luego realizó esas mismas obras aquí en la tierra. Al parecer, Jesús tuvo algún tipo de visiones e imágenes mentales que le permitieron conocer la voluntad de Dios. Las acciones de Jesús se produjeron a partir de su conocimiento de lo que estaba ocurriendo en el reino espiritual. Él no intentó nada y no dijo nada aparte de este conocimiento. Nada en su ministerio fue hecho por su poder humano. Él no espero que aquellos por los que oró fueran sanados, sino que sabía que serían sanados, porque la voluntad de su Padre era hacerlo. Si no fuera la voluntad de Dios, Jesús no habría intentado sanarlos.

Un buen ejemplo de esto, se puede ver en la curación que Jesús hizo a un hombre enfermo en el estanque de Betesda (Juan 5:2-9). Había multitudes de personas enfermas que llegaron hasta allí esperando ser sanadas. Lo sorprendente de esta historia, es que Jesús sólo curó a un hombre. La razón por la que Jesús no sanó al resto, no pudo ser por falta de fe de parte de ellos, pues su presencia dentro de aquel grupo demostraba que tenían fe. Todos ellos estaban esperando que un ángel agitara las aguas, creyendo que el primero en entrar a las aguas revueltas sería sanado. ¡Si esto no es fe en el poder de Dios, entonces no sé lo que es! ¡Incluso si ellos no tuvieron fe antes de que Jesús sanara a aquel hombre enfermo, seguramente habrían tenido fe para ser sanados después de haber visto caminar a aquel hombre paralítico! Simplemente no era la voluntad de Dios que los sanara. La voluntad de Dios era sanar solamente a aquel hombre. En otras ocasiones, la voluntad de Dios era sanar a todos los que se acercaron a Jesús para ser sanados, y por lo tanto Jesús los sanó todos (Mateo 8:16, 12:15; Lucas 4:40, 6:17-19).

Por la fe y la obediencia a lo que veía, Jesús trajo la realidad del mundo espiritual al reino natural. A través de esta obediencia, Él fue capaz de lograr la unidad que Dios destinó para que existiera entre el cielo y la tierra, entre los reinos invisible y visible. Jesús fue perfectamente conducido por el Espíritu, cumpliendo completamente con la voluntad de Dios en la tierra (Juan 5:30, 5:36). Uno de los medios por los que Él logró esto, fue a través de la operación de los dones del Espíritu.

Jesús tuvo que orar, porque Él confió en el Espíritu Santo para obtener fuerza y poder. Jesús usó los dones del Espíritu para llevar a cabo la voluntad de Dios, tal como nosotros lo hacemos. Él mismo dijo que expulsó a los demonios por el Espíritu de Dios (Mateo 12:28). Él supo que la mujer que halló en el pozo había tenido cinco maridos, porque le había sido dada una palabra de conocimiento por el Espíritu Santo (Juan 4:17). A través del discernimiento de espíritus, Jesús discernió el espíritu inocente de Natanael y el espíritu inmundo de un hombre que estaba en la sinagoga de Capernaum (Juan 1:47, Marcos 1:26). A través del don de fe, Jesús calmó una furiosa tormenta (Marcos 4:39-41). Jesús sanó a multitudes de gente enferma por medio del don de sanidad. Jesús hizo a los cojos andar por medio del don de milagros (Mateo 11:5; 15:30). Por la palabra de sabiduría, Jesús dirigió a los apóstoles sobre dónde debían echar las redes para que pudieran capturar una gran cantidad de peces (Lucas 5:4-10). A través del don de profecía, Jesús predijo muchos acontecimientos futuros.

El bautismo de Jesús, fue el momento en que fue ungido por el Padre con el Espíritu Santo y con poder para su ministerio. Los profetas, los sacerdotes y los reyes del Antiguo Testamento, siempre fueron ungidos de alguna manera para dar a entender que ellos fueron escogidos por Dios (Éxodo 28:41, 29:7; 1. Reyes 19:16). El aceite con el que fueron ungidos, era un símbolo del Espíritu Santo. Entonces Jesús, de una manera similar, tenía que ser ungido por el Espíritu Santo cuando vino a cumplir el papel de profeta, sacerdote y rey (Salmo 45:7-8; Isaías 61:1). En lugar de ser ungido con aceite, que era símbolo del Espíritu Santo, Jesús fue ungido por el mismo Espíritu de Dios.

Los sacerdotes eran lavados con agua y ungidos, con el propósito de ser consagrados para su oficio (Éxodo 29:4, 29:7). Esto puede tener cierta incidencia sobre el por qué Jesús fue bautizado en agua. Ciertamente Él no fue bautizado a causa del pecado, porque Él era libre de pecado. Él fue bautizado como un lavado para su ordenación como el Sumo Sacerdote para toda la humanidad (Ver Hebreos 7).

Esta unción que Jesús recibió, no significa que Él se convirtió en Dios o Cristo en su bautismo. Simplemente este fue el punto en el que Dios le ungió para el ministerio. Jesús tuvo que ser ungido para su vocación y ministerio, de la misma forma en que nosotros somos ungidos para el nuestro. Tenga en cuenta que no fue sino hasta después de su unción en el bautismo, que Cristo realizó su primer milagro (Juan 2:11; ungido por Dios en 1:32-33). ¿Por qué Jesús no realizó ningún milagro antes de este tiempo? ¿Por qué fue que Dios no lo utilizó para predicar y sanar hasta que tuvo más de treinta años de edad (Lucas 3:23)? Fue debido a que el tiempo para su ministerio terrenal todavía no había llegado, y por lo tanto la unción y el poder de Dios no estaban con Él para que lo hiciera así. A no ser que la voluntad de Dios sea la de sanar a alguien, éste no va a ser sanado. Si Él no sana a los enfermos, resucita a los muertos, da una palabra de conocimiento, una palabra profética, una visión o una revelación, ninguna de estas cosas va a suceder. No podemos obligar a Dios a que haga algo por nosotros. Sólo podemos hacer las obras de Dios de acuerdo con la voluntad divina. Para sus propósitos, Dios optó por no hacer nada sustancial a través de Jesús (perteneciente a su ministerio) sino hasta que Él tuviera más de treinta años de edad.

De acuerdo con este pensamiento, tenga en cuenta que no fue sino hasta después de su bautismo que Jesús pudo estar en la sinagoga de Nazaret anunciando en sí mismo el cumplimiento de la profecía de Isaías, diciendo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" (Lucas 4:18-19; ungido por Dios en 3:21-23). No fue sino hasta después de la unción de Cristo en su bautismo, que esta Escritura se cumplió. Antes de que Él fuera ungido en su bautismo, esta Escritura era todavía de naturaleza profética, aunque el que la cumpliría estaba vivo y habitando en el mundo.

Aunque Jesús ministró como un hombre ungido por el Espíritu Santo, esto no niega o minimiza su relación única y especial con el Padre. Jesús se diferenció de nosotros en su identidad como el Hijo de Dios. Él es Dios manifestado en la carne. Como resultado de ello, tuvo una relación especial con Dios que nosotros no podemos tener. No estoy hablando de nuestra cercanía a Dios, o del grado en que nuestro ministerio puede ser fructífero, pues podemos hacer todo lo que Jesús hizo, e incluso Jesús dijo que haríamos cosas más grandes que las que Él hizo (Juan 14:12). Obviamente, Jesús tiene privilegios especiales como el Hijo de Dios, que nosotros no tenemos. Estos incluyen cosas tales como el juicio a las almas de los hombres, el resucitar a los muertos y el sentarse en el trono durante el milenio como el gobernante del mundo.

Advierto esto, porque algunos podrían decir: "Si Jesús vivió su vida como un mero hombre ungido por el Espíritu Santo, entonces ¿cómo podría haber dicho que Él tenía el poder para llamar a doce legiones de ángeles para rescatarlo de la cruz (Mateo 26:53)? Jesús podría haber llamado a legiones de ángeles para que lo rescataran de la cruz, pero también podría haber decidido no ir a la cruz (Mateo 26:42). Teóricamente Jesús podría haber hecho estas cosas, porque Él era Dios y tenía el poder para hacerlo, pero el hecho es que no lo hizo. Basados en la kenosis, entendemos que Él no hizo estas cosas debido a su elección predestinada de limitar su existencia como un hombre ungido por el Espíritu Santo, viviendo en este mundo. Jesús no se aprovechó de sus poderes, porque su voluntad humana se sometió completamente a la voluntad divina, de modo que Jesús siempre hiciera las cosas que agradan a su Padre (Juan 8:29). Lo que complació al Padre, fue que Jesús no confió en su identidad como Dios.

Otra objeción podría plantearse en base a que Jesús perdonó los pecados. Sólo Dios tiene el poder de perdonar los pecados, así que ¿cómo podría Jesús hacer esto, si Él ministró como un hombre ungido por el Espíritu Santo? Jesús tuvo esta prerrogativa debido a su identidad como el Hijo de Dios, pero esta prerrogativa no era peculiar de él a causa de esta identidad, y tampoco fue una prerrogativa arbitraria. Jesús dijo que nosotros también tenemos el poder de perdonar o retener los pecados. Él dijo a sus discípulos: "A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos" (Juan 20:23). ¿Esto significa que tenemos el poder de perdonar los pecados? ¿Significa que decidimos quién es perdonado y quién no? No. Significa que todos aquellos a quienes declaramos perdonados por la fe y el arrepentimiento, ya han sido perdonados por Dios. Aquellos a quienes retenemos sus pecados, reflejan la falta de perdón de Dios para con ellos debido a su falta de fe y arrepentimiento. Nosotros simplemente nos limitamos a representar aquí en la tierra el juicio que ya se ha hecho en el cielo. [32]

Fue de esta manera como Jesús perdonó el pecado. Él no podía saber la condición del corazón, aparte de la revelación que le diera su Padre. Jesús perdonó a los que su Padre perdonó. La decisión de Jesús no fue arbitraria, ni se originó dentro de su propia voluntad, sino que era el propósito del Padre que esto fuera llevado a cabo en su ministerio.

Jesús nos dio esta responsabilidad antes de ascender al cielo. Si Él perdonó pecados porque Él era Dios, entonces ¿cómo podría realmente haber esperado que nosotros realizáramos esta misma responsabilidad, sabiendo que nosotros no tenemos las prerrogativas divinas para hacerlo? Esto sólo se puede fortalecer por el hecho de que Jesús perdonó el pecado en obediencia a la dirección del Espíritu Santo, el cual le permitió conocer que su Padre ya los había perdonado. Jesús se pronunció perdonando aquel pecado que su padre ya había perdonado en el cielo. Esto fue hecho como un hombre ungido por el Espíritu Santo. Jesús sabía que nosotros podíamos hacer lo mismo, ya que somos seres humanos que dependemos del Espíritu Santo como Él lo hizo.

La comprensión de esta restricción o limitación de la deidad por elección divina, es la llave para la comprensión del ministerio y la obra de Cristo. Esta es la misma llave que nos dará entendimiento acerca de algunas de las declaraciones de Jesús que parecieran dar a entender que Él es menos que Dios, así como también de algunas de las acciones de Jesús y de la terminología de las Escrituras que se refieren a la relación entre Jesús y Dios el Padre. [33]


La Obra de Cristo en Relación con la Kenosis

El pasaje de la kenosis no solo tiene incidencia significativa en la comprensión del ministerio de Cristo, sino que también tiene incidencia significativa en su obra. El ministerio que Dios necesitó realizar a favor del hombre, es la razón por la que optó por limitar su esencia divina cuando asumió una existencia humana.

El Nuevo Testamento tiene mucho que decir acerca del sacerdocio de Cristo o su papel mediador, sobre todo en el libro de Hebreos. Un sacerdote es alguien que representa al pueblo de Dios. Por contraste, un profeta llega a la gente representando a Dios y su Palabra. Por ejemplo, Pablo dijo que "hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1. Timoteo 2:5). Tenga en cuenta que es el hombre Cristo Jesús, quien es el mediador. Si la deidad de Jesús sirvió como mediadora, entonces tendríamos que creer que su deidad es inferior a la del Padre. Pablo declaró específicamente, que el hombre Cristo Jesús es quien desempeñó este papel mediador. En la encarnación, Jesús se convirtió en el mediador entre Dios (Espíritu) y el hombre (carne), al asumir la humanidad. Él pudo ser este mediador, porque Dios unió la deidad completa y la humanidad completa en la única persona de Jesucristo.

Jesús declaró su papel de mediador cuando dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6).

El autor de Hebreos, hizo hincapié en el sacerdocio de Jesús a los creyentes (2:17-18, 3:1, 4:14-16, 5:1-10, 6:20, 7:1-28, 8:1-13, 9:11, 9:24-28, 10:11-12, 10:21-22, 13:11-12). Aunque este no es el único propósito de la encarnación, es uno de los más importantes para nosotros. Entendemos mucho mejor el por qué Dios escogió limitar el ejercicio de su deidad, cuando comprendemos su papel como el Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto. Al igual que cualquier sacerdote tiene que ser solidario con aquellos a quienes representa ante Dios, Jesús también fue capaz de solidarizarse con aquellos a quienes representa ante Dios, porque Él era un ser humano auténtico como nosotros (Hebreos 2:14, 2:16-17, 5:1-3, 5:5-6).

El autor declaró el propósito de la encarnación de Dios, cuando dijo: "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel Sumo Sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Hebreos 2:17-18). Dios se hizo hombre, de modo que Él pudiera ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel para la humanidad perdida. Como parte de ser un humano, Jesús enfrentó tentaciones genuinas (Mateo 4:1-11 y Lucas 4:1-14). Dios quiso ser tentado en la carne, para poder ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel para nosotros.

Algunos ven un problema en esto, porque Santiago 1:13 dice que Dios no puede ser tentado. Su razonamiento es que si Jesús es Dios, Él no podría haber sido realmente tentado, por lo que sólo parecía que Jesús fue tentado. El otro único camino para los que ven un problema aquí, sería el de confesar que Jesús fue tentado en verdad, pero que no era realmente Dios. Esto no es plausible, por lo que negar la verdad de sus tentaciones no es la ruta para explicar las tentaciones de Cristo. Al hacer esto, se negaría la integridad y la autenticidad de su humanidad.

Negar la legitimidad de las tentaciones de Jesús, no es la respuesta para conciliar esta aparente contradicción. La respuesta se encuentra en la comprensión de la naturaleza de la encarnación. Debido a que Dios asumió una existencia humana auténtica, Él experimentó la tentación como cualquiera de nosotros. No se puede argumentar que Jesús no pudo haber sido tentado porque Él no tenía la naturaleza de pecado, ya que Adán y Eva experimentaron la tentación, y sin embargo eran sin pecado. La diferencia entre Jesús y Adán, es que Jesús nunca sucumbió ante el poder de la tentación.

La tentación de Jesús no fue solo una experiencia genuina, sino que Él debe haber sentido todo el peso de su poder, porque nunca se rindió ante ella. A menudo, cuando somos tentados, cedemos con bastante rapidez, por lo que nunca sentimos todo el peso del poder de la tentación. Jesús resistió la tentación por el poder del Espíritu Santo, hasta que la derrotó. Cuanto más la resistió, más Satanás quiso ponerla sobre Él. Debido a que Jesús sintió toda la fuerza de la tentación, es que Él "es poderoso para socorrer a los que son tentados".

Si fue con base en su deidad que Jesús venció las tentaciones que enfrentó, ¿qué clase de victoria sería esta? Si Jesús resistió la tentación porque Él era Dios, no se puede decir que la enfrentó verdaderamente o que sintió la tentación, ya que Dios no puede ser tentado. En lugar de confiar en su deidad (que era latente dentro de él), Él puso su confianza en el Espíritu Santo como cualquier hombre debe hacerlo para vencer la tentación. Jesús tuvo éxito donde Adán falló, no porque Él sea Dios, sino porque Él se sometió perfectamente al Espíritu Santo. Él es nuestro ejemplo que nos recuerda que nosotros también podemos vencer la tentación si nos apoyamos en el poder del Espíritu Santo. Jesús sintió verdaderamente nuestras tentaciones y fue capaz de superarlas a través del poder del Espíritu, y ahora es capaz de compadecerse de nosotros y de ayudarnos cuando nos enfrentamos a nuestras tentaciones.

En esta misma línea de pensamiento, el autor declara: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:15). Debido a esta realidad, el autor advirtió: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (v. 16). Otra vez aquí, se dice que Jesús fue tentado. No fue una fachada o farsa, sino que fue realmente sentida por Jesús. No sólo fue tentado, sino que Él fue tentado en todo según nuestra semejanza.

Aunque yo creo que Jesús fue tentado por algunas de las mismas cosas que nos tientan a nosotros (el licor, la fornicación, el robo, la mentira, etc.), no creo que fue tentado en cada una de las tentaciones a las que nosotros nos enfrentamos. Jesús no pudo haber hecho frente a la tentación de consumir heroína, porque este narcótico no era conocido en aquel tiempo, y seguramente las jeringas todavía no se habían desarrollado. La cultura y los avances tecnológicos de una sociedad, afectan la manera en que uno puede ser tentado. Parece mejor entender que fue tentado en todo, como una referencia a las tres raíces de todo pecado: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1. Juan 2:16). No importa cuál sea la tentación a la que uno se enfrente, esta se puede remontar a una o más de estas tres raíces del pecado.

Hago hincapié en que Jesús fue tentado de verdad, porque si esto no fue así, entonces no se podría decir que Él es verdaderamente humano. Aunque el pecado no es una marca distintiva de la existencia humana, la posibilidad de ser tentado sí lo es. Si Dios no hubiera renunciado al ejercicio de sus prerrogativas divinas cuando vino en carne, Él no habría sido un verdadero ser humano como nosotros. Sin embargo, tuvo que ser un humano en todos los sentidos, para poder redimirnos de la maldición del pecado. Si Jesús se basó en su deidad para funcionar en esta vida, Él no podría haber sentido realmente nuestras tentaciones y por lo tanto no podría haber sido un fiel sumo sacerdote para nosotros en lo que a Dios se refiere. Ya que Él sintió la magnitud completa de nuestras tentaciones, Él puede compadecerse de nuestras debilidades y darnos la gracia para vencerlas.

Esta limitación que Dios se impuso sobre sí mismo cuando se hizo hombre (2. Corintios 5:19) puede ser ilustrada en algo así como si por su propia voluntad e intencionalmente, el más rápido velocista del mundo decidiera correr en una competencia atando sobre sí un pesado saco. La unión del corredor con la bolsa, lo hará considerablemente más lento. Este tipo de carrera sería una experiencia nueva para él. A pesar de que su fuerza física individual y su velocidad no han disminuido, se han circunscrito por las condiciones que ahora existen. El corredor se ve reducido por la limitación de la bolsa, no por la pérdida de su capacidad de funcionamiento. Todavía podría correr tan rápido como siempre lo hace, pero aquella capacidad no es accesible, ya que está limitada por el peso del saco.

O considere que todo un equipo de béisbol cambiara por su propia voluntad la postura de bateo. O sea, que todos los derechos batearan por el lado izquierdo y viceversa. En ambos ejemplos, la esencia de su capacidad y su fuerza no han disminuido, pero las condiciones impuestas sobre sí por su propia voluntad, han limitado el ejercicio de su potencial. [34]


La Relación de Jesús con el Padre

La Escritura abunda en declaraciones y terminologías que parecen implicar una inferioridad de Jesús con Dios, o del Hijo con el Padre. Incluso el propio Jesús dijo que su Padre era mayor que Él (Juan 14:28). En otra ocasión, Jesús dijo: "No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace" (Juan 5:19-20. Ver también 3:32). Él dijo claramente de su propia capacidad, "No puedo yo hacer nada por mí mismo" (Juan 5:30).

El Evangelio de Juan está lleno de afirmaciones como éstas. Según Jesús, aún lo que Él enseñó lo recibió de su Padre. Las mismas palabras fueron enseñadas primero a Él, antes de que Él las enseñara a los demás (7:16, 8:26, 8:28, 8:38, 8:40, 12:48-50, 17:8). Jesús era el destinatario y no el autor de la revelación divina. Habló del Padre estando con Él (8:29), y dijo que era procedente y enviado por el Padre (8:42, 14:24, 16:27-28, 17:8, 17:18), que volvería al Padre (16:5, 16:7, 16:10), y que fue santificado por el Padre (10:36). Se dice incluso que el Padre honra al Hijo (8:55).

La Escritura se refiere comúnmente a Dios y a Jesús como si fueran dos personas distintas. Jesús continuamente habló de su Padre y dijo estar con su Padre, como si estuvieran separados el uno del otro. Hablando de su Padre, le dijo a los fariseos, "el que vosotros decís que es vuestro Dios" (8:54). Jesús también dijo: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él... El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:21, 23).

La larga oración que Jesús hizo por sus discípulos y que se encuentra en Juan capítulo 17, está llena de este tipo de terminología. En el versículo tres, Él dijo: "Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Aquí Jesús llamó Dios al Padre. A pesar de que Jesús era Dios, Él reconoció a Dios el Padre como superior a sí mismo, y habló con Él de una manera como cualquier otro ser humano lo haría.

Jesús habló de sí mismo en tercera persona. Esto nos da una idea de la forma en que los hebreos utilizaron el lenguaje. No tiene sentido que hablemos de nosotros mismos usando nuestro propio nombre como si estuviéramos hablando de alguien más. Este uso peculiar de las palabras puede ayudarnos a entender las particularidades de estas y otras declaraciones bíblicas.

¿Juan registró todas estas declaraciones para demostrar que Jesús era, de alguna manera inferior al Padre o separado de Él? No parece probable, ya que el evangelio de Juan también contiene algunas de las afirmaciones más poderosas acerca de la deidad de Jesús y su igualdad con Dios. Tales declaraciones incluyen "Yo y el Padre uno somos", "Antes que Abraham fuese, yo soy", y "El que me ha visto, ha visto al Padre".

Frecuentemente Jesús habló de su relación con el Padre: "Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí" (Juan 10:38, 14:10-11, 17:21). No se puede decir que el Hijo es el Padre, o que el Padre es el Hijo. El Hijo, por definición, es a la vez divino y humano, mientras que únicamente el Padre es divino. Aunque la deidad del Hijo es de la misma esencia que la del Padre, la deidad del Hijo está inextricablemente unida a la humanidad formando una existencia distinta a la existencia de Dios como un Espíritu trascendente. La deidad del Padre está en el Hijo, pero la existencia del Hijo es diferente a la del Padre. Hay por lo tanto una distinción entre el Hijo y el Padre, pero no hay ninguna separación. La deidad del Hijo no es otra que la de Yahvé mismo, después de haber descendido a la forma de un siervo, hecho semejante a los hombres. Por ello, nos encontramos con declaraciones como: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió" (Juan 12:44-45). En otra ocasión, Jesús dijo: "El que me recibe a mí, recibe al que me envió" (Juan 13:20). ¿Cómo es que creer en Jesús equivale a creer en Dios? ¿No es posible creer en Jesús, pero no creer en Dios? ¿O cómo es posible haber visto a Dios, cuando uno en realidad sólo ha visto el cuerpo físico de Jesús? ¿No se puede aceptar a Jesús sin aceptar al Padre? Según Jesús, la respuesta es no.

Jesús hizo declaraciones aún más profundas de esta naturaleza. Estas incluyen: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis y le habéis visto" (Juan 14:6-7). Jesús no es sólo el camino al Padre, sino el Padre que sólo puede ser conocido a través del Hijo. A nosotros nos parece que el Padre pudiera llegar a ser conocido aparte del Hijo, pero de acuerdo con Jesús, esto no es posible. A los judíos que odiaron a Jesús por lo que Él dijo e hizo, Él les advirtió: "El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece" (Juan 15:23). Probablemente uno de los mejores ejemplos que demuestran este punto, se encuentra en 2. Juan 9, donde Juan dijo: "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo" (Ver también Juan 2:23-24). Si usted acepta a la persona de Cristo, usted tiene al Padre y al Hijo. Todas estas Escrituras transmiten una verdad común, a saber que el conocimiento acerca del Padre está ligado al conocimiento acerca del Hijo.

Esto se puede comparar con las identidades de padre e hijo que nosotros experimentamos. Cuando un hombre nace, experimenta el papel de un hijo. Aunque Él sabe que el papel de padre existe, todavía no ha tenido la experiencia personal de éste. Al transcurrir el tiempo, puede agregar el rol de la paternidad a su identidad. Entonces llega a ser simultáneamente un hijo y un padre. Su identidad añadida como padre no niega su identidad como hijo, sino que se limita a añadir un rol con sus características correspondientes a su rol actual como un hijo.

De la misma manera, pero al revés, Dios añadió otra identidad sobre sí mismo cuando se hizo hombre. Dios siempre ha sido deidad, pero en el proceso de su plan para redimir al hombre le añadió la humanidad a su deidad. Su deidad no se vio comprometida o mitigada mediante la adición de este papel a su identidad, pero sin embargo su existencia exclusiva como la deidad fue compartida con una nueva existencia humana. Dios nunca abandonó su deidad eterna e ilimitada al convertirse en el Hijo, al igual que un padre humano no renuncia a su identidad como hijo cuando se convierte en padre, porque no hay ningún cambio esencial en su persona, sino un cambio en su existencia, ya que ahora experimenta un papel que antes sólo conocía como un concepto. Entonces en un padre humano, el papel de padre pasa de ser a priori (antes de, e independientemente de la experiencia) a posteriori (partiendo de la realidad y dependiente de la experiencia). Lo que una vez fue un concepto abstracto, se convirtió en una realidad objetivamente entendida y de naturaleza empírica (conocimiento adquirido por la experiencia).

Usted puede conocer a una persona como un hijo, sin conocerlo en su papel de padre. Cuando la identidad de padre se agrega a su identidad como hijo, conoce a la persona en su papel de padre y asume que él también es un hijo. De la misma manera, pero exactamente en el orden inverso, Dios asumió la condición de Hijo mientras que asumimos que Él también es el Padre. Así que el conocimiento de Dios en su encarnación (deidad y humanidad) asume el conocerle en su deidad. Su identidad como ser humano, fue añadida a su identidad como Espíritu. El conocimiento del Padre está ligado en el Hijo, porque la deidad esencial del Padre está en el Hijo. Conocer a Jesús (Dios en su inmanencia) es conocer al Padre (Dios en su trascendencia). El conocer al Hijo, asume también el conocer al Padre, pero lo contrario no es cierto. No se puede conocer a Jesús al conocer al Padre, porque la identidad de Jesús va más allá que la del Padre, pues el Hijo tiene un componente de existencia que el Padre (Dios en su trascendencia) no tiene, es decir la humanidad. (Ver la figura siguiente). En cierto sentido se puede decir que Jesús es más que Dios; pero no más en su deidad, sino más con respecto a la adición de su existencia humana.


Probablemente las declaraciones más incomprensibles de todas, son aquellas que hablan de Jesús teniendo a un Dios. Este tipo de declaraciones crean una sensación de inquietud entre los unicitarios y trinitarios por igual. Pablo oró "que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él" (Efesios 1:17). Pedro también utilizó esta misma terminología cuando dijo: "Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia..." (1. Pedro 1:3). En el idioma griego, el artículo definido aparece con "Dios", pero no con el "Padre". Esto significa que el "Padre" y "Dios" son dos términos que se refieren a la misma persona. El Padre de Jesús es también el Dios de Jesús. Si Jesús era Dios manifestado en carne, ¿cómo puede ser dicho que Él tiene un Dios? Esto parece contradictorio. Parece dar a entender que Jesús no es divino en absoluto, o que su deidad es inferior a la del Padre, y así el Padre es el Dios de Jesús. (Ver también 2. Corintios 11:31; Efesios 1:3; Hebreos 1:9; Apocalipsis 3:12).

En las bendiciones de las epístolas de Pablo, algo que se suele decir es: "Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo". [35] ¿Por qué este uso dual? ¿Por qué los escritores de la Biblia saludan a las iglesias o a las personas a las que les escribieron con la paz de Dios y de Jesús? Dios y Jesús parecen ser mencionados como individuos separados. Es interesante que raramente encontremos una mención del Padre, de Jesús y del Espíritu Santo en un versículo o pasaje. Por lo general, sólo se habla del Padre y de Jesús. ¿Por qué es que el Espíritu Santo siempre es "dejado de lado"? Los escritores del Nuevo Testamento tienen un propósito con este tipo de terminología.

Este tipo de declaraciones no puede ser ignorada o negada. La solución para la comprensión de este tipo de Escrituras, no se encuentra en la negación de la divinidad de Jesús, ni se resuelve al postular a un Dios en el cual dos personas conocidas como "Dios" participan igualmente de la deidad. La solución radica en el reconocimiento de la humanidad completa, auténtica y genuina de Jesús; [36] una humanidad que impuso limitaciones (voluntaria e intencionadamente) a su deidad, para que pudiera vivir en el mismo plano que cualquier otro ser humano, participando de todas sus experiencias.

Cuando Dios asumió la humanidad, Él adquirió una conciencia y una identidad que nunca poseyó antes de la encarnación. Él no tuvo una sique humana abrumada o consumida por su deidad. Jesús ejerció su naturaleza humana (con su conciencia, su espíritu, su voluntad, su mente, sus emociones y su carne) de tal manera que se requirió que en la encarnación se hablara de Jesús como si poseyera una identidad distinta pero no separada del Padre [37] Así como nos encontramos con una distinción, pero no con una separación entre las dos naturalezas de Cristo, encontramos también una distinción, pero no una separación entre Dios y Jesús, o el Padre y el Hijo. Este punto de vista "no compromete la deidad de Cristo o el monoteísmo radical de la teología bíblica, pero sí da crédito a la integridad y autenticidad de su naturaleza humana [la de Jesús]. Cualquier otra explicación sí compromete la integridad de su divinidad o de su humanidad". [38]

Todas las Escrituras anteriores, demuestran la relación entre la humanidad genuina y completa de Jesús (con su deidad latente en esa humanidad genuina) y el Espíritu trascendente del Padre. Ya que Jesús no se afianzó de su deidad con el fin de experimentar las limitaciones de la humanidad, Él necesitó de una relación con Dios. Con base a su humanidad, Jesús pudo decir que su Padre es mayor que Él mismo. El Padre es mayor, no porque su deidad sea mayor que la de Jesús (Jesús es Yahvé en la carne), sino en el sentido de que el Padre (Dios como el Espíritu auto- existente) no está sujeto a ninguna de las limitaciones de la existencia humana como lo estuvo Jesús. En la limitación voluntaria de su deidad, experimentó una vida como la de un hombre ungido por el Espíritu Santo, y por eso Jesús pudo decir que Él no podía hacer nada por sí mismo, sino lo que veía hacer al Padre. Jesús tuvo que confiar en su Padre, quien le enseñó y le mostró lo que Él quería que Jesús hiciera. En su humanidad, el conocimiento de Jesús era tan limitado que no sabía el día y la hora de su segunda venida. ¡Finalmente, en su humanidad genuina, se puede decir incluso que Jesús tenía a un Dios! La razón por la que Pablo casi siempre menciona en sus bendiciones a Dios el Padre y al Señor Jesucristo, se debe a que ahora conocemos a Dios en dos manifestaciones principales: Dios trascendente como el Espíritu auto-existente, y Dios inmanente tal como Él vino en carne para redimir nuestras almas. Pablo y otros, no escribieron de esta manera para mostrar una separación en la Deidad, sino para mostrar la distinción entre la existencia como el Padre y como el Hijo, debido a la adición de la humanidad, y sin embargo, al mismo tiempo, la unicidad de la Deidad.


Relevancia Para la Vida y el Ministerio

Realmente no importa lo mucho que sepamos acerca de la mecánica de la encarnación, debemos recordar que nunca podremos comprenderla. Podemos afirmar y creer que las declaraciones contenidas en la Escritura son verdaderas, pero realmente nunca podremos entender cómo Dios, quien es el Espíritu eterno, pudo convertirse en un hombre. Debemos aceptar por fe que la deidad hizo concebir a una mujer, y cuando esto ocurrió, en la persona de Jesús la deidad se unió con la humanidad y la humanidad se unió con la deidad, sin que ninguna naturaleza fuera comprometida o anulada por la otra.

Pablo habla del "misterio de la piedad" (1. Timoteo 3:16). Este misterio no es otro que "Dios fue manifestado en carne..." La encarnación es el mayor milagro que ha ocurrido alguna vez. Por naturaleza, un milagro es algo inexplicable y misterioso para la mente humana. Esta es la razón por la cual la fe y el misterio siempre deben jugar un papel importante en la cristología. Por la fe, podemos conocer y aceptar como verdaderas las declaraciones bíblicas acerca de la unión hipostática, pero nunca entenderemos totalmente como esto fue posible, ni los detalles técnicos de cómo ocurrió. Siempre debemos mantener una actitud de humildad, al contemplar cómo Dios y el hombre pueden coexistir en la única persona de Jesucristo.

Entonces, ¿qué significado práctico tiene la kenosis para nosotros? ¿Es sólo un manojo de palabras vestidas como teología para confundirnos? No. Es la manera en la que vemos cómo Dios nos ha amado completamente. Él nos amó tanto, que se identificó con nosotros en todos los sentidos, aún hasta el punto de limitar el ejercicio de sus atributos y poderes divinos para poder hacerle frente a los sufrimientos y las dificultades que nosotros enfrentamos. El propósito de esta limitación, era que Él pudiera entender completamente lo que nosotros afrontamos en esta vida, y que después de superar las tentaciones y las dificultades pudiera llegar a ser nuestro ejemplo y pudiera ofrecernos ayuda en los momentos de necesidad. Él nos mostró cómo al fundamentarse estrictamente en el Espíritu Santo como la fuente de poder y unción, pudo vencer la tentación y ser perfectamente guiado por el Espíritu, demostrándonos que nosotros podemos hacer lo mismo. Jesús no era "un clase aparte", sino que llegó a ser uno de nosotros. Él es un hombre con el que podemos identificarnos, un hombre que podemos tomar como modelo para nuestra vida.

Podemos confiar en que Jesús sabe lo que nos pasa… Cuando nos sentimos desamparados, podemos saber que Él sintió lo mismo en la cruz (Mateo 27:46). Cuando estamos luchando contra la voluntad de Dios, podemos confiar sabiendo que Jesús también tuvo este tipo de problemas en el Huerto del Getsemaní cuando Él tuvo que orar a su Padre para no ir en contra de su voluntad (Mateo 26:36-44). Jesús es nuestro ejemplo para el ministerio, para vencer la tentación y para empatizar con los demás (2. Corintios 1:3-7).

La cristología también nos demuestra cómo la persona de Cristo atañe a nuestra salvación. Si Él no fuera perfecto hombre y perfecto Dios, no podría salvarnos. Cuando experimentamos la salvación, esta no es una mera experiencia, sino un encuentro con Jesucristo. La iglesia primitiva entendió las implicaciones soteriológicas de la persona de Cristo y por ende luchó con vehemencia para preservar un entendimiento de Cristo que estuviera en consonancia con las Escrituras y con la experiencia de su encuentro salvífico con Cristo. Del mismo modo, nuestra doctrina de Cristo no es sólo un manojo rebuscado de palabras y conceptos filosóficos, sino que define la comprensión de nuestra salvación – nuestra experiencia con Jesucristo, el Dios-hombre de Galilea.


Notas al Pie

[1] Todas las referencias a las manos de Dios (Isaías 48:13), la nariz de Dios (Éxodo 15:8) y los ojos de Dios (Proverbios 15:3), deben entenderse como expresiones antropomórficas que tratan de relacionar a Dios con nosotros en términos humanos. Dios no es un cuerpo gigantesco en el cielo. Tener un cuerpo, indica la limitación a un espacio, pero Dios es omnipresente y por lo tanto no está limitado por ninguna forma o cuerpo (1. Reyes 8:27; Salmo 139:7-13). Si quisiéramos entender estas Escrituras como descripciones físicas de Dios, entonces también nos veríamos obligados a creer que Dios es como un ave, porque las Escrituras hablan de Dios como teniendo alas (Salmos 91:4). La Escritura declara que Dios es Espíritu (Juan 4:24), y los espíritus, por definición, no tienen cuerpos físicos (Lucas 24:36-39).
[2] Diccionario Expositivo de Palabras Bíblicas de Vine. Thomas Nelson Publishers, 1985, Estudio Bíblico para PC. Software para Computador. Versión 2.1. Biblesoft. Seattle, WA. 1993-1996.
[3] Ibídem.
[4]  Ibídem.
[5] A.T. Robertson, Imágenes Verbales en el Nuevo Testamento (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1932), 5:336
[6] Liddon, como se encuentra en el Diccionario Expositivo de Palabras Bíblicas de Vine en el Estudio Bíblico para PC.
[7] La Biblia. Nueva Versión Internacional.
[8] Pablo escribió la epístola a los Colosenses alrededor del año 64, unos 34 años después de la muerte y resurrección de Jesús, pero en ese momento él dijo que la plenitud de la Deidad "habita" en Jesús corporalmente. "Habita" está en el tiempo presente en griego y en español. Esto indica que en el año 64, la plenitud de la Deidad todavía estaba habitando en el cuerpo físico de Jesucristo, tal como ahora.
[9] Daniel L. Segraves, Teología Sistemática I (Stockton, CA: np, 1997), 31
[10] Millard J. Erickson, Teología Sistemática (Grand Rapids: Baker Book House, 1985), 752.
[11] La única diferencia entre las experiencias de Elisabet y María, fue la relación sexual. Elisabet concibió con este método, mientras que María no. María concibió cuando el Espíritu Santo se posó sobre ella (Lucas 1:35). Las relaciones sexuales no deben confundirse con la concepción. Los dos eventos no son lo mismo. La concepción es la unión del espermatozoide con el óvulo (es decir cuando una hembra queda embarazada), y ésta sí fue la similitud entre Elisabet y María.
[12] Segraves, 7.
[13] Ibídem.
[14] Ibídem, 7.
[15] Ibídem, 49.
[16] Esta es una cita del Credo de Calcedonia del año 451. Desde entonces, este credo ha sido la declaración relativa a la cristología ortodoxa. Aunque nosotros no basamos nuestra fe o nuestra doctrina en un credo surgido en la historia de la iglesia, éstos pueden ser utilizados para nuestros propósitos cuando están de acuerdo con la verdad bíblica. En este caso, el Credo de Calcedonia concuerda con la verdad bíblica y por lo tanto lo he utilizado aquí.
[17] Erickson, 735.
[18] Esto no significa que la humanidad de Jesús sea diferente de alguna manera a la nuestra. La única forma en que podría decirse que su humanidad es diferente a la nuestra, es que su humanidad sólo existe por su unión con el Espíritu de Dios, mientras que nuestra humanidad existe por la unión de dos padres humanos. La diferencia entre nuestra carne y su carne, es una cuestión de origen y de subsistencia. El origen y la subsistencia de su carne, parten de la concepción provocada por la concepción milagrosa del Espíritu Santo en el vientre de María, mientras que la nuestra es de la influencia genética de ambos padres, provocada por una concepción natural.
[19] Segraves, 7.
[20] Homer A. Kent Jr., Comentario Expositivo de la Bíblia, ed. Frank E. Gaebelein. Vol. 11 (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1978), 126, como se encuentra en Segraves, 11.
[21] Feinberg, "La Kenosis y La Cristología: Un Análisis Exegético-Teológico de Filipenses 2:6-11", que se encuentra en Trinity Journal, 1980), 41.
[22] Bauer, Arndt y Gingrich, Un Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento y de Otra Literatura Cristiana Primitiva (Chicago: University of Chicago Press, 1979), 108, como se encuentra en Segraves, 12.
[23] Paul Feinberg, 34-35.
[24] Kenneth S. Wuest, Estudio de Palabras del Nuevo Testamento Griego de Wuest, vol. 2. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1973), 64, como se encuentra en Segraves, 12
[25] Wesley J. Perschabacher, ed, El Nuevo Léxico Griego Analítico (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, Inc., 1990), 236
[26] Segraves, 13.
[27] La crucifixión era la forma más deshonrosa de ejecución entre los romanos. Estaba reservada sólo para los más bajos de los criminales. La manera honorable para ser ejecutado era la de ser decapitado por la espada (Romanos 13:4). Para mostrar la magnitud de la humillación de Jesús, Pablo señaló que Jesús no sólo se sometió a la idea de morir por nuestros pecados, sino que ofreció su vida en la forma más deshonrosa de ejecución practicada en su día.
[28] La "diestra de Dios" no es un indicativo de un entorno local o de una realidad física, sino una expresión antropomórfica que habla de la exaltación, el poder, el prestigio, el honor y la fuerza de Dios. Las expresiones antropomórficas relativas a Dios, son expresiones hechas en terminología humana, con el fin de comprender aspectos de su ser infinito que de otra manera no podrían ser expresados y comprendidos por las mentes humanas finitas.
[29] Segraves, 14.
[30] Ibídem, 16.
[31] Erickson, 735.
[32] "Apheontai" y "kekratentai" traducidos respectivamente como "son perdonados" y "son retenidos", están en el griego en el tiempo perfecto pasivo indicativo. La idea del tiempo perfecto en griego, no puede ser transmitida de manera adecuada en una traducción palabra por palabra. Incluso una traducción de pensamiento por pensamiento suena torpe en el idioma español. El tiempo perfecto griego, explica que la acción que comenzó en algún momento del pasado continúa hasta llegar a un punto de terminación, con resultados que continúan en el futuro. La traducción apropiada de apheontai y kekratentai es "han sido y le serán perdonados" y "han sido y le serán retenidos". El autor del perdón o la retención de los pecados es Dios. Él es el que comenzó la acción en el pasado. Nosotros solo llevamos a cabo los efectos persistentes del perdón o la falta de perdón en la tierra.
[33] El término "Dios el Padre" es bíblico. En el Nuevo Testamento se utiliza un total de trece veces, por Jesús, Pablo, Pedro, Juan y Judas (Juan 6:27; Gálatas 1:1; Efesios 6:23; Filipenses 2:11; 2. Pedro 1:17; 2. Juan 1:3; Judas 1). No debemos tener miedo de usar la terminología bíblica a causa de las falsas teologías que se han derivado de ella. Aunque "Dios el Padre" es bíblico, otros términos como "Dios el Hijo" y "Dios el Espíritu Santo" no lo son, y por lo tanto deben ser evitados. Dichos términos fueron inventados para expresar una idea de la divinidad que no se encuentra en las Escrituras.
[34] Estas analogías están basadas en las analogías de Erickson, 735-736.
[35] Romanos 1:7; 1. Corintios 1:3; 2. Corintios 1:2; Gálatas 1:3; Efesios 1:2; Filipenses 1:2; Colosenses 1:2; 1. Tesalonicenses 1:1; 2. Tesalonicenses 1:2; 1. Timoteo 1:2; 2. Timoteo 1:1-2; 2. Pedro 1:1-2; 2. Juan 1:3; Judas 1:1.
[36] Segraves, 37.
[37] Ibídem, 38.
[38] Ibídem.