jueves, 24 de enero de 2013

La Necesidad de la Teología


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2013.



¿Quién Necesita la Teología?

¿Quién necesita la teología? Esta es una pregunta que debe ser respondida por cada miembro del cuerpo de Cristo, porque en última instancia es una cuestión personal. La verdadera pregunta no es: "¿Quién necesita la teología?", Sino: "¿Yo necesito la teología?". Como respuesta a esta pregunta, se han presentado varios puntos de vista que son tan distantes como el oriente del occidente. Algunos han adoptado el enfoque de que la teología es sólo para un pequeño y selecto grupo de individuos a quienes llamamos "intelectuales". Otros se han colocado en el otro extremo, al declarar que cada persona en el cuerpo de Cristo debe dedicarse al estudio de la teología. Los demás están ubicados en algún lugar intermedio.

Para responder a la cuestión que nos ocupa, lo que primero debemos hacer, es entender lo que es la teología. Empezaremos nuestra discusión presentando algunas ideas equivocadas que le ayudarán a entender lo que no es la teología. La teología no se relega a las personas con un coeficiente intelectual (CI) de 180. La teología no es la búsqueda de respuestas a preguntas sin sentido, como por ejemplo la de tratar de determinar cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler. La teología no es lo que divide a la iglesia, sino más bien lo que une y fortalece a la iglesia.

La palabra teología, proviene de dos palabras griegas: theos = Dios; logos = palabra, pensamiento o razón. Por lo tanto, la teología tiene que ver con el razonamiento humano sobre Dios, o el pensar de los hombres en Dios. La palabra logos, también se utiliza para significar "el estudio de" algo. Entonces, también podría decirse que la teología es el estudio acerca de Dios. Debe quedar claro que la teología no es un estudio insondable, casi místico de la Palabra de Dios, que está más allá de la comprensión del creyente promedio. Al contrario, la tarea de la teología es muy asequible para los cristianos.

Todo el mundo tiene una teología, así sea consciente de ello o no. Si la teología es el razonamiento o el pensamiento acerca de Dios, entonces cada vez que alguien razona sobre el propósito de la vida, del por qué existimos, del por qué hay mal en el mundo, sobre la llegada del fin del mundo, sobre la naturaleza de Dios, sobre cómo puede Jesús ser Dios y hombre al mismo tiempo, o cómo puede haber vida después de la muerte, está haciendo un trabajo teológico. La pregunta no es si cada creyente será un teólogo o no, sino si va a ser un buen teólogo. La verdadera pregunta es si va a estudiar las Escrituras para probar y desarrollar su propia teología personal, o si va a formar su propia teología basado sólo en su opinión personal y en rumores.

Como señaló Anselmo de Canterbury, la teología es la fe que busca comprender. Como cristianos, hemos tenido una experiencia de salvación de parte de Dios, pero ahora debemos buscar el entendimiento en cuanto al contenido y el fundamento de nuestra fe y el significado de nuestra salvación. Muchos pasajes de las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritos con este propósito. Los apóstoles estuvieron tratando de explicar a los santos lo que les sucedió cuando fueron salvos, y lo que esto significaba para ellos en un nivel práctico. Debemos tratar de entender al Dios que servimos, con el fin de  hallar significado para nuestra fe. No es suficiente que solo seamos salvos, pues debemos seguir creciendo en el conocimiento del Señor.

Aunque en el cuerpo de Cristo todo el mundo hace naturalmente la labor de teología, hay diferentes niveles de teología en los que cada uno trabaja. No todos los cristianos van a estudiar teología en el mismo nivel. Algunos creyentes están llamados a ser maestros y como tal se darán continuamente al ministerio de la Palabra como lo hicieron los apóstoles (Hechos 6:4). Otros son llamados a otras áreas del ministerio quíntuple, y como tal tendrán que estudiar para mostrarse ante Dios aprobados, interpretando correctamente la Palabra de verdad (2. Timoteo 2:15). Otros en el cuerpo, no tendrán que dar necesariamente tanto tiempo al estudio de la Palabra de Dios, porque serán llamados a enfocarse en otras áreas. Sin embargo, todavía tienen la responsabilidad de conocer a su Dios y de estar dispuestos a dar respuesta acerca de la esperanza que hay en ellos cuando se enfrentan con los incrédulos (1. Pedro 3:15).


Objeciones

En la actualidad, la gente presenta muchas objeciones contra la teología. Voy a presentar tres objeciones y a responder a cada una de ellas.

La principal objeción, es que la teología no es necesaria para que los creyentes entiendan. Muchos dicen que todo lo que uno necesita conocer, es el mensaje básico de la salvación según los Hechos 2:38, y luego vivir el resto de nuestra vida en oración y en obediencia a Dios en las buenas obras. Ya he tratado este argumento hasta cierto punto, afirmando que todo el mundo hace el trabajo de teología en uno u otro nivel, pero hay otros problemas con este argumento.

En primer lugar, si no necesitáramos del estudio de la Escritura (que es nuestra principal fuente de conocimiento acerca de Dios), y todo lo que necesitáramos saber es lo que debemos hacer para ser salvos, entonces debemos preguntarnos: ¿Por qué la Biblia es tan grande? Si todo lo que necesitáramos como cristianos es Hechos 2:38 y Juan 3:16, entonces ¿por qué fue escrito el resto de la Biblia? Fue escrito para nuestra comprensión. Al parecer, Dios consideró que era necesario para nosotros estar equipados con más conocimiento que el del plan de salvación. Dios había dicho en otro tiempo: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6). Lo mismo es cierto hoy en día. Lo mismo también ocurrió en los días de la iglesia primitiva. Pablo, comprendiendo la importancia de la teología, no dejó de declarar todo el consejo de Dios a la iglesia de Éfeso (Hechos 20:27). Muchas de las epístolas fueron escritas para alejar a la gente de la ignorancia, o para corregir las teologías falsas que la iglesia había desarrollado con respecto a Dios. Si para Pablo y otros fue lo suficientemente importante escribir cartas a las iglesias para informarles sobre las cosas que pertenecen al reino de Dios, nosotros deberíamos estimar toda la Palabra de Dios digna de importancia y estudio.

La otra razón por la cual esta objeción es errónea, se encuentra al comprender el desarrollo de la falsa doctrina como se atestigua por la historia de la iglesia. Históricamente, la falsa doctrina y la herejía entraron en la iglesia durante períodos de tiempo prolongados. La iglesia no se movió durante un solo día del mensaje de la Unicidad de Dios y la salvación según Hechos 2:38, para caer en la falsa doctrina de la Trinidad y el bautismo sin la invocación del nombre que repite la frase “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” ¡Esto fue un proceso! La falsa doctrina se inicia con pequeñas distorsiones de la verdad, y a estas se le añaden poco a poco más distorsiones, hasta que en última instancia lo que se enseña ya no se asemeja a la fe de la Iglesia primitiva. Si no estudiamos teología, estamos inclinados a no ser conscientes de los cambios leves en la doctrina que no concuerdan con las enseñanzas del Nuevo Testamento. Cuando no prestamos atención, estos pequeños cambios imperceptibles terminarán por convertirse en falsas doctrinas que afectarán el bienestar espiritual de la iglesia. Un pequeño error conduce a errores más grandes y más peligrosos.

La segunda objeción importante contra la teología, es que ésta es "aguafiestas". Muchos cristianos están felices con algunas de las cosas que creen, pero luego cuando viene un maestro cristiano que les informa que aquellas cosas no son ciertas, piensan que el maestro es malo porque les ha liquidado su alegría. Los teólogos que quieren señalar el error doctrinal en las teologías de los demás, son vistos como enemigos de la fe y la alegría.

Se debe entender que el cristianismo no consiste principalmente en tener ciertas experiencias y sentimientos emocionales, sino en lo que uno cree y su relación con Cristo. Si uno basa su felicidad en las falsas creencias acerca de Dios y de las cosas espirituales, entonces aquella alegría que estamos viviendo no es la verdadera alegría. La alegría se debe basar en la realidad, no en las creencias que proceden de la mala información o la ignorancia. Yo podría alegrarme en el engaño de que soy el rey de Inglaterra, pero eso no cambiaría la realidad de mi situación. Aquella sería una alegría ficticia. La alegría que los cristianos deben tener, debe estar basada en la realidad que poseemos de Cristo, es decir, la vida eterna.

Si alguien quiere apartarse de la comprensión en su relación con Dios, es porque no entiende en qué se basa una relación. Las relaciones se basan en la comunicación. No es principalmente de la oración sino de la Biblia, que aprendemos acerca de Dios y de su reino, y de nuestro propósito en su reino. Si no tuviéramos la Biblia, nuestro conocimiento de Dios sería muy pequeño. Sin la Biblia, nosotros no tendríamos una verdadera teología. Sin una teología y por lo tanto sin el conocimiento de Dios, nosotros no tendríamos una profunda relación con Dios.

Algunos sostienen que el estudio de la teología destruye la simplicidad de la fe cristiana. Pero hay una diferencia entre la "fe simple" y la "fe simplista y aniñada". La primera es elogiada en la Escritura, pero la última nos lleva a ser zarandeados por cualquier viento de doctrina. Dios no nos ha llamado para ser ignorantes de su Palabra. No hay ninguna nobleza en la ignorancia o en la fe ciega (Hechos 17:11). Pablo nos advirtió en contra del perder la sencillez que es en Cristo (2. Corintios 11:3), pero este mismo Pablo estaba lleno de conocimiento. Pablo no estaba en contra de la teología que conduce a la comprensión, ya que él fue uno de los maestros más influyentes de los que la iglesia haya sido testigo. Pablo estaba en contra del conocimiento falso. El conocimiento falso, era el que estaba haciendo que los creyentes fueran alejados de la sencillez en Cristo.

El tercer argumento en contra de la teología, es que esta causa división. Una frase común es: "Jesús une, la teología divide". Admito que la teología divide. Lo que me pregunto es si realmente esto es malo. La teología puede dividirnos innecesariamente, si no tenemos el cuidado de luchar por las doctrinas que son más importantes. Está mal que nos dividamos por cuestiones pequeñas. Sin embargo, la división en sí misma no es necesariamente mala. Toda creencia divide. El hecho de creer que Jesús es el Mesías, es causa de división entre los cristianos y todos aquellos que no lo pueden creer. Toda creencia excluirá a aquellos que no la comparten. Todos excluimos a otros. Todo el que establece una línea doctrinal, excluye a todos los que están por fuera de esa línea.

Bíblicamente hablando, Jesús dijo que la doctrina sería causa de división: "¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión" (Lucas 12:51). Jesús era consciente de que su doctrina iba a dividir incluso a los miembros de las familias (Mateo 10:34-37). Pablo entendió que la doctrina divide, y se valió de la doctrina para excomulgar a ciertos miembros del cuerpo de Cristo debido a sus malas doctrinas (Romanos 16:17-18; 2. Tesalonicenses 3:14; 1. Timoteo 1:19-20; 6:3-5; 2. Timoteo 2:15-19).


El Papel de la Doctrina en la Vida del Creyente

Ahora que hemos establecido un marco básico para el entendimiento de nuestra necesidad de la teología, y de haber contrarrestado algunos de los argumentos formulados contra esa posición, pasaremos a examinar la relación de la doctrina para el creyente. Los términos doctrina y teología, aunque no son exactamente equivalentes, son muy similares en sus dominios semánticos y serán utilizados indistintamente de aquí en adelante.

Muchos ven la doctrina como irrelevante, fría y sin vida. Hasta cierto punto esto ha sido cierto. Sin embargo, la culpa radica en el enfoque y la exposición de la doctrina pero no en la doctrina en sí misma. Algunos han presentado la doctrina como un aburrido ejercicio mental, acentuando en detalles minuciosos y usando palabras tan grandes, que su comprensión parece inalcanzable y su aplicación imposible para la vida cristiana. Pero el corazón del cristianismo es la persona de Cristo; no una doctrina sino una experiencia viva con Jesucristo. No obstante, cuando tratamos de responder a la pregunta de quién es Jesús, entramos en el terreno de la doctrina. [1] Cuando queremos hablar sobre nuestra experiencia, terminamos por hacer declaraciones doctrinales. Las cosas de Cristo tienen que ser verdaderas para que nuestra experiencia sea válida. La doctrina afirma cuáles son esas cosas que definen al Dios de los cristianos y la experiencia cristiana, lo que es verdad y lo que no lo es, quién es Jesús y quién no es Él. La mayoría de los cristianos evitan la doctrina y la teología, o minimizan su importancia porque no entienden su función. Una vez que el papel y la función de la doctrina es comprendido, el estudio de la teología se hace muy práctico y pertinente para la vida cristiana.

La doctrina es un componente necesario de la vida cristiana. Todo movimiento que compite por la lealtad del hombre, lo hace basado en un conjunto de creencias, ya sean políticas, religiosas o filosóficas. Las ideas que se presentan como verdaderas, son más importantes que cualquier otra. Siempre estamos enfrentados a tomar decisiones con base en nuestras creencias, por ejemplo en lo que respecta a los derechos de los animales, los homosexuales, la pena de muerte, el mejoramiento del sistema educativo, etc. No podemos suspender el juicio y quedarnos sin tomar partido, sino que debemos hacerlo basados en nuestras creencias. De no hacerlo así, esto nos conduciría a un agnosticismo en todas las cuestiones que provienen de la existencia humana, que recibirían la misma respuesta superficial: "No lo sé y no me importa" [2].

Las creencias son importantes porque ellas reclaman la descripción de la verdad con base en la realidad. [3] Estas no son sólo ideas, sino que afectan nuestro comportamiento. Los pilotos kamikazes en la Segunda Guerra Mundial, creyeron que al dar la vida por su gobierno, asegurarían el paraíso para sus almas. Realmente las acciones de los hombres son afectadas, sino dictadas por lo que creen. Si uno cree que el mundo es plano, entonces temerá caer por el borde. Si uno cree que los tomates son venenosos, no los comerá. Lo que recibimos es lo que pensamos, lo que pensamos es lo que creemos, lo que creemos es lo que hacemos, lo que hacemos es en lo que nos convertimos. Se trata de una cadena ininterrumpida que casi siempre resulta ser cierta. Pablo modeló esta comprensión en las epístolas que dirigió a las iglesias. Su método normal era empezar sus epístolas denunciando las falsas doctrinas que se estaban infiltrando en la iglesia, para entonces corregir los comportamientos que fluían de estas falsas doctrinas.

La doctrina es nuestra respuesta a la revelación de Dios. Esta integra la riqueza de las declaraciones bíblicas en un paquete conciso. Es un resumen de la Escritura, pero no un sustituto. [4] La Escritura es principalmente narrativa, no proposicional. En otras palabras, se trata de una historia que demuestra el compromiso redentor de Dios con el mundo, más que un manojo metódico de declaraciones de verdad. Cuando la doctrina está explícitamente enseñada en la Escritura, esta no se presenta de una manera sistemática. Por el contrario, sólo fragmentos y piezas de toda la verdad son explicados en la porción que nos ocupa en ese momento. La doctrina lo que hace es interpretar la historia bíblica de una manera sistemática. Intenta unir nuestras vidas con la historia de Jesucristo, la realidad de nuestras vidas con su realidad.

¿Cómo se relaciona nuestra experiencia con Cristo con la doctrina? Mucho, en todo sentido. El cristianismo consta de un elemento subjetivo y un elemento objetivo. El elemento subjetivo es la fe, el elemento objetivo es la doctrina. Mucha gente tiende a caer en el uno o en el otro extremo de esta religión de naturaleza dual. Un extremo se manifiesta por una fe puramente emocional que confía explícitamente en Dios, pero no puede expresarse coherentemente. [5] Este punto de vista es inadecuado pero no es malo. Es necesario complementarlo con el aspecto objetivo de la fe. La fe tiene tanto un contenido como un objeto.

El otro extremo entiende el cristianismo como una lista de proposiciones intelectuales a las que atribuimos asentimiento mental. Este entendimiento también es inadecuado porque el cristianismo tiene sus raíces en la experiencia. La fe no sólo concierne a lo que creemos, sino a nuestras vidas diarias, especialmente a nuestra relación viva con Jesucristo. La fe nunca puede ser expresada adecuadamente como una mera proposición. Es posible que el cristianismo degenere en un sistema intelectual, en lugar de una relación con la persona de Jesús.

Harold O. J. Brown ha expuesto unas palabras apropiadas acerca de las deficiencias de estos dos extremos: "Una fe no teológica no puede explicar, pero una fe demasiado teológica pierde el contacto con la razón de su existencia... Asimismo una fe muy entusiasta sin un correspondiente grado de comprensión teológica está casi segura de conducir al error, quizás a la grave herejía. Demasiada doctrina sin la compañía de una fe viva y en crecimiento, es la receta para la ortodoxia muerta". [6] Tanto los elementos objetivos como los subjetivos de la fe, son necesarios para la vida cristiana. La fe implica tanto la cabeza como el corazón. El cristianismo es una verdad que se cree y confiesa con la boca y con la experiencia real en nuestras vidas.

La doctrina no es la presentación de verdades proposicionales abstractas que se creen aparte de la experiencia, sino que es el intento de preservar a la cristiandad de ser torcida por malentendidos o malas interpretaciones de la experiencia. La doctrina nos da los límites de lo que podemos captar, explicar e interpretar esencialmente de nuestra experiencia. Los apóstoles estuvieron preocupados por la doctrina, ya que esta explica y aclara la experiencia de la salvación de la comunidad de creyentes. La doctrina busca preservar la genuina experiencia de salvación con Jesucristo, para que pueda ser transmitida de una generación a otra. Sin la doctrina no podría haber misiones y no podríamos alcanzar a los perdidos. Si no contáramos con la doctrina como una norma interpretativa para nuestro encuentro de salvación con Jesucristo, cualquiera de ellos podría ignorar o malinterpretar las realidades espirituales de nuestra experiencia, y no sería capaz de transmitir el verdadero evangelio de una generación de creyentes a la siguiente. Sin doctrina, el cristianismo no podría haber nacido y no podría seguir existiendo. La doctrina es el medio por el cual la experiencia de los primeros cristianos puede ser nuestra. Si malinterpretamos nuestra experiencia y transmitimos esa mala interpretación, inevitablemente pervertiremos el verdadero evangelio de Jesucristo.

Muchos consideran que la doctrina y la espiritualidad se sitúan en dos extremos totalmente opuestos, como si el estudio de la teología de alguna manera estuviera divorciado de los esfuerzos espirituales como la fe, la oración y la sanidad divina. Este falso concepto ha sido muy devastador para el cuerpo de Cristo, ya que separa la verdad de la espiritualidad. No hay dicotomía entre la doctrina y la espiritualidad. La verdad no es sólo cognitiva, pues la verdad también es espiritual. Vivimos en un mundo físico en el que normalmente no podemos ver y conocer el mundo espiritual que nos rodea. El ámbito en el que Dios existe es una realidad de la que no podemos tener conocimiento aparte de la revelación divina. Nuestra salvación se ha producido en el reino espiritual y la guerra espiritual ocurre en ese mismo reino. Nosotros no podemos ver físicamente estas realidades, por eso para entenderlas, estas tienen que sernos reveladas y explicadas. La doctrina es una explicación de las realidades espirituales que no podemos ver; la forma en que el reino de Dios funciona. Sin la doctrina, nosotros estaríamos en la oscuridad acerca de estas realidades. La mayoría de las epístolas fueron escritas para explicar la realidad de la salvación, así como todas las implicaciones de la experiencia del encuentro de los santos con Jesucristo. Los malos entendidos acerca de esto, siempre se han manifestado en una perversión de la verdad y en malos comportamientos.

Un ejemplo clásico para demostrar esto, se encuentra en la Epístola a los Romanos. Los romanos malinterpretaron su salvación de la ira de Dios, en el sentido de que podían seguir pecando (Romanos 3:8). Ellos mal entendieron la naturaleza de la justificación y la gracia de Dios. Pablo afirmó que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (Romanos 5:20), pero los romanos mal entendieron esto, pensando que tenían que seguir pecando para poder recibir más de la gracia de Dios. Para corregir esta interpretación torcida sobre la salvación, Pablo dirigió la atención hacia el bautismo. Argumentó que el que ha sido bautizado con Cristo ha muerto al pecado, al igual que Cristo murió al pecado y ya no puede ser objeto de su dominio (Romanos 6:1-11). La ignorancia de los romanos acerca de esta parte importante de la salvación que ellos experimentaron, los llevó a malinterpretar su relación con Dios y a pervertir la fe. Para corregir esto, Pablo consideró necesario informarles sobre las realidades espirituales que ocurrieron cuando fueron bautizados, es decir, la muerte al dominio del pecado sobre sus vidas. La doctrina les permitió entender estas realidades y vivir en consecuencia. La doctrina tiene unas realidades y experiencias vivas detrás de ella. Esta nos informa acerca de las realidades espirituales que son la base de nuestra vida de fe.


¿Por qué es Importante la Doctrina?

¿Por qué la doctrina es tan importante para el creyente? ¿Por qué es esencial para la fe cristiana? Porque la doctrina interpreta los actos de Dios en la historia. La doctrina atribuye una comprensión particular a un acontecimiento particular. Por ejemplo, la muerte de Cristo en la cruz del calvario, sólo es reconocida como una buena noticia si se interpreta de una manera determinada. Los judíos la interpretaron como la derrota de un falso Mesías. Los cristianos la interpretaron como la victoria de Dios sobre la muerte y el infierno. La doctrina proporciona el marco interpretativo para comprender los acontecimientos del Calvario, entre otras cosas. "La doctrina es un puente interpretativo entre la historia y la fe, entre el pasado y el presente". [7] Esta relaciona el relato bíblico con nuestra propia experiencia, la interpretación de esta última en términos de la primera. También perfila la respuesta que nosotros debemos tener ante el evangelio. La doctrina de la justificación exige que tengamos fe para que podamos ser justificados. Si no tenemos fe, no podemos estar seguros del perdón de nuestros pecados con base en la gracia de Dios, y no podemos seguir adelante con la empresa de la vida cristiana. La doctrina es práctica.

La cuestión es que la teología es la fe que se expresa en la forma en que pensamos, actuamos y nos relacionamos con Dios. La teología es el desarrollo de la fe. Como se mencionó anteriormente, la doctrina puede ser definida como la fe que busca entendimiento. Sin entender, estamos indefensos contra el enemigo. Tenemos que pelear la batalla espiritual con la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17). Sin un conocimiento de la Palabra de Dios, no tenemos otra arma con la cual luchar. La doctrina trata de entender lo que se cree, de modo que nosotros no seamos presa fácil de los falsos maestros que los apóstoles nos advirtieron que vendrían.

La doctrina es fundamental para la vida cristiana, porque es la precursora de la salvación y de nuestra relación con Dios. Antes de que uno pueda creer en Cristo, debe tener algo para creer acerca de Él. Uno puede tener conocimiento sin fe, pero no puede tener fe sin conocimiento. La creencia de que algo es así y así, debe preceder al creer en ese algo. No se puede creer en un Dios del que no se tiene conocimiento. Hay que tener algún conocimiento del plan de Dios en Cristo para poder experimentar la fe que nos guía a la salvación. En otras palabras, se debe tener un conocimiento de la teología correcta. Como mínimo, se debe entender que somos pecadores necesitados de salvación, y que esta salvación fue proporcionada para nosotros por medio de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Este es el contenido básico del evangelio.

La doctrina es importante porque existe una correlación entre la comprensión de la Palabra de Dios y el nivel de nuestra fe. Pablo dijo: "Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Ya que la fe depende del conocimiento, la doctrina se convierte en la base de la fe. Sin doctrina, nuestra fe sería realmente pequeña, sino inexistente. Contraria a la creencia popular de que el estudio de la teología es un obstáculo para la fe, esta ocasiona que seamos racionales en nuestro acercamiento a Dios, nos da una mayor comprensión sobre la Palabra de Dios, y hace que sea mayor la fe que seamos capaces de tener en Dios. Una falta de conocimiento y comprensión de la doctrina se traducirá en una falta de fe, porque la fe es contingente en el conocimiento de la voluntad de Dios y su carácter. La ignorancia de la Palabra de Dios es una apuesta segura para la derrota espiritual (Oseas 4:6; Efesios 6:17).

El nivel de conocimiento y la comprensión de la doctrina por parte de alguien, no solo refleja su nivel de fe, sino que también determina el nivel de su relación con Dios. La relación con Dios, sólo puede desarrollarse tan profundamente según la comprensión de la doctrina. Toda relación se basa tanto en el conocimiento íntimo del uno con el otro y lo que experimentan juntos el uno con el otro. Aparte de la doctrina bíblica sobre la voluntad y el carácter de Dios, tendríamos muy poco conocimiento de Dios sobre el cual basar nuestra relación con Él. Aparte de la oración, nosotros tendríamos muy poca experiencia o comunicación con Dios. El conocimiento de la doctrina es la forma que Dios ha escogido para revelarse a nosotros, ya que nos da el conocimiento íntimo necesario para construir una relación con Dios. Este conocimiento es el antecedente a una intimidad creciente en la oración. Cuando se persigue una relación con Dios a través de la oración sin que esto implique que se busque el conocimiento de Dios a través de su Palabra, la tendencia humana es la de acudir hacia el misticismo religioso y espiritual, carente de una autoridad objetiva sobre la cual orientar e interpretar nuestras experiencias con Dios, con tendencia hacia doctrinas extrañas y falsas basadas en la experiencia personal subjetiva, en vez de la realidad objetiva. La doctrina guía y eleva nuestra relación con Dios hacia una profundidad que nunca puede lograrse aparte del conocimiento de su Palabra.

La doctrina es importante porque es la que nos renueva a la imagen de Cristo. El apóstol Pablo escribió que debemos revestirnos del nuevo hombre que Dios ha creado en nosotros, el cual se va renovando hasta el conocimiento pleno conforme a la imagen del que lo creó (Colosenses 3:10). El conocimiento es influyente en fabricar en nosotros la imagen de Cristo, llevándonos a ser semejantes a Él. Pedro nos instruyó a crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2. Pedro 3:18).

Pablo hizo una observación sobre el papel del conocimiento en la vida cristiana que a menudo se pasa por alto. Él dijo: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente" (Efesios 4:22-23). Esta no es solo una doctrina fundamental en nuestra experiencia de conversión, sino que también desempeña un papel importante en el proceso de ser renovado a la imagen de Cristo. Aunque los efesios eran salvos, todavía había una necesidad de que disuadieran la vieja naturaleza para ser renovados en su forma de pensar. La conversión no es sólo un acto instantáneo cuando nacemos de nuevo, sino que también es un proceso que continúa durante el resto de nuestras vidas terrenales. A pesar de que uno nazca de nuevo, la  mente no se renueva de una vez a toda la santidad de la mente de Dios. Todavía estamos plagados con las formas y pensamientos del mundo, a veces sin darnos cuenta. Todavía sostenemos (por lo menos en parte) algunos conceptos del mundo. Es a través del conocimiento de la doctrina, del estudio de la Palabra de Dios, que nuestras mentes quedan limpias y renovadas para pensar en sintonía con Jesucristo, y no de acuerdo a nuestro viejo hombre natural. Sin doctrina, no habría renovación de la mente.


Conclusión

La teología es para todos. Aunque dentro del cuerpo de Cristo el estudio de la Palabra de Dios es llevado a cabo en diferentes niveles, el deber de todos los miembros del cuerpo es estudiar para mostrarse aprobados ante Dios. La teología es el corazón de la fe cristiana, que esboza y define la experiencia cristiana. Sin la doctrina no puede haber fe cristiana y ninguna conversión cristiana. Es hora de que cada miembro del cuerpo de Cristo se entregue al estudio de la doctrina, para que de esta manera podamos establecernos firmemente en la fe, crezcamos en nuestra relación con Dios, y sepamos comunicar la fe y la experiencia cristiana  a nuestro mundo perdido, para que ellos también puedan llegar a conocer a Cristo.


Notas al Pie

[1] Alister McGrath, Estudios de Doctrina. Libro 3, Entendiendo la Doctrina (Grand Rapids: Zondervan, 1997), 232.
[2] Ibídem, 231.
[3] Ibídem, 240.
[4] Ibídem, 250.
[5] Ibídem, 256.
[6] Harold O.J. Brown, Herejías: La Herejía y la Ortodoxia en la Historia de la Iglesia (Hendrickson Publishers: Peabody, MA, 1998), 154.
[7] McGrath, 301.