jueves, 30 de mayo de 2013

El Evangelio de Jesucristo y Nuestras Tradiciones

Por Luís Carlos Fontalvo © 2009
Todos los derechos reservados.


Luís Carlos Fontalvo Pava, fue un hombre de Dios, a quien se le reconoce su ardor en la predicación del evangelio apoyando y fundando iglesias. Hizo un gran trabajo misionero en El Canadá.


Marcos 7:7-9. «Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamiento de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres… Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición».

Hechos 15:1. «Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: -“Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser salvos”-».

2. Corintios 4:18. «No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».

Colosenses 2:20-22. «Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como no manejes, ni gustes, ni aun toques, (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que se destruyen con el uso?»

1. Juan 2: 17. «Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».


El Evangelio

Primero que todo, debemos tener bien claro que el Evangelio de Jesucristo es “Buenas Nuevas”;  y para nosotros que hemos creído, es buenas nuevas de salvación. Si leemos en 1. Corintios 15, vemos que el evangelio es lo que Cristo hizo por nosotros. “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras". Para ser salvos, lo único que nosotros debemos hacer es creerlo, recibirlo y retenerlo; el resto es la obra del Señor. No hay nada que yo pueda añadir para que mi salvación sea completa. La salvación no es: -Jesús más nuestra práctica-, sino -Jesús y punto-.  Puedo reposar totalmente de mis obras, pues todo lo necesario para ser salvo por toda la eternidad lo hizo Jesucristo. Esto debe estar bien claro en nuestras mentes para que nuestra fe y nuestra confianza no estén puestas en ninguna otra cosa sino en Jesucristo. Las buenas obras han sido preparadas de antemano por el Señor, para que nosotros las pongamos en práctica. Practicamos las buenas obras, no para ser salvos, sino porque somos salvos. El cristianismo no es el hacer sino el ser. Lo que hacemos es el resultado de lo que somos. El cristianismo no es para imitarlo sino para vivirlo.


Las Costumbres

Una costumbre es una práctica o norma aceptada por una  sociedad o por un grupo en la sociedad, la cual debe ser observada religiosamente si se quiere tener buena aceptación en dicho grupo. Con el tiempo, la costumbre se convierte en una tradición. De aquí el adagio: La costumbre se hace ley. ¡No existen costumbres eternas! ¡Las costumbres evolucionan y van cambiando con el tiempo! Alguien dijo: -"¡Lo único seguro en nuestra sociedad es el cambio!"-. Así hay prácticas que fueron para un tiempo pero que ya no son pertinentes.

El Diccionario de la Real Academia Española, trae las siguientes definiciones de tradición:

1. f. Comunicación de hechos históricos y elementos socioculturales de generación en generación:
2. Conjunto de lo que se transmite de este modo:

Wikipedia dice lo siguiente:

“Tradición proviene del latín traditio, y éste a su vez de tradere, "entregar". Es tradición todo aquello que una generación hereda de las anteriores y, por estimarlo valioso, lega a las siguientes". 

El diccionario Aristos: (1985), la define así.

“Comunicación o transmisión de doctrinas, ritos, costumbres, noticias hechas de padres a hijos al correr de los tiempos. Doctrina costumbre etc. conservada por un pueblo por transmisión de padres a hijos”.


La Iglesia

En la historia de la Iglesia, siempre ha habido la tendencia humana de añadir prescripciones e imposiciones adicionales al Evangelio de Jesucristo. Los que la supervisamos, hacemos esto para evitar el desorden y guardar control sobre ella. En un principio, esto se hace sin ningún ánimo de poder ni de manipulación alguna; pero como los supervisores (obispos) de la iglesia somos seres humanos, y nuestra tendencia humana es a usar el poder para imponer, a veces nos extralimitamos. Las imposiciones se convierten en tradiciones, y con el tiempo se vuelven una carga tanto para aquellos que tienen que someterse a ellas, como para aquellos que tenemos que supervisarlos.


Somos Siervos, No Señores

Jesús instruyó a sus discípulos en Marcos 10:42-43 de esta manera:

“Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas… pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”. 

También Pedro en su primera epístola, capitulo 5:3, les dijo a los ancianos de la iglesia:

“no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”.

Debemos tener bien en claro que la iglesia tiene un solo Señor, capaz de amarla, lavarla, limpiarla, santificarla y “presentársela a sí mismo una iglesia gloriosa que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante” (Efesios 5:27). ¡Nosotros no somos señores de la iglesia! ¡Sólo somos siervos de Jesucristo! ¡No tratemos de hacer el trabajo de Dios! Concentrémonos en predicar una sola cosa: “a Jesucristo, y a éste crucificado” (1. Corintios 2:2), y tengamos confianza en que el Espíritu Santo hará su obra en los creyentes, y que él operará los cambios que él considere necesarios en cada uno de ellos. Nuestro trabajo como siervos, es el de exhortar con amor y enseñar la Palabra de Dios, pero no podemos interferir con la libertad de cada creyente.

La iglesia ha sobrevivido a través del tiempo y se ha organizado en diferentes grupos alrededor del mundo. Cada grupo defiende cierto aspecto del evangelio, o pone  énfasis en cierto método, o cierto aspecto doctrinal u organizacional. Pero la iglesia sigue siendo la Iglesia, pues “conoce el Señor a los que son suyos, y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor” (2. Timoteo 2:19).


Reflexiones Acerca de la Historia de la Iglesia en Colombia

En el siglo pasado, durante la década de los años 50, hubo un mover de Dios sin precedentes en nuestra querida Colombia. Esto no fue a causa de la buena planificación de los misioneros, ni por la buena armonía que entre ellos hubiera habido, ni por la santidad que la iglesia de la época hubiera practicado, sino por la pura misericordia y el designio soberano de Dios. La expansión del evangelio sobre el territorio colombiano fue tal, que a pesar de la persecución, el Evangelio se extendió hasta el Ecuador y Venezuela. Más tarde, esto dio nacimiento al programa de las misiones extranjeras, que hoy ha llegado a muchos países del mundo.

El celo por las misiones y el evangelismo en nuestra iglesia, fue un legado de los misioneros que nos trajeron el evangelio. Aquellos tiempos fueron de gran bendición y la iglesia no se concentró en métodos ni en formas, sino más bien en el esparcimiento del evangelio gozando de mucha libertad dada por el Espíritu. La iglesia de ese entonces no estaba tan estructurada, ni concentrada en tantas prescripciones, sino más bien concentrada en las oraciones y en el amor, la preocupación de los unos por los otros y el esparcimiento del evangelio. La moda de aquellos tiempos no reñía con la manera de vestir usada en la iglesia. La televisión era rara en esos tiempos y la sociedad de ese tiempo no ponía tanto énfasis en la apariencia exterior. No existían los gimnasios, ni tantos salones de estética. La moda para las mujeres de aquellos tiempos, en la sociedad en que vivíamos, era la falda.


Todo Cambia Menos Cristo

Pero resulta que ahora hemos llegado a la época post-moderna, y habiendo ya entrado de lleno en el siglo XXI, la sociedad ha cambiado sus modas. En los años 50 no se veía una mujer en la calle en pantalones y la sociedad no lo veía bien. Estos sólo los usaba una mujer para montar a caballo o trabajar en el campo. Las fotos de la época lo atestiguan.

No obstante, hoy en día el traje de calle de la mujer ya no es la falda sino el pantalón, que dicho sea de paso no es el pantalón de hombre, sino un pantalón concebido especialmente para la mujer práctica de hoy. La falda y los vestidos se han dejado para ocasiones especiales. Se ha cambiado la elegancia por el confort y lo formal por lo práctico. Aparte de nuestra preferencia personal, esta es una realidad que no podemos negar. En aquellos tiempos, los maquillajes y el arreglo en la mujer se dejaban más bien para las estrellas del cine y de la televisión, y se juzgaba mal que una mujer de hogar se preocupara mucho por su apariencia personal.


El Celo Debe Ser Conforme a la Sabiduría

En Romanos 12:1-2, Pablo nos dice:

“No os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual es la buena voluntad de Dios…”

Juan también nos dice:

“El mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. (1. Juan 2:17).

Creo que la iglesia en su celo por conservar su pureza y su santidad, sin haber hecho ningún debate bíblico ni haber reglamentado oficialmente, ha congelado la moda de los años 50 y la ha declarado: “la moda cristiana para siempre”, en todos los países del mundo a donde vayamos.

Sin embargo, la decencia, la modestia y el pudor de la mujer cristiana pueden ser practicados, cualquiera que sea la moda del día y cualquiera que sea la manera que la mujer cristiana escoja para vestirse, ya sea la falda o el pantalón. La mujer tiene la libertad en Cristo de elegir lo que quiera usar. La indecencia existe cualquiera que sea la moda y el vestido. Personalmente, me gusta ver a una mujer vestida de manera tradicional con su falda y con vestidos elegantes, pero no puedo hacer de mi preferencia personal una ley, ni imponerles a otros mis deseos personales. Creo que la presentación de la mujer moderna ha desmejorado en cuanto a la elegancia, pero eso es una opinión meramente personal.


Quitemos los Obstáculos

Observamos con interés, que la iglesia de hoy sigue exigiendo de las mujeres que se van convirtiendo al Señor, que dejen de ponerse pantalones como requisito para ser buenas cristianas, citando versículos que cuando los examinamos a la luz de su contexto, no tienen sustento para esto. Igualmente que las mujeres cristianas no deben maquillarse o usar joyas para decorarse, pues esto es vanidad. Si damos crédito al discurso de Salomón (el hombre más sabio que ha existido en la tierra), él dijo: “Todo es vanidad”, y no solamente el deseo de darle un realce a la apariencia personal.

Otra cosa que está pasando de moda en los hombres son las corbatas. El hombre de negocios moderno y los mandatarios de hoy en día, suelen llevar la camisa sin corbata sintiéndose más cómodos así en el ejercicio de sus funciones. Pero si un predicador se quita la corbata para predicar, por mucho calor que haga, juzgamos que le hace deshonor al ministerio, o que pierde la unción. Alguien dijo que la corbata era un símbolo de liderazgo. ¡Qué concepto tan bajo del liderazgo! Creo que la corbata es elegante y tiene su lugar, pero no podemos volver eso una prescripción o una obligación.


Entremos y Dejemos Entrar

Los fariseos del tiempo de Cristo no eran personas malas ni mal intencionadas. Por el contrario ellos eran personas celosas en guardar las tradiciones de los padres y ser observadores estrictos de la Ley. Luego esas prácticas se convirtieron en una carga tanto para ellos como para el pueblo, y llegó a ser más importante para ellos la práctica de las prescripciones que la misericordia y la justicia. Jesús dijo, hablando de ellos que ni entran ni dejan entrar.

Decidamos, pues, no poner más obstáculos a las personas de hoy en día que desean acercarse a Dios. Si les decimos a los simpatizantes del evangelio que para llegar ser cristianos hay que usar la moda de los años 50, muchos de ellos se abstendrán de entregarse al Señor, cuando de otra manera hubieran podido entrar al Reino. No cerremos las puertas del Reino de Dios a las almas perdidas, sino más bien quitemos todo pretexto que el enemigo pueda usar para impedir a las almas de rendirse a Cristo. No permitamos que por un pedazo de trapo se pierda aquél por quien Cristo murió.

No pretendo tener una solución fácil a esta problemática en nuestra iglesia, pero si propongo que se debata este asunto “Biblia en mano”, con mentes abiertas al Espíritu de Dios y al  siglo en que estamos viviendo. Esto quizás no representa ningún problema para una congregación que esté comenzando ahora, aunque más tarde tengan que debatir sobre nuevas tradiciones que se vayan estableciendo. Pero para una congregación de cierta antigüedad donde ya se haya establecido la tradición, esto resulta un tanto difícil. Se necesita de mucha sabiduría de parte de Dios y apertura de espíritu para hacer la transición.


La Libertad en Cristo

Quizá lo que temen los líderes de la iglesia, es que si se les permite  a las hermanas vestirse según su gusto personal, esto pueda causar un “desmadre” en la iglesia, y que de pronto las hermanas se vayan a los extremos. Pero creo que la libertad cristiana es parte del evangelio y que Cristo no vino a encadenarnos sino a hacernos libres. Creo que no debemos ponerles yugo a los hermanos, ya que teniendo la apariencia de piedad podemos negar la eficacia de ella. (Vea 2. Timoteo 3:5). Seamos personas equilibradas y quitemos todo obstáculo al evangelio. Así muchas almas que hoy en día se verían impedidas a entrar por la puerta a causa de las tantas prescripciones, podrían entrar y adorar a Dios en espíritu y en verdad, sin poner su mira en las cosas de la tierra, sino en las cosas de arriba, donde esta Cristo (Colosenses 3:2).


El Uso y el Abuso

Sabemos que el ser humano tiende a utilizar la libertad para hacer lo que él quiere, pero esto no estorba el hecho de que Cristo nos haya hecho libres. El apóstol Pablo nos exhorta a que no debemos volver al yugo de servidumbre. Algunos piensan que vestirse a la moda es conformarse a este mundo, pero si aplicamos este principio, entonces nos tocaría renunciar a usar computadores, el Internet, los celulares y las redes sociales, pues todo eso es tecnología nueva y cada día hay más. No he oído a nadie predicando en contra de estas cosas; antes por el contrario, nos servimos de ellas y en este aspecto sí estamos actualizados.

Pero lo del vestido se ha convertido en una tradición religiosa. Algunos se sentirían más espirituales si pudieran reglamentar una moda cristiana como las de las túnicas del tiempo de Cristo. ¡Seamos entendidos! ¡Seamos equilibrados! Creo que nuestro Señor Jesucristo fue la persona más equilibrada que vivió en este mundo, y si a él le hubiese tocado vivir en este siglo, él se hubiera vestido, actuado y utilizado la tecnología como una persona de la época, pero sin pecado, para poder ser eficaz en medio de la generación que él quería salvar.


El Hombre Tiende a Ser Religioso. (Vea 2. Reyes 18, Números 21)

El hombre es por naturaleza religioso, y las cosas que existieron y fueron de bendición en un tiempo atrás, pueden fácilmente convertirse para él en un objeto de adoración y de idolatría. La serpiente de metal que Moisés levantó en el desierto para que los hijos de Israel la miraran y fueran salvos, fue un gran ejercicio de fe prescrito por Dios para el momento, y todos los que obedecieron fueron salvos (Números 21:4-9). Pero más tarde, fijaron sus ojos en la serpiente como un ídolo y le estaban rindiendo culto. Es decir que ella se convirtió en un objeto de idolatría que Ezequías tuvo que destruir. (2. Reyes 18:4). Hoy nosotros le hemos hecho un cierto altar a la falda y a la corbata, que son “Cosas que se destruyen con el uso”  (Vea Colosenses 2:20-23). Seamos sabios porque los tiempos son malos y la venida del Señor se acerca. Pongamos nuestra mirada en lo que no cambia, no en las cosas de la tierra, “porque las cosas que se ven son temporales, pero las que nos se ven son eternas” (2. Corintios 4:18).


En Cuestiones de Opinión…  Practiquemos la Libertad. (Vea Romanos 14)

En cuanto a la libertad cristiana, hay algunos que son débiles y otros que son fuertes. Cada uno tiene un grado de comprensión diferente, y Pablo nos dice que cada cual debe estar convencido de lo que cree: “Uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres”. El débil tiende a juzgar al que tiene la libertad de comer de todo, y el que es libre de prejuicios en cuanto a lo que come, tiende a menospreciar al que no tiene la libertad de comer de todo. Lo bueno es no condenarse con lo que uno aprueba y vivir según el amor. No hacer que por una tontería se pierda el hermano por quien Cristo murió. “El reino de los cielos no es comida ni bebida, sino Justicia Paz y Gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Nadie debe ser mal juzgado por tener una opinión diferente que no atenta contra los principios cristianos.


El Cristianismo no es Una Religión de Trapos

Lo más trágico de todo esto, es que la nueva generación termina por poner la fe en la práctica de las prescripciones y no en la obra redentora de Cristo. Ellos piensan que por haberse sometido a todas las prescripciones de la iglesia, esto les asegura una salvación eterna, pero esto es un grave error. Un joven que haya crecido en la iglesia sin haber conocido otra cosa, no puede concebir que una mujer que se preocupe por su apariencia personal, (que use pantalones, o se arregle el cabello y use ciertas joyas para decorarse), pueda ser una cristiana verdadera. Se duda de la autenticidad de su conversión. En una congregación se diría que ella todavía no es convertida. A la mujer que se viste conforme a las modas aceptadas por la sociedad actual se le llama visita. Sería bueno revisar nuestra posición delante de Dios, y en el temor de Dios buscar su rostro para adquirir sabiduría. Entiendo que para los que han sido más estrictos en estos aspectos, les resultará más difícil aceptar un cambio de posición. Pero un día, ya muy pronto, todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para que cada cual reciba según el bien o el mal que haya hecho (2. Corintios 5:10).


La Imagen

Ya que la sociedad pone tanto énfasis en la auto-imagen, creo que los cristianos tenemos que aprender a conducirnos con mucha sabiduría en este mundo. Podemos vivir al paso con la sociedad sin contaminarnos con ella. Esto requiere de la sabiduría y el equilibrio que sólo Dios puede darnos. No debemos ser extremistas, sino más bien gente equilibrada. Pablo nos aconseja que el tiempo es corto “y los que disfrutan de este mundo, debieran ser como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1. Corintios 7:31). Es cierto que todos no tienen el don de vestirse con gusto, sin exageraciones. Hay quienes por estar a la moda se exponen al ridículo. Todas las formas de cuerpo no se dan para los estilos que salen al mercado. Mas estoy seguro que entre todos nosotros habrá quienes tengan la habilidad  y el buen gusto, y  que pueden aconsejar a aquellos que no los tengan. Aquellos que no los tengan, deberían aceptar con humildad el ser aconsejados al respecto por aquellos que sí los han recibido ¡Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude!


Mi Experiencia

Dios en su gracia, me ha permitido pasar por un proceso bastante largo y sufrido para llegar a comprender algo al respecto. He querido compartirlo con todos aquellos que lo quieran analizar. No es mi intención el ser contencioso. No quiero censurar, ni quiero condenar, ni tampoco quiero señalar a nadie. Amo al Señor y amo a la iglesia en Colombia que me vio nacer, que me ayudó en mi formación, que me ha apoyado todos estos años y que lo siguen haciendo aún. Sería una lástima que después de haber sido de tanta bendición a Colombia, la iglesia caiga en la religiosidad. Asimismo, yo amo a la Iglesia de Dios en el mundo entero, pues ella trasciende a las culturas y costumbres de los pueblos. Dios es muy paciente para con todos, y si en humildad le pedimos su ayuda, el con amor nos abrirá el entendimiento.


Consejos Prácticos:

- Si usted ha comprendido esto, no haga ningún cambio brusco, no imponga nada. Alguien dijo: Si en la iglesia se va a cambiar el piano de un lado para otro de la plataforma, hágalo un centímetro por semana. No se pare delante de la congregación para decirles: -“¡A partir de hoy cada cual haga lo que quiera!”-. Esto puede causar reacciones muy negativas y hasta una división en el grupo entre los conservadores y los liberales (en la comprensión de este aspecto). ¡Sea sabio!

- Si usted ha sido muy estricto en cuestión de la vestimenta, le toca pasar por un proceso personal de liberación de todo concepto errado que haya tenido. Esto lleva tiempo y sufrimiento, pero Dios es paciente y nos ayuda si somos sinceros y honestos.

- No se vaya al otro extremo dando la impresión de que ahora todos tienen que cambiar su manera de vestir. Cada cual debe tener la libertad de hacer uso de su juicio y a su ritmo personal en cuanto a su presentación. Si alguien necesita consejo, para eso está el pastor.

- Deje correr el tiempo y observe el cambio que la gente vaya teniendo. Si se encuentra a una hermana en el culto o en la calle vestida de una manera no acostumbrada, no se escandalice ni haga ningún comentario negativo. Salúdela normalmente como si no hubiera visto nada. ¿Quién es ciego como el siervo del Señor?

- Si hay alguien en la congregación que tienda a exagerar en el uso de su libertad, con amor y mansedumbre haga la exhortación del caso. Si hay ferviente amor de los unos por los otros, podremos cubrir una multitud de faltas.

- Profundice su conocimiento. Haga estudios e investigaciones, pida revelación a Dios y aprenda de todos aquellos que están a su alrededor, ya que el que menos piense le puede enseñar una lección. Crezca no solo delante de Dios, sino también delante de los hombres. Así nos enseñó el Maestro.

- Ninguno de nosotros ha llegado a entenderlo todo. Todos conocemos en parte. ¡Que Dios nos ayude a todos a entender los tiempos en que estamos viviendo para ser más eficaces en el servicio a Dios!