martes, 18 de junio de 2013

Lo Que La Biblia Enseña Acerca Del Vestido

Por Julio César Clavijo Sierra
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“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales... Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles y los vistió” (Génesis 3:7, 3:21)


PARTE 1. EXAMINANDO LOS PRINCIPIOS BÍBLICOS ACERCA DEL VESTIDO

Dios nos ha dado mandamientos en cuanto al vestido, que básicamente se pueden resumir en el decoro, el pudor, la modestia y la distinción entre los sexos (Ver 1. Timoteo 2:9 y Deuteronomio 22:5). Estos principios trascienden los diversos estilos del vestir a través de las épocas, las culturas, las tradiciones y las modas. Aunque el hombre esté cambiando de cuando en cuando los diseños de su ropa, y aún cuando algunas modas lleguen a considerarse anticuadas, los principios bíblicos del vestir jamás son anticuados, pues la moral y los principios éticos de Dios son inmutables. Nuestro amor a Dios se manifiesta por guardar sus mandamientos y éstos no son fastidiosos para los creyentes (1. Juan 5:3-4).  

El vestido y por tanto la apariencia externa de un cristiano, deben estar de acuerdo con los principios bíblicos. La santidad aplicada a los seres humanos, indica que Dios ha separado a una persona del mundo [1] y la ha dedicado para sí. De otro lado, el pecado es la rebelión contra Dios. De manera que si alguno se aparta de los principios bíblicos del vestir está pecando; mientras que si alguno obedece a estos principios con el propósito de agradar al Dios que lo salvó, está buscando ser santo. En este sentido es válido hablar de la santidad externa, que se refleja principalmente en la forma en que nos vestimos. Si enfatizamos en los principios bíblicos del vestir cristiano, todos los creyentes estaremos protegidos en contra del error y la maldad que provienen del mundo.

El Decoro, El Pudor y La Modestia


“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos” (1. Timoteo 2:9-10).

Esta porción de la Escritura trae los principios bíblicos básicos para el vestir de los cristianos. El mandamiento está dirigido en primera instancia a las mujeres, porque por lo general ellas son más propensas a la vanidad en el vestir, y porque los varones reaccionan más ante los estímulos sexuales visuales. No obstante, sabemos que al ser unos principios básicos de la santidad, aplican igualmente tanto a los hombres como a las mujeres. Analicemos cada uno de estos términos.

Decoro: Del griego kósmios, que significa ordenado, bien dispuesto, de buen gusto. Otros sinónimos de decoro son honor, honra y estimación. Uno se viste con decoro cuando lleva ropa en buen estado, aseada, armónicamente combinada y bien proporcionada (con una talla adecuada). Algunos antónimos de decoro son: desorden, dejadez y despreocupación.

Pudor: Del griego aidós, que significa decencia, recato, reserva, dignidad, honestidad y reverencia. Uno se viste con pudor cuando está atento en no exhibir el cuerpo en forma desvergonzada a fin de no despertar un deseo sexual indebido en los demás. El pudor es el que controla hasta donde mostramos cuando nos vestimos, y es el que pone límites a lo ajustado de nuestra ropa, a su longitud (incluyendo la prolongación de escotes y rajas en las faldas) y a las transparencias. Algunos antónimos de pudor son: provocación, indecencia, obscenidad, inmoralidad, libertinaje, desvergüenza, impureza, concupiscencia, relajación, lujuria y atrevimiento.  

Modestia: Del griego sofrosúne, que significa cordura de mente, templanza, recto juicio, prudencia, discreción, sensatez y sobriedad. Otro sinónimo de modestia es la sencillez, o sea lo contrario a la vanidad. Uno se viste con modestia cuando no aprueba ninguna exhibición presuntuosa u ostentosa, cuando no busca el endiosamiento del yo, cuando no utiliza ropa extravagante, y cuando se viste en armonía para las ocasiones. Algunos antónimos de modestia son: vanidad, altivez, ostentación, presunción, suntuosidad, jactancia, orgullo, vanagloria, endiosamiento, exceso, superfluidad, desmesura, descompostura, inconveniencia e imprudencia.

La Distinción Entre los Sexos

“No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace” (Deuteronomio 22:5).

La Ropa en los Tiempos Bíblicos

  • En el recuadro de la izquierda vemos las Vestimentas masculinas: De izquierda a derecha: Un trabajador con la túnica ceñida en su cinto, un hombre vistiendo su grueso manto de lana sobre su túnica, y un rico con un manto rodeado de colorido fleco.  
  • En el recuadro de la derecha vemos las Vestimentas femeninas: Una campesina en primer plano (Véanse sus sencillas sandalias). Atrás, una mujer rica. Ambas mujeres llevan la cabeza cubierta. 

Cuando Dios creó al ser humano, lo creó hombre y mujer (Génesis 1:27). Dios hizo al hombre y a la mujer con diferencias anatómicas, mentales y emocionales, y también dio la orden expresa de mantener bien clara la distinción entre los sexos mediante el vestido. Cualquier cosa que intente alterar esta distinción, es considerada por Dios como abominación, o sea algo que Dios detesta o le repugna. Este principio en el vestir, también tiene como propósito servir de resguardo contra la homosexualidad, que es algo que igualmente Dios tiene por abominación (Levítico 18:22, 20:13). La Biblia enseña que en el Reino de Dios no entrará nada que sea abominable para Dios (Apocalipsis 21:27).

Aunque Deuteronomio 22:5 forma parte del Antiguo Testamento, su contenido todavía está vigente en el Nuevo Pacto por dos razones: La primera, porque al decir que es abominación para Dios cualquiera que esto hace, sabemos inmediatamente que este mandamiento hace parte de la Ley Moral (y no de la Ley Ritual o Ceremonial), pues Dios no cambia en lo que le agrada o le desagrada (Malaquías 3:6). [2] La segunda, porque el Nuevo Testamento lo confirma, ya que en 1. Corintios 6:9 se dice que los afeminados no heredarán el Reino de Dios. Los afeminados son los hombres que se comportan como si fueran mujeres, e incluso algunos llegan a practicar el travestismo al ponerse ropa de mujer.

Para el tiempo y la cultura en que fue dado originalmente ese mandamiento, los hombres y las mujeres se vestían con túnicas. Aunque estas túnicas tenían similitudes, lo masculino y lo femenino se marcaba por diferencias en estilo, textura, costura, accesorios y hasta en colores. “Las túnicas de los hombres eran generalmente cortas y coloreadas; las de las mujeres llegaban hasta el tobillo, y eran azules, con bordes bordados en el cuello…”. [3] “El vestido de la mujer se diferenciaba más del detalle que en clase. Debemos suponer que en cada caso sus vestidos eran un poco mejor acabados... El velo era la característica distintiva del vestido de la mujer”. [4]

Sin embargo, como Deuteronomio 22:5 es un principio bíblico del vestir, su contenido trasciende a todas las culturas. En cada cultura se puede discernir entre la ropa masculina y la femenina así: La vestimenta masculina es aquella ropa que una cultura ha aceptado como relacionada con los hombres, que no compromete su masculinidad y que no permite que los confundan con los afeminados. Mientras tanto, la vestimenta femenina es aquella ropa que una cultura ha aceptado como relacionada con las mujeres, que no compromete su feminidad y que no permite que las confundan con unas lesbianas.


PARTE 2. TENDENCIAS PELIGROSAS CUANDO SE HABLA ACERCA DEL ATAVÍO

En la sección anterior, observamos que un cristiano debe utilizar una ropa que lo identifique como lo que él es, es decir como un hijo del Dios que lo ha redimido y le ha transformado el entendimiento. Los hijos de Dios deben caracterizarse por observar los principios bíblicos del vestir, los cuales son el decoro, el pudor, la modestia y la distinción entre los sexos. No obstante, cuando hablamos sobre las enseñanzas bíblicas acerca del atavío, encontramos algunas tendencias que son peligrosas y que se hace necesario analizar. Algunas tienden hacia el extremo del libertinaje y la mundanalidad, mientras que otras tienden al extremo de la hipocresía y la justificación propia.

¿Dios Sólo Mira el Interior de un Cristiano, Pero no su Exterior? 

Hay una tendencia permisiva que intenta deformar el texto de 1. Samuel 16:7 que dice: “…Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”, para sostener que el atuendo y las prácticas de un cristiano no son importantes dentro de la santidad, o peor aún, que la santidad no es importante, y por esta causa sus adherentes toleran muchas costumbres del mundo y desobedecen por completo los mandamientos bíblicos respecto a la ropa. Ellos ignoran que 1. Samuel 16 no es una enseñanza sobre la ropa, sino que es una palabra que nos enseña que cuando Dios elige a alguien para desempeñar un ministerio (en este caso el de rey de Israel), para Él no es tan importante la apariencia física (incluyendo estatura, contextura, belleza, etc.) [5] sino la disposición del corazón de aquella persona para con Dios.

El Señor desea que nosotros seamos embajadores de su reino, que reflejemos su gloria y que seamos luz en medio de las tinieblas con el fin de ganar a la gente para el evangelio (Vea 2. Corintios 5:20 y Filipenses 2:15). “Pero el problema es que el mundo cuando nos mira, no ve nuestros corazones (eso lo puede hacer solamente Dios)… y lo primero que observan es nuestra apariencia externa, es decir, nuestra manera de vestir; posteriormente verán nuestras obras. Yo nunca he visto a un corazón caminando por la calle, por eso creo que es importante también como nos vestimos”. [6]

Enfatizando lo Exterior, Pero Ignorando lo Interior

Así como es un problema cuando se asegura que Dios no mira lo externo de nuestras personas sino sólo nuestro interior, también es un problema muy grave cuando se enfatiza solamente en lo externo y se ignora la obra de Cristo en nuestros corazones.

Cuando una iglesia dicta a sus miembros sus propios preceptos sobre la ropa (indicando por ejemplo que en ninguna manera se deben usar escotes, que las faldas deben cubrir como mínimo hasta la mitad de las piernas, que no se deben usar mangas sisas, etc.), pero a la vez esta iglesia no predica ni hace conscientes a sus miembros de los principios bíblicos acerca del vestir y no recalca que la santidad solamente es producto de una vida en permanente comunión con Cristo, entonces esta iglesia es culpable de inculcar meramente un mensaje mecánico y externo que produce personas legalistas, las cuales terminan “por poner la fe en la práctica de las prescripciones y no en la obra redentora de Cristo. Ellos piensan que por haberse sometido a todas las prescripciones de la iglesia, esto les asegura [la santificación] y la salvación eterna, pero esto es un grave error”. [7] Estas personas son conducidas hacia una confianza en sí mismos, que se basa en su propia capacidad de hacer o de abstenerse de ciertas cosas. “Las personas con mentalidad legalista, olvidan que Dios es quien justifica al impío (Romanos 4:5), pensando más bien que ellos deben hacerse a sí mismos santos para entonces lograr que Dios los acepte”. [8] La Escritura nos enseña que ninguna ropa o adorno externo puede sustituir el atavío interno (la cobertura de Cristo en nosotros), que produce un ornato incorruptible que es de grande estima delante de Dios (Vea 1. Pedro 3:3-4 y Efesios 4:22-24). “Si alguien basa su salvación en sus propias obras, no irá al cielo sin importar cuán moral se vea, pues ha establecido su propia justicia en lugar de confiar en la justicia y la gracia de Dios (Gálatas 2:21; 5:1-4). La salvación sólo viene por la fe en la obra de Jesús en el Calvario. Uno no puede tener fe en la obra de Jesús y a la vez en sí mismo. El legalismo no es la enseñanza de la separación del mundo; más bien, es creer que uno puede ser salvo sin hacerlo”. [9]

Jesucristo reprobó a los hipócritas que ponían toda su atención en lo externo y que se fijaban en lo cultural y tradicional pero no en los principios bíblicos, y les dijo: “…Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mi” (Marcos 7:6). También dijo: “…Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; estos recibirán mayor condenación” (Lucas 20:46-47). “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad se muestran hermosos, más por dentro estáis llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad (Mateo 23:24-28). Todo esto nos demuestra que los legalistas son personas con apariencia de piedad, pero que niegan la eficacia de ella (Vea 2. Timoteo 3:5). ¡A Dios no le interesa adornar el exterior de un sepulcro, sino darle vida a lo que hay dentro!

“Pablo advirtió acerca de un legalismo ascético que estaba atacando a la iglesia del primer siglo. En Colosenses 2:18-23, dijo que uno podría ser despojado de su recompensa en Cristo por cuatro cosas. Estas son: (1) humildad fingida, (2) culto a los ángeles, (3) No dar a Jesús su propio lugar como la cabeza del cuerpo de Cristo, (4) y someterse a mandamientos y doctrinas de hombres que enseñan que hay un beneficio espiritual en la abstención de cosas perecederas que no son inherentemente malas. Estas cosas tienen un aspecto de verdadera sabiduría, pero no son más que una religión auto-impuesta que no es capaz de ayudar a una persona a superar su naturaleza pecaminosa (v.23). La humildad y la adoración que estos ascetas estaban realizando, no provino de Dios sino de su propia voluntad humana, contrariando lo que Jesús enseñó acerca de la adoración a Dios, cuando dijo que la verdadera adoración debía provenir de nuestro espíritu (Juan 4:24).

Este pasaje deja claro que cualquier conducta que nos abstenga de participar de las cosas de este mundo físico, no nos ayuda a superar nuestra naturaleza pecaminosa ni nos acerca a Dios... Si alguien cree que la falsa humildad, las auto-imposiciones y la religiosidad pueden concedernos la espiritualidad, la santidad o el favor de Dios, perderá su recompensa en Cristo”. [10]

“El legalista y un verdadero santo (hombre o mujer) de Dios, pueden hacer las mismas ꞌobrasꞌ, pero ambos tienen diferentes interpretaciones y puntos de vista de cómo y dónde sus obras encajan en su salvación. El legalista cree que sus obras ganan o mantienen su salvación, mientras que el santo (varón o mujer) de Dios entiende que está viviendo como lo hace porque es salvo y sólo quiere agradar a su Amante… Es por eso que en cualquier actividad cristiana, tú tienes que tener cuidado de que tu confianza interior esté en Dios y no en ti mismo. De lo contrario todo saldrá mal y esto hará toda la diferencia entre el cielo y el infierno, entre la vida y la muerte. Tú puedes hacer exactamente lo mismo que otras personas hacen, y si tú lo haces confiando el algo más que no sea el Espíritu de Dios, lo que ellos hagan bendecirá a la gente, pero lo que tú hagas los maldecirá”. [11]

El Etnocentrismo

Jesucristo ordenó que su evangelio fuera predicado en todas las naciones (Mateo 28:19, Marcos 16:15, 24:47). En cumplimiento de este mandato, la iglesia está conformada por gente de todas las naciones, todas las culturas, todas las tribus y todas las lenguas (Apocalipsis 7:9, 7:14, 14:6). La Escritura nos enseña que Dios ha llamado igualmente al judío y al gentil para que hagan parte de su iglesia, sin hacer diferencia o discriminar al uno en favorecimiento del otro (Romanos 10:12). Esto nos enseña que Dios llevará consigo a gente de diferentes culturas, y que por ende han tenido conceptos diferentes en cuanto al vestido.

Por esta razón, los creyentes deben diferenciar las verdades y principios bíblicos (que son universales y aplicables a cualquier contexto cultural), de las aplicaciones que la iglesia de un contexto cultural particular ha hecho de esos principios. Lo bíblico es nuestro mensaje básico, pero la aplicación de estos principios sí puede y debe variar de un contexto a otro. Tal vez aquellas aplicaciones son válidas para un determinado contexto cultural, pero no necesariamente lo son para otros contextos culturales.

Por no comprender este asunto, algunos han caído en el error del etnocentrismo, que es aquella “tendencia emocional que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades”. [12] El etnocentrismo cree que todo el mundo debe vivir como uno mismo vive. “Siendo que ꞌtradiciones étnicasꞌ también es otra manera de decir ꞌculturaꞌ (en su sentido antropológico), entonces el etnocentrismo incluye la creencia de que todo gira o debe girar alrededor de una cultura particular (normalmente la del individuo etnocentrista)… [Por lo cual dicho individuo]  percibe (conscientemente o no) a su propia cultura como ꞌmejorꞌ, ꞌmás avanzadaꞌ, ꞌmás santaꞌ o ꞌmás cristianaꞌ. Y, por ser así, es percibida como algo que merece ser duplicado por esta [otra] etnia...” [13]

Estamos acostumbrados a pensar que lo correcto es que todas las gentes de todas las culturas se deberían vestir como nosotros, porque el ser humano es muy lleno de prejuicios. Sin embargo, “podemos ver cuán pretencioso es dictar reglas generales de esa naturaleza basadas en nuestra propia ignorancia cultural. En las islas del Pacífico los hombres usan faldas, y en alguno de esos lugares las autoridades oficiales visten una falda y arriba usan una chaqueta al estilo occidental, hasta con corbata. En Fiji los hombres visten una falda que llaman ꞌsuluꞌ. En Indonesia hombres y mujeres visten el ꞌsarongꞌ que es una tela larga que cuelgan como falda. En la Polinesia existen distintos vestuarios: pareo, lava-lava, etc. En Hawai el ꞌkikepaꞌ. En Malasia el ꞌkainꞌ. En Japón el famoso ꞌkimonoꞌ. Los escoceses el ꞌkiltꞌ, y así podría seguir enumerando diversas vestimentas según sus costumbres y tradiciones… Considero que cuando el Señor nos permite conocer diversas culturas, no solamente enriquecemos nuestra propia cultura general, sino que además nos hace cuestionar cosas que hemos aceptado como dogmas inamovibles, pero que luego entendemos que no son más que tradiciones de hombres y no corresponden a las ordenanzas de Dios”. [14]

Pastores de la Iglesia Pentecostal Unida Internacional en Samoa. 
Samoa es un grupo de islas perteneciente al archipiélago de la Polinesia en el Pacífico Sur. El patrimonio cultural de Hawaii, Fiji, la Polinesia Francesa y Samoa, incluye una falda envolvente que es usada por los hombres y las mujeres, que consiste en un trozo de tela que puede ser vinculada de diversas maneras. Por supuesto, hay diferencias entre las faldas masculinas y femeninas de aquellos lugares.

Melciades Tórres, pastor de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, perteneciente a la etnia amerindia de los arhuacos, que habitan en la Sierra Nevada de Santa Marta. 

Grupo musical pentecostal, perteneciente a la etnia amerindia de los guambianos, que habitan en el departamento del Cauca, Colombia. Su Resguardo Mayor está en el municipio de Silvia y habitan también en otros lugares cercanos, en la vertiente occidental de la Cordillera Central de los Andes colombianos.

Los peligros y las maldades del etnocentrismo, se tienen que contrarrestar con el bibliocentrismo. “En vez de poner al ser humano o a sus prácticas en el centro de todo, tenemos que poner a Dios, su revelación y sus prácticas en el centro. En vez de tener todo girando alrededor de lo humano, nuestras vidas tienen que girar alrededor de Dios y su Palabra. En vez de pensar primeramente en sistemas humanos (sean nuestros o de otros), debemos pensar en Dios y sus sistemas. Esta es la solución al etnocentrismo. Y esto se logra por dedicarse a su Palabra y por la transformación continua que el Espíritu Santo trae a nuestra vida. Sólo esto nos puede librar del etnocentrismo. Dios está fuera de la esfera de la cultura humana. Dios es ꞌsupraculturalꞌ (por encima de toda cultura humana). Así, Dios puede evaluar, juzgar y corregir cualquier (y toda) cultura. Entonces, sólo su Palabra y la obra de su Espíritu Santo en nuestra vida pueden abrir nuestros ojos al etnocentrismo en nosotros mismos. Y sólo su Palabra y nuestra sumisión a su operación transformadora continua en nuestra vida, nos puede librar del etnocentrismo. Dios nos libra de nuestra naturaleza humana y nos libra de nuestro etnocentrismo. Pero es una lucha continua”. [15]

Confundiendo a la Tradición con la Palabra de Dios

Al hablar acerca del vestido, se presenta otro problema que es cuando alguien no es capaz de distinguir entre una tradición y la enseñanza misma de la Escritura, o en otras palabras, cuando alguien sostiene que sus propias interpretaciones o aplicaciones tradicionales de las Escrituras están al mismo nivel (o incluso a un nivel superior) de lo que está escrito en la Palabra de Dios. La costumbre hace que las personas dejen de reflexionar acerca de sus prácticas, se contenten con aceptarlas y no quieran cambiarlas. Esto puede conducir a la gente hacia una confianza estricta en un conjunto de preceptos que no forman parte de las claras enseñanzas bíblicas, y entonces puede producir personas legalistas que están más confiadas en su propio rendimiento y en su capacidad de adherirse a un código de conducta hecho por el hombre, que en la obra salvadora de Jesucristo en el calvario. Este tipo de legalistas justifican sus actos basados en la mera tradición y en la autoridad, diciendo por ejemplo: -“¡Esa era la moda con la que los pioneros de nuestra organización se vestían, y nosotros debemos seguir manteniendo esa costumbre en el vestir si queremos ser tan santos como lo fueron ellos!”-; ó -“¡Seguir nuestra tradición es mantener las buenas y sanas costumbres, por lo cual si se acepta cualquier otra forma de vestir es atentar contra la santidad, pues no puede haber santidad aparte de nuestras tradiciones”- [16] ó –“¡Esto es lo que nuestra iglesia (organización) cree, y usted debe obedecer a la Iglesia!”-. Este tipo de enseñanzas simplemente no tienen éxito en el desarrollo de la verdadera santidad.  

Continuando con nuestra discusión sobre la tradición, es imperioso aclarar que ser conservador o tradicionalista no es necesariamente ser legalista. Una persona solamente sería legalista si llega a poner la confianza en su estricto apego a ciertos preceptos creyendo que estos le pueden otorgar la santificación y la salvación, y pone a éstos por encima del poder transformador de Cristo. Sin embargo, no hay legalismo si una persona o un grupo de personas mantienen una tradición, pero a la vez tienen claridad en que su santificación viene exclusivamente por la gracia de Dios, que ninguna cantidad de buenas obras puede hacerles ganar un favor de Dios, y que sus actos son producto de una consagración especial que proviene del amor que ellos sienten por el Dios que los ha salvado.

“Yo no me opongo a los [conservadores o a los] ultra-conservadores en lo más mínimo. De lo que estoy en contra, es que los conservadores se vuelvan legalistas, condenando a los demás que no hacen lo que ellos hacen. Ahí es cuando el asunto se torna feo, y cuando el título de ꞌlegalistaꞌ es justificado. Si lo que hacemos, lo hacemos para el Señor, es bueno. Incluso si hay algo que técnicamente no es un pecado ante los ojos de Dios, lo que importa es que si una persona se abstiene de hacerlo porque piensa que está mal, se abstenga de hacerlo como para el Señor. Eso es lo que importa y no si es bueno o malo en sí mismo (ver Romanos 14; 1. Corintios 8, 10). Ellos lo están haciendo por causa de Dios, tratando de agradar a Dios, y esa actitud es agradable ante Dios” [17] “Si otros quieren hacer las mismas cosas que un grupo cristiano particular, teniendo las mismas convicciones que ellos, esto es significativo. Sin embargo, si se ven obligados a hacer algo en contra de su voluntad o sin el entendimiento, eso es legalismo. Nos convertimos en legalistas cuando hacemos demandas injustificadas sobre los demás, en las áreas que no están prohibidas por la Escritura”. [18]
     
“A veces Dios da a una persona unas ciertas convicciones que no son compartidas por algunos otros creyentes. Quizás esto es necesario debido al trasfondo de aquella persona o de sus debilidades en ciertas áreas; o quizás Dios le está guiando a una relación más cercana con Él. En esta situación, la persona debería ser leal a sus convicciones propias en cuanto a su conformidad con la Escritura. ꞌCada uno esté plenamente convencido en su propia mente... y todo lo que no proviene de fe, es pecadoꞌ (Romanos 14:5, 23). A la vez, él no debería tratar de exigir que otros las respeten. Asimismo, otros creyentes deberían respetar sus convicciones y no lo deben menospreciar (Romanos 14:2-6). Dios siempre honra y bendice a aquellos que hacen consagraciones personales. Hay bendiciones especiales y relaciones especiales con Dios que vienen mediante estas consagraciones especiales”. [19]


PARTE 3. UNA APLICACIÓN DE ROMANOS 14:1-15:3 A LAS CONTROVERSIAS SOBRE EL ATAVÍO

La porción de Romanos 14:1–15:3, nos habla de la libertad cristiana y el legalismo, y nos invita a amar más allá de nuestras diferencias conceptuales en aquellas áreas que no están prohibidas por la Escritura. Para entender apropiadamente dicha porción, es necesario tener en cuenta que en La Epístola a Los Romanos, vemos que la iglesia de Roma estaba experimentando una gran discordia entre las facciones judías y gentiles que habían creído al evangelio. Los judíos reclamaban una superioridad sobre los gentiles, aduciendo que por medio de la Ley de Moisés, Dios les había dado una revelación superior y les había hecho su pueblo escogido. De otro lado, los gentiles se estaban ensoberbeciendo y estaban pensando que ellos eran más significativos en el Reino de Dios, porque la mayoría de los judíos rechazaron a Jesús el Mesías a pesar de haber conocido previamente sus promesas. Ante esto, Pablo les mostró que el pecado destituyó de la gloria de Dios a todos, tanto a judíos como a gentiles, y que todos solamente pueden ser justificados mediante la redención que es en Cristo Jesús (Vea Romanos 1:16-17, 2:9-11, 3:23-24, 3:30). Por lo tanto, la iglesia es un cuerpo unificado de creyentes todos iguales ante Dios, independientemente de su origen y división étnica, sin que haya diferencia entre el judío y el gentil (Romanos 10:12-13). Al llegar al capítulo 13, Pablo enfatizó que el amor es el aspecto principal de nuestro caminar con Dios, y que debemos amar a nuestro prójimo, aún mucho más cuando la venida del Señor está tan cerca (Vea Romanos 13:10-14).

“En Romanos 14, Pablo dirigió su atención en la intensa competencia que los judíos y los gentiles estaban teniendo sobre las áreas de la conducta cristiana. Los judíos pensaban que estaba mal comer ciertas carnes y beber vino (vs. 2-3, 15, 20-21), y pensaban que había que observar ciertos días como sagrados o santos (vs. 5-6). Los gentiles, que no fueron criados en la Ley de Moisés y que por tanto no tenían arraigadas estas ideas desde su infancia, pensaban que esto era ridículo. Ellos no permitirían que los judíos pusieran ese yugo de esclavitud sobre ellos. Los judíos, que habían sido criados con estas ideas de la Ley… no podían ver ninguna otra forma de vida. Ellos no pudieron deshacerse fácilmente de esas prácticas, y se negaron a creer que los demás pudieran privarse de participar en ellas a pesar de que el evangelio se los permitía. El tema en cuestión no era la salvación del creyente, sino su capacidad o incapacidad para participar en el comportamiento bíblicamente aceptable debido a una conciencia fuerte o débil. Pablo mostró a los romanos que hay espacio para la opinión y convicción privada, pero que no debe haber espacio para luchar por estas cuestiones en el cuerpo de Cristo.

Los que se impusieron limitaciones en ciertas áreas, necesitaban esperar más revelación y comprensión, pero mientras esperaban por esta comprensión de su libertad en Cristo, necesitaban mantenerse dentro de los límites de su propio conocimiento, y no saltar a dicha libertad antes de que pudieran aceptarla por la fe. Pablo nunca trató de cambiar la mente de los hermanos débiles. Él no les dijo a aquellos creyentes que estaban equivocados y que necesitaban cambiar sus puntos de vista y sus prácticas. De hecho, él hizo todo lo contrario (vs. 3-6, 22-23). Él no trató de hacer que toda la iglesia creyera y practicara unas ciertas costumbres, sino que les dio la libertad de seguir su conciencia, siempre y cuando no obstaculizaran la unidad del cuerpo de Cristo, o hirieran la fe de cada creyente. Los versículos 1-13a muestran que todos deben ejercer su libertad ante Dios, sabiendo que Él es nuestro juez y no ningún hombre. Los versículos 13b hasta el 15:3, muestran cómo debemos ejercer nuestra libertad en el amor y la consideración por los otros hermanos, sabiendo que tenemos que vivir en justicia, paz y gozo en el cuerpo de Cristo. Finalmente, Pablo exhortó más abiertamente a los que siendo más fuertes podían soportar más, mientras que mostró indirectamente el error de los débiles”. [20]

Pasando al tema particular del atavío, vemos que actualmente se presentan controversias entre diversos grupos cristianos de sana doctrina en áreas donde la Biblia nos ha dado mucha libertad, y rápidamente se lanzan juicios y condenas de un lado y del otro ignorando que Dios ha permitido un margen para la opinión y la convicción privada. Algunos menosprecian a los otros llamándoles anticuados y muestran un cierto tipo de desprecio contra ellos diciendo que son demasiado radicales. Mientras tanto, los otros acusan a los demás como indignos, impíos o inmundos, y piensan que sólo ellos tienen derecho a salvarse porque han mantenido las tradiciones. En lugar de este feo comportamiento, la Escritura nos sigue invitando a que nos amemos, y aún más porque la venida del Señor está cerca. En lugar de estar lanzando juicios contra nuestro hermano que anda en la fe, deberíamos estar buscando una mayor comprensión de la Palabra de Dios, y deberíamos cuestionarnos sobre qué tan cerca o que tan lejos están nuestros preceptos de la Palabra de Dios.

Una de las mayores discusiones que se han dado acerca de la ropa, está en el uso del pantalón femenino por parte de la mujer cristiana. Muchos juzgan según la tradición, y dicen que el pantalón femenino no es admisible en ninguna manera para la mujer creyente, porque el pantalón es una prenda que tradicionalmente ha sido característica de los hombres (lo cual violaría el mandamiento de Deuteronomio 22:5) y porque los pantalones pueden llegar a ser más indecentes que los vestidos. Sin embargo, cuando observamos el texto de Deuteronomio 22:5, vemos que éste nunca dice que para Dios es abominación que una mujer se ponga pantalones o que un hombre se ponga faldas. Nosotros no debemos pensar más allá de lo que está Escrito para no envanecernos los unos contra los otros (1. Corintios 4:6).

Ya hemos visto que hay muchas culturas y lugares del mundo donde es admisible que los varones se pongan una falda (que es diferente a las faldas femeninas) y donde por hacerlo nunca serían considerados como afeminados. También hemos visto que para el tiempo y cultura en que se escribió Deuteronomio 22:5, tanto los hombres como las mujeres se vestían con túnicas, y aún así había diferencias claramente reconocibles entre las túnicas masculinas y las femeninas. Igualmente, en la cultura occidental del día de hoy, no hay duda de que el pantalón es una clase de ropa masculina y femenina, y aunque por ser pantalones tienen similitudes, lo masculino y lo femenino se marca por diferencias en estilo, textura, costura, accesorios, adornos y hasta en colores. [21] En conclusión, el pantalón que ahora se fabrica para las mujeres tiene un diseño diferente al de los hombres, por lo cual permite la diferenciación sexual que es lo que demanda Deuteronomio 22:5. Una mujer se ve igualmente femenina usando una falda o un pantalón femenino.

Pantalón masculino y pantalón femenino

De otro lado, los pantalones no son en sí mismos una prenda honesta o deshonesta, por lo cual cada persona que se los ponga (sea hombre o mujer) es responsable de aplicar o no los principios bíblicos del vestir cuando los usa. Los hombres cristianos occidentales han usado pantalones durante mucho tiempo, y aún así han sabido vestirse con decoro, pudor y modestia. Del mismo modo, una mujer cristiana que desee vestirse con pantalones femeninos, debe tener presente por encima de cualquier cosa los principios bíblicos del vestir, sacando lo bueno desde el buen tesoro de su corazón (Mateo 12:35). En conclusión (y considerando las diferentes culturas del mundo) un hombre y una mujer pueden aplicar o no los principios del vestir, ya sea que se atavíen con falda o con pantalón.

Para los que hemos nacido y nos hemos criado en un ambiente tradicionalista en cuanto al vestido, no es fácil deshacernos de la idea de que una mujer cristiana pueda agradar a Dios vistiendo con pantalón. Para otros hermanos que han llegado al evangelio en medio de un contexto cultural no tradicional, no es fácil deshacerse de la idea de que los creyentes que enfatizan en la falda son anticuados o fanáticos. El apóstol Pablo nos recomendó que no nos ataquemos en lo que la Palabra de Dios nos dio libertad, pues en estas cosas no todos tienen que creer por igual. Lo importante aquí, es que cada uno esté convencido en su propia mente de que en su persuasión particular está viviendo de una manera agradable para Dios, pero que también entienda que esto no quiere decir que no haya otras maneras de agradar a Dios.

Nadie debe hacer algo o abstenerse de algo, simplemente porque otro le dice que esos son “los comportamientos cristianos correctos” o “las buenas costumbres cristianas”, porque entonces terminará viviendo una vida basada en las ideas y convicciones de los demás pero no en las suyas. La persona que hace esto, nunca desarrollará una buena relación personal con el Señor que lo guíe por la senda de la santidad, sino que sólo seguirá preceptos que lo hundirán finalmente en el legalismo. Pero para los que han examinado sus creencias, y están convencidos en su propia mente de que lo que están haciendo es para agradar al Señor, les dejo esta paráfrasis de Romanos 14:2-3 que nos ayudará a mantener el amor fraternal en medio de nuestras diferencias en cuanto al uso del pantalón femenino por parte de la mujer creyente, y además nos ayudará a que no haya divisiones dentro del cuerpo de Cristo.    

Porque uno cree que [una mujer creyente se puede vestir con pantalón femenino]; otro, [sólo acepta que se vista con falda]. El que [piensa que el pantalón femenino es una prenda admisible], no menosprecie al que [piensa que sólo la falda es admisible], y el que [piensa que sólo la falda es admisible], no juzgue al que [piensa que el pantalón femenino es una prenda admisible] porque Dios también le ha recibido. (Paráfrasis de Romanos 14:2-3 para el uso del pantalón femenino).

Lo mismo puede ser aplicado al maquillaje y al uso de joyas. No hay nada en la Biblia que prohíba tajantemente su uso, pero uno sí puede reconocer cuando una mujer usa maquillaje y joyas con discreción, cuidando de su presentación sin caer en los excesos. Se ha dicho que el maquillaje solo tiene como objetivo el de acentuar la sensualidad en la mujer y provocar la lujuria, pero la verdad es que esto solo sería posible si una mujer traspasa la barrera impuesta por los principios bíblicos del vestir. Se ha dicho que Mateo 5:36 indica que alguien no debe teñirse sus canas, pero este texto está hablando es de que no debemos jurar en ninguna manera porque nosotros no podemos tener el control absoluto de las cosas por las cuales la gente jura (por ejemplo por el cielo, por la tierra, por la ciudad de Jerusalén, por su cabeza, etc.); así que lo que este texto está diciendo, es que nosotros debemos asegurar que siempre decimos la verdad cuando nos comprometemos con algo, y que estamos dispuestos a cumplir nuestras promesas.

Se ha dicho que el uso de joyas es una forma irrestricta de vanidad, pero otra vez esto solo sería cierto si no se tienen en cuenta los principios bíblicos del vestir, por ejemplo cuando se usan joyas ostentosas o alhajas en exceso. Sabemos que los patriarcas y el pueblo de Israel usaban joyas, al punto que Dios mandó a las mujeres judías que le pidieran joyas a las mujeres egipcias con el fin de que no se fueran con las manos vacías (Génesis 24:21-53, Éxodo 3:21-22). Dios no criticó el uso de las alhajas y los adornos, pero sí el orgullo y la soberbia con que estos fueron exhibidos por las hijas de Sion (Isaías 3:16-26). Los dos textos de 1. Timoteo 2:9-10 y 1. Pedro 3:3-4, no son una prohibición del uso de las alhajas y los adornos, pero sí nos enseñan que una mujer cristiana debe saber que delante de Dios vale más su apariencia interna que la externa.

Así que en el uso del maquillaje en la mujer y el uso de joyas, Dios nos ha dado libertad para elegir, y no ha prohibido esto en la Escritura. Después de analizar juiciosamente las diferentes posiciones y argumentos, algunos tienen la convicción personal de que nunca usarán estas cosas y están convencidos de que lo hacen para el Señor. Otros por el contrario, tienen la convicción personal de que el uso de estas cosas es admisible siempre y cuando se conserven los principios bíblicos del vestir y también están convencidos de que así están agradando al Señor. En la ausencia de normas bíblicas específicas para un determinado asunto, no debemos imponer a otros nuestras propias convicciones personales, sino que debemos permitirles a ellos desarrollar sus propias convicciones y no debemos menospreciarlos por las decisiones que lleguen a tomar. Como conclusión, cada uno de nosotros debe asegurarse de que nuestra forma de vida es agradable al Señor y que no transgrede los principios bíblicos, y que nuestro amor por los hermanos en la fe debe ser superior a cualquier divergencia sobre los asuntos dudosos en los cuales la Escritura ha permitido un espacio para distintas opiniones y conductas.


Notas:

[1] Aquí me estoy refiriendo al mundo como el sistema perverso que opera sobre el planeta tierra y que está en oposición a Dios. Satanás es el gobernador de dicho sistema mundial (Juan 12:31, 14:30, 2. Corintios 4:4, 1 Juan 5:19). Por esta razón no debemos amar el mundo (1. Juan 2:15) y cualquiera que sea amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios (Santiago 4:4).
[2] En la Ley de Moisés, hay que distinguir entre lo que Dios abomina y lo que Dios dijo que sería abominación para los judíos. Como Dios no cambia, entonces Él siempre tendrá por abominación a lo mismo, porque Él es absoluto en la santidad y en su odio del pecado. Mientras tanto, las cosas que serían abominación para los judíos (como ciertas carnes de animales según Levítico 11), eran solamente leyes de tipo temporal que se mantendrían vigentes hasta la llegada del Nuevo Pacto.  De otro lado, Deuteronomio 22:5 está rodeado de mandamientos rituales que no tenemos que guardar literalmente hoy en día, pero la esencia de esos mandamientos sí tiene que ser respetada por nosotros todavía. Por ejemplo los versículos 1-4 hablan de la solidaridad, los versículos 6 y 7 previenen contra la disipación, el versículo 8 habla del cuidado de los demás, y los versículos 9-11 hablan de la separación (que tipológicamente se refiere a nuestra separación del pecado y del mundo).
[3] Ralph Gower. Nuevo Manual de Usos y Costumbres de los Tiempos Bíblicos. © 1990 por Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan 49501. Págs. 12-14
[4] Fred H. Whight. Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas. © 1981 por Moody Bible Institute, y publicado con permiso por Editorial Portavoz, filial de Kregel Publications, Grand Rapids, Michigan 49501. Pág. 103
[5] Aunque he dicho que a Dios no le interesa la apariencia física sino la disposición del corazón de una persona para con Él, estoy haciendo esta declaración a la luz del Nuevo Testamento. Reconozco que la Ley de Moisés prohibía a los descendientes de Aarón que tuvieran algún defecto físico, oficiar como sacerdotes ofreciendo el pan o las ofrendas encendidas para Jehová. Entre los defectos mencionados estaban ser ciego, cojo, mutilado, deforme, lisiado de pies o manos, jorobado, enano, que tuviera sarna, tiña, cataratas en los ojos, o que hubiera sido castrado. Sin embargo, ellos sí podían vivir del altar, porque podían comer de los sacrificios, como los demás sacerdotes (Levítico 21:16-24). En el Nuevo Pacto nadie está excluido de ofrecer sacrificios espirituales a causa de un defecto físico, pero sí está incapacitado cuando posea algún pecado que deforme el alma.    
[6] Jack Fleming. Preguntas Frecuentes. No. 16: Si el Señor mira solamente el corazón, ¿por qué dicen que el creyente debe cuidar también su vestimenta y apariencia personal?
http://www.estudiosmaranatha.com/faq/faq16.html
[7] Luis Carlos Fontalvo Pava. El Evangelio del Señor Jesucristo y Nuestras Tradiciones.
http://unicodios.blogspot.com/2013/05/el-evangelio-de-jesucristo-y-nuestras.html
[8] Jason Dulle. Lo Que Es y Lo Que No Es Legalismo
http://unicodios.blogspot.com/2012/03/lo-que-es-y-lo-que-no-es-legalismo.html
[9] Jason Dulle. El Legalismo
http://unicodios.blogspot.com/2012/03/legalismo.html
[10] Ídem
[11] Ídem
[12] Diccionario de la Real Academia Española. Etnocentrismo.
http://lema.rae.es/drae/?val=etnocentrismo
[13] William F. Ritchey. Una Introducción a la Vida Misionera Transcultural.  Tomo 1: Antes de Llegar al Campo Misionero. © 2003 Academia de Misiones Mundiales. Págs. 46, 47.
http://academiademisionesmundiales.com/recursos/VidaMis1.pdf
[14] Jack Fleming. Preguntas Frecuentes. No. 194: ¿Prohíbe Dios a la mujer usar pantalones en la iglesia según Deuteronomio 22:5?
http://www.estudiosmaranatha.com/faq/faq194.html
[15] William F. Ritchey. Una Introducción a la Vida Misionera Transcultural.  Tomo 1: Antes de Llegar al Campo Misionero. © 2003 Academia de Misiones Mundiales. Pág. 48
http://academiademisionesmundiales.com/recursos/VidaMis1.pdf
[16] Algunos justifican a sus tradiciones o lo que también llaman “buenas costumbres” (que no aparecen en la Escritura), argumentando que el apóstol Pablo alabó la observancia estricta de ciertas tradiciones extrabíblicas en textos como 1. Corintios 11:2, 2. Tesalonicenses 2:15 y 2. Tesalonicenses 3:6. La palabra griega utilizada en esos textos es paradosis, que literalmente significa el mensaje entregado. En aquellos textos dicha palabra se refiere a las enseñanzas dadas por los apóstoles a los creyentes de la Iglesia Primitiva, y por lo tanto dicho mensaje (o instrucciones) no es otro que la propia enseñanza que quedó registrada en la Biblia (no un mensaje extrabíblico). Así que estos versículos no sirven para justificar ninguna supuesta “tradición sagrada”. En Mateo 15:2-3, paradosis se ha traducido bien como tradición, porque aquí se trata de las tradiciones que los ancianos judíos dejaron sobre su pueblo y que no estaban declaradas en la Palabra de Dios, pero que sin embargo ellos ponían al mismo nivel que la Palabra de Dios, quebrantando así la Escritura.
[17] Jason Dulle. Lo Que Es y Lo Que No Es Legalismo
http://unicodios.blogspot.com/2012/03/lo-que-es-y-lo-que-no-es-legalismo.html
[18] Jason Dulle. El Legalismo
http://unicodios.blogspot.com/2012/03/legalismo.html
[19] David K. Bernard. En Busca De La Santidad. ©Copyright 1998 por Word Aflame Press. Hazelwood, MO 63042-2299.  Pág. 15.
[20] Jason Dulle. Amando por Encima de Nuestras Diferencias – Una Exposición sobre Romanos 14:1-15:3
http://onenesspentecostal.com/romans14.htm
[21] El uso del pantalón femenino es algo totalmente aceptado por nuestra cultura occidental. Basta salir a cualquier lugar de nuestras ciudades para darnos cuenta que en la actualidad la gran mayoría de mujeres utiliza el pantalón como ropa de calle, para asistir a sus trabajos y hasta para las reuniones formales. En el S. XIX algunas mujeres utilizaban unos pantalones bombachos ceñidos a la rodilla para pasear en bicicleta; otras usaban falda-pantalón para montar a caballo. Sin embargo, este uso se reducía a la faceta privada e informal de la vida. El uso generalizado del pantalón en la mujer se dio durante la segunda guerra mundial (1939-1945), cuando las mujeres acudieron a trabajar a las fábricas para suplir la falta de mano de obra masculina y para sustentar a sus familias. Al acudir a esos sitios de trabajo, notaron que los vestidos que ellas usaban les estorbaban para las actividades que allí se realizaban, y como no iban a asistir desnudas al trabajo entonces le echaron mano a los pantalones de sus esposos inicialmente. Pero ellas también notaron que esos pantalones no las hacían ver bien, y que por lo tanto necesitaban pantalones que las hicieran ver femeninas. Así, poco a poco se fue desarrollando el pantalón femenino. En la década de 1960, los pantalones femeninos empezaron a ser usados en algunas escuelas, pero con una falda por encima. En la década de 1970 se fabricaron pantalones de moda especiales para las mujeres y se empezaron a vender en buenas cantidades. En la década de 1980 la gran mayoría de mujeres adoptaron los pantalones femeninos como un atuendo femenino normal.