sábado, 13 de julio de 2013

La Ley: El Pacto Malentendido

Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2013

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá. y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas” (Gálatas 3:11-12).


El tema de la Ley de Moisés está directa o indirectamente planteado en la mayoría de los libros de la Biblia. La época de su reinado y configuración, aparece en todos los libros del Antiguo Testamento con excepción del Génesis y la primera mitad del Éxodo. Jesús vivió bajo la Ley, por lo tanto la mayor parte de los eventos narrados en los cuatro evangelios ocurrieron durante el tiempo de influencia de ésta. Muchas de las Epístolas encaran la relación de la Ley con la Iglesia. Sin embargo, aunque este tema es tocado tan ampliamente en la Escritura, son muchos los que han malentendido la Ley y/o su aplicabilidad para la iglesia durante los últimos dos milenios. Incluso antes de la era de la Iglesia, los judíos también malentendieron la Ley. Ellos pensaron que aún cuando se apartaran de la genuina confianza en Dios, podían ser justificados ante Él si obedecían estrictamente a la letra de la Ley. Muchas sectas cristianas han surgido por una mala interpretación de la Ley. De hecho, ésta fue la primera gran herejía que fue tratada por la iglesia apostólica (Hechos 15), y fue de lejos la herejía más frecuente durante el primer siglo. Su influencia ha continuado desde entonces.

¿Qué se entiende por la Ley? ¿A quiénes fue dada la Ley? ¿Cuánto tiempo estaba destinado a que permaneciera su efecto? ¿Cuál era la naturaleza de la Ley? ¿Cuál era su propósito? Estas y otras muchas preguntas serán abordadas en este estudio.

¿Qué Se Entiende Por La Ley?

El pacto real de la Ley se presenta en Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, cuatro de los cinco libros de Moisés conocidos como el Pentateuco. El resto del Antiguo Testamento se ocupa de la época y la vida de los que vivieron bajo este pacto, pero no añade más mandamientos a los mandamientos del pacto que aparecen en el Pentateuco, aunque a veces los amplía o clarifica.

¿Entonces, solamente el Pentateuco es la Ley? La evidencia interna nos indica que debemos responder de forma negativa. En Romanos 3:10-18, Pablo citó de los Salmos y de Isaías, y sin embargo dijo que era de la Ley que estaba mencionando estas cosas (Romanos 3:19). A veces, se usó el término "Ley" para referirse a todo el Antiguo Testamento (Mateo 5:17-18; Romanos 3:10-19; Comparar Isaías 28:11 con 1. Corintios 14:21; comparar Juan 5:10 con Jeremías 17:21). Otras veces sólo se refiere al Pentateuco (Lucas 24:44; comparar 1. Corintios 14:34 con Génesis 3:16; 1. Crónicas 16:40). A veces sólo hace referencia al libro de Deuteronomio (Deuteronomio 1:1-5, 27:1-8; Josué 8:30-35). En otras ocasiones, la referencia es al Decálogo (Éxodo 20:1-17, 24:12).También puede hacer alusión a una costumbre humana (vea 2. Samuel 7:19, donde la palabra hebrea Torá se traduce en la RV60 como "procede" y en la DHH como "actúa", en referencia a como procede o actúa el hombre”).

En el Nuevo Testamento, el término "ley" tiene muchos matices de significado, por lo cual es bien importante determinar por el contexto a qué se refiere ese término cuando es hallado en una cierta porción. El Nuevo Testamento también utiliza el término "ley", en referencia a la ley de la mente (Romanos 7:23), la ley del pecado y de la muerte (Romanos 7:23, 8:2), la ley del Espíritu de vida (Romanos 8:2) y la ley de la fe (Romanos 3:27). La amplia gama de referencias atribuidas al término "ley" en el Nuevo Testamento, debe hacernos conscientes de la falacia de encasillar cada aparición de una palabra a un determinado sentido o referencia. Al igual que con todas las palabras, su sentido se debe definir por el contexto.

La Ley Fue Dada A Israel

El pacto de la Ley fue instituido por Dios en el Monte Sinaí, únicamente con el pueblo de Israel. Este pacto nunca tuvo la intención de abarcar a las naciones gentiles. El Señor le dijo a Moisés: "Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel", que ya que habían sido liberados de la esclavitud de Egipto, ellos debían mantenerse en el pacto Sinaítico y así se convertirían en su "especial tesoro sobre todos los pueblos" y en "un reino de sacerdotes, y gente santa" (Éxodo 19:3-6). La liberación de Egipto, que es peculiar solo a Israel, fue el hecho necesario para que solo ellos pudieran participar de éste pacto.

En el Salmo 147:19-20, es evidente que la revelación especial de la Ley solo fue dada para Israel. "Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya".

Esto no quiere decir que los gentiles no podían participar de éste pacto si entraban en una relación personal con YHWH, recibiendo así los beneficios de dicho pacto. Sin embargo, para ello tenían que primeramente hacerse prosélitos del judaísmo: "Y si morare con vosotros extranjero, y celebrare la pascua a Jehová, conforme al rito de la pascua y conforme a sus leyes la celebrará; un mismo rito tendréis, tanto el extranjero como el natural de la tierra" (Números 9:14; Vea también Éxodo 12:43-49).

El Nuevo Testamento señala a la nación de Israel como la destinataria del pacto Sinaítico. En Romanos 9, Pablo expresó su carga por sus parientes, la nación de Israel. Al describirlos, dijo: "que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la Ley…” (v. 4). La Ley era algo para ser reclamado por la nación de Israel, su poseedor exclusivo.

La Iglesia Primitiva convocó a un concilio para determinar si los gentiles debían respetar o no la Ley de Moisés. Dentro de la Iglesia habían surgido dos opiniones principales sobre ese tema. Un grupo sostenía que todos los creyentes, ya fueran judíos o gentiles, debían guardar la Ley de Moisés además de su fe en Cristo para ser salvos, mientras que el otro grupo creía que la fe en Cristo es suficiente por sí misma para otorgar la salvación. Lucas lo relata de esta manera: "Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos [a los gentiles], y mandarles que guarden la ley de Moisés" (Hechos 15:5). La decisión de Jacobo fue que no se molestara a los gentiles con la obediencia de la Ley, ya que ni siquiera ellos (los judíos) ni sus antepasados fueron capaces de guardarla (Hechos 15:10, 15:19, 15:24).

La Duración De La Ley

La Ley nunca fue pensada como el pacto definitivo de Dios para con la humanidad, ni tampoco como un pacto permanente. En la propia Ley fue profetizado que un día el Pacto Mosaico sería reemplazado por un pacto superior. La profecía de Jeremías dice esto muy claramente:

"He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo" (Jeremías 31:31-33).

Algunos sostienen que la Ley nunca tuvo la intención de cesar, y para esto se basan en las declaraciones de la Ley que indican que estos serían estatutos "perpetuos" para ellos (Éxodo 12:14, 27:21, Levítico 16:33-34). La palabra hebrea traducida como "perpetuo" es olám. Esta palabra se utiliza para "indicar continuidad indefinida hasta un futuro muy distante". [1] Aunque esa palabra se puede utilizar para expresar la eternidad, como lo hace en referencia a la existencia de Dios (Génesis 21:33), sin embargo no siempre se refiere a la eternidad pero sí a un período largo de tiempo. El contexto es el que determina qué sentido tiene esta palabra en un pasaje dado. Teniendo en cuenta el hecho de que la propia Ley contiene varias profecías de su sustitución por otro pacto, olám debe referirse aquí a un largo período de tiempo.

Uno de esos ejemplos donde el contexto demuestra que olám debe significar "mucho tiempo" es el siervo por amor. Éxodo 21:5-6 relata que si un siervo había servido durante siete años a su amo, podría ser puesto en libertad. Pero si éste deseaba permanecer con su amo por el resto de su vida, el amo le perforaría la oreja con una lezna, y así sería "su siervo para siempre" (v. 6). Sin duda, esto no podía significar que le serviría por toda la eternidad, sino por el resto de su vida. Éxodo 31:13 utiliza la misma palabra hebrea en relación con la orden de guardar el Sabbath. Esto no puede significar que el Sabbath tiene que ser obedecido por el resto del tiempo, porque el Nuevo Testamento dice claramente que nosotros no tenemos la obligación de observar el Sabbath (Romanos 14:5; Gálatas 4:9-11, Colosenses 2:14-17). Por lo tanto, las referencias a guardar la Ley "perpetuamente", deben entenderse en el sentido de "durante mucho tiempo" en lugar de por la eternidad.

El autor de la Epístola a los Hebreos, en su intento de demostrar que la Ley era débil y había llegado a su fin, sostuvo que la Ley predijo que el Mesías sería sacerdote según el orden de Melquisedec, el cual era un orden diferente al que operaba en virtud de la Ley Mosaica (Hebreos 7:17; Salmo 110:4). Al ver que la Ley de Moisés y el sacerdocio Aarónico/Levítico se entrelazaron en un pacto, la profecía de la cesación del sacerdocio Aarónico también señaló un cese futuro del Pacto de la Ley Mosaica. Éste debía ser suplantado por un pacto diferente, conectado a un sacerdocio diferente (Hebreos 7:11-19).

En su Epístola a los Gálatas, Pablo habló tanto del tiempo de vigencia como de la razón por la cual la Ley fue abolida. Según Pablo, la Ley solo estaba destinada a perdurar hasta el momento en que Cristo debía venir. La Ley fue sólo un ayo para llevar a los judíos a la fe en Cristo. Puesto que ya Cristo (y por tanto la fe) había venido, ya no era necesaria la Ley (Gálatas 3:21-25).

La Naturaleza De La Ley

La naturaleza de la Ley es posiblemente el aspecto más incomprendido del Pacto Mosaico. Aquí voy a tratar con cinco áreas de su naturaleza: su unidad, su valor eterno, sus beneficios, su enfoque y su debilidad.

El punto de vista predominante de la Ley es que ésta se divide en tres categorías: la Ley moral, la Ley civil y la Ley ceremonial. Aunque esta forma de ver la Ley puede ser benéfica para facilitar nuestra categorización mental de las muchas leyes, el concepto es ajeno a la Escritura. La Ley de Moisés nunca fue fragmentada en varias partes, sino que siempre fue vista como una cohesión, toda unificada. Para recibir los beneficios de la Ley, había que guardar sus 613 mandamientos (Gálatas 3:10-12). Moisés dijo: "Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas" (Deuteronomio 27:26). El Señor dijo a través de Jeremías: "…Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto… Oíd mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que os mando…" (Jeremías 11:3-4; Vea también Gálatas 3:10). Santiago lo resumió mejor cuando dijo: "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Santiago 2:10; Véase también el versículo 11). Si alguien guardaba 612 mandamientos, y sin embargo no lograba guardar el restante, se consideraba un transgresor de todos los 613 mandamientos. El rompimiento de una Ley "ceremonial" fue visto de la misma manera como el rompimiento de una Ley "moral". La obediencia perfecta se exigió para todos los mandamientos de aquel Pacto, porque éste era un todo unificado.

Las Leyes del Pacto Mosaico rigieron para el sacerdocio, la ropa, el alimento, la vivienda, el calendario, las fiestas, el sistema de sacrificios, las ofrendas, y otras muchas áreas de actividad en la vida de los hijos de Israel; sin embargo, todas formaban un solo Pacto. Desobedecer una Ley relativa al alimento, era igualmente significativo como romper una Ley relativa a la moralidad sexual. Esto no quiere decir que todas las Leyes estaban en el mismo nivel ontológico. Algunas Leyes fueron considerados abominaciones para Dios, mientras que otras no (Deuteronomio 22:5). Jesús dijo a los escribas y a los fariseos: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello" (Mateo 23:23). Aunque Jesús reconoció que algunas cuestiones de la Ley tenían más importancia que otras, Él todavía sostuvo que todas debían guardarse.

Esta comprensión de la Ley es muy importante para que nosotros podamos comprender la relación entre el Pacto Mosaico con el Nuevo Pacto, ya que se ha enseñado que cuando Jesús estableció el Nuevo Pacto, abolió solamente las Leyes ceremoniales y civiles del Pacto Mosaico, pero mantuvo la eficacia de la Ley moral. Sin embargo, debido a que la Escritura describe a la Ley como un todo unificado, debemos concluir que Jesús abolió la totalidad del Pacto Mosaico, incluyendo sus Leyes morales (Santiago 2:10-11). Esto no quiere decir que en la actualidad Dios ya no tiene Leyes sobre la moralidad, pues la naturaleza moral de Dios exige que Él siempre tendrá una Ley moral para la humanidad. Antes de la Ley, Él instruyó a los hombres a través de su conciencia por medio de Leyes que fueron transmitidas de forma oral de generación en generación (Romanos 2:12-16). Esto fue necesario porque no existió una revelación escrita antes de la Ley de Moisés para definir el bien y el mal. Abraham nunca tuvo una Escritura que le hablara de las Leyes de Dios, y sin embargo leemos que Abraham obedeció a la voz de Dios, guardando su precepto, sus mandamientos, sus estatutos y sus Leyes (Génesis 26:5). Las Leyes de Dios que tienen que ver con su naturaleza moral, son anteriores a la Ley de Moisés y se añadieron a lo que consideramos como los aspectos ceremoniales y civiles de la Ley. Pero cuando Jesús abolió la Ley en su muerte (Hebreos 9:16 - 17), incluso lo que podríamos llamar los aspectos morales de la Ley fueron abolidos. Dios no abolió sus propias Leyes morales cuando erradicó la Ley, pero sí erradicó la legalidad del convenio en su totalidad. Él no podía abolir algunas partes de la Ley y otras no, ya que ésta era presentada como una sola unidad. Después de la abolición de todo ese Pacto, Dios ha reiterado a la Iglesia sus mandamientos morales a través de las Escrituras del Nuevo Testamento. Las Leyes morales de Dios estuvieron vigentes antes del Pacto mosaico, también se introdujeron en la Ley de Moisés, y siguen estando vigentes para nosotros en la era de la Iglesia, estando escritas para nosotros en las Escrituras del Nuevo Testamento. Estas Leyes morales estaban contenidas en la Ley de Moisés, pero no tenemos otra manera de juzgar si son o no son parte de la Ley moral de Dios, sino por el hecho de que los mandamientos sean ratificados en las Escrituras del Nuevo Testamento. Si un mandamiento Mosaico no vuelve a aparecer en el Nuevo Testamento, se puede concluir que no formaba parte de la Ley moral eterna de Dios, pues la identidad de la Ley moral de Dios se encuentra en la expresión de los mandamientos revelados en su Palabra (Romanos 7:7-13).

Tomemos el ejemplo de comer animales acuáticos sin escamas. A los israelitas se les prohibió comerlos en virtud del Pacto de Moisés (Levítico 11:12). Sin embargo, no encontramos ningún mandamiento del Nuevo Pacto que requiera que nosotros hagamos lo mismo, por lo tanto se determina que este mandamiento no es parte de la naturaleza moral de Dios, porque de serlo hubiera sido reiterado en el Nuevo Pacto. A nosotros nos parece obvio que el consumo de animales acuáticos sin escamas es aceptado por Dios, pero hay que recordar que esto solamente es evidente para nosotros porque tenemos la idea preconcebida de que es aceptable, basados en las Escrituras del Nuevo Testamento. Nos damos cuenta de que aquel mandamiento no tiene por qué ser obedecido ahora, a pesar de que se encuentra en la Biblia, ya que se encuentra en un pacto que fue dado a un pueblo específico de otra dispensación, y no a la Iglesia.

¿Entonces esta forma de entender la Ley, de qué manera afecta nuestra comprensión de los Diez Mandamientos? La mayoría de los creyentes afirman que los cristianos deben cumplir los Diez Mandamientos, porque nueve de los Diez Mandamientos también aparecen en el Nuevo Testamento en una forma u otra. Sin embargo, el mandamiento de observar el Sabbath no vuelve a aparecer. El Nuevo Testamento es claro en que la iglesia no tiene la obligación de la Ley del Sabbath (Romanos 14:5, Gálatas 4:9-11, Colosenses 2:14-17). Entonces para sostener que la Iglesia tiene que guardar los Diez Mandamientos que fueron establecidos en el Antiguo Testamento, se exigiría  que el mandamiento de guardar el Sabbath también hubiera sido consignado en el Nuevo Testamento. Esto contradice la teología del Nuevo Pacto y la visión bíblica de la Ley de Moisés como una unidad integral. Al ver que los Diez Mandamientos son parte de los 613 mandamientos de la Ley Mosaica (y podría decirse que el corazón del Pacto Mosaico), entonces estos también fueron abolidos en el Calvario. Nueve de ellos fueron "reintroducidos" en el Nuevo Pacto, por el hecho de que son parte de la Ley "moral" que emana de la naturaleza santa de Dios.

Vale la pena examinar el trato que Pablo hace del Decálogo (los Diez Mandamientos) en sus escritos. En Romanos 7:4-7, Pablo le dijo a sus destinatarios que ellos estaban libres de la Ley ya que esta terminó, por lo que podrían ser capaces de servir a Cristo. Ellos habían "muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo" (v.4). La Ley realmente despertó su pecaminosidad, lo que culminó en su muerte espiritual (v. 5). Sin embargo, ahora que los romanos se habían liberado de la Ley, podrían servir a Dios en la novedad del Espíritu (v. 6). Para ejemplificar cómo la Ley se opone al poder de la gracia que vence al pecado, Pablo citó el décimo mandamiento que prohíbe la codicia. Si los Diez Mandamientos del Pacto Mosaico aún fueran legalmente vinculantes para la Iglesia, Pablo no hubiera hecho tal declaración ya que en este contexto se está contrastando a la Ley (arcaísmo de la letra) con el Nuevo Pacto (el régimen nuevo del Espíritu). Pablo argumentó que la Ley trae la muerte, pero que Cristo trae la vida. Una parte de la Ley que trae la muerte es el décimo mandamiento del Decálogo, que se opone al Nuevo Pacto y nos ata en el pecado en lugar de liberarnos de éste. Esto demuestra una vez más que la Ley a la que dio muerte el Hijo de Dios, incluye a los Diez Mandamientos.

En 2. Corintios 3:6-11, Pablo también se refirió a la abolición de los Diez Mandamientos.

"el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece".

Los únicos mandamientos que el Antiguo Testamento registra que se grabaron con letras en piedra, fueron los Diez Mandamientos. Éstos fueron escritos sobre las piedras en el monte Sinaí. Estos mandamientos causaron condenación, y han sido sustituidos por el Nuevo Pacto que se caracteriza por la vida del Espíritu. Entonces según el apóstol Pablo, no estamos bajo el Decálogo, sino que estamos bajo los preceptos del Nuevo Pacto que contiene similitudes con nueve de los Diez Mandamientos.

Algunos pueden argumentar que es una mera argucia declarar que los Diez Mandamientos han sido abolidos con el resto de la Ley, y que solo se "restablecieron" nueve de estos mandamientos. Si los mandamientos del Nuevo Pacto son tan estrechamente paralelos a los mandamientos del Antiguo Pacto, ¿por qué se hace tal distinción? Una analogía podría sernos de utilidad.

Se puede hacer la comparación con los contratos de bienes raíces. Un agente de bienes raíces hace dos contratos para dos hombres que están comprando dos casas diferentes. Aunque ambos contratos contienen elementos y lenguaje similares, en realidad son dos contratos diferentes. Los dos contratos también tienen muchas diferencias entre sí. Por ejemplo, ambos pueden incluir información como el valor, la forma de pago y el área de los espacios, pero tendrán diferencias. Un comprador no está sujeto al contrato del otro, y viceversa. El Pacto Mosaico no es el pacto de la Iglesia. Aunque contiene muchos elementos similares, también tiene muchas diferencias. No debemos  obedecer un mandamiento de la Ley, porque simplemente haya un mandamiento similar en nuestro Pacto. Sólo estamos bajo los términos de nuestro propio Pacto, es decir el Nuevo Pacto.

La Ley No Pudo Salvar

El segundo gran malentendido sobre la naturaleza de la Ley, es la creencia de que la Ley era salvífica para los santos del Antiguo Testamento, al igual que el Nuevo Pacto es salvífico para la Iglesia de hoy. Nada podría estar más lejos de la verdad. La Ley de Moisés no tenía nada que ver con la salvación y la justificación. La salvación y la justificación fueron recibidas por la fe en Dios, como lo ha sido en todas las dispensaciones y pactos. Pablo dijo acerca de la Ley: "…si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley" (Gálatas 3:21). La justicia no puede ser recibida por guardar la Ley, sino que sólo puede ser recibida por la fe (v. 22). En una serie de Escrituras, se manifiesta que la Ley de Moisés no podía justificar al hombre (Romanos 3:20-24, 3:26-28, 4:1-8, 9:30-33, 10:1-13; Gálatas 2:16-21, 3:2-6, 3:10-14, 5:1-6; Efesios 2:8-9).

Dios nunca tuvo la intención de que la Ley sirviera como medio de justificación o salvación. Como veremos más adelante, la Ley tenía por objeto guiar a los israelitas para que fueran conscientes de su completa pecaminosidad e incapacidad para cumplir la Ley, y así buscaran a un Salvador. Sin embargo, los judíos malentendieron la naturaleza de la Ley (al igual que muchos hoy en día), y comenzaron a buscar la justicia por la obediencia a la Ley en lugar de tener fe en la justicia y la capacidad de salvación de Dios. Pablo explicó esta situación en Romanos 9:31-33. (Véase también Romanos 10:1-4).

“Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en Él, no será avergonzado”.

Incluso después del nacimiento de la iglesia y la inauguración del Nuevo Pacto, esa idea de que la Ley tenía naturaleza salvífica saturó al componente judío de la iglesia. Estos judaizantes (cristianos que guardaban la Ley) estaban tratando de enseñar a los gentiles convertidos que si querían ser salvos, también tenían que guardar la Ley además de creer en Cristo. Esta fue la razón por la cual los apóstoles convocaron al concilio registrado en Hechos de los Apóstoles capítulo 15. "Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos" (Hechos 15:1). La circuncisión era un ícono judío para la Ley de Moisés (Gálatas 2:3, 5:2-3, 5:6, 5:11, 6:12-13, 6:15). Salta a la vista que lo que ellos querían era que se guardara toda la Ley, como es evidenciado en los versículos cinco y veinticuatro. Como se mencionó anteriormente, el concilio determinó que la obediencia a la Ley de Moisés no era necesaria para la salvación (Hechos 15:7-11, 15:19-21, 15:24, 15:28).

Las mismas Escrituras del Antiguo Pacto enseñaban que el hombre es justificado por la fe, no por las obras. Habacuc 2:4 dice: "…mas el justo por su fe vivirá". Pablo utilizó esta Escritura para relacionar este mismo punto a los Gálatas que habían sido hechizados por los judaizantes con la creencia de que tenían que guardar la Ley, al mostrarles que según la propia Ley la justificación viene solo a través de la fe (Gálatas 3:11).

Los Beneficios De La Ley

Si la Ley no era de naturaleza salvífica, entonces ¿qué beneficio traía la observación de la Ley? Si como lo declaran las Escrituras, se podía ser salvo sólo por poner la fe en Dios aparte de las obras de la Ley, entonces ¿para qué fue instituido aquel pacto? En primer lugar, la obediencia al pacto era una manifestación de la fe y el amor de los israelitas hacia Dios (Deuteronomio 7:9, 13:3-4). Así como Santiago lo demostró en el Nuevo Testamento, la acción y la obediencia siempre siguen a la verdadera fe salvadora (Santiago 2:14-26). Del mismo modo, el hombre o la mujer que habían puesto su fe en el Dios de Israel, debían seguir naturalmente la obediencia a la Ley de Dios. La fe y la obediencia son conceptos intrínsecamente conectados (Mateo 7:21, 24-27; Juan 14:15, 14:23; Hechos 6:7; Romanos 1:5, 10:16, 16:26; 2. Tesalonicenses 1:7-8; Tito 3:8; Hebreos 5:9, 11:28; 1. Pedro 4:17; 1. Juan 5:1-3).

La Ley fue un pacto dado a Israel para proveerles de bendiciones temporales en la tierra de Israel, tales como riqueza, victoria sobre sus enemigos, la retención de la tierra y una larga vida. El fracaso en la observancia del pacto daría lugar a lo contrario. Deuteronomio, que significa "segunda Ley", arroja más luz sobre la naturaleza benéfica y el propósito de la Ley. "Los temas más significativos que se encuentran en 'la segunda Ley' incluyen 'la vida', 'la justicia' y 'el derecho/el pacto'. Un examen de la utilización de estos dos primeros temas, revela que no tienen que ver con la vida eterna o la rectitud moral, sino con la vida temporal en la tierra prometida y la justicia externa relacionada con la obediencia a los mandamientos de la Ley/Pacto". [2]

En la Ley de Moisés nunca hay una mención a la vida eterna. La vida que se menciona varias veces en Deuteronomio sólo se refiere a la duración o la calidad de vida en la tierra de Israel. Las siguientes Escrituras demuestran esto:

"Para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados" (6:2).

"Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma; y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida" (28:64-66).

"Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella" (30:15-16).

"A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a Él; porque Él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar" (30:19-20).

"y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley. Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella" (32:46-47, Vea también 4:40; 11:8-9).

"Vida" se equipara con "bueno/bendición", mientras que "muerte" se equipara con "mal/maldición" (Deuteronomio 30:15, 19). Lo bueno/bendición y el mal/maldición, tienen que ver ya sea con los beneficios temporales o con la falta de éstos, con base en la obediencia de la gente o en su falta de obediencia al pacto. La mayoría de estas bendiciones y maldiciones se puede encontrar en los capítulos 28-30. Si los israelitas eran desobedientes al pacto, sus vidas estarían suspendidas en la duda y no tendrían la garantía de la vida (28:64-66).

El concepto de justicia, tal como se encuentra en Deuteronomio, no es una justicia de la misma calidad de la que se habla en el Nuevo Testamento (la cual es  una justicia recibida de Dios sobre la base de la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo). Más bien, "tiene que ver con la conformidad a una norma ética o un estándar moral" [3] La raíz de la palabra hebrea, tsadaq, significa "ser recto", como en una norma ética. [4] La justicia de la que habla Deuteronomio, es puramente contingente sobre el comportamiento personal. Es ganada por lo que uno hace, pero no en donde uno coloca su fe. Es posible que algún individuo no tuviera ninguna fe en Dios, pero aún así fuera muy diligente en obedecer la Ley para ser considerado justo a la luz de sus exigencias. Por ejemplo, Deuteronomio 6:25 dice: "Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como Él nos ha mandado". Esa era una justicia que se ganaba por las obras aparte de la fe, que es todo lo contrario a las declaraciones del Nuevo Testamento de cómo se recibe la justificación (Romanos 4:1-5). Un ejemplo de cómo un hombre podía obtener justificación, era que antes de la puesta de sol le devolviera una prenda a otro a quien se la hubiera retenido como garantía de algo que le hubiera prestado (24:10-13). [5]

Pablo expresó el tipo de justicia que la Ley ofreció, cuando dijo a los Filipenses:

"Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe" (Filipenses 3:4-9).

Había una justicia en la Ley. La Ley ofreció su propio tipo de justicia, que no es la misma justicia asociada a la fe que trajo la salvación. Pablo afirmó que había sido intachable en la Ley, y por lo tanto era justo. Podía tener confianza en sí mismo, porque su actuación le hizo justicia. Sin embargo, Pablo no tenía justicia salvífica, y es por eso que se entregó a Jesucristo para ser salvo. Si él hubiera podido ser justificado por las obras de la Ley sin recibir la justicia de Dios, entonces de seguro Pablo ya tendría la salvación. Más bien, Pablo sólo poseía la justicia inherente dentro de la Ley, que estaba basada en su obediencia al pacto temporal, independientemente de su fe en Dios. Es evidente por el versículo 9, que la justicia de la Ley es radicalmente diferente a la justicia ofrecida por Jesucristo. La una se basa en las propias obras (justicia propia) y es no-salvífica, mientras que la otra se basa en la fe en la obra de Cristo (justicia de Dios) y es de naturaleza salvífica.

Entonces, la ventaja de guardar la Ley fue la obtener una mejor calidad de vida en este mundo. Si los judíos eran obedientes al pacto, recibirían la vida/bendición que se manifestaría por bendiciones temporales como larga vida, abundancia de lluvia para sus cultivos, paz, riqueza y su permanencia en la tierra de Israel. Si eran desobedientes al pacto, recibirían la muerte/maldición que se manifestaría por maldiciones temporales como corta vida, falta de lluvia para sus cultivos, guerra, cautiverio y la pérdida de la tierra prometida.

El Enfoque De La Ley

El enfoque de la Ley está en total contraste con el enfoque del Nuevo Pacto. El enfoque de la Ley está en las obras (lo que se hace), mientras que el enfoque del Nuevo Pacto es la fe (lo que se cree). La justicia de la Ley fue recibida por hacer, pero la justicia del Nuevo Pacto es recibida por la fe. Pablo lo resumió mejor cuando dijo:

"Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley, Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas" (Romanos 10:3-5).

Pablo dijo claramente a los Gálatas, que la Ley no es un pacto de fe, sino más bien un pacto de obras. Él dijo: "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas" (Gálatas 3:10 -12). La Ley no es un pacto de fe, pero el Nuevo Pacto sí lo es.

La Debilidad De La Ley

Todo el malentendido de la Ley, se da cuando se cree que ésta se trataba de un sistema perfecto. Es cierto que la Ley era santa, justa, buena y espiritual (Romanos 7:12, 14a), pero no es menos cierto que los que trataron de mantenerse en sus preceptos estuvieron vendidos al pecado (v. 14b). Aunque la Ley elevó un estándar perfecto para ser obedecido por las personas bajo su reinado, era débil a causa de la naturaleza caída y pecaminosa del hombre. Pablo describe la incapacidad y la debilidad de la Ley cuando dijo: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:3-4).

El autor a Los Hebreos también se refirió a las deficiencias de la Ley:

"Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo [el de Jesús], cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor" (Hebreos 8:6-9).

Tanto en los pasajes de Romanos y Hebreos, el problema que se identifica con el Pacto Mosaico es que las personas que vivieron bajo éste no pudieron cumplirlo. La Ley que exigía obediencia perfecta, no dotó con ningún poder a las personas para que pudieran guardarla. Las palabras de Pablo en Romanos 7, dan el testimonio real de una persona que trató de vivir de acuerdo con las normas de la Ley Mosaica.

"Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado" (Romanos 7:14-25).

Pablo deseó guardar la Ley en su mente, pero no pudo alcanzar la capacidad para poder hacer esto que era bueno. La Ley de su mente no fue lo suficientemente poderosa para vencer la Ley del pecado que moraba en él. Cuando quiso hacer el bien, se encontró cometiendo el pecado. Cuando intentó dejar de pecar, se dio cuenta que no podía. Él se deleitaba en la Ley de Dios (v. 22), pero esa complacencia no pudo evitarle que cediera ante la naturaleza del pecado dentro de él. No estamos hablando de un hombre que tuviera una actitud casual hacia la Ley de Dios. No es que Pablo no se haya esforzado lo suficiente, sino que aquello era imposible.

Pablo no terminó su testimonio en desesperanza, sino que continuó hablando de su victoria sobre estas luchas a través de Jesucristo. Lo que Pablo no pudo hacer cuando se basó en sus propios deseos, obras y habilidades, lo pudo hacer al confiar en Jesucristo. Él continuó diciendo:

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne" (Romanos 8:1-3).

La Ley no le dio la capacidad de cumplir con los deseos de su mente para hacer el bien; por eso tuvo que ser reemplazada por el Nuevo Pacto. Sólo el Nuevo Pacto da al creyente el deseo y la capacidad para obedecer los mandamientos de Dios, y llevar a cabo los deseos de la mente para hacer el bien. En Filipenses 2:13, Pablo dice que "Dios es el que en vosotros produce así el querer [deseo] como el hacer [capacidad], por su buena voluntad". Esto está en marcado contraste con la situación angustiante de Pablo en Romanos 7:18, donde dijo que no encontraba la capacidad para hacer lo que es bueno.

El punto que el autor de Hebreos hace en 8:7-10, que he citado antes, tenía que ver con este tema. Fue debido a que Israel no podía mantener el pacto de Yahvé, que Él decidió hacer un Nuevo Pacto con ellos. La profecía citada por el autor, y que se encuentra en Jeremías 31:31-34, demuestra que la razón por la que Dios necesitaba hacer un nuevo pacto con los israelitas era porque ellos no podían guardar el Pacto Mosaico. Jeremías profetizó:

"He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado".

Este Nuevo Pacto iba a tomar la Ley de Dios, que era externa al individuo, y la iba a hacer interna. Mientras que antes no se contaba con ninguna capacidad interna para guardar la Ley externa que fue escrita en tablas de piedra, en el Nuevo Pacto el mismo individuo tendría una capacidad interior para guardar la Ley de Dios, viendo que ahora estaba grabada en su corazón.

Ezequiel también profetizó que el Nuevo Pacto daría al individuo la capacidad interior para guardar la Ley de Dios:

"Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra". (Ezequiel 36:25-27).

En vez de dar el poder individual para vencer el pecado, la Ley realmente excitaba y aumentaba los deseos pecaminosos en el hombre, lo que aumentó los actos pecaminosos de la humanidad. Esto podría compararse con los sedimentos que se asientan en el fondo de un vaso con agua. Cuando las aguas se agitan, los sedimentos dejan su posición inactiva. Lo mismo sucede con el pecado. Cuando se dio la Ley, el pecado del hombre se despertó en su contra. La Ley no pudo ayudar a ninguna persona en su lucha contra el pecado, sino que en realidad hizo su pecado aún más evidente. Esto fue intencional de parte de Dios. La Escritura dice: "Pero la Ley se introdujo para que el pecado abundase" (Romanos 5:20). Pablo explicó lo que fue su experiencia con la Ley, cuando dijo:

"Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado" (Romanos 7:5-14).

Aquí Pablo explicó que la Ley en realidad aumentó su deseo de pecar, porque presentó 613 formas de pecado, algunas de las cuales él nunca habría pensado si no hubiera un mandamiento a favor o en contra de ellas. Para demostrar su punto, Pablo usó el ejemplo del mandamiento contra la codicia. Él no habría sabido que la codicia estaba mal, excepto por medio de la Ley. La Ley trajo a su conciencia el conocimiento del pecado (Romanos 3:20; 7:7). El mandamiento aumentó el deseo pecaminoso natural de Pablo a codiciar, de modo que él codició un tanto más. Por lo tanto, el mandamiento dio su poder al pecado (1. Corintios 15:56). Durante el tiempo que estuvo bajo la Ley, Pablo no encontró ninguna capacidad para escaparse de las garras de la Ley contra su vida, pues el pecado tuvo dominio sobre él. Es sólo bajo la gracia que se puede vencer el pecado (Romanos 6:14).

La naturaleza humana desea hacer lo que le dicen que no haga. Es como el niño y el paquete de galletas. Puede que ni siquiera haya pensado en querer una galleta hasta que su madre le prohíba tener una. Después de eso, en lo único en que puede pensar es en cómo obtener una galleta. La Ley aumenta el deseo de pecar, y muestra al hombre su total pecaminosidad. Dios instituyó la Ley para este mismo propósito. Cuando el hombre vio su pecado, esto a su vez lo llevó a buscar un Salvador.

En caso de que algunos pudieran pensar que la Ley era mala porque producía malos deseos en el hombre, Pablo se aseguró de señalar que la Ley era santa, justa y buena (Romanos 7:12). Como era claro que lo que acababa de decir acerca de los efectos negativos de la Ley podría confundir a sus lectores, Pablo preguntó: "¿Luego lo que es bueno [la Ley] vino a ser muerte para mí?". Su respuesta fue un rotundo ¡No! Fue el pecado el que produjo la muerte espiritual en él. La Ley sólo le reveló este hecho, acentuando la naturaleza pecaminosa dentro de él (v. 13). La Ley era espiritual, pero Pablo no la podía guardar porque no tenía poder para hacerlo, siendo controlado por su naturaleza pecaminosa (v. 14).

La Escritura dice que "…la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión" (Romanos 4:15). Hasta que Moisés recibió la primera revelación escrita de Dios en el monte Sinaí, había muy poco conocimiento acerca de las Leyes de Dios. Según Pablo, desde la época de Adán hasta la promulgación de la Ley, quienes desobedecieron los mandamientos expresados en la Ley no tuvieron su pecado imputado a ellos: "Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado" (Romanos 5:13). Pablo nunca dijo que los que vivieron antes de la Ley no cometieron pecado, sino que su pecado no se les puede imputar a ellos. En este momento podría sernos útil un ejemplo. Un padre puede no querer que su hijo pequeño raye las paredes con colores, pero sólo hasta que le haga saber al niño que está mal rayar las paredes, no podría castigarlo con justicia si el niño lo hace. Sin embargo, sí podría castigar al niño después de haberle dado la Ley en contra de tales comportamientos. Antes de haberle dado aquella regla, no se puede decir que el niño es desobediente. No es que su acto no esté mal, pero la maldad de su acto no se puede cargar en su contra debido a su falta de conocimiento sobre la regla. Un acto o una actitud sólo puede considerarse pecado contra la naturaleza santa de Dios, si existe una Ley que haya sido dada a la persona (ya sea a través de la revelación general de la conciencia [Romanos 2:12-16], o por medio de la revelación especial). Si la persona no sabe qué está mal, no se hace responsable de su pecado ante Dios. Daniel Segraves lo resumió bien al decir:

“...Ya que la Ley de Moisés no se había dado, y por lo tanto no podía servir en su propósito de definir el pecado, entonces los pecados individuales cometidos por las personas, y que más tarde se definieron como pecado en la Ley de Moisés, no les fueron añadidos en su cuenta ante de Dios... Esto no significa que aquellas personas se salvaron por la ignorancia, pues Pablo ya había señalado que estas mismas personas no habían logrado estar a la altura de la revelación limitada que tenían. (Ver Romanos 1:18-32). Lo que esto significa, es que antes de la promulgación de la Ley de Moisés, nadie se puede hacer responsable de los requisitos de la Ley de Moisés. Sin embargo, ellos sí se hicieron responsables de los pecados que cometieron en contra de la revelación que tuvieron”. [6]

La Ley de Dios definió con precisión lo que era pecado (Romanos 3:20; 7:7; 1. Juan 3:4). Así que cuando se dio la Ley y se definió el pecado, los que estuvieron bajo la Ley se hicieron responsables de sus acciones, y la ira de Dios estaría contra los violadores del pacto. En la Ley, pues, el pecado aparece como pecado (Romanos 7:13).

Si bien hay muchos más propósitos para la Ley de Moisés que se indican en las Escrituras, vamos a hablar de su propósito final, tal como se encuentra en Gálatas 3:15-26. En este pasaje, Pablo explicó que la Ley, que fue dada 430 años después de la confirmación del pacto con Abraham, no afectó el pacto hecho con Abraham (vs. 15-18). Pablo anticipó la pregunta de los lectores: "Entonces ¿para qué sirve la Ley?", y de inmediato respondió diciendo: "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa…" (V. 19). La frase griega traducida como "a causa de las transgresiones" es parabaseon charin. Frank Thielman señala: "La declaración es tan amplia, que podría interpretarse en el sentido de que la Ley vino para colocar límites sobre el pecado, para revelar el pecado, para castigar el pecado, o incluso, si se lee a la luz de un comentario similar pero más específico en Romanos 5:20, para aumentar el pecado". [7] James Boice también comenta: "La frase puede significar que la Ley fue dada para refrenar las transgresiones... o que la Ley fue dada para que las transgresiones fueran conocidas, e incluso en un sentido, para alentarlas o provocarlas con una nueva intensidad". [8] Seguidamente, Boice dio su opinión sobre el significado, diciendo que "esta última es la única posibilidad real" teniendo en cuenta "la elección por parte de Pablo de la palabra 'transgresiones' (parabasis) en lugar de 'pecado' (hamartia) en este contexto y de su discusión sobre el propósito de la Ley en otra parte". [9] En esa otra parte, Pablo dijo que si no hay ley tampoco hay transgresión (Romanos 4:15), por lo que en esta frase no se puede decir que la Ley fue añadida para detener las transgresiones, ya que sin Ley no habrían transgresiones, pues una transgresión es la ruptura de un determinado precepto. Sin un mandamiento no puede haber transgresión. [10] Sin la Ley, los israelitas no tendrían transgresiones. A la luz de esto, parece que la mejor manera de interpretar esta frase, es en el sentido de que la Ley fue añadida para aumentar las transgresiones.

Dado que la Ley no tenía nada que ver con la promesa dada a Abraham, Pablo les hizo a sus lectores una pregunta retórica: "¿Luego la Ley es contra las promesas de Dios?" (V. 21).Una vez más la respuesta fue: ¡No! La Ley no estaba en contra de la promesa hecha a Abraham, porque simplemente no tenía nada que ver con la promesa hecha a Abraham. La Ley no pudo dar la vida eterna, pero la promesa hecha a Abraham, a saber, la justificación por la fe sí podía hacerlo (v. 21) (Vea también Romanos 4:1-5, 16-25; Gálatas 3:5-9, 14). La Escritura declara que todo lo "encerró" bajo pecado (el significado literal de la palabra griega sunkeleio, se traduce como "concluido"). Esto significa estar limitado por todos los lados. El propósito es para que nadie tratará de justificarse sobre la base de una Ley, sino que creyera en aquel que justifica al impío (Romanos 4:5, Gálatas 3:22). La Ley sólo permanecería en vigor hasta que viniese la fe. Una vez que viniese la fe, la Ley terminaría. La Ley era sólo la guía para conducirnos a la fe en el Mesías, para que fuésemos justificados por la fe. Una vez que viniera la fe, y la Ley hubiera cumplido su propósito, ya no habría más necesidad de la Ley (vs. 23-25). La fe en Cristo nos hizo hijos de Abraham, pues nos hizo participar de la misma promesa que se le hizo a él, es decir, la justificación/salvación por la fe (vs. 27-29). La Ley nunca pudo salvar a los israelitas, o darles las promesas que estaban en el Pacto de Abraham. Estos eran pactos completamente separados con dos objetivos diferentes. Sin embargo, lo que la Ley sí podía hacer, era guiar a los israelitas a la salvación cuando les mostraba su completa pecaminosidad y su necesidad de un Salvador. Una vez que ellos comprendían que sus corazones y sus obras eran injustas, podían clamar a Dios por su misericordia y salvación.

Como he demostrado, la Ley ha terminado. La iglesia no tiene la obligación de obedecer el Pacto Mosaico. Hay porciones de las Escrituras del Nuevo Testamento que ponen de relieve este hecho, muchas de las cuales ya he mencionado. El concilio apostólico de Hechos 15, decidió que la Ley no tenía que ser guardada por la iglesia ya que no era necesaria para la salvación. Las cartas de Pablo están llenas de argumentos que contradicen a los que enseñan que la iglesia está bajo la Ley. Pablo dijo a la iglesia de Éfeso: "Porque Él [Jesús] es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz" (Efesios 2:14-15). En Romanos 10:4, Pablo explicó: "porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree". En Romanos 6:14 él simplemente dijo: "pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia". Por último, el autor a los Hebreos dijo que la Ley fue abolida por su debilidad e ineficacia. Esta no podía perfeccionar a nadie, pero el Nuevo Pacto sí puede hacerlo (Hebreos 7:18-19, 9:9-11, 10:1-12, 10:14, 12:22-24).

Conclusión

Las Escrituras enseñan que la Ley de Moisés era un pacto temporal dado de manera específica a la nación de Israel, el cual se terminó con la venida de Cristo. La Ley no fue de naturaleza salvífica (soteriológica) sino que fue un pacto de obras. Dado que el pacto era una unidad, entonces siendo un todo unificado no podía ser dividido en componentes, requiriendo la obediencia perfecta a todos los 613 mandamientos. Si los israelitas obedecían a las palabras de ese pacto, iban a recibir beneficios temporales específicos de parte de Yahvé. Si desobedecían el pacto, recibirían ciertos juicios temporales del mismo. El propósito de la Ley era aumentar la pecaminosidad del hombre y hacerle consciente de su absoluta necesidad de un Salvador. Su intención era la de guiar al hombre hacia la fe en Dios, y hacer que le quedara claro que sus buenas obras no podían salvarlo. Debido a las debilidades e insuficiencias de la Ley, era necesario que fuera sustituida por un pacto superior, basado sobre mejores promesas. La Ley efectivamente terminó cuando Cristo murió en la cruz, por lo que la iglesia no tiene ninguna relación con ésta. La iglesia está bajo el Nuevo Pacto, instituido por la sangre de Cristo.


Notas Al Pie

[1] R. Laird Harris, Gleason L. Archer Jr., Bruce K. Waltke, El Manual Teológico del Antiguo Testamento (Moody Press: Chicago, 1980), como se encuentra en BibleWorks, programas de computadora, 1998.
[2] Daniel Segraves, Teología Sistemática II (Stockton, CA: np, 1998). 56.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.
[5] Vea también Deuteronomio 9:4-6 para otro ejemplo. Aquí la justicia es claramente algo que se hace. No es una relación con Dios que se recibe, ni tiene que ver con un corazón limpio, sino que solamente se basa en el comportamiento externo.
[6] Segraves, 67.
[7] Frank Thielman, Pablo y la Ley: Un Enfoque Contextual (Downers Grove, IL: IVP, 1994), 132.
[8] James Montgomery Boice en el Comentario Bíblico del Expositor, Frank E. Gaebelein, gen. ed. (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1976), 464.
[9] Ibídem
[10] Sin embargo, esto no significa que el acto no sería pecado simplemente porque no había ningún mandamiento. El pecado y la transgresión son dos cosas diferentes. Un pecado está contra el mismo Dios, independientemente de si el hombre tiene la revelación de la Ley de Dios; pero una transgresión es una violación directa a la Ley que Dios ha expresado. La Ley no hizo a nadie un pecador, porque todos los hombres ya eran pecadores. Sin embargo, realmente sí los hizo transgresores contra la Ley de Dios, porque ellos no pudieron guardarla perfectamente como Dios les había mandado. Con la llegada de la revelación especial (la Ley), la conciencia tuvo un patrón externo a sí misma, lo que dio a los hombres un mayor conocimiento de la santidad de Dios, y más conocimiento de los modos de pecar contra de Dios. A través de la Ley, se mostró la incapacidad del hombre para rendirse completamente ante Dios, y por lo tanto así se podía hacer consciente de su necesidad de un Salvador.