martes, 1 de abril de 2014

¿De Dónde Proviene la Idea de "Millones de Años" Para la Tierra y el Universo?

Por el Dr. Terry Mortenson. © Todos los derechos reservados
Capítulo 11 del Libro: Las Nuevas Respuestas 2 (The New Answers, Book 2)
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2014


Hoy en día, la mayoría de personas en el mundo, incluyendo a la mayoría de la gente de la Iglesia, dan por sentado que la Tierra y el Universo tienen millones y millones (incluso miles de millones) de años de antigüedad. Nuestras escuelas públicas, desde el Jardín Infantil en adelante, enseñan estas vastas edades, y se burlan si uno las cuestiona. Pero no siempre ha sido así, por lo cual es importante entender cómo y por qué se produjo este cambio.


Los Comienzos de la Geología

La geología, como una  rama de la ciencia, con sus estudios sistemáticos en campo, la recolección y la clasificación de rocas y fósiles, y el desarrollo de las reconstrucciones teóricas de los acontecimientos históricos que formaron las capas de rocas y fósiles, tiene sólo unos 200 años de antigüedad. Antes de esto, volviendo al antiguo tiempo griego, la gente se había dado cuenta de que en las rocas había fósiles. Muchos creían que los fósiles eran restos de antiguos seres vivos convertidos en piedra, y muchos de los primeros escritores de la cristiandad (tales como Tertuliano, Crisóstomo y Agustín) los atribuyeron al Diluvio de Noé. Pero otros rechazaron estas ideas, y consideraron a los fósiles como bromas de la naturaleza, como productos de las rocas dotados de vida, (y en cierto sentido, como obras creativas de Dios), o incluso como engaños de Satanás. El debate se resolvió finalmente, cuando Robert Hooke (1635-1703) confirmó mediante un análisis microscópico de madera fosilizada, que los fósiles eran restos mineralizados de antiguos seres vivos.

Antes de 1750, uno de los pensadores geológicos más importantes fue Niels Steensen (1638-1686), o Nicolás Steno, un anatomista y geólogo danés. Él estableció el principio de superposición, es decir, que las capas de rocas sedimentarias se depositan en un modo sucesivo, esencialmente horizontal, de modo que un estrato inferior fue depositado antes de uno que se encuentra por encima de él. En su libro el Pródomo (1669), expresó su creencia en una tierra de más o menos 6000 años de antigüedad y que los estratos de roca con fósiles fueron depositados por el diluvio de Noé. Durante el siguiente siglo, varios autores, entre ellos el geólogo Inglés John Woodward (1665-1722) y el geólogo alemán Johann Lehmann (1719-1767), escribieron libros, esencialmente de refuerzo de esa visión.

En las últimas décadas del siglo 18, algunos geólogos franceses e italianos rechazaron el relato bíblico del diluvio, y atribuyeron el registro rocoso a procesos naturales que según ellos ocurrieron durante un largo período de tiempo. Varios franceses prominentes, también contribuyeron a la idea de millones de años. El muy respetado científico Conde de Buffon (1707-1788), imaginó en su libro Épocas de la Naturaleza (1779), que la tierra fue una vez como una caliente bola fundida que se enfrió hasta llegar a su estado actual durante unos 75.000 años (aunque su manuscrito inédito habla de aproximadamente 3 millones de años). El astrónomo Pierre Laplace (1749-1827) propuso la hipótesis nebular en su Exposición del Sistema del Universo (1796). Esta teoría dice que el sistema solar fue una vez una nube caliente de polvo y gas, que durante largos siglos se enfrío y se condensó para formar gradualmente a los planetas. Jean Lamarck, especialista en criaturas con conchas, en su Filosofía Zoológica (1809), abogaba por una teoría de la evolución biológica a través de largas edades.

Abraham Werner (1749-1817) fue profesor de mineralogía popular en Alemania. Él creía que la mayor parte de la corteza terrestre se había precipitado químicamente o mecánicamente por un océano global, retrocediendo lentamente en el transcurso de aproximadamente un millón de años. Esta era una teoría elegante y simple, pero Werner no tuvo en cuenta los fósiles de las rocas. Este fue un grave error, ya que los fósiles dicen mucho acerca de cuándo y con qué rapidez los sedimentos fueron depositados y transformados en piedra. Muchos de los grandes geólogos del siglo 19 eran discípulos de Werner, que fueron impactados por su idea de una historia muy larga para la tierra.

En Escocia, James Hutton (1726-1797) estaba desarrollando una teoría diferente para la historia de la tierra. Él estudió medicina en la universidad. Después de sus estudios, se hizo cargo de la granja de la familia por un tiempo, pero pronto descubrió su verdadero amor: el estudio de la tierra. En 1788 publicó un artículo de revista y en 1795 un libro, ambos con el título de Teoría de la Tierra. Él propuso que los continentes se estuvieron erosionando lentamente en los océanos. Estos sedimentos se endurecieron gradualmente por el calor interno de la Tierra y luego fueron levantados por convulsiones para convertirse en nuevas masas de tierra que más tarde se erosionaron en los océanos, se endurecieron y se elevaron. Así pues, en su opinión, la historia de la Tierra es cíclica, declarando que no podría encontrar evidencia de un principio en el registro rocoso, fabricando así una historia de la Tierra indefinidamente larga.


Debate: Catastrofismo Vs. Uniformismo

Georges Cuvier (1768–1832)

Ni Werner ni Hutton prestaron mucha atención a los fósiles. Sin embargo, a principios de 1800, Georges Cuvier (1768-1832), el famoso francés que fuera anatomista comparativo y paleontólogo vertebrado, desarrolló su teoría catastrofista de la historia de la Tierra, la cual se expresa muy claramente en su Discurso Sobre las Revoluciones de la Superficie del Globo (1812). Cuvier creyó que en el transcurso de mucho tiempo, de años indecibles de la historia de la Tierra, muchas inundaciones catastróficas de extensión regional o casi global habían destruido y enterrado a las criaturas en los sedimentos. Todas, menos una de estas catástrofes, se produjeron antes de la creación del hombre.

William Smith (1769-1839) fue un ingeniero de drenaje y topógrafo, quien en el curso de su trabajo en torno a la Gran Bretaña, quedó fascinado con los estratos y los fósiles. Al igual que Cuvier, él tenía una visión de la historia de la Tierra que era catastrofista y creía en una Tierra muy antigua. En tres trabajos que publicó desde 1815 hasta 1817, él presentó el primer mapa geológico de Inglaterra y de Gales, y explicó un orden y una cronología relativa de las formaciones rocosas como fueron definidas por ciertos fósiles característicos (índices). Así se hizo conocido como el "Padre de la estratigrafía inglesa", porque él desarrolló el método para dar fechas relativas a las capas de las rocas, sobre la base de los fósiles que se encuentran en ellas.

Charles Lyell (1797–1875)

Un duro golpe al catastrofismo se produjo durante los años 1830 a 1833, cuando Charles Lyell (1797-1875), abogado y ex alumno de Buckland, publicó su influyente obra de tres volúmenes Principios de Geología. Revitalizando y aumentando las ideas de Hutton, Los Principios de Lyell, establecieron las normas por las cuales él creía que se deben hacer las interpretaciones geológicas. Su teoría fue un radical uniformismo, en el que insistió en que sólo los procesos actuales de cambio geológico en las tasas actuales de intensidad y magnitud, deben ser utilizados para interpretar el registro rocoso de la actividad geológica pasada. En otras palabras, los procesos de cambio geológico han sido uniformes en toda la historia de la Tierra. En ningún momento han ocurrido inundaciones catastróficas a nivel continental o global, insistió Lyell.

A menudo, se suele dar demasiado crédito (o culpa) a Lyell como el destructor de la fe en el diluvio del Génesis y en la escala bíblica del tiempo. Pero debemos darnos cuenta de que muchos cristianos (geólogos y teólogos) contribuyeron a este debilitamiento de la enseñanza bíblica antes de que apareciera el libro de Lyell. Aunque la teoría catastrofista había reducido en gran medida la importancia geológica del diluvio de Noé y había conducido a la historia de la Tierra más allá de la visión bíblica tradicional, la obra de Lyell fue el golpe final para la creencia en el diluvio. Al explicar todo el registro rocoso por procesos lentos y graduales, el diluvio fue reducido así a un no-acontecimiento geológico. El catastrofismo no murió inmediatamente, aunque a finales de la década de 1830 sólo unos pocos permanecieron catastrofistas pero creyeron que el diluvio de Noé fue geológicamente insignificante.

A finales del siglo 19, la edad de la Tierra era considerada por todos los geólogos como de cientos de millones de años. En 1903 comenzaron a desarrollarse los métodos de datación radiométrica, y en el transcurso del siglo 20 la edad de la tierra fue expandida a 4,5 mil millones de años.


Las Respuestas Cristianas a la Geología de la Tierra Antigua

Durante la primera mitad del siglo 19, la Iglesia respondió de diversas maneras a estas teorías de una Tierra antigua de los catastrofistas y uniformistas. Un número de escritores en Gran Bretaña (y unos pocos en América), que se hicieron conocidos como "geólogos bíblicos", plantearon argumentos bíblicos, geológicos y filosóficos en contra de esas teorías. Algunos de ellos eran científicos y algunos eran clérigos. Algunos fueron las dos cosas, clérigos ordenados y científicamente bien informados, como lo era común en aquellos días. Para los estándares de su época, muchos de ellos eran muy competentes en la geología, tanto por la lectura como por sus propias observaciones cuidadosas de rocas y fósiles. Ellos creían que el relato bíblico de la creación y el diluvio de Noé, explicaban el registro rocoso mucho mejor que las teorías de la Tierra antigua. [1]

Thomas Chalmers (1780–1847)

Pero otros cristianos que vivieron en los años 1800´s,  aceptaron rápidamente la idea de millones de años y trataron de encajar todo este tiempo en el Génesis, a pesar de que los uniformistas y catastrofistas todavía estaban debatiendo, y la geología era en su infancia una cuasi-ciencia. En 1804, Thomas Chalmers (1780-1847), un joven pastor presbiteriano, comenzó a predicar que los cristianos debían aceptar los millones de años, y en una revisión que hizo del libro de Cuvier en 1814, propuso que todo ese tiempo inmenso podría caber entre Génesis 1:1 y 1:2. En ese momento, Chalmers se fue convirtiendo en un líder evangélico muy influyente, y en consecuencia, su Teoría de la Brecha se hizo muy popular. En 1823, el respetado teólogo anglicano George Stanley Faber (1773-1854), comenzó a abogar por la visión del Día-Era, a saber, que los días de la creación no eran literales sino figurados para indicar largas épocas.

Explicación gráfica de la Teoría de la Brecha, 
la cual dice que entre Génesis 1:1 y 1:2 
hay una brecha de miles de millones de años

Para aceptar estas edades geológicas, los cristianos también tenían que reinterpretar el diluvio. En la década de 1820, John Fleming (1785-1857), un ministro presbiteriano, sostuvo que el diluvio de Noé fue tan tranquilo que no dejó ninguna evidencia geológica duradera. John Pye Smith (1774-1851), un teólogo congregacional, prefirió verlo como una inundación localizada en el valle de Mesopotamia (actual Irak).

La teología liberal, que a principios de los años 1800 dominaba la Iglesia en Europa, en la década de 1820 estaba comenzando a hacer incursiones en Gran Bretaña y América del Norte. Los adherentes a esta teología, consideraron que los capítulos 1 al 11 del libro del Génesis eran tan poco fiables históricamente y tan poco científicos, tal como los mitos de la creación y del diluvio de los antiguos babilonios, sumerios y egipcios.

A pesar de los esfuerzos de los geólogos de las Escrituras, prevalecieron estas diversas reinterpretaciones del Génesis como apoyo de una Tierra antigua, de modo que para 1845 todos los comentarios sobre el Génesis habían abandonado la cronología bíblica y el diluvio universal, y en la época en que Darwin publicó El Origen de las Especies (1859), la visión de la Tierra joven había desaparecido esencialmente de la Iglesia. A partir de ese momento en adelante, la mayoría de los líderes cristianos y los académicos de la Iglesia, aceptaron los millones de años e insistieron en que la edad de la tierra no era importante. Muchos hombres de Dios, también aceptaron muy pronto la evolución. El espacio me permite la mención de algunos pocos ejemplos. El bautista "príncipe de los predicadores", Charles Spurgeon (1834-1892) aceptó acríticamente la teoría geológica de la Tierra antigua (aunque nunca explicó cómo podían encajar esas largas edades en la Biblia). En un sermón de 1855, dijo:

¿Puede alguno decirme cuando fue el principio? Hace años pensábamos que el principio de este mundo fue cuando Adán vino a habitar sobre ella, pero hemos descubierto que miles de años antes, Dios estaba preparando la materia caótica para hacerla una residencia adecuada para el hombre, poniendo especies de criaturas sobre ella, que podían morir y dejar atrás las huellas de su obra y su maravillosa habilidad, antes de que Él intentara utilizar su mano para hacer al hombre. [2]

Charles Hodge (1779-1878), el gran teólogo presbiteriano en el Seminario de Princeton, insistió en que la edad de la Tierra no era importante. Inicialmente estaba a favor de la Teoría de la Brecha, y más tarde en su vida, cambió a la visión del Día-Era. Su compromiso con esas teorías, contribuyó a la victoria final de la teología liberal en Princeton, hasta cerca de 50 años después de su muerte. [3]


C.I. Scofield, puso la teoría de la brecha en sus notas sobre Génesis 1:2, en la Biblia de Referencia Scofield, que fue utilizada por millones de cristianos en todo el mundo.

Más recientemente, un respetado erudito del Antiguo Testamento razonó: “A partir de una lectura superficial de Génesis 1, la impresión parece ser que todo el proceso creativo tuvo lugar en seis días de veinticuatro horas. Si esta era la verdadera intención del autor hebreo… esto parece ir en contra de la investigación científica moderna, que indica que el planeta Tierra fue creado hace varios millones de años…” [4]

Numerosas declaraciones similares, de parte de eruditos y líderes cristianos en las últimas décadas, se podrían citar para demostrar que su interpretación de Génesis es controlada por el hecho de que ellos asumen que los geólogos han comprobado que la Tierra tiene millones de años. Como resultado, la mayoría de los seminarios y universidades cristianas de todo el mundo están en peligro.


Compromiso Innecesario

La triste ironía de todo este compromiso, es que en el último medio siglo la verdad del Génesis capítulos 1-11 ha sido reivindicada cada vez más, a menudo sin intención, por el trabajo de los propios evolucionistas. Los Principios Uniformistas de Lyell, dominaron la geología hasta cerca de la década de 1970, cuando Derek Ager (1923-1993), un destacado geólogo británico, y otros, cuestionaron cada vez más la hipótesis de Lyell, y argumentaron que la mayor parte del registro rocoso muestra evidencia de una rápida erosión catastrófica o sedimentación, lo que reduce drásticamente el tiempo involucrado en la formación de los muchos depósitos geológicos. Ager, un ateo hasta su muerte (por lo que se puede deducir de sus escritos), explicó la influencia de Lyell sobre la geología de esta manera:

Mi excusa para esta digresión larga y aficionada a la historia, es que he estado tratando de mostrar cómo pienso que la geología se metió en las manos de los teóricos [uniformistas], quienes estaban condicionados por la historia social y política de su día, más que por observaciones de campo… En otras palabras, hemos permitido que nos lavaran el cerebro, evitando así cualquier interpretación del pasado con implicación extrema y los que podrían denominarse procesos "catastróficos". [5]

Henry Morris y John Whitcomb

Estas reinterpretaciones "neocatastrofistas" de las rocas, han desarrollado contemporáneamente junto con el resurgimiento de la "geología del diluvio", una visión de la historia de la Tierra muy similar a la de los geólogos bíblicos del siglo 19, y un ingrediente clave para la visión creacionista de la Tierra joven, que fue esencialmente lanzada al mundo por la publicación de El Diluvio del Génesis (1961) de los Drs. John Whitcomb y Henry Morris. Este movimiento es ahora de alcance mundial, y la sofisticación científica para este modelo, está aumentando rápidamente con el tiempo.

Hoy en día, muchos cristianos están argumentando que tenemos que luchar contra el darwinismo a través de los argumentos del "diseño inteligente", y que debemos dejar al Génesis por fuera de la discusión pública. Pero esta estrategia fue juzgada a principios del siglo 19 con muchos escritos sobre la teología natural, que culminaron en los famosos ocho volúmenes de la década de 1830, que en conjunto se conocieron como los Tratados de Bridgewater. Estos libros "predicaban al coro" [6] y no hicieron nada para retardar el deslizadero de la cultura hacia el ateísmo y el deísmo. De hecho, por haberse comprometido con los supuestos de una Tierra antigua, y por haber ignorado a las Escrituras en su defensa del cristianismo, ellos en realidad contribuyeron al debilitamiento de la Iglesia. Lo mismo está ocurriendo hoy.

Ernst Mayr, el renombrado biólogo de la Universidad de Harvard, ateo y evolucionista, dijo esto:

La revolución [darwiniana] comenzó cuando se hizo obvio que la Tierra era muy antigua, en lugar de haber sido creada hace solamente 6000 años. Este hallazgo fue la bola de nieve que empezó toda la avalancha. [7]

Mayr estuvo en lo cierto, cuando dijo que la edad de la Tierra (y no la teoría de Darwin) fue el comienzo de la avalancha de incredulidad. Él se equivocó al exponer que la idea de los millones de años fueron "comprobados" por la investigación científica. Más bien, estos fueron el fruto de supuestos filosóficos antibíblicos, que se utilizaron para interpretar las rocas y los fósiles. La investigación histórica ha demostrado que Laplace era abiertamente ateo; que Buffon, Lamarck, Werner y Hutton eran deístas o ateos; y que Cuvier, William Smith y Lyell eran deístas o (en su defecto) teístas ambiguos. Estos hombres (que influyeron en el pensamiento de los cristianos comprometidos) no fueron imparciales y objetivos perseguidores de la verdad.

Típico de lo que Lyell, Buffon y otros escribieron, es la declaración de Hutton. Él Insistió: "La historia del pasado de nuestro planeta, debe ser explicada por lo que vemos que está sucediendo ahora…  No hay que emplear poderes que no sean naturales para el mundo, ninguna acción debe ser admitida excepto aquella que ya conocemos desde el principio". [8] Al insistir en que los geólogos solamente deben razonar con base en los procesos naturales conocidos en el tiempo presente, descartó a la creación sobrenatural y al único diluvio universal tal y como son descritos en el Génesis, mucho antes de pasar a mirar alguna vez a las rocas.

Entonces, no es de extrañar que Hutton no pudiera ver la evidencia geológica abrumadora que confirma la enseñanza bíblica sobre la creación, el diluvio y la edad de la tierra. Y tampoco es asombroso que todos los estudiantes de geología a los que les ha lavado el cerebro con las mismas presuposiciones durante los últimos 200 años, no hayan sido capaces de verlas. Igualmente, no debemos sorprendernos de que la mayoría de los líderes y eruditos cristianos sean ignorantes de las pruebas. Ellos también han sufrido un lavado de cerebro, como el que alguna vez también experimentaron muchos de los que hoy son creacionistas de la Tierra joven.


Desastrosas Consecuencias de este Compromiso

Los geólogos bíblicos de principios del siglo 19, se opusieron a las teorías geológicas de una Tierra antigua, no solo porque aquellas teorías reflejaban un razonamiento científico erróneo y eran contrarias a la Escritura, sino también porque creyeron que si los cristianos se comprometían con tales teorías, esto eventualmente tendría un efecto catastrófico en la salud de la Iglesia y en su testimonio a un mundo perdido. Henry Cole, un ministro anglicano, escribió:

Muchos reverendos geologistas, sin embargo, mostrarían su “reverencia” por la Revelación divina, al hacer una distinción entre sus partes históricas y sus partes morales, sosteniendo que solamente estas últimas son inspirados y son la Verdad absoluta, mientras que las primeras no lo son, y que por lo tanto pueden abrirse a cualquier latitud de interpretación filosófica y científica, ya sea de modificación o negación. Pero de acuerdo con estos impíos e infieles modificadores y separadores, ni siquiera un tercio de la Palabra de Dios fue inspirada, por no decir que menos, y tampoco quizás tanto de esa Palabra se ocupa entonces de sus inciertas revelaciones morales, sus instrucciones y sus preceptos. Por lo tanto, los otros dos tercios están abiertos para cualquier modificación e interpretación científica, o bien (si es necesario científicamente) ¡a una negación total! No obstante, puede afirmarse con seguridad, que todo aquel que profesa delante de los hombres que no cree en la inspiración de alguna parte de la Revelación, en definitiva no cree ante los ojos de Dios, totalmente en su inspiración… Las consecuencias para una tierra con este tipo de “revelación”, se desplegarán rápida y terriblemente en sus páginas de escepticismo nacional, infidelidad y apostasía, y en la justa venganza de Dios sobre la misma! [9]

Cole y otros opositores de las teorías de la Tierra antigua, entendieron correctamente que las partes históricas de la Biblia (incluyendo al Génesis capítulos 1 al 11) son fundamentales para las enseñanzas teológicas y morales de la Escritura. Destruir la credibilidad de lo primero, conduciría a que tarde o temprano se viera el rechazo de lo segundo, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Si los geólogos bíblicos estuvieran vivos hoy en día, y vieran el dibujo que se muestra a continuación, dirían: ¡Aquel cuadro refleja exactamente aquello sobre lo que estuvimos preocupados! La historia de las que alguna vez fueron naciones cristianas en Europa y Norteamérica, ha confirmado los peores temores que tuvieron los geólogos bíblicos en relación con la Iglesia y la sociedad.

Es hora de que la Iglesia, especialmente sus líderes y sus académicos, dejen de ignorar la edad de la Tierra y la evidencia científica que reivindican cada vez más la Palabra de Dios. Los cristianos deben arrepentirse por haberse comprometido con los supuestos millones de años, y deben comprometerse una vez más a creer y predicar la verdad literal del Génesis capítulos 1 al 11. Es hora de darle la espalda a nuestra cultura.



Notas al Pie

[1] Véase T. Mortenson, El Gran Punto Decisivo: El Error Catastrófico de la Iglesia Sobre la Geología - Antes de Darwin (Forest Green, AR: Master Books, 2004). Esta obra tiene una discusión muy completa acerca de estos hombres, de la batalla que ellos libraron en contra de esas teorías de la Tierra antigua que se estaban desarrollando, y de las concesiones cristianas.
[2] C. H. Spurgeon, "Elección", The New Park Street pulpit 1 (1990): 318.
[3] Véase J. Pipa y D. Hall, eds, ¿Creó Dios en Seis Días? (Whitehall, WV: Tolle Lege Press, 2005), p. 7-16, para parte de la documentación sobre esta triste caída hacia la apostasía.
[4] G. Archer, Un Estudio Introductorio al Antiguo Testamento (Chicago, IL: Moody Press, 1985), p. 187.
[5] D. Ager, La Naturaleza del Registro Estratigráfico (New York: Wiley, 1981), p. 46-47.
[6] Nota del traductor JCCS. “Predicar al coro”, es una expresión que se utiliza para indicar que los argumentos solamente son presentados ante públicos que de antemano ya se encuentran convencidos y complacientes con ellos, lo que en cierta manera parecería indicar que “el mensaje está llegando” o favoreciendo el cambio de la sociedad, cuando en realidad se está dando todo lo contrario.
[7] E. Mayr, "La naturaleza de la Revolución Darwiniana", Science 176 (1972): 988.
[8] J. Hutton, "Teoría de la Tierra", Trans. of the Royal Society of Edinburgh, 1788, citado en A. Holmes, Principios de Geología Física (New York: Ronald Press Co., 1965), p. 43-44.
[9]  H. Cole, La Geología Popular, Subversiva de la Revelación Divina (London: Hatchard and Son, 1834), p. ix-x, 44-45, nota al pie.


Nota: Este artículo fue publicado originalmente en idioma inglés en Answer in Genesis, y se puede llegar a él siguiendo este enlace: http://www.answersingenesis.org/articles/nab2/idea-of-millions-of-years