sábado, 14 de junio de 2014

¿Es Verdad que Todas las Religiones Llevan a Dios?


Por Enrique Chávez V. © Todos los derechos reservados
Publicado en este blog con permiso del autor


Anteriormente el adagio rezaba: "Todos los caminos llevan a Roma". Ahora dice: "Todas las religiones llevan a Dios". Se cree que esto último es verdad, puesto que todas las religiones enseñan esencialmente lo mismo. Cualquier persona tiene libertad para escoger sus creencias. Sin embargo, el hecho de que usted elija libremente la creencia de su preferencia, no la hace necesariamente verdadera. ¡Sí! ¡Usted puede elegir creer lo que prefiera! Pero, considero que es muy importante preguntarnos si lo que creemos es razonable

Permítame en esta ocasión dirigirme respetuosamente a usted, amable lector, para responder a esta pregunta: "¿Es verdad que todas las religiones enseñan esencialmente lo mismo?". Les invito a que consideremos lo que enseñan las religiones más prominentes en cuanto a los asuntos más representativos de cada una de ellas. Consideremos el concepto de Dios, el problema del hombre y por último la solución a ese problema. Una vez hayamos hecho esto, creo que nadie razonable podrá decir nuevamente que todas las religiones enseñan esencialmente lo mismo.

1. EL CONCEPTO DE DIOS

El hinduismo clásico, como los expertos saben, sostiene la creencia y devoción en decenas (algunos sostienen cientos o miles) de dioses. Sin embargo, el concepto de la divinidad ha sufrido varios cambios y adaptaciones a través de los tiempos, de tal suerte que en el siglo VIII de nuestra era, apareció la idea de que sólo existe una cosa: se llama Brahmán. Esta derivación del hinduismo clásico, pretende enseñar que como "todo es dios" nosotros somos dios. Se dice que nosotros somos Dios, sólo que no lo sabemos. Somos un dios olvidadizo (o ignorante, en el mejor de los sentidos), pero al final de cuentas dios.

Budismo. Esencialmente podemos decir que en el budismo no hay Dios. Todo intento del practicante de la doctrina del Buda, es llevado a cabo sin apelación a ninguna deidad que pudiera ayudarle en sus esfuerzos.

Islamismo. Si bien es cierto que el islam ("sumisión") es uno de los tres sistemas monoteístas de la religión, el concepto de Dios que denota es el de una divinidad inalcanzable. Se trata de un Dios inasequible, intolerante y estricto, a quien en ninguna manera puede llamársele "padre". Alá no tiene hijos. No puede establecerse con él una cercanía ni mucho menos confianza o amistad.

Cristianismo. Para los cristianos el concepto de Dios es básicamente el de un Espíritu puro y eterno, infinito y personal, trascendente e inmanente, omnisciente, soberano y bueno. Llevaría mucho tiempo explicar cada uno de los elementos que componen este concepto de Dios. No obstante, en esencia podemos decir que si bien es cierto que Dios es trascendente (distinto a su creación) también es inmanente (alcanzable). Desea y se relaciona con sus criaturas a través de su encarnación en Cristo. Es posible acercarse de manera muy estrecha a Dios, llegando a tener una relación Padre-hijo. Es más, ese es su deseo, el deseo de un Dios justo pero también misericordioso.

2. EL PROBLEMA DEL HOMBRE

Hinduismo. Estrechamente relacionado con el concepto de Dios, encontramos el concepto del problema del hombre en el hinduismo. Para este sistema de creencia, el problema básico del hombre es pues, la ignorancia. El hombre no sabe que es Dios.

Budismo. Para los seguidores de Buda, la raíz de todos los problemas del hombre es el deseo. El deseo es el que provoca el dolor en todas sus manifestaciones. De ahí las cuatro verdades nobles y el camino de ocho pasos que propone el "iluminado" para extirparlo.

Islamismo. Para este credo, la problemática del hombre esencialmente es falta de sumisión a la inexorable voluntad de Alá, de ahí el nombre islam.

Cristianismo. Para esta religión, el problema del hombre es el pecado. No sólo las violaciones voluntarias e involuntarias, y las omisiones a la obediencia de la ley de Dios (1. Juan 5:17 y Santiago 4:17), sino también, y principalmente, esa inclinación innata que todos los seres humanos sin excepción llevamos en lo profundo de nuestro ser. Por naturaleza sentimos una inclinación hacia lo malo. Algunos lo desarrollamos más o menos que el resto de las personas, pero al final de cuentas todos somos pecadores y esa condición nos separa de Dios (Romanos 3:23).

3. LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA DEL HOMBRE

Hinduismo. Hemos dicho ya, que para esta religión el problema de la humanidad es la ignorancia. Por tanto, la solución es que descubramos que somos dios, a través de varios caminos entre los cuales se encuentra el conocimiento, los ritos y la devoción o buenas obras. Cuando hemos caído en la cuenta de que somos dios, y además hemos pagado nuestra deuda kármica, entonces nos hacemos "uno" con el "todo".

Budismo. A través de la práctica de las "cuatro verdades nobles" y "el camino de ocho pasos" (que incluye puntos de vista, aspiraciones, habla, conducta, vida, esfuerzo, conciencia y concentración correctos), se logra romper el ciclo del Karma y ya no "renacer" más. Similarmente al Hinduismo, se alcanza el Nirvana, la fusión con el "todo", y ya no se es más (se funde la gota en el océano).

Islamismo. La solución que ofrece el islam es, como su nombre árabe lo indica, sumisión a la voluntad de Alá. Esta sumisión se demuestra a través de la práctica de la repetición del credo (kalima), la oración (salat), las ofrendas (zakat), el ayuno (saum) y el peregrinaje (hach). En suma, el musulmán devoto deberá tener en su balanza de buenas obras, mayor peso que en su balanza de malas obras, para poder ingresar al cielo donde estará acompañado de bellas doncellas y exquisitos placeres.

Cristianismo. La respuesta de Dios al gran problema del hombre, el pecado, es su propio sacrificio a través de su encarnación en Cristo. Cuando el hombre se arrepiente y tiene fe únicamente en lo que hizo Cristo por nosotros en la cruz (y no en sus propios méritos), el hombre es purificado de todo pecado, transformado interiormente (nace de nuevo). En este acto, Dios cambia las inclinaciones y los deseos que antes gobernaban la voluntad humana. No es en manera alguna el resultado de los esfuerzos del hombre. Es la obra de Dios.

Como habrán podido apreciar, de ninguna manera se puede decir que estas grandes religiones enseñan lo mismo esencialmente. Una vez que hemos conocido los elementos esenciales de cada uno de estos credos, no es razonable que sigamos sosteniendo esa idea. A todas luces sería absurdo. Hay algo especial en el cristianismo que me impulsa a invitarle amable lector a que lo considere seriamente. El solo hecho de que es un camino que humilla el orgullo humano (no es por obras, sino sólo por el favor inmerecido que Dios en su misericordia nos otorga), debería hacernos pensar que no es una invención humana. Es el camino de Dios.