sábado, 2 de agosto de 2014

El Significado Último (El Sentido de la Vida)


Por Jason Dulle. © Todos los derechos reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2014 


Era una tarde de sol en el sur de California. Yo, y miles de personas como yo, habíamos viajado hacia una atracción turística popular. A medida que mis ojos miraban a través de las personas que estaban congregadas a mi alrededor, me llamó la atención un pensamiento aleccionador: ¿Cuántos de estos adolescentes han reflexionado sobre el sentido último de la vida? ¿Cuántos de estos adultos han meditado seriamente sobre las cosas eternas? Me lamentaba por la respuesta. Aunque todos nosotros hemos contemplado las cosas espirituales en alguno u otro momento, la mayoría de la gente sólo le da al tema un pensamiento fugaz de vez en cuando. En lugar de reflexionar sobre el más allá, la civilización occidental se consume en el aquí y el ahora. Estamos demasiado ocupados con nuestra existencia mundana cotidiana, como para pasar a pensar seriamente en lo sobrenatural. El entretenimiento y el ajetreo, han sustituido a la meditación reflexiva sobre estos asuntos.

Y sin embargo anhelamos la realización existencial. Buscamos conocer el significado de la vida, y encontrar un sentido en la vida. Queremos saber la razón de nuestra existencia, nuestro propósito en este mundo ¿Por qué estamos aquí?, ¿qué se supone que debemos hacer con nuestras vidas, y qué es lo que finalmente nos traerá la realización? Pero ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar por qué el hombre se ve obligado a buscar el propósito de la vida? ¿Por qué no estamos satisfechos con la simple existencia? ¿Qué es lo que nos lleva a preguntarnos el por qué? ¿Por qué queremos creer que hay un gran propósito para todo? ¿Por qué nos sentimos vacíos, como si faltara algo en nuestras vidas? ¿Por qué razón la acumulación de las cosas materiales no puede satisfacer ese vacío? ¿Por qué razón aquello que pensábamos que nos iba a traer la felicidad y le iba a dar satisfacción a nuestra vida, una vez obtenido deja de ofrecer lo que esperábamos y nos envía en busca de alguna otra cosa que pensamos que finalmente nos traerá la satisfacción?

El rey Salomón no fue ajeno a este tipo de preguntas. En el libro de Eclesiastés, grabó su propia búsqueda para encontrar el sentido de la vida – la frustración que experimentó con los intentos fallidos y la respuesta que finalmente se apoderó de él. Salomón buscó el sentido en el trabajo, en el placer, en la riqueza, en la sabiduría y similares, pero aún él se lamentaba: "¡En esta vida nada tiene sentido! ¡Todo es una ilusión!" (Eclesiastés 12:8, TLA).

Como Salomón, algunas personas buscan el sentido de la vida en su trabajo. Otros lo buscan en sus relaciones. Y otros en el poder, en la influencia, en el dinero o en el intelecto. En el mundo occidental, muchos tienen la impresión de que van a encontrar ese sentido en la acumulación de cosas (materialismo), sólo para decepcionarse nuevamente con el paso del tiempo. En verdad, el sentido último no se encuentra en las posesiones materiales. Como se ha dicho: -“¡nunca se ha visto a un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre!”

Algunos dicen que el propósito de la vida es la búsqueda de la verdad, el aumento de nuestro potencial, encontrar la felicidad, dejar un legado, inclinar la balanza sobre el placer en vez del sufrimiento, o amar y ser amado.

Otros dicen que no hay ningún propósito en la vida. Esta es la conclusión de la cosmovisión atea y su correspondiente mito sobre la vida – la evolución darwiniana. Como lo escribió el naturalista Douglas Futuyma: "Algunos no tienen el valor para concluir que la especie humana no fue diseñada, no tiene un propósito, y es el producto de meros mecanismos mecánicos -- pero este parece ser el mensaje de la evolución". [1]

El famoso ateo Bertrand Russell, encapsula cómo el ateísmo elimina todo sentido de la vida. Él escribió lo que sólo puede ser descrito como la carencia de significado último:

"Aquel hombre es el producto de unas causas que no sabían el fin de lo que estaban consiguiendo. Que su origen, su crecimiento, sus esperanzas y sus miedos, sus amores y creencias no son sino el resultado de disposiciones accidentales de átomos; que ningún fuego, ningún heroísmo, ninguna intensidad de pensamiento ni de sentimiento, puede preservar una vida individual más allá de la tumba; que todos los trabajos de todas las épocas, toda la devoción, todas la inspiración, toda la brillantez del genio humano, está destinada a la extinción con la muerte de nuestro sistema solar, y que todo el templo de los logros del hombre perecerá inevitablemente bajo los escombros de un universo en ruinas. Todas estas cosas, sin discusión posible, son ya casi tan ciertas que ninguna filosofía que las rechace puede tener la esperanza de permanecer. Sólo dentro del andamiaje de estas verdades, sólo sobre el firme fundamento de la desesperación inflexible, puede la morada del alma, en adelante, seguramente ser construida". [2]

Algunos ateos se sienten incómodos con, o incluso rechazan esta discusión. Ellos quieren escindir de un Creador personal del mundo, pero sostener todavía que hay un significado objetivo en el mundo. No se dan cuenta de que el propósito último y el sentido de la vida requiere por lo menos de dos cosas: (1) La vida después de la muerte, es decir, la inmortalidad, y (2) la existencia de Dios [3]

Dios es necesario porque sin Él no hay ninguna fuente trascendente de la que se pudiera recibir propósito y extraer el sentido de la vida, y la inmortalidad es necesaria porque sin una existencia más allá de la tumba nuestras elecciones morales son en última instancia, irrelevantes. Permítanme ampliar cada una de estas condiciones necesarias para el significado objetivo.

Inmortalidad

Alguien le preguntó a una mujer con cáncer terminal: -"¿Cómo es para usted despertarse cada mañana sabiendo que está tan cerca de la muerte?"- Y ella le respondió: -"¿Cómo se siente usted despertando cada mañana fingiendo que no está cerca de la muerte?"- El caso es que todos vamos a morir en un tiempo relativamente corto. ¿Qué es lo que entonces pasa con nuestras vidas? Sin la inmortalidad nuestras vidas serían holladas hacia la no-existencia, reducidas a un momento fugaz en el mar del infinito. Como le sucede a una vela contra la que choca el viento, nuestra llama se apagaría en la oscuridad, y nunca se encendería de nuevo. ¿Dónde estaría el sentido de eso?

Implicaciones morales

Si no hay vida después de la muerte, no puede haber responsabilidad última de la forma en que vivimos nuestras vidas. Al final, no habría mucha diferencia si se vive como Adolf Hitler o como la Madre Teresa. "Si Dios no existe, entonces tu vida significa en última instancia nada. Ya no hay un propósito duradero para la vida, no hay manera correcta o incorrecta para vivirla". [4]  O como dijo Dostoyevsky: -"Si no hay inmortalidad, entonces todas las cosas están permitidas". Jeffrey Dahmer (el carnicero de Milwaukee) entendió esto perfectamente, pues en una entrevista con Diane Sawyer, explicó por qué llevó a cabo todo lo horrible que hizo:

Las personas que me miran, todas tienen deseos. Algunas de ellas pueden tener un deseo de hacer ejercicio y trabajar, otras de ir a ver una película, mientras que a otras les gusta el helado o la comida rápida, pero la gente tiene deseos. La gente va a satisfacer sus deseos, a menos de que tenga una razón suficiente para no hacerlo. Así que si a una persona le gusta la comida rápida, o le gusta hacer ejercicio o ir al cine, va a hacer eso a menos de que haya una razón imperiosa que le diga que no debe hacerlo. Cuando yo estaba en la secundaria, me encontré con el deseo de torturar animales. Yo no creo en Dios, así que no creo que haya ningún juicio después de la muerte. Yo no creo que estemos aquí con un propósito. Me parece que evolucionamos del lodo, y finalmente, cuando muramos, nuestras partículas se descompondrán para volver al lodo. Tengo… 75 años más o menos en esta tierra si tengo suerte. Teniendo en cuenta que yo no estoy aquí con un propósito, y que yo voy a morir y que ese es mi final, y ya que no hay ninguna razón por la que esté aquí, no pude encontrar ninguna razón suficiente para negar la satisfacción de mis deseos, y por eso torturaba animales. Pero esto llegó a un punto en que ya no me satisfacía, y decidí que lo que tenía que hacer era torturar a seres humanos. Y, francamente, yo no podía pensar en una razón por la que debiera cambiar mi punto de vista de la realidad.

Cada vez es más claro que la inmortalidad debe ir acompañada de la existencia de Dios para proveer de significado a la vida y para darle sentido a la responsabilidad moral. El especialista en ética atea moderna, Richard Taylor, escribió: -"Decir que algo está mal, porque... está prohibido por Dios, es... perfectamente comprensible para cualquier persona que cree en un Dios dador de la ley. Pero decir que algo está mal... aunque no exista un Dios para prohibirlo, es no entendible... El concepto de la obligación moral [es] ininteligible aparte de la idea de Dios. Las palabras permanecen, pero su significado se ha ido". [5] 

Si no hay un Dios, nos quedamos sólo con los hechos desnudos de la existencia fría. Las moléculas y los átomos no conocen lo bueno ni lo malo, sino que simplemente son. Richard Dawkins hizo eco de esto, en su elocuente obituario, diciendo: -"En un universo de fuerzas físicas ciegas y de replicación genética, algunas personas van a hacer daño, otras personas van a tener suerte, y usted no encontrará ninguna rima o razón en esto, ni ninguna justicia. El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que esperaríamos encontrar si no hay en el fondo algún diseño, ningún objetivo, nada malo y nada bueno. Nada más que indiferencia ciega y despiadada. El ADN nada sabe ni le importa. El ADN sólo es. Y nosotros bailamos conforme a su música". [6] 

Si no hay vida después de la muerte, finalmente no pueden haber ningunas consecuencias para nuestras acciones. Las malas acciones del hombre quedarán impunes, y sus buenas acciones no serán recompensadas. La maldad nunca será castigada y la justicia nunca será servida. Sin embargo, si experimentamos la inmortalidad, nuestras elecciones morales a este lado de la tumba se vuelven extremadamente significativas.

Dios

Pero es importante ver que no es sólo inmortalidad lo que necesita el hombre si su vida ha de ser significativa. La mera duración de la existencia no hace a esa existencia significativa. Si el hombre y el universo pudieran existir para siempre, pero no hubiera Dios, su existencia aún carecería de significado último. Sin Dios, todavía nos estaríamos preguntando: ¿Cuál es mi propósito? y ¿por qué estoy aquí? [7]

Creado con propósito

Dios es el único fundamento suficiente para darle significado y propósito a la vida. Sin Dios, solamente seríamos un accidente cósmico que vive para reflexionar sobre cómo nuestra existencia no tiene en realidad ningún sentido. Para tener un propósito, tuvimos que ser creados para hacer algo, para funcionar de un modo particular. El propósito de un vehículo es el transporte de las personas y las cosas. El propósito de un santuario, es el de facilitar la congregación de los creyentes. El propósito de la fuerza policial, es la de frenar y castigar a los malhechores. Cada una de estas cosas fue creada con un propósito, y por lo tanto tiene un propósito y significado. Si el mundo no fue creado con una intención premeditada, no tiene ningún propósito.

El ateísmo no puede proporcionar significado

Es por esto que el ateísmo es incompetente para proporcionar significado y propósito en la vida. El mensaje del ateísmo es que el hombre llegó a existir sin causa para ningún propósito, y que dejará la existencia sin ningún propósito. El mismo proceso cósmico sin propósito que nos trajo a la existencia, también erradicará nuestra existencia.

Peter Singer, un filósofo ateo de la Universidad de Princeton, ha entendido muy bien las implicaciones de la cosmovisión atea. Él escribió: "Cuando rechazamos la creencia en un Dios, debemos abandonar la idea de que la vida en este planeta tiene un significado preestablecido, pues la vida como un todo no tiene sentido ya que comenzó en una combinación casual de moléculas;.. Entonces evolucionó a través de mutaciones aleatorias y por selección natural. Todo esto solamente sucedió; no sucedió para ningún propósito en general". [8] De manera similar G.G. Simpson escribió: "El hombre es el resultado de un proceso sin propósito y materialista, que no lo tuvo en cuenta. Él no fue planificado. Él es un estado de la materia, una forma de vida, una especie de animal, y una especie de la orden de los primates, similar casi o remotamente a toda la vida y de hecho a todo lo que es material". [9] 

En una visión puramente materialista, la realidad de la vida no es más que una lucha por la supervivencia – la que en última instancia finalmente perdemos. ¿Por qué persistimos en esta lucha? ¿Por qué queremos sobrevivir? ¿Para qué vivimos? ¿Por qué es que incluso aquellos que se encuentran en un sufrimiento extremo prefieren la vida en vez de la muerte? ¿Por qué razón los que están en agonía al no encontrarle sentido a la vida, continúan buscándole significado en lugar de ponerle fin a su propia existencia? El ateísmo es incapaz de responder a estas preguntas de nuestra satisfacción existencial. William Lane Craig escribió al respecto:

"¿Quién soy?" pregunta el ser humano. "¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?”. Desde la Ilustración, cuando se despojó de los grilletes de la religión, el hombre ha intentado contestar estas preguntas sin hacer referencia a Dios. Pero las respuestas que ha hallado no han sido estimulantes, si no oscuras y terribles. "Eres un subproducto accidental de la naturaleza, el resultado de la materia más el tiempo y el azar. No hay ninguna razón para tu existencia. Todo lo que enfrentas es la muerte". El hombre moderno pensó que al librarse de Dios, se había librado de todo aquello que lo reprimía y ahogaba. Sin embargo, descubrió que al matar a Dios, se había dado muerte a sí mismo. Porque si no hay Dios, la vida del hombre se vuelve absurda… Significa que la vida que tenemos carece de significado, valor, o propósito último. [10] 

En una visión naturalista del mundo, el fin del hombre es el mismo que el de los mosquitos, y por lo tanto, en última instancia él no es más significativo que los mosquitos. John Darnton, periodista del The New York Times y autor del libro El Secreto de Darwin, escribió en el San Francisco Chronicle: "Porque en última instancia, si los animales y las plantas son el resultado de fuerzas inmutables e impersonales, ella [la biógrafa de Darwin, Janet Browne] observa que 'el mundo natural no tiene validez moral o propósito'. Somos todos nosotros, los perros y los percebes, las palomas y el pasto de cuaresma, lo mismo ante los ojos de la naturaleza. Igualmente notables e igualmente prescindibles". [11]  

Significado próximo vs. significado último

El horror del hombre moderno es que "debido a que termina en nada, es nada". [12] El icono de la evolución en Cornell, William Provine, lo reconoce bastante: 

¿Cómo podemos hallarle sentido a la vida? Cuando morimos estamos realmente muertos; nada de nosotros sobrevive. La selección natural es un proceso que lleva a cada especie casi seguramente que a la extinción y "se preocupa" tanto por el virus del VIH como por los humanos. Nada podría ser más despreocupado que todo el proceso de la evolución orgánica. La vida ha estado sobre la tierra por alrededor de 3,6 millones de años. En menos de mil millones de años, nuestro sol se convertirá en una gigante roja. Toda la vida en la tierra será quemada crujientemente. Otros procesos cósmicos garantizan la extinción de toda la vida en cualquier parte del universo de manera absoluta. Cuando toda la vida se extinga, no quedará ninguna memoria de que alguna vez existió la vida.

Aún así, Provine continúa: "Sin embargo, nuestras vidas están llenas de significado. El significado próximo es más importante que el último. Incluso si morimos, podemos tener vidas profundamente significativas". [13]  

Provine está en lo correcto al señalar que incluso el ateo puede experimentar un significado relativo y la importancia de esta clasificación. Sin embargo, evita el significado último y su importancia, porque todo finalmente se desvanecerá. Las actividades de nuestra vida, e incluso nuestra propia existencia, no pueden soportar ningún significado absoluto. Las personas pueden optar por fingir que su vida tiene sentido, pero sólo es eso: un fingimiento. El universo no adquiere valor simplemente porque le atribuyamos valor al mismo. Peter Atkins habló así: "La humanidad debería aceptar que la ciencia ha eliminado la justificación para creer en el propósito cósmico, y que cualquier supervivencia de ese propósito está inspirado exclusivamente por el sentimiento". [14]    

Los préstamos del teísmo

Infortunadamente, muchos ateos no se han puesto de acuerdo con el nihilismo inherente a su visión del mundo, tal como sí lo hacen Atkins y Russell. Friedrich Nietzsche, el padre del nihilismo moderno, estaba al tanto de esta brecha cognitiva. Él lo ilustra muy bien en el Discurso del Loco:

¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!?». 
Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. 
¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? -así gritaban y reían todos alborotadamente.
El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada.
«¿Que a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos, cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos caemos continuamente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes? ¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vacío? ¿No hace más frío? ¿No viene siempre noche y más noche? ¿No tenemos que encender faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para parecer dignos de ellos? Nunca hubo un acto más grande y quien nazca después de nosotros formará parte de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora.» 
Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. 
Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó. 
«Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos. Este acto está todavía más lejos de ellos que las más lejanas estrellas y, sin embargo, son ellos los que lo han cometido.» 
Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternam deo. 
Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: 
« ¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?». [15] 

¿Cuál era el punto de Nietzsche? Era que aquellos que niegan la existencia de Dios a menudo fallan en reconocer las implicaciones lógicas de esa negación. El loco las entendió, pero los que estaban en el mercado no. Él llegó demasiado pronto. Si bien reconoció que la muerte de Dios significaba también la muerte del hombre, esto todavía no había llegado a oídos de sus contemporáneos. Ellos eran ateos por confesión, pero aún no se habían sumergido en todas las consecuencias de su ateísmo. Ellos todavía estaban dibujando desde el pozo del teísmo, negando todo el tiempo su fundamento intelectual. Como dijo Ravi Zacharias, ellos aún no habían comprendido que el escalpelo del metafísico responsable de eliminar a Dios del universo, también quitó todo significado y propósito en la vida. Nietzsche predijo un día en el cual se salvaría la brecha cognitiva entre la muerte de Dios y la muerte del significado. Tarde o temprano, el hombre se daría cuenta de lo que había hecho, y la edad del nihilismo sería introducida.

Pero el hombre no puede vivir felizmente en tal estado. La única manera para que él pueda alcanzar la felicidad en un mundo así, es actuando de una manera que es incompatible con su visión del mundo, en el supuesto de que el mundo tiene sentido, pero sin la base adecuada sobre la cual construir. El ateo tiene que pedir prestado de la cosmovisión teísta para evitar la desesperación, engañándose a sí mismo en la creencia de que tenemos valor y propósito cuando en realidad no tendríamos ninguno. Este salto ciego hacia lo más recóndito de la ficción personal a fin de encontrarle sentido a la vida, va a decepcionar con el tiempo, toda vez que uno se da cuenta de que no hay fundamento sólido para aterrizar. El significado sólo se puede encontrar en el mundo real. Si no hay Dios, nuestro significado próximo no es más que una ficción fugaz.

El Significado de la Vida

Así que vuelvo a mi pregunta original: ¿Por qué buscamos el significado último? ¿Cuál es el significado de la vida?

¿Por qué buscamos el significado último?

¿Por qué buscamos el significado? Tal vez es porque hay en realidad un propósito y significado en el mundo. Tal vez buscamos propósito, porque hemos sido creados con un propósito (para servir a nuestro Creador), pero le hemos dado la espalda a él porque hemos querido perseguir nuestros propios intereses y no los intereses de Dios. Hemos estado tratando de recuperar nuestro propósito desde entonces, pero ya que nuestros deseos no están en consonancia con ese propósito, seguimos estando frustrados. Queremos experimentar la sensación de satisfacción y comodidad que viene con el cumplimiento de nuestro propósito, pero sin llegar a hacerlo. Así, experimentamos la angustia existencial y la desilusión.

¿Cuál es ese propósito? ¿Cuál es el significado de la vida?

Imagínese que usted está absolutamente solo en el universo. No hay nadie con quien conversar, nadie con quien compartir experiencias en la vida, ni nadie con quien relacionarse. En esas condiciones, la vida sería completamente miserable. Pocos son conscientes de la agonía que produce sobre la psique humana, el aislamiento de otros seres relacionales. Pregúntele al preso que ha sido puesto en un confinamiento solitario, o consúltele a la persona que ha naufragado en una isla desierta, y ellos le dirán que el aislamiento de los demás seres relacionales es psicológicamente insoportable.

Nuestra necesidad de interacción relacional debería darnos una pista sobre el significado de la vida. Si encontramos la mayor satisfacción y significado en las relaciones amorosas con otras personas –y de hecho tenemos relaciones amorosas con otras personas– tal  vez fuimos hechos para ser criaturas relacionales. Yo argumentaría que el significado de la vida sólo se puede encontrar en las relaciones que nos satisfacen. Para encontrarle un sentido a la vida, debemos estar en comunión con nuestro Creador, así como con aquellos que Él creó. Irónicamente este es el mensaje de la Biblia. Jesús dijo que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37-39). Este es el mandamiento más grande, y por buenas razones. Sólo por estar en una relación de amor con Dios y con el prójimo, vamos a encontrarle sentido a la vida. Nuestro fin es conocer a Dios, ahora y por siempre. El problema del hombre es que está en rebelión contra Dios. Corre de Dios, en lugar de hacia Dios. Así que mientras quiere la  realización de la vida, se resiste a Aquel que la trae, negándose a reconocer que su alma no descansará hasta que regrese a la comunión con su Creador.

Todos nosotros nos hemos rebelado contra Dios, todos nosotros hemos rechazado su voluntad con el fin de hacer valer la nuestra. Hemos quebrantado sus justas leyes, y somos merecedores de castigo. Pero Dios, que es la justicia perfecta, es también amor perfecto. Mientras que su justicia perfecta exige el castigo por el pecado, su amor infinito desea misericordia. ¿Qué debe hacer Dios? ¿Cómo puede él abstenerse de castigarnos, y sin embargo aún seguir siendo justo? Su solución fue Cristo. La justicia y la misericordia de Dios se reunieron en la cruz. Cristo, cuya vida sin pecado le hizo indigno del castigo, aceptó la ira santa de Dios en nuestro lugar. Él se ofreció para ser nuestro sustituto. En su condición de Dios manifestado en la existencia humana, la muerte de Cristo fue de valor infinito, pues es capaz de expiar los pecados de todo el mundo. Todo lo que Él nos pide es que aceptemos lo que Él hizo por nosotros, que reconozcamos nuestro pecado, y nuestra falta de capacidad para solucionar el problema.

Dios ha ofrecido una solución a nuestro problema del pecado, pero en sus términos, no en los nuestros. Cristo pagó el castigo por nuestros pecados, recibiendo el castigo que debería haber sido nuestro. Nadie más lo ha hecho –ni Buda, ni Mahoma, ni cualquier otro hombre. Ahora tenemos una opción. Si aceptamos a Cristo, Dios considera que nuestra deuda de pecado fue pagada por completo. Sin embargo, si rechazamos a Cristo, rechazamos la única solución para nuestra culpa, y elegimos pagar por nuestros propios crímenes contra Dios. Si optamos por estar delante de Dios basados en nuestras propias obras, seguramente nos enfrentaremos a la condenación. Sin embargo, si optamos por estar delante de Dios basados en la obra que Cristo hizo por nosotros, podemos esperar la misericordia y la gracia.

Después de haber fracasado para encontrar el sentido de la vida en todo tipo de actividades terrenales, Salomón llegó a la conclusión de que la búsqueda de una vida sin Dios es en última instancia vana. Él escribió: "El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala" (Eclesiastés 12:13-14). Sin Dios, la vida es absurda, no tiene sentido y no tiene importancia; pero con Dios, la vida es significativa, útil y llena de significado.

Pensamientos finales

Un punto fuerte del mensaje cristiano, se encuentra en su capacidad de proporcionar lo necesario para un verdadero significado y propósito en la vida. Como lo observó William Lane Craig: "De acuerdo con la cosmovisión cristiana, Dios existe y la vida del hombre no se termina en la tumba. El hombre en su cuerpo resucitado, podrá disfrutar de la vida eterna y de la comunión con Dios. Por lo tanto, el cristianismo bíblico ofrece las dos condiciones necesarias para una vida significativa, valiosa y útil para el hombre: Dios y la inmortalidad. Debido a esto, podemos vivir coherentemente y felices. Así, el cristianismo bíblico tiene éxito, precisamente donde el ateísmo se estropea". [16]

La capacidad del cristianismo para proporcionar verdadero significado y propósito en la vida, no es la única ni la mejor razón para hacerse cristiano, pero sí demuestra que es una buena idea. Considerando la opción de escoger entre el materialismo ateo y el cristianismo teísta, el atractivo existencial del cristianismo supera con creces a su competidor. Afortunadamente, su viabilidad intelectual también supera con creces a sus rivales, por lo que el cristianismo no sólo provee la realización existencial, sino también la satisfacción racional.

Esto no es un llamado para creer en Dios, sobre la base de que creer en Dios es emocionalmente satisfactorio. Aunque la creencia en Dios puede ser emocionalmente satisfactoria, la única razón para creer en Dios es porque Él en realidad existe. Este es un llamado para que tú reflexiones acerca del por qué buscas sentido y significado en la vida. ¿Por qué tú sientes la necesidad de tener un propósito, y de ser parte de un propósito más grande que tú? Tal vez sea porque tú fuiste creado con un propósito y significado. Tal vez es porque realmente la vida tiene sentido y valor, pero tú has estado buscando en los lugares equivocados.

Te estoy haciendo un llamado para que tú puedas tomar una decisión acerca de Cristo. Él es la respuesta a tu angustia existencial. Él es la respuesta a tu desencanto con la vida. Tú fuiste creado para estar en comunión con él. Y a pesar de que tú rechazaste ese propósito, Él te ha amado lo suficiente como para perseguirte y ofrecerte el perdón, a fin de que tú puedas reconciliarte con Él una vez más, y cumplir el propósito de tu vida. La elección es tuya. ¿Qué vas a hacer?


Notas al Pie

[1] Douglas Futuyma, La Ciencia a Juicio: El Caso para la Evolución (1995), 228.
[2] Bertrand Russell, Misticismo y lógica y otros ensayos (Londres: Allen & Unwin, 1963), 41.
[3] William Lane Craig, "Lo absurdo de la Vida sin Dios", disponible en internet en http://www.reasonablefaith.org/spanish/lo-absurdo-de-la-vida-sin-dios; Consultado el 2 de septiembre 2005. Este es un extracto en línea del libro de Craig 1994, Fe Razonable, páginas 51-75.
[4] Norman Geisler y Frank Turek, No tengo la Suficiente Fe para ser Ateo (Wheaton, IL: Crossway Books, 2004), 20.
[5] Richard Taylor, Ética, Fe y Razón (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1985), pp 90, 84.
[6] Richard Dawkins, Afuera del Edén (Nueva York: Basic Books, 1992), 133.
[7] William Lane Craig, "Lo Absurdo de la Vida sin Dios".
[8] Peter Singer, Ética Práctica, 2 ª ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 1993), 331.
[9] G.G. Simpson, El Significado de la Evolución: Un Estudio de la Historia de la Vida y de su significancia para el hombre [1949] (Yale University Press: New Haven CT, 1960 reimpresión), 344.
[10] William Lane Craig, "Lo Absurdo de la Vida sin Dios".  
[11] John Darnton, "Darwin pagó por la furia que desató: ¿Cómo un creyente se convirtió en un iconoclasta", San Francisco Chronicle, 25 de septiembre de 2005; disponible en Internet en http://sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=/c/a/2005/09/25/INGAUERQK01.DTL&hw=darwin&sn=001&sc=1000, consultado el 26 de septiembre de 2005.
[12] William Lane Craig, "Lo Absurdo de la Vida sin Dios".   
[13] William Provine, abstracto de "Evolución: el libre albedrío, y el Castigo, y el sentido de la vida", disponible en Internet en http://fp.bio.utk.edu/darwin/1998/provine_abstract.html; consultado el 12 de octubre de 2005.
[14] Peter Atkins, "¿Será que la ciencia nunca va a fallar?", New Scientist, 8 de agosto de 1992, pp 32-35.
[15] Friedrich Nietzsche, La Gaya Ciencia (1882, 1887) párr. 125; Walter Kaufmann ed. (New York: Vintage, 1974), pp.181-82. También disponible en Internet en:
[16] William Lane Craig, "Lo Absurdo de la Vida sin Dios".