sábado, 15 de noviembre de 2014

El Mito de Simón el Mago y su Falaz Conexión con los Unicitarios


Por Julio César Clavijo Sierra
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Esta pintura exhibe varias escenas relacionadas con el Mito de Simón el Mago, tales como su enfrentamiento en Roma con los apóstoles Pedro y Pablo, la muerte de Simón el Mago al caer mientras volaba, y la crucifixión del apóstol Pedro con la cabeza hacia abajo. 

En un video difamatorio publicado en YouTube, Luís Carlos Reyes y Mike Latorre (ambos adherentes a la teología trinitaria), afirman que el primer hombre de la historia que tuvo alguna idea unicitaria, fue Simón el Mago, por lo que según ellos, la teología de la Unicidad de Dios tiene sus raíces en el ocultismo. [1]

Para darle algún soporte a su argumento, ellos se basan exclusivamente en una porción del libro titulado “Contra las Herejías”, que escribió Ireneo de Lyon alrededor del año 180 d.C. Esta es la cita:

“[A Simón el Mago] Muchos lo glorificaron como a un Dios, pues él les enseñaba que él era quien había aparecido entre los judíos como el Hijo, en Samaria había descendido como el Padre, y en las demás naciones había bajado como el Espíritu Santo. Que él era la más sublime Potestad, es decir aquella que está por sobre el Padre, y pretendía que lo llamaran con todos los títulos que usan los hombres”. [2]

Sin embargo, existen razones teológicas e históricas que destruyen por completo este argumento promovido por Reyes y Latorre. 

No Existe Ninguna Relación Teológica Entre lo que Ireneo le Atribuye a Simón el Mago y lo que Enseña La Unicidad de Dios

Para intentar asociar a los creyentes en la unicidad de Dios con las supuestas palabras de Simón el Mago, Reyes y Latorre repiten una posición ficticia fabricada por los trinitarios, por medio de la cual ellos insisten en que la creencia de los unicitarios es que Dios se ha revelado únicamente en tres modos distintos.

Siendo trinitarios, los señores Reyes y Latorre están muy acostumbrados a pensar que el número tres tiene una significancia especial en la teología bíblica, a pesar de que no existe ni un solo versículo de la Escritura que asocie de manera explícita a este número con el único Dios. [3] Como ellos son prisioneros del número tres, entonces piensan que al igual que ellos, nosotros también estamos enredados con ese número, y por eso han creado una posición ficticia al decir que el corazón de nuestras diferencias consiste en que mientras ellos creen en tres personas divinas, nosotros creemos en tres modos de revelación divina

Pero nosotros no creemos que Dios esté limitado a los tres roles de Padre, Hijo y Espíritu Santo, ni mucho menos que estos tres modos de revelación puedan abarcar todo lo que Dios es.  “Dios se manifestó a sí mismo de muchas maneras en el Antiguo Testamento. Él se reveló a sí mismo en muchas teofanías, incluso en formas humanas y angélicas. La Biblia usa otros muchos nombres y títulos de Dios. Por ejemplo, Jehová y Señor aparecen con frecuencia en la Biblia. También, Dios se ha revelado al hombre en muchas otras relaciones. Por ejemplo, Él es Rey, Señor, Novio, Marido, Hermano, Apóstol, Sumo sacerdote, Cordero, Pastor y Verbo. Mientras que Padre, Hijo y Espíritu Santo representan tres papeles, títulos o manifestaciones importantes de Dios, Dios no está limitado a estos tres. El número tres tampoco tiene un significado especial con respecto a Dios”. [4]


Falacia del hombre de paja (o espantapájaros), que utilizan frecuentemente los trinitarios contra los pentecostales del nombre de Jesús. 

Algunos escritores trinitarios, incluso han llegado a decir que nosotros creemos que los tres modos de revelación divina se han sucedido secuencialmente (uno después del otro) durante la historia, así: -Primero como el Padre en la creación, luego como el Hijo en la redención, y finalmente como el Espíritu Santo en la regeneración de la Iglesia-. [5] Al parecer, esta interpretación trinitaria comenzó a tomar fuerza desde que Teodoreto de Ciro (un teólogo del siglo V), dijo que Sabelio “al considerar a Dios decretando salvar a los hombres le mira como Padre; en cuanto este mismo Dios encarnó, nació, padeció y murió le llamaba Hijo, y cuando le miraba como santificando a los hombres, le llamaba Espíritu Santo. [Haereticarum fabularum compendium I.2,c.9]”. [6] Pero aunque esas pudieron ser unas palabras realmente pronunciadas por Sabelio, no hay ningún indicador de que las mismas estén hablando explícitamente de tres modos de revelación sucesivos. Así que unas fueron las palabras de Sabelio, pero otra es la interpretación que ciertos escritores trinitarios le han dado a las mismas. 

Hasta aquí hemos dejado claro que el número tres no tiene ninguna relevancia para nosotros, pues la Biblia no asocia a ese número de manera directa con Dios. También hemos dejado claro que nosotros no creemos en tres modos de revelación divina que se hayan producido de una manera secuencial durante el tiempo. Y habiendo llegado a este punto, también dejamos claro que nosotros no creemos que Dios se haya aparecido de tres modos distintos a tres grupos humanos diferentes. Nosotros no creemos que Dios se haya presentado como Hijo solamente a los judíos, como Padre solamente a los samaritanos, y como Espíritu Santo solamente a los gentiles. Así que no existe ninguna relación teológica entre lo que nosotros creemos y lo que Ireneo le atribuyó a Simón el Mago. [7]

Si uno hiciera un ejercicio descuidado y lleno de una imaginación descomunal (como el que han hecho los señores Reyes y Latorre), uno también podría tomar las palabras que Ireneo le atribuye a Simón el Mago, y podría decir que Simón el mago fue el primer hombre de la historia en expresar una idea trinitaria dentro de la cristiandad, ya que Simón el Mago se identificó a sí mismo como un solo ser que podía revelarse en tres formas personales distintas, al punto que se reveló entre los judíos como el Hijo, entre los samaritanos como el Padre, y entre los gentiles como el Espíritu Santo. [8] Pero cualquier trinitario podría protestar con justa razón, diciendo que la supuestas palabras de Simón el Mago no guardan una relación teológica con su doctrina. Eso mismo es lo que nosotros respondemos contra la falacia difundida por Reyes y Latorre, cuando intentan asociar a esas palabras con nuestra doctrina. 

El entendimiento bíblico de los conceptos de Padre, Hijo y Espíritu Santo, son demasiado útiles para entender la verdad sobre el único Dios de la Biblia. Si nosotros somos capaces de entender la razón por la cual los escritores bíblicos se refirieron a Dios utilizando dichos títulos, no vamos a ser presa de la herejía trinitaria que asume extrabíblicamente que esos títulos se refieren a tres personas divinas y distintas.

“Por su relación paternal para con nosotros, el Único Dios es el Padre de toda la creación, Padre del único Hijo engendrado, y Padre de los creyentes nacidos de nuevo. (Vea Deuteronomio 32:6; Malaquías 2:10; Gálatas 4:6; Hebreos 1:5; 12:9). De la misma manera, Dios es Padre por ser el Origen y Creador de todo cuanto existe (Isaías 64:8, Apocalipsis 4:11), y por ser nuestro Sustentador y Cuidador (1. Crónicas 29:10, Isaías 63:16, Santiago 1:17).

El título Hijo se refiere a la manifestación de Dios en carne como el ser humano perfecto (Efesios 4:13), el Cristo (Mateo 1:16), el Mesías (Juan 1:41) o el segundo Adán (1. Corintios 15:45-49). Dios sólo llegó a ser el Hijo al manifestarse en carne (Hebreos 2:14). El hombre Cristo fue concebido literalmente por el Espíritu de Dios y es por consiguiente el Hijo de Dios (Mateo 1:18-20; Lucas 1:35). El título Hijo nunca se usa aparte de la manifestación de Dios en carne, por tanto, nunca se refiere exclusivamente a la Deidad. El título Hijo a veces se enfoca solamente en la humanidad de Cristo, como por ejemplo en la cita 'por la muerte de su Hijo' (Romanos 5:10). A veces se relaciona simultáneamente con la Deidad y la humanidad, como por ejemplo en la cita 'Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo' (Mateo 26:64)…

El título Espíritu Santo, se refiere a Dios como un ser espiritual y en actividad. Describe el carácter fundamental de la naturaleza de Dios. La palabra Santo hace referencia a sus atributos morales, mientras que la palabra Espíritu hace referencia a la naturaleza de Dios. El Título se usa particularmente para referirse a que Dios puede obrar entre los hombres porque Él es un Espíritu, así Él tiene la capacidad de ungir, de regenerar, llenar y santificar a la humanidad. (Vea Génesis 1:1-2; Hechos 1:5-8)”. [9]

La Unicidad de Dios NO enseña que Dios no pueda ser el Padre al mismo tiempo en que Él es el Hijo o el Espíritu Santo. La Unicidad de Dios SÍ enseña que el sólo Ser que es Dios, es tan poderoso y grande que como un solo Ser, Él se ha manifestado SIMULTÁNEAMENTE como Padre, Hijo, Espíritu Santo, el Todopoderoso, el Salvador, etc.

Dios no sólo fue Padre en la creación, pues ahora mismo es nuestro Padre y actúa como nuestro Padre, en razón de que hemos sido adoptados como hijos suyos por causa del nuevo nacimiento. Dios no sólo es Espíritu Santo en razón de que Él llena nuestras vidas en la regeneración, sino que Él siempre ha sido, es y será Espíritu y Santo, por eso Él es el Espíritu Santo (Génesis 1:2, Hechos 1:8). Dios sólo tomó la forma humana como Hijo, por causa de la redención, pues sólo un humano puro y perfecto podía representar a toda la humanidad (Isaías 53:4-6, Ezequiel 22:30, Lucas 1:35, Gálatas 4:4).  


El Relato de Ireneo Sobre Simón el Mago, NO cuenta con un Soporte Histórico Confiable, Pues se Basa en Textos Apócrifos y Fuentes Inexactas

El único relato histórico autoritativo sobre Simón el Mago con el cual nosotros contamos, es el que se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles capítulo 8 versículos 4-25, donde se nos informa que tras la predicación de Felipe en Samaria, un mago llamado Simón creyó al evangelio. Sin embargo, cuando éste Simón vio que por la imposición de la mano de los apóstoles la gente recibía el Espíritu Santo, les ofreció dinero para contar también con ese poder. El apóstol Pedro lo reprendió y le dijo: “tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero”. Pedro también le dijo a Simón que debía arrepentirse y rogar a Dios para que le fuera perdonada esa maldad, y la respuesta de Simón fue la de pedirle también a los apóstoles que intercedieran por él ante Dios para que no le sobreviniera ningún mal. Aparte de este recuento, ninguna otra porción de la Biblia menciona más a este personaje. 

Posteriormente, en el siglo II, aparecieron ciertas narraciones sobre Simón el Mago que son bastante legendarias, y de ellas es imposible extraer datos históricos que nos permitan encontrar hechos o detalles que puedan establecerse con certeza. Todos estos relatos son conocidos como El Mito de Simón el Mago.

Este mito dice que durante el reinado de Claudio César, Simón el Mago llegó a Roma, y por medio de sus extraordinarios poderes mágicos engañó a la gente haciéndoles creer que él era el dios trascendente del cosmos gnóstico, o en otras ocasiones el redentor. En sus viajes, Simón el Mago se hacía acompañar por Helena, a quien había rescatado de un prostíbulo. Fue tanta la admiración que llegaron a tenerle, que hasta el propio emperador y el Senado Romano le erigieron una estatua para adorarlo, y también adoraron a Helena.

El mito continúa diciendo que por ese mismo tiempo, también llegó a Roma el apóstol Pedro para restaurar y gobernar a la iglesia de allí, pero Simón el Mago se le opuso como un instrumento del diablo que conducía a la apostasía a los recientemente convertidos. Entonces tuvo lugar una enardecida competencia de prodigios para ganar la aceptación de la gente, en la cual el apóstol Pedro utilizaba el poder de Dios para hacer milagros (extravagantes) tales como hacer hablar a un perro, resucitar  a un pescado ahumado, hacer hablar a un bebé de siete meses con voz de hombre adulto, y resucitar al mismo muerto dos veces; mientras que Simón el Mago recurría a sus hechizos para realizar cosas asombrosas como hacer andar estatuas, pasar por el fuego sin quemarse y volar.

El Mito de Simón el Mago cuenta con dos versiones para la muerte de su personaje. Una dice que mientras discutía con el apóstol Pedro, Simón el Mago aceptó ser enterrado confiando en que resucitaría al tercer día, pero la tal resurrección no ocurrió. La otra versión es la más popular, y dice que para engañar a la gente, Simón el Mago voló por los aires en presencia de muchos (incluyendo al emperador), pero los apóstoles Pedro y Pablo rogaron a Dios para que detuviera su vuelo, y Simón el Mago cayó a tierra en donde fue apedreado.

El Mito de Simón el Mago termina diciendo que todo lo que éste hombre había hecho, fue suficiente para catalogarlo como el fundador del gnosticismo y el padre de todas las herejías.

La Caída de Simón el Mago. Capitel, Basílica de Saint-Sernin, siglo XI.
                                                                             
Entre las primeras obras que promovieron el Mito de Simón el Mago haciendo brujería en Roma y siendo perseguido allí por el apóstol Pedro, están La Enseñanza de Pedro y Los Hechos de los Apóstoles Pedro y Pablo, que son obras apócrifas de comienzos del siglo II.

De aquellas fuentes bebió Justino Mártir, quien en su Primera Apología escrita alrededor del 155 d.C., dijo: 

“26. 2. Así, a un tal Simón, samaritano (cf. Hch 8,9-11), originario de una aldea por nombre Gitón, habiendo hecho en tiempo de Claudio César prodigios mágicos, por arte de los demonios que en él obraban, en su imperial ciudad de Roma, fue tenido por dios y como dios fue por ustedes honrado con una estatua, que se levantó en la isla del Tíber, entre los dos puentes, y lleva esta inscripción latina: "A Simón Dios Santo". 3. Casi todos los samaritanos, y algunos pocos individuos en las otras naciones, le adoran considerándole como a su primer dios; y a una cierta Helena, que le acompañó por aquel tiempo en sus peregrinaciones, que antes había estado en el prostíbulo, y sería su primera emanación… 

56. 2. En efecto, como antes dijimos (cf. I,26,2), estando Simón en la imperial ciudad de Roma en tiempo de Claudio César, de tal manera impresionó tanto al venerable Senado y al pueblo romano, que fue tenido por un dios y honrado con una estatua… 3. Por eso les suplicamos soliciten al venerable Senado y al pueblo romano actuar como jueces asociados de este escrito nuestro, a fin de que si alguno hubiere que sea aún engañado por las enseñanzas de aquél, conocida la verdad, pueda huir del error. 4. Y la estatua, si les place, háganla destruir”. [10]

Sin embargo Reputados hallazgos arqueológicos, han confirmado que la divinización de Simón no ha demostrado ser genuina[11] “...la estatua que Justino tomó como una dedicada a Simón, fue sin duda una de las antiguas divinidades sabinas Semo Sanco. En la isla en el Tíber y en otros lugares en Roma se han hallado estatuas de este dios antiguo con inscripciones similares. Es claro que el intercambio de la e por i en los caracteres romanos llevó a Justino o a los cristianos romanos antes que él, a considerar la estatua de la antigua deidad sabina, de la cual no conocían nada, como una estatua del mago. No se puede determinar positivamente si la opinión de Justino de que Simón el mago vino a Roma se basa sólo en el hecho de que él creía que los seguidores romanos le habían erigido una estatua, o si él tenía otra información sobre este punto. Por lo tanto, su testimonio no puede ser verificado y así permanece dudoso. Los anti-heréticos posteriores que informan de la residencia de Simón en Roma, toman como su autoridad a San Justino y a las Actas Apócrifas de Pedro, así que su testimonio es fútil”. [12] (El subrayado es nuestro).

 Ilustración de una estatua de Sancus (Semo Sanco), hecha por Rodolfo Lanciani en 1893, que fue encontrada en el lugar sagrado de Sabine en el Quirinal, cerca de la moderna iglesia de S. Silvestro.

Aunque Ireneo presentó el Mito de Simón el Mago como un hecho histórico, él no hizo más que basarse en todas aquellas fuentes no confiables que se desarrollaron antes de él. Al igual que Justino, Ireneo dijo que Simón el Mago viajó a Roma donde fue honrado con una estatua en los tiempos del César Claudio, que allí realizó deslumbrantes actos de magia, que estuvo acompañado de una prostituta llamada Helena, y que en Roma muchos lo consideraron como un dios y también adoraron a Helena. [13] Como ya se explicó, todas estas narraciones pertenecen al mundo de la leyenda, porque dicha estatua no fue levantada en honor a Simón el Mago, sino al ídolo Semo Sanco.

Ireneo también dijo que los apóstoles Pedro y Pablo fundaron la Iglesia de Roma y allí establecieron una sucesión apostólica a partir del gobierno de Pedro. [14] Pero la Santa Escritura contradice el testimonio de Ireneo, pues ya había cristianos en la ciudad de Roma antes de que cualquiera de los apóstoles hubiera puesto un pie allí.

El apóstol Pablo escribió su Epístola a Los Romanos alrededor del año 58 d.C., cuando todavía se hallaba en su tercer viaje misionero. Es evidente que fueron ciertos creyentes que habían conocido a Pablo en otras latitudes, los que llevaron el evangelio a Roma. En Romanos 1:6-15, Pablo expresó a la iglesia de allí, su deseo de compartirles el evangelio para tener algún fruto entre ellos, así como ya lo había tenido entre los demás gentiles. En Romanos 15:22-33 Pablo ratificó su deseo de ver a la iglesia de Roma, indicando que aunque desde hacía mucho estaba deseando estar con ellos, no había podido lograr su cometido ya que había sido estorbado. Sabemos que al escribir esta carta, Pablo se encontraba en su tercer viaje misionero, porque anunció que estaba próximo a ir a Jerusalén a llevar una ofrenda para los creyentes. En su primer viaje misionero, Pablo llegó hasta Turquía (Ver Hechos de los Apóstoles capítulos 13 y 14). En su segundo viaje misionero, Pablo llegó hasta Grecia (Ver Hechos de los Apóstoles, desde el capítulo 15 versículo 36, hasta el capítulo 18 versículo 22). En su tercer viaje misionero, Pablo confirmó la fe de los santos en muchas de las ciudades en las que había estado anteriormente, y en su regreso (alrededor del año 60 d.C.) viajó hasta Jerusalén donde fue arrestado (Ver Hechos de los Apóstoles, desde el capítulo 18 versículo 23, hasta el capítulo 23). Bajo el mando de Félix, Pablo fue llevado a Cesarea de Palestina, donde duró preso por dos años (Ver Hechos 24:26-27). Al cabo de esos dos años, Félix fue reemplazado por Festo, quien envió a Pablo a Roma, después de que Pablo apeló al César (Hechos 25:9-12). Así que Pablo solo pudo llegar a Roma alrededor del año 63 d.C., pero esto ocurrió en su cuarto viaje misionero, que también es conocido como el viaje de la cautividad (Ver Hechos capítulos 27 y 28).

La Biblia no registra ninguna presencia del apóstol Pedro en la ciudad de Roma. Sin embargo, el catolicismo romano (basándose en el mito de Simón el Mago) ha insistido en que Pedro hizo continuos viajes a Roma desde el año 41 d.C. hasta el año 66 d.C., cuando supuestamente fue crucificado con la cabeza hacia abajo durante el reinado del emperador Nerón, y así dio inicio a una sucesión apostólica que justifica la existencia del Papa de Roma como el pontífice máximo del cristianismo. Sin embargo, ya hemos visto por la Biblia, que nosotros no podemos asegurar que alguno de la compañía apostólica haya llegado a Roma antes del año 63 d.C., cuando Pablo fue trasladado allí como prisionero, en su cuarto viaje misionero.

Debido a que Claudio fue emperador desde el año 40 d.C. hasta el año 54 d.C., entonces no existe ninguna posibilidad de que Pedro (o Pablo) se haya(n) enfrentado a Simón el Mago en la ciudad de Roma durante el tiempo del César Claudio. El libro de los Hechos nos informa que después de su llegada a Roma, Pablo permaneció en una casa alquilada, donde predicó el evangelio con toda libertad y sin obstáculo alguno durante dos años (Hechos 28:30-31). De manera que por lo menos hasta el 65 d.C., no hay ninguna referencia bíblica a Pedro habiendo estado en Roma, ni a Pablo enfrentándose allí con Simón el Mago.

“En adición, las epístolas del apóstol Pablo a los Filipenses, Colosenses y Tito, que indudablemente fueron escritas en Roma durante la estadía de dos años del apóstol en esa ciudad, en ninguna parte mencionan al apóstol Pedro. No obstante, especialmente en la carta a los Colosenses, hay referencia a muchos otros nombres. Todo esto comprende un irrefutable testimonio del hecho de que el apóstol Pedro ni fue a Roma antes que el apóstol Pablo, ni después, o durante la jornada de este último. Adicionalmente, confirmación de que el apóstol Pedro nunca había viajado a Roma se encuentra en la segunda epístola a Timoteo, que… fue escrita desde Roma poco antes de la muerte del apóstol Pablo (64-67 d.C.)”. [15] Nerón fue emperador desde el año 54 d.C. hasta el año 68 d.C., por lo cual es imposible que durante su reinado, Pedro haya estado en Roma enfrentándose con Simón el Mago, o muriendo crucificado con la cabeza hacia abajo. “De esta manera, el testimonio de Ireneo, teniendo tantos puntos débiles, no puede servir como fundamento sobre el cual erigir la primacía papal” [16] o la presencia de Simón el Mago en Roma. El testimonio de Ireneo respecto a esto, está obviamente en oposición a la clara  evidencia de la Escritura y la historia.

Otras obras de los siglos II y III también promovieron El Mito de Simón el Mago. En La Literatura Seudo-Clementina, se dice que Simón el Mago predijo que él iba a ser honrado en Roma como un dios y que allí le erigirían un edificio. En Los Hechos de Pedro, se narra que Simón el Mago murió tras caer de su vuelo y ser apedreado, y que Pedro fue crucificado con la cabeza hacia abajo. En Las Epístolas de Dionisio de Corinto, se dijo que Pedro y Pablo fundaron la iglesia de Roma y fueron martirizados al mismo tiempo. Tertuliano escribió en su obra Un Tratado Sobre el Alma, que Simón el mago aplicó todas sus energías en la destrucción de la verdad y compró a la prostituta Helena por la misma cantidad de dinero que había ofrecido a los apóstoles para que le concedieran otorgar el Espíritu Santo; en su obra Apologética, dijo que a Simón el Mago se le había levantado una estatua en Roma; y en La Prescripción Contra los Herejes, dijo que Simón el Mago fue condenado por el apóstol Pedro. Hipólito de Roma escribió en La Filosofumena (o Refutación de Todas las Herejías), que Simón el Mago viajó a Roma donde entró en conflicto con los apóstoles Pedro y Pablo, e intentando recuperar a sus adeptos permitió que lo enterraran vivo, prometiendo levantarse de la tumba al tercer día, pero la anunciada resurrección no se dio. Todas estas referencias (que incluso se contradicen entre sí) son quimeras no historia.  


Referencias

[1] Luis Carlos Reyes y Mike Latorre. “Los Unicitarios ('Solo Jesús') y el Ocultismo”. Julio de 2014.
[2] Ireneo de Lyon. Contra las Herejías - Desenmascarando y Refutando a la Falsamente Llamada Ciencia. Libro I; 3.1.23,1. Versión española de Carlos Ignacio González. © Copyright 2001. Biblioteca Electrónica Cristiana -BEC- VE Multimedios™.
[3] Para mayor información, vaya a la sección El Mito de que el Tres es el Número Divino, páginas 217-219 del libro Un Dios Falso Llamado Trinidad, escrito por Julio César Clavijo Sierra.
[4] David K. Bernard. La Unicidad de Dios, págs. 140-141. ©Copyright 1996. Word Aflame Press.
[5] Como ejemplo, vea a Harold O. J. Brown, Herejías: Herejía y Ortodoxia en la Historia de la Iglesia, pág. 99, Hendrickson Publishers, que dice: “Modalismo… Sostiene que Dios se revela a sí mismo bajo diferentes aspectos o modos en las diferentes edades -como el Padre en la Creación y en la entrega de la Ley, como el Hijo en Jesucristo, y como el Espíritu Santo después de la ascensión de Cristo”. Otro escritor llamado Pablo Santomauro, fue mucho más lejos, pues en un artículo titulado Los Pentecostales Unicitarios: Una Vista Panorámica de sus Doctrinas, dijo que “de acuerdo con el modalismo, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, son tres diferentes máscaras o disfraces que Dios se ha puesto en el escenario teatral de la historia”.
[6] El Albate Bergier (Nicolas Sylvestre). Diccionario de Teología 4. Sabelianismo. Págs. 142-143. Nueva Versión Corregida con Mucho Esmero. Librería de Garnier Hermanos. Paris, 1854.
[7] Aparentemente, Luís Carlos Reyes y Mike Latorre, tomaron prestada de Harold O. J. Brown, la idea de que Simón el Mago fue el primer modalista, pues en la página 53 de su libro Herejías, publicado en 1998, el señor Brown dijo que Simón el Mago declaró ser “una y la misma persona, que aparece y actúa bajo diferentes formas o modos de existencia”. Sin embargo, como ya se ha demostrado, todo ese argumento está sustentado sobre una idea ficticia fabricada por los trinitarios, que dice que los unicitarios creemos únicamente en tres modos de revelación divina. En la nota al pie No. 4, citamos al señor Brown, e indicamos que él también promovió la idea ficticia de que los unicitarios creemos en tres modos divinos de revelación secuencial.
[8] Si uno lee toda la obra Contra las Herejías, escita por Ireneo de Lyon, se dará cuenta de que él en realidad no creía en lo que hoy se conoce como la Trinidad Ortodoxa de tres personas divinas y distintas, pues él afirmó que el único Dios es el Padre, quien es la fuente y origen de todo (cf. III, 11,1-9; 12,1-15; 12,14; 13,1; 15,1; 16,2-18,7), y que el Padre actúa por medio de sus dos manos que son su Hijo (o su Verbo) y el Espíritu Santo (o su sabiduría) (cf. IV, 7,4; 20,1-4). Así que quizás, en caso de que Ireneo de Lyon hubiera conocido al dogma de la Trinidad Ortodoxa que se desarrolló en un tiempo después de él, hubiera podido considerarlo como herejía, y hasta podría haber pensado que éste fue obra de Simón el Mago, quien era para él, el padre de todas las herejías.
[9] Julio César Clavijo Sierra. Unicidad de Dios.
[10] Justino Mártir. Primera Apología. (I,26,2-3 e I,56,2-4). Versión proveniente del sitio del Monasterio Benedictino de Santa María de los Toldos. Cf. Padres Apostólicos y Apologistas Griegos (S. II). Introducción, notas y versión española por Daniel Ruiz Bueno, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pp. 1019 ss. (BAC 629).
[12] Enciclopedia Católica Online. Simón el Mago.
[13] Ireneo, Contra las Herejías, Libro I; 3.1.
[14] Ibídem, Libro III; 1.1. y 1.3.1.      
[15] Andrés de Dryinoupolis y Serafino del Pireo. Obispos Griegos Retan la Posición del Vaticano Sobre Pedro y Más.
[16] Ibídem.