jueves, 20 de noviembre de 2014

EL OCULTISMO NO ES Y NUNCA HA SIDO PARTE DE LA DOCTRINA DE LOS UNICITARIOS (Respuesta a un video difamatorio que hicieron Luis Carlos Reyes y Mike Latorre)


Por Julio César Clavijo Sierra y Alfonso M. Suarez
© Noviembre de 2014. Todos los Derechos Reservados
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Tabla de Contenido

1. Los Pentecostales del Nombre de Jesús, Rechazamos al Ocultismo en Todas sus Formas
2. Simón el Mago, No Fue el Primer Unicitario
2.1. No Existe Ninguna Relación Teológica Entre lo que Ireneo le Atribuye a Simón el Mago y lo que Enseña La Unicidad de Dios
2.2. El Relato de Ireneo Sobre Simón el Mago NO cuenta con un Soporte Histórico Confiable, Pues se Basa en Textos Apócrifos y Fuentes Inexactas
3. La Unicidad de Dios no Carece de Fundamento Bíblico o Histórico
3.1. El Fundamento Bíblico de la Unicidad de Dios
3.2. La Historia y la Unicidad de Dios
4. Emanuel Swedenborg No es Ningún Padre del Movimiento Pentecostal Unicitario Moderno
5. Los Pentecostales del Nombre de Jesús Seguimos a Jesucristo, No a Líderes  Sectarios Iluminados
Apéndice 1. La Teología Unicitaria de los Obispos Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna, en el Llamado Periodo Post-Apostólico (90-140 d.C.)


Introducción

El pasado 7 de julio de 2014, los señores Luis Carlos Reyes y Mike Latorre (ambos adherentes a la teología trinitaria), publicaron en YouTube un video al que titularon “Los Unicitarios ("Solo Jesús") y El Ocultismo”. [1] Estos hombres justificaron su alegato diciendo: (1º) Que la doctrina de los pentecostales del nombre de Jesús está asociada con el ocultismo, (2º) porque el iniciador de la doctrina de la Unicidad de Dios fue Simón el Mago, (3º) y luego la doctrina unicitaria tomó fuerza con Sabelio durante el Siglo III, pero desapareció de la historia en el Siglo IV, (4º) para resurgir en el Siglo XVIII a través de Emanuel Swedenborg, quien era un médium espiritista. La propuesta de Reyes y Latorre, ha sido copiada de algunos trinitarios de habla inglesa, tales como Harold O. J. Brown, David Lamb, Mike Oppenheimer y Edward L. Dalcour. [2]

El falso testimonio que pretende asociar a los pentecostales del nombre de Jesús con el ocultismo, se ha producido como una táctica desesperada de ciertos trinitarios, que busca que las personas nos consideren perversos o satánicos, y nos rechacen a priori, sin que ni siquiera nos den alguna oportunidad para presentarles nuestra fe. En razón a lo anterior, hemos preparado este material escrito (que está acompañado de un video) que analiza y desmantela cada uno de los argumentos que Luis Carlos Reyes y Mike Latorre han esbozado en contra de nuestra fe apostólica, y también suministra información valiosa para cuando los creyentes del nombre de Jesús se encuentren testificando y predicando.  


Capítulo 1. Los Pentecostales del Nombre de Jesús, Rechazamos al Ocultismo en Todas sus Formas
 
Desde el punto de vista bíblico, el ocultismo corresponde a prácticas sobrenaturales como la adivinación, la magia y el espiritismo, que están influenciadas por Satanás y los espíritus malignos. La adivinación es un intento de predecir el futuro por medio de la astrología, las bolas de cristal, el tarot, la quiromancia, la numerología, los horóscopos, etc. La magia o paganismo, es un intento de controlar el presente mediante ceremonias, sortilegios y hechizos. Las artes mágicas incluyen la hechicería, la magia blanca, la brujería, el satanismo, las misas negras, etc. El espiritismo involucra la comunicación con los muertos y ángeles caídos, con el fin de recibir información o ayuda de ellos, utilizando recursos como la tabla ouija, la necromancia y las sesiones de espiritismo.

La porción bíblica que mejor nos advierte contra toda forma de ocultismo, es la de Deuteronomio 18:9-14, que dice:

“Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios”. (Deuteronomio 18:9-14).

En La Epístola a Los Gálatas, el apóstol Pablo nos enseñó que las hechicerías son obras de la carne, e impiden que las personas hereden el reino de Dios.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. (Gálatas 5:19-21).

El apóstol Juan, también dice que los hechiceros estarán por fuera de la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial.

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. (Apocalipsis 22:14-15).

Por lo anterior, nosotros, los pentecostales del nombre de Jesús, como pueblo lleno del Espíritu Santo, rechazamos con toda firmeza al ocultismo en todas sus formas.

Aún así, el mismo Señor Jesucristo ya había profetizado que sus hijos iban a ser acusados falsamente como ocultistas o satánicos, pues Él dijo:

“El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” (Mateo 10:24-25).

Pero también nos dio palabras de fortaleza al decirnos:


“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”. (Mateo 5:11-12).



Capítulo 2. Simón el Mago, No Fue el Primer Unicitario

Luís Carlos Reyes y Mike Latorre, afirman que el primer hombre de la historia que tuvo alguna idea unicitaria, fue Simón el Mago. Para darle algún soporte a su argumento, ellos se basan exclusivamente en una porción del libro titulado “Contra las Herejías”, que escribió Ireneo de Lyon alrededor del año 180 d.C. Esta es la cita:

“[A Simón el Mago] Muchos lo glorificaron como a un Dios, pues él les enseñaba que él era quien había aparecido entre los judíos como el Hijo, en Samaria había descendido como el Padre, y en las demás naciones había bajado como el Espíritu Santo. Que él era la más sublime Potestad, es decir aquella que está por sobre el Padre, y pretendía que lo llamaran con todos los títulos que usan los hombres”. [3]

Sin embargo, existen razones teológicas e históricas que destruyen por completo este argumento promovido por Reyes y Latorre.  

2.1. No Existe Ninguna Relación Teológica Entre lo que Ireneo le Atribuye a Simón el Mago y lo que Enseña La Unicidad de Dios

Para intentar asociar a los unicitarios con las supuestas palabras de Simón el Mago, Reyes y Latorre repiten la posición ficticia fabricada por los trinitarios, por medio de la cual ellos insisten en que la creencia de los unicitarios es que Dios se ha revelado únicamente en tres modos distintos.

Siendo trinitarios, los señores Reyes y Latorre están muy acostumbrados a pensar que el número tres tiene una significancia especial en la teología bíblica, a pesar de que no existe ni un solo versículo de la Escritura que asocie de manera explícita a este número con el único Dios. [4] Como ellos son prisioneros del número tres, entonces piensan que al igual que ellos, nosotros también estamos enredados con ese número, y por eso han creado una posición ficticia al decir que el corazón de nuestras diferencias consiste en que mientras ellos creen en tres personas divinas, nosotros creemos en tres modos de revelación divina

Pero nosotros no creemos que Dios esté limitado a los tres roles de Padre, Hijo y Espíritu Santo, ni mucho menos que estos tres modos de revelación puedan abarcar todo lo que Dios es.  “Dios se manifestó a sí mismo de muchas maneras en el Antiguo Testamento. Él se reveló a sí mismo en muchas teofanías, incluso en formas humanas y angélicas. La Biblia usa otros muchos nombres y títulos de Dios. Por ejemplo, Jehová y Señor aparecen con frecuencia en la Biblia. También, Dios se ha revelado al hombre en muchas otras relaciones. Por ejemplo, Él es Rey, Señor, Novio, Marido, Hermano, Apóstol, Sumo sacerdote, Cordero, Pastor y Verbo. Mientras que Padre, Hijo y Espíritu Santo representan tres papeles, títulos o manifestaciones importantes de Dios, Dios no está limitado a estos tres. El número tres tampoco tiene un significado especial con respecto a Dios”. [5]

La falacia del "muñeco de paja" que utilizan algunos trinitarios para torcer el verdadera punto de vista de la Unicidad

Algunos escritores trinitarios, incluso han llegado a decir que nosotros creemos que los tres modos de revelación divina se han sucedido secuencialmente (uno después del otro) durante la historia, así: -Primero como el Padre en la creación, luego como el Hijo en la redención, y finalmente como el Espíritu Santo en la regeneración de la Iglesia-. [6] Al parecer, esta interpretación trinitaria comenzó a tomar fuerza desde que Teodoreto de Ciro (un teólogo del siglo V), dijo que Sabelio “al considerar a Dios decretando salvar a los hombres le mira como Padre; en cuanto este mismo Dios encarnó, nació, padeció y murió le llamaba Hijo, y cuando le miraba como santificando a los hombres, le llamaba Espíritu Santo. [Haereticarum fabularum compendium I.2,c.9]”. [7] Pero aunque esas pudieron ser unas palabras realmente pronunciadas por Sabelio, no hay ningún indicador de que las mismas estén hablando explícitamente de tres modos de revelación sucesivos. Así que unas fueron las palabras de Sabelio, pero otra es la interpretación que ciertos escritores trinitarios le han dado a las mismas.  

Hasta aquí hemos dejado claro que el número tres no tiene ninguna relevancia para nosotros, pues la Biblia no asocia a ese número de manera directa con Dios. También hemos dejado claro que nosotros no creemos en tres modos de revelación divina que se hayan producido de una manera secuencial durante el tiempo. Y habiendo llegado a este punto, también dejamos claro que nosotros no creemos que Dios se haya aparecido de tres modos distintos a tres grupos humanos diferentes. Nosotros no creemos que Dios se haya presentado como Hijo solamente a los judíos, como Padre solamente a los samaritanos, y como Espíritu Santo solamente a los gentiles. Así que no existe ninguna relación teológica entre lo que nosotros creemos y lo que Ireneo le atribuyó a Simón el Mago. [8]

Si uno hiciera un ejercicio descuidado y lleno de una imaginación descomunal (como el que han hecho los señores Reyes y Latorre), uno también podría tomar las palabras que Ireneo le atribuye a Simón el Mago, y podría decir que Simón el mago fue el primer hombre de la historia en expresar una idea trinitaria dentro de la cristiandad, ya que Simón el Mago se identificó a sí mismo como un solo ser que podía revelarse en tres formas personales distintas, al punto que se reveló entre los judíos como el Hijo, entre los samaritanos como el Padre, y entre los gentiles como el Espíritu Santo. [9] Pero cualquier trinitario podría protestar con justa razón, diciendo que la supuestas palabras de Simón el Mago no guardan una relación teológica con su doctrina. Eso mismo es lo que nosotros respondemos contra la falacia difundida por Reyes y Latorre, cuando intentan asociar a esas palabras con nuestra doctrina.  

El entendimiento bíblico de los conceptos de Padre, Hijo y Espíritu Santo, son demasiado útiles para entender la verdad sobre el único Dios de la Biblia. Si nosotros somos capaces de entender la razón por la cual los escritores bíblicos se refirieron a Dios utilizando dichos títulos, no vamos a ser presa de la herejía trinitaria que asume extrabíblicamente que esos títulos se refieren a tres personas divinas y distintas.

“Por su relación paternal para con nosotros, el Único Dios es el Padre de toda la creación, Padre del único Hijo engendrado, y Padre de los creyentes nacidos de nuevo. (Vea Deuteronomio 32:6; Malaquías 2:10; Gálatas 4:6; Hebreos 1:5; 12:9). De la misma manera, Dios es Padre por ser el Origen y Creador de todo cuanto existe (Isaías 64:8, Apocalipsis 4:11), y por ser nuestro Sustentador y Cuidador (1. Crónicas 29:10, Isaías 63:16, Santiago 1:17).

El título Hijo se refiere a la manifestación de Dios en carne como el ser humano perfecto (Efesios 4:13), el Cristo (Mateo 1:16), el Mesías (Juan 1:41) o el segundo Adán (1. Corintios 15:45-49). Dios sólo llegó a ser el Hijo al manifestarse en carne (Hebreos 2:14). El hombre Cristo fue concebido literalmente por el Espíritu de Dios y es por consiguiente el Hijo de Dios (Mateo 1:18-20; Lucas 1:35). El título Hijo nunca se usa aparte de la manifestación de Dios en carne, por tanto, nunca se refiere exclusivamente a la Deidad. El título Hijo a veces se enfoca solamente en la humanidad de Cristo, como por ejemplo en la cita 'por la muerte de su Hijo' (Romanos 5:10). A veces se relaciona simultáneamente con la Deidad y la humanidad, como por ejemplo en la cita 'Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo' (Mateo 26:64)…

El título Espíritu Santo, se refiere a Dios como un ser espiritual y en actividad. Describe el carácter fundamental de la naturaleza de Dios. La palabra Santo hace referencia a sus atributos morales, mientras que la palabra Espíritu hace referencia a la naturaleza de Dios. El Título se usa particularmente para referirse a que Dios puede obrar entre los hombres porque Él es un Espíritu, así Él tiene la capacidad de ungir, de regenerar, llenar y santificar a la humanidad. (Vea Génesis 1:1-2; Hechos 1:5-8)”. [10]

La Unicidad de Dios NO enseña que Dios no pueda ser el Padre al mismo tiempo en que Él es el Hijo o el Espíritu Santo. La Unicidad de Dios SÍ enseña que el sólo Ser que es Dios, es tan poderoso y grande que como un solo Ser, Él se ha manifestado SIMULTÁNEAMENTE como Padre, Hijo, Espíritu Santo, el Todopoderoso, el Salvador, etc.

Dios no sólo fue Padre en la creación, pues ahora mismo es nuestro Padre y actúa como nuestro Padre, en razón de que hemos sido adoptados como hijos suyos por causa del nuevo nacimiento. Dios no sólo es Espíritu Santo en razón de que Él llena nuestras vidas en la regeneración, sino que Él siempre ha sido, es y será Espíritu y Santo, por eso Él es el Espíritu Santo (Génesis 1:2, Hechos 1:8). Dios sólo tomó la forma humana como Hijo, por causa de la redención, pues sólo un humano puro y perfecto podía representar a toda la humanidad (Isaías 53:4-6, Ezequiel 22:30, Lucas 1:35, Gálatas 4:4).   

2.2. El Relato de Ireneo Sobre Simón el Mago, NO cuenta con un Soporte Histórico Confiable, Pues se Basa en Textos Apócrifos y Fuentes Inexactas

El único relato histórico autoritativo sobre Simón el Mago con el cual nosotros contamos, es el que se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles capítulo 8 versículos 4-25, donde se nos informa que tras la predicación de Felipe en Samaria, un mago llamado Simón creyó al evangelio. Sin embargo, cuando éste Simón vio que por la imposición de la mano de los apóstoles la gente recibía el Espíritu Santo, les ofreció dinero para contar también con ese poder. El apóstol Pedro lo reprendió y le dijo: “tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero”. Pedro también le dijo a Simón que debía arrepentirse y rogar a Dios para que le fuera perdonada esa maldad, y la respuesta de Simón fue la de pedirle también a los apóstoles que intercedieran por él ante Dios para que no le sobreviniera ningún mal. Aparte de este recuento, ninguna otra porción de la Biblia menciona más a este personaje.  

Posteriormente, en el siglo II, aparecieron ciertas narraciones sobre Simón el Mago que son bastante legendarias, y de ellas es imposible extraer datos históricos que nos permitan encontrar hechos o detalles que puedan establecerse con certeza. Todos estos relatos son conocidos como El Mito de Simón el Mago.


Esta pintura muestra algunas escenas del Mito de Simón el Mago, tales como su enfrentamiento en Roma con los apóstoles Pedro y Pablo, la caída de Simón el Mago mientras volaba, la muerte de Simón el Mago, y la crucifixión del apóstol Pedro con la cabeza hacia abajo.

Este mito dice que durante el reinado de Claudio César, Simón el Mago llegó a Roma, y por medio de sus extraordinarios poderes mágicos engañó a la gente haciéndoles creer que él era el dios trascendente del cosmos gnóstico, o en otras ocasiones el redentor. En sus viajes, Simón el Mago se hacía acompañar por Helena, a quien había rescatado de un prostíbulo. Fue tanta la admiración que llegaron a tenerle, que hasta el propio emperador y el Senado Romano le erigieron una estatua para adorarlo, y también adoraron a Helena.

El mito continúa diciendo que por ese mismo tiempo, también llegó a Roma el apóstol Pedro para restaurar y gobernar a la iglesia de allí, pero Simón el Mago se le opuso como un instrumento del diablo que conducía a la apostasía a los recientemente convertidos. Entonces tuvo lugar una enardecida competencia de prodigios para ganar la aceptación de la gente, en la cual el apóstol Pedro utilizaba el poder de Dios para hacer milagros (extravagantes) tales como hacer hablar a un perro, resucitar  a un pescado ahumado, hacer hablar a un bebé de siete meses con voz de hombre adulto, y resucitar al mismo muerto dos veces; mientras que Simón el Mago recurría a sus hechizos para realizar cosas asombrosas como hacer andar estatuas, pasar por el fuego sin quemarse y volar.

El Mito de Simón el Mago cuenta con dos versiones para la muerte de su personaje. Una dice que mientras discutía con el apóstol Pedro, Simón el Mago aceptó ser enterrado confiando en que resucitaría al tercer día, pero la tal resurrección no ocurrió. La otra versión es la más popular, y dice que para engañar a la gente, Simón el Mago voló por los aires en presencia de muchos (incluyendo al emperador), pero los apóstoles Pedro y Pablo rogaron a Dios para que detuviera su vuelo, y Simón el Mago cayó a tierra donde fue apedreado.

El Mito de Simón el Mago termina diciendo que todo lo que éste hombre había hecho, fue suficiente para catalogarlo como el fundador del gnosticismo y el padre de todas las herejías.

 La Caída de Simón el Mago. Capitel, Basílica de Saint-Sernin, siglo XI.
                                                                             
Entre las primeras obras que promovieron el Mito de Simón el Mago haciendo brujería en Roma y siendo perseguido allí por el apóstol Pedro, están La Enseñanza de Pedro y Los Hechos de los Apóstoles Pedro y Pablo, que son obras apócrifas de comienzos del siglo II.

De aquellas fuentes bebió Justino Mártir, quien en su Primera Apología escrita alrededor del 155 d.C., dijo: 

“26. 2. Así, a un tal Simón, samaritano (cf. Hch 8,9-11), originario de una aldea por nombre Gitón, habiendo hecho en tiempo de Claudio César prodigios mágicos, por arte de los demonios que en él obraban, en su imperial ciudad de Roma, fue tenido por dios y como dios fue por ustedes honrado con una estatua, que se levantó en la isla del Tíber, entre los dos puentes, y lleva esta inscripción latina: "A Simón Dios Santo". 3. Casi todos los samaritanos, y algunos pocos individuos en las otras naciones, le adoran considerándole como a su primer dios; y a una cierta Helena, que le acompañó por aquel tiempo en sus peregrinaciones, que antes había estado en el prostíbulo, y sería su primera emanación…  

56. 2. En efecto, como antes dijimos (cf. I,26,2), estando Simón en la imperial ciudad de Roma en tiempo de Claudio César, de tal manera impresionó tanto al venerable Senado y al pueblo romano, que fue tenido por un dios y honrado con una estatua… 3. Por eso les suplicamos soliciten al venerable Senado y al pueblo romano actuar como jueces asociados de este escrito nuestro, a fin de que si alguno hubiere que sea aún engañado por las enseñanzas de aquél, conocida la verdad, pueda huir del error. 4. Y la estatua, si les place, háganla destruir”. [11]

Sin embargo “Reputados hallazgos arqueológicos, han confirmado que la divinización de Simón no ha demostrado ser genuina[12] “...la estatua que Justino tomó como una dedicada a Simón, fue sin duda una de las antiguas divinidades sabinas Semo Sanco. En la isla en el Tíber y en otros lugares en Roma se han hallado estatuas de este dios antiguo con inscripciones similares. Es claro que el intercambio de la e por i en los caracteres romanos llevó a Justino o a los cristianos romanos antes que él, a considerar la estatua de la antigua deidad sabina, de la cual no conocían nada, como una estatua del mago. No se puede determinar positivamente si la opinión de Justino de que Simón el mago vino a Roma se basa sólo en el hecho de que él creía que los seguidores romanos le habían erigido una estatua, o si él tenía otra información sobre este punto. Por lo tanto, su testimonio no puede ser verificado y así permanece dudoso. Los anti-heréticos posteriores que informan de la residencia de Simón en Roma, toman como su autoridad a San Justino y a las Actas Apócrifas de Pedro, así que su testimonio es fútil”. [13] (El subrayado es nuestro).

Ilustración de una estatua de Sancus (Semo Sanco), hecha por Rodolfo Lanciani en 1893, que fue encontrada en el lugar sagrado de Sabine en el Quirinal, cerca de la moderna iglesia de S. Silvestro.

Aunque Ireneo presentó el Mito de Simón el Mago como un hecho histórico, él no hizo más que basarse en todas aquellas fuentes no confiables que se desarrollaron antes de él. Al igual que Justino, Ireneo dijo que Simón el Mago viajó a Roma donde fue honrado con una estatua en los tiempos del César Claudio, que allí realizó deslumbrantes actos de magia, que estuvo acompañado de una prostituta llamada Helena, y que en Roma muchos lo consideraron como un dios y también adoraron a Helena. [14] Como ya se explicó, todas estas narraciones pertenecen al mundo de la leyenda, porque dicha estatua no fue levantada en honor a Simón el Mago, sino al ídolo Semo Sanco.

Ireneo también dijo que los apóstoles Pedro y Pablo fundaron la Iglesia de Roma y allí establecieron una sucesión apostólica a partir del gobierno de Pedro. [15] Pero la Santa Escritura contradice el testimonio de Ireneo, pues ya había cristianos en la ciudad de Roma antes de que cualquiera de los apóstoles hubiera puesto un pie allí.

El apóstol Pablo escribió su Epístola a Los Romanos alrededor del año 58 d.C., cuando todavía se hallaba en su tercer viaje misionero. Es evidente que fueron ciertos creyentes que habían conocido a Pablo en otras latitudes, los que llevaron el evangelio a Roma. En Romanos 1:6-15, Pablo expresó a la iglesia de allí, su deseo de compartirles el evangelio para tener algún fruto entre ellos, así como ya lo había tenido entre los demás gentiles. En Romanos 15:22-33 Pablo ratificó su deseo de ver a la iglesia de Roma, indicando que aunque desde hacía mucho estaba deseando estar con ellos, no había podido lograr su cometido ya que había sido estorbado. Sabemos que al escribir esta carta, Pablo se encontraba en su tercer viaje misionero, porque anunció que estaba próximo a ir a Jerusalén a llevar una ofrenda para los creyentes. En su primer viaje misionero, Pablo llegó hasta Turquía (Ver Hechos de los Apóstoles capítulos 13 y 14). En su segundo viaje misionero, Pablo llegó hasta Grecia (Ver Hechos de los Apóstoles, desde el capítulo 15 versículo 36, hasta el capítulo 18 versículo 22). En su tercer viaje misionero, Pablo confirmó la fe de los santos en muchas de las ciudades en las que había estado anteriormente, y en su regreso (alrededor del año 60 d.C.) viajó hasta Jerusalén donde fue arrestado (Ver Hechos de los Apóstoles, desde el capítulo 18 versículo 23, hasta el capítulo 23). Bajo el mando de Félix, Pablo fue llevado a Cesarea de Palestina, donde duró preso por dos años (Ver Hechos 24:26-27). Al cabo de esos dos años, Félix fue reemplazado por Festo, quien envió a Pablo a Roma, después de que Pablo apeló al César (Hechos 25:9-12). Así que Pablo solo pudo llegar a Roma alrededor del año 63 d.C., pero esto ocurrió en su cuarto viaje misionero, que también es conocido como el viaje de la cautividad (Ver Hechos capítulos 27 y 28).

La Biblia no registra ninguna presencia del apóstol Pedro en la ciudad de Roma. Sin embargo, el catolicismo romano (basándose en el mito de Simón el Mago) ha insistido en que Pedro hizo continuos viajes a Roma desde el año 41 d.C. hasta el año 66 d.C., cuando supuestamente fue crucificado con la cabeza hacia abajo durante el reinado del emperador Nerón, y así dio inicio a una sucesión apostólica que justifica la existencia del Papa de Roma como el pontífice máximo del cristianismo. Sin embargo, ya hemos visto por la Biblia, que nosotros no podemos asegurar que alguno de la compañía apostólica haya llegado a Roma antes del año 63 d.C., cuando Pablo fue trasladado allí como prisionero, en su cuarto viaje misionero.

Debido a que Claudio fue emperador desde el año 40 d.C. hasta el año 54 d.C., entonces no existe ninguna posibilidad de que Pedro (o Pablo) se haya(n) enfrentado a Simón el Mago en la ciudad de Roma durante el tiempo del César Claudio. El libro de los Hechos nos informa que después de su llegada a Roma, Pablo permaneció en una casa alquilada, donde predicó el evangelio con toda libertad y sin obstáculo alguno durante dos años (Hechos 28:30-31). De manera que por lo menos hasta el 65 d.C., no hay ninguna referencia bíblica a Pedro habiendo estado en Roma, ni a Pablo enfrentándose allí con Simón el Mago.

“En adición, las epístolas del apóstol Pablo a los Filipenses, Colosenses y Tito, que indudablemente fueron escritas en Roma durante la estadía de dos años del apóstol en esa ciudad, en ninguna parte mencionan al apóstol Pedro. No obstante, especialmente en la carta a los Colosenses, hay referencia a muchos otros nombres. Todo esto comprende un irrefutable testimonio del hecho de que el apóstol Pedro ni fue a Roma antes que el apóstol Pablo, ni después, o durante la jornada de este último. Adicionalmente, confirmación de que el apóstol Pedro nunca había viajado a Roma se encuentra en la segunda epístola a Timoteo, que… fue escrita desde Roma poco antes de la muerte del apóstol Pablo (64-67 d.C.)”. [16] Nerón fue emperador desde el año 54 d.C. hasta el año 68 d.C., por lo cual es imposible que durante su reinado, Pedro haya estado en Roma enfrentándose con Simón el Mago, o muriendo crucificado con la cabeza hacia abajo. “De esta manera, el testimonio de Ireneo, teniendo tantos puntos débiles, no puede servir como fundamento sobre el cual erigir la primacía papal” [17] o la presencia de Simón el Mago en Roma. El testimonio de Ireneo respecto a esto, está obviamente en oposición a la clara  evidencia de la Escritura y la historia.

Otras obras de los siglos II y III también promovieron El Mito de Simón el Mago. En La Literatura Seudo-Clementina, se dice que Simón el Mago predijo que él iba a ser honrado en Roma como un dios y que allí le erigirían un edificio. En Los Hechos de Pedro, se narra que Simón el Mago murió tras caer de su vuelo y ser apedreado, y que Pedro fue crucificado con la cabeza hacia abajo. En Las Epístolas de Dionisio de Corinto, se dijo que Pedro y Pablo fundaron la iglesia de Roma y fueron martirizados al mismo tiempo. Tertuliano escribió en su obra Un Tratado Sobre el Alma, que Simón el mago aplicó todas sus energías en la destrucción de la verdad y compró a la prostituta Helena por la misma cantidad de dinero que había ofrecido a los apóstoles para que le concedieran otorgar el Espíritu Santo; en su obra Apologética, dijo que a Simón el Mago se le había levantado una estatua en Roma; y en La Prescripción Contra los Herejes, dijo que Simón el Mago fue condenado por el apóstol Pedro. Hipólito de Roma escribió en La Filosofumena (o Refutación de Todas las Herejías), que Simón el Mago viajó a Roma donde entró en conflicto con los apóstoles Pedro y Pablo, e intentando recuperar a sus adeptos permitió que lo enterraran vivo, prometiendo levantarse de la tumba al tercer día, pero la anunciada resurrección no se dio. Todas estas referencias (que incluso se contradicen entre sí) son quimeras no historia.   


Capítulo 3. La Unicidad de Dios no Carece de Fundamento Bíblico o Histórico

Luis Carlos Reyes y Mike Latorre, quieren hacer creer en su video, que la doctrina de la Unicidad de Dios carece de fundamento bíblico, y que desde el punto de vista histórico no existe ninguna evidencia de que alguien haya creído en la Unicidad de Dios desde un poco después de la muerte de Sabelio (un destacado teólogo de la Unicidad del siglo III) hasta Emanuel Swedenborg en el siglo XVIII. Pero ni lo uno ni lo otro es cierto, como le demostraremos a continuación.

3.1. El Fundamento Bíblico de la Unicidad de Dios

Unicidad significa cualidad de único, y éste es un concepto que aplica muy bien a Dios. En la Biblia encontramos expuestas de una forma muy clara y directa, las verdades de que existe un Dios uno y único, que prometió venir a salvar, y para venir en nuestro auxilio Él se manifestó en carne. Este es el mensaje que nosotros predicamos, y lo hallamos directamente en la Biblia. [18]

Varios textos bíblicos declaran que Dios es uno y único.

“Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas”. (Salmo 72:18).

“Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra”. (Salmo 83:18).

“Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas; Sólo tú eres Dios”. (Salmo 86:10).

Al único que hace grandes maravillas, Porque para siempre es su misericordia”. (Salmo 136:4).

“Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”. (Marcos 12:29-30).

“¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (Juan 5:44).

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero…” (Juan 17:3).

“Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén”. (Romanos 16:27).

“Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”. (1. Timoteo 1:17).

El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”. (1. Timoteo 6:16).

“Al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”. (Judas 1:25).

En el Antiguo Testamento, el Dios único prometió que Él mismo (y no otro) nos vendría a salvar.

“Decid a los de Corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará”. (Isaías 35:4).

“Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!” (Isaías 40:9).

“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí”. (Oseas 13:4).

“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí [a Jehová], a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”. (Zacarías 12:10).

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”. (Malaquías 1:3).

El Nuevo Testamento nos enseña la gloriosa verdad de que Dios vino al mundo manifestado en carne, y por tanto Jesús es Emanuel, el único Dios con nosotros.

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. (Mateo 1:21-23).

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios”. (Juan 10:27-33).
  
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:6-9).

“de quienes [de los israelitas] son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”. (Romanos 9:5).

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. (2. Corintios 4:3-4).

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria”. (1. Timoteo 3:16).

“que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén (1. Timoteo 6:14-16).

La Biblia declara que el único Dios fue manifestado en carne, y esa es una verdad que se ha creído en todos los siglos, a pesar de la dura oposición a muerte que han tenido que experimentar los santos de Dios. Mientras tanto, la Escritura no declara por ninguna parte que haya un solo Dios en tres personas distintas. En la sección 2.1. de este artículo, ya hemos demostrado que el entendimiento correcto del uso bíblico de los títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo en referencia a Dios, nos protege de las garras de la herejía de la trinidad.

3.2. La Historia y la Unicidad de Dios

Los prejuicios teológicos de los trinitarios, los han conducido a que no solo malinterpreten las Sagradas Escrituras, sino a que también malinterpreten la historia.

Acabamos de ver que la Santa Escritura es consistente con la Unicidad de Dios, y que la fe de la Iglesia Primitiva fue que Jesús es el único Dios manifestado en carne.

Después de la época de los primeros apóstoles, vino un periodo que es conocido como la edad post-apostólica, que abarca entre el 90 d.C. al 140 d.C. En esta época, encontramos el testimonio de tres obispos que fueron Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna, quienes pudieron haber compartido en vida con algunos de los primeros apóstoles. La teología de estos hombres fue unicitaria, ya que ellos enfatizaron su creencia en un solo Dios que se manifestó en carne, y presentaron a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre.

Clemente de Roma (¿?-101 d.C.) habló de un único Dios, que tiene un solo nombre el cual es Jesús. También destacó la obra de Jesús como hombre, al decir que Jesucristo es el enviado de Dios, nuestro sumo sacerdote, el Hijo de Dios, el resplandor de la majestad divina, el cetro de la majestad de Dios, el heredero del nombre más excelente y quien nos conduce a Dios. (Para consultar las referencias, vaya al Apéndice 1 – La Teología Unicitaria de los Obispos Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna).

Ignacio de Antioquía (35-107 d.C.) creyó que el único Dios invisible fue manifestado en carne. Aclaró que en cuanto a su condición divina, Dios es impasible; pero en cuanto a su manifestación en carne, Él es pasible (es decir que pudo sufrir y morir). Dijo que el Hijo Jesucristo es la manifestación de Dios en carne, aunque hay desobedientes que no quieren creerlo. Ignacio presentó el evangelio como la buena nueva de Dios manifestado en carne y dijo que el reino de las tinieblas y el poder de la muerte fueron quebrantados cuando Dios vino en semejanza de hombre. Dijo también que el evangelio es la proclamación de Jesucristo, porque Jesucristo es la mente del Padre, la vida verdadera, la salvación, la boca del Padre y la sabiduría de Dios. Al reconocer que Dios fue manifestado en carne, Ignacio no tuvo ningún problema en decir que Jesucristo es el único Dios y también identificó a Jesucristo como el propio Padre. Aún más, declaró que Jesús es el Dios que vive en los creyentes, por lo cual cada cristiano es templo de Jesucristo ya que el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. Jesucristo puede habitar en nosotros, porque Él es el Espíritu. Al reconocer la verdad de la encarnación, Ignacio creyó que Jesucristo es también un verdadero hombre, el hombre perfecto y sin pecado nacido de una virgen. Jesús, aún siendo Dios, se presentó como un hombre verdadero del linaje de David. Como la obra de Jesucristo es la que nos ha reconciliado con Dios, entonces nosotros alabamos a Dios por medio de Jesucristo. Ignacio creyó que en su rol humano (según la carne), Jesucristo es nuestro ejemplo de vida hacia Dios. Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre. También confesó que el nombre singular que Dios nos ha revelado, es Jesús. Por lo tanto la iglesia lleva el nombre de Jesús y glorifica el nombre de Jesús. (Para consultar las referencias, vaya al Apéndice 1 – La Teología Unicitaria de los Obispos Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna).

Policarpo de Esmirna (65-155 d.C.) apoyó y tomó como suyas todas las palabras que Ignacio expresó en sus cartas. En consecuencia, Policarpo confesó a Jesucristo como Señor y Dios. También confesó la verdadera humanidad de Jesús y declaró que Dios efectuó su obra de salvación por medio de Jesucristo, quien es nuestro ejemplo hacia el Padre. A Policarpo se le atribuye esta frase pronunciada durante el momento de su martirio, la cual es totalmente cristocéntrica: “Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador?”. (Para consultar las referencias, vaya al Apéndice 1 – La Teología Unicitaria de los Obispos Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna).

Vemos pues que los llamados Padres Post-apostólicos se adhirieron por completo al monoteísmo estricto en el sentido del Antiguo Testamento, pero lo complementaron con la revelación del Nuevo Testamento de que Jesús es el único Dios manifestado en carne. Queda demostrado así, que la doctrina oficial de la Iglesia de los siglos I y II, era la Unicidad de Dios.

El Nuevo Testamento nos muestra que aún la iglesia del primer siglo tuvo que hacer frente a varias herejías, y esto ha sido una constante en todas las edades. Entre estas primeras herejías estuvieron el ebionismo, el gnosticismo, el marcionismo y el montanismo. El Nuevo Testamento contiene advertencias para que no se abrace la falsa doctrina (Ver Mateo 7:15, Romanos 16:17-18; 1. Corintios 11:19; Efesios 4:14; 2. Timoteo 4:3, Hebreos 13:9; 2. Pedro2:1; 1. Juan 4:1; 2. Juan 10;  Apocalipsis 2:14, 15, 24). También predice que en los postreros días muchos apostatarán de la fe, por medio de espíritus engañadores y doctrinas de demonios. (Ver Mateo 24:11-12, 24; 2. Tesalonicenses 2:3; 1. Timoteo 4:1).

Para el segundo siglo, entre los años 130-180 d.C., aparecieron varios escritores que son conocidos como los apologistas griegos. Ellos, apartándose de la enseñanza bíblica y de los escritos de la edad post-apostólica, hicieron una innovación doctrinal que presentó al Logos (o La Palabra de Dios) como un ser subordinado al Padre, que fue creado por Dios con el fin de que le ayudara a crear todo lo demás. El más destacado de estos apologistas griegos fue Justino Mártir, y otros fueron Arístides, Diogneto, Tatiano, Teófilo y Atenágoras.

Los años 170-325 d.C., son conocidos como La Antigua Edad Católica. Esta edad ha recibido ese nombre, no como una referencia a la Iglesia Católica Romana pues ésta todavía no existía, sino que más bien utiliza la palabra católica en el sentido de universal, porque en ese momento no hubo grandes divisiones en la cristiandad. Sin embargo, varios escritores de este tiempo fueron afectados por la doctrina del Logos que habían inventado los apologistas griegos. De esa fuente bebió Tertuliano (ca.160–ca.220 d.C.) para fabricar una primera doctrina trinitaria, que difiere del trinitarismo ortodoxo que se desarrolló más adelante. Tertuliano creía que en un principio el Padre estaba solo, pero luego Dios se distribuyó en una Trinidad con el propósito exclusivo de traer la salvación. De esa fuente bebió también Orígenes para inventar la doctrina del Hijo eterno, dándole así un desarrollo a la Trinidad inventada por Tertuliano.

Los precursores del trinitarismo fracasaron en entender la manifestación de Dios en carne, y en vez de aceptar que la Biblia hace la distinción entre Dios y su Hijo solamente en relación a la encarnación, ellos erróneamente atribuyeron esta distinción a la naturaleza divina. Aquellos teólogos se apartaron de la revelación de Dios en Cristo (Colosenses 2:8-10, 2. Corintios 5:19), porque “fallaron en purgarse de las ideas paganas de su propio pasado y cultura. En vez de confiar en el poder transformador del Espíritu Santo, trataron con demasiada fuerza en ser intelectualmente agradables a su cultura y sociedad. Sicológicamente hablando, parece que ellos se enorgullecían de su gran conocimiento y razonamiento humano, por lo que fueron pervertidos por estas mismas cosas. Por ejemplo, Justino hizo claridad a todos de que él era un filósofo, y Tertuliano y Orígenes fueron abiertamente despectivos de la mayoría de creyentes y los ridiculizaron como ignorantes”. [19]

Aún así, Tertuliano reconoció que en su tiempo (es decir a finales del siglo II y comienzos del Siglo III), la mayoría de los creyentes se adhería a la Unicidad de Dios, la cual era la fe de la gente común y sencilla, a los cuales en un tono aparentemente irónico sostiene que no los llamará imprudentes e ignorantes. También aclaró que esa mayoría de creyentes desconfiaba de la distribución propuesta por él, según la cual la sola deidad del Padre se expandió dentro de otras dos personas, porque ellos consideraban que eso era dividir la Unicidad. Tertuliano escribió:

“Los sencillos, de hecho (no los llamaré imprudentes e ignorantes), que siempre constituyen la mayoría de los creyentes, están alarmados con la dispensación (de los tres en uno), sobre la misma base en que su misma Regla de Fe les saca a ellos de la pluralidad de dioses del mundo al único Dios verdadero; no entendiendo que, aunque Él es el único Dios verdadero, uno tiene que creer en Él con su propia economía. Ellos consideran que el orden numérico y la distribución de la Trinidad son divisiones de la Unicidad”. (Contra Práxeas - III). [20]   

El propio Tertuliano hizo parte de la secta de los montanistas (seguidores de Montano) y se opuso a los obispos de Roma que fueron legalmente elegidos por los creyentes, especialmente a Victor (obispo entre 189-199 d.C.), Ceferino (obispo entre 199-217 d.C.) y Calixto (Obispo entre 217-222 d.C.). [21] De manera tal, que Tertuliano fue considerado un hereje por la iglesia oficial de su época; pero siglos después, cuando el trinitarismo se implantó en el seno del catolicismo romano, Tertuliano llegó a ser considerado un héroe y sus escritos fueron preservados, mientras que los de sus contradictores teológicos fueron destruidos.

Hipólito (murió ca.236 d.C.), fue otro temprano defensor del trinitarismo. Él se opuso a Noeto (un maestro de la Unicidad), y también a los obispos romanos Ceferino y Calixto acusándolos de abrazar la doctrina modalista. Fue excomulgado por Calixto y encabezó una pequeña iglesia rival en la zona de Roma, al punto que en los términos católicos, es considerado el primer antipapa. [22]

Orígenes (185-254 d.C.) fue el trinitario que se inventó la doctrina del Hijo eterno, contribuyendo así con el desarrollo de la Trinidad de Tertuliano hacia la llamada Trinidad Ortodoxa. Sin embargo, Orígenes también fue considerado un hereje por la Iglesia de su época. “Por el año 230, Orígenes fue ordenado presbítero por los obispos de Jerusalén y Cesarea, que hicieron esto sin tomar consentimiento de Demetrio quien era el líder cristiano de esa región. Demetrio se opuso a este nombramiento. Para resolver la disputa se celebraron dos sínodos en Alejandría: en el primero se prohibió a Orígenes enseñar, mientras que en el segundo se le privó de su sacerdocio”. [23]

De manera que vemos que la iglesia de finales del Siglo II y principios del Siglo III, continuaba creyendo en la Unicidad de Dios, mientras que el dogma de la trinidad era inventado por herejes que se encontraban por fuera de la iglesia, tales como Tertuliano, Hipólito y Orígenes.

A estos trinitarios tempranos, se opusieron no solo los Obispos Victor, Ceferino y Calixto, sino otros predicadores y escritores que hoy en día son catalogados como modalistas monarquianistas. Entre ellos tenemos a Práxeas, Noeto, Epígono, Cleómenes y Sabelio. “Dado que ninguno de los escritos de aquellos grandes maestros del modalismo ha sobrevivido, debemos tratar de determinar sus puntos de vista mediante la lectura de las obras de sus oponentes, un método que presenta varias dificultades. En primer lugar, el registro es escaso, y no es suficiente para darnos información definitiva en muchos puntos. En segundo lugar, hay que tener en consideración los sesgos  doctrinales de los oponentes. Deliberadamente o por falta de entendimiento, se pueden haber distorsionado o tergiversado las opiniones de los modalistas. En tercer lugar, en algunos casos hay que confiar en gran medida en las descripciones escritas en el siglo IV, que corresponden a un siglo después a la época en que vivieron los grandes maestros modalistas. En un intervalo de tiempo así, se pierde mucha información o se hace ilegible, probablemente en la transmisión, y en muchos puntos las descripciones probablemente reflejan los puntos de vista de la gente del siglo IV que por haberse opuesto de una u otra manera al trinitarismo, eran acusados de modalismo”. [24]

“Sabelio, llegando más tarde a la escena que los primeros modalistas, usualmente se considera el más importante de ellos. Escribió al menos cinco libros, pero éstos se extraviaron o fueron destruidos. Sería de gran interés encontrarlos. A Sabelio se le ha acusado por algunos de haber enseñado una teoría un tanto extraña: El Padre, Hijo y Espíritu tuvieron papeles sucesivos, no ocupados simultáneamente. Si esa teología se enseñó no era bíblica. Yo pensaría que ésta no fue su teología. Pelikan comenta de hecho, que éste puede ser un 'informe un tanto dudoso'”. [25] Toda la información hasta aquí presentada, destruye el mito que algunos trinitarios propagan, de que la doctrina de la Unicidad de Dios empezó con Sabelio. Antes bien, ya hemos visto que ésta fue la doctrina mayoritaria de la iglesia oficial desde su origen hasta por lo menos la primera mitad del Siglo III.

Sin embargo, durante el siglo IV, vemos que la mayoría de la cristiandad tendió hacia una idea trinitaria, que todavía no llegaba al trinitarismo ortodoxo de hoy. Cuando la gente se comprometió con la Trinidad, “parece que el compromiso tuvo mucho que ver con una decadencia espiritual en general. Según como el tiempo fue pasando, parece que la gente fue confiando cada vez menos en el poder del Espíritu Santo, y el gran derramamiento del Espíritu se atenuó. Con el tiempo, el trinitarismo finalmente se hizo dominante en el siglo IV, y parece que el bautismo del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas, por el cual mucha gente se había preocupado anteriormente, se constituyó en una experiencia del pasado. Las masas de paganos se unieron a la iglesia institucional con poco o nada de arrepentimiento o regeneración por el Espíritu, y la iglesia en su conjunto se hizo susceptible a las influencias y modos de pensamiento paganos. El prevaleciente politeísmo cultural, hizo que el trinitarismo pareciera bastante plausible, sobre todo cuando los conversos tenían poca o ninguna relación personal con el Dios único”. [26]

En el Concilio de Nicea celebrado en el año 325 d.C., se estableció un Credo con una aproximación trinitaria, pero la cuestión no estuvo del todo resuelta. En el Concilio de Constantinopla del año 381 d.C., se revisó el Credo de Nicea y se declaró que el Espíritu Santo era una tercera persona coigual en la Trinidad.

Desde sus principios, la iglesia trinitaria se identificó estrechamente con el poder estatal romano, y los emperadores romanos tuvieron mucho que ver con la definición de esa doctrina. El emperador Constantino interfirió en el Concilio de Nicea (325 d.C.), mientras que Teodosio I tuvo su parte en el Concilio de Constantinopla (381 d.C.). El credo trinitario más definitivo, que es utilizado tanto por los católicos romanos y protestantes, es el llamado credo de Atanasio. Este no es de antes del siglo V, y tomó su forma definitiva a finales del Siglo VIII o principios del siglo IX. Este Credo define al trinitarismo ortodoxo de hoy.

El emperador Teodosio I, ya perseguía desde el año 381 a todos aquellos grupos que tenían una confesión diferente a la fe trinitaria, cuando mediante el decreto del 10 de enero, ordenó a todas las Iglesias sin excepción unirse a los ortodoxos (así fue llamada la iglesia trinitaria) y a no tolerar más el culto «hereje». Por doquier se les persiguió con rigor. Mediante una fórmula creada en su reinado, su ejército tenía que jurar, por la Santísima Trinidad y por el emperador, y amar y honrar a éste inmediatamente por detrás de la Trinidad. A partir del 19 de julio de ese mismo año, se prohibió a los cristianos no trinitarios construir nuevos templos, el derecho de reunión, de enseñanza, de discusión y de consagración de sus pastores. Se confiscaron sus iglesias y centros de reunión, que pasaron a manos de los obispos católicos o del Estado, y se limitaron sus derechos civiles. Se les impidió el acceso a los cargos estatales, se les negó la capacidad de legar y heredar, amenazándoles de vez en cuando con el embargo de sus bienes, el destierro y la deportación. Asimismo sus libros fueron quemados. La policía estatal debía seguir la pista de todos los «herejes» y llevarlos ante los tribunales. Incluso muchas veces se recurría a la tortura.

En el año 385, un español de nombre Prisciliano (apróx. 340–385), fue torturado y decapitado junto con algunos de sus seguidores, por la Iglesia Católica Romana a través de una institución civil (secular), sentando así los precedentes de la Inquisición. La acusación contra Prisciliano, es que éste no aceptaba el dogma de un dios compuesto por personas divinas, alineándose con posiciones sabelianitas. Sin embargo, resulta difícil definir el sentido exacto de las creencias reales de Prisciliano, debido a la destrucción de sus escritos, al igual que por la difamación que recibió por parte de sus contradictores.

Durante siglos, la inquisición católica persiguió a los santos que rechazaron con toda su fuerza al dogma trinitario, y la intolerancia de perseguir a muerte a quien no aceptara la trinidad se halló incluso en los primeros protestantes trinitarios. Aún tan tarde como el 27 de octubre del año 1553, el protestantismo de Ginebra en cabeza de Juan Calvino, dictó esta sentencia contra el médico español Miguel Servet (un unicitario). Dicha sentencia tiene notables semejanzas con la estructura y la forma de las sentencias de la inquisición católica.

“Se resuelve el proceso llevado de fondo y forma ante nuestros respetados señores síndicos, jueces de las causas criminales de esta ciudad, a requerimiento e instancia de lugarteniente de esta ciudad, contra Miguel Servet, de Villanueva, del Reino de Aragón, en España.

El cual primeramente, es responsable de haber hecho imprimir, hace veintitrés o veinticuatro años en Haguenau, en Alemania, un libro contra la santa e indivisible Trinidad, con muchas blasfemias gravemente escandalosas para la iglesia de Alemania, libro que él espontáneamente confiesa haber hecho imprimir pese a las reconversiones y correcciones que le fueron hechas por los sabios doctores evangélicos de Alemania, por lo cual tuvo que salir huyendo de aquel país. No obstante esto, el dicho Servet continuó en sus errores, y, para difundir mejor el veneno de su herejía e infectar con ellos a tantas personas como le fuera posible, hace poco tiempo ha mandado a imprimir secretamente en Viena del Delfinado otro libro lleno de dichas herejías y de horribles y execrables blasfemias contra la Santa Trinidad, contra el Hijo de Dios, contra el bautismo de niños y contra los fundamentos de la religión cristiana…

Pero tú no has tenido vergüenza ni horror de alzarte plenamente contra la Divina Majestad y la Santa Trinidad, sino que obstinadamente has procurado corromper al mundo con tu hediondo veneno herético. Este delito de herejía merece un grave castigo corporal.

Por estas y otras tan justas razones de las que nos ocupamos, deseando purificar la iglesia de Dios de tanta infección y cercenar de ella este miembro podrido, habiendo tenido buena participación ciudadana en nuestro consejo y tras invocar el nombre de Dios para hacer justicia con rectitud, este Tribunal en el lugar de nuestros mayores, teniendo ante nuestros ojos a Dios y sus Sagradas Escrituras, y hablando en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, damos nuestra sentencia definitiva y por escrito:

Te condenamos a ti, Miguel Servet, a ser atado y conducido al lugar de Champel, y allí amarrado a una estaca y quemado con el libro escrito por tu mano que imprimiste, hasta reducirte a cenizas. Así terminarán tus días para ejemplo de otros que quisieren cometer hechos semejantes”. [27]

La sentencia contra Miguel Servet, es una muestra muy ilustrativa de cómo durante la edad media e incluso durante la llamada reforma protestante, se persiguió, se mató y se destruyeron los escritos de la gente que abrazó la Unicidad de Dios. A pesar de esa férrea oposición (incluso hasta la muerte), la existencia de la Biblia y la iluminación del Espíritu Santo aseguraron que el mensaje de la Unicidad de Dios no desapareciera por completo. Por lo menos unas pocas personas en la historia de la iglesia siguieron firmes en la doctrina y la experiencia apostólica. En Mateo 16:18, Jesús dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”, hablando de la roca de la revelación la cual era Él, Jesucristo, el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Dijo que “las puertas del infierno no prevalecerían contra la iglesia”, por lo cual como una cuestión de fe, podemos afirmar que Dios siempre ha tenido un pueblo a lo largo de la historia (ver Romanos 11:2-5), siempre ha tenido una iglesia. La iglesia apostólica definida por la experiencia y el mensaje de las Escrituras nunca se ha desvanecido totalmente.

Desde el siglo IV en adelante, los trinitarios han tenido el control de la historia, y han destruido selectivamente las obras de sus oponentes. Ellos quisieran hacernos creer que la Iglesia del Nuevo Testamento era trinitaria y que la Unicidad de Dios es una herejía. Algunos trinitarios se burlan y reniegan de nuestra fe, porque de la edad media y la reforma protestante no existe suficiente testimonio escrito en respaldo a nuestra doctrina, pero ya hemos explicado su ausencia en razón a la persecución atroz que tuvieron que enfrentar los unicitarios de aquellas épocas.

Es innegable que la historia la escriben los vencedores, y esta vez la historia ha sido en su mayor parte escrita por trinitarios y su punto de vista particular. Para poner una comparación, la visión que ahora tenemos sobre Simón Bolivar hubiera sido muy distinta si él no hubiera triunfado sobre los españoles trayendo la independencia a varias repúblicas de América. Si los nazis hubieran triunfado durante la segunda guerra mundial, la visión predominante sobre Adolfo Hitler que tuviéramos ahora, sería muy diferente, y quizás por doquiera él sería presentado como un líder admirable. Así que la historia depende de la visión del que la cuente. No obstante, cuando se trata de asuntos bíblicos, nosotros no debemos permitir que sea la historia la que marque nuestra fe, sino el claro testimonio bíblico.


Capítulo 4. Emanuel Swedenborg No es Ningún Padre del Movimiento Pentecostal Unicitario Moderno

Emanuel Swedenborg (1688–1772), nació en Suecia, y fue intelectual y polifacético. Estudió y escribió sobre matemáticas, geología, química, física, mineralogía, astronomía, anatomía, biología, filosofía y teología.

Emanuel Swedenborg demostró un buen entendimiento de la Unicidad de Dios. Sin embargo, decir que por esa razón él puede ser considerado el padre del movimiento pentecostal unicitario moderno, tiene por lo menos tres problemas:

Primero. Como se reflexionó anteriormente, durante toda la historia desde la fundación de la Iglesia hasta nuestros días, siempre ha habido creyentes en la Unicidad de Dios. La ausencia de libros u obras escritas por creyentes unicitarios en ciertos periodos, no es prueba suficiente de su no existencia, pues ya sabemos que la inquisición católica y también la protestante, perseguían y destruían los libros de quienes no se sometían al dogma de la trinidad. El juicio bien documentado en contra de Miguel Servet (quien fue asesinado en octubre de 1553), es un revelador del ambiente bastante hostil al que estuvieron expuestos los creyentes en la unicidad de Dios durante la edad media y el periodo de la reforma protestante.

Incluso unos años antes de que naciera Emanuel Swedenborg, e incluso durante la vida de éste, hubo otros creyentes en la Unicidad de Dios, tales como los bautistas que en 1656 proclamaron La Confesión de Somerset,  en la que se abstuvieron de proclamar cualquier idea trinitaria, y más bien dijeron: “creemos que no hay más que un solo Dios” y “creemos que Jesucristo es verdaderamente Dios”. Por otra parte, dicha confesión, expresa una preferencia por la fórmula bautismal en el nombre de Jesús. [28]

George Fox (1624-1691), fundó en 1652 una sociedad de amigos conocida como los cuáqueros (o estremecedores). George Fox dijo que nunca pudo encontrar en la Biblia la palabra Trinidad o la expresión “tres personas divinas”. Dijo que Cristo es el resplandor de la gloria del Padre y la imagen expresa de la sustancia del Padre. William Penn (1644–1718), fue un importante cuáquero, y fundador de la colonia inglesa de Pensilvania. William Penn estuvo apresado en la Torre de Londres por negar la Trinidad. Para ser liberado de esa torre, Penn tuvo que demostrar que no negaba la Divinidad de Cristo, ni tampoco negaba su humanidad y su obra expiatoria.

El bautista Francis Cornwell (1744-1834), llamó a Hechos 2:38 “El evangelio eterno” y el “mandamiento evangélico”. Otro bautista, Robert Robinson (1735-1790), señaló que Hechos de los Apóstoles no hace mención de la invocación “Padre, Hijo y Espíritu Santo” con relación al bautismo, sino solo a la invocación en el nombre de Jesucristo.

Segundo. El movimiento pentecostal moderno, comenzó a principios del siglo XX como un movimiento con un fuerte impulso restauracionista, cuyo deseo fue el de restablecer el mensaje y la experiencia de los apóstoles y la iglesia del primer siglo. Así que el movimiento pentecostal no se inició como un avivamiento de teología previa, sino como un movimiento que deseaba saltarse todos los siglos de especulación humana para volver al mensaje de la Biblia. Teniendo en cuenta este enfoque, sólo era una cuestión de tiempo que muchos pentecostales comenzaran a darse cuenta de que los apóstoles siempre bautizaron en el nombre de Jesús, el cual es el nombre singular de un solo Dios indivisible al que se refiere Mateo 28:19. Así fue como ellos restauraron el mensaje bíblico de que el único Dios fue manifestado en carne. Los pentecostales unicitarios que afrontaron la controversia del nombre de Jesús en el movimiento pentecostal por los años 1913 a 1916, apelaron a la Escritura como la autoridad para su doctrina y rechazaron cualquier idea de revelación extrabíblica. Ellos creyeron que el Espíritu Santo les había ayudado a redescubrir y comprender estas verdades bíblicas que habían sido descuidadas durante mucho tiempo.

Emanuel Swedenborg había muerto alrededor de unos 150 años atrás de que se diera la controversia del nombre de Jesús en el movimiento pentecostal, y no existe ningún eslabón histórico entre Swedenborg y aquellos primeros pentecostales unicitarios. Mike Latorre dice que Emanuel Swedenborg es el padre del actual movimiento al que él llama “Los Solo Jesús”, pero aparte de sus embustes él no cuenta con una sola prueba para sus afirmaciones. Es bien raro que los antiguos pentecostales unicitarios no citaran como su fuente de fe a Emanuel Swedenborg, sí este es el supuesto padre de su movimiento.        

Tercero. No existen conexiones teológicas completas entre todo lo que creyó Emanuel Swedenborg y lo que cree el movimiento pentecostal unicitario moderno. Alguien puede creer igual que otro en un punto determinado, pero esto no hace que ambos estén necesariamente de acuerdo en todas sus creencias. Si Emanuel Swedenborg fuera el padre del movimiento unicitario actual, entonces sus creencias y sus libros serían de imprescindible enseñanza y lectura para todos los unicitarios de la actualidad. Sin embargo, la inmensa mayoría de unicitarios no sabe quien fue Emanuel Swedenborg, y mucho menos han leído sus obras.

Sin duda alguna, Emanuel Swedenborg practicó el espiritismo, pero los pentecostales unicitarios nos oponemos a dichas prácticas. Ciertamente Swedenborg estaba equivocado al recurrir al espiritismo, pero esto no hace que él no pudiera tener un buen entendimiento respecto a la Unicidad de Dios. Si alguien se equivoca en un punto, esto no quiere decir que necesariamente esté equivocado en todos los demás. La Escritura es la medida para probar si cierta doctrina de la que alguien habla es verdadera o falsa. Por eso nosotros invitamos a todos los hombres a que estudien las Escrituras y confíen en ellas.  


Capítulo 5. Los Pentecostales Unicitarios Seguimos a Jesucristo, No a Líderes  Sectarios “iluminados”

Todas las sectas se reúnen alrededor de una personalidad que es considerada “la boca de Dios”. A veces es el profeta fundador o a veces es un vidente viviente. A ésta “personalidad” se cita, se sigue, y se sirve como si fuera el propio Cristo. Los musulmanes tienen a Mahoma, los Testigos de Jehová a Carlos Russell, los mormones a José Smith, Creciendo en Gracia a José Luís Miranda, etc.

Por el contrario, no hay ninguna personalidad sectaria entre los Pentecostales Unicitarios. Nosotros sólo seguimos a Jesucristo, e incluso por eso hemos sido ridiculizados como los “Sólo Jesús”. Nosotros no tenemos a ningún José Smith, José Luis Miranda, Elena G. de White y a ningún Papa; sólo a Jesucristo. Las Iglesias de la Unicidad no atribuyen la supremacía de Cristo a ninguno.

El teólogo David Bernard y uno de sus libros titulado La Unicidad de Dios

Sin embargo, con una muy mala intención, los trinitarios Luis Carlos Reyes y Mike Latorre, han intentado presentar a David Bernard (un destacado teólogo unicitario), como si fuera considerado por nosotros como un maestro “iluminado” sectario. Pero esta es una falsedad llena de toda deshonestidad. Por ejemplo, cuando Luís Carlos Reyes le pide a Mike Latorre que explique quien es David Bernard, entonces Mike Latorre dice que Bernard es el fundador de la Iglesia Pentecostal Unida. [29] Pero La Iglesia Pentecostal Unida se organizó en el año de 1945 a raíz de la unión de dos importantes organizaciones de la Unicidad que eran casi idénticas en su estructura, doctrina y práctica: La Iglesia Pentecostal Incorporada y Las Asambleas Pentecostales de Jesucristo. Para ese momento, David Bernard no había nacido, y por lo tanto él no pudo haber fundado a La Iglesia Pentecostal Unida Internacional.

Además, en el mundo hay muchas agrupaciones pentecostales del nombre de Jesús (diferentes a la Iglesia Pentecostal Unida Internacional), y todas creen en la misma doctrina apostólica. Ninguna argumenta ser soberana sobre las demás, y generalmente gozan de buena confraternidad entre sí. Muchísimos creyentes pentecostales del nombre de Jesús ni siquiera saben de, o conocen a David Bernard, lo cual es ilógico si él fuera considerado como el líder “iluminado” de nuestro movimiento.

Del mismo modo, continuando con la línea de deshonestidad por la que ya se había movido previamente, Mike Latorre dijo que uno de los libros escritos por David Bernard, que se titula La Unicidad de Dios,  es nuestro libro clásico y fundamental en la defensa de la Unicidad. [30] Pero ese libro fue publicado por primera vez en el idioma inglés en el año de 1983, y por primera vez en el idioma español en el año de 1996, por lo cual éste no puede ser el libro clásico de un movimiento que empezó con el derramamiento del Espíritu Santo en Jerusalén, pocos días después de la resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesucristo. Además, muchos pentecostales del nombre de Jesús ni siquiera saben de la existencia del mencionado libro, lo cual sería bastante raro si ese fuera nuestro libro guía en cuestiones de fe y doctrina. La patraña de Mike Latorre, tiene como fin el de hacerle creer a las personas que nosotros negamos la supremacía de la Biblia y utilizamos otra literatura a la que consideramos divinamente inspirada, tal como lo hacen todas las sectas. Pero los pentecostales del nombre de Jesucristo sólo creemos en la Biblia y en la Biblia. Toda nuestra doctrina se deriva estrictamente de la Palabra de Dios y de ninguna otra fuente. La Biblia y nada más que la Biblia, es nuestro libro clásico y fundamental para nuestra fe. Nosotros creemos que la Biblia es la Palabra profética más segura y que toda la Escritura es inspirada por Dios (2. Pedro 1:19, 2. Timoteo 3:16).    


Reflexión Final

La salvación depende de una adecuada comprensión de la deidad, la cual es sin excusa (Romanos 1:20). El Señor Jesucristo le dio mucha importancia a esto cuando dijo: “…si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis”. (Juan 8:24).

Las Sagradas Escrituras enseñan que el Señor Jesús ES EL MISMO DIOS DE LA ETERNIDAD, conocido en el Antiguo Testamento (o Antiguo Pacto) como Y.H.W.H Adonay, el eterno Dios de Israel, y manifestado EN CARNE como el Señor Jesús, según Mateo 1:23 y 1.Timoteo 3:16. Un solo Dios absoluto, no ¨dos¨ ni ¨tres¨ formando UNO.

También enseñan que la salvación para esta gloriosa dispensación de la Gracia de Dios o de la iglesia que ¨Él ganó con su propia sangre¨ (Hechos 20.28), es la legítima obediencia a los Hechos 2:38 y los Hechos 10:44-48, tanto para Judíos como para Gentiles ¡NO EXISTE OTRA SALVACIÓN!


Apéndice 1.
La Teología Unicitaria de los Obispos Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna, en el Llamado Periodo Post-Apostólico (90-140 d.C.)

Se conoce como el periodo post-apostólico, al periodo comprendido entre los años 90-140 d.C. En este periodo encontramos el testimonio escrito de tres obispos de la Iglesia que fueron Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna. Todos estos hombres, pudieron haber compartido en vida con algunos de los primeros apóstoles. Los escritos que ellos han dejado, no son inspirados como sí lo son los del Nuevo Testamento, pero su testimonio nos demuestra que ellos (y la iglesia de su tiempo) creían firmemente en la Unicidad de Dios y que la idea trinitaria todavía no se había introducido para ese tiempo. Veamos su testimonio.   

- Clemente de Roma (¿?-101 d.C.)

El único escrito perteneciente a Clemente de Roma, que se conserva hoy día, es La Epístola a los Corintios. Esta es la primera obra de la literatura cristiana después del Nuevo Testamento, en la que consta históricamente el nombre de su autor, la situación y la época en que se escribió. Todas las citas presentadas a continuación, pertenecen a la Carta de Clemente a Los Corintios. [31]

Clemente de Roma habló de un único Dios. somos una porción especial de un Dios santo”. (XXX). “para que el nombre del Dios único y verdadero pudiera ser glorificado; a quien sea la gloria para siempre jamás” (XLIII).

El único Dios posee el nombre más alto, y ese nombre es Jesús. “el Altísimo es el campeón y protector de los que en conciencia pura sirven su nombre excelente”. (XLV). “El Señor, hermanos, no tiene necesidad de nada. Él no desea nada de hombre alguno, sino que se confiese su Nombre”. (LII). “nos ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno conocimiento de la gloria de su Nombre”. (LIX). “[Concédenos, Señor,] que podamos poner nuestra esperanza en tu Nombre, que es la causa primaria de toda la creación, y abramos los ojos de nuestros corazones para que podamos conocerte a Ti, que eres sólo el más Alto entre los altos, el Santo entre los santos”. (LIX). Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su Nombre. (LXIV).

Clemente destacó la obra de Jesús como hombre, al decir que Jesucristo es el enviado de Dios, nuestro sumo sacerdote, el Hijo de Dios, el resplandor de la majestad divina, el cetro de la majestad de Dios, el heredero del nombre más sublime, y quien nos conduce a Dios.

“Los apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado por Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Por tanto, los dos vienen de la voluntad de Dios en el orden designado”. (XLII). “Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas”. (XLIX). “…el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él,…. nuestro Sumo Sacerdote y guardián Jesucristo, a través del cual sea a Él la gloria y majestad, la potencia y el honor, ahora y para siempre jamás. Amén”. (LXIV). “Que todos los gentiles sepan que sólo Tú eres Dios, y Jesucristo es tu Hijo, y nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu prado”. (LIX).

El cetro [de la majestad] de Dios, a saber, nuestro Señor Jesucristo, no vino en la pompa de arrogancia o de orgullo, aunque podría haberlo hecho, sino en humildad de corazón” (XVI). “Ésta es la manera, amados, en que encontramos nuestra salvación, a saber, Jesucristo el Sumo Sacerdote de nuestras ofrendas, el guardián y ayudador en nuestras debilidades. Fijemos nuestra mirada, por medio de Él, en las alturas de los cielos; por medio de Él contemplamos como en un espejo su rostro intachable y excelente; por medio de Él fueron abiertos los ojos de nuestro corazón; por medio de Él nuestra mente insensata y entenebrecida salta a la luz; por medio de Él el Señor ha querido que probemos el conocimiento inmortal; el cual, siendo el resplandor de su majestad, es muy superior a los ángeles, puesto que ha heredado un nombre más excelente que ellos”. (XXXVI). “Gracia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso os sea multiplicada por medio de Jesucristo”. (Salutación). “Te alabamos por medio del Sumo Sacerdote y guardián de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea a Ti la gloria y la majestad ahora y por los siglos de los siglos! Amén”. (LXI).

Algunos insisten en que dos porciones de la epístola de Clemente a Los Corintios, parecen tener trazos de trinitarismo: 

La primera es: “¿No tenemos un solo Dios y un Cristo y un Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros?” (XLVI). Sin embargo, aquí se ve claramente una apelación a Efesios 4:3-6 que habla de guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, y enfatiza que como iglesia somos un solo cuerpo, tenemos un solo Espíritu, una misma esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, y un solo Dios y Padre de todos.    

La segunda es: “Atended nuestro consejo, y no tendréis ocasión de arrepentiros de haberlo hecho. Porque tal como Dios vive, y vive el Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo, que son la fe y la esperanza de los elegidos, con toda seguridad el que, con humildad de ánimo y mansedumbre haya ejecutado, sin arrepentirse de ello, las ordenanzas y mandamientos que Dios ha dado, será puesto en la lista y tendrá su nombre en el número de los que son salvos por medio de Jesucristo, a través del cual es la gloria para Él para siempre jamás. Amén”. (LVIII).

“Gregory Boyd, en su apoyo típico del trinitarismo, escribe que este pasaje 'presupone el estado común del lenguaje Trinitario de su época…' Ésta sería una declaración válida a no ser por el problema de interpolación que se practicaba comúnmente durante la Edad Media. Las palabras antes mencionadas eran de la copia de 1056 (usada por Schaff). La copia antigua de esto, sin embargo, no contiene estas palabras. Podemos suponer con seguridad que Clemente no usó vocabulario trinitario.

En una perspectiva histórica general, sabemos que la doctrina trinitaria no se había desarrollado lo suficiente de manera profunda para emplear popularmente el lenguaje antes mencionado. De hecho, ¡esta interpolación indica un intento en épocas posteriores para justificar la trinidad!” [32]        

- Ignacio de Antioquía (35-107 d.C.)

Ignacio es el autor de siete epístolas que fueron escritas en un breve periodo de tiempo, mientras era conducido desde Siria a Roma, para ser martirizado. Todas las citas presentadas a continuación, pertenecen a las Siete Epístolas de Ignacio de Antioquía, a saber: A los Efesios, A los Magnesianos, A los Trallianos, A los Romanos, A los Filadelfianos, A los Esmirneanos y A Policarpo. [33]

Ignacio, fue obispo de Antioquía de Siria. Él creyó que el único Dios invisible fue manifestado en carne. “Espera en Aquel que está por encima de toda estación, el Eterno, el Invisible, que se hizo visible por amor a nosotros, el Impalpable, el Impasible, que sufrió por amor a nosotros, que sufrió en todas formas por amor a nosotros”. (A Policarpo - III). Policarpo mencionó que el único Dios sufrió al haberse encarnado. Sin embargo, solo en un poco de tiempo más adelante, Tertuliano (el primer trinitario de la historia cristiana [34]) ridiculizó a los creyentes de su tiempo que creían como Ignacio, y los tildó de patripasianos. Ignacio aclaró que en cuanto a su condición divina, Dios es impasible; pero en cuanto a su manifestación en carne, Él es pasible (es decir que pudo sufrir y morir). “Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, engendrado y no engendrado, Dios en el hombre, verdadera Vida en la muerte, hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y luego impasible: Jesucristo nuestro Señor”. (A los Efesios - VII). Ignacio dijo que el Hijo Jesucristo es la manifestación de Dios en carne, aunque hay desobedientes que no quieren creerlo. “…porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús. Por esta causa también fueron perseguidos, siendo inspirados por su gracia a fin de que los que son desobedientes puedan ser plenamente persuadidos de que hay un solo Dios que se manifestó a través de Jesucristo su Hijo, que es su Verbo que procede del silencio”. (A los Magnesianos - VIII).

Ignacio presentó al evangelio como la buena nueva de Dios manifestado en carne. “Pero el Evangelio tiene una preeminencia singular en el advenimiento del Salvador, a saber, nuestro Señor Jesucristo, y su pasión y resurrección. Porque los amados profetas en su predicación le señalaban a Él; pero el Evangelio es el cumplimiento y perfección de la inmortalidad”. (A los Filadelfianos - IX). El reino de las tinieblas y el poder de la muerte fueron quebrantados cuando Dios vino en semejanza de hombre. “A partir de entonces toda hechicería y todo encanto quedó disuelto, la ignorancia de la maldad se desvaneció, el reino antiguo fue derribado cuando Dios apareció en la semejanza de hombre en novedad de vida eterna; y lo que había sido perfeccionado en los consejos de Dios empezó a tener efecto. Por lo que todas las cosas fueron perturbadas, porque se echó mano de la abolición de la muerte”. (A los Efesios - XIX). Jesucristo es por lo tanto la mente del Padre (o el plan eterno que estuvo con el Padre para traer vida y salvación a los hombres). “…por tanto me atreví a exhortaros, para que corráis en armonía con la mente de Dios; pues Jesucristo, nuestra vida inseparable, es también la mente del Padre, así como los obispos establecidos hasta los extremos de la tierra están en la mente de Jesucristo”. (A los Efesios - III). “habiéndoles sido confiado el diaconado de Jesucristo, que estaba con el Padre antes que los mundos y apareció al fin del tiempo”. (A los Magnesianos - VI). Como el evangelio es el mensaje que Jesucristo trajo para reconciliar a los hombres con Dios, y es la predicación sobre Jesucristo, entonces Jesucristo es la boca del Padre. “…que yo digo la verdad — Jesucristo, la boca infalible por la que el Padre ha hablado [verdaderamente]” (A los Romanos VIII). Por lo cual Jesucristo es el Dios que concede la sabiduría del evangelio y es nuestra vida verdadera. “Doy gloria a Jesucristo el Dios que os concede tal sabiduría” (A los Esmirneanos - I). “siempre y cuando seamos hallados en Cristo Jesús como nuestra vida verdadera” (A los Efesios - XI). “Y ¿por qué no andamos prudentemente, recibiendo el conocimiento de Dios, que es en Jesucristo?” (A los Efesios - XVII)

Al reconocer que Dios fue manifestado en carne, Ignacio no tuvo ningún problema en decir que Jesucristo es el único Dios. “…salutaciones abundantes en Jesucristo nuestro Dios en su intachabilidad”. (A los Romanos - Salutación). “Mis mejores deseos siempre en nuestro Dios Jesucristo, en quien permanecéis en la unidad y supervisión de Dios”. (A Policarpo - VIII). “…a la (iglesia) que ha sido bendecida en abundancia por la plenitud de Dios el Padre… unida y elegida en una verdadera pasión, por la voluntad… de Jesucristo nuestro Dios” (A los Efesios - Salutación).

En otros lugares, Ignacio identificó a Jesucristo como el propio Padre. Por ejemplo, al escribirle a los romanos, dijo que el único obispo es Jesucristo. “Recordad en vuestras oraciones a la iglesia que está en Siria, que tiene a Dios como su pastor en lugar mío. Jesucristo sólo será su obispo —Él y vuestro amor—“. (A los Romanos - IX). Sin embargo, al escribirle a Policarpo, dijo que el Padre de Jesucristo es el obispo de todos. “no ya a él, sino al Padre de Jesucristo, a saber, el Obispo de todos” (A los Magnesianos - III). Pero más interesantemente, al escribirle a Policarpo, dijo que el obispo singular de la Iglesia, es Dios el Padre y Jesucristo. “Ignacio, llamado también Teóforo, a Policarpo, que es obispo de la iglesia de Esmirna, o más bien que tiene por su obispo a Dios el Padre y a Jesucristo” (A Policarpo - Salutación).

Ignacio declaró que Jesús es el Dios que vive en los creyentes, por lo cual cada cristiano es templo de Jesucristo. “Hagamos todas las cosas considerando que El [Jesucristo] vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios”. (A los Efesios - XV). El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. “…con los diáconos que han sido nombrados en conformidad con la mente de Jesucristo, a los cuales Él de su propia voluntad ha confirmado y afianzado en su Santo Espíritu”. (A los Filadelfianos - Salutación). Jesucristo puede habitar en nosotros, porque Él es el Espíritu. “Pasadlo bien en piadosa concordia, y poseed un Espíritu firme, que es Jesucristo”. (A los magnesianos - XV). Nosotros podemos vivir en la fe y el amor en el Hijo y en el Padre, por el Espíritu singular que habita en nosotros. “para que podáis prosperar en todas las cosas que hagáis en la carne y en el espíritu, por la fe y por el amor, en el Hijo y Padre en el Espíritu, en el comienzo y en el fin”. (A los Magnesianos - XIII).

Al reconocer la verdad de la encarnación, Ignacio creyó que Jesucristo es también un verdadero hombre, el hombre perfecto y sin pecado nacido de una virgen. “Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él. Sufro todas las cosas puesto que Él me capacita para ello, el cual es el Hombre perfecto”. (A los Esmirneanos - IV). Aun siendo Dios, Jesús se presentó como un hombre verdadero del linaje de David. “Porque nuestro Dios, Jesús el Cristo, fue concebido en la matriz de María según una dispensación de la simiente de David, pero también del Espíritu Santo; y nació y fue bautizado para que por su pasión pudiera purificar el agua”. (A los Efesios - XVIII). “en gracia, en una fe y en Jesucristo, el cual según la carne fue del linaje de David, que es el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios”. (A los Efesios - XX). “plenamente persuadidos por lo que se refiere a nuestro Señor que Él es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia” (A los Esmirneanos I). “Sed sordos, pues, cuando alguno os hable aparte de Jesucristo, que era de la raza de David, que era el Hijo de María, que verdaderamente nació y comió y bebió y fue ciertamente perseguido bajo Poncio Pilato, fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que hay en el cielo y los que hay en la tierra y los que hay debajo de la tierra; el cual, además, verdaderamente resucitó de los muertos, habiéndolo resucitado su Padre, el cual, de la misma manera nos levantará a nosotros los que hemos creído en Él —su Padre, digo, nos resucitará—, en Cristo Jesús, aparte del cual no tenemos verdadera vida”. (A los Trallianos - IX). La dispensación de la gracia, consiste en tener fe en Jesucristo y su obra como hombre. “os mostraré más acerca de la dispensación de la cual he empezado a hablar, con referencia al nuevo hombre Jesucristo, que consiste en fe hacia Él y en amor hacia Él, en su pasión y resurrección, especialmente si el Señor me revelara algo”. (A los Efesios - XX). Ignacio creyó que Jesucristo aún permanece como un hombre verdadero después de su resurrección. “Porque sé y creo que Él estaba en la carne incluso después de la resurrección; y cuando Él se presentó a Pedro y su compañía, les dijo: Poned las manos sobre mí y palpadme, y ved que no soy un demonio sin cuerpo. Y al punto ellos le tocaron, y creyeron” (A los Esmirneanos - III).

Como la obra de Jesucristo es la que nos ha reconciliado con Dios, entonces nosotros alabamos a Dios por medio de Jesucristo. “Por tanto, en vuestro amor concorde y armonioso se canta a Jesucristo. Y vosotros, cada uno, formáis un coro, para que estando en armonía y concordes, y tomando la nota clave de Dios, podáis cantar al unísono con una sola voz por medio de Jesucristo al Padre, para que Él pueda oíros y, reconocer por vuestras buenas obras que sois miembros de su Hijo”. (A los Efesios - IV). “para que formando vosotros un coro en amor, podáis cantar al Padre en Jesucristo” (A los Romanos II). De igual modo, los creyentes llevamos la marca de Dios por medio de Jesucristo. “los no creyentes la marca del mundo, pero los fieles en amor la marca de Dios el Padre por medio de Jesucristo” (A los Magnesianos - V).

Ignacio creyó que en su rol humano (según la carne), Jesucristo es nuestro ejemplo de vida hacia Dios. “sed imitadores de Jesucristo como Él mismo lo era de su Padre” (A los Filadelfianos - VII). “el cual en todas las cosas agradó a Aquel que le había enviado” (A los Magnesianos – VIII). “Sed obedientes al obispo y los unos a los otros, como Jesucristo lo era al Padre [según la carne], y como los apóstoles lo eran a Cristo y al Padre, para que pueda haber unión de la carne y el espíritu”. (A los Magnesianos - XIII)”.

Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre. Las siguientes frases de Ignacio, sin duda alguna tienen en mente aquella porción del evangelio según Juan 14:10-11 que dicen que el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre. el Padre es fiel en Jesucristo para satisfacer mi petición y la vuestra. Que podamos ser hallados intachables en Él”. (A los Trallianos - XIII). “Apresuraos a congregaros, como en un solo templo, Dios; como ante un altar, Jesucristo, que vino de un Padre y está con un Padre y ha partido a un Padre”. (A los Magnesianos - VII). “Porque Dios nuestro Dios Jesucristo, estando en el Padre, es el que es más fácilmente manifestado. La obra no es ya de persuasión, sino que el Cristianismo es una cosa de poder”. (A los Romanos III). “Por tanto, tal como el Señor no hizo nada sin el Padre, [estando unido con Él]” (A los Magnesianos - VII). “Y después de su resurrección Él comió y bebió con ellos como uno que está en la carne, aunque espiritualmente estaba unido con el Padre”. (A los Esmirneanos - III). Debido a esto, podemos decir que la Iglesia es a la vez del Padre y de Jesucristo. “estéis íntimamente unidos a él como la Iglesia lo está con Jesucristo y como Jesucristo lo está con el Padre, para que todas las cosas puedan estar armonizadas en unidad”. (A los Efesios V). “Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo” (A los Romanos - Salutación). “a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo el Amado” (A los Esmirneanos - Salutación). “Ignacio, llamado también Teóforo, a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo” (A los Filadelfianos - Salutación). “Pasadlo bien en Dios el Padre y en Jesucristo nuestra esperanza común”. (A los Efesios XXI). “abundantes salutaciones en Dios el Padre y en Jesucristo”. (A los Magnesianos - Salutación). “o por sí mismo o por medio de hombres, ni para vanagloria, sino en el amor de Dios y el Padre y el Señor Jesucristo”. (A los Filadelfianos - I).

El nombre singular que Dios nos ha revelado, es Jesús. “…yo había emprendido el camino desde Siria, en cadenas, por amor del Nombre y esperanza comunes… vosotros sentisteis ansia de visitarme; siendo así que en el nombre de Dios os he recibido a todos vosotros…” (A los Efesios - I). “andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre; iglesia a la cual yo saludo en el nombre de Jesucristo el Hijo del Padre” (A los Romanos - Salutación). Por lo tanto la iglesia lleva el nombre de Jesús y glorifica el nombre de Jesús. “Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él”. (A los Esmirneanos - IV). “decidí comunicarme con vosotros en la fe de Jesucristo. Porque siendo contado digno de llevar un nombre piadoso, en estas cadenas que estoy llevando”. (A los Magnesianos - I). “Porque aun cuando estoy en cadenas por amor del Nombre, no he sido hecho perfecto todavía en Jesucristo”. (A los Efesios - III). “os corresponde, como iglesia de Dios, el designar a un diácono que vaya allí como embajador de Dios, para que pueda darles el parabién cuando se congreguen y puedan glorificar el Nombre”. (A los Filadelfianos - X).

Las citas anteriores, de la obra acreditada de Ignacio, demuestran que él era indiscutiblemente unicitario. Existen otros escritos que se le han querido atribuir a Ignacio, pero éstos son de fechas muy posteriores a la época en que vivió Ignacio, pues corresponden a seis cartas espurias del siglo IV y tres espurias del siglo XII. Existe otra obra, llamada el martirio de Ignacio que fue escrita en el siglo V. Los estudiosos están de acuerdo en que esas obras son falsificaciones.

- Policarpo de Esmirna (65-155 d.C.)

Policarpo nos dejó una carta que dirigió a Iglesia de Filipos. Todas las citas presentadas a continuación, pertenecen a esa epístola. [35]

Policarpo apoyó y tomó como suyas todas las palabras que Ignacio expresó en sus cartas, al decir: “Las cartas de Ignacio que él me envió, y tantas otras cartas como hay en posesión nuestra, os las enviamos, según nos encargasteis; y van incluidas con esta carta; de ellas vais a recibir gran beneficio. Porque hay en ellas fe y resistencia y toda clase de edificación, que pertenece a nuestro Señor”. (XIII).

En consecuencia, Policarpo confesó a Jesucristo como Señor y Dios. “Me gocé en gran manera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo” (I). “Si, pues, rogamos al Señor que nos perdone, nosotros deberíamos también perdonar: porque estamos delante de los ojos de nuestro Señor y Dios, y todos hemos de presentarnos ante el trono del juicio de Cristo, y cada uno tendrá que dar cuenta de sí”. (VI). “y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo” (XII).

También confesó la verdadera humanidad de Jesús. “Porque todo el que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne, es anticristo; y todo el que no confiesa el testimonio de la cruz, es del diablo” (VII). Y declaró que en su condición humana, Jesús es nuestro ejemplo perfecto hacia Dios. “Por tanto, mantengámonos sin cesar firmes en nuestra esperanza y en las arras de nuestra justicia, que es Jesucristo, el cual tomó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, y no pecó, ni fue hallado engaño en su boca, sino que por amor a nosotros sufrió todas las cosas, para que pudiéramos vivir en Él. Por tanto seamos imitadores de su resistencia en los sufrimientos; y si sufrimos por amor a su nombre, glorifiquémosle. Porque Él nos dio este ejemplo en su propia persona, y nosotros lo hemos creído”. (VIII). “el mismo Sumo Sacerdote eterno, el [Hijo] de Dios Jesucristo, os edifique en fe y en verdad, y en toda mansedumbre y a evitar todo enojo, y en resistencia, y en longanimidad, y en soportar con paciencia y en pureza; y que Él os conceda la suerte y parte de sus santos… Orad también por los reyes y potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres, para que podáis ser perfeccionados en Él”. (XII). Al reconocer a Jesús como un hombre verdadero, Policarpo creyó que Dios lo resucitó de entre los muertos. “a quien Dios levantó, habiendo soltado de los dolores del Hades”. (I). “porque habéis creído en Aquel que levantó a nuestro Señor Jesucristo de los muertos y le dio gloria y un trono a su diestra”. (II). “y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo y en su Padre que lo levantó de los muertos. (XII).

Policarpo declaró que Dios efectuó su obra de salvación por medio de Jesucristo. “sufrió para hacer frente incluso a la muerte por nuestros pecados… a quien amáis sin haberle visto, con gozo inefable y glorioso; en cuyo gozo muchos desean entrar; por cuanto vosotros sabéis que es por gracia que somos salvos, no por obras, sino por la voluntad de Dios por medio de Jesucristo”. (I). Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre, y nosotros debemos recordar siempre a Dios, y a Cristo por quien Él hizo la obra de salvación. “el amor va delante —amor hacia Dios y Cristo y hacia nuestro prójimo—. Porque si un hombre se ocupa de ello, ha cumplido los mandamientos de la justicia; porque el que ama está lejos de todo pecado”. (III). “De igual manera los diáconos deben ser intachables en la presencia de su justicia, como diáconos de Dios y Cristo y no de hombres”. (V).

Un autor desconocido, escribió una obra titulada El Martirio de Policarpo, pero sin duda alguna éste no fue un testigo fiable de aquel acontecimiento, pues mencionó algunos milagros extravagantes sucedidos en el momento en que Policarpo fue quemado en una hoguera. Por ejemplo, dice que cuando Policarpo fue quemado, su cuerpo brillaba como el oro, expelía olores dulces, una paloma surgió desde su cuerpo y voló, y su sangre extinguió el fuego. Al parecer, éste conoció la verdadera historia del martirio de Policarpo, pero le introdujo mucha fantasía. Aún así, allí se le atribuyen a Policarpo unas palabras que lo muestran como totalmente cristocéntrico. Cuando el César le dijo que si renegaba de Cristo lo dejaría libre, Policarpo respondió: “Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador?”.

- Otros Escritos de la Edad Post-Apostólica [36]

Hay otros dos escritores identificables de la misma edad post-apostólica, que son Hermas y Papías. Hermas, escribió El Pastor, alrededor del 140-145 d.C. Aunque Hermas no parece haber tenido algún cargo eclesiástico, éste fue un libro muy popular en su día. Papías fue obispo de Hierápolis, y se cuenta con algunos fragmentos de sus escritos que son de cerca del 125 d.C.  

Hay otras obras que pertenecen a autores que escribieron intentando suplantar a otros, por lo tanto su contenido no es confiable. Estas son: (1º) La Epístola de Bernabé que fue escrita alrededor del 100-120 d.C. Los historiadores están de acuerdo en que ésta no fue autoría de Bernabé el compañero del apóstol Pablo, y por eso se le conoce con mayor exactitud como La Epístola de Seudo-Bernabé. (2º) La Enseñanza de Pedro, fechada entre el 110 al 130 d.C. Los historiadores coinciden en que esta obra no fue escrita por el apóstol Pedro, pero es una historia sobre él que no es ni auténtica ni exacta. (3º). La Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles, que es posterior al año 120 d.C. y realmente no fue escrita por los doce apóstoles. Esta contiene errores doctrinales que no reflejan la enseñanza de la iglesia original. (4º) La Segunda Epístola de Clemente, que ha sido datada entre el 100 al 150 d.C. Los estudiosos modernos coinciden en que esta obra realmente no fue escrita por Clemente de Roma, sino por un autor que se hizo pasar por él. Por esta razón, dicha obra también es conocida como La Epístola de Seudo-Clemente.


Referencias

[1] Luis Carlos Reyes y Mike Latorre. “Los Unicitarios ('Solo Jesús') y el Ocultismo”. Julio de 2014.
http://www.youtube.com/watch?v=dyzQFf92G8c 
[2] En 1998, Harold O. J. Brown expuso que Simón el Mago fue el primer hombre de la historia que tuvo alguna idea unicitaria sobre Dios (Ver la página 53 de su libro Herejías).
En el año 2009, David Lamb, escribió un artículo titulado Una Breve Historia del Movimiento Pentecostal Unicitario,  en el que aseguró que el movimiento unicitario desapareció desde el año 300 d.C. y fue revivido en el siglo XVIII por el brujo Emanuel Swedenborg. (http://davidlambministries.com/index.php?option=com_content&view=article&id=12&Itemid=20).
En el año 2009, Mike Oppenheimer escribió un libro titulado: “¿Quién es Jesús? Respondiendo a los Ataques de los Pentecostales Unicitarios Sobre la Trinidad”, donde dice que los unicitarios hallan consuelo al consultar al  médium espiritista Emanuel Swedenborg. (http://www.letusreason.org/Onenes4.htm).
En el año 2102, Edward L. Dalcour, escribió un artículo titulado Introducción a la Teología de la Unicidad (Modalismo), en el que básicamente desarrolla las mismas ideas que David Lamb. (http://www.christiandefense.org/one_introduction.htm).
[3] Ireneo de Lyon. Contra las Herejías - Desenmascarando y Refutando a la Falsamente Llamada Ciencia. Libro I; 3.1.23,1. Versión española de Carlos Ignacio González. © Copyright 2001. Biblioteca Electrónica Cristiana -BEC- VE Multimedios™.
http://www.eltestigofiel.org/lectura/padres.php?idu=o54
[4] Para mayor información, vaya a la sección El Mito de que el Tres es el Número Divino, páginas 217-219 del libro Un Dios Falso Llamado Trinidad, escrito por Julio César Clavijo Sierra.
[5] David K. Bernard. La Unicidad de Dios, págs. 140-141. ©Copyright 1996. Word Aflame Press.
[6] Como ejemplo, vea a Harold O. J. Brown, Herejías: Herejía y Ortodoxia en la Historia de la Iglesia, pág. 99, Hendrickson Publishers, que dice: “Modalismo… Sostiene que Dios se revela a sí mismo bajo diferentes aspectos o modos en las diferentes edades -como el Padre en la Creación y en la entrega de la Ley, como el Hijo en Jesucristo, y como el Espíritu Santo después de la ascensión de Cristo”. Otro escritor llamado Pablo Santomauro, fue mucho más lejos, pues en un artículo titulado Los Pentecostales Unicitarios: Una Vista Panorámica de sus Doctrinas, dijo que “de acuerdo con el modalismo, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, son tres diferentes máscaras o disfraces que Dios se ha puesto en el escenario teatral de la historia”.
[7] El Albate Bergier (Nicolas Sylvestre). Diccionario de Teología 4. Sabelianismo. Págs. 142-143. Nueva Versión Corregida con Mucho Esmero. Librería de Garnier Hermanos. Paris, 1854.
[8] Aparentemente, Luís Carlos Reyes y Mike Latorre, tomaron prestada de Harold O. J. Brown, la idea de que Simón el Mago fue el primer modalista, pues en la página 53 de su libro Herejías, publicado en 1998, el señor Brown dijo que Simón el Mago declaró ser “una y la misma persona, que aparece y actúa bajo diferentes formas o modos de existencia”. Sin embargo, como ya se ha demostrado, todo ese argumento está sustentado sobre una idea ficticia fabricada por los trinitarios, que dice que los unicitarios creemos únicamente en tres modos de revelación divina. En la nota al pie No. 4, citamos al señor Brown, e indicamos que él también promovió la idea ficticia de que los unicitarios creemos en tres modos divinos de revelación secuencial.
[9] Si uno lee toda la obra Contra las Herejías, escita por Ireneo de Lyon, se dará cuenta de que él en realidad no creía en lo que hoy se conoce como la Trinidad Ortodoxa de tres personas divinas y distintas, pues él afirmó que el único Dios es el Padre, quien es la fuente y origen de todo (cf. III, 11,1-9; 12,1-15; 12,14; 13,1; 15,1; 16,2-18,7), y que el Padre actúa por medio de sus dos manos que son su Hijo (o su Verbo) y el Espíritu Santo (o su sabiduría) (cf. IV, 7,4; 20,1-4). Así que quizás, en caso de que Ireneo de Lyon hubiera conocido al dogma de la Trinidad Ortodoxa que se desarrolló en un tiempo después de él, hubiera podido considerarlo como herejía, y hasta podría haber pensado que éste fue obra de Simón el Mago, quien era para él, el padre de todas las herejías.
[10] Julio César Clavijo Sierra. Unicidad de Dios.
[11] Justino Mártir. Primera Apología. (I,26,2-3 e I,56,2-4). Versión proveniente del sitio del Monasterio Benedictino de Santa María de los Toldos. Cf. Padres Apostólicos y Apologistas Griegos (S. II). Introducción, notas y versión española por Daniel Ruiz Bueno, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pp. 1019 ss. (BAC 629).
[12] Enciclopedia Británica. Simón el Mago
http://www.britannica.com/EBchecked/topic/545225/Simon-Magus
[13] Enciclopedia Católica Online. Simón el Mago.
[14] Ireneo, Contra las Herejías, Libro I; 3.1.
[15] Ibídem, Libro III; 1.1. y 1.3.1.      
[16] Andrés de Dryinoupolis y Serafino del Pireo. Obispos Griegos Retan la Posición del Vaticano Sobre Pedro y Más.
[17] Ibídem.
[18] Para una exposición más amplia de lo que es la Unicidad de Dios, lea el artículo con el mismo título, escrito por Julio César Clavijo Sierra, siguiendo este enlace:
[19] David K. Bernard. Unicidad y Trinidad 100-300 d.C. (La Doctrina de Dios en los Antiguos Escritos Cristianos) pág. 176. ©Copyright 1991. Word Aflame Press.
[20] Tertuliano. Contra Práxeas.
[21] El escritor trinitario protestante Harold O. J. Brown, reconoció que los obispos de Roma: Victor, Ceferino y Calixto, creyeron en la Unicidad de Dios. En su propia visión trinitaria de los hechos, él escribió: “[el] sabelianismo parece haber ganado la adhesión de los dos obispos de Roma, Víctor y Ceferino, los cuales estaban involucrados en las luchas amargas contra los adopcionistas. El sucesor de Ceferino, Calixto, repudió a Sabelio, pero continuó usando el lenguaje sabeliano… El entrelazamiento de estos tres obispos, o principios de los papas de Roma con el Sabelianismo, ha demostrado ser una vergüenza para continuar con la tradicionalista doctrina católica de la infalibilidad papal; Los católicos tradicionalistas se refugian en el hecho de que los datos son un tanto oscuros y en gran medida suministrados por Hipólito (ca.170 - ca.236), que fue elegido por una minoría como antipapa”. Harold O. J. Brown, Herejías: Herejía y Ortodoxia en la Historia de la Iglesia, pág. 103, Hendrickson Publishers.
[22] Para mayor información sobre Hipólito y su conflicto con el Obispo Ceferino y los demás unicitarios (o modalistas de su época) siga este enlace hacia la Enciclopedia Católica.
[23] Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Orígenes.
[24] David K. Bernard. Unicidad y Trinidad 100-300 d.C.  Págs. 143-144.
[25] Glen Davidson. M.A. El Desarrollo de la Trinidad – La Evolución de una Nueva Doctrina. Copyright © 2012. Impreso por Pentecostal Publishing House, 8855 Dunn Road, Hazelwood, Mo. Consultado en la versión electrónica. Capítulo 2. Se Establece la Nueva Doctrina. 
[26] Bernard. Unicidad y Trinidad 100-300 d.C. pág. 176.
[27] Obras Completas de Miguel Servet. Edición de Ángel de Alcalá. Vida, Muerte y Obra. La Lucha Completa por la Libertad de Conciencia. Documentos. págs. 247-250.  Prensas Universitarias de Zaragoza, Instituto de Estudios Altoaragoneses y Departamentos de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón.
[28] La Confesión de Somerset.
[29] Luis Carlos Reyes y Mike Latorre. “Los Unicitarios ('Solo Jesús') y el Ocultismo”. Julio de 2014. Ver desde el tiempo 20:15 al 20:50.
[30] Ibídem. Ver desde el tiempo 20:50 al 21:05.
[31] Clemente de Roma. Epístola a los Corintios. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE.
[32] Glen Davidson, M.A. El Desarrollo de la Trinidad – La Evolución de una Nueva Doctrina. Copyright © 2012. Impreso por Pentecostal Publishing House, 8855 Dunn Road, Hazelwood, Mo. Consultado en la versión electrónica. Capítulo 1. Después de los Apóstoles de Hechos.  
[33] Ignacio de Antioquía. Epístolas de Ignacio. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE.
[34] Aunque aquí mencionamos a Tertuliano como el primer trinitario dentro del cristianismo, la teología de Tertuliano podría ser considerada herética por los trinitarios actuales, pues Tertuliano no creía en la que actualmente se considera la Trinidad Ortodoxa de tres personas divinas y distintas desde toda la eternidad en Dios, sino que él más bien creía en una Trinidad Económica, que se dio solamente a partir de un tiempo y con propósitos exclusivos de salvación.
[35] Policarpo de Esmirna. Epístola a los Filipenses. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE.
[36] Para profundizar más en los escritos de la edad post-apostólica, recomiendo estas dos obras de David K. Bernard: (1º) Unicidad y Trinidad 100-300 d.C., especialmente el Capítulo 1, La Edad Post-Apostólica 90-140 d.C., y (2º) Una Historia de la Doctrina Cristiana, Volumen 1., especialmente el Capítulo 2, Tempranos Escritores Post-Apostólicos 90-140 d.C. y el Capítulo 3, Escritos Anónimos y Seudónimos.