jueves, 13 de noviembre de 2014

La Teología Unicitaria de los Obispos Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna, en el Llamado Periodo Post-Apostólico (90-140 d.C.)


Por Julio César Clavijo Sierra
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Se conoce como el periodo post-apostólico, al periodo comprendido entre los años 90-140 d.C. En este periodo encontramos el testimonio escrito de tres obispos de la Iglesia que fueron Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna. Todos estos hombres, pudieron haber compartido en vida con algunos de los primeros apóstoles. Los escritos que ellos han dejado, no son inspirados como sí lo son los del Nuevo Testamento, pero su testimonio nos demuestra que ellos (y la iglesia de su tiempo) creían firmemente en la Unicidad de Dios y que la idea trinitaria todavía no se había introducido para ese tiempo. Veamos su testimonio.  

  • Clemente de Roma (¿?-101 d.C.)

El único escrito perteneciente a Clemente de Roma, que se conserva hoy día, es La Epístola a los Corintios. Esta es la primera obra de la literatura cristiana después del Nuevo Testamento, en la que consta históricamente el nombre de su autor, la situación y la época en que se escribió. Todas las citas presentadas a continuación, pertenecen a la Carta de Clemente a Los Corintios. [1]

Clemente de Roma habló de un único Dios. somos una porción especial de un Dios santo”. (XXX). “para que el nombre del Dios único y verdadero pudiera ser glorificado; a quien sea la gloria para siempre jamás” (XLIII).

El único Dios posee el nombre más alto, y ese nombre es Jesús. “el Altísimo es el campeón y protector de los que en conciencia pura sirven su nombre excelente”. (XLV). “El Señor, hermanos, no tiene necesidad de nada. Él no desea nada de hombre alguno, sino que se confiese su Nombre”. (LII). “nos ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno conocimiento de la gloria de su Nombre”. (LIX). “[Concédenos, Señor,] que podamos poner nuestra esperanza en tu Nombre, que es la causa primaria de toda la creación, y abramos los ojos de nuestros corazones para que podamos conocerte a Ti, que eres sólo el más Alto entre los altos, el Santo entre los santos”. (LIX). Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su Nombre. (LXIV).

Clemente destacó la obra de Jesús como hombre, al decir que Jesucristo es el enviado de Dios, nuestro sumo sacerdote, el Hijo de Dios, el resplandor de la majestad divina, el cetro de la majestad de Dios, el heredero del nombre más sublime, y quien nos conduce a Dios.

“Los apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado por Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Por tanto, los dos vienen de la voluntad de Dios en el orden designado”. (XLII). “Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas”. (XLIX). “…el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él,…. nuestro Sumo Sacerdote y guardián Jesucristo, a través del cual sea a Él la gloria y majestad, la potencia y el honor, ahora y para siempre jamás. Amén”. (LXIV). “Que todos los gentiles sepan que sólo Tú eres Dios, y Jesucristo es tu Hijo, y nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu prado”. (LIX).

El cetro [de la majestad] de Dios, a saber, nuestro Señor Jesucristo, no vino en la pompa de arrogancia o de orgullo, aunque podría haberlo hecho, sino en humildad de corazón” (XVI). “Ésta es la manera, amados, en que encontramos nuestra salvación, a saber, Jesucristo el Sumo Sacerdote de nuestras ofrendas, el guardián y ayudador en nuestras debilidades. Fijemos nuestra mirada, por medio de Él, en las alturas de los cielos; por medio de Él contemplamos como en un espejo su rostro intachable y excelente; por medio de Él fueron abiertos los ojos de nuestro corazón; por medio de Él nuestra mente insensata y entenebrecida salta a la luz; por medio de Él el Señor ha querido que probemos el conocimiento inmortal; el cual, siendo el resplandor de su majestad, es muy superior a los ángeles, puesto que ha heredado un nombre más excelente que ellos”. (XXXVI). “Gracia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso os sea multiplicada por medio de Jesucristo”. (Salutación). “Te alabamos por medio del Sumo Sacerdote y guardián de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea a Ti la gloria y la majestad ahora y por los siglos de los siglos! Amén”. (LXI).

Algunos insisten en que dos porciones de la epístola de Clemente a Los Corintios, parecen tener trazos de trinitarismo: 

La primera es: “¿No tenemos un solo Dios y un Cristo y un Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros?” (XLVI). Sin embargo, aquí se ve claramente una apelación a Efesios 4:3-6 que habla de guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, y enfatiza que como iglesia somos un solo cuerpo, tenemos un solo Espíritu, una misma esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, y un solo Dios y Padre de todos.    

La segunda es: “Atended nuestro consejo, y no tendréis ocasión de arrepentiros de haberlo hecho. Porque tal como Dios vive, y vive el Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo, que son la fe y la esperanza de los elegidos, con toda seguridad el que, con humildad de ánimo y mansedumbre haya ejecutado, sin arrepentirse de ello, las ordenanzas y mandamientos que Dios ha dado, será puesto en la lista y tendrá su nombre en el número de los que son salvos por medio de Jesucristo, a través del cual es la gloria para Él para siempre jamás. Amén”. (LVIII).

“Gregory Boyd, en su apoyo típico del trinitarismo, escribe que este pasaje 'presupone el estado común del lenguaje Trinitario de su época…' Ésta sería una declaración válida a no ser por el problema de interpolación que se practicaba comúnmente durante la Edad Media. Las palabras antes mencionadas eran de la copia de 1056 (usada por Schaff). La copia antigua de esto, sin embargo, no contiene estas palabras. Podemos suponer con seguridad que Clemente no usó vocabulario trinitario.

En una perspectiva histórica general, sabemos que la doctrina trinitaria no se había desarrollado lo suficiente de manera profunda para emplear popularmente el lenguaje antes mencionado. De hecho, ¡esta interpolación indica un intento en épocas posteriores para justificar la trinidad!” [2]        

  • Ignacio de Antioquía (35-107 d.C.)

Ignacio es el autor de siete epístolas que fueron escritas en un breve periodo de tiempo, mientras era conducido desde Siria a Roma, para ser martirizado. Todas las citas presentadas a continuación, pertenecen a las Siete Epístolas de Ignacio de Antioquía, a saber: A los Efesios, A los Magnesianos, A los Trallianos, A los Romanos, A los Filadelfianos, A los Esmirneanos y A Policarpo. [3]

Ignacio, fue obispo de Antioquía de Siria. Él creyó que el único Dios invisible fue manifestado en carne. “Espera en Aquel que está por encima de toda estación, el Eterno, el Invisible, que se hizo visible por amor a nosotros, el Impalpable, el Impasible, que sufrió por amor a nosotros, que sufrió en todas formas por amor a nosotros”. (A Policarpo - III). Policarpo mencionó que el único Dios sufrió al haberse encarnado. Sin embargo, solo en un poco de tiempo más adelante, Tertuliano (el primer trinitario de la historia cristiana. [4]) ridiculizó a los creyentes de su tiempo que creían como Ignacio, y los tildó de patripasianos. Ignacio aclaró que en cuanto a su condición divina, Dios es impasible; pero en cuanto a su manifestación en carne, Él es pasible (es decir que pudo sufrir y morir). “Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, engendrado y no engendrado, Dios en el hombre, verdadera Vida en la muerte, hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y luego impasible: Jesucristo nuestro Señor”. (A los Efesios - VII). Ignacio dijo que el Hijo Jesucristo es la manifestación de Dios en carne, aunque hay desobedientes que no quieren creerlo. “…porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús. Por esta causa también fueron perseguidos, siendo inspirados por su gracia a fin de que los que son desobedientes puedan ser plenamente persuadidos de que hay un solo Dios que se manifestó a través de Jesucristo su Hijo, que es su Verbo que procede del silencio”. (A los Magnesianos - VIII).

Ignacio presentó al evangelio como la buena nueva de Dios manifestado en carne. “Pero el Evangelio tiene una preeminencia singular en el advenimiento del Salvador, a saber, nuestro Señor Jesucristo, y su pasión y resurrección. Porque los amados profetas en su predicación le señalaban a Él; pero el Evangelio es el cumplimiento y perfección de la inmortalidad”. (A los Filadelfianos - IX). El reino de las tinieblas y el poder de la muerte fueron quebrantados cuando Dios vino en semejanza de hombre. “A partir de entonces toda hechicería y todo encanto quedó disuelto, la ignorancia de la maldad se desvaneció, el reino antiguo fue derribado cuando Dios apareció en la semejanza de hombre en novedad de vida eterna; y lo que había sido perfeccionado en los consejos de Dios empezó a tener efecto. Por lo que todas las cosas fueron perturbadas, porque se echó mano de la abolición de la muerte”. (A los Efesios - XIX). Jesucristo es por lo tanto la mente del Padre (o el plan eterno que estuvo con el Padre para traer vida y salvación a los hombres). “…por tanto me atreví a exhortaros, para que corráis en armonía con la mente de Dios; pues Jesucristo, nuestra vida inseparable, es también la mente del Padre, así como los obispos establecidos hasta los extremos de la tierra están en la mente de Jesucristo”. (A los Efesios - III). “habiéndoles sido confiado el diaconado de Jesucristo, que estaba con el Padre antes que los mundos y apareció al fin del tiempo”. (A los Magnesianos - VI). Como el evangelio es el mensaje que Jesucristo trajo para reconciliar a los hombres con Dios, y es la predicación sobre Jesucristo, entonces Jesucristo es la boca del Padre. “…que yo digo la verdad — Jesucristo, la boca infalible por la que el Padre ha hablado [verdaderamente]” (A los Romanos VIII). Por lo cual Jesucristo es el Dios que concede la sabiduría del evangelio y es nuestra vida verdadera. “Doy gloria a Jesucristo el Dios que os concede tal sabiduría” (A los Esmirneanos - I). “siempre y cuando seamos hallados en Cristo Jesús como nuestra vida verdadera” (A los Efesios - XI). “Y ¿por qué no andamos prudentemente, recibiendo el conocimiento de Dios, que es en Jesucristo?” (A los Efesios - XVII)

Al reconocer que Dios fue manifestado en carne, Ignacio no tuvo ningún problema en decir que Jesucristo es el único Dios. “…salutaciones abundantes en Jesucristo nuestro Dios en su intachabilidad”. (A los Romanos - Salutación). “Mis mejores deseos siempre en nuestro Dios Jesucristo, en quien permanecéis en la unidad y supervisión de Dios”. (A Policarpo - VIII). “…a la (iglesia) que ha sido bendecida en abundancia por la plenitud de Dios el Padre… unida y elegida en una verdadera pasión, por la voluntad… de Jesucristo nuestro Dios” (A los Efesios - Salutación).

En otros lugares, Ignacio identificó a Jesucristo como el propio Padre. Por ejemplo, al escribirle a los romanos, dijo que el único obispo es Jesucristo. “Recordad en vuestras oraciones a la iglesia que está en Siria, que tiene a Dios como su pastor en lugar mío. Jesucristo sólo será su obispo —Él y vuestro amor—“. (A los Romanos - IX). Sin embargo, al escribirle a Policarpo, dijo que el Padre de Jesucristo es el obispo de todos. “no ya a él, sino al Padre de Jesucristo, a saber, el Obispo de todos” (A los Magnesianos - III). Pero más interesantemente, al escribirle a Policarpo, dijo que el obispo singular de la Iglesia, es Dios el Padre y Jesucristo. “Ignacio, llamado también Teóforo, a Policarpo, que es obispo de la iglesia de Esmirna, o más bien que tiene por su obispo a Dios el Padre y a Jesucristo” (A Policarpo - Salutación).

Ignacio declaró que Jesús es el Dios que vive en los creyentes, por lo cual cada cristiano es templo de Jesucristo. “Hagamos todas las cosas considerando que El [Jesucristo] vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios”. (A los Efesios - XV). El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. “…con los diáconos que han sido nombrados en conformidad con la mente de Jesucristo, a los cuales Él de su propia voluntad ha confirmado y afianzado en su Santo Espíritu”. (A los Filadelfianos - Salutación). Jesucristo puede habitar en nosotros, porque Él es el Espíritu. “Pasadlo bien en piadosa concordia, y poseed un Espíritu firme, que es Jesucristo”. (A los magnesianos - XV). Nosotros podemos vivir en la fe y el amor en el Hijo y en el Padre, por el Espíritu singular que habita en nosotros. “para que podáis prosperar en todas las cosas que hagáis en la carne y en el espíritu, por la fe y por el amor, en el Hijo y Padre en el Espíritu, en el comienzo y en el fin”. (A los Magnesianos - XIII).

Al reconocer la verdad de la encarnación, Ignacio creyó que Jesucristo es también un verdadero hombre, el hombre perfecto y sin pecado nacido de una virgen. “Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él. Sufro todas las cosas puesto que Él me capacita para ello, el cual es el Hombre perfecto”. (A los Esmirneanos - IV). Aun siendo Dios, Jesús se presentó como un hombre verdadero del linaje de David. “Porque nuestro Dios, Jesús el Cristo, fue concebido en la matriz de María según una dispensación de la simiente de David, pero también del Espíritu Santo; y nació y fue bautizado para que por su pasión pudiera purificar el agua”. (A los Efesios - XVIII). “en gracia, en una fe y en Jesucristo, el cual según la carne fue del linaje de David, que es el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios”. (A los Efesios - XX). “plenamente persuadidos por lo que se refiere a nuestro Señor que Él es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia” (A los Esmirneanos I). “Sed sordos, pues, cuando alguno os hable aparte de Jesucristo, que era de la raza de David, que era el Hijo de María, que verdaderamente nació y comió y bebió y fue ciertamente perseguido bajo Poncio Pilato, fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que hay en el cielo y los que hay en la tierra y los que hay debajo de la tierra; el cual, además, verdaderamente resucitó de los muertos, habiéndolo resucitado su Padre, el cual, de la misma manera nos levantará a nosotros los que hemos creído en Él —su Padre, digo, nos resucitará—, en Cristo Jesús, aparte del cual no tenemos verdadera vida”. (A los Trallianos - IX). La dispensación de la gracia, consiste en tener fe en Jesucristo y su obra como hombre. “os mostraré más acerca de la dispensación de la cual he empezado a hablar, con referencia al nuevo hombre Jesucristo, que consiste en fe hacia Él y en amor hacia Él, en su pasión y resurrección, especialmente si el Señor me revelara algo”. (A los Efesios - XX). Ignacio creyó que Jesucristo aún permanece como un hombre verdadero después de su resurrección. “Porque sé y creo que Él estaba en la carne incluso después de la resurrección; y cuando Él se presentó a Pedro y su compañía, les dijo: Poned las manos sobre mí y palpadme, y ved que no soy un demonio sin cuerpo. Y al punto ellos le tocaron, y creyeron” (A los Esmirneanos - III).

Como la obra de Jesucristo es la que nos ha reconciliado con Dios, entonces nosotros alabamos a Dios por medio de Jesucristo. “Por tanto, en vuestro amor concorde y armonioso se canta a Jesucristo. Y vosotros, cada uno, formáis un coro, para que estando en armonía y concordes, y tomando la nota clave de Dios, podáis cantar al unísono con una sola voz por medio de Jesucristo al Padre, para que Él pueda oíros y, reconocer por vuestras buenas obras que sois miembros de su Hijo”. (A los Efesios - IV). “para que formando vosotros un coro en amor, podáis cantar al Padre en Jesucristo” (A los Romanos II). De igual modo, los creyentes llevamos la marca de Dios por medio de Jesucristo. “los no creyentes la marca del mundo, pero los fieles en amor la marca de Dios el Padre por medio de Jesucristo” (A los Magnesianos - V).

Ignacio creyó que en su rol humano (según la carne), Jesucristo es nuestro ejemplo de vida hacia Dios. “sed imitadores de Jesucristo como Él mismo lo era de su Padre” (A los Filadelfianos - VII). “el cual en todas las cosas agradó a Aquel que le había enviado” (A los Magnesianos – VIII). “Sed obedientes al obispo y los unos a los otros, como Jesucristo lo era al Padre [según la carne], y como los apóstoles lo eran a Cristo y al Padre, para que pueda haber unión de la carne y el espíritu”. (A los Magnesianos - XIII)”.

Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre. Las siguientes frases de Ignacio, sin duda alguna tienen en mente aquella porción del evangelio según Juan 14:10-11 que dicen que el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre. el Padre es fiel en Jesucristo para satisfacer mi petición y la vuestra. Que podamos ser hallados intachables en Él”. (A los Trallianos - XIII). “Apresuraos a congregaros, como en un solo templo, Dios; como ante un altar, Jesucristo, que vino de un Padre y está con un Padre y ha partido a un Padre”. (A los Magnesianos - VII). “Porque Dios nuestro Dios Jesucristo, estando en el Padre, es el que es más fácilmente manifestado. La obra no es ya de persuasión, sino que el Cristianismo es una cosa de poder”. (A los Romanos III). “Por tanto, tal como el Señor no hizo nada sin el Padre, [estando unido con Él]” (A los Magnesianos - VII). “Y después de su resurrección Él comió y bebió con ellos como uno que está en la carne, aunque espiritualmente estaba unido con el Padre”. (A los Esmirneanos - III). Debido a esto, podemos decir que la Iglesia es a la vez del Padre y de Jesucristo. “estéis íntimamente unidos a él como la Iglesia lo está con Jesucristo y como Jesucristo lo está con el Padre, para que todas las cosas puedan estar armonizadas en unidad”. (A los Efesios V). “Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo” (A los Romanos - Salutación). “a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo el Amado” (A los Esmirneanos - Salutación). “Ignacio, llamado también Teóforo, a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo” (A los Filadelfianos - Salutación). “Pasadlo bien en Dios el Padre y en Jesucristo nuestra esperanza común”. (A los Efesios XXI). “abundantes salutaciones en Dios el Padre y en Jesucristo”. (A los Magnesianos - Salutación). “o por sí mismo o por medio de hombres, ni para vanagloria, sino en el amor de Dios y el Padre y el Señor Jesucristo”. (A los Filadelfianos - I).

El nombre singular que Dios nos ha revelado, es Jesús. “…yo había emprendido el camino desde Siria, en cadenas, por amor del Nombre y esperanza comunes… vosotros sentisteis ansia de visitarme; siendo así que en el nombre de Dios os he recibido a todos vosotros…” (A los Efesios - I). “andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre; iglesia a la cual yo saludo en el nombre de Jesucristo el Hijo del Padre” (A los Romanos - Salutación). Por lo tanto la iglesia lleva el nombre de Jesús y glorifica el nombre de Jesús. “Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él”. (A los Esmirneanos - IV). “decidí comunicarme con vosotros en la fe de Jesucristo. Porque siendo contado digno de llevar un nombre piadoso, en estas cadenas que estoy llevando”. (A los Magnesianos - I). “Porque aun cuando estoy en cadenas por amor del Nombre, no he sido hecho perfecto todavía en Jesucristo”. (A los Efesios - III). “os corresponde, como iglesia de Dios, el designar a un diácono que vaya allí como embajador de Dios, para que pueda darles el parabién cuando se congreguen y puedan glorificar el Nombre”. (A los Filadelfianos - X).

Las citas anteriores, de la obra acreditada de Ignacio, demuestran que él era indiscutiblemente unicitario. Existen otros escritos que se le han querido atribuir a Ignacio, pero éstos son de fechas muy posteriores a la época en que vivió Ignacio, pues corresponden a seis cartas espurias del siglo IV y tres espurias del siglo XII. Existe otra obra, llamada el martirio de Ignacio que fue escrita en el siglo V. Los estudiosos están de acuerdo en que esas obras son falsificaciones.

  • Policarpo de Esmirna (65-155 d.C.)

Policarpo nos dejó una carta que dirigió a Iglesia de Filipos. Todas las citas presentadas a continuación, pertenecen a esa epístola. [5]  

Policarpo apoyó y tomó como suyas todas las palabras que Ignacio expresó en sus cartas, al decir: “Las cartas de Ignacio que él me envió, y tantas otras cartas como hay en posesión nuestra, os las enviamos, según nos encargasteis; y van incluidas con esta carta; de ellas vais a recibir gran beneficio. Porque hay en ellas fe y resistencia y toda clase de edificación, que pertenece a nuestro Señor”. (XIII).

En consecuencia, Policarpo confesó a Jesucristo como Señor y Dios. “Me gocé en gran manera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo” (I). “Si, pues, rogamos al Señor que nos perdone, nosotros deberíamos también perdonar: porque estamos delante de los ojos de nuestro Señor y Dios, y todos hemos de presentarnos ante el trono del juicio de Cristo, y cada uno tendrá que dar cuenta de sí”. (VI). “y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo” (XII).

También confesó la verdadera humanidad de Jesús. “Porque todo el que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne, es anticristo; y todo el que no confiesa el testimonio de la cruz, es del diablo” (VII). Y declaró que en su condición humana, Jesús es nuestro ejemplo perfecto hacia Dios. “Por tanto, mantengámonos sin cesar firmes en nuestra esperanza y en las arras de nuestra justicia, que es Jesucristo, el cual tomó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, y no pecó, ni fue hallado engaño en su boca, sino que por amor a nosotros sufrió todas las cosas, para que pudiéramos vivir en Él. Por tanto seamos imitadores de su resistencia en los sufrimientos; y si sufrimos por amor a su nombre, glorifiquémosle. Porque Él nos dio este ejemplo en su propia persona, y nosotros lo hemos creído”. (VIII). “el mismo Sumo Sacerdote eterno, el [Hijo] de Dios Jesucristo, os edifique en fe y en verdad, y en toda mansedumbre y a evitar todo enojo, y en resistencia, y en longanimidad, y en soportar con paciencia y en pureza; y que Él os conceda la suerte y parte de sus santos… Orad también por los reyes y potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres, para que podáis ser perfeccionados en Él”. (XII). Al reconocer a Jesús como un hombre verdadero, Policarpo creyó que Dios lo resucitó de entre los muertos. “a quien Dios levantó, habiendo soltado de los dolores del Hades”. (I). “porque habéis creído en Aquel que levantó a nuestro Señor Jesucristo de los muertos y le dio gloria y un trono a su diestra”. (II). “y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo y en su Padre que lo levantó de los muertos. (XII).

Policarpo declaró que Dios efectuó su obra de salvación por medio de Jesucristo. “sufrió para hacer frente incluso a la muerte por nuestros pecados… a quien amáis sin haberle visto, con gozo inefable y glorioso; en cuyo gozo muchos desean entrar; por cuanto vosotros sabéis que es por gracia que somos salvos, no por obras, sino por la voluntad de Dios por medio de Jesucristo”. (I). Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre, y nosotros debemos recordar siempre a Dios, y a Cristo por quien Él hizo la obra de salvación. “el amor va delante —amor hacia Dios y Cristo y hacia nuestro prójimo—. Porque si un hombre se ocupa de ello, ha cumplido los mandamientos de la justicia; porque el que ama está lejos de todo pecado”. (III). “De igual manera los diáconos deben ser intachables en la presencia de su justicia, como diáconos de Dios y Cristo y no de hombres”. (V).

Un autor desconocido, escribió una obra titulada El Martirio de Policarpo, pero sin duda alguna éste no fue un testigo fiable de aquel acontecimiento, pues mencionó algunos milagros extravagantes sucedidos en el momento en que Policarpo fue quemado en una hoguera. Por ejemplo, dice que cuando Policarpo fue quemado, su cuerpo brillaba como el oro, expelía olores dulces, una paloma surgió desde su cuerpo y voló, y su sangre extinguió el fuego. Al parecer, éste conoció la verdadera historia del martirio de Policarpo, pero le introdujo mucha fantasía. Aún así, allí se le atribuyen a Policarpo unas palabras que lo muestran como totalmente cristocéntrico. Cuando el César le dijo que si renegaba de Cristo lo dejaría libre, Policarpo respondió: “Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador?”.

  • Otros Escritos de la Edad Post-Apostólica [6]

Hay otros dos escritores identificables de la misma edad post-apostólica, que son Hermas y Papías. Hermas, escribió El Pastor, alrededor del 140-145 d.C. Aunque Hermas no parece haber tenido algún cargo eclesiástico, éste fue un libro muy popular en su día. Papías fue obispo de Hierápolis, y se cuenta con algunos fragmentos de sus escritos que son de cerca del 125 d.C. 

Hay otras obras que pertenecen a autores que escribieron intentando suplantar a otros, por lo tanto su contenido no es confiable. Estas son: (1º) La Epístola de Bernabé que fue escrita alrededor del 100-120 d.C. Los historiadores están de acuerdo en que ésta no fue autoría de Bernabé el compañero del apóstol Pablo, y por eso se le conoce con mayor exactitud como La Epístola de Seudo-Bernabé. (2º) La Enseñanza de Pedro, fechada entre el 110 al 130 d.C. Los historiadores coinciden en que esta obra no fue escrita por el apóstol Pedro, pero es una historia sobre él que no es ni auténtica ni exacta. (3º). La Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles, que es posterior al año 120 d.C. y realmente no fue escrita por los doce apóstoles. Esta contiene errores doctrinales que no reflejan la enseñanza de la iglesia original. (4º) La Segunda Epístola de Clemente, que ha sido datada entre el 100 al 150 d.C. Los estudiosos modernos coinciden en que esta obra realmente no fue escrita por Clemente de Roma, sino por un autor que se hizo pasar por él. Por esta razón, dicha obra también es conocida como La Epístola de Seudo-Clemente.


Referencias:

[1] Clemente de Roma. Epístola a los Corintios. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE.
[2] Glen Davidson, M.A. El Desarrollo de la Trinidad – La Evolución de una Nueva Doctrina. Copyright © 2012. Impreso por Pentecostal Publishing House, 8855 Dunn Road, Hazelwood, Mo. Consultado en la versión electrónica. Capítulo 1. Después de los Apóstoles de Hechos.  
[3] Ignacio de Antioquía. Epístolas de Ignacio. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE.
[4] Aunque aquí mencionamos a Tertuliano como el primer trinitario dentro del cristianismo, la teología de Tertuliano podría ser considerada herética por los trinitarios actuales, pues Tertuliano no creía en la que actualmente se considera la Trinidad Ortodoxa de tres personas divinas y distintas desde toda la eternidad en Dios, sino que él más bien creía en una Trinidad Económica, que se dio solamente a partir de un tiempo y con propósitos exclusivos de salvación.
[5] Policarpo de Esmirna. Epístola a los Filipenses. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE.
[6] Para profundizar más en los escritos de la edad post-apostólica, recomiendo estas dos obras de David K. Bernard: (1º) Unicidad y Trinidad 100-300 d.C., especialmente el Capítulo 1, La Edad Post-Apostólica 90-140 d.C., y (2º) Una Historia de la Doctrina Cristiana, Volumen 1., especialmente el Capítulo 2, Tempranos Escritores Post-Apostólicos 90-140 d.C. y el Capítulo 3, Escritos Anónimos y Seudónimos.