domingo, 17 de mayo de 2015

Jesús: ¿Un Delegado de Dios, O Dios en la Carne? (Un Análisis de Juan 3:16)


Por Robert A. Sabin. © Todos los derechos reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2015.


¿Dios envió a alguien más para salvar al mundo, o vino él mismo? Esa es la esencia de toda la cuestión divina. Todas las facetas de la teología cristiana se pueden dividir en tan solo dos campamentos: El primero está compuesto por los que creen que Dios envió a alguien más, mientras que el segundo está conformado por los que creen que Dios mismo vino manifestado en carne.


El Delegacionismo

Para el primer grupo acuñaré la palabra Delegacionismo, y la definiré así: “Dios envió a un delegado para salvar al mundo; en otras palabras, Dios envió a alguien más”.

Dentro del primer grupo se encuentran los trinitarios, los arrianos, los adopcionistas, los socinianos y otros.

Los trinitarios piensan que Dios envió al 'Hijo eterno', el 'Hijo eternamente engendrado', 'la segunda persona de la Trinidad'. Ciertamente yo no tengo ninguna intención de degradar a nadie que crea de una manera diferente a la nuestra, pero la Biblia nunca menciona al 'Dios Hijo'. Ese concepto no es bíblico. Las frases 'Hijo eterno de Dios' y 'la segunda persona de la Trinidad' no están en la Biblia. Tampoco está en la Biblia la palabra 'Trinidad', ni la definición de que hay 'tres personas en la Deidad'. Esas cosas han salido del intento del hombre por explicar a su manera lo que sólo la Biblia puede explicar: El gran Misterio de la Piedad.

Los arrianos creen que Jesús es un ser creado, que es la primera creación de Dios, y que Jesús completó los actos restantes de la creación. Jesús, 'el Hijo creado', existió junto a Dios en la eternidad, y vino a este mundo como el lugarteniente de Dios. Los 'Testigos de Jehová' sostienen este punto de vista arriano y hablan de un 'Hijo de Dios' creado, que en realidad era un ángel (o un 'Hijo ángel'). 

Los adopcionistas creen que Dios escogió a un hombre que había vivido una vida santa, y por eso lo adoptó como un hijo en el momento en que era bautizado en el río Jordán. 

Los socinianos creen que Jesús es 'divino' solamente en el sentido de que él representa a Dios, pero al igual que cualquier otro profeta, él no es realmente Dios sino solamente su representante. Ellos creen que Jesús es muy, muy grande, porque Dios tuvo parte en su engendramiento, pero que él no es Dios mismo, sino solamente su hijo. Así, los socinianos creen que Jesús fue el delegado de Dios.

En realidad no importa que cada uno de estos grupos tenga una cierta explicación diferente, pues lo que es significativo es que todos ellos creen que Dios envió a alguien más a traer salvación al mundo. Al final, todos ellos creen que Dios envió a otra persona, mientras que Dios mismo se mantuvo a distancia y no se involucró. Este concepto sostiene que Dios esperó en los cielos para ver cómo sucedió todo, y sólo se hizo presente de vez en cuando para hablar desde el cielo y decir: -"Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia…"-, etc. Así Dios permaneció alejado. Dios actuó como un espectador que observó cómo el 'Hijo de Dios', su delegado que vino a salvar al mundo, desplegaba el gran plan de Dios.


El Teo-encarnacionalismo

Para la segunda escuela de pensamiento acuñaré el término Teo-encarnacionalismo, (donde Teos, Teo, denota a Dios), y lo definiré así: “Dios mismo vino a salvar al mundo. Él no envió a un delegado o encomendado. Él no envió a un representante. Él no envió a alguien más, sino que Él mismo vino. Por lo tanto Jesús asumió un doble rol: El rol de Dios y el rol de Hijo del Hombre”.

Esta posición es creída por la gente que hoy en día es conocida como los creyentes en la Unicidad de Dios o unicitarios.

De hecho, nosotros también consideramos aceptable al término encarnación, pero no como lo define el Diccionario Webster al decir que es la creencia teológica que se refiere a "la unión de la segunda persona de la Deidad con la humanidad en Cristo". Nosotros creemos que Dios mismo fue quien se encarnó. 

Para mostrar la "dificultad" y sin embargo el sentido de esta posición, voy a citar del tercer capítulo del Evangelio de Juan. Nicodemo vino ante Jesús, pues estaba impresionado por los milagros y las señales que él hacía, y le dijo: "...nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (v.2); así que Nicodemo imaginó que Jesús era un buen hombre que gozaba de la compañía de Dios. Jesús entonces le dijo: "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (v.5). Luego de explicarle un poco más acerca de esto, le dijo en el versículo 12: "Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?". En el ministerio de Jesús siempre se presentó ese problema, porque en ese tiempo la gente tuvo dificultades para entender por qué Jesús estaba allí. Jesús le dijo: "Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (v. 13-16).

Jesús tiene que ser Dios mismo, a fin de dar la vida eterna. Aún así, usted podría confundirse con estas palabras del versículo 17: "Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él". Jesús habló sobre sí mismo. Mientras estuvo allí, él era un hombre, y como hombre él es el Hijo de Dios. Sin embargo, cuando tomamos en consideración todo el contenido de la Escritura, nos enteramos de que él no es sólo el Hijo de Dios, sino que él también es el mismo Dios. Isaías 9:6 lo llama: "Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno". Apocalipsis 1:8 dice que él es "el Alfa y la Omega, principio y fin… el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso". Juan 20:28, dice que Tomás lo llamó: "¡Señor mío, y Dios mío!". Juan 1:1 dice: "Y la Palabra era Dios". Ninguna de estas porciones de la Escritura (así como ninguna otra parte de la misma) dice que Jesús es 'el Hijo eterno'. Igualmente, ninguna porción de la Escritura dice que Jesús es una 'segunda persona' en la Deidad. Cada una de las porciones citadas, dice que Jesús es el Todopoderoso, el Dios fuerte; que él es Dios.


El Gran Amor de Dios Mostrado en Juan 3:16, Demuestra la Insuficiencia del Delegacionismo

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…" (Juan 3:16). 

El delegacionismo ha usurpado esta porción de la Escritura para tomarla como su texto bandera. Ellos creen que este texto enseña que Dios permaneció distante en los cielos, y que se limitó a observar como un testigo y espectador de su Hijo, quien fue quien entró en el mundo para dar su vida en rescate. Sin embargo es muy importante que sepamos que el que vino al mundo, fue también el mismo Dios.

¡Dios envió a su Hijo al mundo para salvar al mundo! ¿Se trata del 'Hijo eterno' o de 'la segunda persona', como dicen los trinitarios? ¿Se trata del hijo de Dios que fue creado antes de todas las cosas, como dicen los arrianos? ¿Se trata de un hombre muy santo al que Dios adoptó como hijo, como dicen los adopcionistas? ¿Se trata solamente de un hijo que le nació a Dios para ser su representante, como dicen los socinianos?  Si así fuera, entonces Dios siempre ha estado distante del mundo, y la prueba de esto es que él envió a otro. Pero el hecho de que se diga que Dios amó al mundo de una manera sin igual, implica que tuvo que haber un plan mucho mejor para nosotros, donde él mismo tuvo que estar absolutamente involucrado. Así que tuvo que haber alguna manera para que Dios pudiera relacionarse directamente con su creación mostrándole su amor por medio de sí mismo, y no por medio de otro. Tuvo que haber alguna manera para que Dios pagara el precio de manera directa. No tiene sentido decir que Dios amó tanto al mundo, y que por eso envió a otro (a un hijo que fue creado por él, o a un hijo distinto a él). Su gran amor se demuestra en que él mismo vino a pagar el precio de rescate para la humanidad.  

Cuando Saúl y los ejércitos de Israel acamparon en el valle de Ela, Goliat salió y desafió a los ejércitos de Israel, pero Saúl no estaba dispuesto a pagar el precio más alto. Cuando el muchacho David vino a la tienda, Saúl le dijo: -"Bueno David, si quieres ir a combatir al gigante, puedes ponerte mi armadura"- (1. Samuel 17:37-40). ¡Oh, cuán bondadoso parecía Saúl! ¡Cuán magnánimo! Finalmente Saúl se sentó en lo alto, para mirar hacia el valle a ver qué pasaría. ¿Pero esto en realidad hacía de Saúl un hombre bondadoso y grande? No, Saúl en realidad era un cobarde, pues permaneció alejado de la batalla; David sí fue el gran hombre. David descendió sin la armadura de Saúl, y en cambio se armó con una honda y cinco piedras lisas, poniendo su vida en riesgo. En caso de que David hubiera sido inmolado, Saúl estaba en una posición ventajosa para darse la vuelta, marcharse y escapar. David fue el que pagó el precio, pero Saúl no pagó ningún precio en absoluto. Por eso no es de extrañar, que después de la batalla las mujeres cantaran: "Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles" (1 Samuel 18:7). David fue el que realmente entró en la batalla.

La insuficiencia del delegacionismo también se puede ilustrar con otro momento de la vida de David. Cuando Dios trajo un juicio en contra de David por haber censado a los hijos de Israel, él le dio varias opciones de castigo. David pudo elegir entre siete años de hambre, huir de sus enemigos durante tres meses, o una plaga de parte del Señor durante tres días. David eligió la plaga de parte del Señor. Luego se dirigió a la zona donde ahora es Jerusalén, y quiso comprar una era para construir un altar allí. La era pertenecía a un jebuseo llamado Arauna, el cual dijo al rey David: -" Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey, [no te costará nada]". (2. Samuel 24:22-23). David, quien sentía que una ofrenda no se puede considerar de gran precio si no le cuesta nada a uno, dijo: "No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada" (2. Samuel 24:24). Dios solo considera valiosas aquellas ofrendas que implican algún sacrificio. Dios dijo que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Dios se negó a recibir la ofrenda vegetal de Caín porque no le costó ningún sufrimiento y derramamiento de sangre, pero miró con agrado el sacrificio de Abel porque trajo lo mejor de su rebaño, lo cual le costó sufrimiento y derramamiento de sangre. ¿Entonces aquella clase de dios que simplemente se queda sentado en el cielo, y le dice a un delegado: -"Usted va a ir a salvar al mundo"-, corresponderá con el Dios de la Biblia? ¿Un dios de esa clase será lo suficientemente bueno para nosotros? Yo digo, ¡NO!

La Biblia dice en Hechos 20:28, que somos parte de la iglesia de Dios "la cual él ganó por su propia sangre". Nuestro Dios no se quedó sentado en su tienda para decir: -"¡David, ve a enfrentarte con él, y para eso puedes usar mi armadura!"-. La Biblia dice que "la Palabra era Dios" (Juan 1:1). En Juan 1:14 dice: "la Palabra se hizo carne". En realidad la Palabra se hizo carne y no se limitó a morar en la carne. "Él se hizo carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad". Romanos 5:8, dice: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros". Esto no tendría ningún sentido en lo absoluto, a menos que usted entienda que "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" (2. Corintios 5:19). Dios no tenía sangre para derramar, y tampoco tenía una frente que pudiera ser perforada con una corona de espinas. Dios no tenía un costado que pudiera ser traspasado con una lanza, y tampoco tenía unas manos que pudieran ser atravesadas con unos clavos. Así que él se preparó un cuerpo humano. Dios hizo sombra sobre una virgen llamada María (Lucas 1:35), y por eso un ángel anunció que "lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es" (Mateo 1:20). Jesús no es un descendiente de Dios, pues él es mucho más que eso. Un ángel dijo: "llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21), y "llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" (Mateo 1:23). De manera que Dios se hizo carne a fin de poder tener sangre para derramar, para poder tener una frente que pudiera ser coronada con espinas, para poder tener una lengua que pudiera soportar la sed, para poder identificarse con el dolor humano, para poder meterse en el barro, y para poder participar en la salvación de la humanidad.  

El delegacionismo revela una debilidad de carácter. Pongamos un ejemplo: «-Un padre le pide a un niño, hijo suyo, que colabore con una labor en la casa. Sin embargo, el niño le pasa esa responsabilidad a su hermanita. Al darse cuenta, el padre le dice: -"Te dije que hicieras esto. Me alegro de que tu hermana lo hizo, pues eso es bueno para ella, pero yo quería que tú lo hicieras"-».  ¿Usted pensaría que el niño fue muy bueno o muy amoroso por delegar esa responsabilidad en alguien más?

¿Qué precio pagó Dios por hacer al mundo? Doy gracias al Señor por el universo y me alegro por el mundo que él creó. Pero si Dios está alejado de este mundo, si él siempre ha estado distante del mundo, si él sólo lo hizo pero nunca se ha involucrado con éste, entonces él está separado de su creación. Ahora, algunos dicen: -"Dios hizo a Jesús y luego Jesús hizo todo lo demás"-. Eso es todavía peor, porque la creación sería entonces el producto de un ser creado, y Dios estaría aún más alejado de la creación. ¿Si Dios solamente creó al mundo pero no ha querido involucrarse con éste, entonces cómo podríamos saber que en verdad le interesamos? ¿Cómo podríamos saber que Dios no se fastidiará de la humanidad para aniquilarla completamente? Usted podría decir, -"¡Dios no se fastidia hasta la sensación de exasperación!"-. Sin embargo, tenga en cuenta que cuando el pueblo de Israel adoró al becerro de oro, Dios le dijo a Moisés: -"¡Hazte a un lado, voy a matarlos, voy a deshacerme de todo ese grupo! ¡Y de ti Moisés, levantaré otro pueblo grande!"- (Ver Éxodo 32:10), así que Dios estaba dispuesto a destruirlos. En los días de Noé, el Señor dijo: "pues me arrepiento de haberlos hecho" (Génesis 6:7). El Señor estaba listo para borrarlos a todos, pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor (Génesis 6:8).

¿Cómo sabemos que Dios no se hartará alguna vez de la humanidad, para simplemente aniquilarlos a todos? ¿Cómo sabemos que la humanidad no va a ser destruida, tal como usted sería capaz de destruir a un castillo de arena que hubiera hecho a la orilla del mar? Dicho castillo no haría ninguna diferencia para usted, pues en su lugar usted podría hacer otro. El Dios que hizo a Adán, pudo haber hecho a otro Adán, y a otro, y a otro, y a un billón de ellos. El Dios que hizo el mundo con tanta facilidad, y que con tan solo decir: "Sea la luz" hizo que esta existiera, también podría decir: "Que deje de existir la luz", "que no haya mundo", "que no haya agua", "que no haya hierba". Pero hay una razón por la que sabemos que Dios no se cansará de este mundo, y es que Dios se ha hecho parte de este mundo. Dios se ha hecho parte de esta creación.

Dios asumió la condición humana, y en esa condición se unió a la raza humana y nació de una virgen. ¿Qué significa eso? Significa que Jesús, nuestro gran Dios, se manifestó en carne y vino al mundo como un Hijo. ¿Un Hijo en qué sentido? Un Hijo en el sentido de que como hombre, él es el único ser humano que fue engendrado por el Espíritu de Dios en una mujer virgen. Un Hijo en el sentido de que el gran creador realizó el acto de paternidad, entró en ese cuerpo, y vivió en ese cuerpo. Dios asumió la condición de Hijo de Dios, para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de Dios. Él vino y se unió a la raza humana para que nosotros pudiéramos participar de la naturaleza divina (2. Pedro 1:4). Él se hizo hombre, para que nosotros pudiéramos llegar a ser como él en su condición de hombre glorificado. La Biblia dice: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12). "Ahora somos hijos de Dios" (1. Juan 3:2). La manifestación de Dios en carne, no se trata de una manifestación temporal, y tampoco significa que Dios algún día se despojará de la condición humana que asumió para salvarnos. Nuestro Señor vivió aquí y él se fusionó con la humanidad. Dios se hizo hombre, y a partir de entonces él será para siempre un hombre, pero sin dejar de ser el Dios que siempre ha sido. 1. Corintios 15:28 dice que llegará el día en que el Hijo, la filiación, el ministerio del Hijo, someterá a sus enemigos debajo de sus pies, y entonces Dios será todo en todos. Sin embargo, él nunca se despojará de su cuerpo humano glorificado, porque en los cielos nuevos y la tierra nueva, Dios mismo estará con los santos (Apocalipsis 21:3), y al ver el rostro de Jesucristo veremos a Dios (Apocalipsis 22:3-4), quien será nuestro Padre y nosotros sus hijos (Apocalipsis 21:7).

¿Habría sido muy difícil para Dios traer a la existencia a un ser como el "Cristo" sociniano? ¡Absolutamente no! Él podría haber hecho a uno, a un millón, o a un billón de ellos. ¿Habría sido muy difícil para Dios que apareciera un ser creado, como el "Cristo" arriano? ¡De ningún modo! Él hizo a los ángeles, una miríada, al punto que cuando él estuvo aquí en la tierra, dijo: "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?" (Mateo 26:53). ¿Para Dios habría sido difícil que existiera un "Cristo" como el de los adopcionistas? No, e incluso podría haber hecho que aparecieran multitudes de ellos, al adoptar no solo a uno, sino a muchos hombres. Así que Dios podría haber hecho fácilmente a un billón de "Cristos" socinianos, arrianos o adopcionistas, y eso no hubiera sido gran cosa ni para Dios ni para nosotros. Desde el punto de vista trinitario, generalmente se alega que la encarnación es una acción única que sólo pudo llevar a cabo "la segunda persona"; pero si esto fuera cierto, entonces "la segunda persona" sería de categoría inferior respecto a "la primera" y "la tercera" "personas" de "la deidad trina" (quienes no podrían encarnarse), lo cual negaría la coigualdad de la que habla el trinitarismo ortodoxo, y finalmente esa doctrina quedaría desenmascarada como politeísmo ¡Así que un "Cristo" trinitario, tampoco sería gran cosa! Si un trinitario replica que cualquiera de las tres supuestas personas divinas coiguales pudo haber sido delegada por las otras para volverse hombre, entonces esto haría que desde ese punto de vista trinitario pudieran haberse producido por lo menos tres "Cristos", lo que no haría ninguna diferencia con los múltiples "Cristos" que podrían haberse producido desde el socinianismo, el arrianismo o el adopcionismo.

Pero para producir al verdadero Cristo, Dios tuvo que someterse al tiempo. Dios, que es más grande que el universo, tuvo que reducirse a sí mismo al tamaño de una sola célula humana reproductiva, y poner a esa célula de tamaño microscópico en el útero de una mujer. Dios, para convertirse en el Cristo que murió por nosotros, tuvo que respirar su primer aliento en un establo. Dios, para ser el Cristo que conocemos, tuvo que vivir treinta años en el pequeño pueblo de Nazaret. Dios, para ser el Cristo a quien servimos, tuvo que caminar sobre la tierra, y durante tres años y medio soportar las burlas, las críticas y las declaraciones irreflexivas que se dijeron en contra de él, aunque él solo hizo lo bueno. Él tuvo que escuchar amenazas y tuvo que ser rechazado por la gente. Para ser la clase Cristo que realmente es, él tuvo que desnudar su espalda a sus heridores. Él tuvo que estar en silencio mientras le arrancaban la barba. Él tuvo que sentir los golpes sobre su rostro hasta que fue desfigurado por los hombres. Para ser el Cristo en el cual creemos, él tuvo que someterse a ser crucificado, y tuvo que colgar durante seis horas en la cruz. Dios, quien podría pasar diez mil eternidades sin adormecerse, tuvo que someterse al tiempo y tomar un cuerpo para derramar su sangre. Él pudo haber hecho en un instante a un "Cristo" arriano, adopcionista o sociniano, pero tuvo que pagar un precio para hacerse el verdadero Cristo.  


Jesús, Dios y Hombre

Desde antes de la fundación del mundo, Dios ya había trazado el plan de manifestarse en carne para salvarnos en Cristo. La Biblia dice: "sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (1. Pedro 1:18-20).  Nuestro Dios dijo: "Tengo sed" (Juan 19:28). Este era el Dios que no necesitaba de agua, alimentos o sustancias, que no necesitaba nada. Sin embargo, él estaba en una posición en la que tenía que decir: "Tengo sed". Como Dios, él no tiene que preocuparse por nada, pues tiene tal poder que calmó el hambre de una multitud al multiplicar unos panes y unos peces, y resucitó a Lázaro diciéndole: "¡Ven fuera!" (Juan 11:43). Pero en la cruz, él tuvo que encomendar a Juan  el cuidado de María, al decirle: "He ahí tu madre" (Juan 19:27), "estoy preocupado por ella y por eso quiero que tú te ocupes de ella, pues yo no voy a estar aquí para hacerlo, así que ahí tienes a tu madre"; y "Mujer, he ahí tu hijo" (Juan 19:26). El Dios que no necesita nada, tuvo que colgar en la cruz y decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Salmos 22:1, Mateo 27:46). Se sintió desamparado, así como nosotros a veces nos sentimos.

Usted dirá: -"¡Entonces Él no es Dios!"-. Nuestra respuesta es que él si es Dios, pero al manifestarse en carne como un hombre, tuvo que sentirse desamparado y experimentar las emociones humanas, para ser semejante a nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4:15). Dios no se convirtió en el Cristo al que servimos por sólo decir palabras. Él se tuvo que manifestar en carne para vivir treinta y tres años y medio con la humanidad, y así entonces ser ofrecido en una cruz a fin de traer la salvación para nosotros. Cuando nuestro Dios, en su condición humana ascendió al cielo, llevó en su cuerpo las marcas del sacrificio que realizó a favor de la humanidad. Nosotros vamos a conocerlo por las marcas de los clavos en sus manos. Nuestro Dios/hombre tiene las cicatrices de su aflicción. Nuestro Dios no le dijo a un delegado: -"¡Hijo, ve a salvarlos! ¡Cuando regreses, aquí estaré esperándote! ¡Yo te ayudaré un poco a lo largo del camino! ¡Haré que el cielo se oscurezca y que la tierra tiemble, cuando tú estés colgando en la cruz! ¡Tú deberás suspirar muy profundamente y deberás apretar los dientes, pues todo habrá terminado en breve! ¡Yo me quedaré aquí arriba observándote!"-.

En una porción de la Escritura que cité anteriormente, Jesús nos dijo: "Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre, que está en el cielo" (Juan 3:13). Él nos estaba diciendo que mientras estaba aquí en la tierra, su Espíritu que irradiaba a través de él y llenaba toda la extensión conocida. Al mismo tiempo en que él ocupaba un espacio físico como hombre, en su condición de Espíritu también estaba en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Mientras que Dios estaba salvando al mundo manifestado en carne, también en su condición de Espíritu estaba sentado en su trono celestial al mando del universo. A pesar de que él estaba viviendo aquí con un corazón que latía y hacía fluir la sangre por sus venas, él todavía estaba a cargo de todas las cosas. Por eso él pudo decir: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Jesucristo como hombre estaba limitado a su cuerpo, pero como Espíritu podía estar en medio de los que estuvieran congregados en su nombre. Por eso pudo decirle a Natanael, (y lo impresionó tanto, que Natanael se convirtió en su seguidor), "He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi". (Juan 1: 45-48). No hay duda de que Cristo, a pesar de vivir en la tierra, también lo llenaba todo.

Como hombre, había cosas que él no sabía. Él dijo: "¿Quién ha tocado mis vestidos?" (Marcos 5:30). También dijo: "Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre" (Marcos 13:32). Como un hombre no lo sabía todo, pero sus discípulos le dijeron: "Señor, tú lo sabes todo" (Juan 21:17). Como Dios, él lo sabe todo y está a cargo del universo. Él creó todo, "Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él" (Colosenses 1:16). Los "Testigos de Jehová" están equivocados, pues ellos dicen que Dios creó a Cristo, y que todas las demás cosas fueron hechas por Cristo. Pero la Biblia dice que "todo fue creado por medio de él...". Cuando Dios se manifestó en carne, la Deidad se fundió con la humanidad. Así que cuando Jesús nació en Belén, él era completamente Dios, pero viviendo y actuando en la condición de hombre. Aun así, Jesús no alardeó de su Deidad, y por lo general repelió las alabanzas que le daban como hombre, dirigiendo la alabanza al Padre, a no ser que se tratara de alguna pregunta directa como la de Felipe: "Señor, muéstranos el Padre" (Juan 14: 8), que queremos conocerlo. Él le contestó claramente: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?" (Juan 14:9).

El Señor continuamente les habló a sus discípulos acerca del Padre y del Hijo por medio de alegorías. Pero llegó el momento en el que les dijo: "Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre" (Juan 16:25). Si usted desea conocer acerca de Cristo, e inicia un estudio juicioso acerca de él, encontrará que hay entendimientos y profundidades en el conocimiento de Cristo que nunca imaginó. Su velo sobre la identidad de Cristo se irá levantando poco a poco, y el Señor se le revelará progresivamente. El apóstol Juan habló de la venida de Cristo en las nubes, y lo presentó como un hombre montado sobre un caballo blanco que se identifica como la Palabra de Dios, y el Rey de reyes y Señor de señores. “Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: LA PALABRA DE DIOS… Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:13,16). El apóstol Pablo dijo que cuando Jesucristo aparezca por segunda vez, su aparición mostrará al único que habita en luz inaccesible, y al que por tanto ningún hombre puede ver. Esto porque a Dios no lo podremos ver en su condición de Espíritu invisible, pero sí lo podremos ver manifestado en carne. “que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”. (1. Timoteo 6:14-16). Cuando Jesús vino a este mundo él demostró ser mucho más que un profeta, pues al limpiar y perdonar los pecados demostró ser Dios en la carne. Él dijo: "Ni yo te condeno; vete, y no peques más" (Juan 8:11), "Tus pecados te son perdonados" (Mateo 9: 2), "Quiero, sé limpio" (Marcos 1:41), etc. Un profeta de Dios no hace, ni dice eso, pues el perdón de los pecados es una propiedad exclusiva de Dios (Lucas 5:21). 

Cuando Jesús ascendió al cielo, él no perdió su condición humana. Él todavía posee la naturaleza humana, con la diferencia de que ahora tiene un cuerpo humano glorificado. ¿Qué significa esto? Significa que porque él vive, nosotros también viviremos (Juan 14:19). El hombre fue hecho del polvo de la tierra, y esto lo hace finito. Cuando respiramos nuestro último aliento,  volvemos al polvo. Pero Jesús venció a la muerte, al infierno y al sepulcro; Él vive para siempre. Jesús dijo, yo soy "el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (Apocalipsis 1:18). Eso significa que él se unió a nuestra raza humana. Él no va a aniquilar a nuestra raza humana, pues se ha hecho miembro de la misma. ¡Porque él vive, nosotros también viviremos!

Para que Cristo nos pueda dar la vida eterna, él tiene que ser el Dios Todopoderoso. Ningún 'Hijo' creado podría darnos la vida eterna, ya que él mismo habría necesitado recibir la vida de alguien más, y por lo tanto no sería poseedor de la vida eterna. Ninguna criatura podría darnos la vida eterna, ya que esta sería parte de la creación. Sólo el gran Dios, cuando pasó a formar parte de esta creación, pudo proveernos realmente la vida eterna. Porque él vive, nosotros también viviremos. Él no envió a un delegado; él no envió a un sustituto. Él no se comportó como Saúl, quien envió a David a enfrentar al gigante. Él no hizo como Caín, quien ofreció una ofrenda sin sangre. Él no pagó una parte del precio, sino que pagó el precio completo. Debido a que sin sangre no hay perdón de pecados (Hebreos 9:22), entonces él participó de carne y sangre (Hebreos 2:14), y la Iglesia ha sido ganada con la propia sangre de Dios (Hechos 20:28) ¡Qué maravillosa verdad! ¡Nuestro Padre vino! ¡Cristo es el Dios Poderoso! ¡Cristo es el Padre Eterno! ¡El Hijo es el Padre manifestado en carne! ¡El Creador se hizo el Cordero! ¡Qué maravilloso es el Dios al cual servimos! ¡Qué extraordinario es nuestro Salvador! ¡Él no envió a un delegado! ¡Él no envió a otra persona! ¡Dios no envió a otro a salvar al mundo! ¡Él mismo vino!