sábado, 13 de mayo de 2017

El Espíritu Santo del Padre se convirtió en el Hijo


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Capítulo 4, del libro: “El Caso de la Teología de la Unicidad”.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Hay una clara distinción entre Dios como el Padre, y Dios que más tarde se manifestó Él mismo en la carne como Dios con nosotros como un verdadero hombre. Por lo tanto, la relación Padre e Hijo nunca se produjo sino hasta el tiempo cuando el Padre se encarnó como un verdadero hombre. Así, las Escrituras enseñan que el Padre es el único Dios verdadero, que también se encarnó como un humano verdadero que es el “niño nacido” y el “Hijo dado”. Él es llamado “el Dios fuerte” y “el Padre Eterno” en cuanto a su verdadera identidad divina (Isaías 9:6 - “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”), pero un Hijo en cuanto a su verdadera identidad humana.

Aunque las Escrituras claramente llaman al Hijo “el Dios fuerte” y “el Padre Eterno”, la doctrina de la Trinidad afirma que el Hijo no es el Padre y que el Padre no es el Hijo. Por lo tanto, si las Escrituras demuestran que el Hijo es el Espíritu Santo del Padre, y el Espíritu Santo del Padre se encarnó como el Hijo, entonces toda la doctrina de la Trinidad se derrumba.


EL ESPÍRITU SANTO DEL PADRE, SE ENCARNÓ Y SE CONVIRTIÓ EN EL HIJO CRISTO

El teólogo unicitario Jason Dulle, en su respuesta en línea a un trinitario, resumió las similitudes y las diferencias entre los puntos de vista de la unicidad y de la trinidad sobre Dios encarnado:

“La Escritura nunca distingue entre la deidad del Hijo y la deidad del Padre, sino que todas las distinciones están entre Dios en su existencia omnipresente y trascendente, y Dios en su existencia como un ser humano genuino. La distinción no está en la deidad, sino en la humanidad de Jesucristo... Los creyentes unicitarios y trinitarios se asemejan en que: 1°. Ambos creen en un Dios; 2°. Ambos creen que el Padre, el Hijo y el Espíritu son Dios; 3°. Ambos confiesan que la Escritura hace una distinción entre el Padre, el Hijo y el Espíritu; 4°. Ambos creen que el Hijo de Dios murió en la cruz, y no el Padre; 5°. Ambos creen que Jesús estaba orando al Padre, y no a sí mismo. (Jason Dulle. “El Dilema  de un Trinitario con la Doctrina de la Unicidad” - http://www.onenesspentecostal.com/onenessstruggles.htm).

A lo largo de los años, he observado que a menudo, muchos trinitarios se confunden acerca de lo que realmente creen los Pentecostales Unicitarios. Muchos alegan falsamente, que nosotros decimos que no hay en absoluto ninguna distinción ontológica entre el Padre y el Hijo. Por lo tanto, a menudo caricaturizan nuestra doctrina para burlarse de nosotros, diciendo que nosotros creemos que el Padre realmente murió en la cruz en su condición de Padre, o que el hombre Jesucristo en realidad se oró a sí mismo en la condición de Padre. Todos los adherentes a la Unicidad que son expertos, creen que Dios se convirtió en un verdadero hombre en la encarnación a través de la virgen con una “vida (humana distinta) en sí mismo” (Juan 5:26; Hebreos 2:17 NIV “totalmente humano en todos los sentidos”),  para sufrir, orar y morir por nuestros pecados. Por lo tanto, muchos trinitarios están alegando erróneamente que nosotros negamos cualquier distinción entre Dios como Dios (el Padre), y Dios con nosotros como un hombre (el Hijo) que ha sido hecho “totalmente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV). Pero esto no es lo que nosotros confesamos, ya que Dios como Dios no puede ser “totalmente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV) sin que se violen pasajes tales como Números 23:19 (“Dios no es hombre”) y Malaquías 3:6 (“Porque yo Yahvé no cambio”). Lo que en realidad afirmamos, es que el hombre Cristo Jesús, como el Hijo del Dios vivo no es “Dios con nosotros” ontológicamente como Dios, sino más bien “Dios con nosotros” como un verdadero Hijo humano (un hombre) que podía orar (Lucas 5:16), ser guiado por el Espíritu Santo (Mateo 4:1 “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto”), y crecer “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Así, Dios como Dios el Padre, no es ontológicamente un hombre que pueda “orar” y ser “tentado por el mal” (Santiago 1:13, “Dios no puede ser tentado por el mal”). Tampoco, Dios como el Padre ontológicamente, pudo sufrir y morir en la cruz por nuestros pecados (Números 23:19 – “Dios no es hombre”).

Jason Dulle, explica así las principales diferencias entre las posturas de la Unicidad y la Trinidad:

“Los creyentes unicitarios y trinitarios difieren en que: 1°. Los trinitarios creen que el Dios único consiste en tres personas eternas, mientras que los unicitarios creen que el Dios único es una persona; 2°. Los trinitarios creen que la segunda persona de la Trinidad se encarnó, mientras que los unicitarios creen que el Padre, que es una persona, se encarnó como el Hijo de Dios; 3°. Los trinitarios creen que el Hijo es eterno, mientras que los unicitarios creen que el Hijo no existió sino hasta la encarnación, porque el término Hijo se refiere a Dios existiendo como hombre, y no como existe en su divinidad esencial; 4°. Los trinitarios ven las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo como una distinción tanto en la personalidad como en la carne, mientras que los unicitarios creen que todas las distinciones son el resultado de la relación del Espíritu de Dios con el encarnado Dios-hombre. Entonces, en lo pertinente a la cristología, la diferencia entre los trinitarios y los unicitarios, es que los trinitarios dicen que fue la segunda persona de la Trinidad, y no el Padre, quien se hizo hombre; mientras que nosotros sostenemos que el único Dios, conocido como el Padre, se hizo hombre. El testimonio de Jesús fue que el Padre estaba en Él (Juan 10:38; 14:10-11; 17:21), y que aquellos que lo vieron a Él, vieron al Padre (Juan 14:7-11). Jesús es la imagen expresa de la persona del Padre (Hebreos 1:3). Los trinitarios tienen dificultades para explicar estos versículos, porque ellos sostienen que una segunda persona se hizo carne. Si ese fuera el caso, y el Padre no estuviera encarnado, ¿entonces por qué Jesús siempre dijo que el Padre estaba en Él, pero nunca dijo que una segunda persona estaba en Él? (Jason Dulle. “El Dilema  de un Trinitario con la Doctrina de la Unicidad” - http://www.onenesspentecostal.com/onenessstruggles.htm).

El teólogo unicitario Jason Dulle, describió correctamente las principales áreas de acuerdo y desacuerdo entre las posiciones unicitaria y trinitaria, que respaldan todo lo que yo he estado enseñando. Yo desafío a todos los que leen este libro, a que examinen honestamente toda la evidencia bíblica con corazones verdaderos y nobles, para ver si la posición teológica de la Unicidad que estamos compartiendo, coincide o no con la Biblia. Porque todos los verdaderos seguidores de Jesucristo deben estar dispuestos a “examinar las Escrituras”, y a ser “nobles” como lo hicieron los judíos de Berea cuando examinaron las Escrituras para ver si las cosas que los apóstoles enseñaban eran verdaderas o no. (“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres” - Hechos 17:11-12).

La evidencia bíblica demuestra que el Hijo es el hombre que tuvo un comienzo por su concepción y engendramiento en la virgen, mientras que el Espíritu Santo del Padre es la Identidad Divina que se encarnó como el Hijo Cristo.

Lucas 1:35. “EL ESPÍRITU SANTO VENDRÁ SOBRE TI, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.

Mateo 1:20. “...no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, es DEL (se traduce de “ek” = “salir desde” el) ESPÍRITU SANTO”.

Cristo Jesús afirmó que Él descendió del cielo (Juan 6:38, “he descendido del cielo”), pero a la única Persona Espiritual que encontramos bajando del cielo para llegar a ser el Hijo Cristo, es al Espíritu Santo (Lucas 1:35 y Mateo 1:20). Mateo 1:20, no prueba que el Hijo Cristo fue concebido “SALIENDO DE” un supuesto Dios el Hijo, sino “SALIENDO DEL ESPÍRITU SANTO” del propio Padre celestial omnipresente (“lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” – Mateo 1:20). Esto explica por qué Jesús siempre habló de su divinidad como el Padre, en lugar de como un supuesto Hijo divino, coigual y distinto. (“Señor, muéstranos al Padre y con eso nos basta.... ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. – Juan 14:7-9 NVI / “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió”. – Juan 12: 44-45). Es difícil imaginar a una verdadera Persona coigual y distinta llamada Dios el Hijo, diciendo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Juan 14:8-9) y “El que me ve, ve al que me envió” (Juan 12:45), si se tratara realmente de una Persona  distinta y coigual llamada Dios el Hijo que estaba encarnada,  y no de Dios el Padre encarnado como un hombre; pues una supuesta Persona verdadera y distinta llamada Dios el Hijo, debería haber dicho: “El que me ha visto a mí, ha visto al Dios Hijo eternamente distinto” y “el que cree en mí, cree en el coigual Hijo divino”. En cambio, Jesús dijo claramente que verlo a Él y creer en Él, es creer en la Identidad Divina del Padre. ¿Dónde queda entonces la dignidad divina, y la creencia en la supuesta segunda Persona divina del Dios Hijo, y en la supuesta tercera Persona divina de Dios el Espíritu Santo del concepto trinitario de la deidad?


EL ESPÍRITU SANTO PROPORCIONÓ LOS CROMOSOMOS Y EL TIPO DE SANGRE MASCULINOS AL HIJO CRISTO

“Él (el Hijo) es el esplendor (apaugasma = “brillo reflejado”) de su gloria (la gloria del Padre) y la imagen expresa (karaktér = una “estampa”, “impresión” o “copia” hecha de un original para ser la “representación” de ese original) de su Persona (de la Persona original del Padre - hipóstasis = “sustancia del ser” - Hebreos 1:3 KJV).

Aquí encontramos la evidencia bíblica que demuestra que en la encarnación, el Padre mismo suministró su milagrosa sustancia Divina del Ser para producir al niño Cristo, al “estamparlo” como una “copia impresa” de su original “sustancia del Ser” (ver karaktér e hipóstasis en Hebreos 1:3), como un ser humano total y completo en la virgen. Pues si el Hijo de Dios hubiera sido concebido como la encarnación de un supuesto Dios el Hijo, ¿cómo es que la presencia de la Persona del Espíritu Santo vino sobre María (Lucas 1:35) para concebir al niño Cristo, y no la presencia de una presunta Persona llamada Dios el Hijo? Lucas 1:35 (LBLA) declara notoriamente que “el Espíritu Santo vendrá sobre ti (la virgen)” y “por eso el santo Niño que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Aunque a través de las Escrituras hebreas encontramos numerosas referencias al omnipresente Espíritu Santo, nunca encontramos a un preexistente Hijo viviente en ninguna parte desde el Génesis hasta Malaquías. Este hecho, por sí solo, debe servir como una bandera roja para todos aquellos que han sido engañados creyendo en un Dios el Hijo preexistente y eternamente distinto.

El ángel le dijo a José: “...el Niño que se ha engendrado en ella es DEL (lit. ek, ʻsalió delʼ) ESPÍRITU SANTO”. (Mateo 1:20 LBLA).

El contexto de Hebreos 1:3 provee evidencia irrefutable para demostrar que el Hijo es el resplandor de la gloria del Padre y la imagen expresa de su Persona (la Persona del Padre o la “Esencia del Ser”) que se convirtió en una persona humana en la virgen. Puesto que Mateo 1:20 nos informa claramente que el Hijo Cristo fue producido [ek] “SALIÓ DE” la “Esencia del Ser” de “EL ESPÍRITU SANTO” (“...el niño que se ha engendrado en ella es DEL  (lit. ek, ʻsalió delʼ),  ESPÍRITU SANTO” – Mateo 1:20), sabemos que el Espíritu Santo tiene que ser el Espíritu Santo del Padre que descendió sobre la virgen. Esto es muy problemático para la doctrina trinitaria, que afirma que un distinto Dios el Hijo se encarnó, y no el Espíritu Santo del Padre. Hebreos 1:3 declara que el Hijo fue reproducido desde la Esencia del Ser del Padre, mientras que Mateo 1:20 declara que el Hijo fue reproducido desde la Esencia del Ser del Espíritu Santo (“... el niño que se ha engendrado en ella es DEL [ek, salió del] ESPÍRITU SANTO” - Mateo 1:20 LBLA). La única manera de armonizar los datos bíblicos, es creer que la Esencia del Ser del Espíritu Santo, es la misma Persona divina del Padre que se encarnó, lo que demuestra la Unicidad/Modalismo, mientras que refuta al Trinitarismo, al Arrianismo y al Unitarismo Sociniano. Por lo tanto, el peso de la evidencia bíblica demuestra que la divinidad del Espíritu Santo del único Dios verdadero que es el Padre, fue unida a la humanidad a través del óvulo de María (“Dios envió a su Hijo, hecho de [ek, ʻsalió deʼ] una mujer” – Gálatas 4:4 KJV) para convertirse en un hombre distinto, que es el Hijo del Dios viviente.

Lucas 1:35 nos informa por qué el Hijo, es llamado el Hijo (“El Espíritu Santo vendrá sobre ti… por eso el santo Niño que nacerá, será llamado Hijo de Dios” – Lucas 1:35 LBLA). El Hijo es llamado el Hijo de Dios, por su milagrosa concepción virginal de [ek, ʻsalió deʼ]  una mujer [de María – Gálatas 4:4] y del [ek, ʻsalió deʼ]  Espíritu Santo (Mateo 1:18, 20). Ninguna porción de la Biblia entera, nos da cualquier otra razón por la cual el Hijo de Dios sea llamado el Hijo, que no sea la razón que el Nuevo Testamento nos da en Lucas 1:35. De hecho, ninguna porción en toda la Biblia, ha declarado alguna vez que el Hijo como Hijo, haya existido desde siempre como una supuesta Persona de Dios el Hijo a lo largo de toda la eternidad pasada (Salmo 2:7, Hebreos 1:5, Juan 5:26), lo que destruye por completo a la doctrina trinitaria.

“como el Padre tiene vida en sí mismo, así también HA DADO AL HIJO EL TENER VIDA EN SÍ MISMO” (Juan 5:26).

Aquí podemos ver claramente que el Hijo es el hombre, y el hombre es el Hijo a quien el Padre le concedió una vida humana distinta. Dios el Padre le concedió una vida distinta al Hijo humano, mediante el suministro sobrenatural de los cromosomas masculinos desde su propia “sustancia del Ser” (hipóstasis) que fue “reproducida” o “impresa” dentro del óvulo humano de la virgen (Hebreos 1:3; 2:14-17). Ya que Dios el Padre es un Espíritu que no tiene carne y sangre (Juan 4:23:24), sabemos que la Esencia del Ser del Padre suministró milagrosamente los cromosomas y el ADN masculino dentro de la virgen, para producir al Hijo Cristo. Si el Padre no hubiera aportado los cromosomas masculinos dentro de la virgen, entonces Jesús no hubiera podido ser concebido y nacido como un niño varón, ya que María habría dado a luz a un clon femenino de sí misma.


LA SANGRE DE DIOS

Hechos 20:28, realmente dice: “...la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre”. (Ver por ejemplo, LBLA y NVI). Aunque hay lecturas variantes de Hechos 20:28, el peso de la evidencia apunta a la propia sangre de Dios, pues la frase “Iglesia de Dios” es usada en todo el Nuevo Testamento, pero nunca la “Iglesia del Señor”. El Comentario de Ellicott dice: “El hecho de que en otros lugares, San Pablo habla invariablemente de “la Iglesia de Dios” (i.e., 1. Corintios 1:2, 2. Corintios 1:1, Gálatas 1:13, 1. Tesalonicenses 2:14, et al.), y nunca de ‘la Iglesia del Señor’, es una evidencia muy convincente para demostrar que la lectura correcta debe ser “la Iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre” en lugar de “la Iglesia del Señor”. Clemente de Alejandría, es el testigo cristiano más antiguo de que el texto dice “la sangre de Dios” (finales del siglo II, Quis Dives, c. 34) en vez de “la sangre del Señor”.

La autora Débora Bohn, escribió: “La mayoría de las células del cuerpo contienen 46 cromosomas, pero el espermatozoide de papá y el óvulo de mamá contienen sólo 23 cromosomas. Cuando el óvulo se encuentra con el espermatozoide, se unen para formar los 46 cromosomas de una sola célula que se dividirá rápidamente hasta que se convierte en aproximadamente 100 billones de células que se retuercen amorosamente entre unos pañales, se alimentan y balbucean todo el día. Cada cromosoma lleva muchos genes, que también vienen en parejas. Dado que la mitad de los genes de su bebé vienen de mamá y la otra mitad son de papá, la probabilidad de que un bebé reciba algún gen en particular es similar a la probabilidad de lanzar una moneda. Suena como si fuera fácil predecir las posibles combinaciones que componen la apariencia y la personalidad de su bebé, ¿verdad? Pero no hay tal suerte. Sólo unos pocos rasgos, como el tipo de sangre, están controlados por un único par de genes (el par de genes recibidos de ambos padres)”. (Débora Bohn, https://Babble.com)

Richard Hallick, escribió: “El tipo de sangre humana está determinado por los alelos codominantes. Un alelo es una de varias formas diferentes de información genética que está presente en nuestro ADN, en una ubicación específica, en un cromosoma específico. Existen tres alelos diferentes para el tipo de sangre humana, conocidos como IA, IB e i. Por simplicidad, podemos llamar a estos alelos A (para IA), B (para IB) y O (para i). Cada uno de nosotros tiene dos alelos de tipo sanguíneo ABO, porque cada uno hereda un alelo de tipo sanguíneo de nuestra madre biológica y uno de nuestro padre biológico(Richard B. Hallick, Universidad de Arizona, © 1997, http://www.blc.arizona.edu)

Aquí encontramos evidencia científica, que demuestra que el tipo de sangre de Cristo debió haber “salido de María” (Gálatas 4:4) su madre, y haber “salido del Espíritu Santo” (Mateo 1:20) como su Padre. Así que en cierto sentido, podemos decir que la sangre de Jesús es la sangre de Dios, porque el Espíritu de Dios contribuyó milagrosamente a la sangre del niño Cristo. Aunque la sangre de Jesús no es ontológicamente la sangre de Dios, podemos afirmar que la sangre de Cristo pertenece al Dios que se hizo hombre en la encarnación a través de la virgen, porque la sangre de Jesús pertenece al “Padre Eterno” (Isaías 9:6), quien es el propio Espíritu Santo que se encarnó como un Hijo humano.

Como el niño Cristo no tuvo padre humano biológico, entonces el Espíritu Santo de Dios mismo, que descendió sobre la virgen, tuvo que suministrar milagrosamente los cromosomas masculinos y el tipo de sangre masculina, para hacer de Jesucristo un verdadero Hijo varón. Por lo tanto, se puede decir que Jesús lleva los cromosomas, y el tipo de sangre de María y de Dios mismo. Así, en cierto sentido el cuerpo físico de Jesús puede ser llamado el cuerpo de Dios y la sangre de Dios, porque Dios mismo se hizo hombre a través de la virgen [Nota: No se puede decir que la carne de Jesús es “carne divina”, pero como Dios se convirtió en uno de nosotros para salvarnos, el cuerpo físico de Jesús es el nuevo cuerpo humano asumido por Dios].


EL ESPÍRITU SANTO DESCENDIÓ DEL CIELO PARA CONVERTIRSE EN EL HIJO CRISTO

Juan 3:13. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”.

Sabemos que Enoc y Elías, ambos ascendieron al cielo (Génesis 5:21-24; 2 Reyes 2:11-12). Por lo tanto, lo que Cristo debió haber querido decir, es que ninguno de los que vivía en la tierra durante el tiempo de Jesús, había subido al cielo. Incluso, después de la ascensión de Cristo al cielo, Pablo declaró que su espíritu probablemente fue sacado de su cuerpo y llevado hasta el “tercer cielo”, porque él dijo: “si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe”, y a continuación dijo que allí en el cielo “oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2. Corintios 12:2-4). Así, parece que el espíritu humano de Pablo ascendió brevemente al cielo, como también parece que el espíritu humano de Jesús ascendió brevemente al cielo para ver y oír las cosas celestiales mientras todavía estaba sobre la tierra como un hombre. Sin embargo, a diferencia de Pablo que más adelante subió al cielo como un hombre finito, Jesús como el Dios infinito fue capaz de bajar del cielo, mientras que al mismo tiempo estaba en el cielo.

Juan el Bautista se refirió a Jesús cuando dijo: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos”.  (Juan 3:31).

El uso que Juan hace de las palabras: “El que de arriba viene, es sobre todos”, para describir a Jesús en Juan 3:31, señala al Único Dios verdadero de Efesios 4:10 que “subió por encima de todos” como nuestro “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:6). Debido a que de nadie más, sino solo de Dios, puede decirse que es “sobre todos”, entonces claramente Jesús descendió del cielo cuando el Espíritu Santo de Dios el Padre se encarnó como un verdadero hombre. Es por eso que Jesús es la misma identidad divina como Emmanuel, “Dios con nosotros”, que está sobre toda su creación.

No hay duda de que el contexto de Juan capítulo tres, está dirigiéndose a Jesucristo como “el que viene del cielo”. Juan habló de Jesús como el único hombre que vino del cielo, mientras que simultáneamente existió en el cielo (“el Hijo del Hombre, que está en el cielo” – Juan 3:13), porque sólo Jesús como Dios con nosotros como un hombre, es el único que continuó siendo “sobre todos” como Dios en el cielo, mientras que simultáneamente existió como un hombre en la tierra. Juan entonces contrastaba al Uno “que viene del cielo” que “es sobre todos”, con los seres humanos “de la tierra”, porque de nadie más que de Jesús puede decirse que ha descendido del cielo mientras que al mismo tiempo está en el cielo. Los profetas, incluyendo a Juan, fueron hombres de la tierra que recibieron autoridad del cielo para predicar la Palabra de Dios y dar los mandamientos de Dios al pueblo. Es bajo esta luz, que Jesús dijo que el bautismo de Juan fue “del cielo” (Mateo 21:25), pero de ningún simple profeta mortal puede decirse que ha bajado “del cielo” (“he descendido del cielo” – Juan 6:38) mientras que continúa estando en el cielo como el Señor “sobre todos” (Juan 3:13. “el Hijo del Hombre, que está en el cielo”, Juan 3:31 “El que de arriba viene, es sobre todos”).

Lo mismo es cierto en 1. Corintios 15:47, que claramente establece que el primer hombre Adán, fue originado al ser creado de la tierra, mientras que “el segundo hombre (el postrer Adán) es el Señor del cielo” (1. Corintios 15:47 KJV). 1. Corintios 15:45-47 NVI, “Así está escrito: «El primer hombre, Adán, se convirtió en un SER VIVIENTE»; el último Adán, en el Espíritu que da vida. No vino primero lo espiritual, sino lo natural, y después lo espiritual. El primer hombre era del polvo de la tierra; el segundo hombre, del cielo”.

Observe el contraste entre Adán y Jesús. El contexto de 1. Corintios 15:45-47, trata de Adán como el primer hombre cuyo origen era “de la tierra, terrenal”, pero “el segundo hombre es del cielo” (LBLA), porque su origen vino del cielo. De Adán, no se puede decir que vino del cielo. En contraposición, Jesús vino del cielo porque Él también existe como el Espíritu de Dios que descendió sobre la virgen María (“el Espíritu Santo vendrá sobre ti” – Lucas 1:35). Por eso los apóstoles identificaron al “Espíritu de Cristo” como el Espíritu Santo (Romanos 8:9 “…el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo…”) que “estaba en” los profetas (1. Pedro 1:11 “el Espíritu de Cristo que estaba en ellos”, 2. Pedro 1:21 “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”), el cual era esa “Roca Espiritual” que siguió a los israelitas en el desierto (1. Corintios 10:1-4, 9 – “Ni tentemos al Cristo, como también algunos de ellos lo tentaron” JBS). Ya que en 1. Corintios 10:9, el texto griego declara que los israelitas “tentaron a Cristo” (el texto griego dice Cristos), sabemos que Cristo es la Roca de los Israelitas, que es ese Espíritu de Dios el Padre que los israelitas tentaron en el desierto.

Juan 6:38. “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

Dado que ningún versículo de la Biblia dice que Dios como Dios tiene más de una voluntad y conciencia divinas, sabemos que Dios también asumió una nueva naturaleza y voluntad humanas cuando su propio Espíritu Santo “descendió del cielo” para convertirse en el Hijo Cristo (Juan 5:26 dice: “ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”). Así, Jesús estaba hablando como un hombre total y completo, cuando afirmó haber descendido del cielo (tiempo pasado) para asumir una naturaleza y voluntad humanas como un hijo humano distinto con una “vida en sí mismo” (Juan 5:26). Por lo tanto, el hombre Cristo Jesús sabía por revelación, que había descendido del cielo como el Espíritu de Dios, antes de convertirse en el Hijo Cristo con una voluntad humana distinta.

Mientras que los profetas de Dios recibieron autoridad del cielo, nunca jamás ninguno de estos profetas dijo que descendió del cielo como sí lo hizo Jesús. Sabemos que los ángeles celestiales y el Espíritu Santo de Dios, son mencionados como bajando o descendiendo del cielo, pero ninguna porción de la Escritura o de la literatura judía que yo sepa, jamás hablan de un hombre que hubiera descendido del cielo, como sí lo declaran las Escrituras acerca de Jesús. Por lo tanto, Jesucristo es claramente el único que participó de carne y sangre (Hebreos  2:14 – “…por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo…”), “él también compartió esa naturaleza humana” (Hebreos 2:14 NVI) para ser “hecho... totalmente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV) como un verdadero hombre viviendo entre los hombres, para poder sufrir y morir por nuestros pecados. Si Jesús nació como un simple hombre sin preexistencia, ¿Cómo podría Jesús ser llamado Aquel que es “el Señor del cielo” (“El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor del cielo” - 1. Corintios 15:47), y “Dios” que “fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu...” (1. Timoteo 3:16)?


LA ESCRITURA INFORMA QUE EL ESPÍRITU DE DIOS Y LOS ESPÍRITUS DE LOS ÁNGELES VIENEN DESDE EL CIELO

Mateo 3:16. “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”.

Juan 1:32. “También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él”.

El omnipresente Espíritu Santo de Dios el Padre, que descendió sobre la virgen para ser “manifestado en carne” (1. Timoteo 3:16) y “participar de carne y sangre” (Hebreos 2:14) como el Hijo Cristo (Mateo 1:20 dice que el niño Cristo fue hecho “del Espíritu Santo”), más tarde descendió del cielo en el bautismo de Cristo (Juan 1:32) para mostrarle a Juan que Jesús era el verdadero Mesías. El ángel le dijo a María que el Espíritu Santo descendería del cielo (Lucas 1:32 – “el Espíritu Santo vendrá sobre ti”) para hacer al Hijo Cristo la “copia estampada” (Hebreos 1:3 " karaktér" significa “estampa” o “copia”) de la “sustancia del Ser” del Padre (Hebreos 1: 3 – “hipóstasis” significa “sustancia” o “esencia del ser”) como un ser humano total y completo. Por lo tanto, sabemos que el Espíritu Santo del Padre que se convirtió en el Hijo Cristo, también continuó siendo el omnipresente Espíritu del Padre, que continuamente guió y llenó a Jesús como un verdadero hombre que ha vivido entre los hombres.

En las Escrituras, ningún ser humano aparte de Jesús afirmó haber descendido del cielo, porque dentro de los relatos históricos que se encuentran anteriormente en las Escrituras inspiradas, se da testimonio de que sólo los ángeles y Dios mismo han descendido del cielo, y además, porque no ha ocurrido por una segunda vez, que algún otro hombre haya sido creado físicamente en el cielo para nacer en la tierra de una mujer. Aunque los santos ángeles han descendido del cielo para aparecer como hombres (Génesis 18-19), ninguna creación angélica ha descendido jamás del cielo para nacer como un ser humano (“Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy?” – Hebreos 1: 5, Salmo 2:7), lo que se corrobora en que Dios nunca dijo a alguno de los ángeles: “Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy” (Salmo 2:7, Hebreos 1:5).

Daniel 4:13. “Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo”.

La Escritura nos informa que el Espíritu de Dios y los ángeles celestiales pueden bajar del cielo. Pero ningún profeta humano afirmó haber descendido del cielo, mientras que de manera simultánea existía en el cielo al mismo tiempo, sino sólo Jesús (Juan 3:13 – “el Hijo del Hombre, que está en el cielo”), – lo que claramente refuta al arrianismo (que dice que Jesús es una creación angélica especial) y al unitarismo sociniano (que dice que Jesús es sólo un hombre especial sin ninguna preexistencia real). Dado que en Isaías 46:9, nuestro Padre Celestial ha dicho, “porque yo soy Dios, y no hay otro Dios”, la verdadera identidad del Hijo de Dios no puede ser una creación angelical (arrianismo) o solamente un hombre sin alguna existencia aparte de su humanidad (Socinianismo). Ya que sólo Dios tiene el atributo divino de la omnipresencia (estando en el cielo y en la tierra al mismo tiempo) para oír y responder a las oraciones (“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” – Juan 14:14), esto claramente refuta al arrianismo (Los Testigos de Jehová) y a los unitarios socinianos (La Teología de la Reforma del Siglo 21). ¿Quién más que sólo Dios puede ser omnipresente para poder ver a toda la humanidad oyendo y respondiendo a sus oraciones?


EL ESPÍRITU SANTO ES EL PARÁCLITO (“Abogado/Intercesor”)

Juan 14:26. “Mas el Consolador (Paráclito = abogado/intercesor), EL ESPÍRITU SANTO, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Dios como Dios, no puede abogar o interceder ante Dios, porque Dios como Dios es la Deidad Suprema que no puede abogar ni interceder por nadie. Sin embargo, Dios como hombre en la encarnación a través de la virgen, sí puede interceder ante Dios en nombre de la humanidad, ya que las Escrituras afirman que el Dios que continuó existiendo invariablemente en los cielos, también se convirtió en un hombre distinto en la encarnación. (Mateo 1:23 – “Dios con nosotros”, 1. Timoteo 3:16 – “Dios fue manifestado en carne”, Hebreos 2:14-17 NIV – “Puesto que los hijos tienen carne y sangre, él también participó de su humanidad… hecho como ellos, totalmente humano en todos los sentidos”). Romanos 8:26-27, nos informa que el Espíritu Santo de Dios, “conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. Así queda probado, que el Espíritu Santo es el Espíritu que se hizo hombre como nuestro Paráclito (abogado/intercesor), a fin de abogar e interceder ante el Padre (Lucas 1:35, Mateo 1:20, 1. Timoteo 2:5, Juan 14:16-18, 1. Juan 2: 1).


JESÚS ES EL ESPÍRITU SANTO

1. Corintios 12:3-5 NVI, dice: “3. Por eso les advierto que nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; ni nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino por el Espíritu Santo. 4. Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. 5. Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor”.

El contexto de 1. Corintios 12:3-5, nos informa que nadie puede afirmar que “Jesús es el Señor” (versículo 3), sino con el entendimiento dado por el “mismo Espíritu” (versículo 4), el “mismo Señor” (versículo 5), o sea por la revelación del Espíritu Santo del mismo Dios. La doctrina de la Trinidad enseña que el Espíritu no es el Señor Jesús y que el Señor Jesús no es el Espíritu. Sin embargo, el contexto de 1. Corintios 12:3-5, claramente se dirige al Señor Jesús como el “mismo Señor”, que es el “mismo Espíritu” [el Espíritu Santo]. Pablo repitió esto, afirmando en 2. Corintios 3:17 que “el Señor es el Espíritu”, en el contexto donde afirmó “a Jesucristo como Señor” (2. Corintios 4:5). Porque nadie puede conocer la verdadera identidad de Jesús, a menos de que se la dé a conocer el Espíritu de Dios (Juan 6:44/Lucas 10:22 “nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”).

Algunos dicen que en Lucas 10:22, el Espíritu Santo de Dios está completamente ausente de las palabras de Cristo, que expresan: “nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Pero dado de que es imposible que el Espíritu Santo de Dios no sepa quién es el Hijo, por ende sabemos que el Espíritu Santo de Dios es el Espíritu del Padre, que es también el mismo Espíritu del Hijo en la encarnación a través de la virgen. Los verdaderos elegidos de Dios tienen esta revelación (Lucas 10:22 – “aquel a quien el Hijo  lo quiera revelar”), pero aquellos que no reciben esta revelación, todavía están cegados por el diablo (“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios [el Padre]” – 2. Corintios 4:3-4).

1. Corintios 12:3, dice claramente que “Jesús es el Señor”. 2. Corintios 3:17, continúa afirmando que “el Señor es el Espíritu”. Ya que Pablo también escribió en 2. Corintios 4:5, “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor”, entonces sabemos que “el Señor [Jesús] es el Espíritu” (2. Corintios 3:17), tal como se aborda en 1. Corintios 12:3-5 (“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo). La doctrina trinitaria supone que el Hijo no es el Espíritu Santo, y que el Espíritu Santo no es el Hijo. Sin embargo, la Escritura dice claramente que “EL SEÑOR (el Hijo) ES EL ESPÍRITU”.

1. Corintios 12:4-5, dice: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo”. Puesto que en 1. Corintios 12:3 “Jesús es el Señor”, entonces Él debe ser aquel a quien los versículos cuatro y cinco se están refiriendo como EL MISMO ESPÍRITU y como EL MISMO SEÑOR.

Cuando comparamos estos hechos con Romanos 8:9, Juan 14:16-18 y Colosenses 1:27,  encontramos que Jesús es el Espíritu Santo del mismo Dios, que vive en su interior (“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según EL ESPÍRITU, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene EL ESPÍRITU DE CRISTO, no es de Él” – Romanos 8:9). Observe como “el Espíritu de Dios” es llamado “el mismo Señor”, “el Espíritu de Cristo”.

Juan 14:16-18. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador (Paráclito – Abogado/Intercesor), para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.

Ya que Juan 14:26 identifica al Espíritu Santo como el Paráclito (Abogado/Intercesor), y Juan 14:16-18 identifica a Jesús como el Paráclito (Abogado/Intercesor), entonces Jesús el Señor tiene que ser el mismo Espíritu Santo del Padre, que se encarnó como el Hijo. De esta forma, no se puede sostener que una Persona distinta y coigual, Dios el Espíritu Santo, pueda abogar e interceder por la humanidad como el único “mediador” entre Dios y los hombres (1. Timoteo 2:5). ¿Con qué fundamento se puede alegar que una supuesta tercera Persona, Dios el Espíritu, que no se encarnó, es el “Paráclito” que “aboga” e “intercede” por la humanidad? ¿Puede acaso Dios como Dios, interceder ante Dios? Puesto que Jesús es nuestro único “intercesor”, “abogado” y “mediador entre Dios y los hombres” (1. Timoteo 2:5), el Espíritu Santo debe ser “el Espíritu de su Hijo” (Gálatas 4:6) que “conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26-27). El contexto de Romanos 8:9, 26-27, 34, demuestra que “Cristo Jesús” es el Espíritu Santo que “intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

1. Juan 2:1, IDENTIFICA A JESÚS COMO EL PARÁCLITO (EL ESPÍRITU SANTO). “…abogado (Paráclito) tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.

Romanos 8:9. “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que EL ESPÍRITU DE DIOS mora en vosotros. Y si alguno no tiene EL ESPÍRITU DE CRISTO, no es de él”.

Solamente la Teología de la Unicidad, enseña que el Espíritu Santo del Padre descendió del cielo para convertirse en un hombre como “el Espíritu de Cristo”. Esto explica por qué “el Espíritu de Dios” y “el Espíritu de Cristo”, son referidos intercambiablemente como el mismo Espíritu que mora en nosotros. En contraste, la teología trinitaria enseña que una segunda Persona distinta, el Dios Hijo, descendió del cielo para convertirse en un Hijo humano. Pero tal idea errónea es muy problemática para la posición trinitaria, porque la Escritura demuestra que el Espíritu Santo descendió del cielo (Lucas 1:35) para concebir al Hijo Cristo que fue engendrado “del [salido del] Espíritu Santo” (Mateo 1:20), pero nunca dice que hubiera salido de una supuesta Persona coigual y distinta, llamada el Dios Hijo.


¿PODRÍA UN DIOS EL HIJO, HABER ABANDONADO EL CIELO, PARA CONVERTIRSE EN UN HIJO HUMANO?

Mientras que la mayoría de los académicos y teólogos trinitarios confiesan que un supuesto Dios el Hijo coigual, nunca perdió sus atributos divinos al salir del cielo para convertirse en un hombre, la mayoría de los trinitarios del común, e incluso algún apologista trinitario académico con el que yo he dialogado, han confesado la creencia de que un Dios el Hijo dejó el cielo y perdió temporalmente todos sus atributos omni-divinos para convertirse en un hombre en la encarnación. Ambas visiones trinitarias son problemáticas por varias razones. Por lo tanto, estoy presentando una detallada respuesta por parte de la Unicidad, explicando por qué aquellos puntos de vista trinitarios no pueden armonizar con todos los datos de las Escrituras.

Los trinitarios que creen que un Dios el Hijo perdió su omnipresencia y sus atributos divinos al salir del cielo para convertirse en un hombre, emplean generalmente el punto de vista más popular de la kenosis, debido a que ellos entienden mal el significado de “vaciar” (griego – “keno”) en Filipenses 2:5-9. Ellos asumen que un Dios el Hijo se vació de sus atributos divinos para llegar a ser un hombre. Sin embargo, ¿cómo podría Dios, dejar de ser Dios por un tiempo, sin violar Malaquías 3:6 (“yo Yahvé no cambio”) y Hebreos 13:8 (“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”)?

Según el erudito trinitario, R.C. Sproul: “Si Dios dejara a un lado sus atributos, el inmutable sufriría una mutación, el infinito de pronto dejaría de ser infinito; sería el fin del universo”. (R.C. Sproul, “¿Cómo Puede Jesús ser tanto Divino como Humano?”) (http://www.ntslibrary.com/Online-Library-How-Could-Jesus-Be-Both-Divine-and-Human.htm)

Bajo el subtítulo: “Teología kenótica”, el teólogo trinitario Dan Musick escribió:

“La mayoría de los kenoticistas, creen que Cristo renunció a su dominio soberano cuando se encarnó. Siguen la misma lógica de los arrianos, pero están engañados pensando que su Cristo es todavía Dios. Estos podrían ser clasificados como neo-arrianos”.

Dan Musick es un trinitario, pero admite que los trinitarios que creen que Cristo abandonó sus atributos divinos para convertirse en un hombre, “podrían ser clasificados como NEO-ARRIANOS”. El arrianismo niega la deidad completa de Cristo, porque el arrianismo enseña que Jesús es una persona divina de menor categoría, en lugar de una Persona Divina coigual.

Bajo “Implicaciones de la Teología Kenótica”, Dan Musick continuó escribiendo:

“Si al convertirse en hombre, Cristo renunció al uso de sus atributos divinos en cualquier forma, entonces Él no era soberano. Si Jesús no era soberano durante su ministerio terrenal, entonces Él no era Dios. Si Él no era Dios, la Palabra que era Dios (Jn. 1:1) nunca se hizo carne – sólo parte de la Palabra lo hizo. Y el nombre “Emanuel”, que significa “Dios con nosotros” (Mateo 1:23), sería una mentira, y la Palabra de Dios no sería verdadera... Siguiendo este mismo orden, para que Dios el Hijo abandonara su soberanía de alguna manera, Él tendría que cambiar su carácter o su ser. Esto, nunca lo haría Dios. ‘YO SOY EL QUE SOY’ (Ex. 3:14). ‘Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán’ (Sal. 102:27). ‘Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos’ (Hebreos 13:8)”. (Dan Musick, en el artículo en línea titulado, “Kenosis, Cristo se Vació a Sí Mismo, Filipenses 2:7” – Editor, M.A. en Teología, Wheaton Graduate School, 1978).

La Escritura inspirada, en sí misma demuestra que es imposible que el verdadero Dios de Abraham, Isaac y Jacob haya cambiado, abandonando sus atributos omni-divinos en el cielo cuando Él se hizo hombre. Observe que Jesús no dijo, “antes de que Abraham fuese, yo era”, como si Él ya no fuera el gran YO SOY, y hubiera perdido su presencia divina y sus atributos divinos al salir del cielo. Pero cuando Jesús dijo: “antes de que Abraham fuese, YO SOY”, dejó en claro que Él todavía existía como el gran "YO SOY" omnipresente, como el verdadero Dios que simultáneamente existió como Dios en el cielo, así como existía como “Dios con” los hombres en la tierra, como un hombre entre los hombres. Por lo tanto, Jesús era todavía el gran "YO SOY" que siempre llenó el cielo y la tierra tanto en la eternidad pasada, así como lo hizo también mientras caminaba sobre esta tierra como hombre.

Jesús nos informó en Juan 3:13, que Él existía simultáneamente en el cielo y en la tierra al mismo tiempo. Puesto que es imposible que un simple hombre esté en el cielo y en la tierra al mismo tiempo, sabemos que Él tenía que estar refiriéndose a su verdadera identidad como el Espíritu omnipresente del Dios que llena el cielo y la tierra. Esto, debido a que la verdadera identidad del Hijo del hombre (el Hijo del hombre es el Hijo de la humanidad a través de María), consiste en el mismo individuo divino que simultáneamente existió como el “Dios Fuerte” y el “Padre Eterno” (Isaías 9:6) en el cielo, mientras que habitaba en la tierra como un hombre.

Un trinitario desinformado me respondió por escrito: “Tú tienes al Padre cambiando en el Hijo. ¡Ja, ja, ja! Eso es un cambio. Y también perdiendo sus atributos divinos”. Este trinitario entusiasta, defendía su idea finita de que el Hijo se despojó de su presencia divina y sus atributos en el cielo, para convertirse en un hombre. Así, en su pensamiento, el Padre también tuvo que despojarse de su presencia y sus atributos divinos en el cielo, para llegar a ser un hombre.

He aquí cómo le respondí: “Ningún versículo de las Escrituras dice que el Padre dejó de ser el Padre para poder llegar a ser el Hijo, o que se despojó de sus atributos divinos para poder convertirse en un hombre. Esto, porque las Escrituras nos informan que Jesús es “el brazo de Yahvé”, la revelación del brazo antropomórfico de nuestro Padre Celestial (Ver Isaías 52:10; 53:1; 59:16). ¿Acaso puede el brazo del Padre ser otra Persona divina y distinta de sí mismo? Si Jesús fuera el brazo de un supuesto Yahvé Dios el Hijo, entonces esa supuesta Persona de Yahvé no podría haber dejado el cielo al haberse encarnado. De cualquier manera, su opinión de que Dios dejó el cielo para convertirse en un hombre, es absolutamente falsa”.

Yo continué: “Ahora bien, si un supuesto Dios el Hijo nunca dejó el cielo en la encarnación, entonces también tendrás un dilema para explicar cómo un omnipresente Dios el Hijo podría actuar y hablar en el cielo, mientras que simultáneamente actuaba y hablaba en la tierra como un hombre. Esto también suena como si tuvieras dos Hijos personales: un Dios el Hijo y un Hijo humano, que podían hablar y actuar independientemente el uno del otro. Así, los trinitarios tampoco pueden explicar intelectualmente, cómo el Dios omnipresente pudo llegar a ser un verdadero hombre a través de la virgen, mientras que simultáneamente retuvo su omnipresencia y atributos divinos en el cielo.

Ningún ser humano puede describir adecuadamente la naturaleza milagrosa de la encarnación, porque la Biblia dice que fue un milagro (una “señal” sobrenatural - Isaías 7:14). Ireneo (un escritor cristiano del segundo siglo), escribió que es “inefable” (indecible, indescriptible) comprender plenamente cómo “el Hijo fue producido por el Padre”.

“Así pues, si alguien nos pregunta: <<¿Cómo el Padre EMITIÓ al Hijo?>>, le respondemos que esta PRODUCCIÓN, o GENERACIÓN, o pronunciación, o parto, o cualquier otro nombre con el que quiera llamarse este origen, es INEFABLE. No la conocen… sino sólo el Padre que lo engendró y el Hijo que de Él nació. Siendo, pues, INEFABLE esta generación, quienquiera se atreva a narrar las generaciones y emanaciones, no está en su mente cuando promete describir lo INDESCRIPTIBLE”. (Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, Libro 2, Cap. 28, v. 6. Traducido por la Conferencia del Episcopado Mexicano. http://www.mercaba.org/TESORO/IRENEO/05-4.htm)

Ningún ser humano finito, puede describir adecuadamente cómo Dios produjo un Hijo de su propia esencia del Ser (Hebreos 1:3), como un ser humano total y completo. Como un verdadero hombre a través del nacimiento virginal, Jesús no es ontológicamente Dios como Dios, porque Jesús es Dios con nosotros como un verdadero hombre. Dios no fue ontológicamente un hombre antes de la encarnación, y tampoco Él es ontológicamente un hombre después de la encarnación, pues la carne de Jesús no es literalmente Dios como Dios; Ni el espíritu humano de Jesús es literalmente Dios como Dios. Cuando Dios se hizo hombre, Él se hizo un algo ontológicamente distinto de Dios, un hombre verdadero.

Un trinitario ansioso, escribió: “Dios es omnipresente, Él es pasado, presente y futuro. Él está más allá de nuestra pequeña comprensión dimensional”. Yo inicialmente le respeté por aquella declaración tan sabia y bíblica. Pero luego continuó escribiendo que un Dios el Hijo dejó el cielo para convertirse en un hombre. Por lo tanto, aquel trinitario estaba confesando que dos Personas Divinas siempre han sido y serán omnipresentes en el pasado, el presente y el futuro, mientras que otra tercera Persona Divina no siempre ha sido omnipresente.

He descubierto que la mayoría de los trinitarios profesantes, creen erróneamente que fue imposible para Dios permanecer en el cielo, en el mismo tiempo en el que Él se convirtió en un hombre que es “el brazo de Yahvé” revelado para salvar a su pueblo de sus pecados. Esta fue la razón por la cual las mentes humanas comenzaron a desarrollar la doctrina trinitaria, en razón a que nuestras mentes finitas tienen dificultades para comprender cómo ha sido posible que Dios haya podido actuar y hablar en más de una localidad geográfica a la vez. Sin embargo, la naturaleza milagrosa del Dios omnipresente, le capacitó a Él para poder actuar y hablar como Dios en el cielo, mientras que simultáneamente ha actuado y hablado independientemente como un verdadero hombre entre los hombres para salvarnos.

Los trinitarios que creen que un Dios el Hijo se despojó de sus atributos divinos, tienen a un supuesto Dios el Hijo coigual mutante, con lo que están contradiciendo a Malaquías 3:6 y Hebreos 13:8, pues ese supuesto Dios el Hijo no permanece como “EL MISMO, ayer, y hoy, y por los siglos”. La verdadera identidad de la divinidad de Jesús, tuvo que permanecer inmutable en el cielo, mientras que simultáneamente se convirtió en un verdadero hombre que pudo orar y ser tentado, pues si Yahvé como Dios pudiera cambiar perdiendo cualquiera de sus atributos divinos, entonces Malaquías 3:6 (“Yo Yahvé, no cambio”) y Hebreos 13:8 (“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”) serían mentira.

Sólo el Padre que está en el cielo sabe todas las cosas, mientras que el niño humano nacido y el Hijo dado, no puede saber todas las cosas debido a sus limitaciones humanas (Marcos 13:32). Jesús claramente “creció en sabiduría y en estatura” (Lucas 2:52). El Todopoderoso como el Todopoderoso, no puede crecer en sabiduría; pero Emmanuel, Dios con nosotros como un verdadero hombre, sí pudo crecer en sabiduría, así como orar y ser tentado por el diablo.

Marcos 13:32 sólo presenta un problema para los trinitarios. ¿Cómo puede ser posible que “en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, NI EL HIJO, sino SOLO EL PADRE” (NVI)? ¿Cómo podría una supuesta Persona coigual, omnisciente y omnipotente, llamada Dios el Espíritu Santo, no saber algo? Y si la mayoría de los teólogos trinitarios tienen razón al afirmar que un Dios Hijo nunca perdió su omnipresencia en el cielo cuando simultáneamente se hizo un hombre, entonces ¿cómo podría un Dios el Hijo, que también estaba en el cielo como el Hijo (Juan 3:13) mientras habitaba en la tierra como un hombre, no saber igualmente el día y la hora de su segunda venida? Observe que el texto dice claramente: “en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles EN EL CIELO, ni el Hijo, sino SOLO EL PADRE” (Marcos 12:32). El texto inspirado se dirige tanto a los individuos que están en el cielo, como a los individuos que están en la tierra. Aunque los trinitarios no pueden responder a estas preguntas, los creyentes en la Unicidad no tienen ningún problema para entender este pasaje aparentemente difícil. Un supuesto Dios el Hijo omnipresente, al estar en el cielo tenía que haber conocido el día y la hora de la segunda venida de Cristo, pero el Hijo que estaba en la tierra confesó que no conocía ese tiempo. Por lo tanto, esa supuesta segunda Persona celestial de Dios el Hijo no puede existir de ninguna manera, pues el Hijo tiene una existencia humana en la tierra (Juan 5:26). Puesto que el Espíritu Santo es el Espíritu del Padre, no se requiere de que el Espíritu Santo aparezca mencionado junto con el Padre en Marcos 13:32. Por lo tanto, el Espíritu Santo no puede ser ninguna tercera Persona Divina, distinta y celestial, ya que Jesús dijo que solamente el Padre “SABE” “el día y la hora” de la segunda venida de Cristo, pero sólo el Espíritu Santo del Padre que es “el único Dios verdadero” (Juan 17:3), conoce todas las cosas (1. Corintios 2:11).

Ya he demostrado que el Espíritu Santo del Padre es la verdadera divinidad del Hijo que conservó su omnipresencia y atributos divinos en el cielo, mientras que Él simultáneamente existió como un hombre en la tierra. Por lo tanto, no hay ninguna otra manera para creer en la deidad de Cristo, sino aceptado que Jesús existe por fuera de la encarnación como el inmutable Padre que es el único que sabe todas las cosas, mientras que el Hijo es el hombre que no sabe todas las cosas, pues Dios como Dios el Padre por fuera de la encarnación conoce todas las cosas, mientras que el Hijo siendo “Dios con nosotros” como un hombre dentro de la encarnación, no conoce todas las cosas.

Ningún trinitario ha sido capaz de responder a mi desafío de citar un solo versículo en el que Jesús alguna vez haya reclamado su propia identidad divina como la supuesta Persona coigual y distinta de Dios el Hijo, junto al Padre. Jesús siempre confesó que la deidad en Él era el Padre, pero nunca afirmó que la divinidad en Él fuera la supuesta Persona distinta de Dios el Hijo. Entonces, ¿dónde quedan la credibilidad y la dignidad divina de la llamada Persona Trinitaria de Dios el Hijo?

Jesús dijo claramente: “El que me ha visto a mí, HA VISTO AL PADRE” (Juan 14:9).

“Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió”. (Juan 12:44-45).

Aquí notamos que ver a Jesús no es ver a una Persona coigual y distinta llamada Dios el Hijo, sino que ver a Jesús es ver a la única Persona Divina del Padre. Asimismo, creer en Jesús, no es creer una Persona coigual y distinta llamada Dios el Hijo, sino que creer en Jesús es creer en la deidad del único Dios verdadero, el Padre. Esto, porque el Único Dios verdadero que es el Padre, también produjo una “imagen expresa de su Persona” (Hebreos 1:3 KJV) como una persona humana total y completa en la encarnación a través de la virgen, para salvarnos.

Un profeta de la India que estaba lleno del Espíritu, escuchó a Jesús decirle: “El hombre también tiene el deseo natural de ver a Aquel en quien cree y quien lo ama. Pero el Padre no puede ser visto, porque es incomprensible por naturaleza, y el que lo comprenda debe tener la misma naturaleza. Pero el hombre es una criatura comprensible, y siendo así no puede ver a Dios. Más sin embargo, ya que Dios es Amor y ha dado al hombre esa misma facultad del amor, para que ese anhelo de amor pueda ser satisfecho, Él adoptó una forma de existencia que el hombre pudiera comprender. Así Él se hizo hombre, y sus hijos junto con todos los santos ángeles pueden verlo y disfrutarlo (Col. 1:15, 2:9). Por eso, yo dije que el que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Juan 14:9-10). Así que aunque en la forma de hombre yo soy llamado el Hijo, Yo soy el perpetuo Padre eterno (Isaías 9:6)”. (A los Pies del Maestro, Capítulo 1, La Manifestación de la Presencia de Dios, Sección 2:1, Por Sadhu Sundar Singh).

Los primeros cristianos que sucedieron inmediatamente a los apóstoles del primer siglo, también enseñaron la completa humanidad y la completa divinidad de Jesucristo, tal como yo lo enseño en este libro. Clemente de Roma fue un obispo del primer siglo, que fue enseñado por los apóstoles del primer siglo. Clemente escribió que debemos pensar en Jesucristo como Dios.

“Hermanos, tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como Juez de los vivos y los muertos”.  (Segunda Epístola de Clemente, capítulo 1, http://www.mercaba.org/TESORO/427-8.htm).

Segunda de Clemente, capítulo uno, continúa diciendo: “cuántas cosas ha sufrido Jesucristo por causa nuestra. ¿Qué recompensa, pues, le daremos?, o ¿qué fruto digno de su don hacia nosotros? ¡Y cuántas misericordias le debemos! Porque Él nos ha concedido la luz; nos ha hablado como un Padre a sus hijos; nos ha salvado cuando perecíamos. ¿Qué alabanza le rendiremos? [Note que no hay nada dentro del texto que indique que el sujeto ha cambiado de Jesucristo a otro individuo. Por lo tanto, Clemente identificó a Jesucristo como el Padre].

Segunda de Clemente 14:3-4, afirma que el Espíritu Santo es el “Espíritu, que es Cristo”.

“…el Espíritu Santo;… Guardad la carne para que podáis participar del Espíritu. Pero si decimos que la carne es la Iglesia y el Espíritu es Cristo, entonces el que haya obrado de modo inexcusable con la carne ha obrado de modo inexcusable con la Iglesia. Este, pues, no participará del Espíritu, que es Cristo”.

Segunda de Clemente, afirma claramente que el Espíritu Santo es “el Espíritu, que es Cristo”. La doctrina trinitaria que se desarrolló posteriormente, afirma que el Espíritu Santo no es el Hijo, y que el Hijo no es el Espíritu Santo. Sin embargo para Clemente y para los cristianos romanos del primer siglo, el Espíritu Santo es “el Espíritu, que es Cristo”.

En la primera epístola de Clemente, él habló de Jesucristo como un hombre verdadero escogido, junto con los escogidos por Dios (Efesios 1:4-5, “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo”).

“Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su Nombre, por medio de nuestro Sumo Sacerdote y guardián Jesucristo…”. (Epístola de Clemente a los Corintios, capítulo 64. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm).  

Dios como Dios, no puede ser escogido junto con nosotros los seres humanos. Tampoco, Dios como Dios, puede ser “nuestro Sumo Sacerdote”, que media e intercede por la humanidad. Por lo tanto, al igual que los apóstoles del primer siglo, Clemente también enseñó la completa humanidad y la completa deidad de Jesucristo (“tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como Juez de los vivos y los muertos” – 2ª Clemente 1).  

Hermas de Roma, escribió que el Hijo de Dios existió como el Espíritu Santo (“Dios hizo que el Espíritu Santo preexistente, que creó toda la creación, morara en [un cuerpo de] carne que Él deseó” – Pastor de Hermas, Parábola 5:6, http://escrituras.tripod.com/Textos/Hermas.htm), antes de convertirse en el mismo Espíritu Santo encarnado como un hombre, que ahora nos atiende e intercede ante Dios como nuestro mediador (“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” – 1. Timoteo 2:5).

El Pastor de Hermas, en el Mandamiento 5:1, dice: “Pero si sobreviene irascibilidad, al punto el Espíritu Santo, siendo delicado, es puesto en estrechez, no teniendo [el] lugar despejado, y procura retirarse del lugar porque es ahogado por el mal espíritu, y no tiene espacio para ministrar para el Señor como desea...”. (El Pastor de Hermas, Quinto Mandato, http://escrituras.tripod.com/Textos/Hermas.htm).

¿Cómo se puede decir que una supuesta Persona Divina coigual no-encarnada, a la que llaman el Espíritu Santo de la trinidad, “ministra para el Señor (el Padre) como desea”, dado que supuestamente ha permanecido coigual con el SEÑOR? Una supuesta Persona Divina no encarnada, el Espíritu Santo trinitario, nunca podría interceder ante Dios y ministrar ante Dios, mientras sea verdaderamente coigual. La única respuesta viable, es que el Espíritu Santo del Padre, es el mismo Espíritu que se hizo hombre como su Hijo (“Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” - Gálatas 4:6), porque el Espíritu Santo de Dios el Padre también se hizo el Hijo en la encarnación a través de la virgen. Esto explica por qué el Espíritu Santo, que descendió desde el cielo sobre la virgen para convertirse en un Hijo plenamente humano, ahora ministra ante Dios e intercede ante Dios (“porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” – Romanos 8:26-27) como el “Espíritu vivificante” (1. Corintios 15:45) que llena a los creyentes del Nuevo Testamento (Efesios 4:10, Romanos 8:9 – “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”).

Ignacio de Antioquía, escribió que Dios se convirtió en un verdadero ser humano en la encarnación a través de la virgen, tomando un principio. (“Dios apareció en la semejanza de hombre en novedad de vida eterna; y lo que había sido perfeccionado en los consejos de Dios [tomó un principio] empezó a tener efecto” – Ignacio de Antioquía, A los Efesios 19:3, http://escrituras.tripod.com/Textos/EpIgnacio.htm#1. Confrontar con la traducción inglesa de Roberts-Donaldson). Dios como Dios no pudo haber “tomado un principio”, como sí lo tuvo el hombre Cristo Jesús que tuvo un principio por su concepción virginal sobrenatural (Lucas 1:35, Salmo 2:7, Hebreos 1:5). Puesto que Jesús es Dios que se hizo hombre, el hombre Cristo Jesús necesitaba tener un Dios, orar a Dios, y ser guiado por el Espíritu de Dios, o de lo contrario no habría sido un verdadero hombre en lo absoluto. El Único y verdadero Dios también se hizo un hombre verdadero, que fue hecho como un hombre y no como otro Dios. (“Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, ENGENDRADO [Hecho] y NO ENGENDRADO [No Hecho], DIOS EN EL HOMBRE [DIOS QUE EXISTE EN LA CARNE]. – Ignacio de Antioquía, A los Efesios 7:2. Confrontar con la traducción inglesa de Roberts-Donaldson).


LA DEIDAD DE JESÚS ES EL PADRE

La doctrina trinitaria, dice que un supuesto distinto Dios el Hijo, que no es el Padre, se encarnó como el hombre Cristo Jesús. Sin embargo, ni un solo versículo de las Escrituras dice que un supuesto Dios el Hijo Celestial, descendió del cielo para encarnarse como un hijo humano. Dado que las Escrituras demuestran que Jesús es la plena encarnación del Espíritu Santo del único Dios verdadero, el Padre, en lugar de la presunta encarnación de una segunda divina y distinta persona celestial llamada Dios el Hijo, toda la doctrina de la Trinidad se derrumba.

Colosenses 1:19. “Por cuanto agradó al Padre que en Él (en Cristo) habitase toda plenitud”.

Colosenses 2:9. “Porque en Él (en Cristo) habita corporalmente TODA LA PLENITUD DE LA DEIDAD”.

Juan 14:10. “El Padre que mora en mí, Él hace las obras”.

Siempre que el Hijo de Dios hablaba de la deidad dentro de Él, Él siempre se refería a Dios el Padre como la deidad que hablaba a través de Él, y que hizo las obras poderosas a través de Él. Por lo tanto, Jesús como un Hijo plenamente humano, dijo que su palabra no era realmente su palabra, sino la palabra del Padre que lo envió.

Juan 14:10 NVI. “Las palabras que yo les comunico, no las hablo COMO COSA MÍA, sino que es EL PADRE, QUE ESTÁ EN MÍ, EL QUE REALIZA SUS OBRAS”.

¿Por qué un coigual Dios el Hijo, no pudo hablar sus propias palabras y hacer sus propias obras? ¿Y por qué es que solamente Dios el Padre habló por medio de Él, e hizo las obras poderosas a través de Él, en lugar de las otras dos personas supuestamente distintas? Según la posición trinitaria, se supone que cada una de las tres Personas distintas de Dios, son iguales entre sí. ¿Entonces por qué las otras dos supuestas personas coiguales de Dios, no fueron igualmente activas mientras el Hijo moraba en la tierra?

Juan 14:23-24. “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra (logos) guardará… y la palabra (logos) que habéis oído NO ES MÍA, SINO DEL PADRE que me envió.

Observe cómo la palabra de Jesús (logos significa “el pensamiento expresado”) no era realmente su propio pensamiento expresado, sino que antes bien, el pensamiento que Él expresaba (logos) era realmente el DEL PADRE que lo envió. Sabemos que sus palabras (su logos) no eran realmente suyas, “SINO DEL PADRE”. Esto no es lo que cabría esperar, si el Espíritu Santo y el Hijo fueran Personas distintas y coiguales de Dios.

Puesto que las palabras de Jesús no eran realmente suyas, sino del Dios Padre, sabemos que la divinidad dentro de Él, era verdaderamente la deidad de Dios el Padre manifestada en la carne (1 Timoteo 3:16). Jesús como Hijo, habló las palabras del Dios Padre, y realizó las poderosas obras de Dios el Padre, porque Él es la plena encarnación del Espíritu Santo del Dios Padre que se hizo hombre para salvarnos a través de la virgen. Por lo tanto, la doctrina trinitaria de otras dos Personas distintas y coiguales de Dios, es evidentemente falsa.

Juan 12:44-45. “Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió”.

¿Cómo podría una Persona distinta y coigual de Dios, no tener su propia dignidad y credibilidad divinas? Si Dios fuera realmente tres Personas Distintas, entonces Jesús debería haber dicho: “El que cree en mí, no sólo cree en mí, sino también en las personas del Padre y del Espíritu Santo”. Puesto que Jesús dijo que creer en Él, no es creer en Él sino en el Padre, está claro que solamente el Padre es el único Dios verdadero que se manifestó en el hombre Cristo Jesús.

Juan 14:8-9. “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”

Observe que Jesús como un hombre, afirmó que verlo a Él y creer en Él, era ver y creer en el único Dios verdadero, el Padre que lo envió. Así, cuando creemos en Jesús, no creemos realmente en Él, sino en la deidad del Padre que lo envió. Y cuando vemos a Jesús, realmente no lo vemos a Él, sino que estamos viendo la deidad del Padre que lo envió. La forma de hablar de Jesús, no corresponde a las palabras de una persona coigual llamada Dios el Hijo, perteneciente a una Trinidad de tres personas divinas, ya que el hombre Jesucristo reflejó solamente la gloria divina del “único Dios verdadero” el Padre (Juan 17:3, Hebreos 1:3).

Hechos 2:17 prueba que EL PADRE DERRAMÓ SU ESPÍRITU SANTO SOBRE TODA CARNE, comenzando en el Día del Pentecostés.

“Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de MI ESPÍRITU SOBRE TODA CARNE”. Hechos 2:17.

Sin embargo, Juan el Bautista identificó a Jesús como el que bautizaría al pueblo de Dios con el Espíritu Santo.

Mateo 3:11. “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.

Ya que la verdadera identidad de Jesús es el omnipresente Espíritu Santo de Dios Padre encarnado como un verdadero hombre, entonces JESÚS SIENDO EL PADRE PUEDE ENVIAR SU PROPIO ESPÍRITU SANTO HACIA LA TIERRA, ASÍ COMO SIENDO EL PADRE PUDO RESUCITAR SU PROPIO CUERPO.

Hechos 2:32 nos informa, que DIOS EL PADRE LEVANTÓ A JESÚS DE LOS MUERTOS: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hechos 2:32). De igual manera, Juan 5:21 declara que es “EL PADRE (quien) levanta a los muertos, y les da vida...”. Sin embargo, Juan 2:19 nos informa que JESÚS LEVANTÓ SU PROPIO CUERPO DE ENTRE LOS MUERTOS, cuando dijo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré… Mas Él hablaba del templo de su cuerpo.” (Juan 2:19-21). “Jesús, siendo el Padre, bautiza con el Espíritu; así como siendo el Padre, resucitó su propio cuerpo. Esto demuestra que Jesús hizo las obras de su Padre, porque Él es la deidad de Dios Padre encarnado como un verdadero hombre.

Jesús siendo Dios el Padre como un verdadero hombre, dijo en Juan 10:37 que Él hizo “LAS OBRAS DE” su Padre. “Si no hago LAS OBRAS DE MI PADRE, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:37-38). ¿Por qué un supuesto Dios el Hijo coigual, diría que Él hizo las obras de su Padre? ¡Si Él fuera una Persona Divina, coigual y distinta de una supuesta deidad Tres Personas, entonces Él tendría que haber sido capaz de decir sus propias palabras y hacer sus propias obras!

Un hombre puede tener algunas de las características de su padre, pero ningún hombre podría decir que él realmente hace las obras de su padre, a menos que sea ese padre. Esto tiene que ser verdad, porque Dios el Padre dijo en Isaías 46:9, “YO SOY DIOS, Y NO HAY OTRO DIOS, Y NADA HAY SEMEJANTE A MÍ”. Dado que Jesús hizo LAS OBRAS DE SU PADRE, Él tiene que ser ese Padre.

Por lo tanto, Jesús es el único hombre que en la historia humana ha hecho las obras de Dios el Padre, porque lo divino en Cristo es el Padre. Por eso, Jesús siendo Dios el Padre como un hombre, tiene el poder de enviar a su propio Espíritu a la tierra como consta en Juan 15:26, del mismo modo como Él siendo Dios el Padre, tuvo el poder de resucitar a su propio cuerpo como consta en Juan 2:19. Puesto que ningún ser creado puede hacer las obras de Dios el Padre sin violar Isaías 46:9 (“Yo soy Dios, y no hay otro Dios”), la verdadera identidad del Mesías tiene que ser “Dios con nosotros” (Mateo 1:23) como un hombre.

Juan 20:17, dice claramente que el Hijo es el hombre que tiene un Dios: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. ¿Cómo podría un Dios el Hijo coigual, tener a un Dios si fuera verdaderamente coigual? Así, los trinitarios tienen tremendas dificultades explicando cómo es que Jesús es Dios que se hizo hombre, aunque en su confusión ellos piensan que esas dificultades las tenemos los creyentes en la Unicidad. Jesús era tan completamente humano, que oró a Dios como su Dios, e incluso fue tentado por el mal.

Un trinitario ansioso, respondió a mis comentarios reconociendo que en Juan capítulo ocho (versículos 24, 27, 58), Jesús se dirigió a los fariseos hablando acerca de sí mismo, como siendo la deidad del Padre. El trinitario escribió: “¡Ellos eran judíos que guardaban la ley! ¡Ellos pensaban que había un solo Dios, y que Jesús NO lo era! Por eso Jesús les dijo: “si no creéis que YO SOY ÉL, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). Yo le respondí escribiéndole: “Aquí tú admitiste que los Judíos conocían solamente a Un Dios como el Padre, y pensaron que Jesús no era el Padre. Entonces escribiste: ‘Por eso Jesús les dijo: si no creéis que YO SOY ÉL, en vuestros pecados moriréis’. Así que aquí has admitido que Jesús se estaba dirigiendo a la deidad del Padre (versículo 27) ¿Por qué les diría Jesús: ‘si no creéis que YO SOY ÉL, en vuestros pecados moriréis’, si era que Él estaba hablando acerca de sí mismo como una segunda Persona Divina de una Trinidad de la que los judíos no sabían nada? Por lo tanto, su respuesta es un argumento absurdo para intentar presentar a una segunda persona de Dios el Hijo desconocida, perteneciente a una deidad de tres personas de la cual el pueblo judío no sabía nada”.

De acuerdo con Hebreos 1:3, Jesús es claramente “el resplandor (griego – apaugasma = “brillo reflejado”) de su gloria (la del Padre) y la imagen (griego – karaktér = “copia impresa”, “estampa”, “reproducción”) misma de su Persona (la Persona del Padre)”. ¿Por qué razón el Hijo es el resplandor de la gloria del Padre, si supuestamente Él es otro Yahvé coigual, la supuesta Persona del Dios Hijo? ¿No debería otra verdadera y coigual Persona de Dios, tener su propio resplandor y su propia gloria divina? Puesto que el Hijo solamente refleja el resplandor divino y la gloria de Dios el Padre, Él debe ser la imagen y el resplandor del Padre invisible con nosotros, como un verdadero hombre (Colosenses 1:15, “la imagen del Dios invisible”).

Además, ¿cómo pueden explicar los trinitarios que un Dios el Hijo haya existido desde siempre como una copia impresa, como una estampa, como una copia reproducida (griego – karaktér - Hebreos 1:3) de la Persona del Padre (griego - hipóstasis = “sustancia del ser” – Hebreos 1:3) y como un Hijo atemporal durante toda la eternidad? No hay forma de evitar el hecho, de que una impresión o copia requiere de un momento en el que se imprime o copia una sustancia original. Por lo tanto, las Escrituras demuestran que el Espíritu Santo del Padre, imprimió una copia reproducida de su propia sustancia del Ser, en la condición de un ser humano total y completo dentro de la virgen hebrea (Lucas 1:35, Mateo 1:20).

Los trinitarios que creen que un Dios Hijo abandonó el cielo y perdió sus atributos divinos para convertirse en un hombre, también afirman que las tres Personas de Dios son coiguales. Sin embargo, cuando se enfrentan con los versículos que no encajan en su teología, ellos insisten en que los atributos divinos de una supuesta Persona de Yahvé pueden cambiar, mientras que los de las otras dos supuestas personas coiguales no pueden cambiar. Pero, ¿cómo podría una supuesta Persona coigual de Dios, ser verdaderamente coigual a las otras dos, cuando pudo abandonar el cielo y perder todos sus atributos divinos para convertirse en un hombre? Tal visión transgrede a Malaquías 3:6 y Hebreos 13:8. Jesús no puede ser “EL MISMO AYER, HOY, Y POR LOS SIGLOS” si Él cambió perdiendo sus atributos divinos. Si ese fuera el caso, Él ya no continuaría siendo “el mismo ayer, hoy, y por los siglos”.

Tanto los trinitarios como los unicitarios, creen que Malaquías 3:6 y Hebreos 13:8 se están refiriendo al hecho de que Dios en cuanto a sus atributos y características divinas, ha sido y permanecerá siendo siempre el mismo (inalterado) en el pasado, el presente y el futuro. Debido a que nuestro Padre Celestial no tuvo que abandonar nunca el cielo, mientras que simultáneamente se manifestó en la carne (1. Timoteo 3:16) para participar de carne y sangre (Hebreos 2:14), entonces los adherentes a la Unicidad entienden que Yahvé Dios el Padre permaneció inmutable en los cielos, mientras que su Santo Brazo fue revelado como un hombre en la tierra (Isaías 52:10; 53:1; 59:16).

La mayoría de los académicos trinitarios que están mejor informados, creen que un supuesto Dios el Hijo conservó todos sus atributos y características divinas, mientras que simultáneamente se convirtió en el hombre Cristo Jesús a través de la encarnación. De la misma manera, la Teología de la Unicidad cree que Dios el Padre retuvo todos sus atributos y características divinas, mientras que simultáneamente Él se convirtió en el hombre Cristo Jesús a través de la encarnación. Cuando se confrontan ambos modelos, encontramos que el modelo de la Unicidad trae armonía a todos los datos bíblicos, mientras que la doctrina trinitaria no puede hacerlo (Hebreos 1:3, 1:5, Juan 14:7-10, Marcos 13:32).